Veintiocho músculos en movimiento: el beso.

18-Diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por Secun Delgado

Besar es ante todo divertido, pero es también un saludable ejercicio. El beso, que pone en activo ni más ni menos que diecisiete músculos para la lengua y once para los labios, es además un gran antídoto contra el estrés.

Bésame, bésame mucho, como si fuera esta noche la última vez…, porque en el beso se producen, como explica el libro de Alejandro Arribas Jimeno, Breve historia del beso (Alianza Editorial, 2004), numerosas “subversiones en el sistema nervioso: descargas de corticolaminas, elevación de la frecuencia respiratoria y de la tensión arterial, estimulación del sistema simpático con el subsiguiente estímulo del ritmo cardíaco. Pasa, parece mentira, de sesenta, setenta y cinco a ciento cincuenta pulsaciones. Fenómenos todos ellos que apremian las secreciones hormonales de adrenalina, tiroides, cortisol y azúcar, las cuales globalmente compensan, activan o equilibran la mayor actividad nerviosa”.
En el capítulo “fisiología del beso” del citado libro, se nos informa además de que los labios poseen una estructura nerviosa, los llamados corpúsculos de Krausse, que comparten con los órganos sexuales: el clítoris y el glande; de que el ósculo aumenta la neurohormona VIP que, además de “very important people”, quiere decir “péptido vasoconstrictivo intestinal”, asociada por igual a lo alimentario y lo sexual; que en el encuentro de las bocas se “abren las compuertas de neurotransmisores como dopaminas, serotoninas, noradrenalinas y otras catecolaminas” que alivian la ansiedad y nos producen alegría. Por si fuera poco también se laurea el intercambio de salivas, pues este líquido, rico en calcio y fósforo, favorece al esmalte dental.
Ya lo saben, hay deportes mucho más agradecidos que el basket y el futbito: el beso, la manera más elevada de hacer el amor.

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