Drum Parade

Se extienden por todo el orbe, sin límites, para ocio y beneficio, de todas las personas: compartir la cultura, ampliar los horizontes del alma y del conocimiento. ¡La música es universal y no tiene fronteras! Ah, y no te costará ni un céntimo de euro, cuestión muy importante en estos tiempos de dura crisis que atenaza nuestros bolsillos maltrechos (¿Sí, gratiiiiiiis!). Así que solo hace falta salir a la calle y disfrutar de ella, bailar, bailar, bailar y bailar.

Drum Parade recupera el componente utópico y de resistencia, de independencia y vitalidad rechazando el modelo imperante de los eventos económico/culturales al uso, dependientes de las compañías y la hostelería. Las redes espontáneas creadas entre nosotros se transforman en meros intercambios mercantiles, en aforo. Y cuestan lo que la entrada a un festival de moda. El sobrevalorado y desangelado tándem de los promotores de fiestas y los hosteleros nos convierten en simples consumidores apropiándose de la magia ancestral de las reuniones humanas al ritmo y disfrute de la música, de la interacción y relación entre las personas.

Drum Parade reivindica el derecho a la ciudad, el uso del espacio público para la cultura musical y da la posibilidad de elegir nuestro ocio más allá del intercambio lucrativo y de la cultura privatizada. Drum Parade es una propuesta para desarrollar lazos sociales, para el contacto humano y la coincidencia de expectativas comunes, dentro de unos parámetros sociales y culturales con poco espacio en nuestra ciudad.

Cúando: 26 de junio
Dónde: Desde Cibéles hasta
Web: myspace/drumparademadrid

El fin de la utopía

Aunque tal lugar no existe, son muchos los que sienten una atracción irrefrenable por él, los que lo han pensado y soñado hasta en los últimos detalles y, sobre todo, quienes han intentado que Utopía, el lugar imposible, tenga realidad sobre la tierra.

Los guardianes de la ciudad

La isla de los utopistas es un ente moral; Utopía nace para que el bien y la justicia reinen por fin entre los hombres, acabando con la corrupción de las costumbres y con la codicia de unos cuantos explotadores. Desde Pitágoras hasta Lenin, los filósofos han soñado con el reino de la razón y la moral, un porvenir dorado en el que, como decía la constitución de 1812, todos sean buenos y benéficos. La vieja sabiduría pesimista, sujeta a las religiones tradicionales, que trata al hombre de bestia perversa a la que hay que atar corto, es rechazada de plano por quienes tratan de empezar el mundo desde cero.

Utópicos y puritanos caminan juntos: los peregrinos del Mayflower y los pitagóricos de Crotona, los anarquistas de Aragón y los fraticelli del medievo; detestan el mundo corrompido de los poderosos, sus lujos ofensivos para los más pobres, su orgullo satánico. Regnum Caesaris regnum Diaboli, decían los cristianos primitivos. Expresaban su rechazo a todo lo que de tentador guardaba su tiempo. Así, los eremitas huyen de un mundo insoportable y se encierran en la Tebaida para vivir aparte de las tentaciones, pese a que éstas les persiguen hasta las cuevas del desierto y les perturban las vigilias con las formas alabeadas de una diablesa, los élitros de algún monstruo del Bosco o las visiones del ultramundo hábilmente fingidas por el maléfico. Ya dijo el más grande de todos los utopistas que su reino no era de este mundo, condenado al cambio, a la extinción, a que todo su esplendor se convirtiera en vanidad de vanidades.

¿Libertad para qué?

Hay que rehacer la creación o renegar de ella, pero nunca aceptarla tal y como es, burlona y enemiga de las definiciones, ajena a toda idea moral. El hombre, la criatura para la que se supone que este mundo existe, debe cumplir los requisitos que la nueva ciudad exige. Unos buscarán su modelo en el primitivo, en el Adán inquilino del paraíso, en el buen salvaje rousseauniano. Otros, en algún modelo de hombre futuro, producto de una sociedad plenamente racional, políticamente correcta.

Para crear este ser único, hay que empezar por educarlo en principios acordes con su naturaleza y abolir de su alma el error, fuente de todo mal. Platón destierra a los poetas de su ciudad porque sus creaciones son engaños. Y de los más peligrosos, porque prestan el encanto de la belleza y de las formas agradables a la perversidad. Se hace, pues, necesario controlar las manifestaciones artísticas y hasta las gimnásticas. La sociedad perfecta no puede permitir que el hombre redimido caiga en los pecados de la vieja especie. Para ello, es necesario que se vigile y se persiga al infractor de la norma, al incrédulo, al reaccionario, al inmoral. Si hay algo que sobra en toda sociedad utópica es el individuo, la persona. En una comunidad perfecta nadie puede disentir de los principios básicos, y el que lo hace es un elemento dañino que merece ser excluido y exterminado. Si la verdad y la bondad son patrimonio del Estado, nadie puede oponerse a él, encarnación de los más nobles ideales.

