Con o sin piernas largas, con o sin tetas grandes

“La seducción no depende de unas piernas largas o de unas tetas grandes, es una cuestión mental”. Así decía un diálogo del Declive del imperio americano, del cineasta canadiense Denys Arcand. Sin embargo, a los hechos me remito (sólo hay que hacer un zapping rápido), las piernas largas y las tetas grandes siguen haciendo lo bastante (en el sistema digital terrestre como en el analógico). Palabrita del bañador de pelo de Berlusconi. Mi novio dice que existen dos tipos de hombres, pero a mí me parece que exagera. No es de recibo sacar la bandera pirata de la guerra de los sexos, que ya sólo hondea en una literatura estrecha de horizontes y copada de tópicos. Honestamente, la creo superada. Mi propósito es más bien demostrar que la mitología del imperio romano apostólico americano sigue siendo tal (el declive sólo estuvo en las gafas de algunos intelectuales y visionarios europeos) y la producción ha sustituido a la seducción pues, citando de nuevo a Arcand (un pasaje más verosímil que el primero), “la mentira es la base de las relaciones amorosas y de la vida social”.

En un libro de cabecera recientemente reeditado por Cátedra, De la seducción, leí que “la naturaleza y la producción”, a las que la era burguesa está consagrada, “son muy ajenas y hasta expresamente mortales para la seducción”. Jean Baudrillard, su autor, afirma con contundencia que “somos una cultura de la eyaculación precoz”. El sexo está en todos lados, es verdad, pero no hay que embrollarlo con la seducción (“la seducción es un juego, el sexo es una función”); confundir sexo con seducción es un error de la misma índole que confundir fidelidad con amor. Al fin y al cabo, el sexo es una función natural y la fidelidad una función moral.

No nos engañemos. No hay tal declive del imperio americano. Hay tal declive de la seducción, tal declive del amor. Y todo es culpa del abre-fácil.

Al hilo de este argumento… También Erich Fromm, en un libro de muy de moda hace algunos años, El arte de amar, se hizo eco de este asunto. Uno de los capítulos llevaba explícito el título de “El amor y su desintegración en la sociedad occidental contemporánea”. Fromm reconocía la percusión del capitalismo sobre las relaciones humanas, su implicación en el surgimiento de diversas formas de seudoamor trufadas por la ley de la oferta y la demanda; en este contexto, “todo, tanto los objetos materiales, como los espirituales, se convierten en objeto de intercambio y de consumo”. “El amor como satisfacción sexual recíproca y el amor como ‘trabajo en equipo’ y como un refugio de la soledad, constituyen las dos formas ‘normales’ de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinado”.

La revolución sexual (a menudo identificada con la revolución californiana) tuvo un resultado más precario que la francesa. La liberación sexual fue poco más que una “solución provisional a la distopía”; nos arrastró al nomadismo afectivo, al coito rápido, al baño público. Quizá, la solución esté en conocer (“quien no conoce nada, no ama nada”, reza Paracelso desde la antigüedad). Quizá, la solución esté, simplemente, en aprender a dejarse desear.

Con o sin piernas largas, con o sin tetas grandes, hay que tener presente la cita de Baudrillard: “nadie podría ser más grande que la misma seducción, ni siquiera el orden que la destruye”.

Comentarios

1 comentario en el artículo “Con o sin piernas largas, con o sin tetas grandes”

  1. Noticias sobre tetas « Poker de Tetas en 23-marzo-2010 6:11 am

    [...] Con o sin piernas largas, con o sin tetas grandes [...]

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