Kaipa – “In the wake of evolution” (2010)

12-agosto-2010 · Imprimir este artículo

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!Qué nivel tiene el rock progresivo sueco! Me declaro fan absoluto e incondicional. El progresivo actual está pasando por un momento dulcísimo, tanto en rock como en metal, pero desde luego que los suecos se llevan la palma. Lo curioso es que las mejores bandas de progresivo sueco están muy relacionadas entre ellas. Karmakanic, The Tangent, The Flower Kings… son grupos con nombres diferentes pero si nos fijamos en los componentes hay muchos que se repiten, como Jonas Reingold, Roine Stolt o Zoltan Csörsz. Pues todas ellas tienen como origen una banda llamada Kaipa, que publicó su primer disco en los principios de los setenta y que hoy en día sigue creando auténticas maravillas, como este “In the wake of evolution” o el anterior “Angling feelings”.

La música de Kaipa es un rock progresivo sinfónico con un sonido muy agradable y sencillo, sin estridencias ni excesos de ningún tipo y coloreado por instrumentos acústicos como guitarras, flautas o violines. Bellas voces, una femenina y otra masculina; buenas melodías, aunque se parezcan mucho unas a otras; solos y desarrollos instrumentales virtuosos pero entretenidos de escuchar y no demasiado largos; partes lentas y suaves pero también de ritmo medio muy rítmicas e intensas… Todo enfocado a que resulte fácil y agradable de escuchar.

Buenas credenciales, sí señor.

Lo curioso, o lo extraordinario, es que hacen todo esto en un contexto musical de gran complejidad y altísimo nivel técnico. Es lo mejor de la banda. Son capaces de utilizar compases compuestos muy complejos pero al mismo tiempo conseguir que la música siga siendo rítmica. De ahí es de donde pecan muchísimos grupos de metal progresivo de hoy en día, se dedican a complicar las cosas hasta el extremo, como para demostrar de lo que son capaces, como un niño cuando le dice a su padre ¡Mira lo que hago papa!, olvidándose completamente del ritmo, fundamental e imprescindible si quieres que lo que haces sea escuchable.

Hasta aquí todo muy bien. Sí sí. Pero a veces (sólo a veces), la música es como el amor. Al principio todo es maravilloso, tus ojos de corderito no ven más que la perfección, los defectos no molestan, hasta resultan graciosos, vives en una nube, sólo deseas su compañía y desesperas cuando no estás a su lado. Pero cuando pasa un tiempo…

Esto lo empecé a escribir hace unos meses, cuando sólo había compartido unos intensos días con este disco, la nueva niña de mis ojos. Pero ahora mi mirada ha cambiado, vuelve a ser la de siempre, halagadora o crítica según corresponda.

Y habiendo recuperado la razón me he dado cuenta de que las melodías cantadas de casi todas las canciones son demasiado parecidas, de que el tono del disco apenas cambia a lo largo del minutaje, de que el cantante, Patrik Lundström, se intenta parecer demasiado a Freddy Mercury, innecesariamente, porque tiene una gran voz, de que Aleena Gibson, la otra cantante, interviene demasiado poco, de que hay un par de partes intermedias de desarrollos instrumentales demasiado especulativos que cortan el ritmo y no hacen más que añadir minutos para alargar las canciones, de que al bajista Jonas Reingold, para mí la gran estrella del grupo, casi no se le oye…

Este disco no es perfecto, ni mucho menos, pero sí muy bueno, y para saborearlo bien se ha de escuchar con calma, sin emocionarse demasiado, dejando que pase un espacio de tiempo entre escucha y escucha, porque si no, se pueden cometer errores de principiante que te pueden llevar a aborrecer un disco injustamente.

Fromuz – Seventh Story (2010). Artículo estereofónico

10-junio-2010 · Imprimir este artículo

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No es la primera vez que escribo en esta revista sobre esta banda. No me gusta repetirme pero no lo he podido evitar, este disco es de una calidad tan extraordinaria que me ha obligado a ello. Para dar buena muestra y para ayudar a comprender bien de qué estamos hablando he puesto varios enlaces para poder escuchar algunos fragmentos cortos de canciones, los que he considerado mejores o más representativos. Espero no aburrir con tanto enlace, aun así recomiendo encarecidamente escucharlos con un poquito de atención.

Fromuz. El nombre no puede ser más feo. En mi vida he escuchado un nombre de grupo menos llamativo. Pero si ponemos un guión entre la eme y la u empieza a tener algo de sentido. Son de Uzbekistán. Al igual que su nombre, su estilo no puede estar más alejado de cualquier convencionalismo comercial, no es por ahí por donde atrapan al escuchador. Hacen una especie de rock/jazz progresivo casi instrumental, muy complejo y muy difícil de escuchar, no apto para cualquier oído.

