Conspirando el día a día

16-octubre-2009 · Imprimir este artículo

Por generacion.net

Por Enrique Freire

“Si es verdad no es noticia”

“Los media (…) han hecho retroceder más bien los límites de la voluntad y de la representación, han embarullado las cartas y eliminado en cualquier sujeto la disponibilidad de su propio cuerpo, de su propio deseo, de su elección y de su libertad.”

J. Baudrillard

¿Se ha parado alguna vez a pensar qué es verdad y qué no de todo lo que ve por televisión?¿Tiene usted tiempo de asimilar las oleadas informativas que surgen todos los días, machaconamente, en periódicos, radios y televisores? ¿No cree usted que ahora importa más la noticia que el contenido, la imagen más que el suceso, y que detrás de todo ello hay una clara intención no revelada? ¿No tiene usted la sensación de que todo lo que se nos cuenta es, en gran medida, falso?
Indudablemente este tipo de preguntas deberían encuadrarse en el cajón correspondiente a la denominada Teoría de la Conspiración. Y es que más allá de quién mató a Kennedy, de si el hombre llegó a la Luna de tal o cual manera, o que sucedió realmente en los atentados de los Onces – New York y Madrid- hay una Teoría de la Conspiración de la que nadie habla, aunque la sufrimos todos indiscriminada y machaconamente. Mi amigo Frank G. Rubio y yo nos gusta denominarla “La Conspiración del día a día” y cómo no encontrábamos ningún libro que hablara de ella decidimos escribir uno. Lo hemos llamado Protocolos para un Apocalipsis porque estamos convencidos de que hay una serie de pasos, de protocolos, que nos han conducido al lugar concreto de la historia en el que nos encontramos: la antesala de un golpe de estado dirigido a nuestras mentes, el único enemigo tangible que queda ya en este planeta.
El resonar continuo de los medios de comunicación en nuestros hogares y lugares de esparcimiento vía tecnología y pantalla, bombardeando indiscriminadamente nuestra capacidad de análisis, nos ha llevado a una situación nunca vista antes en la Historia. Las imágenes, repetidas hasta la extenuación, están construyendo realidades, arquetipos que nos incapacitan para mantener posturas diferentes a las expuestas generalmente dos y opuestas- por los mass media, en los que englobaríamos, sin duda, a políticos, corporaciones y grupos de poder.
Esto está sucediendo a nuestro alrededor todos los días, exponiendo ante nuestros ojos “secretos” que nadie ve por su claridad y continua emisión. Vemos un bosque mejor dicho lo miramos por que nos lo emiten pero no vemos ni uno de los árboles que lo componen. Es más, no sabemos ni que existen .
La regeneración frankeinstinianas de viejos mitos y conceptos ha encontrado en la tecnología -y en el control mental que se ha producido vía pantallazo- la piedra de toque necesaria para instalarse en nuestras sociedades, reconfigurándolas sigilosamente y dirigiéndolas hacia una brutal pérdida de independencia y libertad, consiguiendo curiosamente, que estas ideas sean abrazadas por el populacho sensitiva y socialmente lobotomizado- como el único camino para un “futuro mejor” (carcajada conspiranoica).
¿Hay algún antídoto frente a esto? Una gran sonrisa gnóstica frente a los Dioses impuestos por el sacerdocio del marketing sería un gran principio, pero yo, sinceramente, les recomiendo que simplemente configuren su mundo como mejor les plazca, que será, sin duda, muy distinto al socialmente aceptado.

Protocolos para un apocalipsis
Frank G. Rubio & Enrique Freire
ISBN: 978-84-92497-28-7
PVP:14 € (con IVA)
[email protected]

Comentarios

1 comentario en el artículo “Conspirando el día a día”

  1. Alejo en 27-febrero-2010 12:49 pm

    Quizá sea eso precisamente, la idea de “cada palo que aguante u vela”, lo que propicia un mundo tan sordido y oscuro como es el de la planificación mental indiscriminada por parte de un enemigo cuyo principal atributo es, desde siempre, una alergia sistémica a la luz: el Poder en la sombra. Y es que este oscuro adversario, saltando ladinamente de nombre en nombre, se dice que acompaña a la Humanidad en su ciego errar por el universo, tratablillandola, entorpeciendo sus ya de por sí torpes pasos en su camino a una luz que dicen que alumbra (incluso calienta e inflama en algunas ocasiones). Ya sea Belcebú encarnado en galante caballero o en diablo Cojuelo o se le represente entre las filas de adeptos de los Misterios, disperso en el proletario o susurrando a la muchachada de hoy y siempre, la figura del enemigo, en un claro juego de luces y sombras donde nos solemos colocar en la parte iluminada de la cuestión, es necesaria; es necesaria y, por tanto, no tiene capacidad de decisión sobre sus acciones o sus poderes a emplear, no puede determinar por si misma todo lo que le achacamos. El pobre diablo solo está participando en un juego que no es el suyo: quien decide las reglas en este combate bíblico es quien ha querido jugar a este juego, quien lo hace posible gracias a sus creencias, a su moralidad o su confusión. El Oscuro, así como el Prístino Dios que nos ha tocado, son los dos contrarios en un esquema de antagónicós que tiene la marca, el hedor, la manufactura humana desde el principio de los tiempos, que algunas voces llaman Génesis, hasta su futuro final, que erroneamente se identifica con el Apocalipsis.
    Quizá la pregunta más abyecta que se pueda realizar, desde la denuncia de un apocalipsis anunciado y ya que somos los responsables últimos y directos así como los máximos beneficiarios de este espectaculo, sea ¿acaso no nos lo merecemos?

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