La deriva en los espacios abandonados, I

todo en la vida es un borrador, cabos sueltos, todo cabos sueltos… siempre existe una canción, son retazos, una imagen, un reflejo en una mirada, un sonido que nos transporta a otra época, que a veces define nuestros sentimientos y se convierte en parte de nosotros, como un algo que soslaya nuestro vacío, y pensamos que calma nuestro desasosiego, como apósito que se nutre de nuestra desesperación, la saca de nosotros y, al compartirla, nos libera de ella… pero, a veces, no la escuchamos, no vemos ese reflejo, nada nos saca de nuestro sufrimiento, nada es sincrónico, el muro de sombras proyectadas nos arroja al abismo, esa espiral donde desaparezco…

… fue uno de los primeros dibujos que recuerdo, periódicamente regresa a mí esa imagen arquetípica de soledad, todavía me persigue, pues ahora sé que al dibujar aquello empecé a huir de mí, y al desconocer por dónde, lo hice hacia mí, encerrándome, empequeñeciendo mi mundo, comprimiéndolo hasta que hoy, intuyo, sólo soy un kit al que le faltan piezas, perdidas en ese camino de introspección, de comprensión, que descubrí al iniciar la huida, pues fuera nadie me enseñó cómo afrontar esos momentos, de hecho, pensaba que los desconocían, y en mi desesperación cerraba los ojos y aquello me calmaba, unos instantes en los que me soñaba abriendo nuevas derrotas, pues si en nadie encontraba consuelo era porque era un territorio sin hollar, pero en la oscuridad el suelo seguía temblando, o era el bombeo de mi corazón, aún no lo sé, me ha vuelto a suceder al cruzar un puente esta tarde, todo se movía y al intentar aferrarme a la barandilla me he visto, otra vez, reflejado en una mirada que huye, que todo se lleva consigo, y he vuelto a cerrar los ojos al sentir que me había dado alcance, que cada vez que me paro todo lo que he dejado atrás me empuja y arrastra hacia el agua, ese momento en el que sólo ves un reflejo en la demolición, un algo que se engarza a esa realidad que desaparece durante unos instantes, reflejo que es sincrónico, cuando todo se derrumba y que, al abrir los ojos, te lleva a otra época que sigue siendo la misma aunque todo en ti continúe siendo nuevo, pues sigues sin encontrar nada a lo que asirte dentro, y todo oscila como ese lápiz staedtler al dibujar algo tan impronunciable como su nombre, pero que, sobre el papel, era como una güija que no encontraba letra y todo lo emborronaba, como el gráfico de un sismo, un ruido monitorizado, una psicofonía en un idioma desconocido, el nombre de un dios lejano, la deriva en un laberinto por el que empezaba a adentrarme, el rastro de mi huida, la que me lleva a una casa en la que ya todo son sombras, frente a un espejo, un reflejo de mí que intento aprehender sin conseguirlo, preguntándome por qué algo inmaterial hace tanto daño, por qué siempre me regresa al mismo punto, allí donde empecé a dejar las huellas, las de la huida, las que intento limpiar echando un poco de vaho en el cristal, y a través de él ver cientos de caminos truncados, los cabos sueltos de mi paso que yerra, los que surgen a la par que mi imagen se difumina entre la niebla, mis ojos que se pierden entre ella, que me llevan hacia esa mirada que un día intenté dibujar, perdida en la mar, sin ver camino de luz hacia un sol lejano, ese que parecía una calavera con aura de rayos que, al crecer sobre el papel su luz de grafito, todo lo emborronó, y al romper el dibujo en mí quedó esa niebla frenética que me difuminó, acabó tachándome, como me tacho en el espejo, ese que tantas veces rompí por no saber cómo escribirlo, cómo dibujar aquello que está en movimiento al derrumbarse, pues sólo soy una grieta que se agranda y gana la nada entre la niebla al disociarme, no hay nada que indique la salida en este laberinto de reflejos por el que huyo dando vueltas, presumo, esperando en mí otra noche desconocida, aunque sea siempre la misma noche en la que no me conozco, perdido en los reflejos, sin creer ya en la emoción del camino, sin haber creído nunca en los neones que distraen la mente de la búsqueda de la salida, quizá allí por donde entré en algún momento, sigo buscando, antes del fin abrupto del camino, ese precipicio por donde se arroja Occidente, en donde caemos girando como peonzas sobre nuestro eje solipsista, pues soy parte de la generación al final, la última si no hace algo, busco la salida tirando del hilo roto, fragmentos de una huida, reflejos que son agujeros de gusano, trozos del capullo de seda en donde olvidé los colores, construirme unas alas, cabos sueltos que son indicios, que me llevan a esa época en donde nada fui, y sin embargo me pesa, pues odio el silencio del encierro, allí donde no me dejé crecer, la deriva entre los fluidos, los espacios que abandoné de mí mismo, los que recupero ahora, poco a poco, intentando desactivar en mí algo, puede que el odio, no lo sé, el que me llevó a romper ese dibujo, por no saber hablarle a la soledad que siempre se ha venido conmigo, el único hilo común en este derrotero, pues al desactivar algo lo deconstruyes, lo construyes a la inversa, sabes, si lo logras antes de que todo en ti explote, cómo está hecho, cuáles son los caminos a desandar para llegar al principio, pues intuyes que principio y fin están unidos en el vacío, por ello ahora intento vivir ese camino antes de que todo estalle en mí, me desprogramo, lo intento, intento parar el tiempo en ese segundo que engaña, que te hace huir por los túneles, sacándote, momentáneamente, de tu miseria, pero sólo es otro laberinto de espejos en donde te difuminas, sí, parar el tiempo en el reflejo al romper el espejo, que sea él quien se lleve tu imagen antes de que se reflejen tus trozos cayendo, aunque caigan en ese momento, quizá se lleve tu imagen entera y él será los trozos y podrás salir del reflejo, quizá el de la explosión, allí se juntarán los cabos sueltos, cuando todos sean uno, algo,

nada


La deriva en los espacios abandonados/sombra.1

No podías desfallecer. Las cosas se estaban poniendo chungas. Los demás ganaban terreno. Tenías que dar el paso. No sólo sería un golpe de efecto. Era necesario, vital. Decidiste consultarlo. Una pasta pero merecía la pena. Llegarías desde atrás, les rebasarías dejándoles clavados. Mirándote el culo. Como ese ciclista en el Tourmalet. Buena táctica la del psicólogo. Te había felicitado. Por fin habías asumido que eso te hacía sufrir. No podías permitirlo. Nunca más te sentirías ninguneado. Se iban a enterar, sí.

Te costó un poco ir verbalizándolo. Seleccionar a los afines. Es un paso muy importante en tu vida, necesitas el apoyo de los tuyos. Huye de las críticas, eso te dijo el psicólogo. Así lo hiciste. ¡Dios! Qué cambio en el espejo. El rictus de los elegidos. Como esa luz que ilumina el rostro del héroe en las películas. Los más avezados del curro lo notaron. Alguna taquillera te preguntó pero no dijiste nada. Hasta la gerente te miró con incertidumbre. Bien. El terreno estaba abonado. Pronto, todos querrían saber tu secreto. Lo dicho, ibas a ser el puto rey.

Lo demás fue fácil. El psicólogo te envió a un amigo suyo. Un profesional. En los foros hablaban maravillas de él. El crédito de quince mil euros te lo metían con la hipoteca. Los bancos son los benefactores del estado del bienestar.

Pediste todas las vacaciones juntas. Nadie se opuso. Más horas y más dinero para los demás. Aunque ibas a necesitar más tiempo. El psicólogo te dio una carta para el de cabecera. O eso o una depresión. Coló. Ibas a estar jodido unos dos meses. Tres días en la clínica. Dormir boca abajo. Una semana y pico sin sentarte. Cinco semanas sin poder moverte. No fuese a ser que se desplazase. Tenías que hacerlo bien. De esta te nombraban jefe de equipo, seguro. Ya te veías manejando información. Reunido con la gerente. Y treinta napos más todos los meses. Hacer tú los cuadrantes. Que te la chupasen para conseguir días, ¡Dios!, eso: dios, así te veías.

Estabas nervioso. Deseabas volver al curro. Horas y horas delante del espejo. Ensayando todas las posturas. Había quedado de puta madre. Bueno, tenían que mirarte la cicatriz. Y quizá, te parecía, uno había quedado más bajo. Algo natural, según el médico. Depende de la musculatura. Pero con el uniforme quedada de lujo. Acojonados se iban a quedar.

El día del alta, fuiste directo a saludar a las chicas de recepción. Te apoyaste en el mostrador enseñando tu culo a todo el mundo. Pero nadie se fijó. Todo en ti se hundió menos las prótesis de silicona. Y así varios días. Nadie te miraba el culo. Como siempre, el psicólogo te dio la solución: decírselo a todo el mundo. Un lujo de tío… caro, pero un gurú.

El tema funcionó. Al principio, algunos se cachondearon, pero las opiniones femeninas prevalecieron y tuvieron que claudicar. Les habías ganado. Fue tema de conversación durante una semana. La hostia. Por muchos móviles, ordenadores y subwoofers con que contraatacaron, no te hacían sombra. Te habías postulado como el líder y, poco a poco, ibas teniendo una camarilla a tu lado.

Hasta que llegaste a mí y no te hice ni puto caso. No te pregunté cuánto te había costado. Ni los sacrificios que hiciste en aras de la sociedad. Ten cuidado con el jefe, a lo mejor quiere rebotar sobre él, te dije en broma, intentando, sí, quitarme a otro engendro de encima. 

Sabía que me había creado otro enemigo pero me daba igual. Nunca lo entendísteis.

Te hicieron jefe de equipo, fuiste feliz en el reflejo.

Han pasado diez años y me dicen que tienes problemas. El paro, el banco que se ha quedado con todo. Los sucesivos implantes de silicona podrida te han jodido, y bien. No pregunto más. Quizá ahora sí necesitas un psicólogo. De los de verdad. Lo siento, tío. Sólo eres una sombra en estas calles abandonadas.

Limpieza de bajos/ La deriva en los espacios abandonados

Pre-ambulo entre sombras‭

El humo de la hierba se lleva las palabras.‭ Escucho. ‬Bebo.‭ Hoy me ha tocado el ciego autista, me temo. Algo me ha desestabilizado. Puede que tanta gente. O la colega que al abrazarme me mete mano. Supongo que para animarme. No sé qué transmito. Me da igual. Otro día desahuciado de mí. No soy capaz de hablar. Llevo toda la noche repasando grietas, algo se derrumba en mi cabeza.‭ Esa que no registra nada,‭ pues ‬sólo busca cerveza que todo lo arrase.‭ ‬Sin embargo,‭ ‬escucho…‭ ‬y sigo buscando en mí saliva con que escupir algún cadáver de entre los escombros.

