Jorge Semprún: Las tres heridas

El amor, la muerte y la vida, las tres heridas, y una cuarta, la POLÍTICA, son la savia de la obra de Jorge Semprún (1923, Madrid). En sus guiones de cine hallaremos sus principales hitos biográficos y los de su alter ego FEDERICO SÁNCHEZ (alias que utilizaba en la actividad clandestina contra la dictadura franquista).

Al término de la Guerra Civil, Semprún se desplaza con su familia a París, donde actualmente reside. En la Francia ocupada toma parte en la resistencia. “Te sumergiste, gustoso y gozoso, a los dieciocho años, en la actividad clandestina de la resistencia antinazi. Soportaste, sin mayores problemas, con una curiosidad intelectual inagotable, la experiencia del campo de concentración en Buchenwald. Volviste a zambullirte, con una especie de salvaje alegría vital, en la clandestinidad española, a partir de 1953”.

Se afilia al Partido Comunista de España (PCE) en 1942, pero es a partir de 1953 cuando asume el riesgo de ser “cazado”, el “sentimiento de inmortalidad” de los héroes. Después de haber llegado al Comité Central y de haber coqueteado con la lírica estalinista, reacciona contra el integrismo del partido. En 1962, es retirado por Carrillo de la actividad clandestina, hasta su expulsión en 1964. En su primer guión de cine, La guerra ha terminado, vindica su individualidad por encima de cualquier agrupación política («el individuo, por tanto, es lo irrecuperable por las ideologías, las creencias y las vigencias y los poderes») La película La confesión abre viejas heridas:

«Despierta, Lenin. Se han vuelto locos»

Semprún no volvería a desempeñar actividades políticas hasta ser Ministro de Cultura en el gobierno de Felipe González.

Un repaso somero a su vida permite intuir las constantes temáticas de su obra: “la clandestinidad como camino hacia la conquista de una verdadera identidad. La política como destino individual, como un arriesgarse y realizarse, tal vez a través de la muerte libremente contemplada y la libertad como factor decisivo de todo compromiso político y existencial”.

A estas constantes temáticas podemos sumar una estilística, la ESCRITURA DIGRESIVA. A través de una pequeña anécdota, se establecen diversas asociaciones y desviaciones y se producen innumerables saltos cronológicos componiendo un tiempo subjetivo o mental (“todavía están por venir los viejos tiempos”). Este recurso parece influencia directa de la Nouveau Roman, que ignora en muchos casos los conceptos de intriga, lógica secuencial y vulnera los estatutos del narrador y del personaje. El director de cine Alain Resnais había interiorizado estos rasgos, por eso, junto con Costa-Gavras, que aún hoy sigue optando por un cine político inmediato, se convierte en el mejor traductor de los guiones de Semprún. En reciprocidad con el primero, desarrolla La guerra ha terminado y Stavisky; con el segundo, Z y La confesión. Estos pueden considerarse sus trabajos capitales junto con Une femme à sa fenêtre, de Pierre Granier-Deferre.

La guerra ha terminado (La guerre est finie, 1966). Para sus anteriores films, Resnais había contado con textos de Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet y Jean Cayrol, que no eran guionistas al uso. Con Semprún rodó la que era hasta el momento su película más clásica, nominada al Oscar por Mejor Guión Original. Diego (Yves Montand), enlace entre la dirección del PCE en Francia y la organización secreta del interior, se halla en crisis intelectual. «España meca del turismo o leyenda de la Guerra Civil, todo mezclado con Lorca. (…) Ya estoy harto de la leyenda de España. (…) Yo no estuve en Teruel ni en la batalla del Ebro. Los que hacen cosas por España, cosas importantes, no estuvieron allí. Tienen veinte años, a ellos les mueve el futuro, no el pasado. España no es el 36, sino la realidad del 65, por más desconcertante que sea»

Z (Z, 1969) denuncia los métodos violentos utilizados por la extrema derecha y la dictadura de los coroneles en Grecia, tomando como punto de partida el asesinato de líder pacifista Grigoris Lambrakis. Vassilis Vassilikos, autor de la novela en que se basa el guión, declaraba que la muerte de Lambrakis era un acontecimiento decisivo para la conciencia política griega, adormecida por la horrible propaganda de la extrema derecha. Z (en griego clásico, “vive”) ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

La Confesión (L’aveu, 1970) critica los excesos y purgas del estalinismo. El punto de partida es el libro-documento de Artur London. Yves Montad interpreta a Gérard, Viceministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia, que participó en la Guerra Civil Española en calidad de brigadista, luchó con la resistencia francesa y fue a parar a Mauthausen. En los 50, cuando el bloque soviético se siente amenazado por los procesos de democratización y engorda sus listas de sospechosos, Gérard conoce la tortura de mano sus propios camaradas, que le instan a confesar, pero… «¿Confesar qué?».

Stavisky (Stavisky, 1974) El contexto histórico de los años 30 (la persecución racial) se funde con la trama en derredor del personaje que da nombre a la película, un estafador (Jean-Paul Belmondo) que a punto estuvo de provocar la quiebra del estado francés, construyendo un imperio en base a fraudes y cambios de identidad. Aún cuando el caso Stavisky trajo consigo una crisis que llevó a la caída del Gobierno, esta es la película menos política de las hasta ahora vistas. Al respecto, hay que recordar que se trata de un encargo con el que Resnais trata de remontar su carrera.


Una mujer en su ventana
(Une femme à sa fenêtre, 1976) parte de la novela homónima de La Rochelle. La protagonista es una duquesa (Romy Schneider) que cae enamorada de un líder comunista perseguido en la Grecia del general Metaxas. «Para mí la política es la voluntad de oponer la toma de conciencia a la resignación; la palabra a la súplica; los riegos de la vida a las falsas certezas de la muerte».

Como gran parte de la obra de Semprún, un viaje de lo privado a lo público, de lo sentimental a lo político.

Comentarios

1 comentario en el artículo “Jorge Semprún: Las tres heridas”

  1. Armando en 26-abril-2010 4:30 pm

    Soportaste, sin mayores problemas, con una curiosidad intelectual inagotable, la experiencia del campo de concentración en Buchenwald.

    Jorge Semprún lleva medio siglo silenciando aquellos trabajos suyos en Buchenwald, cuando todavía está por historiar la importancia de las censuras stalinistas contra los escritores españoles del exilio exterior: los escritores del exilio interior fueron víctimas, al mismo tiempo, de la represión franquista y de las ominosas denuncias de los comisarios stalinistas.
    En el blog de JPQ. Pero hay más, no creas, apenas hurga un poco.

¿Quieres dejar un comentario?