La cárcel del amor

16-Diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por Guillermo Arróniz

Hay libros que le dejan a uno enganchado para siempre. Por eso son imperecederos, forman parte de nuestro universo personal y mundo de referencias simbólicas. Es el caso de La cárcel del amor, de Luis Racionero, premio Azorín de 1996, según un jurado compuesto, entre otros, por Terenci Moix y Luis Antonio de Villena, lo cual ya es, de por sí, una garantía de calidad. El autor, buen conocedor de la Italia del Renacimiento (ha escrito, entre otros libros los ensayos Leonardo da Vinci, La ciutat, Leonardo y el andrógino, Florencia de los Médicis, y las novelas La sonrisa de la Gioconda y precisamente La cárcel del amor), tiene la sabiduría para fantasear con verosimilitud sobre aquel castillo de cristal en equilibrio que era la península a finales del siglo XV y principio del XVI. Pero esta obra es mucho más que un buen ejercicio de Literatura con visos de veracidad. Desde sus primeras páginas su poesía es capaz de engancharnos utilizando racimos de palabras sobre Roma que caen como un exquisito vino sobre nuestro paladar, una ambrosía que tiene colores múltiples.
La novela, encuadrada en el tiempo de los Borgia más famosos (Alejandro VI, Lucrecia, César), es un buen ejemplo de lo que puede dar de sí la historia de los españoles de renombre. Y hubiera sido o sería un magnífico guión de película. En este entramado de sigilos, misterios y conspiraciones Luis Racionero plasma un ingenio que bien pudo ser el propio de aquella etapa irrepetible de la cultura. Diálogos entre Maquiavelo y Leonardo que podrían haber tenido lugar, con toda la ironía y la brillantez de aquellas mentes privilegiadas; relatos de batallas contados con desprecio por la vida, con valor y sarcasmo; descripciones de los mundos en las sombras. Todo es placer en esta obra de un magnífico autor capaz de enredarnos en su cárcel de palabras de donde no se quiere salir, ni hallar la última página.

Luis Racionero.
Planeta, 1996.

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