Los lobos ya no cantan

Echar un vistazo a los planes de rescate (otra para la galería de eufemismos al servicio de la política) que se han puesto en marcha en todos los países del mundo me lleva a una primera conclusión de manera inmediata: con toda probabilidad se trata de la primera vez en la historia de la humanidad en que se actúa de manera coordinada a nivel mundial. ¿Así que, a costa del vil metal, la primera piedra del camino a la Arcadia Feliz ya está puesta?

No parece que así sea, es lo de la benevolencia del cervecero… con un matiz que acaso no sea insignificante. En este caso estaríamos hablando de gobiernos-estados (el mayor criminal del siglo XX según Octavio Paz), no personas, no individuos. El carnicero, el cervero, el panadero a fin de cuentas ponían su sudor en el envite. Ahora es el de otros el que está en juego. Por decirlo en palabras de nuestro economista más importante, Xavier Sala i Martín:

No seas ingenua, los gobiernos no actúan por el bien de la sociedad. Lo hacen con unos objetivos, legítimos, que son: ganar elecciones (los que necesiten el trámite, añado yo) y satisfacer a los grupos que tienen un poder económico. Los gobiernos no ayudan a los que más lo necesitan.

Lo que parece claro es que aquí el más tonto hace relojes. Dicho de otra forma, la globalización no ha traído sólo la posibilidad de tener toda la información en la pantalla de tu ordenador personal, también ha confirmado a los responsables de los gobiernos-estados de todo el mundo (vía sicarios económicos, o consejeros políticos)  que la forma más fácil de mantener el poder, delegado o no,  es utilizando los recursos de sus súbditos. Fundamental hacerles creer que es por su bien. Todo está en los libros o La Farsa del Cornudo, Apaleado y Contento.
Si el problema ha empezado porque las familias y empresas estaban demasiado endeudadas, ¿cómo lo arreglamos? Endeudando al Estado.
¿Y la solución?

En los próximos años, los gobiernos occidentales tendrán que incrementar de manera dramática los impuestos, provocar una elevada inflación, suspender pagos o una combinación de las tres opciones.

Ya lo dijo uno de los sabios más importantes del pasado siglo:

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados

La única respuesta que se me antoja posible, descartado el hacer rodar cabezas por razones de imposibilidad material, es evitar tomar parte en un juego perverso, desde una posición estrictamente personal: rechazar las subvenciones, rehusar los regalos envenenados que vengan del estado y construir tu vida de acuerdo a tus creencias y tradiciones. Algo que me enseñó George Stone, en una fábula imprescindible para sobrevivir (JPQuiñonero®)

Suena Nada es gratis en la vida, de Cuarteto de Nos.

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