La historia, maestra de la hispánica ignorancia

La historia es maestra de los necios. Pero esto ya se ha dicho. Sin embargo, conviene repetirlo, porque las verdades, por el hecho justo de serlo, necesitan frecuentarse cada cierto tiempo para que no se conviertan en espuma devorada por el mar corruptor del tiempo.

Pues sí, la historia es maestra de los necios, y esto se cumple al milímetro en el tratamiento que en España se ha hecho de la historia a lo largo de los años –qué digo años, siglos… Pero no se preocupen, amigos míos, porque ahora los historiadores, esas almas de butaca caliente y dedos ágiles, nos van a sacar del atolladero… ¿Acaso el historiador influye en la opinión que tienen los ciudadanos sobre su propio tiempo pasado? En absoluto. Es más, ni siquiera los historiadores serios intervienen, con su saber crítico y objetivo, en la redacción de los libros de texto que nuestros jóvenes estudian, con ese celo que ponen siempre en todo cuanto seduzca a su pasividad de no hacer nada, excepto respirar y la digestión…

Por eso, en España, desde casi siempre, la historia no ha servido más que para lanzarse muertos unos a otros, para lanzarse reproches… La historia, en manos de los españoles, no es más que otra arma para atacar al otro –no es casi nunca la comprensión de un tiempo mutuo ya pasado, sino que es ordinariamente el cajón de sastre donde todos quieren rescatar culpas que activen los resentimientos de los vivos contra los vivos.

Cuando preparaba los materiales para mi primer libro, Las indecisiones del primer liberalismo español, me di cuenta de que el destino de Juan Sempere y Guarinos (intelectual liberal conservador al que he dedicado años de trabajo) era el destino funesto de cualquier español que se alzara en el presente como un enemigo de la historia de España. Pues bien: yo, con Juan Sempere y Guarinos, me declaro enemigo de la historia de España, porque es de este modo como marco mis distancias críticas con el pasado de una nación a la que, inevitablemente, amo. Amo España; desprecio su historia, rezongo contra su presente y anhelo su futuro. La tercera España, la verdadera tercera España, es la que funda su legitimidad en el presente, antihistoricista, la que considera, como Sempere, que el pasado no puede facilitarnos el camino, sino antes al contrario, sólo nos lo entorpecerá, porque en España el pasado es a menudo el principal obstáculo para el presente. No se trata de olvidar el pasado. En absoluto. Lo importante es que deje de ser una herramienta de odio y distancia, para que nuestra mirada sobre el tiempo anterior sea la sosegada constatación de que el pasado no puede ayudarnos, porque no es ejemplar. Como aquel Sempere, yo me considero hijo de la ilustración preliberal más antihistoricista. Por eso amo España, por su historia inejemplar, a la que trato de conocer, pero de la que no espero nada para mi presente –nuestro presente.

Dicho queda.

Del mismo autor sobre España:

Mentira e historia (Una lección de Sempere y Guarinos sobre lo histórico)
La II república de los irresponsables (De las chocheces históricas)
España: primer país postmoderno. (Reflexiones sobre la “política débil”)
España: primer país postmoderno. (Terror y culpa)
España: primer país postmoderno. (Románticos y postmodernos)

Bloguers que me inspiran al pensar la España actual:

Políticamente acorrecto
Noches confusas en el siglo XXI
Y sin embargo se mueve

Comentarios

3 comentarios en el artículo “La historia, maestra de la hispánica ignorancia”

  1. Pretor en 14-Junio-2008 2:00 pm

    Bueno, hombre, entonces qué hacemos… tiramos los libros de historia a la basura? … ñññññ creo que te pillo , se por donde vas, pero no estoy seguro… lo de la España posmoderna que enlazas, al principio parece una fantasmada de autocita, pero vale la pena, pero de todos modos, o yo no me entero o eres un ambiguo de cojones… aunque creo que no he perdio el tiempo leyendote

  2. ximo brotons en 16-Junio-2008 8:15 pm

    está Nicolás Antonio, de Sevilla, si no yerro, y su Biblioteca Hispana, ¿a inicios del XVIII?

    me gusta la crítica a los liberales románticos y a los reaccionarios, pero José I no era una opción, nunca lo fue, pienso yo, cambiar de dinastía, ni, para ser sinceros, la república.

    lo mejor para mí: una combinación de legitimidad borbónica en la línea, frustrada, de los Reyes Católicos, y por tanto de un progresivo secularismo o laicismo (regalismo), y una institución unitaria fuerte, combinada con un regionalismo a lo Jovellanos o Mayans, por los dos siglos de los Austria y los varios del pasado medieval, a propósito de los poderes y la sociedad civil. -no en cuanto a las instituciones, que deberían de ser “juntas”, “xuntas”, generalitats” y “cabildos” para pasar a ser simplemente “gobiernos autonómicos”.

  3. ximo brotons en 16-Junio-2008 8:17 pm

    “que deberían dejar de ser”

    “generalitats”

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