El tercer Beatle o biografía del hombre invisible

Desde el comienzo de la popularidad de The Beatles hasta el día de hoy abundante son la bibliografía, las entrevistas, las fotografías, los discos tributo y las páginas, imágenes y exposiciones que pretenden contener el total de la carrera de estos músicos, o una parte de ellas. La versión de los protagonistas puede leerse y verse en los documentales Anthology y en el libro del mismo nombre.

En esta ocasión ponemos en la mano y el ojo del lector un libro imprescindible para conocer la obra y milagros de los cuatro magníficos, como se les llamó, en especial si uno no domina otro idioma que el castellano y desea aproximarse a los entresijos de la vida del llamado tercer Beatle: George Harrison.

El libro tuvo una vida anterior en otoño de 1999 con el título George Harrison: el hombre invisible, en ese momento ese volumen era la primera biografía en español sobre el autor de Something. Canción, por cierto, de la que Frank Sinatra dijo que era una de sus canciones favoritas, la incluyó en sus conciertos hasta su muerte y le concedió el privilegio de grabarla en dos ocasiones en 1970 y en 1979.

Ambos autores del libro se confiesan seguidores de The Beatles y admiradores del cuarteto. Sin embargo, al contrario que en otras hagiografías, en este libro se comenta al detalle las luces y las sombras del más joven de los Beatles. Desde su gira en 1974 con sus aciertos y desaciertos (entre ellos quitar un ramo de flores del escenario con una patada), las complicadas relaciones, en los primeros tiempos de la separación del grupo, con el resto de sus compañeros, la lenta ruptura con su primera esposa Pattie y el triángulo amoroso al que se unió como tercer punto Eric Clapton. A propósito de esto caigo en la cuenta que dos de las canciones de amor más famosos del siglo XX puede reclamar Pattie: Something de George Harrison y Layla de Eric Clapton, lo que no es poco. Tal vez entre los mayores logros de George Harrison pueda contarse el concierto para Bangladesh, organizado en 1970 y para el que logró que Bob Dylan abandonará los aires country que, por entonces, le acompañaban para interpretar algunos de sus temas más emblemáticos de una manera menos impostada de lo que, por entonces, era habitual en el cantautor. En cualquier caso recomiendo todo el concierto ahora disponible tanto en cd como en dvd.

El auténtico admirador agradece la detallada y abundante información sobre las sesiones de grabación, los productores y lo que la crítica dijo sobre cada uno de los álbumes en solitario de George Harrison. Su paso por los Beatles ocupa una buena parte del libro, donde también se repasa su participación como compositor en el grupo, pero le resta protagonismo a la figura central: Harrison. Si bien se nos cuentan anécdotas muy sustanciosas sobre los tres miembros restantes tanto durante como después de la ruptura.

Por otro lado, la lectura es grata, un fan lo devorará con un “ansía viva” de saber más y al aficionado le sorprenderán las anécdotas y la calidad humana de la que hizo gala, casi siempre, George Harrison. Y podrá conocer facetas menos públicas del músico como por ejemplo la de productor de películas, entre ellas La vida de Brian con los Monty Pynthon o Sanghai Surprise con Madonna y Sean Penn.

También la religión se encuentra presente. La relación de Harrison con la música hindú y con grupos como los Hare Krishna alimentaron la sed y la pasión por la India en occidente. De hecho, en un libro tan serio y detallado sobre la historia de la música en relación con la simbología y la tradición primordial, como es Las armonías del cielo y de la tierra de Joscelyn Godwin incluye una referencia a The Beatles, como único grupo de música popular, pop o rock, como queramos, citado, precisamente por su contribución a difundir la música tradicional de la india. Para vivenciar más este asunto puede el lector adquirir el cofre Collaborations, donde se agrupa toda la música publicada en colaboración entre Ravi Shankar y George Harrison.

Por todo lo anteriormente dicho y por muchos otros motivos considero este De Beatle a Jardinero un libro muy recomendable, tanto para fans como para los simples curiosos. Incluye abundante material gráfico, en su mayoría de poca difusión, así como un pormenorizado listado de actuaciones y muchas cosas más.


George Harrison: De Beatle a Jardinero
Javier Tarazona y Ricardo Gil
Prólogo de Matías Uribe y Javier de Castro
Editorial Milenio, Lleida, 2010

Entrevista a Nouvelle Vague [New Wave Deconstruída]

“Es cierto que hay músicos que se enfadan si les preguntan por sus influencias. Me parece una estupidez absoluta. Para ser músico hay que escuchar mucha música, y me encanta hablar de mis músicos favoritos”. De esta manera tan contundente, el cantante Chris Isaak deja sin argumentos a todos aquellos que reniegan de las influencias. Nadie ha inventado el fuego y los maestros lo saben mejor que nadie. Roy Orbison o Nat King Cole aparecen en el imaginario de Isaak. Si el bello poeta se atreve a descubrirnos sus padres artísticos, por qué no debería hacerlo todo el mundo.

