Infancia, la edad sagrada

Este libro tiene como objetivo enseñarnos a cuidar la estructura del carácter del niño para que se desarrolle de una forma equilibrada.

Nos señala la gestación como un período de formación celular y cerebral que da inicio a la vida neurovegetativa, siendo de vital importancia la prevención desde este período para evitar psicopatologías graves, así como la atención de la madre en el parto por el equipo de una forma afectiva y sensible.

Nos hace comprender lo relevante que es para el sano desarrollo psicológico el contacto-vínculo afectivo en los tres primeros años de vida, período en donde se da un extraordinario aumento de la producción de sinapsis (conexiones entre las neuronas).

Nos indica cómo un buen cuidador debe respetar los impulsos de autonomía y poner especial atención en el ritmo orgánico del bebé, sabiéndole sostener corporal y emocionalmente. Ser cuidadoso en no interferir en espacio y en el tiempo que necesita el bebé para que se produzca la autorregulación necesaria en el proceso de maduración.

Así mismo ha de procurar una presencia auténtica, no reactiva, con acciones precisas, intentando que fluyan unas dosis óptimas entre frustración y satisfacción.

Profundiza en el acorazonamiento que se produce en las distintas etapas evolutivas del niño cuando se bloquea el flujo del movimiento vital propio del desarrollo, relacionándolo con la neurosis y la enfermedad.

Evania Reichert nos da una visión contemporánea de Wilhelm Reich aplicada a la educación de los niños y cuenta a su vez con la aportación de otros autores como: Winnicott, Erikson, Naranjo, Bion, Maturana, Vygotsky, Piaget y Federico Navarro.

Infancia, la edad sagrada
Evania Reichert
Ediciones la Llave

La psicología y la filosofía se lían (y la lían)

22-septiembre-2010 · Imprimir este artículo

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Primero fue Marx. Luego Nietzsche. A continuación Freud. La “escuela de la sospecha”, como la llamó Paul Ricoeur, nos puso en permanente estado de alerta ante cualquier manifestación social, cultural o mental. Con ellos se acabó para siempre la edad de la inocencia. Y comenzó la edad del cinismo y la paranoia. Además del imperio de las comillas (“”). Olvídese de la realidad o de la verdad. Olvídese de usted mismo, estimado lector, que se cree un sujeto con nombre y apellidos. A partir de este momento los espíritus autodenominados “sofisticados” (yo también sé poner comillas) colocarán cualquier objeto o proceso bajo la etiqueta de lo “obvio” o lo “evidente” o lo “trivial”. Junto a la “realidad”, la “verdad” o el “sujeto”. Otra palabra favorita para ser encarcelada entre las comillas será “normal”.

Para la psicología contemporánea ya nadie es “normal”. Por un lado, las empresas farmacéuticas han “comprado” (pongo las comillas por si acaso…) a generaciones de médicos psiquiatras -que son regalados tanto con viajes a Congresos en los lugares más exóticos y lujosos como con ordenadores portátiles- a cambio de una medicalización de la vida mental, para lo que los psiquiatras han aumentado el tipo de síndromes y la reducción de los requisitos para padecerlos. Tendencia que se intensificará en 2013 con la publicación de la “Biblia” (interprete las comillas como mejor le parezca) de los psiquiatras, el nuevo DSM, versión 5.

Pero a esta medicalización de la vida mental no sólo contribuye la torticera relación entre médicos psiquiatras e industria farmacéutica. Otra vertiente tiene que ver con la especialización reduccionista de la profesión médica. Lo malo no es la especialización, claro, sino el reduccionismo: la idea simplificadora y simplona de que el método científico de corte fisicista es el único legítimo, eficaz y eficiente a la hora de tratar con la vida mental humana.

El desprecio hacia la visión humanista a fuer de artística del ser humano viene dado por un doble frente: el cientificismo mencionado que cosifica al ser humano como un mero objeto físico y, por otro lado, el nihilismo de la filosofía continental, sobre todo de raíz francesa, que se embarco en una cruzada antihumanista uno de cuyos principales cruzados fue Michel Foucault que en una entrevista con Alain Badiou muestra los rasgos negativos que derivarían en pocos años al descrédito en los ámbitos filosóficos de lo que había sido hasta hace poco la importante e influyente división francesa del pensamiento. Con esa mezcla de jerga oscurantista, abstracción vacía, desprecio hacia los datos y los hechos (en treinta minutos de entrevista no se escucha jamás un “por ejemplo…”), Foucault realiza el asesinato del “sujeto”, una entidad que considera -con inconsciencia, irresponsabilidad, y superficialidad- la versión ilustrada del Dios medieval. Y, sobre todo, esa hipocresía interesada. Porque el “sujeto” Foucault firma como si fuese un auténtico y real Michel Foucault (sin comillas). O el Anti-Sujeto que cobra como si fuese un Sujeto una conferencia…

