Pandora

Mamá automática para el resto…

Por su impactante audiencia, mensajes subrepticios y sofisticadas técnicas utilizadas (Animación y 3D) Avatar, que significa originalmente descenso deliberado de la deidad del cielo a la tierra, es una película tan significativa, como pudieron serlo en su momento Planeta prohibido (1956, Fred M. Wilcox), 2001: una odisea espacial (1968, Stanley Kubrick), Alien (1979, Ridley Scott) o Blade Runner (1982, Ridley Scott).

Avatar, como película de ciencia ficción no es, a mi modesto juicio, una película lograda. La lastran: una duración excesiva (con hora y media habría ido más que bien servida) y unos mitologemas absolutamente apolillados, eso sí, de masiva aceptación en USA (Pocahontas y la guerra de Viet-Nam) que la desposeen de frescura y originalidad. Gran parte del cine norteamericano contemporáneo cumple desde hace décadas estos tristes protocolos. Los efectos especiales compensan, por su exotismo y eficacia, la nimiedad de un argumento que comienza siendo una historia de ciencia-ficción, más o menos novedosa, con cierto empuje pero que, con la inserción de los mitologemas citados, pierde interés, paulatina y aceleradamente, para transformarse en una historia de “buenos y malos”, absolutamente predecible, llena de tics ideológicos y estéticos muy del gusto de los nuevos espectadores. La Ciencia-Ficción, que en su momento pareció abrir un canal de regeneración del imaginario popular, ha devenido, con las excepciones de rigor, un género estandarizado sin apenas conexión con los elementos especulativos y románticos que en el pasado le dieron su sentido rompedor. No puede ser indiferente a la producción de las formas estéticas masivas (y no masivas) la conversión de nuestro mundo al paradigma de una globalización política de corte neototalitario. Los habitantes de Pandora, nuestros hermanos azules, están conectados entre sí y con otros animales del lugar mediante una especie de red eléctrica. Como curiosidad, por el “feedback” entre fantasía y realidad, citar una curiosa y reciente noticia científica (Nature): Investigadores daneses han descubierto que el mar alberga un tejido de ondas eléctricas generadas por la conexión entre las bacterias que se encuentran en el fondo y la superficie. Estos pequeños organismos crean nano-redes eléctricas para comunicarse y sobrevivir. La conexión eléctrica de una bacteria con otras es posible hasta una distancia 20.000 veces mayor que su propio tamaño (unos 2 centímetros en total). Así, algunas bacterias (las situadas abajo, en el fondo del mar) “comen” en nombre de las demás, mientras otras (desde la superficie del agua) respiran por ellas, según el estudio. Viendo la película, pensé que nos hallábamos más que ante una variante de la “tercera fase”: el contacto con seres inteligentes no humanos, con una sutil digresión sobre la sustitución de paradigmas con relación a la humanidad futura. De la modernidad, y su concepción mecanicista y tecnológica, a la postmodernidad: diversa, mestiza y multicultural. Puro cine de propaganda al estilo de El triunfo de la voluntad.

Recordé un aforismo masónico: “la verdadera masonería se diferencia de la falsa en que mediante la primera logramos una visión más amplia del mundo mientras que, a través de la segunda, lo único que encontramos alrededor son vecinos o cómplices”. La “búsqueda de la piedra”, que figura como leit motiv en una potente imagen ( se muestra al protagonista una síntesis del porqué del proyecto colonizador visualizando una piedra que flota en el aire) que pasará desapercibida para muchos , degradada a la búsqueda materialista de combustible, dará la entrada a la “comunidad” paradisíaca, vía interfaz electrónica, con los nuevos cuerpos artificiales. Cuerpos que imitan a los nativos y que como los antiguos nefilim de los que hablan la Biblia y otros textos apócrifos, tienen una estatura muy superior a la humana. La vieja humanidad derrotada, atención a la escena final, es expulsada del nuevo paraíso al que sólo accederán unos cuantos elegidos.

Un regalo envenenado de los dioses, esta primera mujer.

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