Billy Idol, pasado y presente

No sé si Billy Idol fue un producto de laboratorio discográfico de síntesis de artistas o qué, porque la verdad es que su música, al menos en sus inicios, poco tiene que ver con su imagen.

Una imagen muy sofisticada medio punk, medio rocker y medio new wave que había que encajar en algún estilo de música. Punk no podía ser, un producto discográfico con pretensiones no podía ser ruidoso, sucio, reivindicativo, borracho y drogado como el punk auténtico. Rocker tampoco, porque el rockabilly puro ya estaba pelín desfasado. Ni new wave, porque se suponía que su imagen connotaba algo que se salía de la tendencia del momento y creaba una nueva, pero techno tampoco, porque la música electrónica no tenía todavía los seguidores suficientes, y lo realmente importante del techno era la base musical, no la voz, y Billy Idol era cantante. Pero música disco tampoco, porque la apariencia es de tipo duro capaz de desgarrarse la garganta a voces, y no de moñón aflequillado con hombreras tarareando pegadizas y ñoñas melodías.

Había que buscar algo más fuerte, con un componente rock, pero sin acercarse demasiado al heavy ni al punk, y con otro componente pop pero no demasiado disco ni techno, aunque sí bailable. Su idea era inventar el cyberpunk y colocar a Billy Idol como buque insignia.

La imagen es ciberpunk total, pero la música no. Porque la música de sus inicios no es más que un rockabilly inocentón, políticamente correcto, bailable, poco explosivo, sin garra y nada moderno. Por no decir que la voz de Billy Idol no es nada del otro mundo y su técnica tampoco. Todo bastante terrenal.

¡Ojo! Vuelvo a recordar que esto no es más que las conclusiones que saco después de escuchar todos sus discos. Esto son sólo impresiones personales.

En 1983, con “Rebel Yell”, se empieza a acercar a lo que su imagen implica, pero sólo en alguna canción, porque casi todo el disco no es más que pop convencional, del de la época, nada nuevo ni interesante, sólo relleno para poder meter los singles en un LP.

1986, “Whiplash smile”. Éste sí. Este disco es cojonudo. Aquí la electrónica ha ganado bastante terreno, pero curiosamente las guitarras también. La base rítmica es electrónica, hay con constantes efectos y el sonido de las guitarras es muy sofisticado y sintetizado, pero con una clara actitud heavy, incluso se puede escuchar algún solo. Pero sin olvidar el rollo rockabilly aderezado con pianos electrónicos y voces con mucho eco pero con mucha más garra y marcha que en sus primeros discos. Este disco sí que es realmente especial, mucho más cercano a lo que se conoce como cyberpunk. Lo que no quita que no se pueda encontrar alguna delicatessen al estilo de Leonard Cohen.

Curiosamente, al igual que pasa en la discografía de otros muchos artistas, en el momento de más éxito hay un parón considerable. Así no es hasta 1993 que Billy Idol vuelve a publicar algo nuevo. “Cyberpunk”. Curioso título. Y curiosamente el disco más alejado de ese estilo en toda su carrera. Paradojas de la vida. “Cyberpunk” es el disco menos marchoso y menos vendible de Billy Idol, pero también se le podría considerar el mejor. Es un tanto oscuro, pero la música es de mucha más calidad. La parte instrumental está mucho más trabajada y las canciones están construidas con estructuras muy diferentes. Los patrones rítmicos, aunque más lentos, son muchos y la mayoría poco tienen que ver con lo que Billy Idol ha hecho hasta el momento. Un disco muy interesante, más cercano al techno, con un aire hipnotizante y abstracto que engancha al escuchante casi sin remedio, y digo escuchante porque está enfocado más a la escucha atenta que a la pista de baile. Con este disco alcanzó la mayoría de edad musical.

