Thubten Wangchen: “El mundo sabe que Dalai no es un terrorista”

Hablamos con el monje tibetano y director de la Casa del Tibet de Barcelona, Wangcheng. Sus risas iluminan la tragedia de su pueblo y el egoísmo de un Occidente que una vez más, como en 1936, mira a otro lado ante un genocidio mientras se preparan records de estupidez e hipocresía olímpica. Sus palabras estremecen y su risa nos humaniza. Es la compasión.

Eres una víctima directa de la represión china en el Tibet. Tu madre desapareció embarazada hace años y nunca más se supo…

Sí, nunca más. Y luego, en el 87, me detuvieron y me querían matar por llevar en un viaje una estampita de Dalai Lama: me acusaron de subversión separatista. Decidieron matarme pero pude escapar a través de decirles que tenía influencias en la política española y banca (risas). Me impusieron autocrítica, pero no han tenido tiempo suficiente para torturarme.

¿A cuanta gente le pasó como a tu madre?

Hablamos de un millón doscientos mil desaparecidos o muertos sobre una población de seis millones de tibetanos.

La ocupación ha durado 49 años, ¿qué ha quedado del viejo Tibet?

Nosotros tenemos 2135 años, a los que puedes restar 49 y ver cuánto queda (risas)

Tú has firmado una querella contra dirigentes comunistas chinos por terrorismo y genocidio, que ha sido admitida por la Audiencia Nacional.

Es un genocidio, tenemos pruebas de presos con más de treinta años de cárcel por apoyar al Dalai, han venido a Madrid a contarlo, y hacemos referencia a los muertos y las violaciones de derechos de todos los días, como la represión por enseñar la lengua propia. Todo está probado.

La gente estaba harta y ha saltado…

Esto es lo que ha pasado el 10 de marzo. Es la fecha de nuestro levantamiento histórico y de nuestra pérdida de libertad en el año 59. Ahora que China sigue oprimiendo y va a ser un escaparate, es nuestro momento. Pero el movimiento ha sido espontáneo. Dalai no tiene nada que ver como dice China.

Todo ha empezado pacíficamente, con reivindicación de la libertad por parte de los monjes, pero luego ha venido represión militar (camiones y tanques) y la gente joven ha explotado por la injusticia de vivir como ciudadanos de segunda, casi esclavizados por los ricos chinos invasores, que tienen todos los derechos. Ha funcionado el boca boca, hablando unos con otros… Otros monasterios se unieron a la revuelta y el pueblo saltó el día 10 y la rebelión se extiende. Esta es la respuesta que dio la gente y que se ve en la tele china contra los comercios, contra sus privilegiados. Lo que sale es lo que nos han hecho y nos siguen haciendo.

Los tibetanos sois ya minoría en el Tibet

Sí, en un solo año llegaron dos millones, ahora son ocho y nosotros seis. Traen convictos, delincuentes, prostíbulos, usureros y comerciantes.

Dicen que llevan el progreso…

Ja, ja, ja. Eso si que es bueno. ¿Progreso?. Pues es para ellos, traen soldados y gente a mandar y hacerse rica hasta con delincuencia, se llevan oro, bosques, arte, han destruido nuestra cultura, su televisión es basura para conquistarnos y humillarnos. El tren trae soldados y lleva presos; y las carreteras son sólo para ellos y sus camiones y tanques. Vaya progreso (risas). Han hecho cosas materiales pero no hay libertad, ni naturaleza, ni tradición. Nosotros somos habitantes de segunda. Un genocidio cultural. En estos días hay toque de queda y nos disparan por salir a coger comida.

Han llenado de prostíbulos y soldados a Lhasa

Si, mandan a los peores (risas) Les pagan el doble y vienen a destruirnos.

Hay ejecuciones…

Tenemos nombres y apellidos de 140 ejecutados. Sólo enseñan nuestra rabia, pero no enseñan nuestros muertos. No dejan que entre la prensa, es pura propaganda.

Este levantamiento, tercer gran levantamiento, ¿servirá de algo?

Ahora tiene que entrar la ONU, si es que se precia. Europa y América deben responder desde la conciencia. No pedimos nada, sólo denunciamos la violación sistemática de derechos humanos para seis millones de personas. Queremos que ellos vivan bien en China y nosotros bien en el Tibet (risas).

¿Crees que deben celebrase los JJOO o deberíamos boicotearlos?

Si la situación mejora deben hacerse, pero con la condición de que se respeten los derechos humanos en China y Tibet, de otro modo, si continúan así no vale la pena y no deben celebrase. Pero son una oportunidad. En China mucha gente nos apoya, muchos en la universidad. Piden que dialoguen con Dalai.

¿Qué es lo que pide el Dalai?

Autonomía total del Tibet. Renunciamos a la independencia a cambio de esa posibilidad, desde hace diez años. Ellos acusan a Dalai para denigrarlo, pero el mundo lo conoce y sabe que no es un terrorista, y que no tiene la piel de tigre como dice su propaganda (Risas). No cabe en la mente de un monje contra la violencia.

¿Resistencia civil, sin violencia?

Claro. Somos budistas y queremos paz y seguimos a Ghandi, no-violencia.

Condenáis también la rabia violenta contra los chinos.

Sí, claro. Pero no murió nadie, es un montaje. A algunos les pegaron y eso está mal. Por eso no dejan entrar prensa, ellos sí matan.

Vamos a pensar en algo bueno, el budismo ha florecido por el mundo, como pronosticó Mircea Eliade, tras la expulsión del Dalai…

Pues sí, hay que limpiarse la mente del odio y del daño que nos han hecho. Estamos molestos pero esto no nos ayuda. Ellos son unos ignorantes, pero gracias a sus errores el mundo nos conoce y nos respeta (Risas)

Parece que China aúna lo peor de dos sistemas: capitalismo y comunismo.

Quieren mandar en el mundo. Basta ver lo que pasa en España con su inmigración, y los contactos con las mafias y la competencia desleal. Yo no entiendo mucho (risas) pero lo veo así. Cierran fabricas aquí para comprar Made in China, que se rompe enseguida y sale más caro (risas).

Hay una batalla entre la China materialista y el Tibet.

El consumismo se contagia mucho. Todo el mundo pierde sus valores para cambiarlo por un bazar. No hay equilibrio y esto nos hace infelices. Ganamos más, pero más tensión, ansiedad, y mucho ataque al corazón…

¿Cómo ves el futuro?

Tenemos la verdad, mientras Dalai viva tenemos confianza en su sabiduría. Hay mil millones que no están de acuerdo, los chinos, pero es que no entienden lo que están haciendo.

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