Una manera de honraros es a través del arte de la versión. Arte, sí, por la dificultad que conlleva y por alguno de los resultados que se han llevado a cabo. Son muchos los artistas que se han lanzado en los últimos tiempos a versionar a sus maestros, como Beck regrabando el debut de The Velvet Underground o “The Songs of Leonard Cohen”, así como Cat Power y su doble experimento en “The Covers Record” y “Jukebox”. Un paso más allá es lo que realizan desde el otro lado de los Pirineos el colectivo Nouvelle Vague. Hace casi una década nos sorprendieron con su “Love Will Tear Us Apart”. Atreverse con uno de los himnos británicos por antonomasia es una empresa arriesgada, pero tocarla en clave bossa podía haber sido un suicidio en toda regla. Nada más lejos de lo habitual. Esta cover les situó en el mapa, y las posteriores “Guns of Brixton”, “Just Can’t Get Enough” o “The Killing Moon” les pusieron en la cresta de la ola. Sex Pistols, Gary Numan, Soft Cell, Blondie,… una mezcla tan interesante y bien amueblada como la mente criminal de Olivier Libaux, una de las dos cabezas pensantes del proyecto Nouvelle Vague, como así pudimos comprobar durante el transcurso de esta entrevista.

Lo primero es presentarse, ¿de dónde viene Nouvelle Vague?

El nombre de la banda viene de la traducción al francés de New Wave. La primera premisa fue hacer versiones en clave bossa nova de temas de la New Wave. Aunque la traducción del portugués bossa nova no es completamente nouvelle vague, los periodistas musicales franceses de los años cincuenta lo traducían así. New Wave y bossa nova unidos por el término nouvelle vague. No tiene ninguna relación con el movimiento cinematográfico, pese a que circulan muchos vídeos de fragmentos de películas de Godard con nuestras canciones.

Cuando llega la hora de hacer una versión, ¿cómo te enfrentas a ella? ¿Qué cambias y qué mantienes de la canción original?

Olvidamos toda la producción original. Básicamente dejamos el cuerpo de la canción, la melodía y las letras, sólo eso. Toda la producción, los sonidos de la época, los desechamos. Cuando cogemos la melodía y las letras, lo que hacemos es cambiar el ritmo para que encaje con la voz que va a cantarla. Así es como construimos la canción.

¿Qué piensan los creadores de las versiones?

Afortunadamente a la mayor parte de ellos les gustan.

¿Ha habido algún artista que ha estado realmente interesado en vuestras versiones?

Uno de los primeros fue Martin Gore (Depeche Mode), y gracias a eso hemos podido colaborar en el tercer disco. Creo recordar que la primera reacción de la que nos enteramos fue la de Mick Jones (The Clash). En la gira del primer disco tocamos en un festival en Estocolmo y Mick Jones estaba allí. Nos descubrió y supuso toda una sorpresa. Lo mismo que para nosotros su reacción. Después de eso ha habido varios artistas que se han enterado gracias a lo que Martin ha dicho sobre nosotros. Hemos tenido muy buenas reacciones, incluso de gente de la que no hemos hecho ninguna versión, como Morrissey. A Morrissey le encantaban nuestros temas, los bailaba por los clubs de Londres y eso que habíamos hecho nada suyo.

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando conocí a Nouvelle Vague es saber que las vocalistas interpretaban la versión sin haber escuchado la original.

Cada vez es más difícil. Las vocalistas que trabajan con nosotros se han empezado a interesar en la New Wave, así que es mucho más difícil encontrar una canción que no hayan escuchado. Pero siempre hay recursos. Coges un grupo que no sea muy famoso, como por ejemplo Magazine, y eliges una canción de su primer disco que no haya sido single y ya está. Para este álbum queríamos hacer ‘Blister in the Sun’, una canción muy famosa de Violent Femmes, así que decidimos volver a trabajar con Eloisia, la intérprete brasileña que cantó ‘Love Will Tear Us Apart’. Esta chica es puramente brasileña; como mucho conoce el nombre de Depeche Mode, puede que dos o tres de las canciones… ¿De qué va la letra de “Love Will Tear Us Apart”? Calla y canta, sólo cántala.

¿Qué hay más allá de la New Wave? ¿Qué piensas de las nuevas bandas? ¿Qué escuchas actualmente?

Escucho muchas cosas. Muy pop, muy clásicas en sus formas. Por ejemplo, Fleet Foxes. Además, soy muy fan de Sufjan Stevens.

Sufjan está completamente hiperactivo.

Sí, escuché ayer uno de la última etapa que es instrumental. Una pena, porque su voz es genial. Mis bandas favoritas son bandas famosas, dentro de los círculos independientes. También soy un gran fan de Queens of the Stone Age. Es la gran banda actual, hacen rock como en los viejos tiempos.

nouvellesvagues.com
myspace.com/nouvellevague

“Es el momento de lucirte, Orianthi”

“Cuando ellos paran, tú sigues, y das tu nota más alta.

Es el momento de lucirte.

Alto, muy alto.

Lo más alto.

Es el momento de lucirte.

Estaremos ahí contigo”.

