Entrevista a Pilar Adón

Por Emilia Lanzas

“A pesar de su dificultad, ser escritor es una buena opción”
Pilar Adón (Madrid, 1971), Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense, es poeta, narradora y ensayista. Con diecisiete años ganó su primer premio literario en el Concurso de Relato Breve de Radio Nacional de España-R3.
Con Donde acaba la creencia, obtuvo el Premio Regenta de Ensayo. También ganó el I Premio Nuevos Narradores Ópera Prima, en 1999, con El hombre de Espaldas. En 1998, participó en la Primera Exhibición Internacional de Poetas Contemporáneos de la Universidad St. Thomas de Fredericton, Canadá. En la actualidad, ejerce la crítica literaria en el suplemento Caballo Verde, del periódico La Razón. Otras obras suyas son: Todavía la luz (ganadora del Premio Ategua de Novela Breve, 1997) y Las Hijas de Sara (2003), y los libros de poesía Sesión de tarde y Poems Nipples. Acaba de publicar la colección de cuentos Viajes Inocentes, en la editorial Páginas de Espuma.

Los cuentos que conforman Viajes Inocentes parecen unificarse, más que por el hecho de que los personajes estén en tránsito, por la atmósfera asfixiante y onírica que los configura.

Para mí los ambientes son muy importantes, y no sólo en narrativa sino también en poesía. Los ambientes son una forma de captar al lector, por medio de ellos se ubica la historia, se sitúa en un espacio y en un momento determinado a partir del cual, logrado ese punto, todo lo que le cuentes al lector se lo va a creer porque ya está introducido en el texto y es, en alguna medida, partícipe de él. Por eso los ambientes son fundamentales y, cuando has leído un libro y pasa el tiempo, en lugar del título de la obra o de determinados personajes, te sueles acordar de todo aquello que envuelve el texto y que provoca que puedas trasladarte de nuevo a él.
Los personajes de Viajes Inocentes van de una situación no aceptada a otra que supone una esperanza. Ese momento de tránsito, ese estado mental, no es fácil. Dejas una rama de la que cuelgas y te agarras a otra. Se pierde el control. Se abandona la rutina diaria, la planificación. Ese momento de tránsito lo reflejo con los ambientes opresivos, asfixiantes…

Los personajes de estos cuentos se caracterizan, además de por anhelar un cambio y por su condición desamparada, por mentir a menudo.

Los personajes son conscientes de su situación de frustración y así mismos intentan no mentirse; pero otra cosa es cómo sigan actuando…

Cuando no se viaja, ¿se enferma de excesiva cordura?

Sin duda. Y ese mensaje está presente en mi libro. En este sentido, me ocurre que cuando termino una obra es cuando descubro el leit motiv que la ha propiciado. Cuando acabé Viajes Inocentes me di cuenta de que el miedo mueve a los personajes, no el dinero ni el amor. Ese es el principal leit motiv; otro podría ser la cordura. En el día a día mantenemos el control y por eso nuestra apariencia es la de saber lo que estamos haciendo. En cambio, cuando viajas (aunque como decía Paul Bowles ya no existen viajeros, sólo turistas) abandonas el orden y aparece la locura, en mayor o menor medida.

¿Qué función tienen los poemas que separan los cuentos de Viajes Inocentes?

Cuando terminas un relato y pasas inmediatamente a otro, se produce una ruptura excesivamente brusca. Una historia se acaba y pasas a otra totalmente distinta. Para dulcificar ese tránsito decidí introducir los poemas que aluden y recrean características del relato anterior. Con esa imagen de tránsito es más fácil pasar al cuento siguiente.
A mí me ocurre que cuando leo un libro de relatos, cuando acabo uno de los cuentos y abandono su universo para pasar al siguiente, me asalta una especie de nostalgia, siento como si hubiese cometido una traición que yo como lectora cometo con la historia que acabo de leer.

Aunque te iniciaste escribiendo cuentos, has cultivado también poesía y novela. Independientemente de sus diferencias formales, ¿cómo te condiciona un género u otro?

