El control del déficit público

14-enero-2012 · Imprimir este artículo

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Tras mucho tiempo donde se exhibía la defensa del gasto público para reactivar la economía, hemos llegado a una situación en la que se impone el control del gasto público. Ahora estamos ante una realidad donde se observa el efecto distorsionador y peligroso de los déficits sostenidos.

La relación de apasionados defensores del gasto publico sería muy extensa. Si Dorothy Pickles afirmaba que “nada triunfa tanto como el éxito”, también se podría decir que nada atrae más apoyos y simpatías que realizar el gasto público. Al gasto público no le han faltado nunca verdaderos entusiastas. Y no era sólo patrimonio de una posición política. Sería una reducción injusta relacionar el afán por el gasto sólo con una posición política o ideológica.

El problema del gasto público recuerda algo que contaba Anatole France con sentido del humor, lo que le ocurrió a la bella Analise de los Goncourt, que fue a inscribir su matrimonio en el registro civil y el funcionario que la atendía le preguntó el nombre del novio. La bella Analise respondió con ingenuidad, «¡Ah!, ¿pero eso no lo pone la municipalidad?»

Los excesos y descontrol del gasto nos han traído a una situación en la que es imposible mantenerlo. Como decía David Hume, “La causa más simple y mas obvia que puede asignarse a un fenómeno es probablemente la verdadera”. Resulta llamativo que muchos que han exhibido su pasión de gasto público con proyectos faraónicos e innecesarios, ante la realidad adversa, crítica y peligrosa que vivimos no tienen el coraje de decir “sí yo también impulsé tanto despropósito”. Los errores en la política nunca parecen tener paternidad conocida.

Los que antes eran firmes defensores del gasto público guardan un discreto silencio. Lo que demuestra que es más práctico y realista juzgar las posiciones políticas por sus hechos. Y la cuestión de la proclividad al gasto público es una nota reveladora de las verdaderas pasiones políticas que se mueven. Platón y Aristóteles ya advertían de los peligros de los demagogos. El gasto y su defensa es un factor distorsionador de las posiciones políticas, ya que permite encubrir bajo su manto la realidad efectiva de la posición política. [Seguir leyendo...]

Torrente

No dudo que la simpatía, el olor corporal y la inteligencia de Santiago Segura sean muy nuestras, pero lo sucedido con su última película es la rendición incondicional de toda una sociedad. Es como si cada español llevara dentro un Santiago Segura. Sólo así se explica el triunfo nacional de esa cosa llamada Torrente.

Torrente es más que un personaje: es un genio del extrarradio que se ha apoderado del humor de varias generaciones que van desde Mortadelo y Filemón hasta el mejor Ozores, pasando por Álex de la Iglesia y Almodóvar; pero también con algo del Buscón y de la mejor tradición picaresca.

Torrente cosifica y concreta algo soez y divertido que se oculta en el inconsciente celtibérico y que supone una carga secular de putadas, cochinadas, desafueros machistas, burlas y crueldades de la tierra. Tiene algo de Sancho Panza, de antihéroe español, pero muy lejos de la mirada humana o sensibilidad de Cervantes. Algo pancesco y grotesco que todos llevamos reprimido por dos siglos de liberalismo y que explota en carcajadas al verlo en la pantalla.

Luego está el Torrente político. El Torrente fachoso es un espectro de la Transición, un fantasma y un chivo expiatorio al que caricaturizamos con toda dureza pero que al final resulta un personaje familiar que viene a normalizar al ultra, a integrarlo con humor y desfachatez. En la España de la corrección política Torrente es la sombra de la incorrección.

Caso aparte supone lo de las mujeres y Torrente. Y todavía más lo de las primeras modelos con Torrente. No creo sinceramente que ésta sea la mejor manera de comenzar a hacer cine. Esther Cañadas debería haber tenido un bautizo de pantalla con glamour y champán en lugar de lechazos y gaseosa. El papel que aceptó la modelo fue contraproducente para su belleza hermética, gótica y lobuna.

Es cierto que el cine torrentiano es un cine de bajo vientre, pero las salas están repletas de chicas que se negarían a ver una película de Ozores. Las mujeres, últimamente, están hasta en los campos de fútbol, conquistando parcelas de orden social y haciéndose un poco torreznas también ellas.