Pese a todo miro a los ojos y percibo el miedo.‭ ‬Es algo atávico que reverdece entre restos de máscaras.‭ ‬Miradas de nostalgia se dirigen al retrete.‭ ‬Se van acabando las rayas continuas de la carretera,‭ ‬cada vez son más y más largos los espacios del vacío que decoraban…‭ ‬Es más,‭ ‬ya no existe carretera alguna. ‭ ‬Somos como zombis maqueados,‭ ‬recién salidos de la morgue.‭ ‬Oigo que la guerra siempre la han contado los cobardes.‭ ‬Y pienso en qué parte de mí es la más cobarde.‭ ‬Que se siente a escribir de una puta vez.‭ ‬Necesito acabar con esto, sobrevivirme:

No hacer nada es tan funesto como hacer mal‭; ‬pero es más cobarde.‭ ‬El más imperdonable de los pecados mortales es la inercia.‭

‬Eliphas Levi.

Estoy de pie entre el humo.‭ ‬Quizá sólo soy un cadáver que ha quedado de pie tras el derrumbe. Sin escupir.‭ ‬Satisfecho por haber donado otro día a la inacción. En ese momento ‬empiezo a hablar.‭ ‬No sé quién es el interlocutor.‭ ‬Pero a la vez que lo hago sigo escuchando,‭ ‬escuchándome.‭ ‬No conozco a quien habla.‭ ‬No me reconozco.‭ ‬Lo hace de otros tiempos.‭ ‬Tiempos que no recuerdo.‭ ‬Todo está distorsionado.‭ ‬Eso,‭ ‬lo tengo claro…‭ ‬Entonces,‭ ¿‬de qué estoy hablando‭?

Algunas veces he conseguido salir de mí.‭ ‬Quizá esa es la función de los enteógenos.‭ ‬Hacernos trascender,‭ ‬conectarnos con la divinidad que yace aborregada en nosotros.‭ ‬Esa que todo lo ve,‭ ‬todo lo escucha…‭ ‬y se descojona.

Y me veo rajando de un tiempo que no fue,‭ ‬de una novela que no escribí.‭ ‬De las sombras de unas imágenes que se deslíen en la niebla.‭ ‬Del vacío…‭ ‬el que existe en esos instantes alrededor del que habla, ‬pues yo ya no estoy con él:‭ ‬ese títere que se auto justifica,‭ ‬que es parte integrante de todo esto que vivimos,‭ ‬pues todo lo ha hecho por omisión,‭ ‬primero de sí mismo,‭ ‬como el hombre vacío,‭ ‬sin atributos,‭ ‬que anticipó Musil.

Me callo.‭ ‬Me toco los atributos, no vaya a ser que… uff, puta maría.‭ ‬Creo que alguien lo toma como una grosería.‭ ‬Me hablan pero ya ni escucho ni respondo.‭ ‬Me busco entre la niebla de polvo.‭ ‬Oscilo entre cascotes,‭ ‬no bailo.‭ ‬Tengo que hablar conmigo.‭ ‬Si me encuentro.‭ Si queda algo dentro de mi cabeza.‭ ‬Llevo demasiado tiempo evitándome.‭

Las palabras dichas,‭ ‬las que oí de mí,‭ ‬se están ulcerando en la masa de polvo y humo.‭ ‬Las pierdo.‭ ‬He de huir de la masa para recuperarlas.‭ ‬Las masas siempre están equivocadas.‭ ‬Lo decía el viejo indecente,‭ ‬tú,‭ ‬yo,‭ ‬todo aquel que sea capaz de situarse fuera de la visión general…‭ ‬coger un poco de perspectiva.‭ ‬Las masas están equivocadas pues,‭ ‬aun ciegas,‭ ‬siempre son dirigidas.‭ ‬Y sí,‭ ‬son cobardes. Aunque nunca escriben la historia. No lo sé. Una frase es una frase.‭ ‬Quizá lo único que tengo claro es que prefiero ser una anomalía.‭ ‬Sólo las anomalías distraen la monotonía.‭ La cambia. ‬Pienso que es muy difícil ser masa,‭ fingir que no se tiene una opinión, ‬ulcerarse y pudrirse hasta desaparecer. ‬

Al escribir siempre he sondeado en lo invisible,‭ ‬por ver‭ ‬ si encontraba algo,‭ ‬lo clarificaba,‭ ‬lo hacía palpable…‭ quizá ya estoy ciego. ‬Ese era mi propósito:‭ ‬aprender.‭ ‬No estoy aquí para nada más. Pero, ¿por qué pretendo racionalizar lo invisible?

Me fui lejos evitando esa pregunta,‭ ‬aunque sabía su respuesta.‭ ‬No resolví nada.‭ ‬Quizá,‭ ‬acabo de comprender,‭ ‬eso me compete sólo a mí…‭ ‬en cuanto me reúna…‭ ‬pues estoy perdido entre el humo de la hierba.

Todo imágenes difuminadas entre la niebla.‭ ‬Sombras.‭

Me las encuentro paseando en la noche.‭ ‬Las calles medievales son buenas para desdoblarse en un traspiés.‭ ‬O juntarse en el rebote.‭ ‬En ellas encuentro espacio para conversar con las sombras,‭ ‬las mías:

-‭ ‬Se puede vivir la vida como un hoax.‭ ‬Repítelo.‭ ‬Se puede vivir la vida como un bulo.‭ ‬Replicar un vacío infinitamente.‭ ‬Ocultar en la repetición la única verdad,‭ ‬la de uno mismo…‭ ‬su miseria.‭ ‬Hacer de una cadena,‭ ‬de sus vacíos replicados,‭ ‬la única verdad.‭ ‬Repítelo: eso es Occidente.‭ ‬Hacer del muro una simulación de avance replicando el muro donde encierras la única verdad: el vacío.‭ ‬Se puede vivir la vida haciendo de la ilusión,‭ ‬en su repetición,‭ ‬la apariencia de la verdad…‭ ‬pues todo nace de un engaño.‭ ‬Sin ti nada es verdad en la cadena.‭ ‬Repítelo.‭ ‬Se puede vivir la vida como un engaño.‭ ‬Replicar la nada.‭ ‬Decorarla hasta el fin.‭ ‬El fin de nada.‭ ‬Pues nada es verdad en la cadena…‭ ‬sin mí.

-‭ ‬Sin réplica.‭ ‬Pues ya está hecho. Soy hijo de occidente.

Esa es la respuesta del orgullo.‭ ‬El que me ha silenciado durante tanto tiempo.‭ ‬Creerme que todo lo que está pasando lo había visto en esa novela que hace diez años no escribí.‭ ‬Paso por paso.‭ ‬Y que no merece la pena escribir sobre algo que ya sé que iba a pasar.‭ ‬Lo repito:‭ ‬orgullo.‭ ‬El mismo que ha hecho que deje de sorprenderme y deje de vivir al dejar de aprehender la realidad.‭ ‬De la que me he exiliado.

Mi camino es solitario.‭ ‬Lo emprendí hace ya demasiados años.‭ ‬No sé escribir una historia apta para la masa.‭ ‬Soy parte de óxido y vacío de un eslabón de la cadena que no quiero que se replique.‭ ‬Por eso me lo repito.‭ ‬Nací en la última fricción,‭ ‬la canción de mi vida es un chirrido.‭ ‬Y busco algo de mí que no esté oxidado.‭ ‬He de seguir avanzando.

En estas calles frías,‭ ‬la niebla pronto será hielo en el que,‭ ‬quizá,‭ ‬algo de mí se refleje.‭ ‬Modulo palabras de niebla de alcohol.‭ ‬Llevo toda la vida buscando la puerta que me saque de la dimensión de esta realidad impuesta que se hunde a cada paso en mi cabeza.‭ ‬He abierto ya muchas.‭ ‬Las he olvidado como el tiempo se olvida a sí mismo al comprimirse en la resaca.‭ ‭ ‬Pero sólo conozco la niebla.‭ ‬Soy como el gozne que chirría al unir unos mundos que desconozco…‭ ‬pues no está en ninguno.‭ ‬Sí,‭ ‬la banda sonora de mi vida es el chirrido.‭ 

Son las cinco de la mañana.‭ ‬Hace unos días también eran las cinco de la mañana en Cuzco.‭ ‬Allí amanece.‭ ‬Los pájaros caen en picado en vuelo rasante sobre los tejados.‭ ‬Algunos me piden que me aparte.‭ ‬Estoy en la terraza de una casa desde donde se observa la plaza de armas.‭ ‬Cada tres minutos estalla un cohete.‭ ‬Retumba por todos los valles.‭ ‬Es eco que se expande y cuando regresa a morir estalla otro.‭ ‬El nacimiento y la muerte de los ecos se entrecruzan.‭ ‬Con el saludo al sol que despierta a los valles,‭ ‬se escucha el himno de la alegría.‭ ‬Lo canta un coro de niños en el patio de un colegio.‭ ‬La niebla cede ante la luz.‭ ‬Quizá sea esa la magia que busco.‭ ‬Hoy es el‭ ‬11-11-11.‭ ‬Es la Ciudad del Sol.‭ ‬Cusco.‭ ‬También la de Campanella.‭ ‬Pues es faro que irradia luces de diversos colores:‭ ‬su bandera es el arco iris.

Pero aquí,‭ ‬en estas calles,‭ ‬la niebla se perpetúa con el frío.

Estuve buscando.‭ ‬Necesitaba preguntar algo pero no lo hice.‭ ‬Al menos no me lo pregunté a mí mismo antes.‭ ‬Pero no buscaba respuestas.‭

Un puto año de silencio.‭ ‬Es así.‭

No supe que,‭ ‬pese a todo,‭ ‬y sin preguntar,‭ ‬se me había dado la respuesta…‭ ‬hasta esta noche.

