Tíbet: El genocidio impune

El mundo y la prensa empiezan a despertar ante la brutal represión del gobierno chino sobre los manifestantes tibetanos. La cifra de muertos asciende sin parar pero sin saberse el número de ceros que la censura china oculta. Los mismos reflejos de brutalidad e impunidad típicos de todas las dictaduras.

Pero no hablamos de la dictadura de una pequeña republica bananera o país africano, estamos hablando de un gigante militar y económico que tiene el honor de albergar los próximo Juegos Olímpicos el próximo mes de Agosto. El país con un gobierno con el espíritu quizás menos olímpico y más represivo sobre la faz de la tierra.

El pasado 10 de marzo, una vez más el pueblo tibetano, ha decidido abiertamente rechazar el poder impuesto desde Pekín desde hace más de medio siglo. No es casual que en este día, siete monjes tibetanos decidieran manifestarse pacíficamente en la capital del Tíbet, Lhasa, enarbolando banderas tibetanas, celebrando el día del levantamiento nacional tibetano de 1959 ante la ocupación militar china, 10 años después de la invasión en el año 1949. Pronto las protestas se extendieron a todo el territorio del Tíbet y la espiral de violencia asimétrica volvió a reproducirse alimentada como siempre por la represión salvaje del poderoso y bien armado y la frustración del indefenso pueblo tibetano.

Todo empezó con la ocupación ilegal del entonces Estado independiente del Tíbet. Ya en aquel entonces a las protestas le siguieron por una parte, el exilio del Dalai Lama a India, y por otra, una represión violenta por parte del Ejército de Liberación Popular, que en pocos días se cobró miles de víctimas. Meses después de esta tragedia, la Comisión Internacional de Juristas en un informe que distintos Estados llevaron a la Asamblea General de la ONU, calificaron los hechos de genocidio.

Y de nuevo la historia se repite, y desde este incidente de hace unos días que acabó con el arresto inmediato de los manifestantes pacíficos a palizas, de nuevo en el Tíbet se han encendido las llamas de la protesta. Esa misma tarde más de 300 monjes del monasterio de Drepung, situado a las afueras de Lhasa, intentaron dirigirse al barrio antiguo del Barkhor para manifestarse, pero las fuerzas paramilitares chinas sitiaron todo el enclave monástico, impidiendo la salida de los manifestantes. En éstos, y en días sucesivos, miles de tibetanos de todas las antiguas regiones tibetanas de Amdo y Kham (territorios que tras la invasión fueron separados de la hoy llamada Región Autónoma de Tíbet para integrarse en las nuevas provincias chinas de Gansu, Qinghai, Sichuan, Yunnan) salieron a la calle con banderas nacionales tibetanas y retratos de su líder espiritual, el Dalai Lama, desafiando con ello al poder impuesto por China.

Como consecuencia de estas protestas generalizadas, días después, el 14 de marzo, se impuso un toque de queda en la capital, que muchos tibetanos desafiaron. Las autoridades chinas no dudaron en ordenar ocupar las calles por los tanques y los militares, y ese mismo día más de 80 tibetanos fueron asesinados en Lhasa. La escalada de la violencia y de las protestas tibetanas no ha cesado, como tampoco ha dejado de aumentar el número de manifestantes asesinados y de detenciones y torturas en los centros de detención. La envergadura precisa de la represión se desconoce, ya que de inmediato tanto los turistas como la prensa internacional han sido expulsados del Tíbet con la misma rapidez, con la que los refuerzos del Ejército de Liberación Popular se han dirigido al interior del Tíbet.
Según los datos publicados por el Gobierno Tibetano en el Exilio, más de un millón de tibetanos han muerto desde la ocupación del país, como consecuencia directa de la nueva dominación china. Estos últimos hechos, no son acontecimientos nuevos o aislados, sino que son una perpetuación de las mismas acciones y actitudes. Además la represión política y judicial del Partido Comunista Chino a la oposición tibetana, las detenciones arbitrarias, las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales, las frecuentes torturas en las cárceles del Tíbet, las desapariciones forzosas, los abortos y esterilizaciones obligatorias, el control policial de los monasterios, la supresión violenta de las manifestaciones pacíficas como las recientes, la violación de las libertades de movimiento y de expresión, y la discriminación en la salud, el empleo, la educación, la cultura y la vivienda de todo un pueblo, apuntan a una política que las Naciones Unidas, ya ha denunciado en casos similares como los de Sudáfrica, de régimen racista y apartheid. A todo ello debe añadirse, que el masivo traslado de población, junto con la explotación humana y de los recursos naturales del Tíbet, comprometen la futura supervivencia de este pueblo neo-colonial, que según Pekín goza plenamente de los beneficios de ser una Región Autónoma y tiene como único instigador del descontento del pueblo tibetano al Dalai Lama, “un monje disfrazado de lobo”, según una de las últimas declaraciones de Zhang Qingli, máximo responsable de la represión actual en Tíbet, al estar ocupando el cargo de Secretario del Partido Comunista Chino en esta región. Tampoco resulta extraño que dicho cargo obviamente sigue a pies juntillas los dictados del máximo líder en China, el Presidente Hu Jintao, el cual de entre su amplio currículum cuenta con ser el ejecutor personal en 1989 de una represión de las mismas características en Tíbet, cuando ocupaba precisamente el mismo cargo que su actual sucesor, Zhang Qingli.