Con su último disco hasta al fecha, “Devil’s playground” (2005), vuelve a sorprender. Esto sí que es caña pura, quizá lo que se espera de su imagen. Punk, o lo que hoy se conoce como punk. Mucha marcha, guitarras muy potentes, una voz muy cambiada y desgarrada, todo nuevo, pero, como en toda su carrera, sin perder ese componente rockabilly que en mayor o menor medida aparece a lo largo de toda su discografía. Y bueno, un rollete navideño bastante acusado que conviene obviar. Gran disco, digno resultado de la segunda juventud que aparece cuando se ronda la cicuentena y que tan buen resultado ha tenido para la satisfacción de los buenos escuchadores de música del mundo.

Escuchar la discografía de Billy Idol ha sido toda una experiencia cargada de sorpresas. Al contrario de lo que pasa con muchísimos artistas, sus mejores discos son los últimos, o al menos son los que más me han gustado a mí. Después de un insulso principio con un estilo de música que no encajaba ni con calzador con su sofisticada imagen ha conseguido en sus últimas obras hacer una música interesante y de calidad, que es lo verdaderamente importa.

The Mission

19-abril-2010 · Imprimir este artículo

Por Ignacio Reyo

El Punk no sólo le devolvió la energía al Rock, nuevo año cero de rebelión, sino que le dio nuevos espacios para crecer. Se hizo válido en una concomitancia social, y eso se filtró en las tendencias venideras.

Posteriormente, el círculo capitalista adoptaría los dejes y formas de la insurrección, e incluso de sus distintos caminos, pero eso ya es otra historia.

Dentro de lo que se vino a llamar post punk, y bajo la vertiente más gélida y obscura, no podemos adjetivizar completamente a bandas como Bauhaus o The Cure, al menos no en sus óperas primas, como Rock gótico. Sólo en su desarrollo, y limitándoles en exceso, se consideran inicio del estado siniestro musical. La afectación, esas letras y portadas de enfoque artístico, junto a la urgencia del Punk, su imprecación rabiosa, creaban una simbiosis diferente, ecléctica. De ahí, a nuevas metamorfosis, a veces totalmente antitéticas a los postulados primigenios, sólo pasarían unos pocos años.
El nexo de unión entre la primera y segunda generación del llamado Rock Gótico (una etiqueta que ninguna banda con suficiente enjundia creativa, desea para sí misma), lo crearían The Sisters of Mercy. Dictadura de Andrew Eldritch, tejería una sonoridad obscura y atmosférica, pero recuperando riffs de raigambre clásica, sobre todo en su segunda capitulación, con Patricia Morrison a bordo, y finalmente en el álbum “Vision Thing”. Pocas bandas, en tres discos, muestran tan bien el devenir de su época. De una concepción hermética, pasando por singles en potencia de producción ochentas, y finalmente, un alegato de Hard Rock macarra y salvaje.

Las grandes películas de los últimos veinte años, no se circunscriben completamente a un género, sino que dentro del mismo, lo dinamitan para plantear otro tipo de creaciones. Lo mismo sucedió con Sisters of Mercy, explosión deslucida con los años, pero lo suficientemente potente como para mostrar otro camino, un camino transitado por The Cult y una de las hermanas del grupo madre, The Mission, creado tras la huida de Wayne Hussey y Craig Adams del capítulo Eldritch.

Uno de los paradigmas del showbizz musical, es el hecho de subir a la cumbre para, más adelante, caer en una cómoda segunda división que te asegura el circuito de conciertos, la comida que llevarte caliente a la boca, y alguna que otra dádiva inherente a la erótica del escenario. No más excesos gratuitos pagados condescendientemente por la discográfica, no más clamor de masas histéricas, sólo el reducto de los fans fieles.