Ahora sé que oigo pero no entiendo.‭ ‬Veo pero no retengo.‭ ‬No sé interpretar nada.‭ ‬Estoy desconectado del lenguaje de la Naturaleza.‭ ‬Así se nos achaca a los occidentales.‭ ‬Y tienen razón.‭ ‬Mucha razón.‭ ‬Y me duele escribir esto desde el lenguaje del raciocinio.‭ ‬Pues si no deseas desde el interior nada sucede.‭ ‬Estoy educado para interpretar,‭ ‬diseccionar y descomponer.‭ ‬Observar para destruir,‭ ‬no para crear.‭ ‬Apóstata de boquilla del dios científico que clona el vacío e impone máscaras.‭ Eremita en la cueva de nuestras magníficas neuronas, si alguna queda.‭ ‬Programado para pensar que en ellas está el dios que hemos matado.‭ ‬Que podemos replicarlo en el laboratorio.‭ ‬Pues nosotros somos los dioses, nos creemos.‭ ‬La sombra de los dioses, más bien.‭ ‬Y destruimos al destruirnos.‭ ‭ ‬Nos hemos equivocado desde el primer eslabón al vaciarnos.‭ ‬Desde que nos pudo el orgullo al creernos superiores,

somos una puta escoria cagada en mitad de un centro comercial, lugares comunes refugio de soledades decoradas, barras fluorescentes donde se lucen culos de silicona, culos que ahora se derriten, caras de payaso triste con maquillaje perpetuo vencidas por la gravedad, máscaras hinchadas, descompuestas, por el suelo, envoltorios que provocaron el cáncer en el vacío, es plaga en el suelo, el odio en sus ojos de cuentas perdidas, sombras, que buscan fuego para bailar con las llamas y desaparecer…

por ello, a veces es necesario prender el fuego, arder y desaparecer, tan sólo por ver si queda algo en el rescoldo de nosotros mismos y la suerte que trae el viento se lleva una chispa al infinito, algo, que nos regrese a nosotros mismos…

pero es más fácil estar tirado en la cama que aprender a hablar de nuevo, dejar pasar la vida con los fuegos fatuos de la propaganda del fin de todo, del fin de las máscaras, de todo si sólo somos eso, distraer el tiempo infectado, no hacer nada, arder en silencio y ser contagiado por el odio, sentir la pulsión de inmolar tu palabra para que todo reviente de una vez, eso es lo fácil, quemar los gritos como se quema un pedo, sentir la putrefacción y buscar tierra donde olvidarte, así llevo más de un año, buscando la palabra que es humo en mi garganta, sin intentar aprender a hablar de nuevo…


no todo es blanco o negro, yo sigo teniendo las mismas ansias que cuando tenía once años y escribí: ansias, ansias de colores, pero el tiempo me ha demostrado que lo mío es el gris azulado de la luna entre la niebla… aún así busco la luz primigenia para que se descomponga en mis ojos…

para beber del magma hay que bajar a los infiernos, lo hice con la Cámara de Niebla y el vacío casi me arrastra… los que nunca lo han hecho calientan agua y disuelven un sopicaldo, el estilo se aprende, cada cual a lo suyo, sabemos qué partes de nosotros estamos dispuestos a quemar, los hay que son unos virtuosos de la estética, interpretan y adaptan piezas ajenas de lujo, me quito la chota ante ellos, pero yo no puedo ser así, sigo buscando en mis entrañas el eco del grito de la primera hostia que me cayó, cuando todavía era alguien, sabía algo, estaba lleno…

quizá estoy equivocado, pues ya sólo tenemos estómago para los colorantes, y la palabra vacía yace muerta… si eso es así, no queda nada auténtico en esta sociedad… nadie…

Estáis llenos de nada,‭ ‬me dijo un Inca

hoy, el fuego ya está prendido, cada vez hay más exégetas ardiendo, muchos puntos de vista, eso es bueno si aprendemos, reporteros desde la plasticidad de la llama, gonzos a lo bonzo... bienvenidos, ahora puedo irme con el humo, pues como escritor soy antes y después de las llamas, como persona ardo en el lugar común del fuego, es mi hogar en occidente, y en eso ya sólo aspiro a las cenizas, pues seguimos en nuestra propia combustión interna, la luz del fuego no sirve, sólo ilumina ombligos untados con silicona putrefacta, y como observador me interesa el inicio y el final, la chispa y los rescoldos, lo demás es humo con el que me voy a otro inicio pues soy chispa y en mí llevo el fuego en el que ardo… simplemente, la exploxión no es uniforme… algunos hemos estallado antes…. ahora, manchamos con nuestras cenizas un espacio en blanco…

y sí, me equivoqué, nunca debí callarme, los gritos se ulceran, no soy poeta, no soy revólver, sólo tengo una cuchara de repetición oxidada y mucha montaña por delante para abrir un paso, voy solo, no me gustan las multitudes, algo me dice que cuando todos se unan, lo harán en lugares comunes delante de un pelotón de fusilamiento, en ese lugar común llamado matadero, o centro comercial, ya me es indiferente…

ya no me interesa el suicidio de los que no quieren mirarse en el espejo ni tan siquiera en el de las llamas, no somos niños castigados con escoria, el año que viene carbón, al siguiente una muñeca de vudú zombi, quizá una maquinita que rece los rosarios por ti, no, vienen a por nosotros, no quiero ser bueno si ser bueno significa sólo consumir, que me toque la lotería para comprarme un iphone-reloaded hasta el infinito, no, somos una sociedad de viejos vacíos absurdos y pederastas en botes herméticos viciados a punto de estallar, queremos poseer todo, primero lo que hemos vendido de nosotros, figurar sin ser, fantasmas abocados al baile de las llamas, es lo que buscan, saben que los borregos no reconocen la mierda al tragarla al tragarse, suicidaos, pues, si no sois capaces de cambiar el punto de vista, es trabajo de cada uno, ahora ya sabemos que los reyes hacen magia con el incienso y la mirra para decorar cadáveres, el oro se lo quedan, cada uno de nosotros es el circo el gladiador la bestia que se come a sí misma la hogaza el grito la miseria la sangre la decadencia el hambre la muerte el suicidio el fin que construimos con el día a día de sumisión al prostituir nuestra esencia… lo que ya no nos queda…

la revolución se hace con el tanto por ciento en que nos valoremos, el 99% es el rebaño mirando el prado de las rebajas a través del cristal, segregando saliva que no alimenta, la revolución empieza por uno mismo… las revoluciones programas por la mercadotecnia siempre han generado ismos y genocidios para seguir en lo mismo… bajo el yugo del uno por ciento…

creo que en occidente una vez tuvimos magia, nada que ver con lo que se compra en los mercados capitalistas, todavía la llevamos dentro, quizá un simple rescoldo en algunos ojos, no en los míos… es lo único que busco en mí… 

nos hemos empeñado en matar lo que de nosotros una vez nos hizo grandes y originales… y ese algo, como miembro amputado, duele, y los psicólogos del sistema sólo nos han enseñado a odiar y pisar a los demás para no seguir sufriendo en silencio por no ser tú mismo, pues nunca han enseñado al ser humano a desarrollar sus capacidades, a Ser lo que somos en potencia… no es socialmente correcto para quienes están por encima del bien y del mal… sí, ese 1%… sería la Anarquía… ya ves, qué miedo…

siempre es difícil ir a contracorriente, primero de una parte de ti… esa que te impele a mandarlo todo a tomar por el culo… o irte o callarte o suicidarte… es lo que buscan… para autentificar la copia han de hacer desaparecer el original, aquello que les recuerde que, quizá, nos hemos equivocado al vendernos a lo fácil… a lo que hace todo el mundo… el sendero de los borregos… si intentas disentir, los que tienen miedo al campo abierto vienen a por tí antes que los perros del amo… el uno por ciento no engaña a nadie, siguen su plan abiertamente paso por paso… los borregos saben que van a ir al matadero, les jode que alguien intente  buscar un hueco en el redil para escapar…


no han pasado los tiempos en los que he estado herido, lamiendo mis heridas en la trinchera… pero el encierro en uno mismo genera que los gritos que abortas se ulceren y las alambradas crezcan hasta que piensas en desistir, te sientes viejo, rodeado de ovejas ladrando y cadenas que te vas poniendo… corres el riesgo de entrar en su juego y empezar a odiar… no quieres, pero poco a poco empiezas a odiarte y, sin paradojas, nace el orgullo… es fácil seguir en el rebaño y creerte único y exclusivo… de hecho, todo el rebaño es así…

necesito coger distancia y la única distancia que conozco es la que tengo dentro… la que va desde mis entrañas a mi boca al vomitar sombras…

estoy lleno de nada, sí, tiene toda la puta razón‭ ‬el gachó feo, ese principio puede ser el fin de todo esto… solo soy el eco de un grito que no recuerdo, me duele la chota con tanto retumbe, soy como el sueño congelado de una bacteria inerte, o un gusano que se ahoga en el capullo habiendo olvidado cómo construir sus alas… sí, un capullo…

por ello no me quedan más cojones que levantarme si quiero avanzar, regresar a escribir sobre las brumas,‭ ‬como siempre… hacer en mí lo que tanto critico de occidente, por ver si queda algo de pólvora dentro, y en el fuego estallo y me najo y surge de mí otro eco que me enseñe a tejer unas alas para coger perspectiva…

continúo, pues, con esta Limpieza de Bajos…‭ ‬regreso a mí una vez más,

Volver aunque sea‭

para no tener que volver.‭

Sofía S.‭ ‬Giraldez

 

sabiendo que ya todo son sombras en los cruces de los caminos:

tenemos que irnos

leo a MJ Romero:

Escribir siempre supone un retorno.
Y muy raramente un retorno hacia el futuro.
Cuando no hubo lugar de retorno, Rimbaud se calló.
Se negó a escribir su retorno hacia el futuro.
¿En qué punto sucede la bifurcación, el doble?
MJ Romero. Teoréticas

nota: manual para afeitarse los huevos

si tienes un problema tienes la solución, es así de sencillo al leerlo en algún sitio, sí, la solución está dentro del problema si éste no es la botella, aunque a veces es intentar hacer lo contrario del problema, no sé, si no metes al genio a hostias dentro, al menos la botella dentro del genio, nos ha jodido que es fácil desbarrar, sí, pero hay que saber que tienes un problema, darte cuenta, querer salir de ese problema, intentar buscar en tu chota nuevos territorios para coger perspectiva, eufemismo de salir por piernas, rebuscar en alguna parte eso que llaman ilusión, pues su falta te amputa las patas, perfilar un proyecto de futuro, salir del puto punto muerto y salvar la pendiente, sí… es muy fácil… lo difícil es ser consciente del problema y no hacer nada, transmutarte en un esteta del desastre, ensayar continuamente el último acto, hasta hacer de la obra un monólogo absurdo de contrapuntos que nada cambian, sólo distienden un instante el veredicto, así es la vida, también se lava la verdad con mentiras para disimularla unos instantes, la verdad siempre es sucia, las capas de excusas con que la revistes siempre son aparentes, momentáneas, pero se repiten hasta que los días se centrifugan y todo estalla y la única casa que tienes se te cae encima, y ya todo son prisas por cambiar el escenario que encubra la verdad, la sucia

