César Vidal

Si el modelo de la izquierda es Abderramán III, es para echarse a temblar

César Vidal es un polémico historiador y un prolífico escritor que pasa sus días investigando. Aunque su obra está estigmatizada por el pensamiento políticamente correcto, sus últimos libros: Las Checas de Madrid y España frente al Isla, están entre los primeros en ventas. Interpelamos al autor sobre el sentido de su última obra y su visión del futuro, en un número precisamente dedicado a la Yihad.

En tu libro haces hincapié en la lucha a vida o muerte, de España con el mundo islámico… ¿Por qué te centras en ese aspecto y no en otros como el puente entre culturas que supuso también el Islam español?
Creo que el libro intenta recoger, en la medida de lo posible -porque 13 siglos de historia no es cuestión baladí-, todos los aspectos de la relación de España con el Islam. En este sentido, el elemento de confrontación es innegable porque el propio Mahoma en un hadiz hace referencia a la conquista de Al-Andalus, y esa idea llega prácticamente al comunicado de al-Qaeda en octubre, a los pocos días de los atentados del 11 de septiembre, volviendo a reivindicar al-Andalus.
Creo que uno de los aspectos que el libro pretendía y que lo muestra en varias ocasiones, es que la idea de esa convivencia tolerante, fecunda y dorada, de la que se ha hablado tantas veces, no deja de ser un mito políticamente correcto. Es decir, eso no se sustenta en absoluto sobre la realidad. Como tampoco se sustenta sobre la realidad pretender que la Edad Media es una Edad Media dorada islámica, y que la Edad Media cristiana es la oscuridad, la caverna y las tinieblas, cuando en realidad es todo lo contrario. Hay la sensación de que los árabes llegaron de manera absolutamente meliflua a España, crearon un espacio en el que todo el mundo era feliz, y de pronto los integristas cristianos del norte lo destruyeron porque no soportaban tanta felicidad. Eso es una estupidez absoluta. Es un mito falso con el que hay que acabar.

Supongo que piensas que el caso español confirma la tesis del conflicto de civilizaciones…
Para mí la cuestión está es si alguna vez no ha existido ese conflicto de civilizaciones. Es decir, creo que de pronto la gente se despierta un día y ve el 11 de septiembre, o ve el 11 de marzo, y le parece que eso ha surgido espontáneamente como una col en medio de un sembrado. ¿No? Pero en realidad ese conflicto ha existido siempre. Por ejemplo, Paul Fregosi, que enseña en EEUU y que tiene un libro muy interesante que se llama Jihad in the West, sostiene la tesis, a mi juicio absolutamente correcta de que el Islam lleva agrediendo a Occidente como a otras partes del globo desde el mismo Mahoma, y que en realidad, ese conflicto en ocasiones ha tenido un paréntesis, pero es un conflicto incansable desde hace catorce siglos. A mí eso me parece que es el elemento que el libro deja de manifiesto en el caso de España, pero que podríamos hacerlo extensible a otras partes del globo.

Has hablado antes del mito de las tres culturas. ¿Estás más cerca de la historiografía de Sánchez-Albornoz que de Américo Castro?

Es que Américo Castro no era historiador. Es decir, yo creo que el gran desnivel entre Américo Castro y Sánchez-Albornoz es que Sánchez-Albornoz era un gran historiador y conocía muy bien las fuentes. Sus dos volúmenes, por ejemplo, de La España musulmana, siguen insuperados. Y Américo Castro no tenía ni idea de historia; era un crítico literario y punto. El problema es si posiblemente Sánchez Albornoz, al responder a Américo Castro, le dio una talla de la que Castro carecía totalmente.