Si has visto “This is it” seguro que te sonarán estas palabras. Son de Michael Jackson e iban dirigidas a Orianthi Panagaris, la que iba a ser la guitarrista principal del espectacular show que estaba montando, pero pasó lo que pasó… Viendo la película se deduce que Michael estaba en muy buena forma y… ¿nos vamos a poner a hablar de Michael Jackson? Cierto es que nunca se habrá hablado bastante del que considero -con toda la objetividad posible- el más grande artistazo que ha parío madre, pero no soy quién para hablar de él. Que lo considere así no quiere decir que sus canciones hayan sonado alguna vez en mi coche.

Pero… ¿Y Orianthi? ¿Quién es Orianthi? Antes de nada podrías echarle un vistazo a estos vídeos de YouTube: Vídeo 1, Vídeo 2. Son extractos de las partes de “This is it” donde la moza en cuestión tiene algo de protagonismo. Digo “algo” porque al lado de Michael Jackson cualquier otro es secundario. Me espero a que los veas, son cortitos.

(…).

(…).

¿Ya? ¿Qué te han parecido?

Lo sabía, te han encantado, igual que a mí. Supondrás, igual que yo, que Michael la escogió precisamente a ella por muchas y muy variadas razones.

Pero vayamos al tema. Orianthi Panagaris es una jovenzuela esbelta y lozana de 26 añitos que proviene de Australia, aunque su ascendencia es griega, de ahí su curioso y bonito nombre. Empezó a muy temprana edad en esto de la música y los éxitos no tardaron en llegar. En la Wiki hay mucha información sobre ella, aunque un poco confusa, pero para hacernos una idea no hay más que decir que ha tocado con Carlos Santana y Steve Vai, y ha compartido gira con Eric Clapton y Prince. Ella misma dice que sus influencias en su manera de tocar vienen de Santana, Vai, Stevie Ray Vaughan, Al Di Meola, B.B.King, Joe Satriani, Tommy Emmanuel y Eric Clapton. Las influencias son impresionantes, pero por sí solas no demuestran nada. Para saber de qué estamos hablando hay que escuchar su música. En sus discos está la clave para apreciar con claridad hasta qué punto llega su calidad artística, tanto en la guitarra como en la voz, porque resulta que además de tocar también canta.

“Violet journey” (2006) y “Believe” (2009) son sus dos únicos trabajos hasta el momento. Más que suficiente. En el primero se nota que aún nadie había descubierto su potencial comercial y le permitieron grabar más o menos lo que quiso. Es el típico primer disco del músico que le gusta la música sin más, y el estilo no está bien definido. En él podemos encontrar cosas muy diferentes. Nada más ponerlo aparece “Lights of Manos” (sigue el enlace para escucharla), una delicatessen instrumental a ritmo lento que da una idea de la sensibilidad de esta chiquilla y de la técnica que hay en esas manos, pero no de lo que es el disco. En un par de temas, “Violet journey” y “Believe”, se aprecia claramente la influencia de Satriani, el más grande del rock instrumental, si no se escuchan con toda la atención se podrían llegar a confundir. Sí, amigos (ya sabéis que cuando digo eso de “amigos” es que hablo en serio), estamos ante la guitarrista con más proyección del momento. Pero aún hay más. En “Violet journey” también hay un blues ligerete sensacional, algo de pop, soul y funky, un par de tiernas baladitas, un poco de hard rock, AOR americano…, todo coloreado de manera impecable con punteos o solos de guitarra siempre acordes al tono de la canción, no encasquetados, Orianthi no compone canciones pensando: “aquí hay que meter un solo”, simplemente compone canciones, no se dedica a mostrar su virtuosismo de cualquier manera, por eso su música es tan agradable de escuchar. “Violet journey” es un discazo para escuchadores de música exigentes pero también apto para todos los públicos.

“Believe” es otra cosa. Aquí ya se ve claramente que un productor ávido de éxito comercial ha cogido las riendas y ha dicho: “Esto lo vamos a hacer así”, y ha dirigido el producto a sectores más concretos. “Believe” es rock enérgico e intenso, con una base rítmica potente, muchos coros, más solos, más marcha y más ritmo, sin dejar de lado las canciones a ritmo medio y las baladitas. Un disco completamente diferente que según los gustos puede ser considerado mejor o peor que “Violet journey”, pero en cualquier caso otro estupendo discazo. En “Believe” hay muchas cosas interesantes, como por ejemplo el single “According to you” (live, clip), pero es obligado destacar “Highly Strung”, un tema instrumental tocado a medias nada menos que con Steve Vai. Se puede ver en el vídeo insertado algo más abajo. A ver si eres capaz de decir quién es quién solamente escuhando, sin ver el vídeo. Aparte de estos clips no estaría de más que ojeases éste, es “Voodoo child” de Jimi Hendrix en directo.

Orianthi lo tiene todo para triunfar a lo grande en el mundo de la música. Toca la guitarra como los ángeles, canta como los arcángeles, compone sus canciones, la música recorre sus venas desde que nació y tiene visión para saber lo que necesita el público; rebosa juventud, pasión y energía, por no hablar de su esbeltez y lozanía ya citadas. Michael Jackson la lanzó a la fama mundial, pero de una forma u otra hubiese alcanzado ese éxito que estoy seguro que nos dará muchísimas alegrías a partir de este momento. Apunta este nombre: Orianthi. Sin ningún reparo se puede decir aquello de que “ha nacido una estrella”.