 

no conozco ningún manual para afeitarse los huevos, nunca he buscado significar ese acto, no sé qué busco haciéndolo, quizá una limpieza de bajos, como quien desbroza el monte, queriendo prevenir la quema, la que se presiente cuando la temperatura sube, se hace insoportable, crees que más allá no existe nada, has tocado fondo, te engañas, es la puta línea en la botella, siempre has estado ahí, dos dedos arriba tres abajo y te tienes miedo, mucho miedo, pero todavía no te conoces, no sabes si te conocerás algún día, todo resuena en el vacío, los monstruos están ahí, sin embargo no luchas, sabes que la locura te puede arrastrar, y huyes, siempre lo has hecho, sin dejar muchas pistas, mejor a zancadas, por eso no persigues un objetivo, quizá al revés, la deriva crees que te salvaguarda, y observas cómo van cayendo los pelos, sientes la tijera fría y afilada que va avanzando, el latido en la entrepierna, el pelo que acerca la carne al separarlos, todo muy cerca del filo y muy lejos de ti, capa a capa caen y con ellos algo del tiempo enquistado, e intentas mantenerte excitado, eso te concentra, cualquier movimiento en falso y te sajas, lo sabes, pero quizá juegas a que te excite eso, no lo sé, aunque algo se va relajando al sentir la cuchilla que se desliza por los huevos, que asciende por la polla erecta, que desaparece sin que ningún ojo la guíe entre tus piernas…

… y te ves con la cabeza en el suelo, tu cuerpo desnudo sobre la tabla de abdominales, tus rodillas dobladas, impidiendo que te deslices por el columpio, empalmado, dando lustre con aloe a tus huevos pelaos, el bote a mano, de cuando en cuando te untas y meneas un poco la polla, pero no deseas correrte, la erección es como un monumento sobre un monte de cenizas, y agarras las pesas de vinilo y estiras los brazos y las arrastras por el suelo, el dolor te hace cerrar los ojos, se concentra en los hombros, se resisten, poco a poco van tirando de los homoplatos, insistes, llega el punto en donde todo es tensión en tu espalda, empiezas a sudar, a comprimir los dientes mientras luchas por intentar mover el cuello, tanteas una, dos veces y pegas el latigazo pero no cruje nada, no puedes desistir, vuelves a tantear estirando los brazos, otra vez, retuerces tu espalda, mueves los hombros, sientes cada músculo, visualizas la vértebra, la tienes, te aferras a las pesas, las rodillas queman, sigues excitado, más que nunca, sabes que estás cerca, mueves poco a poco el cuello, sintiendo cómo el músculo tira y pegas un segundo latigazo y cruje, todo cruje y regresa la vida, la sientes ascender por tu cuello, nueva sangre riega tu cabeza, desaparecen los hormigueos, la fuerza regresa a tus manos, todos tus dedos son tuyos, te obedecen, reconocen lo que tocas y abres los ojos y la ves en la puerta, a la francesa, lo ha visto todo, y te sabes ya nadie pues eso es lo único que eres, un rescoldo que se aviva entre las cenizas, una simple tregua que siempre te regresa al mismo punto, al fijo, y no soy capaz de mirarla pero huelo los aromas, los baños de aceites que se daba, y la patrona loca por la factura, y el culpable era yo, el sapo, como siempre a ver qué cojones hacía con el agua, más tarde lo supe, sí, me llamó sapo, cada uno con su catarsis, intentando purificar los días podridos, saponificarlos, a ver si aprendo métodos menos bestias, y el sudor de aloe que se desliza por mi pecho y se bifurca en mi cuello, todo en mí se retrae, mis huevos se esconden, se protegen bajo un caparazón de tortuga con cabeza curiosa, a punto de estallar cuando se acerca y observo su cuerpo sin vello, y mis uñas que escarban las pesas, en su vinilo todo está grabado, hasta su aroma, su cuerpo moreno y aceitado, y por vez primera siendo libre en mí no puedo moverme, pero que no me preocupe, dice que sabe muy bien lo que son las cadenas que se oxidan, toda una vida huyendo pero el ruido del arrastre reclama a quien te persigue, y no sé por qué pero la entiendo y mi polla, morcillona, cabecea sobre mi vientre, y la agarra y me descapulla y observa lo que queda del frenillo, un colgajo que parece un pequeño clítoris, eso dice, y por mis huevos que me temo lo peor, pues no he querido fijar mi atención en su coño, pero todavía siento las tijeras en mis huevos y no quiero volver a jugar, no, no quiero que me enseñe la mutilación y sin embargo sigo supurando y me dice que ese día me oía y que no pudo evitar masturbarse al ritmo de los golpes que daba en la pared y respiré, nos ha jodido que respiré, aunque añade que se corrió con mi grito, cuando sentí el desgarro del frenillo, la nota que se quiebra en sangre, pero que no puede ser mía, que el tatuaje de su espalda sólo marca la entrada a su infierno y éste está lleno, yo no puedo perderme en sus arabescos, de ahí se cobran las regalías de su… y calla y me pregunta si quiero sentir cómo se masturbó pensando en mí, y ya estábamos los dos a punto de llorar, lástima de una botella para dejarla también desnuda y vacía, cuando derrama sobre mí un buen chorro y empieza a masajearme con un dedo el colgajo, pequeños círculos que descienden por mi polla, despacito, que es palma cuando arrulla mis huevos extendiendo el aloe vera y su mano que baja rauda y un dedo que entra en mí y mis uñas cuarteándose en el vinilo y sale y regresa al frenillo y se pierde y sin bombear en ningún momento empiezo a desconocer cualquier tipo de ubicación ya sea dentro o fuera de mí, y más aloe y refriega a la vera del frenillo y doy por finiquitado los amagos de resistencia y mis huevos desperdigados y sin coraza la locura quema el aloe en mi frenillo hasta que pego un empellón al aire y cruje lo que nunca más en mí ha crujido

y me corro como si me mease encima

los espasmos relajan

y creo expulsar alguna espina…

lo siguiente es el rodar lento de las pesas

la corrida que fluye hacia un agujero de paz

en mi pecho

sus manos que recogen de mí la muestra

su voz que me anuncia que regresa a Francia

mi voz que le susurra que yo también me najo

la última nota que, aun en el silencio, reververa

en la incertidumbre

de un cruce de caminos

en esta Limpieza de bajos

tenemos que irnos

Limpieza de bajos/ banda sonora: la blue note

después todo era la lucha en la oscuridad, las pesadillas que rompen la normalidad, las mismas, me persiguen, son un paréntesis del insomnio, una coma para aspirar el vacío, ,llevo unos meses reviviendo esa época, soy consciente de que no la puedo aprehender, ya no existe, quizá nunca existió pues no tenía una realidad propia, era un subproducto de otras percepciones, no la mía, todavía no conocía el territorio en el que me excluía, aislado dentro de un punto, encerrado en un muro, por ello ahora no existen en mí los puntos que pausan, delimitan, sólo intento fluir por dentro, algo ha de brotar, aunque el cuello sigue tieso, el óxido siempre, algo se estanca, la Razón es como un pantano a punto de reventar, todo lo ha de arrastrar, todo, duermo poco, es fácil recrear el insomnio, y distraigo a mi espalda oxidada fumando hierba, no puedo llegar a ninguna conclusión, del pentagrama sólo conozco las notas discordantes, tal vez sea una de ellas, sé que formo parte de la percepción común de la realidad, pero no entro en su tono, soy de la periferia de su pentagrama, intento enlazar la luz de la Razón con la oscuridad del alma, tal vez sea puente, si acaso niebla, encadenado en la frontera, una blue note fuera de sus mapas, pues los mapas mentales aquí no sirven, los que otros han hecho, no existe una conclusión una finalidad un objetivo, la normalidad sólo es un punto de vista, no existen los puntos que acotan en la niebla, tú construyes los muros, te encierras en ellos, allí donde no existe ni principio ni fin, sólo el camino en círculos que caen, donde las normas se instauran, y crees que rigen tu realidad, pero ha de llegar el día en el que grites, desde el puente en el que tendrás que elegir un camino, tu realidad, que no crees en las normas, pues son mapas trazados por otros, su punto de vista, que seguir una regla significa corromperla y corromperte,

han sido demasiado kilómetros en silencio, con los colores que en mí se recluyeron, de los que renací oscuro al intuir que formo parte de ese vacío en donde dos eslabones se friccionan, puede parecer que nazco del eslabón del pasado pero no pertenezco a él… y no alcanzo a ver futuro… tal vez soy óxido que nace en la soldadura que aguanta la tirantez de una época que muere, se resiste a morir, acuciada por otra que viene, lo ha de hacer… creo que depende de mí el situarme, qué percepción deseo, qué realidad busco… para ello, hace ya muchos años emprendí un viaje hacia el centro de mí mismo, y descubrí que las conclusiones no existen, sólo lo que queremos ver existe, quizá por ello tan sólo reconocí mi vacío, y sentí que tal vez debería rellenarlo con el Instinto perdido… en ello sigo, todo en mí chirría pero de ese crujido me surto, de ahí nace mi grito, es lo que te canto, yo lo llamo Blues, que reverbera en mi hueco, este alma extirpada, abismo donde se filtraron demasiadas lágrimas internas, las mismas que me oxidaron, las que me destruyen y alimentan porque ese óxido soy yo, el que ayuda a romper la cadena… pero hasta que descubrí esto que te cuento, he sembrado de óxido miles de barras que se han mezclado con otros óxidos en el silencio de los que no encuentran una revolución que no se venda, ¿sabes?, recuerdo un manifiesto que escribí de adolescente, cuya única norma residía en que todos escribirían el primer punto sin saber qué habían escrito los demás, y lo tendrían que hacer desde dentro (partir del vacío, sumergirse en el vacío)…

hoy todos los puntos siguen en blanco…

el camino es común, pero ha de partir desde las entrañas de cada uno, lo que te une con todo