Entonces, cuando suenan las voces discordes, cuando ni los propios guardianes de la ortodoxia se ponen de acuerdo, suele llegar la hora de la violencia, de las purgas, de que la revolución devore a sus hijos. Y lo hace sin piedad, justifica con las palabras más bellas peores atrocidades que las que reprochaba al viejo orden. Así han acabado los Danton y los Robespierre, los Trotski y los Bujarin.


El infierno redentor

Las exigencias de la nueva ciudad difícilmente las puede aguantar el nuevo hombre, aunque haya sido concienzudamente preparado para ello por los filósofos. En la naturaleza humana pesan siempre unas pulsiones y unos instintos que contradicen los preceptos de la razón, que nos hacen imprevisibles para nosotros mismos. Los ciudadanos de Crotona no aguantaron a los pitagóricos y se sublevaron contra ellos. Los colonos de la Icaria de Cabet expulsaron a éste de la comunidad ideal, la que él había planeado hasta en sus últimos detalles. En Norteamérica todavía quedan restos de los falansterios fourieristas, con sus grandes salas de reuniones y sus talleres cubiertos de maleza y herrumbre. Los intereses particulares derrotaron los anhelos de reconstruir el comunismo originario. Pero ya Marx -ese antiutopista que originó el mayor intento utópico de la historia- demostró que no se podía crear una sociedad al margen del movimiento de las fuerzas productivas, que el experimento sería devorado por la realidad circundante.

Tanto Marx como Bakunin bebieron en las fuentes del hegelianismo hasta emborracharse de dialéctica. Apenas hicieron el menor caso de Stirner, quien sostuvo la primacía del individuo sobre toda forma social, llegando a defender la necesidad del crimen como afirmación de la libertad suprema de la persona. Se trataba de construir una sociedad nueva, ya fuera por medio de la necesaria evolución del sistema productivo, ya como consecuencia de una revolución violenta que destruyera hasta los cimientos del orden anterior. La vía de Bakunin y Nechaiev, la del crimen y la subversión instintiva, acabó por degenerar en el terrorismo, la más ineficaz de las armas políticas. Dostoievski en Demonios -su gran libro político- nos plasma la miseria de tal modo de actuar.

El resultado es siempre el mismo: una sociedad inhabitable, un reparto de la miseria entre los hambrientos, un orador arengando junto al patíbulo. Cuando el poder absoluto se utiliza para defender los principios más excelentes, acaba por asomar la tiranía. El hombre no es un ser moral ni un ente razonable. Tras setenta años de ateísmo, la religión renace en el antiguo paraíso en la tierra. Tras setenta años de internacionalismo, estallan luchas tribales en la ex-patria de los proletarios de todo el mundo. Tras setenta años de humanismo progresista, el relato escalofriante del gulag ruso, de los genocidios maoístas y de las purgas de disidentes. Tras cuarenta años de dictadura del proletariado en Polonia, los obreros del metal causan la ruina del régimen con sus protestas. Nada ha cambiado desde que el pueblo de Crotona asesinó a los pitagóricos quemándolos vivos en su templo. Cuando Petronio, siglos después, vuelva a mencionar a Crotona, ésta será una decadente ciudad dedicada a la caza de herencias, sumergida en la vida cotidiana y sin historia, aquella en la que parece residir el secreto de la felicidad.


El azar y la necesidad

Platón expulsó de su ciudad ideal toda aquella belleza que alejara a los hombres de la perfección moral. El arte y quienes lo cultivan causan prevención entre los moralistas; la belleza es efímera, engañosa, variable. Atrae a los hombres con una fuerza que la razón no puede combatir. Al igual que los lazos familiares o nacionales, tiene un arraigo, una identificación con los sentimientos del individuo, que ningún razonamiento, por elevado y certero que sea, puede vencer. El hombre es un animal simbólico, y esos símbolos que orientan su vida y sus veneraciones carecen de racionalidad, son hijos del instinto, de los sueños, temores y angustias particulares de cada uno. Es ese el factor con el que nunca cuentan los utopistas: que cada hombre es un fin en sí mismo, un pequeño mundo -insignificante, sin duda- pero con vida propia, que busca sus fines particulares ante todo. Su actuación no la rigen altos imperativos morales, más bien suele ser ciegamente egoísta y sensual. Pero es la satisfacción de esas necesidades la que labra su felicidad particular, y no el logro de un tipo humano superior que nunca llegará. La principal característica de la vida es el cambio, la movilidad y la caducidad de todo lo que en ella se desenvuelve; pretender llegar a un tipo definitivo de sociedad, de hombre, de moral, es un imposible, un atentado contra la lógica. Ya lo dice el viejo Heráclito: “Desperdicios sembrados al azar, el más hermoso orden del mundo”.