Cuando Santiago estrenó la primera peli montó una fiesta en una discoteca para frikis de Atocha y nadie del cine bien y europeo se asomó por allí. La cosa, ahora, es muy distinta.

Todo resulta demasiado real con Torrente, que alimenta el divertido basurero del inconsciente español y que en un país moderno, progre, aburrido y correcto representa la sombra del incorrecto, divertido, facha y del Atleti. Torrente es la vergüenza nacional.

Quien no sale en la foto de Torrente no existe. Todos somos zarajos a través del ojo de este cochinillo pluscuanibérico metido a director de cine esquizo.

Lo de Torrente en realidad es psicoanálisis de brocha gorda para este parque temático que se empeñan en llamar España. La pobre.

Ilustración: Malagón

Cobardes

Dice el pintor Eduardo Arroyo que a los españoles nos fascinan los toreros pero que en ningún país ha visto más cobardes que en España.

El duque de Suárez, que en cuestión de “güevos” era una excepción, ratificaba al General que sentenció: “ser español es temblar”. Bien lo sabían los dos. Es la misma trementina de los toreros que van ventilando el ambiente con sus capotazos heroicos a la vida, como el propio Arroyo, que se daba de puñetazos académicos con escolásticos y pinchaúvas.

Los demás, casi todos, son bajitos de alma y carácter. Aquí por una exposición en la Diputación, media hora en la tele, saludar a la alcaldesa, una nómina de 1.287 euros, un banner de Telefónica, un gobierno de coalición, un curso de verano, un sillón en el Supremo o una cátedra, se traiciona (a) la verdad (y a España). Unos mierdas.

No hay huevos. Ni dignidad. La cofradía del miedo y de la seguridad comulga bien con la idiosincrasia nacional de las familias españolas y la generación tapón que es la del franquismo, el 23-F, el felipismo y Alianza Popular. Aquí los tiranos mueren en la cama y los “demócratas” aguantan una legislatura extra, gentileza popular.

Pero ahora que ya asoma por el abismo la cabeza del ordenado rebaño meridional. Ahora, que acollonados por unos soplamingas y gilinabos, os disponéis, vieja guardia, a entregar el alma y la vida al amanecer (después del voto).

Ahora, justo en este minuto final, volverá a escucharse, Raza de cobardes, a un loco enamorado arengando, como ayer, a los jóvenes españoles que van a despreciar a esos ganapanes que profesan (y enseñan) la servilidad, siervos del destino y del escalafón que siguen royendo los mendrugos del pan de munición. Fiscales, tertulianos, banqueros y clérigos progresistas.

Un poder, no gobierno, de verdugos erigidos en jueces (…) un poder de odiadores de la inteligencia y de la libertad, de ladrones, sobre todo ladrones, que quiere robarnos lo más precioso, nuestro porvenir de ciudadanos libres.

Revuélvete. El poder es un repollo.

S.O.S. natura ibérica

Carlos de Prada siempre gustó en esta casa. Hace muchos años nos dejó un titular que sintetiza su “hecho diferencial” en la defensa de un ecologismo lógico que no ideológico: “La defensa de la Naturaleza no es de progres”. Ha llovido mucho, aunque no lo suficiente, desde entonces. También han pasado muchas cosas desde que escribió este artículo que años después reproducimos y que presenta un inquietante estado de conservación. Poco amigo de lo abstracto, el ecologista lógico pisaba la tierra y de vez en cuando lanzaba una buena piedra dialéctica en defensa propia. De España.

España es el país de la UE con una mayor diversidad biológica, la nación con más especies y diferentes tipos de espacios naturales. Sin embargo, la política ambiental española -más allá de algunas cosas positivas- no está a la altura de esa realidad. Basta ver el nivel de conocimientos y vocación por estos temas de los que suelen ser nombrados Ministros o Consejeros del ramo (personas que trabajaron para la Junta de Energía Nuclear, personajes muy ligados a la defensa de intereses urbanísticos, economistas con nula experiencia e interés en estos temas… ). La Administración española ha hecho un notable esfuerzo estos años por desmantelar muchos de los mecanismos que garantizaban una mínima protección del entorno, como algunos que figuraban en la normativa de Evaluación de Impacto Ambiental, la Ley del Suelo o la Ley de Costas.

