Pedro Loeb: “Muchas veces el cine nos ha ayudado a pensar”

Pedro Loeb es un guionista consolidado, un profesional poliédrico que ha dirigido teatro, spots publicitarios, programas de televisión… Escribió Felicidades, largometraje seleccionado para el Oscar 2001 a la Mejor Película Extranjera por Argentina. Con Madriz, Madriz ganó el Primer Premio del Festival Internacional de Cine Pobre de Cuba 2005; el mismo año se estrenó en el Festival de Valladolid el cortometraje El amor a las cuatro de la tarde, co-escrito con Sebastián Alfie.
Pedro vive actualmente en Madrid, ciudad de la que se confiesa enamorado; aquí desarrolla una intensa actividad docente formando nuevos guionistas de cine y tele; dirige La Factoría del guión (www.factoriadelguion.com), una escuela bajo la premisa de Billy Wilder: «Con un buen guión se puede hacer una mala película, pero con un guión malo es imposible hacer una buena película».

Qué películas te han impactado recién…
Casi todas son películas que proyectamos en la Factoría del guión: The mother, de Hanif Kureishi; De latir mi corazón se ha parado, de Jacques Audiard (no es espectacular, pero es una película que está muy bien); Secretos y mentiras, de Mike Leigh; Código 46, de Michael Winterbottom; Las invasiones bárbaras, de Denys Arcand; Código desconocido, de Michael Haneke… Esta me encantó.

Respecto a la cartelera… ¿Por qué crees que cierto cine independiente sigue marginado?
Sobre todo es un problema de información, al no haber presupuesto para promoción el público no se entera. Las películas de las que hablas se estrenan con pocas copias, en pocas salas, hay poco marketing (con el “boca a boca” no es suficiente)… Claro que, en ocasiones, alguna trasciende; ayuda cuando ganan festivales. Lo deseable sería que las mejores películas las viera el mayor número de gente posible.

¿Es también un problema de cultura visual?

Sí. Es un problema que tiene que ver con la influencia de la televisión y con asociar cine a entretenimiento.

¿La oscuridad de la sala lleva al teatro al cine, convierte al público en consumidor?

El cine también tiene otras claves. Cuando se apagan las luces, el espectador se vuelve emocionalmente muy primitivo; por lo tanto, le gustan los finales felices, que las injusticias sean castigadas, que la buena gente logre lo que se propone. Un espectador tiene la emotividad mucho más afuera. Cuando está en una sala de cine se permite llorar, su corazón se puede romper con el del personaje, y eso no es poco. Muchas veces el cine nos ha ayudado a pensar. En esta soledad en la que uno está en el cine, aunque tenga gente alrededor, bajan esas capas de protección que manejamos en la vida cotidiana. A veces penetran ideas, reflexiones. Repito: hay películas que nos han ayudado a pensarnos, a decidir… Esto es más importante que la aseveración de que el cine es consumo.

Lo que dices tiene que ver con el efecto “karaoke”: el público siempre reclama las mismas tramas, los mismos personajes…

Claro. Muchas veces vamos al cine a buscar más de lo mismo y si estrenan una película de un director o guionista que en un momento nos ayudó, nos conmovió, vamos a por otra de él para saber más y así tenemos una especie de confidencialidad con ese hombre, esa mujer, que no conocemos, pero que nos ayuda a ubicarnos. En ocasiones el cine es un paliativo a la soledad.

¿Cuáles son las principales fallas de los productos televisivos de hoy?

El problema es que los guiones se hacen muy rápido, contrareloj, bajo una presión que impide que sean mejores artísticamente; luego, también, hay un tema de poco riesgo, entonces se reproducen modelos… Lo que hay en la televisión española son variedades de sainetes con valores bastante reprobables, como en los culebrones, en los que todo gira en torno al engaño, si es que alguien engaña a alguien en el amor.

Ni en cine ni en televisión se lleva ya ese guionista aislado y solitario que fuma en pipa ¿Qué hay de bueno en los métodos se escritura colectiva?
Ofrecen muchas ventajas. Hay más voluntades para llevar a cabo un proyecto; la posibilidad de compartir decisiones, de motorizar los guiones; un marco muy rico de vivencias comunes. Los co-escritores son como compañeros de viaje: compartes desde las historias de amor a los resultados de un partido de fútbol. Es bonito tener socios, aliados… Aunque si tienes el amor propio “tocado”, lo tienes jodido.

¿Cuándo termina el trabajo del guionista?
Rafael Azcona me comentaba que él una vez que entrega el guión ya se desentiende, logra que no le importe… Esto tiene que ver con el carácter de cada uno. A él no le cuesta. Yo, personalmente, pido estar en el montaje final. Siempre que he asistido ayudé mucho, y para bien. El montaje también es narración, es la narración definitiva.

¿Qué tipo de censuras se ciernen hoy sobre el audiovisual?
Hay censuras de las que ni siquiera somos conscientes. A veces no pensamos en qué pensará un determinado partido político, sino en qué pensará mi tía… Hay muchas inhibiciones relacionadas con el “qué pensarán”. Yo intento que mis alumnos hagan ejercicios de escritura autobiográficos para perder esos miedos. Vivimos con una máscara social en la vida cotidiana.

¿El cine está a tiempo de ser una guerrilla contra el dogma?
Así debe ser. Cito, de memoria, a Carrière: un guionista tiene que poder traicionar a la patria, matar a sus padres, violar a su hermana… La función del guionista es dar un poco de luz sobre temas que la sociedad trata prejuiciosamente.

¿Estás al tanto de las vanguardias, el videoarte, etcétera?
Precisamente, en la carrera integral de la Factoría del guión se agregó una materia que imparte Pedro Medina y que justamente trata la vanguardia en la imagen: videoarte, cine experimental… Cómo la plástica se conjuga con el cine y el documental. Eso me interesa mucho, pero paralelamente estoy en un momento de disfrute de los clásicos, maravillas del cine de los 40 y los 50 que nunca habían llegado a mi cabeza.

Por último, esperanzas sobre la era digital, el formato DVD…

Los beneficios son muchos. Antes ver una película era mucho más complicado. Para el que se quiere formar es fundamental ver muchos films; se aprende mucho mirando. Esto lo hace posible el DVD. Además el cine digital da más cantidad y calidad. El cine se socializa.

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