Significado y potencia de las masivas protestas del 15 de mayo

Por primera vez en 40 años de régimen político y, en medio de la crisis económica más profunda de los últimos ochenta años, decenas de miles de ciudadanos han recorrido España ¡pidiendo democracia!

Ello supone un serio aviso para el poder político por varios motivos y causas:

El primero es la presencia mayoritaria en las concentraciones de la generación que hoy tiene alrededor de 30 años. Esta generación (la primera educada en la democracia, centoeurista, apolítica y “sin salida”) no se identifica con el actual régimen político y comienza a dar señales de movilización. El desencanto de la gestión socialista y las dificultades de emancipación de esta franja de población, hace que muchos de los que salieron a la calle contra el PP lo hagan ahora contra lo que llaman PPSOE.

El segundo motivo es el carácter espontáneo de las concentraciones: nacidas de las redes sociales a través de Internet y sms, aunque a partir de pequeños movimientos alternativos. A pesar de la vinculación de las marchas con grupos anarquistas y de la izquierda radical, la naturaleza de las movilizaciones es por ahora acéfala. El carácter espontáneo de las marchas apunta al desarrollo de una onda política de larga duración que seguramente padecerá el entrismo de grupúsculos y la infiltración de las fuerzas de seguridad. Por ello, es absolutamente necesario que discurran por vías pacíficas.

El tercero motivo de preocupación para el poder es el carácter libertario y profundamente deslegitimador de las instituciones que tienen las manifestaciones. Al discurso antirégimen (República, democracia representativa, anticorrupción y contra la partitocracia) se suma la crítica feroz al capitalismo especulador (Bancos, FMI, usura y explotación). Ambos ejes movilizadores son uno solo al unir el análisis global al caso español.

El cuarto motivo es la deslegitimación absoluta de los tradicionales interlocutores sociales (PPSOE, CCOO Y UGT, Medios de Comunicación, etc)

El quinto síntoma es la aparición de posibles interlocutores nuevos y directos de aquellos que no se sienten representados por el Sistema: Asambleas de parados, los “jóvenes sin”, familias desahuciadas por bancos, abstencionistas, etc.

La sexta clave de las movilizaciones supone el señalamiento directo y presente de los “causantes de la crisis” en calidad de enemigos: oligarquías financieras (Botín fue nombrado más de veinte veces) y “sus siervos” (los partidos políticos mayoritarios, los medios de “desinformación” y los dos grandes sindicatos).

La potencialidad de este movimiento es enorme si rompe el silencio informativo y se autoorganiza.

En la medida en que conecte con las clases productivas paradas (generaciones de 40 a 60 años) y que permanezca suficientemente abierto y desideologizado, asociado a causas concretas, puede constituir la primera señal seria de agotamiento y declive del Sistema del 78.