Todos estos hechos están siendo investigados en la Audiencia Nacional que el 10 de Enero del 2006 admitió a trámite una querella criminal por genocidio, crímenes contra la humanidad, torturas y terrorismo de estado con las autoridades chinas. La primera vez en la historia que se denunciaban y reconocían estos crímenes en un Tribunal. La querella fue presentada por la pequeña ONG Comité de Apoyo al Tíbet (CAT) en nombre de las víctimas tibetanas. El denunciar cualquier crimen no es solo un derecho sino una obligación y los crímenes universales como el genocidio no son una excepción. Consideramos por tanto la admisión trámite de esta querella como una buena noticia histórica que por más que digan y como veremos mas adelante, demuestra que sí existe un sana separación de poderes (judicial y ejecutivo) en la democracia española. Gracias a dios no todo es una vergüenza.

Respecto a las reacciones de Occidente, queremos apuntar a los hechos que nos siguen produciendo sonrojo y los que de alguna forma nos pueden permitir escapar de ese bochorno individual y colectivo. Veamos:

Los lideres de nuestras “grandes democracias occidentales” a los que se le llena la boca de consignas genéricas de libertad, democracia y justicia, callan, permiten y miran hacia otro lado cuando es el gigante chino quien comete los abusos. Sorprende y avergüenza que estos encorbatados y poderosos “hombres de estado” no se atrevan ni a recibir, cuando visita nuestros países, al Dalai Lama, Premio Nobel de la Paz y embajador de la no violencia, un simple monje tibetano con mucho que decir. No se atreven ni siquiera para tomar un té con pastas con la primera dama. Claro, no vaya a protestar la Embajada China y cancelar alguna visita comercial. Luego no cancelan nada porque necesitan nuestro negocio igual o más que nosotros el suyo. Sin embargo el miedo, la ignorancia o la hipocresía política persiste y en unos 15 años de varias visitas del Dalai Lama a España no se dignan a recibirle ni los Presidentes del PSOE, ni los del PP. Mientras tanto la maquinaria económica diplomática avanza como una apisonadora sobre los principios y derechos humanos en Tíbet y China y con masivos encuentros y fastos económicos, culturales y “Reales” con nuestro Gobierno, que desenrolla la alfombra roja invitando al Presidente Hu Jintao y su inmenso sequito como si de un idilio comercial se tratara. Y es exactamente eso de lo que se trata.

El problema por supuesto no es tanto el idilio comercial-económico sino el precio de credibilidad que se paga al bajar la cabeza y silenciar cualquier critica o denuncia a la situación de los derechos humanos en Tíbet y China.

