Kaipa – “In the wake of evolution” (2010)

!Qué nivel tiene el rock progresivo sueco! Me declaro fan absoluto e incondicional. El progresivo actual está pasando por un momento dulcísimo, tanto en rock como en metal, pero desde luego que los suecos se llevan la palma. Lo curioso es que las mejores bandas de progresivo sueco están muy relacionadas entre ellas. Karmakanic, The Tangent, The Flower Kings… son grupos con nombres diferentes pero si nos fijamos en los componentes hay muchos que se repiten, como Jonas Reingold, Roine Stolt o Zoltan Csörsz. Pues todas ellas tienen como origen una banda llamada Kaipa, que publicó su primer disco en los principios de los setenta y que hoy en día sigue creando auténticas maravillas, como este “In the wake of evolution” o el anterior “Angling feelings”.

La música de Kaipa es un rock progresivo sinfónico con un sonido muy agradable y sencillo, sin estridencias ni excesos de ningún tipo y coloreado por instrumentos acústicos como guitarras, flautas o violines. Bellas voces, una femenina y otra masculina; buenas melodías, aunque se parezcan mucho unas a otras; solos y desarrollos instrumentales virtuosos pero entretenidos de escuchar y no demasiado largos; partes lentas y suaves pero también de ritmo medio muy rítmicas e intensas… Todo enfocado a que resulte fácil y agradable de escuchar.

Buenas credenciales, sí señor.

Lo curioso, o lo extraordinario, es que hacen todo esto en un contexto musical de gran complejidad y altísimo nivel técnico. Es lo mejor de la banda. Son capaces de utilizar compases compuestos muy complejos pero al mismo tiempo conseguir que la música siga siendo rítmica. De ahí es de donde pecan muchísimos grupos de metal progresivo de hoy en día, se dedican a complicar las cosas hasta el extremo, como para demostrar de lo que son capaces, como un niño cuando le dice a su padre ¡Mira lo que hago papa!, olvidándose completamente del ritmo, fundamental e imprescindible si quieres que lo que haces sea escuchable.

Hasta aquí todo muy bien. Sí sí. Pero a veces (sólo a veces), la música es como el amor. Al principio todo es maravilloso, tus ojos de corderito no ven más que la perfección, los defectos no molestan, hasta resultan graciosos, vives en una nube, sólo deseas su compañía y desesperas cuando no estás a su lado. Pero cuando pasa un tiempo…

Esto lo empecé a escribir hace unos meses, cuando sólo había compartido unos intensos días con este disco, la nueva niña de mis ojos. Pero ahora mi mirada ha cambiado, vuelve a ser la de siempre, halagadora o crítica según corresponda.

Y habiendo recuperado la razón me he dado cuenta de que las melodías cantadas de casi todas las canciones son demasiado parecidas, de que el tono del disco apenas cambia a lo largo del minutaje, de que el cantante, Patrik Lundström, se intenta parecer demasiado a Freddy Mercury, innecesariamente, porque tiene una gran voz, de que Aleena Gibson, la otra cantante, interviene demasiado poco, de que hay un par de partes intermedias de desarrollos instrumentales demasiado especulativos que cortan el ritmo y no hacen más que añadir minutos para alargar las canciones, de que al bajista Jonas Reingold, para mí la gran estrella del grupo, casi no se le oye…

Este disco no es perfecto, ni mucho menos, pero sí muy bueno, y para saborearlo bien se ha de escuchar con calma, sin emocionarse demasiado, dejando que pase un espacio de tiempo entre escucha y escucha, porque si no, se pueden cometer errores de principiante que te pueden llevar a aborrecer un disco injustamente.