Usted y yo

9-Noviembre-2009 · Imprimir este artículo

Por Antonio Dyaz

Mucho se habla de las familias de siempre, góticos, rockabillis, mods, punks (en peligro de extinción), emos (de reciente aparición)… pero hay otras tribus urbanas mucho más arraigadas y temibles. Veamos algunas de ellas, comenzando por la llamada “Triple T” (taxistas, toreros y tunos).

Taxistas.- Su facción más dura (oyentes de la COPE con virgen en el salpicadero) presentan unas pautas de conducta tan casposas y retrógradas que en sus vehículos parece flotar aun el aroma del Caudillo.

Toreros.-Tribu muy jerarquizada, a la que pueden otorgarse medallas de las Bellas Artes, según su habilidad para asesinar animales ante el público, disfrazados de payasos, mientras las revistas de las peluquerías cantan sus gestas y amores teñidos de sangre.

Tunos.- Utilizan lo que ellos llaman su cerebro para dar la brasa con canciones tan odiosas como inolvidables. Jamás han integrado un tema de Björk en su repertorio. Suelen ser incipientemente calvos y adoran el güisqui DyC.

Nota: (Se han dado diversos casos de tunos taxistas, pero lo más parecido a un taxista torero es el desaparecido El Fary).

Agentes inmobiliarios.- Ellas son de móvil rápido, uñas esculpidas y sonrisa de enfermera, y se las reconoce por el pelo teñido, las gafas D&G y un cierto aroma a Instituto Médico Forense. Ellos llevan trajes que deberían haber jubilado dos años atrás, y relojes que parecen buenos. Miran de reojo sus sillones, por lo que padecen cierto lumbago crónico.

Porteros de discoteca.- Hace poco los vimos todos juntos compareciendo a un examen de capacitación en el que algunos demostraron que sabían leer y escribir. Son más calvos que los tunos.

Monjas.- La polémica por el uso del velo no parece ir con ellas, que pasean su intimidante indumentaria por las callejas, raramente solas, siempre apresuradas, ocultando con sus hábitos los cinturones de explosivos que abrazan sus cinturas pálidas.

Notarios.- Aparecen fugazmente para verificar DNI’s y leer testamentos, escrituras o contratos. Se rodean de una pléyade de secretarias (chicas) y oficiales (chicos), como Tiberio se rodeaba de sus famosos pececitos en las piscinas secretas de Roma.

Viejos mira-obras.- Caballeros ociosos y canosos que entrelazan sus manos a la espalda mientras contemplan embobados cualquier máquina, excavación, perforación o encofrado. Algunos buscan grietas en las vallas protectoras para poder atisbar los misterios telúricos de la peonada en acción. Madrid es un paraíso para ellos.

Señoras con caniche.- Visten sus mejores galas para ir a la iglesia los domingos o para ir al banco a actualizar su abultada cartilla de ahorros. Parte de su patrimonio está invertido en hedge founds, aunque ellas no lo saben. La poderosa laca de sus peinados les confiere el típico aspecto de bombillas callejeras.

Usted y yo.- Ni usted ni yo tenemos futuro a no ser que ingresemos en cualquiera de estas tribus… o que fundemos una nueva. Llámeme.

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