Un perro andaluz, de Luis Buñuel

Giddens vincula la desviación (¿y el delito?) a la innovación. Las conductas y los pensamientos desviados, es decir aquellos que no se conforman con la mayoría, pueden ser negativos o positivos desde el punto de vista de las libertades individuales, la creatividad y la riqueza científica, artística e intelectual.

Un ejemplo lo tenemos en el surrealismo, una corriente artística que pretendía plasmar las fuerzas del inconsciente y la irracionalidad en la experiencia estética, política y social. Su influjo en las artes fue muy positivo, ampliando las formas de expresión, y llega hasta nuestros días (ver el cine de David Lynch o David Cronenberg, por ejemplo). Sin embargo, la aportación política y social del surrealismo, la reivindicación de la irracionalidad y el escándalo por el escándalo, cristalizó en teorías y conductas que fomentaban la violencia y el crimen como herramientas de acción política (salvo excepciones, como Benjamín Peret) La dialéctica de los puños y las pistolas que tanto ponía a Breton.

Si existe un placer
es el de hacer el amor
el cuerpo rodeado de cuerdas
y los ojos cerrados por navajas de afeitar

A continuación, una de las obras maestras del surrealismo, Un perro andaluz de Luis Buñuel. Él mismo contó en sus Memorias la genésis de esta película, metodológicamente indescifrable, en la que se hace una reivindicación de la libertad total, vulgo: libertinaje. Para lo bueno y lo malo.

Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa y, al llegar a Figueras, yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él, a su vez me dijo que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas. Y añadió: “¿Y si, partiendo de esto, hiciéramos una película”

… Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué.

… Aquella primera proyección pública de Un chien andalou reunió a la flor y nata de París… Picasso, Le Corbusier… el grupo surrealista al completo. Muy nervioso, me situé detrás de la pantalla con un gramófono y, durante la proyección, alternaba los tangos argentinos con Tristán e Isolda. Me había puesto unas piedras en el bolsillo, para tirárselas al público si la película era un fracaso.

No necesité las piedras. Cuando terminó la película, desde detrás de la pantalla oí grandes aplausos y, discretamente, me deshice de mis proyectiles, dejándolos caer al suelo.

Luis Buñuel, Mi último suspiro (Memorias), Plaza & Janés, Barcelona, 1982, pp. 102-105

2ª parte (YouTube)

Vía | Cine y Política

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