Gorbachev

Figura admirada y denostada a partes iguales tanto dentro como fuera del país. Aparecer como imagen de marca de lo peor -¿acaso de lo mejor?- del capitalismo; o como amable vecino y mejor amigo de los yanquis quizá haya contribuido a acercar al gigante desconocido al siempre ingrato occidente. Lo que seguro ha hecho ha sido alejarle de su pueblo y cimentar el muro de indiferencia, en el mejor de los casos, y rechazo a su figura levantado, un suponer, por esos nuevos rusos que necesitaban un cabeza de turco a quien culpar de todos los abusos que ellos estaban dispuestos a cometer.

El pueblo ruso nunca le perdonará ser la figura al mando cuando el imperio pasó de superpotencia mundial a mercado emergente en apenas unos años.

De orígenes humildes (como debía ¿debe? ser), fue el miembro más joven en formar parte del Politburó para, en seis años, convertirse en Secretario General del Partido. Nada más llegar al poder entendió que, por fin, había llegado la hora del cambio. Tanto por el desastre económico en el que ahondó la presidencia de Brezhnev, como por la distensión que el propio Leonid Brezhnev preparó e impulsó. Por esta razón, tras hacerse con el mando del Partido y, por tanto, del imperio, anunció que una reorganización de la Unión Soviética era necesaria.
Las reformas introducidas por Gorbachev en los siete años que se mantuvo al frente de la Unión Soviética se basaron en dos pilares fundamentales: перестройка y гласность . En 1986, durante el XXVII Congreso del Partido la perestroyka vio la luz. La intención de sus promotores fue la de descentralizar y abrir la economía, impulsar la iniciativa privada (por primera vez desde tiempos de Lenin se permite la propiedad privada), modernizar la industria y los modelos de gestión, así como luchar contra la corrupción o el alcoholismo. En 1988 se habló de glásnost, de libertad de expresión, libertad religiosa, libertad de prensa y pluralismo político. Miles de presos políticos fueron puestos en libertad y las críticas al gobierno se hacían desde los propios medios gubernamentales.
A finales de los ochenta las sesiones del Politburó se retransmitían por televisión. Al líder se le podía criticar. Ferozmente. Y a ello se lanzaron los rusos de uno y otro signo con el entusiasmo y la crueldad de un niño con un juguete nuevo. Los reformistas criticaban la lentitud de los cambios. Los conservadores su velocidad y amplitud. Sin poder contentar a nadie, cada vez más solo y traicionado una y otra vez por supuestos aliados, ella sola se murió.

Cuando Gorbachev fue depuesto -escribe Tatyana Tolstaya en The Time- por alguna razón todo el mundo pensó que era algo bueno. Los conservadores estaban encantados porque, a sus ojos, él fue la causa de la desaparición del régimen (y estaban en lo cierto). Los radicales estaban felices porque, en su opinión, él era un obstáculo a la independencia de las repúblicas y demasiado cauteloso a la hora de promulgar las reformas económicas y políticas (también estaban en lo cierto) [..] Por raro que parezca, nadie pensó nunca que Gorbachev fuera particularmente honesto, justo o noble. Pero tras su marcha, el país se vio anegado por la deshonra, la corrupción, la mentira y el bandidaje descarado.

En 1996 se presentó a las elecciones generales pero apenas cosechó un 1,5% de los votos, convertido ya, en el mejor de los casos, en ídolo Pop de juventudes ávidas de hedonismo; o simplemente en una caricatura de la que burlarse.

La nueva Rusia, que arranca con Putin, fue vista en un principio con buenos ojos por Gorbachev. No en vano es un ruso más : “Apoyo abiertamente a Putin por la simple razón de que su primera etapa como presidente nos trajo estabilidad y mayor capacidad de maniobra. Proyectos positivos se han puesto en marcha bajo la presidencia de Putin. Se ha hecho un gran trabajo en el desarrollo de un estado democrático con una economía de orientación social” pero también fue criticada su deriva totalitaria
“las autoridades rusas han vuelto la espalda a las reformas estructurales y en su lugar se han dedicado a satisfacer sus propio anhelos, inventando el mito de «superpotencia energética». Los recursos son dirigidos, no a la protección de los intereses de la mayoría de ciudadanos sino a salvar las propiedades de un estrecho círculo de influyentes empresarios”

Cuando pensé en escribir acerca de Gorbachov (como se ha traducido en España) ya tenía el final pensado. Acabaría con una cínica sentencia que me dejaría a un abismo del personaje, alineándome con los que se burlaban. Es un fracasado, pensaba ufano. Al final la empatía ganó el pulso y el poso es de respeto sincero a uno de los grandes personajes de la Historia.

Suena Dumb Poet, de los Immaculate Fools.

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Comentarios

4 comentarios en el artículo “Gorbachev”

  1. Toni en 1-Abril-2009 11:57 am

    La crisis actual comenzó con la caída de la URSS.
    La prepotencia del capitalismo sin contestanción nos ha llevado a la ruina. ¿Volveremos al socialismo real?

  2. Armando en 1-Abril-2009 12:39 pm

    Lo cual nos dice que la crisis actual comenzó con la revolución Bolchevique. O mejor aún, con Marx. O mejor aún, con los primeros cristianos. O mejor aún, con los griegos, a principios del siglo VII antes de Cristo.
    Si dios quiere, no.

  3. Gerard en 2-Abril-2009 12:44 pm

    Inmejorable retrato, enhorabuena, se nota que escribe usted con conocimiento de causa.

  4. ximo brotons en 12-Abril-2009 8:03 pm

    gracias a Gorbachov.

    y sobre todo gracias a Reagan, que se saltó el guión.

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