The Gourishankar – “Close grip”

Metal/rock/jazz progresivo del bueno, complejo y difícil de escuchar. Es de ese tipo de música que hasta que no has escuchado el disco varias veces no sabes muy bien qué cara poner, pero cuando lo empiezas a entender disfrutas de lo lindo.

“Close grip” es una reedición del segundo trabajo de estos rusos publicado en 2003. Completan su discografía “Integral Symphony” (EP 2002) y “2nd hands” (2007).

Los músicos son buenísimos, no puedo destacar a ninguno porque están todos al mismo nivel. Si se escucha cualquier parte del disco y nos fijamos en cualquiera de ellos nos damos cuenta de que ninguno se limita a acompañar. Una gozada. Cada uno merece una escucha atenta del disco entero por separado. La formación principal la componen Vlad MJ Whiner a la voz, Doran Usher a los teclados, Nomy Agranson a la guitarra y el bajo y Cat Heady a la batería.

Del sonido podría decir tres cuartos de lo mismo. Según el momento de cada canción que escuches se podría definir tanto como metal como rock progresivo. Pasan de un sonido a otro continuamente, adaptándose perfectamente a lo que requiere el momento de la canción. Ésta es una de las cosas que hace que el disco sea muy entretenido e interesante de escuchar. En las partes metaleras el sonido no es que sea muy especial, recuerda bastante con su base rítmica machacona al metal progresivo del momento, pero cuando toca apartar la potencia a un lado y crear ambientes resulta deslumbrante. Los arreglos de teclado y piano aportan atmósferas muy expresivas, las guitarras dobladas en tonalidades diferentes y los coros llenan la música de dulzura…

Las estructuras son complejísimas y muy variadas. Me han recordado a la obra maestra de Karmakanic “Who’s the boss in the factory”. Hay cuatro canciones de más de siete minutos que no se hacen largas para nada. No se ensarzan en desarrollos instrumentales interminables ni especulativos. Las partes son siempre cortas y los saltos rítmicos y de sonido se suceden uno tras otro sin parar. Los momentos tranquilos son de los que embelesan, pero no te dejan regodearte mucho, en pocos segundos tendrás un sobresalto metalero que ni te cuento. También se pueden encontrar algunas excentricidades, como un solo de trompeta atonal con una base rítmica de puro thrash, toquecillos de jazz repartidos por todo el disco, partes habladas, coros de monjes, voces árabes o distorsionadas, lluvia, efectos electrónicos, arreglos de música clásica, coros casi “a capella”…, todo colocado siempre en el momento justo.

Un discazo impresionante. De esos que cada vez que lo escuchas te va enganchando más y más.

Como el artículo va sobre música de otras tierras también me gustaría recomendar la banda india Motherjane. Su último disco “Maktub” (2008) es un derroche de elegancia musical. Hacen un metal/rock progresivo con un sonido muy sencillo y unas composiciones cortas y sencillas que rebosan ritmo e imaginación. Es de los discos que más disfruto escuchando, sus patrones rítmicos te obligan a seguir la música con todo el cuerpo y la atención se mantiene sin esfuerzo alguno.

Por último, Interpose+ es un grupo japonés casi desconocido de rock/jazz progresivo con voz femenina que canta en japonés. Sólo por eso merece la pena escucharlos. Su música es muy difícil de digerir, sobretodo su último disco “Indifferent” (2007), pero haciendo un esfuerzo inversamente proporcional a lo friki que sea uno se puede disfrutar mucho escuchando a estos magníficos músicos y sobretodo a su voz principal Sayuri Aruga. Recomendaría empezar a conocerlos con su primer trabajo “Interpose+” (2005).

“Assault Attack”, aquella maravillosa obra de Michael Schenker y Graham Bonnet


Que Michael Schenker sea uno de los mejores guitarristas de la historia del rock no quiere decir que sus discos en solitario también lo sean. En UFO, su conexión con Phil Mogg fue extraordinaria, consiguieron editar cinco magníficos discos, pero cuando se separaron ni uno ni otro alcanzaron ese nivel. Schenker se alió primero con Gary Barden y publicaron buenos trabajos, pero ninguna obra que haya hecho historia; y después con Robin McAuley se instaló en un AOR poco atractivo donde el protagonismo de su guitarra era cada vez menor.

Pero… hay una excepción. En 1982, entre medias de la etapa de Gary Barden, dejó de lado a éste y se unió con Graham Bonnet para crear “Assault Attack”, una obra increíble que extrae lo mejor de los dos.

“Assault Attack” es uno de mis discos favoritos, es, para mi gusto, el trabajo en el que su guitarra alcanza la total perfección, que sumada a la portentosa voz de Bonnet dan un resultado espectacular. Es un disco lleno de potencia, sensibilidad, pasión, preciosas melodías, virtuosismo instrumental y muchísimo ritmo. “Assault Attack” es un conjunto de canciones ingeniosas e imaginativas compuestas en diferentes tipos de compases y que recrean ambientes muy distantes unos de otros.