Han publicado otros dos discos antes de éste, “Audio Diplomacy” (2007) y “Overlook” (2008). Este último es el que ya comenté en aquel artículo y que servirá de referencia para compararlo con “Seventh Story”.

Si “Overlook” fue bueno, el nuevo es ya de otro planeta. Es más fácil de escuchar, no hay tanta rayada hipnotizante, hay más marcheta, más ritmo y más virtuosismo. Han incluido un vocalista que interviene de tanto en tanto con mucho acierto. Las composiciones son más sencillas en cuanto a compases pero no en cuanto a estructura. Tiene decenas de momentos brillantísimos, de esos que te hacen subir el volumen. El sonido está más cuidado, sobretodo el de la guitarra solista. El jazz está más presente pero sin predominar (por eso defino el estilo como rock/jazz y no al revés). La gran diferencia que encuentro respecto a “Overlook” es que en éste sí que hay un protagonista claro, que es el guitarrista, Vitaly Popeloff, un artistazo de altísimo nivel que toca el instrumento con un cariño y un poderío comparable a cualquiera de los mejores. El resto de componentes son también de una calidad extraordinaria y se lucen durante todo el disco, y también hay algún espacio para cada uno donde destacan sobre los demás. En eso también se diferencia con el disco anterior, en aquél no había apenas virtuosismo, se lucían de otras muchas maneras, en éste dan muestras de su nivel a cada momento.

“Seventh Story” está elaborado en el formato de banda sonora de película. No estoy seguro de si realmente lo es, hay muy poca información sobre él, pero al menos lo parece. Podemos encontrar sonidos cotidianos como puertas que abren y cierran, conversaciones en diferentes ambientes, teléfonos sonando, toses… lo que está muy bien, pero a la hora de escuchar el disco por enésima vez estorban un poco.

El disco se divide en siete cortes (me resisto a llamarles canciones), pero cuatro de ellos son los que realmente le dan forma al grueso principal. Tienen minutadas terribles, tres de ellos cercanas a los 20 minutos, y estructuras muy complejas que los dividen en muchas partes muy diferenciadas que hacen que la escucha sea de lo más entretenida.

Bueno, vamos a empezar con el lío de los enlaces. Ruego un pelín de paciencia porque a veces tardan un poco en cargarse, YouTube no es magia, y nuestras ADSL tampoco.

En “Parallels” podemos encontrar una tremenda rayada como ésta (01), una parte compuesta en un marcado tono épico (02), o una estupenda vacilada en forma de solo de guitarra de Vitaly Popeloff (03).

“Desert circle” es el que más me gusta. Aquí Popeloff está especialmente inspirado. En este corte se puede apreciar la delicadeza con la que acaricia su guitarra (04). Pero el tema es de lo más variado, tiene partes tan dispares como este vacileo jazzístico (05), una polka muy enérgica que te hace imaginar a diez rusos bailando con sus trajes típicos (06), y para acabar un trozo rockero con mucho ritmo (07).

“Taken”. No todo es rock y jazz. Y no todo son guitarreos. Escuchen por favor a Igor Elizov cómo toca el piano (08). Estas notas que destilan una melancolía infinita sirven para introducir curiosamente al tema más rápido. Ésta es una de sus estrofas (09). Elizov (o podría ser Albert Khalmurzaev, son dos teclistas) se vuelve a lucir, pero esta vez con un teclado electrónico. Observen el trabajado sonido y la dulce melodía, te hace cerrar los ojos y casi te obliga a oscilar la cabeza de lado a lado al ritmo (10). Excelente. Pero, como he dicho, éste es el tema más rápido. Miren cómo introduce esta parte el batería a base de doble bombo, después hay un duelo entre guitarra y teclado, que se turnan con sus solos sobre una base rítmica muy marchosa (11). Fromuz recuerdan aquí a aquellos largos desarrollos instrumentales de Deep Purple o Rainbow.

“Influence of time” es la “corta”, no llega ni a los doce minutos. Cortísima. Aquí el jazz se hace dueño de casi todo el minutaje. Miren con qué ritmo y coordinación son capaces de tocar Fromuz (12). Y ahora viene el enlace más largo, éste no lo podía cortar. En realidad es un solo de guitarra, pero en su primera parte es la base rítmica la que se luce. Cosas del jazz, uno hace el solo pero son otros los que destacan. Atención especial al bajista (Sur’at Kasimov) y al batería (Ali Izmailov). Después Popeloff se destapa del todo con un solo de virtuosismo puro y rapidez explosiva (13).