The Mission, que mostraron una comercialidad obvia, sin sacrificar por el camino su propuesta, estuvieron en los puestos altos de los charts británicos, fueron cabeza de cartel en dos ocasiones del Reading Festival, y protagonizaron innumerables portadas del bendito New Musical Express. En la actualidad, tras dos años vista de la despedida del grupo, The Mission son injustamente ignorados, abnegándoles a unas pocas canciones para los nostálgicos ochentas. En su primer álbum de estudio, “God’s Own Medicine”, se inicia con una frase tremendista recitada por Wayne Hussey, “I still believe in God, but God no longer believes in me”. Ahí se entronca el poder del Gótico a mitad de los ochenta, recuperando cierto halo místico zeppeliano (el segundo disco de la banda, “Children”, lo produciría John Paul Jones) y reenfocándolo con una voz pretendidamente profunda, oscura. El gran problema de The Mission es que, aún teniendo una legión fiel (los llamados skimos), intentaron no caer en la corriente de la época, e innovaron para intentar conquistar lo que U2 había conseguido a través de la mezcolanza de Pop Rock y electrónica en “Achtung Baby”. Un paso en balde, en los años venideros del Grunge, y el sueño se terminaría diluyendo, con el marchamo de producto caducado. Las ironías del destino, permiten que los epígonos cosechen el éxito masivo que el grupo primigenio ayudó a construir, y no tengan palabras consideradas hacia el mismo, dando una muestra de egotismo tan grandilocuente como vacío. Que Héroes del Silencio, o Him, tengan millones de fans por el globo terráqueo, y no se quiera vislumbrar sus raíces, en este caso, la más directa, The Mission, es un signo inequívoco de los tiempos de regurgitación que vivimos, donde cualquier llama sagrada es miccionada por un puñado de dólares. Keep the faith.

Hawkwind, Lemmy y el bestia metal

7-marzo-2010 · Imprimir este artículo

Por J.C Alonso

Hawkwind es una banda inglesa que empezó a sonar a finales de los ’60. Sí, es muchísimo tiempo. Pues aún siguen sacando discos hoy en día. La simple definición de rock espacial no es suficiente para definirlos. Rock espacial puro con predominio de teclados serían, por ejemplo, los noruegos 120 Days, y con predominio de guitarras, Oresund Space Collective. Sobre estos últimos colgué una curiosa entrada que se puede ver desde aquí.

Hawkwind tienen composiciones de rock espacial puro, esa música hipnotizante, repetitiva, sin fisuras, llena de sonidos extraños que sirven, más que para crear ambiente, para definir el sonido. Pero también puedes encontrar en sus discos piezas que van a ritmo de rock’n’roll, de psicodelia, o del incipiente punk de la época, e incluso se mueven en ambientes tétricos que recuerdan a The Horrors.

Hawkwind es una banda interesantísima que ha ido cambiando su sonido al ritmo que la tecnología aportaba nuevas formas de sintetizar sonido.

Pues uno de los componentes de la banda fue Lemmy, allá por los principios de la década de los ’70. Efectivamente, sigue siendo muchísimo tiempo. Su participación en el grupo fue intensa pero corta, porque se ve que en una gira por Estados Unidos la pasma le trincó intentando cruzar la frontera de Canadá con mogollón de anfetas, y tuvieron que anular muchas actuaciones. Hawkwind pillaron un mosqueo tremendo (normal) y le echaron del grupo (también normal, aunque hay gente que triunfa en el mundo del espectáculo precisamente gracias a hechos como éste, que le dan vistosidad a la imagen comercial). Entonces Lemmy fundó su propia banda, Motörhead. Si no conoces a los “Motor” en este vídeo se puede apreciar la angelical voz de Lemmy y el delicado sonido de su bajo. Y en esta sorprendente entrada de mi blog puedes averiguar cosas que nadie sabe sobre Lemmy.

Durante unos años Motorhead fue lo más bestia del panorama musical en el mundo, hasta que en la década de los ’80 (pues sí, sigue siendo muchísimo tiempo) el heavy metal sufrió un brusco y espantoso giro hacia la brutalidad. Surgieron bandas como Venom o Slayer, y se crearon estilos con nombres como thrash metal, death metal, hardcore, grindcore, doom metal, black metal, deathcore, brutal death metal, tuputamadre metal, mecagüentusmuertoscore, y muchos más. A mí, como todos me suenan igual, me gusta englobarlos con el nombre de bestia metal.