Sin ir más lejos, “Rock You to the Ground” es uno de los mejores blues híbridos que he escuchado jamás. El alucinante espectro de notas que abarca Graham Bonnet unido a su poderío y expresividad te deja tieso (lo sé, se me llena la boca cuando hablo de Graham Bonnet). Es de esas canciones que podría escuchar diez veces seguidas sin cansarme. “Rock You to the Ground” es un blues a tres tiempos, siendo el fuerte el último de los tres, patrón rítmico que te obliga a balancear acompasadamente hombros y cabeza, dejando caer ésta hacia abajo con un movimiento enérgico con cada tiempo fuerte. Sé que esto puede parecer un lío, no sé cómo expresarlo mejor, pero si lo pruebas mientras la escuchas me acabarás de entender. Aquí se puede escuchar entera. Por si fuera poco, el ritmo no es continuado, cada cierto número de compases hay paradas en seco siempre rellenas por toques guitarreros al más puro estilo Schenker que le imprimen aún más ritmo y potencia. A poco más de media canción Bonnet se desmelena por completo con un agudo y da paso al solo de Schenker, una verdadera maravilla que cambia de forma constantemente y va in crescendo hasta alcanzar la apoteosis final. ¡Qué guitarrista! Si no la conoces no dudes en escucharla.

Es difícil decidir cuál es el mejor solo grabado en estudio de un guitarrista, sobretodo si se trata de alguien de la talla de Michael Schenker, por no hablar de su prolífica carrera. Pero si tuviese que elegir alguno no dudaría en decantarme por el de “Desert song”. Ésta es la canción más ligera del disco. Está al nivel de las demás en lo que se refiere a composición e interpretación, pero en su interior contiene el mejor conjunto de notas que, a mi modo de ver, han salido de la guitarra de Michael Schenker. Un solo no se puede escuchar de forma aislada, para sacarle todo el jugo hay que escuchar al canción entera, pero si tienes prisa no te pierdas el segmento de va del minuto 2:44 al 3:16 de éste vídeo. Sí, el solo es muy cortito, y sencillísimo, pero desde mi humilde opinión creo que esas pocas notas definen a la perfección la esencia de la guitarra de Michael Schenker. Si lo escuchas fíjate que al final está apoyado con otras dos guitarras que armonizan a la principal. Delicioso y sublime. Ya puestos, no te pierdas el otro solo de esta canción, que al igual que en “Rock you to the ground” sirve de desenlace.

Como siempre, la canción que más me gusta del disco es la más rara. “Broken Promises” es la más intensa rítmicamente hablando. Seguirla con todo el cuerpo es algo verdaderamente tremendo. Nada más empezar, la batería de Ted McKenna te ofrece un adelanto de lo que te espera. Las estrofas se dividen en dos partes. En la primera no hay nada espectacular, es en la segunda donde el ritmo alcanza su máxima expresión. Después de la segunda estrofa hay un pequeño puente que da paso al solo. Si con el de “Desert song” te has quedado un poco a medias por su suave relax, con éste te saciarás por completo. Después de escucharlo atentamente dime que Michael Schenker no es uno de los mejores guitarristas de la historia del rock. A continuación viene otra estrofa que va subiendo de intensidad gradualmente en una exacta progresión y acaba con una bella melodía de guitarra sobre una curiosa base de teclado que se repite tres ó cuatro veces. Esta canción tiene una estructura pelín compleja, al principio desconcierta un poco, pero cuando la has escuchado unos cuantos millones de veces (con una par de millones basta) te das cuenta de la maestría con que está compuesta.

Podría escribir un libro sobre cada canción de este disco, pero no me quiero alargar más, porque si me pongo a hablar de la instrumental “Ulcer” dejaría a esta web sin espacio, y tampoco es plan. Eso sí, es tan imprescindible como las demás, así que si la quieres escuchar pincha aquí. Te aviso que en esta canción Schenker se desboca por completo.

Más datos sobre el disco aquí.

En los años ’80 se publicaron muchísimos discos magistrales que me han dejado mella y forman parte de mi vida. Pero si bien hay algunos de ellos que por la razón que sea (y sin querer en absoluto desmerecerlos) hoy en día no me dan ni frío ni calor, hay otros, como “The number of the beast” de Iron Maiden o “Into glory ride” de Manowar (por poner un par de ejemplos) que ganan solera con los años, y cada vez que los vuelvo a escuchar las sensaciones que me hacen vivir siempre tienen nuevos matices. Por increíble que parezca, aún después de haberlos escuchado miles de veces, aparecen detalles que, o bien simplemente se me habían escapado por no haberles prestado la suficiente atención o por no haber dispuesto del equipo y el entorno necesarios; o bien la óptica desde la que los escucho es ahora completamente distinta de cualquier otro momento de mi vida. Podría ser un mezcla de todo, pero me decanto por esto último. Escuchar música con verdadera atención no es algo que se haga a la ligera. Hay múltiples factores y variables que cambian en cada instante y que nunca se repiten en la misma combinación y forma, y determinan por completo el resultado de la experiencia. Así, las grandes obras artísticas entablan una paradójica relación con el tiempo. Por un lado lo ignoran, ya que perduran a su paso invariables y cautivan a cada nueva generación; y por otro se alían con él, lo que hace que con cada día, año o década que pase van calando más hondo en los que ya fueron cautivados con anterioridad.