Desastres: de las montañas a las costas y los ríos

En este último sentido, por ejemplo, las costas nacionales están sufriendo una presión urbanística que parece recordar a la de los peores momentos del desarrollismo de los años 60 ó 70, en zonas como la Costa del Sol, o la costa murciana o levantina, por no hablar de algunas áreas de Canarias. En demasiados casos la figura de alcaldes-constructores o la sombra de la simple y llana corrupción se cierne sobre muchos proyectos. Y si eso pasa al nivel del mar, algo parecido sucede en las montañas, como en el Pirineo, donde hay planes delirantes de ampliar las estaciones de esquí. Sobre los ríos españoles gravita la amenaza del Plan Hidrológico diseñado a beneficio de las grandes empresas constructoras e hidroeléctricas. Los padres del PHN son hombres como Benigno Blanco, Director de los Servicios Jurídicos de Iberdrola que fue nombrado Secretario de Estado de Aguas, o como Carlos Escartín que tras dejar su cargo de Director General de Obras Hidráulicas fue contratado por la constructora ACS, adjudicataria, entre otros, del principal embalse del PHN, el recrecimiento del embalse de Yesa. El trasvase del Ebro, cuestionado por la comunidad científica al igual que la mayoría de las obras del PHN, reportaría enormes beneficios a Iberdrola y produciría unos colosales daños ambientales y económicos a la nación.

El drama de los incendios

Los incendios forestales siguen siendo un grave problema, en buena medida porque no existe interés político en investigar los grandes intereses económicos que se mueven tras las llamas y que tienen mucho que ver con un alto porcentaje de los fuegos (en especial de los intencionados). En España se invierte un 75% en extinción de incendios y sólo un 25% en prevención, lo que consolida la existencia de toda una industria que vive de la existencia de los incendios. Este esquema evidencia un vicio que es generalizable a toda la política ambiental española, y es que prefiere vivirse del problema a hacerlo de la solución.

Sobre el agua y los residuos

Sucede también con la política del agua, donde en lugar de actuar contra el despilfarro del líquido elemento, prefiere tolerarse su existencia a fin de usarla como coartada para promover más y más obras y sucede, por supuesto, con otras cosas, como la política de residuos. En lugar de impedir en origen la generación de residuos tóxicos, se ha optado por incrementar de año en año su producción, mientras florecen las empresas que viven de “gestionarlos” bien sea enterrándolos en instalaciones con dudosas garantías o incinerarlos (a lo que se están sumando cada vez de forma más clara incluso las empresas cementeras, con serio peligro para la salud de las personas). Pero la generación anual de millones de toneladas de residuos tóxicos y peligrosos, al igual que sucede con la de residuos sólidos urbanos, se ha convertido en sí mismo en algo beneficioso para ciertos sectores. Igualmente sucede con el despilfarro energético, que en España es impresionante, sin que se haya actuado oficialmente de forma seria para reducir las ineficiencias y excesos innecesarios de consumo, mientras se promueven proyectos de construcción de decenas de nuevas centrales térmicas, que juntamente a otras causas, están consiguiendo que España sea el país líder de la UE en cuanto a la violación de los objetivos del protocolo de Kioto para luchar contra el cada vez más alarmante cambio climático.

Las otras energías

Al mismo tiempo, con la excepción acaso de la energía eólica, tipo de energía en la que España es una potencia mundial (a veces, todo hay que decirlo, a costa de cargarse innecesariamente paisajes que no debieran haber sido seleccionados para ello) se ha zancadilleado a las energías renovables. ¿Por qué España tiene menos desarrollada la energía solar que Alemania o Reino Unido? ¿Acaso tenemos menos sol? Mientras, se mantiene un parque nuclear, cuyos problemas de seguridad son alarmantes. Pero las eléctricas, en lugar de cambiar realmente, prefieren lanzarse a campañas sobre supuesta “energía verde” en los medios de comunicación (que luego son denunciadas por su posible carácter fraudulento).