, pues quien se adhiere a una norma establecida por otro, la pervierte al interpretarla según sus impulsos internos, la desvirtúa y se corrompe a sí mismo al acotarse e impedir el aprendizaje, la interiorización y su propia interpretación, el punto de vista que conforma su realidad, así nacen los miedos, los que te atan a una realidad que no experimentas por ti mismo, y te acostumbras a comer en el pesebre, te adocenas y acotas, te encarcelas en la cotidianidad que otros estimulan, los que velan para que esa realidad siga siendo de su conveniencia, mientras balas agradecido por su norma racional, sí, sólo las pesadillas rompen la normalidad, y te inquietan pues te sitúan en un territorio que no puedes dominar, de hecho, ese es el territorio, muchacho, y sólo existe una Ley… me decía el menda en el sueño, joder con la pesadilla, ya me había despertado tres veces, no oía a la francesa, no oía nada, pero me sentía como los puntos suspensivos que caga el borrego, encerrado en un punto hecho de mí… por otros

quiero camino, necesito camino, he roto todos los mapas y ya sólo me fío de mi Instinto, el que me ha de llevar hacia ti contigo: el futuro… no sé nada de finales pues mi hábitat es la frontera de dos mundos que siempre han puesto peaje para acercarse hasta mí… todos me apuntan… por ello, cuando huyo, puede parecer que disparo contra todos

el muro, siempre ha venido conmigo, lucho contra él todos los días, la introspección, el encierro donde sucumbo, necesito romperlo, es fácil, lo construyes con tus miedos, sólo hay que dar un paso, salir de ti, es fácil, pero me deja días enteros tirado, sin poder pensar, desaparezco, recreo las catástrofes de las pesadillas, todo lo que rompe una normalidad, aún en la disolución, es una catástrofe, soy humano, los cambios en mí siempre son posteriores a un desastre, rompen mi muro, me veo abocado a moverme, pero eso tiene un fin, lo persigo desde el principio de mí, cuando ahorré durante semanas para comprar un disco, fue un acto de catarsis, sólo era un crío que descubrió un lenguaje afín, aun cuando tardé mucho tiempo en traducir las letras, nunca he dejado de escucharlo, siempre recurro a él en ciertos periodos de mi vida, cuando vuelvo a encerrarme dentro del muro a escuchar a Pink Floyd, ahora mismo, mientras me veo perdido debajo de una almohada, sin ilusión, huyendo una vez más del deseo, no sé qué hostias tengo que purgar, ya me vale, sentía lo mismo cuando devolvía la película en el video club y esperaba a que la volviesen a colocar, al final me regalaron una copia, después llegaron las películas porno, pero el Muro siempre ha estado, cientos de veces, allí la visualizaba en mi mente, no había televisión, ni video, ni reproductor de música, me faltaban unos meses para empezar a disolverme en internet, la sensación de salir del muro, la libertad del engaño en tu refugio, otra droga mal utilizada, ¿sabes? siempre busqué un futuro, pero a veces pienso que ya sólo merece la pena vivir aquí por ver cómo se derrumba esto, esa será mi elección, la que he postergado toda la vida, como óxido en la cadena que rompe, sólo yo he de decidir si quiero futuro o me hundo en mi muro, es el único mensaje de las pesadillas,

he buscado y sigo buscando aquello que a cada paso que das se diluye como espejismo… por ello podría concluir que vivo en un espejismo o, que ante el polvo que levanta el paso de mi avance, los espejismos desaparecen… pero no existe una lógica, sin premisas no hay conclusiones, todo se crea al mirar, todo desaparece al intentar interpretarlo, nosotros elegimos qué queremos aprehender y normalizar…

, pero no sé qué mundo es el mío, tenemos que irnos, estoy empezando a enfermar, y los nuevos empieces sólo distraen la realidad, la que no quiero ver,

me enorgullezco de aprender a leer entre las sombras, la decadencia de los edificios viejos, el asfalto cuarteado… y escucho los restos de la vida que allí bullió… creo que parte de la verdad de cada época está en lo que esa época desechó, la otra en lo que queremos ver de sus restos, por eso admiro la flor negra que nace entre las grietas de ciudades como Oporto… son como yo, nacido de la rotura del tiempo, de un aullido a la luna, alimentándome del legado de las estrellas, encontrando luz en lo que llaman oscuro, esquivando las sombras de la Razón… Caminando entre sus calles intuyo que esa es la percepción que necesitaba, como perla negra bajo la luz de una estrella que guía, donde veo los ojos que ciegan la luz del sol, por donde sólo desfila la virtualidad de la máscara…

, tengo que salir de debajo de esta almohada

nota negra, carbonizada, en pentagrama sobre papel higiénico

la vida, lo que reste de ella, si ha de quedar un resto, puede llegar a ser la búsqueda de un momento enterrado bajo capas, bajo máscaras, las que fuimos añadiendo para intentar seguir corriendo, para mantener ese equilibrio interno perdido, por no sufrir más en la disidencia, la de uno mismo, y dejar de sentirse un extraño al ser arropado por la opinión mayoritaria, pues nadie se para a contrastarla, ni ha llegado a ella por la propia reflexión, no existe tiempo cuando todo se acelera, los razonamientos siguen una lógica monotónica, todo está pautado, asumimos esa cadencia que nos castra, la ansiedad nos difumina, nace la ambigüedad en nuestro camino, no estamos en ningún sitio pues no estamos con nosotros, y hacia nuestro vacío indefinido descienden las nieblas de la Razón, ningún rincón en nosotros es seguro, nada es claro, cada vez que nos asomamos reaparecen los miedos, y salimos corriendo a por otra terapia consumista, creemos que todas nuestras frustraciones se soslayan con lo material, al menos es algo tangible, nos podemos agarrar a ello, dentro sólo existen fantasmas, todo el mundo sabe del crujido, cuando lo oyen en otros huyen, las almas que lleva el diablo, son demasiadas terapias en el reflejo al que sólo da forma lo que crees que posees,

eres el mejor, no vas a permitir que nadie te vuelva a pisar, vas a pisar tú, sólo tú mereces la pena, eres el más guapo, te estás poniendo cachas, las pastillas te hacen bien, te sentirás mejor, con ellas distraerás esas noches, todas, ese coche y esa moto, la casa, eso te hará sentirte bien, no lo dudes,

,es el pensamiento estándar, su ciencia te dice que es lo más probable, pero nadie sabe de su veracidad, los medios te lo repiten, las políticas lo incentivan, las mismas que ahora te piden sumisión, el proceso es el mismo, si no recordamos cómo hemos llegado a un punto, nos quedaremos atascados en él, pues es un círculo en el que olvidas la vuelta dada, como el burro con orejeras que cree que avanza en línea recta, no lo cuestiona, así nos tienen, encadenados a la noria de la que sacan sus riquezas, adáptate, o muere, siempre es el mismo mensaje ante un nuevo escenario que es el mismo, pocos se paran a pensar, a contrastar las informaciones, cada vez son más descaradas, cuela todo, eso sí que es fehaciente, comprobado cuando te creías activo, señor y dios en una normalidad que nunca ha dejado de heder, pues es tu olor, el olor del cadáver que ya eres, no hace ya falta que nos asusten con hologramas de extraterrestres, ya están entre nosotros, así nos programan desde los medios de comunicación, desde el vaticano vía hollywood, ya nadie duda del hermano ET, lo de menos es que existan o no, que vengan que nos aniquilen o nos salven, el miedo está sembrado, los culpables siempre son los ajenos, tan sólo esperamos el momento en el que salgan de la pantalla de la televisión, somos los que nos creemos, doy fe de que unos se creen extraterrestres, otros estrellas de lo que sea, y por su creencia lo eran, no estoy capacitado para juzgar a nadie, no me interesan las máscaras, pues ya sólo somos un holograma de nosotros mismos, fundidos por el miedo, sin afrontar nuestra culpa, pues sólo nosotros nos hemos de juzgar, y necesitamos hacerlo para salir de ésta, aunque sigamos demorando el momento, haciendo que nos creemos las mentiras por no afrontar nuestro punto ciego, ahora nadie fue partícipe, estaba claro el engaño, pero todos lo siguieron, pues no es rentable, no podemos perder tiempo, se escapa muy rápido, a la par que las cosas que nos hacen felices un instante, ese en el que creemos que todo ya está correcto, merece la pena, son las típicas tonterías que dicen los que se quedan detrás, como el que esto escribe, vivir es jodido, esto es una puta selva, o pisas o te pisan y todos bailando claqué, has de seguir el ritmo si no quieres quedarte donde ese que no se sabe con qué mierda mancha el papel, no hay tiempo para contrastar las informaciones, lo más fácil es adoptar la conclusión por defecto, las estadísticas te dicen lo que piensan los demás, alguien, no sabes quién, los otros del grupo, por ello todo son encuestas, es la ciencia y no falla, y no falla porque adaptamos esas respuestas que nos venden representativas, las hacemos propias, la disidencia genera soledad en el grupo, te sientes rechazado, estás cansado de no cuadrar, por ello acabas vendiendo tus propias opiniones, te desechas ante el espejo, el problema es tuyo, has de adaptarte, y así, la siguiente vez sólo serás un reflejo ante el que repetirás un mantra para reafirmarte, sabes que no puedes volver atrás, antes no eras feliz, aunque fueses tú mismo,

ahora las mujeres te miran, ya no eres un cero a la izquierda, tienes la fórmula del éxito, soy el mejor, soy el mejor… eres el mejor…

, necesitas sentirte respaldado por el grupo, diluirte en él, ya eres alguien, eso lo notan, ahora miras y controlas, no puede quedar nadie que te recuerde que tú fuiste alguien que intentaba llegar a sus propias conclusiones, el que sufría sin saber porqué, pero no eras alguien como ahora, no sentías la aprobación de los demás, quizá intentaste aportar algo y nadie te escuchó, ahora ya sabes que no hay tiempo para rebatir ningún argumento en contra, y con el coche nuevo eres el rey de la semana en el curro, ya sabes cuál es la fórmula mágica y firmarás donde haya que firmar por seguir sintiendo ese subidón que te hace normal, por ello en la siguiente vuelta, justificarás que te quiten libertades, que los especuladores impongan la ley marcial, que llegue un fascismo ondeando banderas falsas, que te envenenen y te sacrifiquen ante su dios de oro, pues la opinión pública lo pedirá, tú lo pedirás sin pensar, es tu simple reflejo, te has vuelto conservador del momento feliz que siempre corre más que tú, sigues necesitando un grupo que piense por ti, aun cuando ya no exista ese grupo, y, a lo peor, te quedes solo y quizá busques ese puto momento en el que pudiste ser pero no creíste en ti, pues el problema estaba en ti, sí, pero cansado de echar las culpas a los demás, en vez de intentar mejorar y engrandecer lo que te hacía especial, el contraste de contrastes que hace de la vida una obra de arte, especularás sobre lo que pudiste hacer, lo bueno que podías haber sido en lo que nadie te aplaudía, quizá por simple envidia, pensarás, pero ya no lo encuentras en ti, todo se perdió en un instante, ese, en el que no apostaste por ti, el puto instante en el que te vendiste