El inconsciente freudiano era como un nuevo juguete que reclama toda la atención del niño grande, caprichoso, desvaído filósofo o psicólogo. Un parvenu como un nuevo rico del subconsciente. Foucault y Baidou se lanzan con aparatosidad y “ostentoreidad” a presumir de pulsiones y pasiones, del lado oscuro del consciente, del reverso tenebroso de la psique. De esta manera la mente te revela como fundalmente inconsciente, como un objeto lingüístico cerrado, autosuficiente y absoluto, en el que el subconsciente impone el advenimiento de un orden que rompe con el estado de cosas, la afirmación de un ámbito que obedece sus propias leyes y su propia lógica… De esta manera llegaron a la conclusión de que sólo hay una verdad: que la verdad no existe o que es inaccesible para siempre jamás.

Por el contrario, un programa ilustrado y humanista, es decir revolucionario, pasa por varios frentes: romper con el reduccionismo cientificista, alegar la comprensión psicológica de los mitos marxistas y psicoanalíticos -ese magma ideológico que los hizo retrotraerse al nivel de brujas y curanderos-, protegerse de los cantos de las sirenas industriales, y por el lado positivo, recuperar la dimensión cultural y simbólica, artística, de la comprensión de los fenómenos mentales: en definitiva, que no haya ningún psiquiatra o psicólogo que no conozca en profundidad la obra de Dickens, Tolstoi, Shakespeare o Galdós, Borges o Faulkner.

Luchar por una institucionalización holística de la enfermedad mental que conciba la recuperación como un proceso general del cuerpo y la mente en relación a las condiciones sociales. Por ejemplo -¡por ejemplo!- que las unidades psiquiátricas cuenten con jardines por los que pasear y charlar, bibliotecas en las que leer y cultivarse, gimnasios en los que ejercitarse. Mens sana in corpore sano para implementar las dos máximas sobre las que se basa la concepción mental occidental: el Conócete a ti mismo socrático-que subraya la dimensión cognoscitiva- y el pindárico Llega a ser el que eres -que apunta a la construcción de la identidad personal-.

Otra psicología y otra filosofía son posibles.

Ligar

“La seducción no está en unas piernas largas ni en unas tetas grandes. La seducción está en la cabeza” o, al menos, eso pensamos algunos optimistas. Los festivales brindan grandes ocasiones para el cortejo, desde el momento en que tenemos que recurrir al vecino de al lado ¡porque aún no sabemos montar la maldita tienda de campaña! Aún más difícil que montarlas es encontrarlas, al amanecer, de vuelta de los conciertos. Antes de ocupar un saco, mira que esté vacío.

UN SEDUCTOR CONTROLA SU DESTINO

“Hay un abismo entre atracción y seducción”, advierte el autor del libro Psicología y Seducción, Alberto Hidalgo. Si alguien te desea y no has hecho nada para conseguirlo, no seduces, atraes; en cambio, si te muestras atractivo y ofreces algo conscientemente, estás seduciendo. Mario Luna, que ha publicado Sex-Code: manual práctico para los maestros de la seducción, define seducción como “crear las condiciones necesarias para que dos personas tengan la oportunidad de conocerse a un nivel profundo e íntimo”.

Se aprende a seducir, inconscientemente, imitando modelos, los de nuestro entorno, pero también, los de la gran pantalla, aunque los Cary Grant cada vez son más escasos. Lo primero es estar predispuestos. Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente. Frente a las tesis más románticas, pensadores como Francesco Alberoni dicen que la base del “ligoteo” es una sensación de nulidad e insatisfacción personal. Lo que nadie va a negarnos es que es muy divertido.

NO DEJES QUE MUERA VIRGEN. NEIL STRAUSS ¿UN MODELO A SEGUIR?

Poco después de la publicación en nuestro país de su libro El Método (Planeta, 2006), El Mundo nos ofreció el retrato de Neil Strauss, el retrato de un don Juan, pero además del feo que todos llevamos dentro.