La polución tóxica

La situación generada, en otro orden de cosas, por la polución derivada del empleo de substancias tóxicas, sea por vertidos o emisiones industriales o por su empleo en sectores como el agrícola (por ejemplo, los dichosos pesticidas) está teniendo consecuencias con demasiada frecuencia silenciadas. Basta ver casos como el del exceso de cáncer que hay en ciertas zonas como en Huelva, con su potente industria, o de lo que puede estar sucediendo con el cáncer de mama (que recientes investigaciones nacionales vinculan a la presencia de determinados pesticidas).

¿Por qué no se documentan un poco sobre la presencia de numerosos venenos cancerígenos o destructores del equilibrio hormonal en la leche materna? ¿Han leído algo sobre cómo la cantidad de espermatozoides de la población masculina occidental ha caído a la mitad desde los años 40, y la posible relación de esto con ciertas substancias?

Mientras, la agricultura española sigue usando decenas de miles de toneladas de tóxicos que envenenan suelos, aguas subterráneas, ríos y mares además de, por supuesto, alimentos. El establecimiento de límites “legales” no parece tener mucho que ver con el carácter bioacumulativo de estas substancias ni con sus efectos no letales a corto plazo, pero no sabemos si a medio o largo. Los expertos denuncian que prácticamente no hay un español que no tenga en sus tejidos presencia de determinados tóxicos que van desde las dioxinas a los PCB,s. Mientras, la política oficial es la de minimizar, como se hizo con las consecuencias del vertido de Doñana, donde miles de hectáreas prosiguen (y así estarán por mucho tiempo) con altos contenidos de, entre otras cosas, arsénico. Política que beneficia por supuesto a los causantes de los desmanes que, gracias también a una Justicia que prefiere ser fuerte con el débil y débil con el fuerte, suelen irse de rositas.

La Justicia española, acusada de tener un doble rasero, es responsable también de mucho de lo que pasa. Cuando hay algún Fiscal que se toma en serio estas cosas, como pueda ser el Fiscal de Medio Ambiente de Madrid, en seguida se desatan todo tipo de intentos de neutralizarlo. Es más fácil condenar a alguien por matar un lagarto que por envenenar miles de hectáreas con un vertido de millones de toneladas. Especialmente preocupante son cosas como la escasa ayuda que se da en España al desarrollo de la agricultura biológica y, por el contrario, el desmedido apoyo que se da a los alimentos transgénicos, a pesar de que la mayoría de la población española es contraria a éstos y firme partidaria de una alimentación cada vez más sana y natural. Ni siquiera cosas como lo del Prestige parece que vayan a hacer reflexionar demasiado a nuestros políticos, sobre todo después de ver que (gracias sobre todo a haberse gastado cantidades ingentes de dinero público en contentar, aunque sea temporalmente a los afectados más directos) no han tenido consecuencias electorales demasiado fuertes.

Pese a cosas como las dichas, es evidente que un alto porcentaje de la población española percibe de modo cada vez más claro que los temas ecológicos son extraordinariamente importantes, mucho más serios de lo que los políticos (ocupados al parecer en otras cosas) parecen sugerir. Y piensa así la población a pesar de que cada vez es más difícil que les llegue una información veraz a consecuencia de la cada vez menor libertad existente en los medios de comunicación, duramente controlados (al igual que los políticos) por los poderes económicos. La gente sabe que la situación ambiental de España no es tan maravillosa como algunos quieren pintarla. Por ejemplo, cuando escucharon a un ministro decir que las playas de Galicia afectadas por una marea negra estaban “esplendorosas”, ya sabían de qué forma estaban y de la misma manera, más allá de lo que se les quiera decir sobre los transgénicos, sobre la energía nuclear, sobre el Plan Hidrológico, o sobre otras cosas, muchos españoles tienen una idea formada que no es precisamente que ecológicamente estemos en el país de las maravillas. Pero el pesimismo no es la solución, sino, antes al contrario, la búsqueda de canales complementarios de información, y el paso a la acción en la medida de cada uno, que puede ir desde el no comprar aquello que se sabe contribuye a destruir la naturaleza a, por ejemplo, militar en Greenpeace. Las formas posibles de actuar son muchas. Pero es evidente que ante el creciente deterioro, así como ante la creciente manipulación que pretende ocultárnoslo, hay que hacer algo. La naturaleza de España y el futuro de nuestros hijos y nietos así lo requieren.