Piezas breves. Teatro.

¿Puede existir una tragedia moderna? Es una cuestión que se plantean los dramaturgos y los directores de escena al poner a prueba la vigencia de determinados textos trágicos.

Creo que este libro, de alguna manera, ofrece una respuesta: en él, hallamos seis comedias frente a una sola tragedia. El objetivo del que partía era, precisamente, ejercitar los diferentes géneros dramáticos. La conclusión es que el corsé del género, en muchas ocasiones, ya no nos sirve. Lo trágico, como “negativa radical aceptar el mundo”, está presente; pero no la tragedia, según el molde aristotélico: hombres mejores, acciones grandiosas…

Es sintomático que haya aquí más comedias que tragedias y, asimismo, es sintomático que estas comedias estén todas muy próximas al Absurdo. El Absurdo, decía Adorno, parodia las categorías dramáticas, demuestra su imposibilidad y modifica las formas. Este libro (los ejercicios que contiene) refleja una tensión entre las normas del género, y la libertad creativa, entre la ortodoxia (la institución) y la heterodoxia (el alumnado).

FOTO FINIS, de Lola Blasco, apología de la mediocridad ambientada en el tour; SER O NO SER, de Antonio Lafuente, que nos presenta un psiquiatra más enajenado que los supuestos pacientes; EXPRESO A BÉLGICA, de Diana Luque, que introduce un genio que, abogando por la economía lingüística, se comunica con sólo tres palabras; FAUSTO, FAUSTINO, de Paula Parra, historia en torno a una familia de titiriteros, nómadas, inmigrantes; DIOS APRIETA, de Alejandro Rodríguez, con su sexualidad desprovista de sexo, el cybersexo como tema, DIENTES BLANCOS, DIENTES NEGROS, de Marco Sánchez, un rey cansado de reinar, y mi obra, BEATLE MUERTO. Todos estos textos tienen algo en común. Vienen a plantear una utopía negativa: se acabo el teatro, se acabo el teatro al menos como dogma.

“El heredero que no quiere heredar -dice Jorge Dubati en un prólogo a Bernard-Marie Koltès- rechaza el mundo de sus padres”. Nuestro deber no es sólo rechazar el teatro de nuestros padres, sino proponer uno alternativo. Ni siquiera uno nuevo (desde el siglo V a.C. ya se ha inventado todo), pero sí joven.

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Curso 2008/2009
Varios autores
Espiral / teatro, 2009

Fernando Arrabal, por la Gracia de Dios

26-agosto-2000 · Imprimir este artículo

Por Javier Esteban

arrabal1

P: ¿Es Dios un ludópata?

R: Se es ateo ¡por sorteo! Como me ha tocado vivir aquí y ahora observo que, hoy, para mi gremio, Dios existe aún menos que Pinocho. Los más juiciosos bromean y argumentan que el Supremo Hacedor creó al hombre entre dos partidas de ajedrez. Con una jaqueca tremenda. En cuanto a la vida… suponen que la ha programado un delfín en su ordenador cubierto de ceniza.

Personalmente rezo todas las mañanas. Borges en Tokyo me confesó que él (tan agnóstico como yo, ¡pobre de mí!) también lo hacía porque… “se lo prometí a mi madre”. Rezo con la esperanza de recuperar la fe que tuve a los diez y ocho años cuando, a punto de entrar en la Compañía de Jesús, una mañana se me apareció (o creí que se me apareció) la Virgen.

(Y mientras tanto, y a lo suyo, el creyente astigmático sodomiza en Ibiza a la miope atea para intercambiar puntos de vista, a lo bestia.)

P: ¿Cuál sería su definición de inmortalidad?

R: Futuro en busca de porvenir.

P: ¿Daría Ud. permiso para ser clonado en vida?

R: Antes del parto, después del parto, vivo o muerto, feto o cadáver se hace se hará o se hizo de mi cuerpo lo que está mandado que se haga: me vacuno cuando me lo exigen, lleno declaraciones cuando me lo piden y solicito documentos cuando me lo ordenan. No atravieso frontera alguna, ni llamo por teléfono una sola vez, ni compro un chupete, sin que quede en registros oficiales, segundo por segundo.