Pero para paliar parte de este vergonzoso espectáculo llega la sorpresa hace unos meses y una “mujer de Estado”, la Canciller alemana Angela Merkel, decide que piensa saludar al Dalai Lama cuando visite Hamburgo. Los medios de comunicación de todo el mundo se estremecen como si se tratara de acercarse a Hanibal Lecter o como dice el propio gobierno chino a “un monje disfrazado de lobo”. Seguimos hablando de uno de los personajes más pacíficos y sabios que nadie pueda tener la oportunidad de conocer. Más sorpresas: Ahora el Primer Ministro Británico Gordon Brown que no iba a recibir al Dalai Lama en su próxima visita al Reino Unido parece que si le va a recibir. Y antes de las revueltas recientes el Príncipe Carlos de Inglaterra se niega a ir a los Juegos Olímpicos por la ocupación China del Tibet, Spielberg dimite como director artístico de los Juegos por la implicación de China en el genocidio de Darfur, la actriz Uma Thurman, hija de un prestigioso y querido tibetólogo de la Universidad de Columbia le recuerda que podría haber incluido al Tíbet en sus razones para dimitir sin gastar mucha más tinta y la genial Bjork en un reciente concierto en Shangai se pone a gritar Tíbet, Tíbet!!! en una canción con segundas, sobre la independencia, que originalmente se refería al yugo danés sobre Islandia. Tardarán en volver a invitarla y han anunciado que investigarán y censurarán con más cuidado el repertorio de los grupos que actúen en China… los grupos, los periodistas, Google, Youtube y un largo etc, para intentar contener la falta de libertad, las mentiras y el descontento que se acumulan.

A estas alturas del artículo esperamos que haya quedado más o menos claro lo que ha pasado y está pasando en el Tíbet pero sobre todo, los elementos más sangrientos, frustrantes e incompresibles de la historia y las actitudes que nos acercan o nos alejan de esta vergüenza incomprensible. Para terminar queremos acercaros a organizaciones y gente que trabajan desde hace tiempo para alejarse de la vergüenza y acercarse a la solidaridad echando una mano a la causa del Tíbet. Quizá la única manera de que toda esta pesadilla sirva para algo y no para incrementar el número de muertos desde la invasión del Tíbet, es informarse, movilizarse, asociarse y ayudar de mil maneras al trabajo de las organizaciones que ya lo están haciendo. Todo menos formar parte de la vergüenza del silencio, la pasividad o el miedo.

¡Es tiempo de actuar, y no de silencios complacientes!

La mejor manera de hacerlo estos días es:

En España:

Enlaces a nivel internacional

  • Para participar en la campaña de los Juegos Olímpicos: BeijingWideOpen.org
  • Por favor firmad la petición creada por Avaaz, una de las redes de activistas más importantes del mundo, que está ayudando con un millón de firmas para presionar a China para que la violencia en el Tíbet termine.
  • Por favor, firmen ésta otra petición para presionar al Comité Olímpico Internacional para que no lleven a cabo el plan de pasar la antorcha Olímpica por el Tíbet.
  • Para apoyar la histórica Marcha al Tíbet:aquí y aquí.

Comentarios

1 comentario en el artículo “Tíbet: El genocidio impune”

  1. Mónica en 22-agosto-2008 7:54 pm

    Para hablar de forma justa sobre todo lo que esta sucediendo en el Tibet habría que aclarar algunos conceptos si bien es cierto que cualquier invasión o represión es en si misma indigna y que cualquier regimen totalitario y que coarte las libertades también lo es, hay muchas personas tienen una idea equivocada: están convencidos de que el Tibet fue un país independiente invadido por China, piensan que era una especie de paraíso terrenal , hasta que los comunistas de Mao Tse Tung lo ocuparon, matando a sus dirigentes y convirtiendo así el paraíso en un centro militar, pero lo cierto es que el Tibet era una provincia autónoma de China que en 1911 fue invadida por Inglaterra y Mongolia.

    Cuando se produjo la revolución China, Tibet estaba bajo el control del gobierno dictatorial del general Chiang Kai-shek, a quien tanto Estados Unidos como Inglaterra apoyaron para evitar el triunfo del comunismo pese a reconocer la tirania de un regimen despótico y criminal aun así le ayudaron para favorecer sus propios intereses. Cuando triunfó la revolución el ejército rojo se trasladó al Tibet para establecer el sistema socialista.
    El gobierno del Tibet, manejado por los Lamas y los nobles, se enfrentó a las tropas comunistas pero fueron derrotados.

