Laila Escartín: ¡¡Mirarse es lo más importante!!

Podría fotografiarse bella, porque lo es. Sin embargo, prefiere autoretratarse cuando la emoción deforma sus facciones. Sus desnudos son más que eso: radiografías. No cabe el posado ni, mucho menos, el retoque fotográfico. La cámara se convierte en un espejo implacable, un bisturí.

Bordea los cuarenta. Su figura espléndida y espigada y su cabello rojizo delatan su ascendencia finlandesa. A punto de terminar su segunda novela, me enseña este libro de fotografías, diario íntimo en forma de álbum, editado por Islamorada en 2006. Las veo una a una con atención y aunque el referente es precipitado, quizás imprudente, recuerdo las imágenes de la autopsia de Marilyn Monroe: ¡Vaya, vaya; otra mujer sin piel!

Laila se fotografía a sí misma y a los suyos (su hija y su pareja) porque, según sus propias palabras, esa es la realidad que mejor conoce. Cuando ponemos en común referentes literarios (Virginia Woolf, Marguerite Duras…) los relaciono con el vértice de su obra gráfica y lo que conozco de su narrativa: la sexualidad femenina como cisma; el impudor como bandera vindicativa. Así, algunos de los temas de su fotografía son la autolesión, la maternidad afligida, el acto sexual, la depresión, el menstruo, etcétera…

Técnicamente, tal como ella reconoce, no hay una previsión del encuadre, una planificación exhaustiva de los valores morfológicos de la imagen, su composición. Más bien, una espontaneidad sorpresiva. Lo que cuenta es la elección del momento. Es en este punto, donde el arte fotográfico, tan controvertido en sus orígenes, encuentra su especificidad frente a la pintura, como confrontación pura, casi accidental de luces y formas, como sensación inmediata. Estos encuadres azarosos, que a veces cortan violentamente la figura humana, estos barridos fotográficos (en tanto perpetuación del movimiento) son los que trató de imitar el Impresionismo y, más tarde, la vanguardia.

Laila está a medio camino entre la sobriedad casi mística de Edward Weston y la dureza de Helmut Newton. Ayuda a definir su obra el adjetivo siniestro, en tanto “filosofía del límite”. “Lo siniestro –afirma Eugenio Trías apoyándose en diversas citas de autoridad- es condición y límite de lo bello”.

Algunos pueden encontrar obscena esa boca desahogada que muestra el semen del amante al objetivo; otros, considerar “peligrosa” esa otra foto de un cuerpo púber recién sale de la ducha, pero como decía Henry Miller, otro de los autores de cabecera de Laila: “Sin sexo, sin vitalidad, no hay acción”. Para defenderse de aquellos que le acusaban de pornógrafo, Miller citaba al doctor Ernst Jones: “Se trata de hombres que tienen temor de la propia debilidad”.

Laila no tiene temor de la debilidad, más bien la convierte en objeto de arte. Es la protagonista de sus fotografías; la que subyace a esa mujer “despellejada”, que entiende el desnudo de manera radical. Su fotografía no es una forma de no intervención, una forma de impotencia (Susan Sontag, Sobre la fotografía), sino un participar de la mortalidad y de la vulnerabilidad.

El arte… será autobiográfico o no será. A tus amigos, tus ex, tu pareja o tu hija ¿No les importa convertirse en tus personajes o (en el caso de la fotografía) modelos?

A algunos sí les importa y les molesta; a mi hija no le importa ni le molesta que le haga fotos, aunque es cierto que he decidido por el momento no hacer públicas más fotos suyas hasta que se haya hecho mayor; mi pareja colabora encantado en mis proyectos, es mi mecenas número uno, mi más leal amigo y mi apoyo más sólido, admira mi trabajo (igual que yo admiro el suyo: sus pinturas, su revista, su bistrot, su voz…) y nunca jamás me pone límites ni obstáculos, le provoca placer verme volar en las alturas, o sumergirme en las profundidades tenebrosas; a mi madre tampoco le importa, ella es psiquiatra, lo entiende. Aunque sea para desagrado de aquéllos a los que fastidia u ofende encontrarse en las páginas de mis libros, no me queda otro remedio que confesar que los sacrifico en el altar de mi creación, porque nací con la maldición –o la bendición, depende de la mente que juzgue – de considerar más importante que nada la creación artística; excepto mi hija, mi hija está por encima de todo; y si me pongo bestia, podría decir que mi vida entera no es más que una cantera para sacar de ella mis libros y mis fotos, y lo que esté por venir. El arte subyuga a la vida. Y el artista es egoísta; aunque yo también soy madre, es muy complicado servir a dos señores.

