La nacionalidad de los peces

Sobre todo a principio de curso, Granada se empapela de cartelones que anuncian fiestas Erasmus. En esencia, una fiesta Erasmus está compuesta por un antro abarrotado de tipos tipo “Capitán Ahab ” - obsesionados por cazar a una ballena blanca (rubia, ajos azules y piernas larguísimas de vodka)-, un puñado de amigos sentados en una esquina bebiendo cerveza y comiendo cacahuetes, y un par de guiris con chanclas de dedo y estética neo-hippi más perdidas que el Guadiana. Vamos, una trampa para ratones.

Tampoco quiero que se me malinterprete, entre tanto Ahab baboso siempre se luce más de un Ismael. No en vano, la leyenda universitaria ya lo llama programa Orgasmus.

El sexo de pub, ron y látex se basa en la máxima del “there’re plenty of fish in the sea”. Y hay muchos peces en el mar; aunque pocos bilingües. Una sola noche de fiesta daría para hacer una tesis en antropología de la incomunicación; no hay mejor sitio para entender que cada acto y cada conducta tiene una carga simbólica inmensa: son en si mismas, lenguaje. Toda tecnología de la persuasión sobre las bases neurobiológicas en las que se asienta es algo profundamente cultural: lenguaje.

Y el lenguaje establece una asimetría entre el nativo y el advenedizo. Tender puentes sobre el abismo comunicativo que representa la pluralidad de lenguajes, modismos y conductas es algo complejo; ya sea el contexto de una fiesta o el de una cumbre internacional.

Es cierto que nuestra Erasmus Party es, en el fondo, una Bruselas en pequeño. Un antro lleno de personajes cojos obsesionados por llevarse la mejor parte, un puñado de amigos que se reparten los votos en Eurovisión y un par de países que pasaban por allí. Hace un par de meses, el profesor Branchadell en ElPaís afirmaba que el lenguaje de Europa será la traducción; yo estoy más con Lodares , empezamos traduciendo y al final todos british y pagando en yuanes . Al fin y al cabo, las lenguas tienen efectos red obvios: en el garito granadino, a Pepe Nobel las noruegas se le dan como hongos. Y, ya saben, “es la economía, estúpido ”.

Por eso mismo, no tengo tan claro que el castellano tenga un futuro tan boyante como creía Lodares. Aún la globalización está poco avanzada y mientras tanto es muy posible que los movimientos migratorios (los hispanos son buena mano de obra) hagán que la lengua de Mendoza siga creciendo. Más tarde, y no mucho que ahora los años van AVE, los procesos que crearon el italiano o el alemán crearán una lengua unitaria. Pocas papeletas tiene el español.

Habríamos de quitarnos las sentimentalidades y avanzar una reflexión profunda sobre la lengua como tecnología que nos conecta al mundo. Y atrevernos a dar un paso al frente y, si es necesario, traducirnos El Quijote al inglés, al esperanto o al panocho. Así, a falta de entender la tecnología como un asunto político, al menos ligaríamos más; porque en política internacional como en el sexo o sabes latín o toca un solitario .

Comentarios

1 comentario en el artículo “La nacionalidad de los peces”

  1. Toño en 25-Mayo-2008 8:53 pm

    Hombre, el Quijote ya está traducido al esperanto desde hace mucho tiempo: http://www.delbarrio.eu/quijote.htm.

    Y, todo sea dicho, tu comentario de que “el lenguaje establece una asimetría entre el nativo y el advenedizo” es cierto. Precisamente esa es la razón de que algunos favorezcamos esa solución, el esperanto, como forma de evitar tal asimetría. Y es que el esperanto sirve hasta para ligar; pero sobre eso no voy a dar muchos detalles…

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