Para mí, el género más complicado es el relato. El relato exige del escritor un autodominio brutal, incluso más que la poesía. Por ejemplo, el escritor de cuentos tiene que tener una capacidad increíble para elegir correctamente cada una de las palabras que va a utilizar. Igualmente, a la hora de narrar una historia, aunque el escritor sólo lo perciba de manera intuitiva, tienen que coexistir dos historias, por lo menos, a la vez. La obvia, la que lleva al lector de la mano, la aparente, y la subterránea, que es lo que fija la universalidad del relato. Y todo esto en un espacio muy limitado.
Del mismo modo, los cuentos tienen que tener algo del ritmo de la poesía. James Joyce decía que si una frase no te convence, si tienes alguna duda sobre ella, léela en voz alta; óyela, entonces decide. Escribir cuentos es, sin duda, una tarea laboriosa.

En España no ha habido nunca una auténtica tradición cuentística, pero parece que es ahora cuando el género está repuntando. ¿Le auguras un buen futuro?

Es cierto que España está a gran distancia del mundo anglosajón en donde el cuento se encuentra al mismo nivel que la novela. Aquí se está empezando, gracias a determinadas editoriales, como es el caso de Páginas de Espuma, que están asumiendo riesgos. También hay cada vez más lectores de relatos lo que debemos en parte a la fuerza de la literatura latinoamericana, en donde también el cuento tiene preponderancia.

Pero cuando en España se produjo el llamado “Boom”, y se publicaron masivamente cuentos de Cortázar, Borges… Eso no estuvo asociado a una mayor producción autóctona del cuento.

Sí, a pesar de la categoría de estos autores, el relato continuaba considerándose un género menor; pero esa es una tendencia que se está corrigiendo y, estoy segura, cambiará en un futuro. El cuento acabará teniendo el lugar que le corresponde.

Se sigue pensando que la novela -por mediocre que sea- comporta un mayor prestigio. Además tiene el apoyo de las grandes editoriales…

La novela se asocia con los cuantiosos premios literarios en donde los escritores reciben millones y millones, y una gran difusión mediática. También, por razones diversas que no siempre son literarias, la novela es más fácil de vender y encabeza las listas de los bestsellers.

¿Cómo marca publicar tan joven? ¿Has conseguido vivir de la literatura?

No, no he conseguido vivir de la literatura. No sé cómo se logra eso, aunque te aseguro que me encantaría vivir de ella. Pero, a pesar de todo, a pesar de su dificultad, pienso que ser escritor es una buena opción. La primera novela que publiqué fue gracias a un premio literario. De todas formas publicar no siempre es lo más importante. Escribir es lo fundamental porque forma parte de mí. Intento cada día hacerlo lo mejor posible, lo mejor que yo puedo hacerlo. No se debería publicar nada de lo que no se estuviera absolutamente seguro. En realidad, aunque siga publicando, mi vida no ha variado significativamente y, repito, lo importante es hacerlo bien, honestamente. Evolucionar, aprender…

Reseñas libros en el suplemento literario de La Razón, ¿es más complicado e incluso tiene sus contrapartida ejercer la critica literaria cuando uno mismo escribe?

Lo es, pero tampoco lo es. Primero se es lector y, después, escritor. Se escribe porque se lee. Aunque resulte cursi empecé a escribir porque quería transmitir lo mismo que los escritores que yo había leído. Después vas controlando las técnicas. Todo ello te va dando la suficiente capacidad para valorar lo que han hecho otros. Juzgar la obra de los demás es de una gran responsabilidad. Menos mal que no realizo la crítica de obras españolas, sólo de otros países. Es una suerte…

¿Y cuál es el panorama de la literatura europea?

Como pasa en todas partes, hay novedades excelentes y muchas obras totalmente prescindibles que no aportan absolutamente nada a esto que llamamos literatura. Pero, muy de vez en cuando, te llega una joya; una obra elaborada con paciencia, con trabajo, con control…
Pienso que es en Inglaterra en donde se está ahora mismo publicando lo mejor de la literatura europea, con autores como Martin Amis, Julian Barnes…

Comentarios

¿Quieres dejar un comentario?