Strauss, escritor, crítico musical en The New York Times y la revista Rolling Stone, fue esa clase de joven que todos los días se pelea con el espejo. “Tenía nariz con caballete, gafas, pelo que clarea, era flaco y bajito”, según su propia descripción. Su oración (mitad profana, mitad sagrada) era “por favor Dios mío, no dejes que muera virgen”.

Habiendo desechado la idea de cambiar su físico mediante el bisturí, ingresó en una comunidad llamada Pick Up Artists (artistas del ligue), una especie de escuela del ligue, de las que proliferan en Estados Unidos. Estas academias “venden un magisterio de frases hechas, técnicas, afectadísimas interpretaciones, repertorio de moderno playboy, y cobran un dineral a una clientela de lo más heterogénea” (Javier Caballero e Isaac Hernández). ¿Son una forma válida de reeducación emocional o un catálogo de machistadas útiles para jugar con los sentimientos de los demás? Los psicólogos están divididos. Los nuevos celestinos utilizan armas mucho más sofisticadas que los filtros de amor. Dan consejos sobre la vestimenta y el aroma, la retórica, el lenguaje corporal…

Strauss dio con un sacerdote de la seducción como maestro particular que le enseño todo lo necesario para poner punto final a noches solitarias, “llenas de onanismo”. Todo ello, a cambio de una cantidad muy poco discreta de dinero. Así es como nuestro hombre llegó a desdoblarse y a convertirse en Style, “el mayor ligón sobre la faz de la tierra”. Este álter ego era también producto de largas horas observando a Marlon Brando, James Dean; un cambio de look pero, sobre todo, la adquisición de nuevas costumbres y habilidades.

Cuando el patito feo se convirtió en cisne, conquistó entre otras a la playmate Dalene Kurtis. Después de un periodo orgiástico y desordenado, Strauss encontró a la mujer de su vida. Entonces no hubo ninguna técnica, ningún recurso retorcido… al menos eso reza en El Método, “Ars Amandi del nuevo milenio”.

CONSEJOS INSPIRADOS

Las revistas del kiosco nos atiborran de consejos para ligar, bajo titulares ñoños como “consigue a la [email protected] de tus sueños”. Su ineficacia está testada y entre sus redactores encontramos pocos “pick up artists”. Gracias a dios, en los blogs se encuentran otras lecciones más heterodoxas y frescas. Veamos, por ejemplo, las de un tipo que se hace llamar “paranoia con patatas” y que tiene por máxima: “todo lo que cae en la red es pescado”:

Cuida tu lenguaje

Si algo debe hacer el friki medio es hablar bien. Piensa: eres feo como una patada en la boca, pues por lo menos habla bien, escribe bien, sé agradable con el lenguaje. De lo contrario el resto de los consejos no valen ni una mierda.
Tu lenguaje tiene que ser tu bandera. No pedante, pero sí correcto. No gafapasta, pero evita por favor las constantes referencias a superhéroes (aunque siempre es mejor hablar de Batman que de Tolstoi). No grosero, pero sí rotundo…

Arréglateme un poco, chacho

No. Una camiseta de Fénix o de Elektra no son lo que una mujer quiere ver recubriendo tu cuerpo. Los pantalones cortos son para ir a correr (pff, el deporte es el néctar de los necios) y las chanclas son para ir a la playa. Las gorras no se llevan puestas en sitios cerrados… no… las que llevan el logo de Punisher tampoco.

Cómprate unos vaqueros… pero que no sean negros y que no sean iguales a unos que ya tienes porque así no necesitas pensar tanto. Y algunas camisetas normalitas, sin Homer ni un dibujo de Goku lanzando un kamehameha (…) Por último, aunque estás muy lejos de este punto… deja de ponerte calzoncillos con tu nombre bordado.

Saca partido a tus taras

Ahora ella ya sabe que existes. Si has seguido estos consejos a estas alturas ya deberías haber dejado de ser “ese tipo de allí”.

Es el momento de que se crea (ilusa ella) que no eres tan malo como parecías.
Si usas gafas, escóndete detrás de ellas.
Si estás en una discoteca, aléjate de los focos (el acné brilla en esos sitios).
Si estás en una cafetería, sentaos en una cómoda esquina, alejada de la luz.
Si no se ve no existe. Como los ninjas: oculto a plena luz.*

Hemos aprendido a seducir, inconscientemente, imitando modelos

Dos personas predispuestas a ligar tienen muchas posibilidades de reconocerse. Se detectan el deseo mutuamente

Seducir es vivir