P: Esgrima por cortesía un argumento no teológico ni humanista contra la clonación

R: El físico termodinámico hostil a la investigación de hoy diría: “Es el resultado de una ciencia, como la mecánica cuántica, que viola la lógica”.

P: ¿Qué obra nos recomienda para conocer el origen del Universo?

R: Si el orgasmo se asemejara a la descripción que de él se da en ciertas novelas y ensayos de hoy, creo que recordaría al big-bang original.

P: ¿Cree Ud. que la inteligencia artificial podría desarrollar la conciencia y la voluntad de poder?

R: ¡Ojalá! Que los sometidos se rebelen al fin.

P: ¿Cree Ud. que la inteligencia artificial podría desarrollar la fe, la esperanza y la caridad?

R: “La fuerza bruta de la memoria” vence sistemáticamente a la “inteligencia artificial”… porque el ordenador no cree ni en Jehova ni en Cristo ni en Mahoma. Pero en presencia de tanta miseria espiritual las tres virtudes teologales ¿se nutren de fervor incluso en la pantalla?

P: La Utopía ¿está superada definitivamente?

R: Es uno de los monstruos más repugnantes y sanguinarios de siempre. Los griegos la llamaron “quimera”: era un pajarraco de mal agüero con pico de harpía y cola de víbora. Tras el paso (hoy como ayer) de este bicharraco solo queda miseria y campos de concentración.

(Para vivir a costa de los demás un simpático demagogo ha inventado una fabulosa utopía destinada a liberar a pobres probos y a parados pelados. Para poder verlos desde su lujosa mansión (donde vive rodeado de secretarias desnudas) sus ayos y lacayos le han confeccionado un teleobjetivo de larguísima distancia).

P: ¿Preferiría Ud. jugar su última partida de ajedrez con el artefacto más desarrollado o con un semidiós?

R: No me gusta quedarme a medias. Preferiría jugar con Dios ¡y ganarle! Para no llegar a este extremo irreverente Steinitz, campeón del mundo de 1886 a 1894, cuando jugaba contra El (en las aceras de Nueva York) le regalaba, por devoción, un caballo. Fischer, el campeón de hoy (desde el 1º de septiembre de 1972) reconoció que conseguiría hacer tablas con el Supremo Hacedor únicamente si tuviera la ventaja de jugar con blancas.

P: ¿Qué opina de la pareja Picasso Dalí?

R: Picasso, con razón, es el patrón cultural de España, como un Santiago bis. En la batalla de Clavijo el apóstol mostró su eficacia, en el seno del ejército cristiano, como el pintor mostró su disciplina durante los años del estalinismo. Gracias a su estricta militancia (al totalitario partido que controlaba en ese momento el arte) protegió su portentosa obra artística.

Dalí, por el contrario, se negó a enrolarse en aquella máquina implacable. Por ello sus vetadores le han calumniado y negado. A Dalí le interesaron las hipótesis científicas audaces y las especulaciones filosóficas sorprendentes más que la protección de su obra artística.

(¿Por qué el servilismo voluntario suscita tal plaga de plagios?).

P: ¿Con quién preferiría Ud. naufragar en una isla?

R: Con un ser de la inteligencia de la matemática Sophie Germain o de Sócrates, con la bondad de Buda o de Catalina de Siena y el encanto de Confucio o de la jovencísima Hildegard.

P: ¿Hay en estos momentos algún movimiento universal en las artes?

R: El de siempre: el que impone su orden conformista y diaboliza a rebeldes e insumisos.

(Me gustaría conocer la última previsión que escribirá el científico racional el día anterior al fin del mundo).

P: Háblenos del Movimiento Pánico…

R: En 1963 Jodorowsky, Topor y yo, tras tres años de asistencia casi diaria al grupo surrealista, creamos el “pánico”.

El “pánico” es la crítica de la razón pura, es la pan-dilla sin leyes y sin mando (cualquiera se puede decir miembro del grupo e incluso fundador de él), es la explosión de “pan” (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento… loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la “seriedad”, es el canto a la fatal ambigüedad, es la voluntad de aportar nociones que se creían despreciables al mundo de lo “grave” zapando al mismo tiempo los valores establecidos, es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria por medio…

… y todo lo contrario.

P: ¿Conoce Ud. el teatro alternativo actual en España?

Lo leo como la obra alterativa de mis alter ego. Es el teatro de los herederos de Cervantes y de Valle-Inclán. Estoy convencido de que, contrariamente a ellos, se representarán sus obras. Y que van a alterar el orden cultural (¡que tan bien saben alternar!).

P: ¿Cuándo estrenará su próxima obra en España?

R: (Tras reir feliz, Arrabal responde) Como decíamos ayer… ¡inminentemente!