“Assault Attack” es para mí una de esas grandes obras de los ’80.

Los ’80… una década que…!uf! se me agolpan las ideas de tal manera que me bloqueo del todo.
¿Qué os parece si lo dejamos para otra ocasión?

Billy Idol, pasado y presente

No sé si Billy Idol fue un producto de laboratorio discográfico de síntesis de artistas o qué, porque la verdad es que su música, al menos en sus inicios, poco tiene que ver con su imagen.

Una imagen muy sofisticada medio punk, medio rocker y medio new wave que había que encajar en algún estilo de música. Punk no podía ser, un producto discográfico con pretensiones no podía ser ruidoso, sucio, reivindicativo, borracho y drogado como el punk auténtico. Rocker tampoco, porque el rockabilly puro ya estaba pelín desfasado. Ni new wave, porque se suponía que su imagen connotaba algo que se salía de la tendencia del momento y creaba una nueva, pero techno tampoco, porque la música electrónica no tenía todavía los seguidores suficientes, y lo realmente importante del techno era la base musical, no la voz, y Billy Idol era cantante. Pero música disco tampoco, porque la apariencia es de tipo duro capaz de desgarrarse la garganta a voces, y no de moñón aflequillado con hombreras tarareando pegadizas y ñoñas melodías.

Había que buscar algo más fuerte, con un componente rock, pero sin acercarse demasiado al heavy ni al punk, y con otro componente pop pero no demasiado disco ni techno, aunque sí bailable. Su idea era inventar el cyberpunk y colocar a Billy Idol como buque insignia.

La imagen es ciberpunk total, pero la música no. Porque la música de sus inicios no es más que un rockabilly inocentón, políticamente correcto, bailable, poco explosivo, sin garra y nada moderno. Por no decir que la voz de Billy Idol no es nada del otro mundo y su técnica tampoco. Todo bastante terrenal.

¡Ojo! Vuelvo a recordar que esto no es más que las conclusiones que saco después de escuchar todos sus discos. Esto son sólo impresiones personales.

En 1983, con “Rebel Yell”, se empieza a acercar a lo que su imagen implica, pero sólo en alguna canción, porque casi todo el disco no es más que pop convencional, del de la época, nada nuevo ni interesante, sólo relleno para poder meter los singles en un LP.

1986, “Whiplash smile”. Éste sí. Este disco es cojonudo. Aquí la electrónica ha ganado bastante terreno, pero curiosamente las guitarras también. La base rítmica es electrónica, hay con constantes efectos y el sonido de las guitarras es muy sofisticado y sintetizado, pero con una clara actitud heavy, incluso se puede escuchar algún solo. Pero sin olvidar el rollo rockabilly aderezado con pianos electrónicos y voces con mucho eco pero con mucha más garra y marcha que en sus primeros discos. Este disco sí que es realmente especial, mucho más cercano a lo que se conoce como cyberpunk. Lo que no quita que no se pueda encontrar alguna delicatessen al estilo de Leonard Cohen.

Curiosamente, al igual que pasa en la discografía de otros muchos artistas, en el momento de más éxito hay un parón considerable. Así no es hasta 1993 que Billy Idol vuelve a publicar algo nuevo. “Cyberpunk”. Curioso título. Y curiosamente el disco más alejado de ese estilo en toda su carrera. Paradojas de la vida. “Cyberpunk” es el disco menos marchoso y menos vendible de Billy Idol, pero también se le podría considerar el mejor. Es un tanto oscuro, pero la música es de mucha más calidad. La parte instrumental está mucho más trabajada y las canciones están construidas con estructuras muy diferentes. Los patrones rítmicos, aunque más lentos, son muchos y la mayoría poco tienen que ver con lo que Billy Idol ha hecho hasta el momento. Un disco muy interesante, más cercano al techno, con un aire hipnotizante y abstracto que engancha al escuchante casi sin remedio, y digo escuchante porque está enfocado más a la escucha atenta que a la pista de baile. Con este disco alcanzó la mayoría de edad musical.

Con su último disco hasta al fecha, “Devil’s playground” (2005), vuelve a sorprender. Esto sí que es caña pura, quizá lo que se espera de su imagen. Punk, o lo que hoy se conoce como punk. Mucha marcha, guitarras muy potentes, una voz muy cambiada y desgarrada, todo nuevo, pero, como en toda su carrera, sin perder ese componente rockabilly que en mayor o menor medida aparece a lo largo de toda su discografía. Y bueno, un rollete navideño bastante acusado que conviene obviar. Gran disco, digno resultado de la segunda juventud que aparece cuando se ronda la cicuentena y que tan buen resultado ha tenido para la satisfacción de los buenos escuchadores de música del mundo.