Al tratar el problema, se habla de Islam de un modo muy genérico. Hay muchos islames. ¿Por qué el enfoque como Islam y no como wahabismo? Que, por otra parte, es un aliado coyuntural americano formidable.
Porque el problema no es sólo el wahabismo. El wahabismo es una escuela de interpretación islámica que es extremista y está relacionada con Arabia Saudí, aunque yo tengo que confesar que tengo mis dudas de si realmente el gobierno de Arabia Saudí es extremista, o simplemente paga la protección revolucionaria a los integristas islámicos. Los terroristas marroquíes que perpetraron la matanza del 11 de marzo en Madrid en su mayoría eran malequíes, que es una escuela de interpretación muchísimo más flexible y más moderada que el wahabismo. El Islam de por sí tiene unos posos de enorme violencia, que aparecen recogidos en el Corán y en los ahadiz, y que habla de la lucha contra los infieles hasta que se sometan y paguen el tributo. Y en ese sentido, y aunque es verdad que hay escuelas que son más extremistas que otras, pueden actuar con violencia tanto unas como otras, y eso es algo que parece que no tiene discusión en términos históricos.

Y, sin embargo, parece que el Islam y nosotros estamos en cierta manera por nuestra cercanía y por el fenómeno de la inmigración global, llamados a convivir.

De entrada nosotros no podemos escoger a nuestros vecinos. Es decir, si yo pudiera preferiría tener como frontera a Suiza o Canadá, a tenerla con Marruecos. Pero claro, el fenómeno de la inmigración posiblemente es uno de los fenómenos que habría que tratar con la racionalidad con que no se ha tratado durante muchos años en este país. Nosotros tenemos, primero una influencia que va a ser cada vez mayor a partir del 1 de mayo de gente que viene del Este de Europa, y que además se integra en la Unión Europea, y por lo tanto van a ir a una España que todavía es próspera. Tenemos en segundo lugar una relación muy estrecha que es comprensible con países de Hispanoamérica. Bueno, pues dado que no se puede estirar como una goma elástica lo que es el conjunto de recursos de España, habría que plantearse si nos queda sitio para otros inmigrantes. Y luego, en segundo lugar, creo que también en la cuestión de los inmigrantes no sólo hay que atender al criterio de tipo económico, sino también a un criterio cultural. Es decir, nosotros podemos integrar con relativa facilidad a gente que viene del Este de Europa o Hispanoamérica; pero seguramente con enorme dificultad, si es que es posible siquiera, a gente que viene de un contexto islámico. Y en ese sentido, nuestro caso no sería excepcional. Es el mismo problema, por ejemplo, que sufre Francia.

Cuestionarse la inmigración desde cualquier punto de vista, ¿se ha convertido en un tabú…?
Yo creo que la izquierda en este país, de manera más pronunciada que la izquierda de otros países, adolece de dos graves raquitismos. Uno es intelectual: no hay un solo pensador de izquierdas español de peso, a diferencia de un Marx o de un Kautsky en Alemania, por poner un ejemplo; no existe ninguno en España, no lo ha habido y, presumiblemente, no lo habrá. Y, en segundo lugar, junto con ese enorme raquitismo intelectual, que históricamente ha expulsado a determinados intelectuales por ejemplo del socialismo (recordemos la carta tan terrible de Unamuno cuando se va del Partido Socialista diciendo que aquello es absolutamente sectario, y que no lo puedo soportar), hay un raquitismo histórico. La izquierda española no puede retrotraerse al siglo XVIII, como la izquierda francesa, o no puedo retrotraerse a inicios del XIX, como la izquierda alemana. Sino que es una izquierda que prácticamente tiene que esperar a finales del siglo XIX e incluso entonces su presencia es muy escasa. Entonces hay un intento de conectarse con situaciones históricas que, por supuesto, no han sido de izquierdas, pero que le darían aparentemente una cierta legitimidad histórica: generalmente lo que considera heterodoxo o distinto. Y ahí entra el discurso de Castro, y el discurso de conectar con, por ejemplo, los árabes. Pero pretender que Abderramán III, que era un déspota oriental no exento de crueldad, es el antecedente de la izquierda en términos históricos, es un dislate, y en términos de análisis serio, es preocupante. Si el modelo de la izquierda es Abderramán III, es para echarse a temblar.

