Donald Rumsfeld (o el malo de la película)

22-febrero-2010 · Imprimir este artículo

Por Paco Obrer

Es el Tío Sam embuchado, el demonio vestido de Cortefiel, el malo de la película, el funcionario asesino. Si todos somos responsables de nuestra cara después de los cuarenta años, Donald Rumsfeld merece que alguien lo siga vigilando. A Donald se le ha puesto cara de lo que es. Y además se ríe de la desgracia ajena, sin cirugía estética ni careta que valga. Es un escarabajo de mil patas que se nos escapa de la tele como muy contento de haberse conocido. Es la cara (y el recto) de esa cosa espesa que llaman Razón de Estado…Razón de Estado con pretensiones de Estado Mundial.

Cuando este animal habla de necesidades de la guerra nos está diciendo que hay que dilatar esfínteres con los embudos del odio, usar las sogas y electrocutar los genitales en esa Disneylandia del terror que ahora se asoma por aquellas tierras.

Los americanos han infantilizado el mundo y con sus guerras tenemos la impresión de que cualquier mercenario puede venir un día a follar con nuestras madres o a dar por saco a nuestros abuelos mientras saca la Polaroid y hace unas fotos para enseñarlas en su pueblo.

Hace veinte años Rumsfeld hacía negocios con el propio Sadam Husein. Entonces se trataba de achicharrar iraníes con todo tipo de armas químicas. Todavía el perro Sadam era perro fiel. Ya por entonces, Donalito puso su granito de arena en la matanza de disidentes iraquíes por parte del partido Baaz. Comenzaba su carrera asociado a los servicios secretos, vendedores de armas y poderes ocultos. Sólo un idiota puede negar la existencia de los intereses creados que se ocultan detrás de cada guerra.

Rumsfeld ha cultivado la descomposición, la mentira y la hipocresía dentro de su alma, por lo cual dudo que llegue de ninguna manera al apocatástasis o al perdón, que viene a ser lo mismo, como dice el cura de mi pueblo.

Bin Laden, al lado de Rumsfeld, parece una buena persona, aunque evidentemente no lo sea. Lo que pasa es que Rumsfeld lleva a lavar el coche todas las semanas y paga su fondo de pensiones puntualmente y eso le convierte en ciudadano del Imperio.

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