Pues bien, a continuación viene la intención de este artículo, que es la siguiente: Acuso a Lemmy directamente de ser uno de los principales culpables e instigadores de que ese giro se produjese, y en consecuencia, de que el heavy metal dejase de interesarme durante bastante tiempo.

El heavy metal se radicalizó y se separó en dos vertientes bien diferenciadas, la más “delicada”, el A.O.R., y la más atroz, el bestia metal. Eso no quiere decir en absoluto que no hubiese bandas con un sonido intermedio, pero sin la relevancia de los sonidos más extremos.

El bestia metal no me gusta nada, lo digo porque lo Sé, igual que Sé que no me gustan ni los callos ni los pies de cerdo. Lo Sé porque los he probado. Todo se ha de probar, pero cuidado, hay muchos discos de bestia metal que pueden producir reacciones en tu mente y en tu cuerpo irreversibles, o sea, que si estás dispuesto a probarlo toma las precauciones necesarias y no hagas tonterías, los errores a veces se pagan muy caros. Escuchar un disco de bestia metal hasta el final puede tener una o más de estas contraindicaciones:

a. Que sufras pesadillas durante el resto de tu vida.
b. Que tu cerebro se dé la vuelta y te quedes bobo.
c. O que se paralice y te autolobotomices.
d. O que se se licúe y te salga por las orejas y la nariz.
e. O que simplemente explote, dejándolo todo perdido.
f. Que tus colmillos, uñas y orejas empiecen a crecer sin mesura y te conviertas en hombre lobo.
g. O peor aún, que te dé un pasmo, te mueras y te conviertas en un zombie comedor de cerebros.
h. Que te metas a fraile.
i. Que te compres una moto para lanzarte por un acantilado.
j. Y la última y más horrible, que te guste. A partir de entoces no escucharás otra música que no sea ésa, y pasarás a considerar a Metallica unas nenazas, por no hablar de Phill Collins o Michael Jackson. En poco tiempo tu pelo crecerá medio metro, nunca más vestirás de otro color que no sea el negro, tu forma de bailar mutará, agarrarás la guitarra imaginaria y, o bien darás cabezazos atrás y alante como si asintieses a lo bestia, o moverás la cabeza en círculos perpendiculares al suelo haciendo que tu pelo describa una amplia circunferencia de radio igual a la longitud de tu cabellera, pareciendo sin duda alguna un molino de una sola aspa, y sufriendo el peligro real de salir volando.

Ya lo ves, razones suficientes para escuchar bestia metal con el dedo bien cerquita del botón de stop, pero no lo pulses a la primera, si existen tantísimos grupos del metal más agresivo y tienen tantísimos seguidores debe de ser por algo.

I BlackSeed Festival

22-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

Por Paco Cerbán

9 Enero 2010. Sala Excalibur-Madrid.
20:30 h. Entrada 10 Euros.
I BlackSeed Festival
Organizador: BlackSeed Productions.

Una macarrada para empezar el año y compensar la sobredosis de paz y amor navideños.

DECAYED (Portugal): Black Metal de la vieja escuela con influencias que abarcan desde Celtic Frost a Mayhem.

GRAVEYARD (Barcelona): Una de las sensaciones del underground nacional. Death Metal old school con un Mini Cd y un Cd completo que están dando mucho que hablar. Para amantes de Entombed, Dismember y la escena sueca de finales de los 80/principios de los 90.

DISHAMMER (Madrid-Coruña): Sucio y macarra Metal/Punk que rinde evidente homenaje a Discharge y Hellhammer. La perfecta banda sonora para una noche de alcohol y excesos. Con miembros de Machetazo, Moho o Looking For An Answer.

Olvidaos de los festivales organizados por los 40 criminales y dejaos sumergir en el caos.