“Seventh Story”
es sin duda alguna uno de los mejores discos que he escuchado nunca, y Fromuz es una de las bandas que más me hacen disfrutar escuchando música. Lo que de momento parece un poco difícil es verlos en directo sin recorrer miles de kilómetros, sería una experiencia brutal.

Concierto de Transatlantic en Barcelona

26-mayo-2010 · Imprimir este artículo

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El cartelito de la puerta rezaba:

-Apertura de puertas 19:00 h.

-Inicio del concierto 20:00 h.

-Final del concierto 23:30 h.

Rápidamente te planteas ciertas dudas.

¿Tres horas y media de concierto?

¿Tocará otro grupo?

¿Harán un descanso de una hora?

¿Nos darán de cenar?

No a todo. –Bueno –pensé-, después me queda un palizón de coche, si me canso me voy antes de que acabe y listo. ¿Antes de que acabe? Sí hombre sí. Lo que no pensé fue que esas tres horas y media justas (empezó a las 20:07 y acabó a las 23:37) se me pasarían en un suspiro.

Transatlantic no son cualquier cosa. Ojo al dato:

Neal Morse, teclista y voz de Spock’s Beard.

Roine Stolt, guitarra y voz de The Flower Kings.

Pete Trewavas, bajo de Marillion.

Mike Portnoy, batería de Dream Theater

Ahí es nada. Con las tablas que llevan estos cuatro monstruos se podría construir un rascacielos de un kilómetro de alto. Si no te suenan sus nombres imagínate que eres entrenador de un equipo de fútbol, y que en la delantera puedes alinear a Messi, Cristiano Ronaldo, Villa y Fernando Torres juntos. ¿No serías el tipo más feliz del mundo? Pues justo así nos sentimos los asistentes al concierto de Transatlantic. Este supergrupo es una selección de lo mejorcito de progresivo mundial. Pero lo bueno es que no se comportan como grandes artistas individuales, sino como una banda, como un equipo. Lo que tocan son canciones (eso sí, larguísimas, a las 22:30 empezaba la tercera, imagínate), no se dedican a explayarse con solos instrumentales interminables. Cada uno tiene su espacio para lucirse y mostrar sus cualidades técnicas, pero lo importante es el conjunto.

Podría decir que rozaron la perfección, pero sería más correcto decir que la tocaron, e incluso que la sobrepasaron. El entendimiento y la sincronización fueron perfectos, las interpretaciones magistrales, y el contacto con el público muy caluroso y cercano… se les veía encantados, con muchas ganas de tocar, se notaba que disfrutaban de lo lindo en el pequeño escenario. Sudaron a mares, entregados totalmente a la gente, a sí mismos y a la música. Genial. Un conciertazo como pocos he visto y vivido.

Neal Morse

Flipé con él. Su imagen confunde. Tiene aspecto, cara y vestimenta de alto ejecutivo de gran empresa en su día libre, una corbata no le hubiese quedado mal. Su voz no es que sea de las que más me gustan (hasta ahora), pero después de asistir a muchos conciertos, no es raro encontrarse con un cantante que en estudio es excelente pero en directo deja mucho que desear. Neal Morse no deja nada que desear. Es increíble lo bien que canta este hombre en directo, no se le va la voz ni siquiera un pelín, entona y afina perfectamente, añade dibujos, tiene una gran potencia, más de lo que pueda parecer en los discos de estudio, mucha más, y además toca las teclas simultáneamente sin apenas mirarlas. Saluda, mira, incita, señala y anima al público constantemente. Expresa en cada nota. Es el líder, y lo demostró en más de una ocasión, sobretodo en la que fue uno de los puntos álgidos del concierto. Ahora te explico. Dejó su sitio a la izquierda del escenario, se fue a la derecha donde estaba Portnoy, se colocó al lado de él, agarró dos baquetas y se repartieron la batería entre los dos marcándose un dúo de los que hacen época, poco a poco le fue quitando el sitio a Portnoy y se sentó en SU taburete, se adueñó de la batería, Portnoy se levantó y se dirigió al público haciéndose el sorprendido, Morse se marcó un par de redobles de infarto, Portnoy miró al público como diciendo “No veas cómo toca este pavo”…

Mike en ese momento tenía varias opciones:

1. Quedarse allí como un bobo mirando como OTRO tío tocaba SU batería con un nivel insultante.
2. Irse a tomar algo.
3. Tirarse al público.

