Second Life. Metro de Madrid. Avatares obsesionados con las escaleras mecánicas.

24-Febrero-2009 · Imprimir este artículo

Por Minke Wang

metro260x1501

Nadie se explica cómo ha podido pasar pero está sucediendo. Hace una semana un avatar descubrió una fisura en el hueco del ascensor de La Casa Encendida. Aunque se rasgó su traje de Niñocalvosinlabios™, pudo agrandar la rendija y pasar por ella. Tuvo que caminar en la oscuridad sin saber adónde se dirigía. Había una luz al final, siempre hay una luz al final del túnel, dicen. Pero ¿qué significa eso en un mundo virtual? ¿También la luz es luz? ¿O sólo otra fisura en las millones de líneas programadas?

Caminó, dices a la periodista, caminó sin hacer caso de casi nada, sólo siguiendo la luz. Duró tres días su caminata, dices, lo sé porque yo soy su avatar en la Vida Real. Ocurrió así. Me desentendí, y me fui a la rave, dices, era el viernes por la noche. Pero al volver el lunes por la mañana, todavía seguía en su empeño. Palabra de niño ravero que no había dejado ninguna instrucción al irme. Había apagado incluso el ordenador, pero al encenderlo el lunes por la mañana, ahí estaba, dale que dale con la caminata, es lo que dices.

Al final alcanzó la luz. Tanto patear acabó por dar sus frutos. El que la sigue la consigue, dicen. Aquí como en Second Life. Y sí, pero ¿qué consiguió? Al final del túnel no había nada especial, era una entrada a una estación fantasma del Metro de Madrid. Pero no es una estación fantasma cualquiera, dice el avatar de Second Life. Es la antigua estación de Chamberí, entre las estaciones actuales de Iglesia y Bilbao. Conservada tal cual desde el año 1966. Pero ¿a que no sabéis cuál es la sorpresa? ¿Es que hay una sorpresa? La hay, siempre la hay, dice el avatar, al final del túnel siempre aguarda una sorpresa. ¿Para qué creías que seguía la luz? Yo nunca hago nada por hacer sin más. Tres días caminando y acabo en la estación de Chamberí, dice.

No le pedí explicaciones ni nada, dices a la periodista. Pero me las daba. Me las daba mi avatar en Second Life. Me decía: Tú eres mi avatar en la Vida Real, así que te lo voy a contar. Te contaré lo que pasa. Estaba con un resacón de quince, y no le supe decir que no, dices a la periodista. La verdad es que me estaba poniendo la cabeza como un bombo, pero no le supe decir que no, es lo que dices. ¿Qué importancia tiene después de todo? ¡Qué le importa a nadie la estación de Chamberí después de tres días de fiesta sin parar de meterse clavos blancos por la nariz! Pero importa, dice mi avatar. Todo tiene su importancia. No te pongas farruco ahora. Porque te lo voy a contar. Una escalera mecánica, dice. ¿Qué? Una escalera mecánica en perfecto estado, dice. Además, funcionaba, funciona. Vamos que está rula que rula como el chacachá del tren, los escalones suben, desaparecen en las alturas y vuelven a asomarse a nivel del suelo. Tiene algo, dice, tiene algo especial. Te quedas mirando y no sabes por qué pero no quieres moverte más. La vida aquí, dice. ¿A mi qué me cuentas?, digo. A mí, plim.

Pero el avatar de Second Life sabe lo que se dice. Te equivocas, dice. Te equivocas de lado a lado. Y se queda más callado que una puta sombra. Tiene gracia después de todo, un avatar fantasma, rebelde, escapado del mundo visible de Second Life, en una estación fantasma del Madrid Real o no, va y se pone en plan reivindicativo. Pero desde entonces, otros avatares le han seguido. No se sabe cómo han podido comunicarse; puede que a través de ondas electromagnéticas saltándose a la torera las líneas de programación; o puede que mandándose mensajes telepáticos con la polla en la mano. Pero es un hecho. Es insólito pero contrastado. Los programadores de Second Life no han podido dar con una explicación satisfactoria, y están investigando esta excepción con la mayor urgencia posible, es lo que dicen. Pero no tienen ni puta idea, es lo que pasa.

Una semana después, estás en la estación de Chamberí. También tú. Miras el movimiento mecánico del continuo ir y venir. Sacas tu pollo de speed y empiezas a hacerte una raya en el pasamano de goma. Tiene grietas, pero tienes cuidado en no echar en balde el polvo blanco. Es una raya bien larga, todo lo que dura el pollo. Y te has subido a un escalón. Han tratado de tirar de ti los otros avatares, pero no lo han conseguido, eres especial, también tú eres especial. Haces un canuto con un billete de un millón de euros y sigues la línea blanca subiendo los escalones. No sabes adónde han de llevarte, pero no importa, estás en Second Life, ¿o qué?

Comentarios

¿Quieres dejar un comentario?