    El Tibet si era un paraiso, pero principalmente para los Lamas y los grandes hacendados nobles, los cuales eran propietarios de todas las tierras cultivables . Los campesinos eran los siervos de una sociedad feudal gobernada por los nobles y los monjes. La única forma de ascender socialmente era mediante en enrolamiento el monasterio de Lasha. No había escuelas, salvo las de enseñanzas budistas en los monasterios, ni había hospitales, sino curanderos religiosos.

    Lo peor que hicieron comunistas chinos es intentar destruir las tradiciones culturales y religiosas del Tibet, con su famosa “Revolución Cultural’ esto en si mismo es un crimen deleznable porque nada ni nadie debe imponer un cambio que no se desea, pero igual que es cierto eso también lo es el hecho de que sacaron a esa región del feudalismo suministrandoles avances tecnologicos, educación, hospitales, etc.

    Los 2 millones 756 mil habitantes del Tibet cuentan ahora con uno cien hospitales, 777 clínicas rurales y unas 2,400 escuelas. Si bien no hay por qué pensar que los chinos son santos, tampoco hay que creer que los fueron los Lamas.

    No hay una cifra estadística confiable, pero los documentos estadísticos del Tibet muestran que hasta la invasión china las probabilidades de vida al nacer allí eran de 7 por cada diez niños, y las posibilidades de supervivencia de éstos eran aun menores .

    El Dalai Lama, el jefe espiritual y político del Tibet, vivía en el Palacio de Potala, rodeado de oro y riquezas, y según la tradición budista de la región era sucedido por su propia reencarnación (esto si que es muy democratico ser sucedido por tu propia reencarnación).

    Muchas de las bonitas historias que se contaron sobre el Tibet no tienen nada de reales por ejemplo Heinrich Harrer, autor de “Siete Años en el Tibet”, era un conservador ligado al Partido Nazi para quien era mas importante la espiritualidad personal que el bienestar de los demás. Por eso narra su historia desde la perspectiva del abuso contra los monjes y la cultura tibetanas, no desde los abusos de la sociedad teocrática de los Lamas contra los campesinos.

    Para muchas personas el Tibet se ha convertido en el centro de sus fantasias, en una ‘tierra santa’. Las historias narradas sobre él han contribuido a crear cierto halo magico; tanto es así que actores como Richard Gere y otros famosos, han convertido al Dalai Lama es su padre espiritual y mentor, pero aunque el budismo como tal en si mismo tiene mucho de liberador al creer en la iluminación personal en lugar de la supeditación a un Dios, esa liberación no se aplicaba al regimen politico del Tibet que era, como he dicho antes, feudal.

    El Dalai Lama gran mentor espiritual de algunos actores de Hollywood huyo en 1959 temiendo por su vida, y viviendo desde entonces en la India, viajo por todo el mundo en busca de ayuda para “liberar a su país” llego a encontrar financiación para la primera rebelión de los tibetanos opuestos a los cambios políticos de los comunistas chinos en las organizaciones budistas del Tibet, los hacendados y los gobiernos occidentales entre los que se encontraban Inglaterra y Estados Unidos.

    El Dalai que tal vez defiende de corazón sus ideas sus creencias, y la libertad de su pueblo tiene que saber que los que centenares de manifestantes se enfrentaron a las fuerzas policiales chinas en su legitimo derecho de pedir la independencia , pueden hacerlo bajo una represión indigna pero en el contexto de un Tibet mas moderno donde la figura abatir no deja de ser humana se pelea contra un regimén politico, pero por suerte no contra una una deidad a la que rendirle culto la educación actual permite la libertad de pensamiento algo muy distinto a lo que sucedia en el antiguo Tíbet

    China tiene mucho que mejorar debe avanzar y ganar terreno en las libertades pero tambien es cierto que no es tan facil dirigir y controlar el pais con mas habitantes del mundo y que nos guste o no pese a toda la campaña de independecia el Tibet es aun una provincia China La vieja historia de los Lamas tibetanos es fascinante para Hollywood, un producto de moda pero no fue tan fascinate para los que fueron sus víctimas en este proceso murieron mas Chinos que Tibetanos.

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