La España clientelar se vuelve porteña

Más o menos a menudo nos cruzamos con algún argentino. Ya saben, aquellos que te recuerdan a la más mínima ocasión, que cualquier comparación es inútil: lo suyo vale más, es más bonito, sabe mejor e incluso huele mejor. Algunos de ellos, pocos, hasta lo reconocen: no tienen abuela, ni falta que les hace.

Argentina es lo más. Lo último. Pero una de las cosas sorprendentes es que un pedazito de terruño va con el argentino por doquier, hasta el punto de encontrarnos con la paradoja de un cambio estacional erroneo en el hemisferio contrario: “ya llegó la primavera”, decía uno en Madrid a mediados de octubre.

Ya sea por los altos números de italianos con ascendencia argentina que fijaron su residencia por estos lares, o por una conjunción astral digna de las mejores producciones de Hollywood, España se ha argentinizado. Perdón, se ha porteñizado, que es muy diferente. Y no, no me refiero a que ahora se hable con deje, ni a un cambio masivo en el uso de persona verbal o las múltiples alusiones a la agudeza visual de nuestro interlocutor. Resulta que en España, empezamos a no necesitar a las abuelas. Y eso es malo. Muy malo.

Toda sociedad civilizada ha otorgado, durante más o menos tiempo, un especial reconocimiento a los mayores. Sin ir más lejos el Senado Romano estaba compuesto, ya en los orígenes con Numa Pompilio, por los más sabios. Y la sabiduría, que no el conocimiento, lo otorgaba la edad. Y de la senectude, vino el senatus.

Y es que los mayores en general, y los abuelos en particular, saben ver nuestros defectos y virtudes. Cierto que ven mejor las virtudes que los defectos, supongo que por la pérdida de agudeza visual de la edad, pero cuando nos pasamos demasiado de listos, siempre están ahí para darnos la correspondiente colleja.

Y también es de todos sabido que España es una tremenda red clientelar fractal. Es la forma de trabajar “por defecto”, desde los inicios. Lo que se estila es montar un chiringuito y usarlo para redistribuir la riqueza ajena hacia sus propios bolsillos. El Paraíso de los Amiguistas y Conseguidores.

Técnicamente, y pensándolo fríamente, el modelo tiene su rollo. Pero uno de los problemas viene cuando decides no formar parte de ninguna de las múltiples redes clientelares: estás solo y te caen mamporros por todos lados. Al no tener Familia, nadie cuida de ti.

Pero para los que deciden formar parte, hay tallas para todos. Desde unos pocos millones de personas hasta una sola, en lo que podría ser una nueva clase de empresa: La Sociedad de Chiringuito Unipersonal. Pero el tamaño estándard es de unas pocas decenas de personas. Entre 20 y 40 es un buen número. Puedes montar un buen sarao, y tener una cierta repercusión. Si encima tienes algún amiguín por ahí, seguramente logres salir en algún medio.

Pero lo que es insuperable, es que puedes montar un pequeño sarao de 50 personas, retransmitirlo por Internet a otras 400 o 500 más, aparecer en algún suplemento de cualquier periódico en línea, y seguidamente, sin ningún pestañeo previo, pedir… que digo pedir, ¡exigir! que las autoridades correspondientes empiecen a tomar nota sobre lo tratado.

Como decía al inicio, cuando nos encontramos a un porteño que nos cuenta cómo son de especiales las bisagras de los taxis en Palermo, seguramente sonriamos. Pero cuando, al menos yo, oigo asegurar al administrador de una Sociedad de Chiringuito Unipersonal que ha montado un sarao al que ha asistido un 0.00001% de la población del país, que son representativos de algo y que el país debe pararse y hacerles caso, lloro. ¿Pero sabéis por qué lloro? Porque seguramente venga alguien y les haga caso, ya que en vez de senectud, lo que tienen nuestros mayores es senilidad.

España, crisis de un modelo

La España de los últimos 200 años es la historia de sucesivas oportunidades perdidas que hubieran hecho posible otro país. Empezando por la Constitución de 1812 y llegando a casi cuatro décadas de dictadura franquista.

Existen entre la derecha democrática española quienes quisieran exhibir sin pudor su condición de franquistas y necesitan blanquear aquel período histórico. Se agarran ahora al argumento de que las dos últimas décadas de la dictadura, a partir del Plan de Estabilización de 1959, sentaron las bases del desarrollo español. La dictadura de Franco fue entonces un mal necesario que logró el despegue económico y creó una amplia clase media, imprescindibles cimientos ambos de una democracia sólida.

