Entrevista a Nouvelle Vague [New Wave Deconstruída]

“Es cierto que hay músicos que se enfadan si les preguntan por sus influencias. Me parece una estupidez absoluta. Para ser músico hay que escuchar mucha música, y me encanta hablar de mis músicos favoritos”. De esta manera tan contundente, el cantante Chris Isaak deja sin argumentos a todos aquellos que reniegan de las influencias. Nadie ha inventado el fuego y los maestros lo saben mejor que nadie. Roy Orbison o Nat King Cole aparecen en el imaginario de Isaak. Si el bello poeta se atreve a descubrirnos sus padres artísticos, por qué no debería hacerlo todo el mundo.

Una manera de honraros es a través del arte de la versión. Arte, sí, por la dificultad que conlleva y por alguno de los resultados que se han llevado a cabo. Son muchos los artistas que se han lanzado en los últimos tiempos a versionar a sus maestros, como Beck regrabando el debut de The Velvet Underground o “The Songs of Leonard Cohen”, así como Cat Power y su doble experimento en “The Covers Record” y “Jukebox”. Un paso más allá es lo que realizan desde el otro lado de los Pirineos el colectivo Nouvelle Vague. Hace casi una década nos sorprendieron con su “Love Will Tear Us Apart”. Atreverse con uno de los himnos británicos por antonomasia es una empresa arriesgada, pero tocarla en clave bossa podía haber sido un suicidio en toda regla. Nada más lejos de lo habitual. Esta cover les situó en el mapa, y las posteriores “Guns of Brixton”, “Just Can’t Get Enough” o “The Killing Moon” les pusieron en la cresta de la ola. Sex Pistols, Gary Numan, Soft Cell, Blondie,… una mezcla tan interesante y bien amueblada como la mente criminal de Olivier Libaux, una de las dos cabezas pensantes del proyecto Nouvelle Vague, como así pudimos comprobar durante el transcurso de esta entrevista.

Lo primero es presentarse, ¿de dónde viene Nouvelle Vague?

El nombre de la banda viene de la traducción al francés de New Wave. La primera premisa fue hacer versiones en clave bossa nova de temas de la New Wave. Aunque la traducción del portugués bossa nova no es completamente nouvelle vague, los periodistas musicales franceses de los años cincuenta lo traducían así. New Wave y bossa nova unidos por el término nouvelle vague. No tiene ninguna relación con el movimiento cinematográfico, pese a que circulan muchos vídeos de fragmentos de películas de Godard con nuestras canciones.

Cuando llega la hora de hacer una versión, ¿cómo te enfrentas a ella? ¿Qué cambias y qué mantienes de la canción original?

Olvidamos toda la producción original. Básicamente dejamos el cuerpo de la canción, la melodía y las letras, sólo eso. Toda la producción, los sonidos de la época, los desechamos. Cuando cogemos la melodía y las letras, lo que hacemos es cambiar el ritmo para que encaje con la voz que va a cantarla. Así es como construimos la canción.

¿Qué piensan los creadores de las versiones?

Afortunadamente a la mayor parte de ellos les gustan.

¿Ha habido algún artista que ha estado realmente interesado en vuestras versiones?

Uno de los primeros fue Martin Gore (Depeche Mode), y gracias a eso hemos podido colaborar en el tercer disco. Creo recordar que la primera reacción de la que nos enteramos fue la de Mick Jones (The Clash). En la gira del primer disco tocamos en un festival en Estocolmo y Mick Jones estaba allí. Nos descubrió y supuso toda una sorpresa. Lo mismo que para nosotros su reacción. Después de eso ha habido varios artistas que se han enterado gracias a lo que Martin ha dicho sobre nosotros. Hemos tenido muy buenas reacciones, incluso de gente de la que no hemos hecho ninguna versión, como Morrissey. A Morrissey le encantaban nuestros temas, los bailaba por los clubs de Londres y eso que habíamos hecho nada suyo.

