España, los chinos y su deshumanizada proximidad

La selección ganaba el mundial a pocas horas de la manifestación iniciática del soberanismo catalán. Tantas emociones contrapuestas en el interior tenían que salir de alguna manera, y salieron por ventanas y balcones. Barcelona vive desde entonces una guerra de banderas donde las senyeres y las rojas se dan réplica de calle en calle por primera vez en democracia. La senyera tenía hasta ahora el monopolio ante cualquier alegría o agravio; la bandera española sólo ahora, y por motivos deportivos, ha salido… ¿del armario? Pues no. El arsenal está en un país de oriente, aunque muy próximo.

Si uno quería adquirir una senyera en cierta mediana ciudad catalana no tenía más que ir a alguna de las mercerías de la Rambla y allí estaba, expuesta en el escaparate como si fuera un certificado de calidad. Si uno quería adquirir una bandera española en la misma mercería imagino que también podría hacerlo, aunque tendría la misma sensación que pidiendo un preservativo en una farmacia regentada por un numerario del Opus en los ochenta. Cosa del habitus. Ahora no. Las rojigualdas ondean en los modestos esparates de los comercios chinos normalizando su existencia hasta hacerla comprable, una condición a la que ha ayudado mucho su constitucionalidad –ya no se ven banderas preconstitucionales-, pero también su desvergonzada presencia a la vuelta de cada esquina.

Y esto es así porque el chino es un comerciante puro, deshumanizado, en el sentido que sus acciones están solamente movidas por lo que los posibles compradores pueden demandar en un momento dado, sin otro cálculo que el económico. Es un comercio de proximidad, pero tan descontextualizado como una gran superficie; Un Corte Inglés en cada calle para economías desforestadas como la mía, sin rastro de brotes verdes. La dialéctica de la proximidad siempre resalta su valor humano frente a la despersonalización de lo global, pero cuando la identidad no se ajusta a la “horma” social, sólo en el anonimato del distanciamiento encontramos los mínimos resquicios de libertad para buscarnos o perdernos. Cuando el calor de la costumbre de la tribu amenaza con abrasarnos se agradece el glacial contacto de la ley del Tribunal, su frialdá.

Vía | Tangencial

Concierto de Transatlantic en Barcelona

26-mayo-2010 · Imprimir este artículo

Por

El cartelito de la puerta rezaba:

-Apertura de puertas 19:00 h.

-Inicio del concierto 20:00 h.

-Final del concierto 23:30 h.

Rápidamente te planteas ciertas dudas.

¿Tres horas y media de concierto?

¿Tocará otro grupo?

¿Harán un descanso de una hora?

¿Nos darán de cenar?

No a todo. –Bueno –pensé-, después me queda un palizón de coche, si me canso me voy antes de que acabe y listo. ¿Antes de que acabe? Sí hombre sí. Lo que no pensé fue que esas tres horas y media justas (empezó a las 20:07 y acabó a las 23:37) se me pasarían en un suspiro.

Transatlantic no son cualquier cosa. Ojo al dato:

Neal Morse, teclista y voz de Spock’s Beard.

Roine Stolt, guitarra y voz de The Flower Kings.

Pete Trewavas, bajo de Marillion.

Mike Portnoy, batería de Dream Theater

Ahí es nada. Con las tablas que llevan estos cuatro monstruos se podría construir un rascacielos de un kilómetro de alto. Si no te suenan sus nombres imagínate que eres entrenador de un equipo de fútbol, y que en la delantera puedes alinear a Messi, Cristiano Ronaldo, Villa y Fernando Torres juntos. ¿No serías el tipo más feliz del mundo? Pues justo así nos sentimos los asistentes al concierto de Transatlantic. Este supergrupo es una selección de lo mejorcito de progresivo mundial. Pero lo bueno es que no se comportan como grandes artistas individuales, sino como una banda, como un equipo. Lo que tocan son canciones (eso sí, larguísimas, a las 22:30 empezaba la tercera, imagínate), no se dedican a explayarse con solos instrumentales interminables. Cada uno tiene su espacio para lucirse y mostrar sus cualidades técnicas, pero lo importante es el conjunto.

Podría decir que rozaron la perfección, pero sería más correcto decir que la tocaron, e incluso que la sobrepasaron. El entendimiento y la sincronización fueron perfectos, las interpretaciones magistrales, y el contacto con el público muy caluroso y cercano… se les veía encantados, con muchas ganas de tocar, se notaba que disfrutaban de lo lindo en el pequeño escenario. Sudaron a mares, entregados totalmente a la gente, a sí mismos y a la música. Genial. Un conciertazo como pocos he visto y vivido.

Neal Morse

Flipé con él. Su imagen confunde. Tiene aspecto, cara y vestimenta de alto ejecutivo de gran empresa en su día libre, una corbata no le hubiese quedado mal. Su voz no es que sea de las que más me gustan (hasta ahora), pero después de asistir a muchos conciertos, no es raro encontrarse con un cantante que en estudio es excelente pero en directo deja mucho que desear. Neal Morse no deja nada que desear. Es increíble lo bien que canta este hombre en directo, no se le va la voz ni siquiera un pelín, entona y afina perfectamente, añade dibujos, tiene una gran potencia, más de lo que pueda parecer en los discos de estudio, mucha más, y además toca las teclas simultáneamente sin apenas mirarlas. Saluda, mira, incita, señala y anima al público constantemente. Expresa en cada nota. Es el líder, y lo demostró en más de una ocasión, sobretodo en la que fue uno de los puntos álgidos del concierto. Ahora te explico. Dejó su sitio a la izquierda del escenario, se fue a la derecha donde estaba Portnoy, se colocó al lado de él, agarró dos baquetas y se repartieron la batería entre los dos marcándose un dúo de los que hacen época, poco a poco le fue quitando el sitio a Portnoy y se sentó en SU taburete, se adueñó de la batería, Portnoy se levantó y se dirigió al público haciéndose el sorprendido, Morse se marcó un par de redobles de infarto, Portnoy miró al público como diciendo “No veas cómo toca este pavo”…

Mike en ese momento tenía varias opciones:

1. Quedarse allí como un bobo mirando como OTRO tío tocaba SU batería con un nivel insultante.
2. Irse a tomar algo.
3. Tirarse al público.