tenemos que irnos

la noche fue dura, no sé, demasiadas horas pensando en la francesa, aguantando a otro programado practicando su nuevo rol, joder, si me lo encontré repitiendo una letanía delante del espejo en el vestuario, con las pastillas disimuladas en la mano, y en sus ojos la firme convicción del que se sabe en el camino correcto para no seguir pensando, apagados, reseteado, orando, le daba igual que le escuchase, parecía querer darme a entender algo, quizá que ya no recurriría a mí para llorar sus penas, que cambiaba de terapia, ya ves, un lujo si lo hubiese cumplido, como si me hubiese hecho un favor, no te jode, yo no tenía ningún problema por trabajar solo de noche, me la traía floja su nuevo estatus consumista, su pasado de lágrimas, era consciente de que la gente sólo busca un paño en donde quitarse algo de mierda, y a mí no me daba igual ser ese paño, pero no me los quitaba de encima, yo no ando por ahí contando mis problemas, mis apaños me los zurzo yo solito, pero eran insistentes, las noches son muy putas para quienes no saben estar solos, los que no quieren hablarse a sí mismos y dejar de dar la turra, siempre están, buscan que alguien llore más que ellos, eso les consuela, y si cedes, le escuchas, por ver si se cansan y te dejan seguir a lo tuyo, acabas siendo papel pal bul, ya ves, podía titular esto: el tiempo en el que fui papel higiénico, sí, sólo que no me sentía muy limpio de principio, tenía ya bastante mierda y me jodía que siempre se pusiesen trascendentes de noche, renegando de toda su vida de pajas mentales, deberías haber follado un poco más, tío Freud, sólo sembraste los senderos de farla y fantasmas, estos son tus herederos, siempre dando la murga con sus problemas de torero de salón al que le empitonan las sombras, aun así, en su momento, intenté ayudarle en lo que podía, mal asunto que alguien te llore y tú no le correspondas, peor que no le cobres por las sesiones, no me interesan sus intimidades, simplemente me las cuentan, me ha pasado en infinidad de barras, la diferencia es que un borracho se disculpa a sí mismo en la resaca, tiene una excusa y un papel higiénico con suavizante de alcohol, está más equilibrado el asunto, pero los que huyen de su propia sombra sienten que han perdido la ropa en la noche y que tú sabes dónde, ya ves, la mierda que acaba manchando el papel, también necesito airearla, llega un momento en el que te ahoga, y no existe nadie amigo, ni una barra para desinfectarse con ginebra, en donde trazar corazones para rellenarlos de bilis, espirales que compriman tu polla, un borrón de lefa que ciegue el ojo que nada ve, un lugar discreto en donde desaparecer en silencio debajo de la barra y, simplemente, olvidarme de los que reparten las estampitas de sus miserias, de todas las batallas regaladas, de los cinco minutos en los que mi pareja hacia una pausa en la subasta de su mente y cuerpo, olvidarme, del culo de la francesa con la que había quedado por la mañana para ir a comprar fruta al mercadillo de los martes, olvidarme, sí,

 

y perderme en un zurcido

tenemos que irnos

cada vez se reducía más mi territorio, era como si tuviese vergüenza, y nunca encontraba el momento adecuado para salir, intentar relacionarme, no sé por qué hostias sigo creyendo en esos momentos, así es mi vida, un buscador de reflejos sin fe en un mundo carbonizado, se puede resumir en eso, acabas no buscando nada, obviando una y otra vez las señales que, delante de ti, te dicen que esto no va bien, tú, espabila y haz algo, coge la puerta y nájate, pero antes fóllate a la francesa, sin premisas, sin conclusiones más allá de la corrida, no hace mucho eras así, deja de sentirte anquilosado, encerrado en un cuarto donde sólo hay un camastro, rodeado de horas vacías que corren alrededor de ti, no se cansan las hijas de puta, lo deforman todo, acabas no viendo nada, evitas pensar, siempre pospones la toma de decisiones, es así, parece mentira, tú que te creías un maestro de la introspección, que te jactabas de tener una vida interna, allí, haciendo lo que criticas en los demás, relamiéndote en la inacción, diseccionándolo todo, disgregando las evidencias, muriéndote a plazos, todo son porciones, la pérdida de la visión holística, rodeado de puntos ciegos, leyendo a Coleman y su empatía, sin nada ya dentro, sin desplegar una puta vela, dejándome ir en la espiral del remolino, soñando con lanzar el ancla que te afiance a los arrecifes de su culo, toda la noche, todas las noches, cansado de imaginar caminos, llegando a todas las conclusiones inciertas, agotándome en la teoría, la filosofía de un rollo de papel higiénico, asesinando a la emoción, racionalizándolo todo, así surgen los fantasmas, los más putos, los que no untan de manteca el bollo de su culo, el miedo a dar ese paso que te aleja del pozo de la desidia, esa frontera entre el dejarte ir y dar un simple paso, todavía lucho todos los días en ella, aunque reconozco que es el territorio más creativo, pero hay veces en las que todo se amontona, y tengo que derribar los muros de mi inacción para encontrar algo de mí, escribir puede ser una pala, aunque me temo que necesito una excavadora…

tenemos que irnos

vergüenza de uno mismo, al creer que los dones que uno posee son normales en los demás, y no querer valorarlos, y darse una sentencia favorable, eso surge cuando vives en los aledaños tu ombligo, dudas de todo, si zambullirte si marchar, encerrado en una burbuja de gas que te atonta, los gases de tu putrefacción,pues en sí no pasaba nada, nunca, pues nunca me escuché, las verdades, hay que saber dónde no haces nada, cuándo hay que marcharse, avanzar, dejar los miedos atrás, así estoy ahora, escarbando en los restos, capa a capa, de lo que aparenta ser una combustión espontánea, la mía, esa mañana que no regresé inmediatamente, me fui al mercadillo y pillé fruta y verdura para ella, me había duchado en el curro, estaba decidido a tirar las bolsas en la cocina, llamar a su puerta, rescatar su cuerpo entre esas sábanas avinagradas, buscar un territorio neutral y follarnos, resucitar a la emoción, ajenos a nuestras mentes castrantes, así de sencillo, toda la puta noche ardiendo, intentando eludir al abducido en su estreno, sin rebatir ni un punto de su argumentación estándar, alabando su nueva vida por ver si me dejaba en la paz necesaria para desenrollarme del papel higiénico, los papiros del muerto, quedarme en lo que soy: un tubo de cartón, hueco, es así, pero vivo, y lo deseo al abrir la puerta de casa, se me caen las bolsas, está atándose una zapatilla en la cocina, el tatuaje, un trocito del tanga, son tres pasos, dos, uno y vuelve la cabeza con una sonrisa que me funde y se me viene toda la noche encima y farfullo una disculpa, tropiezo con las bolsas, me largo para mi habitación, y mientras escondo la puta chota debajo de la almohada, pienso que la vida, lo que reste de ella, si ha de quedar un resto, puede llegar a ser la búsqueda de un momento enterrado bajo capas, bajo máscaras, las que fuimos añadiendo para seguir corriendo, para mantener ese equilibrio interno perdido, por seguir en la disidencia, la de uno mismo, sintiéndose un extraño al que nadie arropa, el mismo que sigue huyendo en círculos dentro de una muralla, como un burro que perdió las orejeras y ahora que ve no sabe dónde hostias está, por qué huye de sí mismo, se castra, al menos el alcohol te mataba rápido pero feliz, y esto es una puta lenta agonía, la disolución entre la niebla, sin una opinión ni un respiro, sólo el olor frío de sus lágrimas en la almohada…

las mías queman

Para Esteban Gutiérrez Gómez

Limpieza de bajos/ notas desafinadas:contrapuntos de sutura

Son los días que se estropean en un instante, ese que siempre está, ese que ocultas bajo la rutina, si la tienes…

 

(Nota: evidencia manuscrita sin fecha… posiblemente una especie de voz interior en el contrapunto… una nota más de paso, al menos de intentar darlo, parece, pues todavía no se percibe la armonía, si ésta existe, si es que algo regresa, si existe una melodía… quizá sólo se trate, de eso: una banda sonora de contrapuntos, aunque no concuerde con las imágenes, puede que sea una improvisación— seguir investigando…)

 

cada vez me cuesta más coger un ritmo, un traspiés y lo deshago todo, busco luz y me sumo en la oscuridad, el tedio me puede, no encuentro el contraste dentro, algo fuera que me ilusione, todo es un círculo vicioso, sé que es mi lucha, siempre pierdo siempre gano pues siempre regreso al punto de partida, y ya no sé nada, parece que el camino se borra, siempre dando vueltas alrededor de mi ombligo, deleitándome en la lenta disolución, todo se me cae, no encuentro un lugar dentro de mí, soy consciente de que aquí me pudro, pero es como si tuviese que purgar la inacción del pasado con más inacción, las cosas se suceden, las oportunidades, soy un tipo válido que se desprecia al dejarse pudrir, a veces también busco una mirada que me dé la vida, una caricia, una palabra de ánimo, una discusión, pero no tengo nada, ni la oportunidad de rebatir, todo es silencio, improviso mi desastre, no se puede reafirmar algo que no es consistente, siempre soy atonal, no existe en mí una ilación lógica, no guardo ninguna relación armónica, sólo deseo fluir pero día tras día me aíslo, siempre me he dejado para mañana y éste nunca llega, nunca ha de llegar…

 

… la culpabilidad… te la van endiñando, por no tener hipoteca, no ver gran hermano, no saber nada de subwooferes, ni de home cinema, 5.1, por no cuadrar, y entonces aparece hacienda y te declara también culpable y a pagar… por no consumir, no tener un crédito… y ellos se sienten arropados, se saben con razón, lo cantan a coro en su karaoke, siempre fagocitando melodías ajenas… razón, sí, la que no encuentro en mí,

tenemos que irnos

, sin un medio para reproducir los sonidos graves que en mí se atascaban, lo que poco a poco me iba pudriendo, pues en su pentagrama dodecafónico, lineal, previsible, metódico, cuadriculado, yo no entraba en la lista que era su mundo, sus notas eran para mí las púas de la alambrada, perfectamente ordenadas, allí donde vivía, atrapado por mi racionalidad, desgarrando mi instinto, deleitándome en la inmolación, acojonado, totalmente acojonado, hoy lo sé, cuando ya no tengo finales, ni principios, y sólo busco camino para recorrer, pactando en cada cruce, intentando avanzar…