Eres mujer, escritora y fotógrafa. ¿Qué opinas de la “igualdad” (hasta tenemos un Ministerio)? ¿Es posible, deseable o una Distopía? ¿Puede existir la igualdad en el arte?

¡Hah, hah! Nunca había oído nada tan chistoso como tener un Ministerio de Igualdad en un país de verdad, el próximo que cree Zapatero será el Ministerio del Amor, y desde allí dictarán cómo hay que amar, y por supuesto el Ministerio de la Verdad, para que todos sepamos qué es verdad y qué es mentira… me recuerda a 1984 de George Orwell… pero me voy por las ramas. ¿Qué demonios es la igualdad? Yo soy una mujer, yo no soy igual que un hombre, ni quiero serlo; ¿igual a un hombre…? No soy neuróloga, pero estoy convencida de que a nivel químico y eléctrico el cerebro de un hombre no funciona como el de una mujer; y psíquica y emocionalmente es obvio que funcionamos distintamente. El patriarca teme a la mujer, porque la mujer gesta, pare y amamanta; esta función biológica y evolutiva nos aporta un poder psíquico muy grande. Yo no quiero que exista una igualdad en la que se espere lo mismo de la mujer que del hombre, ni viceversa, en todos los aspectos, o en la que a las mujeres nos fuercen a ser pseudohombres, o en la que a los hombres los fuercen a ser pseudomujeres; yo quiero que el patriarca respete y admire a la mujer por ser diferente, por ser como es, y le dé espacio para existir y evolucionar. Desde que se implantó el sistema patriarcal en Occidente (¡malditos dorios y judíos!), no se respeta a la mujer ni nada de lo que hace; somos esclavas, todavía hoy, pero es todo muy sutil, el patriarca del s.XXI es muy astuto.

En cuanto al arte hecho por hombres o mujeres… es muy complicado, me parece lógico que haya diferencias debidas al sexo del artista; un hombre no menstrua y la mujer no se afeita la cara, cada cual vive las experiencias vitales a su manera. Pero, claro, es muy difícil señalar con exactitud qué característica específica en una obra de arte se debe a la condición de hombre o mujer de un artista. Las fronteras son difusas. Pero yo constato –y a riesgo de ganarme la ira de muchos (que ya me han gritado por esto) – que mi trabajo es muy femenino. La igualdad se debe limitar a respetar por igual al hombre artista y a la mujer artista, y permitirlos ser diferentes. Live and let live.

Los críticos y el público en general recelan del arte contemporáneo. Desconfían del azar, que es algo que está muy presente en tu fotografía…

¿Los críticos también? La verdad es que yo considero muy importante un largo proceso de aprendizaje para que el creador llegue a ser realmente bueno; la práctica hace al maestro, me gusta esa máxima. Para mí es imprescindible que el arte se fundamente en la habilidad y en el conocimiento profundo de la disciplina que se utilice. Mis imágenes son muy espontáneas y no existe trabajo de preproducción ni postproducción, pero desde los quince hasta los veinte años estuve haciendo fotos como una posesa, en blanco y negro, y positivando yo, apuntando datos de luz, de apertura del objetivo, de velocidad, etc. etc. Por lo cual detrás de estas fotos espontáneas y crudas, se esconde un proceso bastante sólido. La práctica y el aprendizaje son el esqueleto de mis fotos, y el azar es la carne, la sangre, la piel, el pelo, el olor y el sabor de las mismas.

¿Alguna vez has pensado en poner tus imágenes en movimiento? ¿Cabe la posibilidad de que Laila Escartin se lance al cine?

De adolescente, además de querer ser escritora, quería ser actriz, y de hecho lo fui, hice televisión y teatro profesionalmente en Finlandia. Luego, con 18, me aburrí y decidí hacerme directora, mi plan era ir a Los Angeles a estudiar con mi hermano, pero acabé en Nueva York donde trabajé en cine. Durante muchos años acaricié este sueño, pero la última vez que trabajé en un cortometraje, hace unos cuatro años, comprendí que no tengo la personalidad adecuada; hay que aguantar mucho estrés y trabajar con demasiada gente; yo no soporto bien el estrés y no me gusta trabajar en equipo.

