Ignacio García May: “Todo lo que nos quita la vida, las ganas de vivir, es vampírico”

14-Diciembre-2009 · Imprimir este artículo

Por Rubín de Celis

Desde el 3 de diciembre de 2009 hasta el 10 de enero de 2010 el conde chupasangres más famoso de la historia, el dandy más perverso y pernicioso, batirá sus alas sobre el escenario del Centro Dramático Nacional (Sala Valle-Inclán). Ignacio Garcia May, dramaturgo y director del espectáculo, se ha propuesto desnudar el mito, extrayendo su significado profundo.

Drácula en el cine, en la literatura, en el cómic… Hay un Drácula turco; está Blackula, el vampiro del Black power; un Drácula porno (Drácula chupa)… En fin, ¿cuál es el Drácula con el que te quedas?

El de la novela original, sin duda ninguna. Y sobre todo con esas partes de la novela que nunca se han hecho y que son las que intentamos hacer nosotros: aquellas que no tienen que ver con la acción, sino con la emoción de los personajes, con sus miedos y sus deseos, y con su reflexión, casi teológica, sobre el bien y el mal.

Quizás por culpa del cine, la gente identifica a Drácula con terror y se olvida del aspecto sexual del mito. ¿Tú eres de los que opina que el conde era Freud en estado puro?

Yo creo que hay una idea equivocada sobre la represión victoriana/eduardiana; no es que no hubiera sexo, es que no se mostraba. Pero en esa época prolifera la literatura pornográfica, en la que colaboraron incluso autores mayores como el capitán Richard Francis Burton, y los periódicos se regodearon en todo el aspecto sexual de los crímenes de Jack el Destripador. Por otra parte, en Drácula hay erotismo, pero no sólo erotismo. Y me gusta más Jung que Freud. De hecho, nuestro Van Helsing es un trasunto de Jung.

En cierto modo, ¿Drácula no es un Casanova o un Don Juan perdido de tanta noche?

Drácula es, más bien, un Milosevic, acostumbrado a vivir en el horror y a generarlo hasta el punto de convertirlo en su medio natural. Creo que el aspecto sexual del mito se ha exagerado en virtud, insisto, no de la represión eduardiana, sino de la de los propios comentaristas e investigadores del mito, que proyectaban (Jung, de nuevo) sus propias fantasías incumplidas…

Has comentado que los góticos saldrán defraudados de tu obra…

Frankenstein es un libro gótico, pero Drácula no. Drácula es una paradoja literaria radical: es la novela fantástica del naturalismo. En ese sentido, hemos sido fieles a la estética original. No queríamos hacer una obra de Tim Burton, sino de Bram Stoker (y de su mundo: Henry Irving, Gordon Craig, Ellen Terry, Bernard Shaw…)

Coincides en la cartelera con Luna nueva, fenómeno mediático para fans adolescentes. Ahora las niñas de quince años se tirarían al cuello del primer vampiro que pillaran. ¿Qué es lo que los hace tan seductores?

Los vampiros de diseño son una metáfora de esa sociedad que pretende mantenernos a todos jóvenes, guapos, musculosos: la sociedad del botox y de los gimnasios. Pero, francamente, yo que fui (y no por voluntad propia) el más joven de los jóvenes dramaturgos, cuando el teatro español se inventó ese concepto falaz en los ochenta, estoy muy feliz de cumplir años. Lo que las adolescentes no saben es que el vampiro no da la vida eterna, sino la muerte eterna. Como el botox…

Conocerás algunas de las numerosas versiones escénicas de Drácula. Varias de las películas, y sé que eres cinéfilo, se basan en ellas… ¿Te has apoyado en alguna de esas adaptaciones de la novela de Stoker o has tirado por tu propio camino?

Creo que, sin exageración, las he visto todas, incluso la versión turca de la que hablabas al principio… Y, como espectador, tengo cierta querencia por las películas de la Hammer, no sólo las de Drácula. Pero no me he basado en ninguna de ellas. Por el contrario, nuestras referencias iban por otro camino: hemos hablado de Dreyer y de Tarkovski.

¿Y en la literatura, has repasado a los Goethe, Byron y Polidori, Hoffmann, Le Fanu, Dumas y compañía?

También los he leído mucho, en su momento. Pero tampoco han sido referencia inmediata. En este caso, de quien hemos hablado en los ensayos era de Ibsen, de Maetterlinck, de Chejov.


Y, hablando de referentes, ¿cómo sobrevivir a toda la iconografía de la que se ve envuelto el personaje? ¿Cómo ser impermeable a la cabeza rapada de Nosferatu, a esa estética kitsch de las antiguas películas de la Hammer, a la mirada de Bela Lugosi?

Volviendo, tozudamente, al libro y a la época fascinante en que se escribió. Stoker es contemporáneo de Oscar Wilde, de Yeats, de William Morris (que también está en la escenografía) de Machen, de Crowley…

¿Qué puedes adelantarnos de la puesta en escena? ¿Hay muchos efectos o has optado por una contención más clásica?

No hay capas, no hay colmillos, no hay sangre, no hay estacas. Unos cuantos paneles (Gordon Craig estuvo en el origen de la propuesta) y dos sofás. Sí que jugamos bastante con la luz y hemos buscado (y espero haber conseguido) un naturalismo actoral.

Roger Vadim afirmaba en un libro que los vampiros están entre nosotros, ¿qué opinas?

¡Tengo la primera edición de ese libro! Incluye un relato maravilloso de Gogol, El viyi, del que se hizo una película rusa también fascinante. Los vampiros siguen, por supuesto, aquí: todo lo que nos quita la vida, las ganas de vivir, es vampírico.

Existen muchas formas de ocio: se puede leer un libro, salir a correr, jugar a baloncesto o incluso relajarse en casa. Lo bueno de internet es que ha traído la oportunidad de jugar en un casino desde casa. Lo mejor es que se puede jugar con bonos gratis, aprovéchese de ellos

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