… la culpabilidad, sí, ¡cómo no!, buscan una generación que no se sienta culpable, todo es lícito, mientras pagues, también a los abogados, no importa la verdad, eso ha calado profundamente, importan las pruebas, cómo venderlas, es así, podremos ser lo que queramos, no existen cortapisas, una nueva religión, matar el pecado que coarta, tiene muchos adeptos, nos ha jodido, sentirse de puta madre cuando ejerces tu libre albedrío sobre los demás, la cuestión siempre está en su contrario, el nuestro, cuando nos pisan, en eso se basa su letanía, sólo el más fuerte pisa, los demás aguantan, sí, yo no quería enfrentarme a vuestra realidad, no era mi terreno, ni quería ni podía ganar, y nunca me he metido en ningún sitio si no soy capaz de asumir todas sus consecuencias, los contrapuntos nacen de las contradicciones, o quizá esto sólo sean, como dice el poeta Felipe Zapico: contra-puntos de sutura, los que nacen de los que, algún día, serán puntos de ruptura, quizá por eso he hecho muy pocas cosas, sí, no necesito ninguna mitología, ni mucho menos las modernas, no necesito un aval científico, engañarme para que ellos se justifiquen, ese era un punto del que pendíamos, me utilicen moralmente al hacerme partícipe de su mundo, no necesito el subidón de buscar a alguien a quien pisar para soslayar mi mierda, por eso no era eficiente en su sistema, nunca suspendí mi incredulidad, no era nadie, pero buscaba en mí que todas las voces interactuasen, siempre metiendo el dedo en el culo, es el puto problema que sigo teniendo, ser una nota ajena al acorde social, ahora que todos se dejan pisar, que han mordido el engaño de la melodía del canto de sirena, se lo han tragado al aspirar a ser dioses siendo carnaza, de eso se trata, de atiborrar con pastillas el hueco de la conciencia extirpada, ya te injertarán un interruptor que active los recuerdos positivos, te los van a inventar, no te preocupes, y te verás pisando y así aguantarás un día más en tu realidad sin culpabilidad, pues ejerces tu libertad al ser pisado y esclavizado, tú les has justificado, yo no, no pude jugar en esa realidad séptica, extirpar, sajar de mí lo que me mantenía vivo, pues sigo pensando que la culpabilidad genera acción, reflexión, aunque desgaste, forma parte de la lucha, de la vida, si quieres intentar mejorar algo, a ti, a lo que te rodea, por ello ninguna parte de mí es como ellos, me he preocupado mucho por conocerme, por aislar a los impostores que habitan en mí, pactar con ellos, luchar unidos, pues mientras sigas pensando que una parte de ti haría lo mismo que hacen ellos contigo, te seguirán esquilmando cada día un poco más y nunca protestarás, ya les has justificado, pues la culpabilidad no existe en su mundo, la suya, y no tendrás ya nada, ni tan siquiera la posibilidad de sentirte culpable, como yo lo estaba, pues mi polla era deseo y mi mente desidia, puta lucha interna que desgasta, no da rédito, no inmediato, pero te conviertes en presa fácil, pues llevas la duda al día, y dudas de todo, empezando por ti mismo, y acabas aislándote aún más, sin encontrar un interlocutor válido, ni un amigo, ni un puto bar donde emborracharte hasta que te cruja el alma, limpiar la mente en el culo del vaso, esa lente que te hace ver tu letra pequeña, nada más, dejar de sentirme un esperpento por la culpa ancestral, la que te arrastra por la palabra dada, lo único que siempre he tenido, la que no he de vender, ya ves, mi palabra, la que pesa y nunca desaparece, la que es lápida de las demás palabras, de las que haces cruces y abandonas cuando descubres, por fin, que nunca tendrás un lugar, formas parte del camino, no existe en ti un principio ni un fin, todo está en ti, la palabra que avanza, el cruce de palabras, la alambrada que te desgarra, el campo abierto que minas con tus miedos,

sólo busco ilusionarme

, al intentar ser empático, comprender, ponerme en su lugar, todo eso llegó a castrarme, por no ser yo, no tener un territorio en el que refugiarme, recomponerme, restaurar las heridas de la lucha sin cuartel contra el deseo, olvidarme de mí por intentar resolver los problemas ajenos, arrastrando el lastre de los míos, fue cuando empezó el tic en el pulgar izquierdo, el hijoputa no paraba de levantarse, a su puta bola, pero nunca he dejado a nadie en la estacada, sólo a mí, yo no iba a ninguna parte, ese tiempo en el que no estuve el reloj se había parado, así viví varios años en un amargo segundo que no acababa de pasar, la manecilla tenía el mismo tic que mi pulgar, siempre el mismo puto instante, ese en que das tu palabra y, al momento, cuando vas a reclamar una moratoria, te ves dando la misma palabra, una y otra vez… una y otra vez… este puto muro que sólo puede romper la locura de romper un mundo de miedos, parco peaje hacia la libertad en ti, dejar de andar purgando un no sé qué, cargando con las culpabilidades que los demás se extirpan y encima pagar por ellas en este puto desierto donde no cuadro, todo por un puto instante en el metrónomo de la canción de tu vida, la que te pudre, la que se descojona, segundo tras segundo, de ti…

tenemos que irnos

y el hijo puta del pulgar que decía a todo que ok, sí, todo va bien, no hacía falta nada más, así se engaña a ese instante donde el precipicio se alumbra, cuando descubres por dónde ir deslizando, segundo a segundo,

pequeños trozos de ti…

Limpieza de bajos/ imagen XIII o la banda sonora: notas desafinadas

Miramos atrás y no hallamos hechos

que nos deparen

alguna prueba de nuestra existencia

en esos años.

 

Joaquín Piqueras, Concierto non grato

la cuestión era adaptarse, cediendo lo que fuese necesario, pero adaptarse, a toda costa, ese el tema de fondo, el que yo no quería escuchar, aunque lo sufriese todos los días, perdido en mis variaciones, investigando, intentando crecer, los eternos bucles de la deriva, así andaba como perdido, no desorientado, no, hoy lo sé, fueron largos años de búsqueda, sin encontrar una ubicación dentro de mí, algo muy jodido, no ser productivo ya, no publicar ya, no ganar premios ya, dinero, fama, sí, ya, hoy lo sé, pero me daba igual, no me iba a integrar, ese no era mi tiempo, pero no encontraba el mío, adolecía de un territorio, nada a lo que asirme, por eso iba y venía, eso creía, sin saber de dónde venía, como una pequeña fuga sin voz, que siempre retorna al mismo cruce de caminos, aunque el contrapunto, ese que una vez nos unió, se iba diluyendo, pues ella se desplazaba cada vez más, como la barra en una composición de Iannis Xenakis, Metástasis, esa era, pues avanzaba como los días que se sucedían infectados por la desidia, supongo que eso buscan, matar la emoción en una composición programada por computadora, con una línea que avanza barriendo bits, o lo que sea que para ellos somos, que nos descomponga, barriendo la vida en todo caso, desplazándose cada vez más hacia lo que parecía la convención social, ese terreno insulso y tétrico, diseñado por otros, al que te amoldas quizá para que te reconozcan, ser grupo, siempre gregario, lo que ella buscaba al ceder, al ponerse bajo su clave, de lo que yo intentaba huir, allí donde la mayoría traspasaba los límites, la frontera en donde te integras o inicias la caída, esos abismos internos, por donde empecé a escurrirme en silencio, antes de que me barriese la línea, quedando en una especie de limbo, pese al papa de ojos vendidos, como nota que huye, aferrado mentalmente a otra línea menos filosófica, la única que me daba una cierta vida en esa frontera, pendiente también del abismo, en este caso del culo de la francesa, desde donde veía cómo eran alcanzados por esa línea, cambiando al pasarla, disfrazándose y enterrando en la frontera su yo auténtico, ya ves, y yo rodeado de cadáveres, buscando algo original, en ello sigo, algún indicio voy encontrando, de mí, de otros, pues todavía quedan personas que no han vendido su conciencia, que no han transmutado su esencia en esquelas con su avatar, y son los que han de construir después del derrumbe, éste que no empieza ahora, ni mucho menos, deja de engañarte, cuando la música de fondo ya es la melodía principal, tan evidente y repetitiva que no se escucha, y las notas fueron vaciándose de sí mismas hasta que nació el silencio, poco antes de la muerte de la última palabra desgastada, poco antes, de la confusión mediática que nos bombardea, adocenándonos con catástrofes que buscan la sumisión, desorientados, así los veía, buscando su estética correcta como nuevos dioses, vaciándose, disociados y traumatizados, odiándose y odiando, pero a la vez serviles hasta el esperpento, dicotomía que pudre, siempre extirpando lo que los hacía únicos, en ellos, adaptándose al modelo de dioses clonados, vacíos, y yo sin nada, invisible, sin máscara, cosechando cadáveres, buscando la protección de un calderón, a modo de escudo, y evitar, al menos intentarlo, la marcha asesina de la línea en el compás donde vivía, donde la escuadra cuadricula, buscando algún sonido propio, desafinado con sus tiempos lineales y correctos, y prolongarlo hasta el fin…

 

y al final…

 

hoy sé lo que sentimos, cuál era ese rumor que me paralizó, tuve miedo, el rumor de la masa, el avance del rebaño mediatizado, voraz, todos creyéndose libres en la toma de decisiones, pero todos hacia un mismo lugar, el sonido de las cadenas, estremece, siempre estaba ahí, aún en la sucesión de sonidos que se colapsaban, unos enmascaraban a otros, los anulaban, aunque sólo auditivamente, pues el sonido sigue y sigue ahí, como algo que no sabes qué es, siempre ahí, tras la máscara, el aleteo de una mariposa monarca, que dirige a todos hacia los pastos prometidos, allí donde todos pueden sentirse dioses propietarios, jugando con el destino de otros, sin reconocerse siervos ante el espejo, gran trabajo el de los psicólogos del sistema, esclavos buscando esclavos, todos con sus asesorías, sus abogados, la ansiedad era pólvora en comprimidos y yo no encontraba mi chispa, los portones se abrían, ellos esperaban bajo sol, calle arriba calle abajo, de la sombra surgían las voces que reclamaban esclavos sin papeles, pues si los tenías, pobre iluso, no servías en aquel pueblo llamado Colmenar, simple reflejo de este país, donde todos se creyeron abejas reinas en sus nichos, soy fedatario, ahora os sobran nichos y os molestan, vosotros los trajisteis, buscasteis estandarizar vuestro propio pensamiento, el sistema te alimenta a base de instantes, te crea la voracidad de lo inmediato, el espejismo donde había para todos, todo un rebaño prevaricando y esquilmando la hierba, pero las alambradas ya estaban, los barrotes, y los visteis y os hicieron pensar que eran para protegeros, ese fue el engaño de la música de fondo, la que yo oía y me asustaba, por ello no adapté mis receptores, no me inhibí ni me habitué, sin embargo, os vi entrar a saco en el palacio virtual, creeros cortesanos sobre alfombra roja, así os recibían en su catedrales, firmar unas capitulaciones sin leerlas, transmutaros en marionetas absolutistas, si nada dentro, con el culo siempre abierto y receptivo a las manipulaciones, por eso huía, he tardado años en darme cuenta, necesitaba una palabra, la buscaba, esa que nos sitúe cuando todo se desmadre, que nos recuerde que todavía queda algo por dentro, que nos hable a ese algo que es lo único, con el advenimiento de la nada, a que aferrarnos cuando nos intentan disociar de la realidad… para contar o contarnos ese tiempo en el que quizá fuimos sueños, y sacudir de mí la palabra descreída de este presente, y, al rebuscar en mi mente la palabra olvidada en la sombra, hallar de mí fragmentos con los que seguir emborronando el papel de ese tiempo en el que no estuve, fuga de voces entre la niebla en mi cabeza, buscando una nota para arañarla y, desafinando, prolongarla hasta el fin…