Muchos de tus autorretratos captan momentos de dolor o de clímax ¿La felicidad es menos sugestiva?

Cuando soy feliz, no tengo tiempo ni ganas de crear, sólo quiero existir… exagero un poco; escribir novelas es una cosa mucho más estructurada y racional, mucho menos “inspirada y satánica –entiéndase en el sentido del ‘daimon’ –” y es bueno trabajar en ellas cuando me siento bien y equilibrada. Pero es cierto que cuando sufro, hacer fotos o escribir poemas me salva la vida.

Respecto a las escenas de dormitorio… No me imagino cómo interrumpes esos momentos álgidos para preparar la cámara.

¡Ah, es muy simple! Soy mujer, tengo la capacidad de hacer muchas cosas simultáneamente, multitask person, como dicen los amigos americanos. Realmente, no tengo que preparar la cámara, normalmente uso una Olympus my automática para esas fotos: la tengo siempre a mano, le doy al botón de autodisparador, y tiro la cámara donde sea, sobre la almohada, donde llegue mi brazo, y sigo con lo mío.

¿De verdad crees, como dice Alberto García-Alix, que “mirarse es terapéutico”? ¿No duele a veces?

¡¡Mirarse es lo más importante!! Si no te miras, no te conoces; si no te conoces, no podrás conocer el mundo. El dolor no importa, es bueno, no hay crecimiento sin crisis, y la crisis siempre duele. Crecer duele. Conocer duele.


Las fotos follando, los capítulos eróticos de tus novelas… ¿Y si, como a Henry Miller, te acusaran de obscena o pornógrafa?

Hmm… pues no sé, diría que no me considero pornógrafa. Aunque en el diccionario de la RAE definen pornografía así: 1. Tratado acerca de la prostitución. (Si hacemos caso a esta acepción, vemos que no soy pornógrafa); 2. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas; 3. Obra literaria o artística de este carácter. (Según éstas dos, sí soy pornógrafa). Bien, lo soy entonces, según el concepto convencional del vocablo, pero matizaría que soy P.P., Pornógrafa Poética, ¡ha, ha! Yo no fotografío ni escribo sobre el sexo con la intención de excitar, por ello no me considero pornógrafa (me gusta la cita de Ernst Jones que usaba Henry Miller para defenderse de los ataques); el sexo es muy muy importante, escribir sobre ello o fotografiarlo es una manera muy eficaz de llegar a emociones muy potentes y profundas, al subconsciente. Según unos estudios neurológicos, cuando la mujer tiene un orgasmo, su cerebro funciona en las mismas ondas que cuando un ser humano está en estado de trance. El sexo es una vía muy efectiva para llegar a estados alterados de la mente, y fotografiar en ese estado alterado produce resultados fascinantes.

¿Por qué el sexo aún crea tanta vergüenza?

Porque somos mojigatos, falsos, miedosos, hipócritas, reprimidos, cobardes; porque aunque ya casi no seamos religiosos, seguimos atrapados en las garras de la moral judeocristiana, ese cáncer apestoso que odia la vida; y las mujeres estamos peor, estoy convencida de que nos cuesta más liberarnos sexualmente porque el patriarcado ha satanizado la sexualidad femenina, sólo hay que mirar a la pobre Virgen María –la heredera de la Diosa Madre – a la que la Iglesia Cristiana robó su sexualidad: diosa mutilada. Las raíces del poder de la mujer residen en su sexualidad. Y también porque el sexo realizado con la consciencia alerta, nos confronta con lo más profundo de nuestro ser, con nuestros pozos negros, con nuestros monstruos. ¡Y todos tienen tanto miedo de sus monstruos!

Comentarios

2 comentarios en el artículo “Laila Escartín: ¡¡Mirarse es lo más importante!!”

  1. Armando en 19-mayo-2010 10:32 am

    Curioso personaje, ¡gracias por traérnoslo!

  2. Felipe de Sartos en 29-julio-2010 1:06 am

    La cuestión es llamar la atención. Aunque haya que fotografiarse a cuatro patas con una verga dentro de una. Qué patético. Si esto es arte, es para vomitar.

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