Parirás (y cantarás) con dolor

16-octubre-2009 · Imprimir este artículo

Por Rubín de Celis


Nunca a un rufián le ha sentado tan bien un traje como a él. S.G. Gainsbourg. Miembro oficial del Averno de los Perversos. Creador del sol y las estrellas. No, eso no lo hizo, pero porque no quiso. Hoy no vamos a hablar de su papel de superhéroe o de su labor musical, más bien sirve como excusa para hablar del tema que hoy nos ocupa: las mujeres de doble vida. No hablaremos de la prostituta que desvirgó al pequeño y acomplejado adolescente de nariz grande, ojos de sapo y orejas involucionadas; sino que nos centraremos en las actrices que se atrevieron a entrar de su mano al mundo de la música. Desde mediados de los sesenta, Serge Gainsbourg nos regaló un ejército de bellas mujeres. Hijas del celuloide que poco o nada tenían que ver con la música, pero que daban el tipo a la hora de ponerse a c a n t a r. Bueno, realmente no. La máxima seguida por este carrusel de bellas féminas se acercaba más bien a la de Lola Flores: ni canta, ni baila, ni puta falta que le hace. Hablamos de una legión de piernas cautivadoras, unidas a un tronco excepcional, a un busto canónico con una cabeza de estremecedora belleza pegada. Gainsbourg encontraba la profesión para la que había nacido: domador de animales sexuales.
“Poner en boca de otros” es una expresión tan bonita como poderoso es el acto de llevarla a cabo. Aquel que es capaz de conseguir que su voz propia salga de entre los dientes de una mujer bonita debe ser considerado como un semidios o como un anticristo en toda regla. Gainsbourg lo consiguió. Si bien no supo dejarse cautivar con la viril voz de Nico, sí que lo logró con Anna Karina. Los gorgoritos de la sin par Karina en “Ne dis rien” podrán espantar a más de uno, pero es recordar sus joviales saltitos entonando “Ma ligne de chance” en “Pierrot le fou” para caer rendido a sus piececitos. La mejor costilla de Adán también cayó cautivada por Serge. La bellísima (la palabra se queda corta) Brigitte Bardot compaginó su labor de mujer florero francesa por antonomasia con su participación en el álbum “Bonnie and Clyde”. Esos susurros que se deslizan por entre sus carnosos labios hasta percutir en su peca al proclamarse Bonnie Parker, sus onomatopeyas en “Comic Strip” y su tonto cantar en la pop “Bubble Gum” justifican totalmente al monstruo de 75 años racista y zoofílico en que se ha convertido en la actualidad. Su mejor experimento lo realizó con la que sería su compañera de fatigas y engaños: Jane Birkin. Una inglesa más francesa que cualquier parisino. A día de hoy todavía no sabemos si la frágil Jane es cantante o actriz, pero lo que no podemos negar es su perfecta labor de maestra de ceremonias. La pipiola que cantaba que tenía 19 añitos se ha convertido en toda una mujer cuya presencia inunda cualquier sala sin abrir sus amplios labios superiores. De C atherine Deneuve como cantante sólo diré que sus piernas son sublimes. Un mundo plenamente femenino en el que Gainsbourg se movía a sus anchas, sin ningún atisbo de esa falsamente acusada misoginia. No podemos olvidarnos de la hijísima, Charlotte. Obviando el estrambótico experimento junto a papá de “Charlotte Forever” (“This is hardcore” que entonarían Pulp), sí podemos destacar el pedante tanteo junto a AIR y Jarvis que fue “5:55”. Este 2009 es su año. Ahora que todos conocemos sus genitales al dedillo, ha tenido el descaro de anunciar un disco junto a Beck para los próximos meses. Música y cine, ámbitos en los que la mujer simiesca más atractiva de la historia se crece. Pero no sólo de Gainsbourg viven las actrices cantantes. No merece la pena que citemos al demonio Streisand o a las nuevas estrellas del Slut Pop como Hannah Montana (Dios bendiga a nuestra Marisol). Estos días nos encontramos con suculentas voces femeninas que provienen del
Séptimo Arte. La locura (literal) de Juliette Lewis la llevó a abandonar el cine por la música. La que fuera icono de la segunda mitad de los noventa, Juliette se embarcó en el rock bajo el nombre de Juliette and the Licks. Este año ha dado el salto cualitativo en solitario con “Terra incognita”, una obra maestra que descoloca a todos aquellos que veían su incursión en la música como una niñatada. Sus actuaciones en directo (que podremos disfrutar en noviembre) son realmente
una performance en la que nos muestra a una actriz interpretando el rol de rock star de una manera tan convincente que podemos decir que ha terminado por creerse tanto el personaje que se ha convertido en una verdadera estrella. En un espectro musical completamente diferente, nos encontramos a Scarlett Johansson. Anteriormente conocida como musa del cine indie estadounidense, carnaza para pajilleros hoy en día, Scattie se ha atrevido a publicar su segundo álbum tras las (inmerecidas) malas críticas de su disco de versiones de Tom Waits. Ahora se junta con un cantautor (el políticamente correcto Pete Yorn) y nos regala un disco extremadamente agradable con una de los mejores temas del año.
“Relator”. Su puesto en el altar indie se lo ha arrebatado una mujer de nombre tan impronunciable como belleza en su mirada: Zooey Deschanel. La nueva novia de la América cool triunfa tanto en la pantalla, con la edulcorada “(500) Days of Summer”, y en la música, con su preciosista dúo pseudofolk She & Him. Un deleite para los portadores de chapas y flequillos imposibles. ¡Si hasta se ha casado con Ben Gibbard (padre de los Death Cab for Cutie)! Una verdadera delicia. Anna, Brigitte, Jane, Charlotte, Juliette, Scarlett o Zooey. Mujeres que cometen un verdadero crimen, mejor dicho tres. Son mujeres. Son actrices. Son cantantes. Una triple condición que no hace sino acentuar y afirmar la arraigada sentencia de que todas las mujeres son unas putas y unas mentirosas. Como actrices mienten escondiéndose tras la máscara de la interpretación. Como cantantes se ríen de las tragedias y pesares desde sus canciones. Como mujeres son mujeres. Parirás con dolor, que decía el otro.

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