El deseo en Mettray

La menor desobediencia tiene su castigo y el mejor medio de evitar delitos graves es castigar muy severamente las faltas más ligeras: una palabra inútil se reprime en Mettray – Michel Foucault

Lo sé todo. No voy a preguntarte nada. Cuando llegan los nuevos tengo que preguntarles. Es una ceremonia inútil. Tu nombre. Tu edad. Tu altura. Tu peso. Y sobre todo, tus delitos. Tus delitos los conozco. No son diferentes. Todos habéis cometido las mismas estupideces. Robar, violar, matar.

Vamos a saltarnos el interrogatorio, por una vez. Yo no te voy a preguntar nada. Y así tú no me mientes. Voy a escribir en tu historial lo que yo considere conveniente. Si estás aquí, en este momento, frente a mí es porque eres basura. Aquí, a Mettray, llega lo que no quiere nadie. Cuando ya no saben qué hacer con vosotros os traen aquí. Os habéis escapado del buen camino, habéis huido tan lejos, que ya es imposible regresar. En algún momento, pensasteis que desviaros era una buena idea. Pensasteis que podíais vivir sin las reglas de los demás. Y no sólo creísteis que sería posible, sino que no habría consecuencias. Creísteis que nadie os encontraría porque el mundo es grande y debía haber lugares donde ser vosotros mismos. Sólo a los jóvenes se les puede ocurrir semejante estupidez, vivir sin reglas. Habéis escapado del buen camino y antes o después, llegáis al callejón sin salida: Mettray.

Has oído hablar de Mettray, ¿verdad?

Sí, claro, ¿quién no ha oído hablar de Mettray?

A muchos les encanta entrar aquí. ¿Te acuerdas del asesino del río? Aquel pobre diablo les hizo creer a todos que había pasado aquí su juventud. ¡Mentía! ¡No me preguntes por qué pero mentía! Ese idiota fue hallado inocente, no había ahogado a ninguna de esas muchachas… Y te puedo asegurar que jamás pisó Mettray. No se me olvida ni uno sólo de vosotros, ni uno sólo.

Eres de esos. Te gusta insultarme en silencio. No eres el primero. Me gusta cuando venís furiosos. 315. Ahora te llamarás así, 315. Aprenderás rápido, como los demás. Mañana habrás dejado de mirarme a los ojos. En tres días te habrás apagado y serás una colilla mojada. Ve desnudándote. Este momento es muy importante. Deja aquí todo lo que traes. Vamos, vamos, vamos. Bien.

Ahora comprendes realmente dónde estás entrando, quién eres tú y quién soy yo. A partir de ahora te conviertes en un cuerpo útil.

¿Tienes 16 años? Cállate. Sí, llevas 16 años estorbando, aprovechándote del esfuerzo de los demás. Déjame ver tus manos. No has trabajado nunca. Sólo los ladrones tienen las manos así. Los ladrones y los estudiantes. En definitiva, los cuerpos vagos. Si hay algo que no soporto son los cuerpos vagos. Date la vuelta. Vamos, vamos, vamos. Bien.

No sé demasiadas cosas, pero sé leer y reconocer un cuerpo. Ahora ya no me hace falta mirar tu rostro, ni escuchar tu voz. El rostro siempre se endurece. Y la voz siempre se hunde. Pero el cuerpo… El cuerpo es diferente. Mi trabajo consiste en transformar tu cuerpo vago en un cuerpo útil. Cuando un cuerpo es sometido y productivo, es útil.

No es tan sencillo como parece. Todo ha cambiado mucho, aquí en Mettray. Ahora no nos dejan usar el látigo. Es más difícil transformar un cuerpo vago en un cuerpo útil sin dejar huellas. Es más difícil, hay que pensar más, hay que estar más atento. Hay que estar atento cada minuto. No puedo permitirme ni el más mínimo descuido. Antes era distinto, no era tan minucioso. Y me costó mucho. Me costó muchísimo trabajar sin látigo. Qué es un vigilante sin látigo, sin fusta, sin vara, sin cuero, sin cuerdas… Qué es un hombre sin armas.

Estuve sin dormir 13 noches. Entonces sucedió algo extraordinario, inexplicable. Empecé a soñar. Yo no había soñado jamás, no sabía lo que era eso. Me habían contado sueños, pero nunca me creía nada. Pensaba que eran invenciones, cosas que se inventaban por las mañanas. Nunca lo había experimentado. Imaginar sin tener que hacer ningún esfuerzo. Sin voluntad. Sin control.

Empecé a soñar. Y soñaba cómo hacer sin látigo lo que hacía con el látigo. Jamás se me hubiese ocurrido despierto, jamás se me hubiese ocurrido buscar la forma de aplicar exactamente la misma cantidad de sufrimiento y humillación… Se puede medir, el sufrimiento se puede medir igual que se mide la temperatura de un cuerpo enfermo o la velocidad de un cuerpo que corre. Hay que ser muy preciso, saber exactamente hasta dónde llegar…

¡315! No me estás escuchando ¿verdad?

Lo sé todo. Puedo leerlo en tu cuerpo. No me estás escuchando porque no quieres tener miedo. No quieres empezar a temblar ahora. Pero esta noche, cuando todos duerman, tú seguirás despierto. Recordarás cada una de mis palabras y empezarás a temblar. Entonces comenzarás a dar vueltas.

Todas las primeras noches son iguales. Tú crees que eres diferente, que no tienes nada que ver con los demás, que eres incluso mejor que los demás. Pero vas a pasar tu primera noche en Mettray exactamente igual que todos los demás, dando vueltas y temblando.

Toma, vístete. Vamos, vamos, vamos. Bien.

No pudieron hallarte culpable. Sin embargo, estás aquí. Les diste razones suficientes para pensar que eres peligroso y que no puedes andar por ahí suelto, alegremente, quemando casas. No pudieron hallarte culpable, cualquiera puede encender una cerilla. Lo hiciste muy bien. Pero se dieron cuenta de que no querías a tus padres, no querías a tu madre porque la muy cerda no tenía fuerzas para abandonar a ese cabrón. No querías a ese cabrón porque no se parecía en nada a tu padre y no soltaba la botella.

Y ellos se dieron cuenta. Se dieron cuenta y dejaron de importar los hechos. Un hombre y una mujer habían sido quemados vivos. No te enviaron aquí por encender una cerilla ni por subirte a un tren después. Te enviaron aquí porque no les querías y los jueces saben cuando alguien va por el mal camino.

Mira, que te quede claro una cosa: a mí me da igual lo que hayas hecho o hayas dejado de hacer. Yo escribo en este historial lo que me da la gana. No me importa lo peligroso que seas. Si vuelves a mirarme a los ojos, te mando a la celda de aislamiento y asunto solucionado. Muévete. Vamos, vamos, vamos. ¡No! Espera.

Sólo dime una cosa. ¿Te gustó? ¿Te gustó encender la cerilla?

Nota. Mettray es una colonia penitenciaria para jóvenes abierta en 1840.

Comentarios

1 comentario en el artículo “El deseo en Mettray”

  1. james en 26-septiembre 1:05 am

    me parece un exelente monologo para una teatralización.

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