Está por demostrar que el desarrollo y una democracia estable sólo hubiera sido posible con el paso intermedio de una dictadura. Pero sobre todo olvidan o quieren olvidar los defensores de la figura de Franco como precursor necesario de la democracia esas otras dos décadas de la dictadura, las de las fracasada autarquía económica y el aislamiento internacional (1939-1959).

España se quedó descolgada justo cuando a partir de 1945 disfrutó Occidente de un período de prosperidad sin precedentes, los tiempos en que Francia vivió sus “Treinta Gloriosos” años o Alemania disfrutó de su “Milagro Económico”. Aquellos veinte años son los que separaron a España del resto de Europa en la segunda mitad del siglo XX. Pensábamos que por fin se recortaba la distancia cuando llegó la Crisis.

Las explicaciones sobre las causas de la Crisis en España varían en dar peso a la coyuntura internacional, la actuación de determinado gobierno o al desenfreno hipotecario de la atolondrada clase trabajadora en función de a quien se quiera culpar y exonerar. Pero sólo la perspectiva del tiempo nos permitirá ver que a lo que asistimos es a una crisis profunda del modelo productivo español que fue incapaz de dar el salto a una economía globalizada y postindustrial.

España se incorporó a la entonces llamada Comunidad Económica Europa el 1 de enero de 1986 como un país mediterráneo que disfrutaba de las ventajas comparativas de una mano de obra barata y abundantes horas de sol. Las fábricas españolas convertían al país en el quinto productor de automóviles mundial y el país era el segundo receptor de turistas en todo el mundo.

Tres años más tarde del ingreso en la CEE cayó el Muro de Berlín. El mismo año en que Tim Berners-Lee redactó una propuesta en el laboratorio de partículas CERN para un sistema de hipertexto en Internet. En agosto de 1991 puso en marcha el primer servidor de páginas web. Antes del fin de aquel año se disolvió la Unión Soviética.

Abierto casi todo el planeta ahora al capitalismo y con las comunicaciones cada vez más accesibles, España, como cualquier otro país desarrollado, hubo de enfrentarse a una economía globalizada donde cualquier cosa factible de ser extraída de la tierra, cultivada, fabricada o ensamblada lo será siempre de forma más barata en otra parte del planeta. En una economía postindustrial los países avanzados no sólo generan valor en el sector servicios (servicios financieros, software, publicidad, etc.), sino mediante la incorporación de tecnologías y conocimiento en todos los sectores productivos.

La agricultura española encontró competencia en países con una mano de obra aún más barata. Si antes fueron los camiones cargados de tomates españoles los que eran volcados en las carreteras francesas ahora resultaron ser españoles los que volcaban camiones con tomates marroquíes.

Con los productos agrícolas transformados en una “commodity” sólo una minoría afrontó la competencia de los países subdesarrollados haciendo la agricultura más intensiva en conocimiento y capital. Hubo quienes implantaron un modelo de agricultura más respetuoso con el medio ambiente o la salud del consumidor, buscaron el valor añadido de la denominación de origen o buscaron acortar la distancia con el cliente final mediante la comercialización directa en Internet. Pero la reacción generalizada fue sostener un sector no competitivo mediante subvenciones y enfrentar la competencia de países con salarios de miseria implantando en España también salarios de miseria y condiciones infames de explotación. Hoy España exporta temporeros locales a la vendimia francesa e importa temporeros extranjeros con la excusa de que nadie quiere trabajar en el campo.

El sector industrial español dejó de disfrutar la ventaja de la mano de obra barata tan pronto los antiguos países comunistas quedaron conectados a la economía europea. El cierre de factorías para su reubicación en la Europa del Este o en otros países extracomunitarios fue sólo retrasado temporalmente mediante las subvenciones públicas. En el caso de la factoría de repuestos Delphi de Puerto Real (Cádiz), sumaron 62 millones de euros desde 1986 hasta el anuncio de su cierre en 2007.

