Crucigramas

Las sendas que se bifurcan del camino, las flores que lo orillan todo entero. No te olvidé (eso me costará muchas, muchas velas), hice por olvidarte. Las flores que pintan de luz las estaciones. Las tardes de abril que juegan a recordarme de manzana, su cuerpo.

Me hice muchas, muchas preguntas esas noches. Y, a veces, sólo queda aferrarse a una respuesta y buscar a tientas las demás luces. Lirios de nieve, lágrimas de sal.

Empecemos de nuevo: soy yo; detesto el plátano, me dan miedo las películas de miedo y no me gustan las rosas: más que flores son clichés.

Estupro

Llovía. Ella descruzó sus piernas larguísimas de ron. Miró por la ventana y vio que todos estábamos de espaldas.

Este amor – le susurró al Joven antes de morder sus lóbulos – como el toro, ha nacido para el luto. – mas no quiso creerlo y besó sus labios y mintió y cayó borracha, delirante, anestesiada.

El corazón tan blanco como la nieve

y más frio.

Los infinitos perros de Constantinopla

31-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Ella y yo sabíamos que aquella noche sería la última, que aquella mirada marcharía descalza por la arena húmeda, que sería la última.

Bebimos grappa y bailamos la noche cerrada en la playa del puntal.

Entreplanta

28-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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la distancia no es el olvido: el olvido son las personas que no creen en las palabras. A Aída, su padre le contaba que si deseaba algo, algún día, había de nombrarlo; pues

“(…)las palabras dan consistencia (entidad, carne) a los sueños”

[Mediavilla]

El olvido empieza con un piano de pared junto a la escultura de Allen, con el primer te respondo otro día (cuando tenga más tiempo, cuando este menos cansado). Le sigue Meg Ryan desnuda y Angelina embarazada, la colada de los lunes, las cosas verdes y con pelos, las timbas de Gatwick las noches en vela, dos vasos de tinto dentro del ascensor. Un bocadillo de bonito.

Poema color Puesta de sol

25-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Lo primero fueron sus piernas aquellas tarde de café y anacardos. Lo de enamorarme vino luego, más tarde. Deseé ver como votaba sobre mí, ver su sudor, su cuerpo, sus pechos y sus pecas pegando carteles en la Escuela de Minas y cerca ya del Salvador.

-  Creo que estar sentado viendo Santander debe ser pensamiento estético (pues a veces, sólo a veces, mirar es un género de la filosofía).

- Sentarnos – vestidos y así poder imaginarlo todo, insinuarlo todo – y mirar Santander, es sexo: ciencia, biometría: filósofos viejos y jóvenes experimentalistas (Quine y Mayo); es destrozar a Bécquer y a Machado; es trascender a Jameson, a Belladona: es Nietzsche haciendo el eterno retorno.

A un kilómetro de Idoya

22-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Juramos…

juramos hacer que esa noche fuera eterna y así fuera la metáfora perfecta de nuestra amistad.

Amaneció.

Cruella

1-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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El compromiso. Una aldea que se construye. Un niño que llora. Un círculo que se rompe. Fuiste mi eterna compañera en el viaje, largo, de la vida. Las gacelas, los delfines. Los besos que nunca diste, lo que aquella vez – tantas veces – te perdonamos.