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando conocí a Nouvelle Vague es saber que las vocalistas interpretaban la versión sin haber escuchado la original.

Cada vez es más difícil. Las vocalistas que trabajan con nosotros se han empezado a interesar en la New Wave, así que es mucho más difícil encontrar una canción que no hayan escuchado. Pero siempre hay recursos. Coges un grupo que no sea muy famoso, como por ejemplo Magazine, y eliges una canción de su primer disco que no haya sido single y ya está. Para este álbum queríamos hacer ‘Blister in the Sun’, una canción muy famosa de Violent Femmes, así que decidimos volver a trabajar con Eloisia, la intérprete brasileña que cantó ‘Love Will Tear Us Apart’. Esta chica es puramente brasileña; como mucho conoce el nombre de Depeche Mode, puede que dos o tres de las canciones… ¿De qué va la letra de “Love Will Tear Us Apart”? Calla y canta, sólo cántala.

¿Qué hay más allá de la New Wave? ¿Qué piensas de las nuevas bandas? ¿Qué escuchas actualmente?

Escucho muchas cosas. Muy pop, muy clásicas en sus formas. Por ejemplo, Fleet Foxes. Además, soy muy fan de Sufjan Stevens.

Sufjan está completamente hiperactivo.

Sí, escuché ayer uno de la última etapa que es instrumental. Una pena, porque su voz es genial. Mis bandas favoritas son bandas famosas, dentro de los círculos independientes. También soy un gran fan de Queens of the Stone Age. Es la gran banda actual, hacen rock como en los viejos tiempos.

nouvellesvagues.com
myspace.com/nouvellevague

Desesperada Esperanza: Jean Eustache

Desconocido incluso para los franceses, Jean Eustache (1938-1981) es un raro ejemplo de poeta maldito en las filas de trabajadores de la industria cinematográfica, actores de un mercado que raramente ostenta las características del arte. Con su pelo largo lacio y sus sempiternas gafas oscuras, con sus facciones judaizadas y las cicatrices del alcohol y el tiempo, Eustache parece más bien un escritor (él se considera tal, aunque preferentemente cultiva la gramática de las imágenes). Definido por uno de sus colaboradores como el “dandi proletario”, podemos completar su retrato aludiendo a unos orígenes muy modestos y humildes, en conminación con un esfuerzo precoz por diferenciarse, culturizarse y refinarse (dice uno de sus personajes que no tener dinero no es pretexto para comer mal ni para no cultivarse). A diferencia de muchos de los autores de la Nouvelle Vague, Eustache llega a París sin nada en los bolsillos y, pese a eso, hace el cine que le da la gana; por poner un ejemplo, lejos de acogerse a una duración estándar, prefiere a veces el mediometraje o compromete a los distribuidores con una película de más de cuatro horas.

Aunque estudiosos y críticos nombran a menudo a Eustache adalid de una generación Post-Nouvelle Vague, se trata más bien de un islote alrededor de este movimiento, que termina por institucionalizarse, granjeándose el apoyo del gobierno. Aunque Eustache frecuenta la redacción de Cahiers du cinéma, participando de los acalorados debates de la cinefilia, no conquista ningún vínculo generacional: su condición es la del solitario y sus películas se las arranca al solipsismo creador (en un ámbito, el cine, que rige el trabajo colectivo) y existencial. La vida y la obra de Eustache, inseparables e inmiscuidas, ilustran, como dice Deleuze, que “la historia del cine es un prolongado martirologio”. Mendicidad de descartes de otros rodajes (restos de película virgen) o huelgas de hambre… todo a costa de diferenciarse y desmarcarse de la barbarie que viene siendo el cine de consumo:

Si me confiaran la crítica de un diario o de una revista –dice Eustache-, me vería obligado a poner ‘desastre’ desde hace ya bastante tiempo, y al cabo de 24 horas me echarían a la calle. El hecho de hablar de cine hoy como hablábamos de cine cuando había creaciones me parece que es dar muestras de una irresponsabilidad muy peligrosa, que me perturba y que no soluciona nada: en mí produce un efecto muy sucio (…) Yo comparo el cine actual con lo que pudo ser un país cuando estaba ocupado por fuerzas extranjeras. Y la única posición posible de un creador hoy en día me parece la de la resistencia, la no colaboración con la industria, el público, la exhibición, la crítica con la que todos, sabiéndolo o no, colaboran.