Sectores puntuales como la industria aeronáutica o naval sobrevivieron gracias a su naturaleza de empresas públicas y al mercado cautivo de las fuerzas armadas. Los contratos militares han mantenido con vida a empresas de capital público como Santana Motor, cuyos productos no resisten el más mínimo control de calidad y que pierde decenas de millones de euros al año.

España, al contrario del resto de países de Europa Occidental, carece de grandes empresas tecnológicas como Alcatel, Thales, BAe Systems, Siemens, Nokia, Philips, Ericsson, etc. Hablar de grandes empresas globales es hacerlo a la antigua Telefónica y Repsol YPF, de la que hay que recordar su condición de antiguas empresas estatales con una posición dominante en el mercado.

Por último, en la España globalizada y postindustrial hablar del sector servicios es hablar del turismo de “soy y playa” que se benefició durante los años noventa de la escasa competencia mediterránea por culpa de las guerras yugoslavas, los atentados contra turistas en Egipto y la guerra civil argelina. Cuando se hizo evidente que el modelo de “sol y playa”, en realidad “discoteca, cerveza, vomitona y playa” combinado con un modelo urbanístico depredador del litoral, dejaba ganancias magras no se trató de aumentar la calidad del servicio al cliente, mejorar los estándares arquitectónicos y reducir el impacto medioambiental Se buscó desesperadamente el “turismo de calidad” mediante la construcción de campos de golf, allí incluso donde los agricultores luchaban por la escasez de agua.

La salida al mercado laboral de la generación del “baby boom”, el turismo y la llegada de mano de obra inmigrante generó la burbuja inmobiliaria que convirtió a la construcción en la locomotora de la economía. Un sector conectado inevitablemente a las redes clientelares de poder de las administraciones públicas locales y que se convirtió en el símbolo del modelo de negocios español: El “pelotazo”, un concepto que dudosamente tenga equivalente en el resto de idiomas de Europa Occidental. A España en cambio se le puede aplicar un concepto repetido por la prensa económica durante la crisis asiática de 1997: “Crony capitalism”, traducido aquí como “capitalismo de amiguetes”.

Justificado como parte de la idiosincrasia latina y mediterránea, España es un país donde importan los contactos familiares y las afinidades políticas en tupidas redes clientelares que son consentidas y disculpadas porque permean todas las clases sociales. Los grandes pelotazos de alcaldes, concejales y sus parientes son disculpados cuando firman jornadas de trabajo imaginarias para cobrar prestaciones por desempleo y tramitan subvenciones para proyectos con los presupuestos inflados que benefician desde el profesor de cursos de informática al vendedor de suministros para la construcción. Son ellos los que luego jalean a los políticos que esposados salen del furgón de la Guardia Civil y entran en el juzgado.

Podríamos pensar que el mismo país donde la generación que vivió la Transición se encontró todo un país por reinventar y se convirtió en una élite que forma un tapón las siguientes generaciones estuvieran tentadas de romper las reglas de juego. Podría esperarse que una nueva generación, “la mejor formada de la historia de España”, se lanzara a la aventura de emprender, crear conocimiento y crear riqueza abriendo nuevos espacios y nuevos caminos. Pero conocer la universidad española permite comprender su incapacidad para haber formado a los profesionales necesarios y capaces de pilotar el salto de España al mundo global y a la sociedad postindustrial.

La universidad en España es un lugar donde resulta anatema hablar de la conexión con el mercado laboral, so pena de ser acusado de querer poner la educación superior al servicio del “capitalismo neoliberal” y de las “empresa privada”. Como si no existieran alternativas como el autoempleo o la unión de trabajadores en cooperativas. Curiosamente la resistencia a mejorar la empleabilidad de los estudiantes es defendida e inculcada en el alumnado muchas veces por profesores que gozan de la condición de funcionario. Otros aspectos de la universidad española, como su profundo antiintelectualismo y su endogamia, son tan de sobra conocidos que no merecen la pena detenerse en ellas.

En un país donde cuenta más de quién se es hijo y a quién se conoce escasean los ejemplos de éxito económico y social por debajo de la barrera de los treinta años si olvidamos artistas y deportistas que nunca pasaron por la universidad. Linus Torvalds hubiera sido en España un becario asqueado de su programa de doctorado. Pero quizás para ello primero tendría España que dar al mundo un Linus Torvalds, que nació en un país con unos estándares educativos a años luz de España y cuna del gigante global Nokia..

