Nosotros, el quinto poder

Montesquieu teorizó, británicamente inspirado, sobre la división del poder, que dividió en los consabidos tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Después, andando el tiempo, con la irrupción de las masas en la democracia, Orson Welles confeccionó el diagnóstico fílmico de un asunto que ya preocupó hondamente a Tocqueville, el de la opinión pública y la multitud de pequeños periódicos que circulaban por los pueblos más perdidos de América. El cuarto poder había entrado en escena: la prensa. Y hoy, en algún lugar de esta bendita Europa, desde su reluciente ordenador, alguien escribe que ya ha llegado el quinto poder: las asociaciones cívicas libres y liberales en red.

Recalco lo de libres y liberales, porque bajo la categoría de asociación cívica cabe todo, y yo no quiero que quepa todo en el concepto de quinto poder, porque esto sería lo mismo que tratar de reducir el vuelo de un abejorro entre las paredes de una pompa de jabón. La realidad del presente es un veneno que siempre le escuece a la inteligencia, y el único antídoto para neutralizar el picor es su reducción comprensiva a concepto. Y para eso hay que poner límites.

Les diré unas cuantas cosas sin importancia…

(NOTA: las importantes van más abajo, y consisten en una melancólica crítica al cuarto poder, manifiestamente en decadencia. Pueden saltar hacia allí si ven que van mal de tiempo, pues como dice Marquard, el tiempo es el bien más escaso del ser humano. Así que, lector paciente, decida seguir o salte hacia adelante, pero decídalo ya…)

El quinto poder es toda asociación no gubernamental cívica y políticamente activa que se presenta libérrima frente a las presiones del poder político y social, y tiene como condición esencial la autofinanciación. Ninguna ONG financiada por el Estado, o mantenida por un partido político cualquiera puede ser una asociación cívica libre ni liberal. Otra cosa bien distinta es que tal asociación actúe a favor o en contra de un determinado partido, o grupo social. Faltaría más.

Otra condición para poder caracterizar a una red como asociación cívica libre y liberal es que esté compuesta por individuos. Esto parece una redundancia, pero no lo es, en modo alguno, porque todos sabemos que en las asociaciones la tendencia a la jerarquización y el carisma de los seres humanos, termina por convertir la asociación en el club de un jefecillo seguido por un camarilla que hace ganchillo sociológico los jueves por la tarde, “para pasar el ratillo, y si viene al caso, pues hasta hacemos una requeterevolución” Por eso, es esencial que una asociación esté compuesta de individuos, es decir, de tipos dispuestos a formar parte de un proyecto común en el que su individualidad esté siempre operativa. Así, pues, en una asociación cívica libre y liberal sólo existe la voluntad de todos y cada uno, pero nunca la voluntad general, por decirlo con palabras de ese ambiguo del terror que fue Rousseau.

Las cosas importantes que les quería decir vienen ahora (por si ha saltado usted hasta aquí)…

Ahora que tengo la certeza de que el periodismo de papel y de columnistas estrella está en franca decadencia, leo más periódicos que nunca. Lo hago por llevarme la contraria a mí mismo y ¡qué leches! porque me encanta mancharme las manos de tinta. Hoy compro periódicos, no para formarme una idea de lo que pasa en el mundo, sino para formarme una idea de lo que pasa en los periódicos y en sus fieles lectores. Hoy leer la prensa me sirve para saber qué van a leer los lectores de prensa. Por el contrario, cuando quiero saber qué pasa en el mundo, a menudo leo blogs, periódicos digitales y webs especializadas, siempre abiertas a debates, junto con algún artículo de opinión.

Hay una cosa evidente: hoy podemos leer post a diario mucho más brillantes, sesudos y elegantes que la mayoría de columnas de opinión de los periódicos del cuarto poder. Es evidente que el quinto poder le está ganando la partida de la capacidad crítica, de la pluralidad y todo eso. Esto está claro. Pero, con todo, no tiene olor, y a mí me gusta el olor a tinta de la prensa, de la vieja informadora decimonónica… Amo lo decadente, porque sólo lo decadente puede entregarnos la corona del prestigio del tiempo pasado. Amo lo decadente, porque en su final, a menudo hay una nueva realidad, una metamorfosis, una mariposa venidera, que ahora trato yo de conquistar con la férrea fuerza del concepto. Sí, es evidente que el quinto poder le está ganando la partida de la capacidad crítica, de la pluralidad y todo eso a la prensa… Esto está claro. ¿Qué puedo hacer? Muy sencillo: escribir un post, un artículo que no huele a nada en esta máquina brillante, plástica y espiritual que es mi ordenador.

Dicho queda.

Comentarios

2 comentarios en el artículo “Nosotros, el quinto poder”

  1. davidballota.net » Blog Archive » Montesquieu 2.0 en 15-Mayo-2008 1:08 pm

    [...] Rafa de la Generación.Net [...]

  2. Proteo en 26-Mayo-2008 1:14 pm

    Da igual por donde andes, Herrera, es imposible saber por donde vas… Entonces qué ¿papel, digital o tijera?

¿Quieres dejar un comentario?