 

y al final,

sólo el silencio del que observa,

ese era mi tiempo,

el correcto

 

(lo único que crece en este número desafinado)

Limpieza de bajos: negativo desenfocado de la imagen XII

Conocí a uno que, al igual que tú, estaba en el punto medio de un vacío… sin aristas, perpetuo. Al menos, así él lo creía. Su mirada era calor, presión que la Nada confería a sus movimientos. Su objetivo no era salir. No comulgaba con nadie. Ni consigo mismo… Simplemente, objetos de no se sabe bien dónde caían en su vacío y se enquistaban remolinando… algunos en él impactaban. Ese era el contacto con el exterior. Nunca lo buscó. Aunque siempre quisieron contar con él como una bandera en mitad del desierto a poseer, bandera para ondear… y olvidar el terreno conquistado.

Y esas sondas, objetos animados o no, eran sólo líneas que le circundaban sin llenar su vacío. Eran sonidos en la Nada y para ellos, de ellos, escribía y sus palabras ascendían en espiral. De la realidad salían que conocía de su vacío y la gente las escuchaba. Eran palabras surgidas de un mundo latente pero desconocido, por las leyendas sabido y por ello olvidado, palabras de un vacío que no aspiran a llenar el silencio, pero que mellan en su sinsentido. Son palabras que entenderán y entenderían, que fluyen del desierto, al vacío atañen. Palabras de sequía, que hablan, cincelan Luz… y en sombras mueren. Palabras… de un vacío que es el estercolero de los miedos.

Ese uno, creo recordar, al igual que tú caminaba como escuchando ladridos lejanos y perdidos en la montaña de un pasado… en el viento de la montaña del pasado… que se confunden, que nacen de la confusión, lejanos, ladridos por ladrar, que ya no conocen perro, nadie más escucha, a quien ya no está avisan, que se pierden en el vértigo, se sumen en el sueño, ese del olvido… Son ladridos a la puerta de un vacío.

Existen olas que no llegan a romper en la playa. Y ese uno, al igual que tú, creo, lo sabía. Por eso no buscaba moluscos en la orilla. Por eso, al igual que tú, te observo, se adentraba en el océano a veces sin saber nadar… y si sabía, que no lo sé, no lo hacía mal, a veces, nada mal. Pero ese uno un día partió las olas allí donde las vela el horizonte y sin más fue expulsado a tierra… El horizonte se le negó… Y empezó a escribir crónicas para decorar un vacío… Su vida era mar, desierto: ese vacío ya de él hastío… Tu herencia…

Su excomunión.

Existen muchas formas de ocio: se puede leer un libro, salir a correr, jugar a baloncesto o incluso relajarse en casa. Lo bueno de internet es que ha traído la oportunidad de jugar en un casino desde casa. Lo mejor es que se puede jugar con bonos gratis, aprovéchese de ellos.

Limpieza de bajos, imagen XII -cuarto fotograma-

 

la verdad se identifica con la apariencia,eso decía, sí, y es verdad, pues no pasamos más allá, quizá intuyendo que ya nada tenemos dentro, en todo caso avisados de que más allá del bien y del mal no existe nada, al menos que nos contase antes de caer en las simas, donde todo es nada, pues aún no podemos contabilizarlo, es así, no existe un asiento contable para el vacío, sólo un agujero negro que lo sume todo aún sin existir estadísticamente, y hacia allí vamos, paso a paso, como él al desprenderse de la última máscara, es lo que hay, y hay que tirar con lo que se tiene, aunque sea nada, siempre adelante, que decía Rimbaud, y ahí estamos: al borde de la cloaca, tan claro es que no figura en los  mapas del G.P.S., como eterno retorno árjico, vueltas y vueltas para buscar un principio, el único que es un fin en sí mismo, al menos el nuestro, que con nuestro vacío la llenamos, significando, quizá, el único movimiento real en este occidente donde sólo aspiramos a ser fósiles, una mera huella de algo que pudo ser, no lo sabemos, pues ya no somos, y si pretendemos reconstruirnos, seremos como el signo de Braudillard: el mero desvanecimiento de una cosa, sí, una cosa, sin atributos ya, joder, sólo aditamentos para un vacío comprimido bajo estratos de máscaras que caen, como lascas de piedra en donde se busca un fósil, un algo que, al menos, sugiera una pregunta sobre nuestra existencia, perdón, sobre nuestro miedo a existir, algo así como una contraseña, sí, que a alguna mente inquieta del futuro si llega, le haga indagar sobre ese ser que dejó una huella, ese es el problema, pues ya somos meras lascas, sin nada dentro, nada, esa es la verdad de Nietzsche, la que se identifica con la apariencia,

y esa, allí, era la única verdad: la apariencia de un tiempo que se quedó atascado mirando una bolsa de patatas fritas RISI, ajada como mueca de dolor, pues todo era dolor, no ya sentimiento trágico de la vida, ni mucho menos un Blues que lo purga, lo intenta al menos, sin una sonrisa anclada y revenida, una postura estética, el dolor como apariencia, sin querer ni desear nada, ni ahondar en la desgracia por resolverla o finiquitarla en lo malo, pues tampoco existía movimiento alguno hacia lo positivo, no se permitía soñar, nadie deseaba ya, ni yo a ella ni ella, que sólo lo hacía con la cabeza, a mí, era así, una mascarada el tema, sólo eso, algo aséptico, muy a la moda positivista, como una impresora de chorro de tinta que sólo imprime hojas de prueba, en este caso sobre el papel higiénico, pues allí acababan todas las diatribas de esta neurona psicalíptica que tengo entre las piernas, es así, no existía variación, y allí donde no existe variación no hay dialéctica, acabas no deseando, es el onanismo, con él todo llega al silencio pero éste no nace en el acto masturbatorio, pues no deviene en una cesación de la actividad, declamativa, por ejemplo, como un orgasmo que copula con las mentes de los espectadores, si los hay, y sigue reverberando un tiempo, sino más bien al contrario, pues el espejo enmudeció ha mucho y el silencio siempre estuvo, quizá fue lo único que realmente nos unió alguna vez, cuando coincidimos en ese cruce de caminos en el que ella ascendía hacia el cielo del raciocinio, allí donde sólo existen normas impuestas, y yo descendía hacia lo que ellos denominan: los infiernos, joder, sólo buscaba un poco de calor dentro de mí, un camino en las lindes entre la luz y la oscuridad, la línea de mi horizonte, pero no, el alto en los caminos me sumergió en un mundo agotado desde su nacimiento, interminablemente agónico en su inacción, sin ya principio ni final, donde todo era tiempo estimado, como en las descargas de la mula, como en la vida que ella buscaba, todo programado, contabilizado, aunque no baje nada te da un plazo, te miente al decirte que en diez días y doce horas estará descargado, y todo controlado, el autoengaño, todo dominado, etiqueado, todo menos la cloaca, no la ves, no la quieres ver, es cuando más te aferras en la creencia de que todo cambiará, estimas que será así, y sin ningún argumento empiezas a hacer lo que más odias: ponerle nombre a todo, y fechas y plazos a las sombras, destrozar para estudiar, eso hicimos con nosotros, y ahora tan sólo somos aptos para el tiempo estimado de la disolución, es así, o la fermentación, que decía la francesita, en el silencio, en la inmovilidad del cruce de caminos,chucrut en mis huevos, cocidos al aire, así estaba, estirando la espalda sobre la tabla, la que me endiñó la patrona, me veía en baja forma, eso decía: mustio, mustio, no servís pa nada, lo repetía constantemente, y tenía razón, pues nada me incentivaba, huía del verano, de las transparencias, de los tangas, de la francesa, sólo salía de casa para ir al curro, siempre cohibido, sintiéndome culpable por desear, intentando extirpar de mí el Instinto, como si tuviese que purgar por algo, ese algo que se hacía fuerte en mi espalda, y la tensión me podía, todo eran barrotes en mí, demasiado gasto para una cárcel vacía, y no, joder, me levantaba tieso, lo de menos era el cohiba entre las patas, y sólo quería respirar, no es pedir mucho, así estaba, desnudo sobre la tabla, levantado y dejando caer unas pesas de vinilo por detrás de mi cabeza, esperando el crujido liberador de alguna vértebra en mi espalda, grabando un  blues en ellas hasta que sólo levanté gemidos, era así, nada crujía, la piel se me pegaba al plástico, sentía el sudor que descendía por mi entrepierna recién pelada, y no quería excitarme, por eso buscaba un lugar de referencia interno, pensaba que debía de ser bonito, el tenerlo, poder regresar a un lugar común, aun fantaseando, pero regresar y sentir que alguien espera en esa estación que lleva nombre, tu identidad, no sé, quizá tu sombra, esa siempre espera en algún lugar, puede que soñado o donde soñaste con algo, quizá con escapar de ahí, pero que conforma tu ser y hacia él regresas siempre en un tren que para lentamente en la estación que lleva tu nombre, sí, aún busco ese rincón primigenio dentro de mí, para poder abrazar a mi sombra, y ayudarme a salir del sumidero, pues quiero ser fósil por mí mismo, hace ya mucho tiempo que oigo la riada que arrastrará a Occidente, la que ha de quitar las máscaras y descubrir lo que somos: un mero pastiche que en cada copia se ha degradado un poco más, hasta llegar a ese límite donde más allá sólo estamos nosotros,

y ya no somos nada

Página siguiente »