La incorporación de conocimiento e información en todos los sectores productivos tiende a polarizar los mercados laborales en las sociedades postindustriales. Por un lado se requieren de ingenieros, desarrolladores, diseñadores, consultores y ejecutivos. Por otro, la automatización e informatización del puesto de trabajo tiende a reducir aún más la cualificación de los trabajos peores pagados, como auxiliar administrativos o telefonista de call-centers.

Careciendo España de un sector dinámico, competitivo y globalizado en su economía el destino de los licenciados universitarios en España es un trabajo mcdonalizado mientras esperan que surja “algo de lo mío”. La precariedad y el “mileurismo” ha llegado hasta para carreras como arquitectura e ingeniería de telecomunicaciones. El resultado es una generación que no vivirá mejor que sus padres, trabajadores y obreros de la España de la dictadura y del subdesarrollo.

Atractivos monstruos que te sonreirán

Con todo, puede que  lo mejor que ha hecho el Gobierno Rodríguez por este país, sea la nueva Radio Televisión Española.

Si no tienes nada mejor que hacer y asumes que  la Memoria Histórica Selectiva es una Cuestión de Estado, miel sobre hojuelas.

Suena Viaje con Nosotros, de Orquesta Mondragón.

PS:
Ya ves, así está la cosa.

Las tomateras siguen dando tomates

Las más de las veces, cotinúan existiendo raros especímenes en la misma superficie, casi no hay ni que buscar.

Esto no es otra cosa que la Voz de la Gente. No corras la voz.

Suena Siglo XXI de RN3.

¡Independencia!

La independencia como elección vital, no sólo no es cómoda, nunca ha estado bien vista. Somos un animal gregario, social gustamos de llamarlo. La prueba está en que por vez primera la población urbana supera a la rural. Teorías habrá muchas, más me parece un mecanismo de defensa y eficiencia productiva que algo remotamente parecido a sentimientos filantrópicos. Cinco siglos lleva Rousseau influyendo en mentes y sistemas. Ministros tiene la iglesia.

El Poder también lo sabe y nunca la ha querido consentir. Su primera reacción ante los espíritus libres ha sido la persecución y el silenciamiento, pero un individuo independiente es terco en sus convicciones y su segura altivez asusta y atrae al débil, que lo quiere para sí. Por esta razón aquel se ha visto obligado a consentirla e intentar desactivar su esencia, confundiéndola con el sistema, hasta hacernos creer que es posible dentro del mismo. Sabe que nos sentimos más cómodos viviendo en una ilusión. Cualquier intento perseverante de gritar al rey que va desnudo conseguirá poner de acuerdo a hunos y a hotros

En un momento histórico en que probablemente estemos ante los mayores retos económicos, políticos y, sobre todo, sociales que como comunidad/país/sociedad, llámalo como gustes, debemos afrontar, necesitamos espíritus independientes capaces de gritarnos a la cara que somos unos cínicos hipócritas. El poder omnímodo por excelencia en nuestro país, la política, ha necesitado que los lacayos se empleen a fondo hasta convencer al débil de que su independencia como poder primus inter pares es más fuerte, más atractiva, que la de un individuo solo luchando contra molinos.

Ahora creen haberse arrancado el grano en el culo que es Jiménez Losantos. Y muchos ríen ufanos cuando no dan carroñeras vueltas sobre lo que creen ya un cadáver. Sin embargo, contribuir decisivamente a la difusión de lecturas como Revel, Solzhenitsyn o Rand; convertir la emisora de los curas en la referencia radiofónica de un país cada vez más anticlerical; crear de la nada el medio electrónico más seguido del país; ir contra el establishment y apoyar expresamente a los nuevos partidos políticos en contra de su propio interés; y, sobre todo, alumbrar los rincones más podridos del sistema oligocrático son méritos innegables.

No, FJLS no es un santo, si lo fuera no nos gustaría tanto; con toda probabilidad se equivoca en muchas ocasiones, si no lo hiciera no sería de este mundo; y seguro que debajo de la alfombra guarda también algo de mierda, tira tú la primera piedra, pero es una voz imprescindible.
Es un raro de cojones. Es un punk.

Suena Arcady de Peter Doherty.