Kill your Idols

El salto a la red que estamos viviendo en los últimos años ha dejado, al menos en lo que a mí respecta, una extraña sensación de impotencia. No negaré que nada se gana con esa actitud pero tampoco que sea fácil abstraerse de ella.

No se trata sólo de la ingente cantidad de información disponible, me refiero más bien a que para cualquier tema que se nos ocurra tenemos una versión y su contraria; matices a una y otra; y una tercera que nada tiene que ver con nada.

La bendita ignorancia borreguil tiene como principal ventaja el que todo se traga sin demasiadas complicaciones, comulgar con ruedas de molino, a fin de cuentas, no debe ser tan malo. Pero si uno decide hacerse algunas preguntas rápidamente se encontrará sepultado bajo tal cantidad de información que no le será nada fácil encontrar la salida del laberinto, a menos que hayamos decidido informarnos por los tradicionales medios de (in)comunicación de masas –Q desde el infierno® en cuyo caso difícilmente encontraremos el hilo de Ariadna que ayudó a Teseo a salir.

El camino está plagado de trampas puestas por los intereses de las partes en conflicto –intereses que no necesariamente tienen que ser ilícitos- y en la mayoría de los casos por terceros a los que se les presupone cierta independencia de criterio. No creo que sea tan malo ir cayendo en ellas, así es como se aprende lo bueno y lo malo de una idea, una situación o un lugar, conociéndolo.

Se pueden poner innumerables ejemplos de asuntos en los que es más fácil dejarse llevar por la corriente que nadar a la contra en busca de algo más de claridad: Irak, Tíbet, por supuesto el conflicto Israel-Palestina. Aunque quizá el caso más claro, y en el fondo el más inocuo, sea el llamado Calentamiento Global. Inmediatamente tenemos las clásicas dos posturas casi igualmente fáciles: nos estamos cargando la tierra porque nuestra ansia de riqueza = multinacionales + petróleo (simplificando la ecuación) y destrucción es infinita; o, simplemente, negarlo todo porque Al Gore y Rodríguez están sacando réditos económicos y políticos alentando la paranoia. Yo todavía no sé donde está la respuesta, pero algo sí va quedando más claro: que los que menos ruido hacen suelen ver las cosas de manera menos apasionada, por tanto con menor probabilidad de sesgo; y que en España nunca saldremos del oscurantismo si dejamos en manos de los tradicionales agentes –escuela, medios (in)comunicación- nuestra educación en las cuestiones que afectan al pensamiento global. Si crees que en España hay debate, de algún tipo, aquí tienes lo que se hace en otros sitios.

En resumen, no queda otra que mantenerse siempre en la búsqueda apoyándonos en aquellos que nos inspiren mayor confianza (el instinto no suele fallar en estos casos). Ellos nos ayudarán a ir aclarando el camino, o al menos a señalarlo, manteniendo, eso sí, una posición lo más honesta posible con uno mismo para matar los ídolos en el momento en que sean descubiertos.

Mientras tanto escucho The Man Who Sold the World de David Bowie.

Comentarios

2 comentarios en el artículo “Kill your Idols”

  1. davidballota.net » Blog Archive » Vértigo en 23-Mayo-2008 7:43 pm

    [...] al alcance de los perros que dice nuestro señorito en la revista más heterodoxa. Somos los salmoni de la Generación.Net. Raros de cojones. Transversales en el umbral del placer y de la extinción. [...]

  2. Ralph en 3-Junio-2008 11:37 am

    La ignorancia ha llegado al poder de todos. No se trata de la manipulación del pensamiento, sino del pensamiento. La verdad tampoco está en los libros pero si el poder de elección. Con solo apretar una tecla nuestro criterio se basa en determinar que “palabra clave” es la más correcta, en que número de página estará mi solución. Cuando el esfuerzo por el conocimiento pasa por hacer un sudoku o jugar a “Brain training”, los ídolos no existen.

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