Entonces supongo que estás de acuerdo con las tesis de Sartori en que tenemos que defender nuestro sistema de vida, imponiéndoselo a los que vengan…
Yo creo que nuestro sistema no aguantará de otra manera. Samir Khalil Samir es un egipcio católico que conoce muy bien lo que es el Islam. En su libro Cien preguntas sobre el Islam, que a mí me parece magnífico, sostiene que las sociedades que tienen una inmigración fuerte resisten si tienen un zócalo duro de tipo cultural. Él dice: “A EEUU es verdad que lo mismo ha podido ir un judío polaco que ha podido ir un católico lituano que ha podido ir un católico italiano, etc. ¿Pero el zócalo duro americano cuál es? Es WASP: blanco, anglosajón y protestante”. El zócalo duro cultural es el de los padres fundadores de EEUU, y es el que permite que el país resista e integre a sus inmigrantes, e incluso con mucha pluralidad cultural. Él dice que el gran problema de Europa es que no tiene identidad, que ha decidido perder su identidad, que no tiene ese zócalo duro. Y a menos que lo tenga, va a quedar anegada. Sobre todo en el caso de España y en el caso de Italia. Históricamente la realidad española es de un catolicismo muy claro, lo que no quiere decir que le hagas la vida imposible al agnóstico, pero sí que esa realidad cultural tiene que quedar muy clara. A menos que se mantenga, la inmigración acabará negando el sistema, y con él, a los derechos humanos y a la democracia. A veces da la impresión de que no sólo Europa, sino en general Occidente ha decidido suicidarse. Yo creo que tiene que ver mucho más con el hecho de la dictadura de lo políticamente correcto, y también con el hecho de que hay un poder enorme de atracción sobre la izquierda porque prácticamente es la última fuerza con capacidad revolucionaria.

Siguiendo tu lectura histórica, ¿cuál sería el futuro de las relaciones con el Islam?
Yo tengo claro que en el caso del integrismo islámico, la única salida es derrotarlo. Y en el caso de un Islam menos integrista que el que representan los grupos integristas islámicos, creo que hay que combinar una política de firmeza de no tolerar determinadas conductas con una política en la que la colaboración vaya acompañada de un seguimiento. Uno de los grandes problemas de Occidente, sobre todo de Europa, es que pagamos la protección: financiamos regímenes que son muy discutibles ante el temor de que vengan regímenes que sean todavía peores.

¿Cómo interpretas el 11-M, que tu libro no llega a analizar por cuestión de fechas? ¿Fue provocado por la guerra?
No, el 11-M forma parte de la estrategia de al-Qaeda, que es lo que ellas denominan una “guerra de cuarta generación”, y que estaba anunciada antes. Ya en octubre de 2002, mucho antes de la guerra de Irak y de la intervención en Afganistán, al-Qaeda, en la lista de territorios que hay que recuperar para el Islam, mencionaba a Al-Andalus. El 11-M sí es posible que se produzca en un momento en el que había más posibilidades de influir en la política española, porque se apresó documentación a los terroristas que muestra que el atentado lo llevaban planeando desde hace más de dos años. No cabe la menor duda de que el cambio político que se opera en la política exterior española, sí favorece enormemente al Islam. Por un lado, en lugar de responder a la agresión con firmeza, decidimos que nos retiramos. Pero es que además esa situación, que indica de por sí una debilidad frente a un golpe, nos coloca en unas circunstancias de enorme debilidad en el plano internacional, en virtud del cual es difícil creer que después de ser desleales con nuestros aliados, nuestros aliados van a ser leales con nosotros, subordina nuestra política exterior todavía más a la de Francia, que es un aliado de Marruecos, y nos coloca en una situación muy vulnerable frente al terrorismo islámico, y frente al propio Marruecos.

Comentarios

¿Quieres dejar un comentario?