¿Qué crees que hizo? Luego te lo cuento.

Morse también demostró lo bien que toca la guitarra. Otro de los puntos álgidos del concierto fue el dúo con Roine Stolt. Morse introdujo con unas notas flamencas, guitarra española en mano, uno de los mejores solos de Stolt en todo el concierto. Suave, muy lindo, con dos focos emitiendo un haz de luz blanca triangular sobre la cabeza de cada uno. Espectacular y emotivo.

Hablando de luces, que no dan mucho que hablar. El equipo no era muy vistoso, pero ¿a quién le hace falta? El espectáculo venía de las manos de los músicos (y de los pies, que se lo digan a los pobres pedales de Mike Portnoy).

Mike Portnoy

¿Qué crees que hizo? Efectivamente, tirarse al público. Pero no fue un bajar y subir. La gente le fue llevando en volandas casi hasta el final de la sala, lo llevó hacia el otro lado y lo devolvió al escenario. Se dio un paseíto sobre los brazos de la gente como si fuese la Virgen de la Macarena en Semana Santa. Un paseíto de un minuto y pico. La basca se lo pasó bomba, y él también. La verdad es que fue una gran sorpresa, yo creo que nadie se esperaba algo así de estos tíos tan serios.

Mike Portnoy es un tipo muy inquieto. Mucho. No desaprovechó NI UNA ocasión para levantarse de su asiento y señalar a sus innumerables fans con sus baquetas para recibir a gusto una ovación detrás de otra. No me quiero imaginar lo que haría este hombre en el escenario si fuese cantante o guitarrista. Portnoy no tiene nada que demostrar, es buenísimo, y le aporta un gran poderío al sonido del grupo, le mete ritmo y potencia a la música, no se corta con el doble bombo, pero cuando toca controlar lo hace, no se desboca.

No hace mucho tuve la ocasión de asistir a un concierto de Dream Theater. La batería de Portnoy era enorme, descomunal, pero claro, casi no se le veía detrás de ella. Con Transatlantic fue diferente. Sus fans (que son muchísimos) le pudieron ver tocar sin trabas de ningún tipo. Y muy de cerca. La batería era mucho más pequeña, y no estaba colocada de frente, sino de lado. Así se le podía ver claramente como movía manos y piernas perfectamente. Una auténtica locura. Para un amante del instrumento y fan de este monstruo de la percusión fue el mejor día de su vida. Portnoy es un crack, un showman, y repito, es buenísimo.

Pete Trewavas

Más discretito que el resto, no se le oía demasiado, al menos desde donde yo estaba. En su sitio, es decir, genial como los demás. También tuvo un espacio para lucirse en solitario, y se lució.

Roine Stolt

Déjenme que muestre mi debilidad por este guitarrista. De hecho, su presencia era lo que más me atraía de este concierto. Roine Stolt no es un virguero, no es de los que tocan cuarenta notas por segundo. No. Ni siquiera el sonido de su guitarra es superpotente. Su arte es sensibilidad pura. El sonido de Transatlantic es sencillo, sin muchos artificios, por no decir ninguno. Eso permite escuchar claramente lo que hace cada músico, y si uno de ellos es el maestro Stolt es un verdadero placer. Es difícil explicarlo con palabras, hay que verlo, parece increíble que alguien pueda tocar así, te llega a lo más hondo. Permitidme decir que fue lo mejor de concierto. Fue el que más me hizo aplaudir y gritar ¡SÍ SEÑOR, SÍ SEÑOR!!! Un maestro, amigos.

El Músico Auxiliar

Le llamo así porque no sé su nombre. Transatlantic son cuatro, pero para poder hacer que su música en directo suene lo más parecida al disco necesitan músicos auxiliares que toquen todo aquello que entre cuatro es imposible. Él solito se bastó. Tenía en su poder una guitarra eléctrica, una acústica y una clásica, un teclado, algún timbal y algún platillo, una pandereta y no sé cuántas cosas más. Cantó coros, tuvo su espacio como cantante y guitarra solista, sudó la camiseta más que nadie, se entregó en cuerpo y alma y aportó grandes dosis de juventud y energía. Un diez. Muchas gracias señor Músico Auxiliar, pedazo de trabajo el tuyo.

Transatlantic. Apunta este nombre. Si te gusta el rock progresivo… ¡qué leches!, si te gusta la música y tienes ganas de ver un buen concierto no te pierdas el próximo, que espero que sea pronto. Todos son buenísimos, todos tocan a la perfección su instrumento, todos cantan, todos se entregan como si debutasen ese mismo día… un concierto de este pedazo de grupo es inolvidable, no importa que no conozcas sus discos, sólo es necesario que sepas apreciar lo difícil que es tocar en directo y hacer que parezca tan fácil, el resto es trabajo de ellos, y te puedo asegurar que no te defraudarán. Un diez para Morse, Stolt, Trewavas y Portnoy (y para el Músico Auxiliar).

+ Vídeos del concierto (I, II).

Barcelona, 14-05-2010 (sala Razzmatazz 2)