¿Qué crees que hizo? Luego te lo cuento.

Morse también demostró lo bien que toca la guitarra. Otro de los puntos álgidos del concierto fue el dúo con Roine Stolt. Morse introdujo con unas notas flamencas, guitarra española en mano, uno de los mejores solos de Stolt en todo el concierto. Suave, muy lindo, con dos focos emitiendo un haz de luz blanca triangular sobre la cabeza de cada uno. Espectacular y emotivo.

Hablando de luces, que no dan mucho que hablar. El equipo no era muy vistoso, pero ¿a quién le hace falta? El espectáculo venía de las manos de los músicos (y de los pies, que se lo digan a los pobres pedales de Mike Portnoy).

Mike Portnoy

¿Qué crees que hizo? Efectivamente, tirarse al público. Pero no fue un bajar y subir. La gente le fue llevando en volandas casi hasta el final de la sala, lo llevó hacia el otro lado y lo devolvió al escenario. Se dio un paseíto sobre los brazos de la gente como si fuese la Virgen de la Macarena en Semana Santa. Un paseíto de un minuto y pico. La basca se lo pasó bomba, y él también. La verdad es que fue una gran sorpresa, yo creo que nadie se esperaba algo así de estos tíos tan serios.

Mike Portnoy es un tipo muy inquieto. Mucho. No desaprovechó NI UNA ocasión para levantarse de su asiento y señalar a sus innumerables fans con sus baquetas para recibir a gusto una ovación detrás de otra. No me quiero imaginar lo que haría este hombre en el escenario si fuese cantante o guitarrista. Portnoy no tiene nada que demostrar, es buenísimo, y le aporta un gran poderío al sonido del grupo, le mete ritmo y potencia a la música, no se corta con el doble bombo, pero cuando toca controlar lo hace, no se desboca.

No hace mucho tuve la ocasión de asistir a un concierto de Dream Theater. La batería de Portnoy era enorme, descomunal, pero claro, casi no se le veía detrás de ella. Con Transatlantic fue diferente. Sus fans (que son muchísimos) le pudieron ver tocar sin trabas de ningún tipo. Y muy de cerca. La batería era mucho más pequeña, y no estaba colocada de frente, sino de lado. Así se le podía ver claramente como movía manos y piernas perfectamente. Una auténtica locura. Para un amante del instrumento y fan de este monstruo de la percusión fue el mejor día de su vida. Portnoy es un crack, un showman, y repito, es buenísimo.

Pete Trewavas

Más discretito que el resto, no se le oía demasiado, al menos desde donde yo estaba. En su sitio, es decir, genial como los demás. También tuvo un espacio para lucirse en solitario, y se lució.

Roine Stolt

Déjenme que muestre mi debilidad por este guitarrista. De hecho, su presencia era lo que más me atraía de este concierto. Roine Stolt no es un virguero, no es de los que tocan cuarenta notas por segundo. No. Ni siquiera el sonido de su guitarra es superpotente. Su arte es sensibilidad pura. El sonido de Transatlantic es sencillo, sin muchos artificios, por no decir ninguno. Eso permite escuchar claramente lo que hace cada músico, y si uno de ellos es el maestro Stolt es un verdadero placer. Es difícil explicarlo con palabras, hay que verlo, parece increíble que alguien pueda tocar así, te llega a lo más hondo. Permitidme decir que fue lo mejor de concierto. Fue el que más me hizo aplaudir y gritar ¡SÍ SEÑOR, SÍ SEÑOR!!! Un maestro, amigos.

El Músico Auxiliar

Le llamo así porque no sé su nombre. Transatlantic son cuatro, pero para poder hacer que su música en directo suene lo más parecida al disco necesitan músicos auxiliares que toquen todo aquello que entre cuatro es imposible. Él solito se bastó. Tenía en su poder una guitarra eléctrica, una acústica y una clásica, un teclado, algún timbal y algún platillo, una pandereta y no sé cuántas cosas más. Cantó coros, tuvo su espacio como cantante y guitarra solista, sudó la camiseta más que nadie, se entregó en cuerpo y alma y aportó grandes dosis de juventud y energía. Un diez. Muchas gracias señor Músico Auxiliar, pedazo de trabajo el tuyo.