Escuchar la discografía de Billy Idol ha sido toda una experiencia cargada de sorpresas. Al contrario de lo que pasa con muchísimos artistas, sus mejores discos son los últimos, o al menos son los que más me han gustado a mí. Después de un insulso principio con un estilo de música que no encajaba ni con calzador con su sofisticada imagen ha conseguido en sus últimas obras hacer una música interesante y de calidad, que es lo verdaderamente importa.

PREMIOS GÓMEZ 2010 6ª EDICIÓN

25-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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¿No estáis hartos de que los medios de comunicación nos bombardeen con innumerables listas de los mejores músicos del año, de la década, del siglo o de la Historia? Que si las 100 mejores canciones de rock, que si las de pop, que si disco del año, que si el disco más influyente, que si Grammys, que si leches en vinagre… por eso y muchas razones más, J.C. Alonso, nuestro hombre musical, creó en 2005 su propia lista anual de premiados y nominados a los premios de la música (que le gusta).

Él mismo explica que “los galardonados son lo mejor que ha llegado a mis oídos durante ese año, independientemente de si se ha publicado o no ese año, evidentemente con un margen de antigüedad…

Parece una tontería ¿verdad? Pues lo es. Pero yo me lo paso bomba. J.C. Alonso.

Os dejamos con los premiados 2010. Enhorabuena a todos.

Artista: Fromuz

Disco: Fromuz

Canción: UnSun

Cantante titi: UnSun

Cantante tío: Stereophonics

Tecla: Fromuz

Cuerda melódica: Joe Satriani (mejor instrumento)

Cuerda rítmica: Kaipa

Viento: Unitopia

Percusión: The (Int.) Noise Conspiracy

Aspecto expresivo: Fromuz

Aspecto técnico: Fromuz

Aspecto musical: Motherjane

Sonido: Cycle

Concierto: Transatlantic

Grupo español: L’Herba d’Hamelí

ARTISTA

Fromuz

Motherjane

Scorpions

Joe Satriani

Transatlantic

DISCO

Fromuz, con “Seventh story” (2010)

Motherjane, con “Maktub” (2008)

Scorpions, con “Sting in the tail” (2010)

Joe Satriani, con “Black swans and wormhole wizards”(2010)

Stereophonics, con “Keep calm and carry on” (2009)

Tom Petty and The Heartbreakers, con “Mojo” (2010)

UnSun, con “The end of life” (2008)

CANCIÓN

UnSun, con “Face the truth”

Fromuz, con “Desert circle”

Motherjane, con “Karmic sterps”

Joe Satriani, con “Dream song”

Hawkwind, con “Green machine”

Cycle, con “Beat me, bust me”

Kaipa, con “In the wake of evolution”

Tom Petty and The H., con “Running man’s bible”

Unitopia, con “Tesla”

Skunk Anansie, con “It doesn’t matter”

VOZ ELLAS

UnSun, con Anna Stefanowicz

The Birthday Massacre, con Chibi

Skunk Anansie, con Skin

Interpose+, con Sayuri Aruga

VOZ ELLOS

Stereophonics, con Kelly Jones

Scorpions, con Klaus Meine

Transatlantic, con Neal Morse

Mitch Laddie

MEJOR TECLA

Fromuz, con Igor Elizov, piano y teclados

Transatlantic, con Neal Morse

Interpose+, con Watanabe Nobuo

Kinetic Element, con Mike Visaggio

MEJOR CUERDA MELÓDICA

Joe Satriani

Fromuz, con Vitaly Popeloff

Mitch Laddie

Kaipa, con Per Nilsson

MEJOR CUERDA RÍTMICA

Kaipa, con Jonas Reingold

Fromuz, con Sur’at Kasimov

L’Herba d’Hamelí, con Dani Fabré

The (Int.) Noise Conspiracy, Inge Johansson

MEJOR VIENTO

Unitopia, con Peter Raidel, saxo

Kaipa, con Fredrik Lindqvist, flauta

Mediabanda, con su sección de metales

MEJOR PERCUSIÓN

The (Int.) Noise Conspiracy, con Ludwig Dahlberg

L’Herba d’Hamelí, con Guillem Roma

Kaipa, con Morgan Ǻgren

Fromuz, con Ali Izmailov

ASPECTO EXPRESIVO

Fromuz, por la intensidad y profundidad de su música

Motherjane, por la elegancia de su música

Scorpions, por su combinación de sensibilidad y potencia

Danko Jones, por su marcha

ASPECTO TÉCNICO

Fromuz, por su ambiente y elaboración

Hawkwind, por su ambiente

Hidria Spacefolk, por su ambiente

Transatlantic, por saber hacer un disco de una sola canción sin perder el hilo ni aburrir

ASPECTO MUSICAL

Motherjane, por su composición y ritmo

Fromuz, por su composición, ejecución y coordinación

Kaipa, por su composición y ejecución, y por lo desenvuelto de su música pese a su complejidad