Los mediometrajes que Eustache rueda en la década de los sesenta, los primeros de su carrera, Les Mauvaises Fréquentations y Le Père Noël a les yeux bleus (este último financiado en parte por Jean-Luc Godard), nos presentan, respectivamente, unos “provincianos” en la capital y un aspirante a dandi en provincias; destaca la mirada límpida de un mundo burgués envidiado y rechazado al unísono, el temple de retratista y la suciedad embellecedora del blanco y negro y el sonido (casi documentales). Es difícil resistir a la tentación de felicitar la Navidad con ese joven (Jean-Pierre Léaud, conocido por Truffaut y Godard) que se traviste de Papa Noel para fotografiarse con los viandantes (abrazando las cinturas de las chicas) con el objetivo conseguir el dinero que le proporcione una trenca a la moda; huelga decir que en nada varía su estatus la adquisición de la prenda: el paria del neocapitalismo, paria se queda. De esta época proceden las declaraciones: “Cuando se piensa en comer, no se piensa en el marxismo, se piensa en comer. Cuando se está completamente solo, cuando no se tiene ni para fumar o dónde dormir, no se piensa, no se tienen posturas ideológicas”.

Siendo ya reconocido profesional, Eustache no renuncia a las virtudes del cine amateur (de amante) y doméstico: filma una fiesta tradicional de Pessac, su pueblo; la matanza del cerdo; y a su abuela, Odette Robert, disertando sobre seis generaciones, indirectamente a la vez, sobre la historia de Francia. Su cámara no conoce el despotismo y aborda a los “actores naturales” con una naturalidad rayana al don de la invisibilidad.

La mamá y la puta (1973) es para muchos su obra magna. Con unos líos de faldas traducidos en un texto denso, literario y fascinante, arrebatado a lo biográfico (“Ver uno de mis films es lo mismo que verme”) Eustache nos desengaña de la posibilidad de que una revolución de los cuerpos/sexual vaya a saciar el vacío existencial y a reemplazar una revolución política/cultural. La lucidez abrasiva y el humor negro le valen a Eustache la fama de reaccionario, pero también la publicidad y el premio en Cannes que posibilitan un proyecto largamente ansiado: Mes petites amoureuses (1974). Con esta película, que había escrito y reescrito durante años, se reconstruía casi arqueológicamente la infancia. El aislamiento del joven Daniel es la causa de una práctica, el voyeurismo, que no sólo estigmatizaría las relaciones de Eustache con las mujeres, sino que determinaría una vocación: el cine. El director volvería a incurrir en el motivo de la mirada (pasividad escópica y voluptuosidad) en una película, Une sale histoire (1977), en la que se nos narra en primera persona la experiencia adquirida a través de un agujero en el baño de mujeres de un café.

Es curioso y extrañamente paradójico, que este proyecto tan amado (Mes petites amoureuses), fuera un estrepitoso fracaso económico y se convirtiera en la tumba de Eustache, que consuma en 1981 sus pulsiones autodestructivas suicidándose. De ahí el oxímoron con el que encabezaba este humilde recordatorio, que tiene otra causa, además, en el contraste entre una deslumbrante cinefilia y el desprecio más absoluto por el cine de hoy, su vulgarización y su homogeneización. Eustache era poeta en un arte maldito, lo cual equivale a predicar en el desierto. Decía Sarte que “el poeta es el hombre que se compromete a perder”.