Para hacer una buena película bastan 40.000 euros

Hasta el momento, llegados a la mitad de la programación del 2º Festival de Cines del Sur de Granada, si esta es una selección de las películas que conforman una imagen paradigmática de los cines periféricos hay que concluir que la crisis de talento que aparece como la señal de identidad del cine estadounidense y europeo es también de alcance mundial.

Y no es una cuestión de dinero como los filisteos de turno proclaman. La gran película proyectada hasta el momento en la Sección Oficial se realizó con 40.000 euros. Liew Seng Tat ha rodado su primera obra Flower in the pocket inspirado por la también primeriza Los cuatrocientos golpes de FranÇois Truffaut, a la que emula en frescura formal, sinceridad moral y sutileza sociológica. Más luminosa y optimista que la del francés, el espíritu de El verano de Kikujiro de Takeshi Kitano también sobrevuela este drama alegre, mejor que comedia dramática, de unos niños chinos en Malasia, con una madre ausente y un padre dedicado en cuerpo y alma, el hambre obliga, a pulir maniquíes femeninos.

Seng Tat tuvo que suprimir una secuencia de la película que podía ofender los sentimientos de la mayoría musulmana malaya: se escucha un llamamiento al rezo musulmán al tiempo que en pantalla aparece un perrito. Lo que al parecer supone una ofensa indescriptible para la piel de lagartija de la susceptibilidad islámica. Seng Tat tenía que hacer desaparecer el llamamiento o el perrito. Buscad la película por Internet, porque no creo que los distribuidores se atrevan a estrenarla a pesar de su éxito en varios festivales, y averiguad la alternativa por la que finalmente se decidió el joven director malayo.

Hay otra secuencia en la que Seng Tat critica sibilinamente, la censura puede ser un acicate para la imaginación elíptica, la opresión cultural en su vertiente musulmana. El padre es convocado a la escuela ya que sus hijos no paran de hacer travesuras. Cuando tiende la mano al director y dos de las maestras, una de ellas, musulmana cubierta por un velo, se niega a estrechársela.

Fuera de la competición oficial se ha proyectado una de las más grandes películas africanas de la historia, Ceddo, del recientemente fallecido Ousmane Sembene, cuya última película antes de morir, Mooladee, sí se estrenó comercialmente en España. Ceddo es el nombre de la resistencia a la colonización islámica en Senegal durante el siglo XVII. Como si adivinara la posterior irrupción de mujeres como Ayaan Hirsi Alí, Sembene convierte en protagonista de la revuelta espiritual africana contra la dominación islámica a la princesa Dior Yacine que, como la princesa Leia, encarnará el sentimiento puro de todo su pueblo contra la colonización a sangre y retórica con la que los musulmanes tratan de comprar su alma. A través de un característico sentido del espacio y la planificación en largas secuencias plenas de diálogos que expresan la particular forma de expresión del pueblo, Sembene, como confirmara posteriormente en su film-denuncia de la ablación como método de dominación sobre las mujeres, muestra una de las miradas más poderosas y reconocibles del arte cinematográfico en clave política del último medio siglo.

También fuera de la Selección Oficial se han proyectado tres grandes películas. Una del extrarradio cinematográfico europeo, Osses del portugués Pedro Costa, que muestra las idas y venidas de un grupo de desharrapados en los puros huesos alrededor de un bebé. En la penumbra de una iluminación grisácea, los mugrientos personajes se arrastran a través de susurros como si de una comedia valleinclanesca protagonizada por zombies suicidas se tratase. Costa es el reverso tenebroso de la moneda del cine social en cuya cara se encuentran los hermanos Dardenne. Allá donde los belgas se enciman nerviosos cámara al hombro sobre de sus protagonistas hasta dejarlos sin resuello en una especie de bullying cinematográfico, Pedro Costa fija la cámara para una contemplación estática, muchas veces a través del resquicio de puertas medio abiertas. O medio cerradas.

Por último, otras dos películas asiáticas que ponen de manifiesto que el centro de gravitación de la cinematografía mundial está dejando el Atlántico por el Pacífico. Wonderful town del tailandés Aditya Assarat es un cruce entre Breve encuentro y La hija de Ryan. El espíritu lírico para captar la belleza del paisaje y la intimidad de la conciencia de David Lean se aúnan también en el tailandés, tamizado por un sentido pop de la ambientación sonora en la historia del encuentro de dos almas solitarias en una pequeña ciudad al sur de Tailandia, y la violenta oposición que su unión producirá entre sus conocidos, infectados por la xenofobia contra el extranjero y el resentimiento contra la felicidad.

Si Osses se podía ver como un nocturno El niño de los Dardenne, Ai no yokan (The rebirth) del japonés Masahiro Kobayashi resulta una variación zen sobre El hijo. Una chica mata a otra y la acción expansiva del crimen va a dar de lleno en la vida de Noriko y Junichi, madre de la asesina y padre de la víctima. Cuando Nietzsche presumía de mirada profunda para escrutar realmente el interior y la hondura del modo de pensar más ne¬gador del mundo entre todos los modos posibles de pensar decía que lo hacía con “ojos asiáticos y superasiáticos”. Los que por nacimiento tiene Kobayashi.

Comentarios

1 comentario en el artículo “Para hacer una buena película bastan 40.000 euros”

  1. Palmarés de lesa cinefilia : generacion.net en 9-Junio-2008 11:52 am

    [...] Flower in the pocket, del chino-malayo Liew Seng Tat ya escribí la ocasión anterior, pero en esta segunda etapa del Festival se ha proyectado la otra película que sobresalía por su [...]

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