Facebook

19-Diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por Antonio Dyaz

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Caralibro. Esa es la cruda traducción de la red social más popular en Internet aunque, siendo menos severos, podríamos conformarnos con Libro de Caras. ¿Quién no ha recibido alguna vez una invitación de Facebook?
Si decidimos formar parte de esta comunidad virtual, pronto veremos que su intención básica es de alcoba, o no se entendería que la tercera pregunta del formulario de registro sea, simplemente:

Sexo

(Para responder nos ofrecen cuatro posibilidades)

a) En la universidad / escuela de posgrado
b) En una empresa
c) En el instituto
d) Nada de lo anterior

Nótese que sólo dice “Sexo”. No especifica “¿Dónde practicó sexo por última vez?” o “¿Dónde le gustaría practicar sexo?” o “¿Dónde ha mostrado su sexo al público?”…
La parquedad del enunciado despierta las peores sospechas, sobre todo porque la siguiente pregunta, lo crean o no, TAMBIÉN se titula “Sexo”, aunque en este caso sólo se trata de indicar si somos ÉL o ELLA.
Hace algunos meses, sin mi consentimiento pero con buena intención, alguien me dio de alta en Facebook. Desde entonces toda clase de cadáveres del pasado me envían esperanzadores mensajes del tipo “Realmente ¿eres tú?”. Personas que desaparecieron de mi vida sin mirar atrás ahora se conmueven ante la sombra que arrojan mis bits… Hipocresía digital. Por si eso fuera poco, numerosos desconocidos solicitan mi amistad, cuando ni siquiera me suenan sus nombres. Y si no contesto, el propio sistema Facebook les enviará un correo parecido a: “Antonio Dyaz rechaza su invitación para ser amigos”.
Con ello me estoy granjeando la antipatía de mucha gente, porque Facebook transforma en una afrenta mi derecho inalienable a guardar silencio.
Hoy día, en cualquier fiesta encontraremos dos o tres idiotas cuyas cámaras o móviles 3G son capaces de cazarnos con una resolución de 5mpx. Si estoy bailando sobre una mesa, maquillado, semidesnudo, mostrando mi lencería secreta y en actitud procaz (basado en hechos reales), alguien me puede hacer la foto, colgarla en la red, poner mi nombre…
Perdería mi plaza de profesor de catequesis en la Universidad Pontificia de Comillas. Y, lo que es peor, me echarían de la COPE.

© Antonio Dyaz, 2008

Comentarios

1 comentario en el artículo “Facebook”

  1. Gonzalo Castillo en 17-Enero-2009 3:47 am

    Te hemos descubierto. Tu mascara de humanidad ha caído.

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