Transatlantic. Apunta este nombre. Si te gusta el rock progresivo… ¡qué leches!, si te gusta la música y tienes ganas de ver un buen concierto no te pierdas el próximo, que espero que sea pronto. Todos son buenísimos, todos tocan a la perfección su instrumento, todos cantan, todos se entregan como si debutasen ese mismo día… un concierto de este pedazo de grupo es inolvidable, no importa que no conozcas sus discos, sólo es necesario que sepas apreciar lo difícil que es tocar en directo y hacer que parezca tan fácil, el resto es trabajo de ellos, y te puedo asegurar que no te defraudarán. Un diez para Morse, Stolt, Trewavas y Portnoy (y para el Músico Auxiliar).

+ Vídeos del concierto (I, II).

Barcelona, 14-05-2010 (sala Razzmatazz 2)

DeeExpus, la mejor nueva banda

Hace unos meses escuché esta banda con su disco debut Half Way Home y debo reconocer que me gustó, y mucho, eso sí, con algunos reparos aunque bien pocos.

DeeExpus nace de la cabeza del inglés Andy Ditchfield, un multi-instrumentista, que decidió grabar un disco en solitario en el 2007 y para ello contacto a Tony Wright para las voces.

El disco estuvo listo en 2008 y en ese momento decidió que debía conseguir una banda para las presentaciones en vivo así que en su primera formación tuvo a Ian Raine en el bajo, Phil Sloane en la guitarra y a Leigh Crowther en la batería.

Luego de algunos cambios en la guitarra y batería por Steve Wright (hermano de Tony) y Marc Jolliffe respectivamente, hicieron algunas giras y una buena participación en El progrock de Polonia donde nace un dvd publicado como Far From Home este año.

Según el sitio de la Classic rock Society esta es la mejor nueva banda del 2009,

Premio que luce con orgullo esta agrupación en su página oficial, un premio que queda bien puesto y no exagera, considerando incluso lo mañosos que resultan ser los críticos de rock progresivos.

En cuanto a lo mañosos me refiero a que todo aquello que tenga un tinte pop o melódico suele ser cuestionable, y esta banda lo tiene, es un rock progresivo melódico, tiene esas pinceladas de pop que hace que ciertas canciones se te pegan y te gusten a la primera.

La gracia que tiene la banda es que no pierde complejidad y sus canciones no tiene la estructura típica de rock, sus temas duran entre 6 y 17 minutos lo que da espacios instrumentales algunos un tanto psicodélicos, la mezcla de rock y metal del tipo no estridente conjugado con el buen tecladista le da una atmosfera única.

El hecho que sea melódico no los hace melosos ni hostigante, en pocas palabras es una banda de una buena ejecución y muy buenas composiciones, sus presentaciones en vivo son limpias y dinámicas.

Quizás para algunos críticos no será el mejor debut del 2009 pero para mi fue un muy buen descubrimiento.

Knigth Area – Realm Of Shadows (Rock/Metal progresivo)

Dentro de los discos destacados que surgieron el año pasado (IQ, Porcupine Tree, Transatlantic, Riverside…etc.). Hay uno que especialmente me gustó, tanto por la música como por el progreso que tuvo la banda. Knight Area es una banda originaria de los Países Bajos, fundada oficialmente el año 2002 por Gerben Klazinga, que escribe las letras y su hermano Joop, quién lo motivó para publicar un álbum que produjeron ellos mismos, “The Sun Also Rises” (2002), y que finalmente distribuyó American Record Company.

El 2007 lanzaron “Under a New Sign” que fue quizás el disco de despege para esta banda, con una muy buena crítica y uno de los lanzamientos más destacados dentro de ese año. El 2009 no desepcionaron y lanzaron un disco igual o mejor que el anterior.

Este nuevo álbum trajo varios cambios, tanto en sus integrantes como en el nivel que va tomando su música, Su formacion ya se hace más estable, tanto Huigen (2ª guitarra) el hermano de Gerben Klazinga y otros tantos invitados del disco anterior no participan ahora quedando sólo 5 integrantes.

“Reino de oscuridad” es un tanto más meloso que su disco anterior, pero con más fuerza en las guitarras, los espacios instrumentales son menos y más cortos para darle espacios a lo melódico y al heavy metal, su estilo comienza a madurar a diferenciarse del tremendo oceano de música progresiva que ha surgido ultimamente, así que compararlos es más bien dificil. Lo otro importante es el buen acoplamiento entre guitarras y teclado, en una banda progresiva siempre debe existir (a mi gusto) un buen equilibrio entre ellas y aqui lo hay. Se ve que es un buen camino que estan tomando, el álbum es muy bueno, es de esperar que el siguiente sea su consagración.

Muy recomendable para el mp4 en el metro o descansando en la cama.

Disponible en Amazon

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