La supervivencia

Tal vez mis lectores recuerden el caso de la austriaca Natascha Kampusch. Por si no fuera así, les refrescaré la memoria.

Natascha fue secuestrada, en su camino de casa al colegio, el 2 de marzo de 1988, a los diez años, por una especie de maníaco o sociopata, de nombre Wolfgang Priklopil. Este invíduo previamente había excavado en el subsuelo de su vivienda un zulo, cuyo acceso sólo era posible a través de un túnel subterráneo, oculto tras varias barreras puertas y hasta una caja fuerte ante la que se abandonó varios objetos a modo de trastero.

Natascha permaneció a merced de su raptor hasta el momento de su “autoliberación”, como ella misma la denomina en su libro, el 23 de agosto de 2006, tras más de ocho años.

En ese momento los periodistas, escritores y opinadores de medio mundo redactaron sus impresiones al respecto, la joven concedió alguna entrevista y, ahora, relata en primera persona, en el libro del que nos ocupamos, su complejo periplo.

En los días de su liberación Fernando Arrabal escribió en el diario El Mundo: “El psiquiatra carcelero y manipulador ha conseguido que el primer arco iris de Natacha fuera del «zulo» haya sido en blanco y negro”.

En verdad, las fuerzas de seguridad no salen demasiado bien paradas en el libro. Aunque, en su momento, algunas voces afirmaron que la policía registró la furgoneta en la que fue raptada Natascha, ella nos cuenta que, en los primeros días de su secuestro, la policía visitó al raptor, que éste se brindó a mostrarles el vehículo, lo que los agentes cortésmente por considerarlo innecesario.

Tras la autoliberación de Natascha el secuestrador se suicidó lanzándose al paso de un tren.

Con todos estos datos los cazadores de morbo podrían frotarse las manos ante un plato jugoso. Pero Natascha en su libro evita esa trampa. Ella reconoce que ha silenciado algunos detalles para preservar siquiera algo de intimidad sobre su vida durante los años del secuestro.

La autora escapa de la autocompasión, así como del mero relato testimonial. En las primeras páginas nos describe cómo era su vida antes del secuestro. Y ya en esas líneas sabemos que el secuestrador no pudo elegir peor víctima para cumplir sus ensoñaciones de grandeza.

Natascha se revela, a nuestro juicio, como una niña con un riquísimo mundo interior en potencia, desarrollado por el confinamiento, reflexiva y de una sensibilidad poco común.

Por otra parte, la autora demuestra haberse tomado muy en serio el proceso de redacción del libro con el fin, como ella misma afirma, de pasar esa página de su vida. Natascha ofrece cifras y datos de los casos de secuestro y asesinato de niñas inmediatamente anteriores a su caso en Austria y alrededores. Además, a lo largo del libro, se descubre como una joven inteligente, con una abrumadora fuerza de voluntad y una aguda capacidad de análisis. Todo esto lo decimos sin el propósito de idealizar a la autora. En todo caso suponemos que los citados aspectos de su personalidad pudieron hacerle más dolorosas algunas partes de su vida con el raptor, puesto que, si ella hubiera sido una niña más sumisa se hubiera plegado tal vez con más naturalidad a los caprichos egomaníacos del raptor. Pero ¡entonces habría sobrevivido tanto tiempo? ¿Hubiera tenido la entereza de aprovechar un descuido de su secuestrador para huir?

Los títulos de los capítulos son sumamente reveladores, así como los datos sobre el progresivo secuestro interior al que la somete su raptor con el único fin de anularla como ser individual.

Mientras uno avanzaba en la lectura recuerda los testimonios de personas que sobrevivieron a los campos de exterminio nazis, tanto por la objetividad con la que se nos relatan hechos terribles, como por el terror psíquico que el verdugo imprime en su víctima. Y, en efecto, varias páginas después Natascha nos descubre que su raptor “valoraba de forma especial” el libro Mi lucha de Adolf Hilter.

Pero el mayor acierto de la autora reside en que en ningún caso 3.096 días se corresponde con el libro que la sociedad esperaría de una víctima.

Con habilidad y prudencia pone la autora el dedo en la yaga cuando refiere que tras una persona respetable y pacífica en su vida diaria puede ocultar a un ser con los problemas psiquiátricos y personales de un Wolfgang Priklopil.

Ella misma lo expresa a la perfección: “Esta sociedad necesita criminales como Wolfgang Priklopil para ponerle rostro a la maldad que habita en ella y apartarla de sí. Necesita las imágenes de zulos escondidos en sótanos para no tener que mirar en las muchas casas y jardines en los que la violencia muestra su cara más burguesa. Utiliza a las víctimas de los casos más espectaculares, como yo, para librarse de la responsabilidad de las numerosas víctimas sin nombre, a las que no se ayuda… aunque ellas pidan ayuda.

Delitos como el que se cometió contra mí forman la estructura en blanco y negro de las categorías del bien y del mal en que se sustenta la sociedad. El secuestrador tiene que ser una bestia para que uno mismo pueda estar en el lado bueno. Hay que adornar su delito con fantasías sadomasoquistas y orgías salvajes hasta que no tenga nada que ver con la vida propia.

Y la víctima tiene que estar rota y seguir así para que funcione la externalización de la maldad. Una víctima que no asume este papel personifica la contradicción en la sociedad. No se quiere ver eso. Habría que ocuparse de uno mismo.

Por eso provoco sin querer reacciones negativas en algunas personas

Como ya he señalado más arriba Natascha no asume el papel simplista de víctima, sino que se adentra en las complejidades de su circunstancia.

Este libro posee el valor de la alta literatura. La autora recuerda que pasaba el tiempo en el zulo (cuando el raptor se lo permitía) viendo películas, series en vídeo, leyendo o, incluso, escribiendo sus propias novelas. Es evidente, que la joven autora posee una capacidad de elaboración narrativa propia de un autor experimentado.

Por otra parte, la lectura de su libro puede ayudar, e incluso despertar del confinamiento invisible, a personas que padecen agresiones psicológicas, así como a víctimas de abusos físicos de cualquier tipo.

Reconocemos que la personalidad de Natascha nos ha impactado y, en gran medida, transformado, eso que sólo consigue la literatura de profundo aliento.

3.096 días es un libro del todo recomendable y, me atrevería incluso a decir de lectura obligatoria, porque no sólo narra el terrible secuestro (en todos los sentidos) de Natascha Kampusch, sino que muestra una parte de nuestra sociedad occidental y “civilizada” que, por incómoda, se intenta ocultar.

Natascha Kampusch ha escrito, con su experiencia personal como hilo conductor, un alegato a favor de la libertad en todo su esplendor.

3.096 días
Natascha Kampusch
Editorial Aguilar, Madrid

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