Interpose+, por su composición

SONIDO

Cycle

Joe Satriani

Scorpions

Fromuz

CONCIERTO

Transatlantic

Barcelona Bluegrass Band

GRUPO ESPAÑOL

L’Herba d’Hamelí

Cycle

Barcelona Bluegrass Band

+ info

El sonorama, diario de un festival indie

14-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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Cada año, a mediados de Agosto, tiene lugar en Aranda de Duero (Burgos) un festival de música indie, que se ha caracterizado, al menos hasta el momento, por ser “casero” (los asistentes asiduos a cada edición han coincidido a la hora de definirlo de esta manera). Efectivamente, llama la atención la entrega del pueblo pues, nada más bajar del autobús, ya se acercan los autóctonos a informarte de los autobuses que puedes coger para ir al camping o de los bares donde encontrarás raciones asequibles de morcilla, por no hablar de la costumbre arraigada de ofrecer a los visitantes en las bodegas del pueblo una copita de vino y una selección de embutidos. Se han ganado nuestro corazón…

Parece que este trato compensa las temperaturas extremas también propias de la zona: por la mañana pueden rozar perfectamente los 30ºC y por la noche los 0ºC.

La organización, siguiendo los principios acogedores del pueblo, lleva años apostando por un tipo de pop independiente y, lo que es más, español. Participa en la ardua tarea de promocionar a los nuevos talentos. De hecho, dentro del recinto de conciertos, encontramos tres carpas. Dos de ellas son al aire libre y es donde tocan los grupos más consagrados. La tercera, cubierta y más íntima, recibe el nombre de “Futuras promesas”.

Cabe decir que no hay ningún grupo indie español actual que esté pegando en el presente y no haya pasado por el Sonorama.

Este año hemos notado ciertos cambios en el festival. Para empezar, ha habido 30 mil asistentes, lo que supera con creces el ambiente íntimo característico de otras ediciones, característico, a su vez, de lo que veníamos entendiendo por música independiente. A lo que cabe preguntarse, ¿Qué ocurre cuando la música indie se convierte en un fenómeno de masas? ¿Podremos seguir llamándola independiente? También en esta edición, hemos asistido a distintos estilos de música. El eclecticismo está cobrando importancia en el sector. Hablamos de sonidos que van desde el pop más clásico (Los planetas), el country (Arizona Baby), el punk surfero (Airbag), o un rock mítico (Loquillo).

De lo anterior deducimos que el público sigue apostando por las viejas glorias pero, al mismo tiempo, está impaciente por descubrir nuevos sonidos. Un ejemplo paradigmático de esto es Lori Meyers, grupo asiduo al Sonorama. Podría decirse que este festival vio nacer a sus componentes, les vio crecer en el escenario (han dado un salto muy notable) y también les vio cambiar de estilo, pues el melómano medio puede apreciar una clara diferencia entre su primer disco y los que siguen: al principio se caracterizaban por un pop cercano al de “Los Brincos” y cada día se acercan más a “Rafael” (cabe decir aquí que en el Sonorama estuvieron más entregados a su primer estilo).

Quizá sean las exigencias del guión de vivir de la música lo que lleva a grupos como este a pegar saltos tan bruscos.

No se puede decir lo mismo de Airbag, grupo que sigue teniendo un público fiel y minoritario. En todos sus conciertos, los fans acuden con flotadores de playa (se ha convertido en icono de estos Ramones malagueños). El cantante del grupo se preocupó en aclarar al clamor de la afición que gritaba “¡Escenario principal!” que, diez años después de tocar en el Sonorama por primera vez, han vuelto a la carpa de “Futuras promesas”. Lo más curioso es que vemos camisetas de Los Ramones incluso en el H&M (como la camiseta de temporada de Marta, en la canción “Marta no es una punk”) y, sin embargo, este grupo español (también de inspiración adolescente-surfera) no termina de despuntar. Tampoco ayuda que en uno de los “Escenarios Principales” tenga lugar, al mismo tiempo, un concierto de un tipo de música análogo, a saber, el de Los Coronas (estos no perdieron oportunidad para anunciar que sonarán en la próxima película de Tarantino, y es que no es de extrañar, pues escuchándolos viene a la cabeza Pulp Fiction).

Siguiendo la línea de sonidos novedosos, cabe mencionar a Vinila von Bismark, cuyo punto fuerte es la espectacularidad. Se trata de un grupo que explota el rockabily de los cincuenta. La cantante no se corta a la hora de evocar A las pin-up. Su entrega al espectáculo hizo que Loquillo empezara treinta minutos tarde. Cabe decir aquí que esa fue una de las quejas más frecuentes de los grupos: la falta de tiempo. Cada concierto duraba aproximadamente cincuenta minutos. Bien es cierto que hubo grupos como Sidonie que no supieron aprovechar lo que se les daba, pues llegaron como veinte minutos tarde haciendo que se retrasaran todos los demás. Y es que la ambición de este festival, ya sea para bien o para mal, hace que se concentren en un periodo de tres días ininterrumpidos aproximadamente setenta grupos, pues a esta sucesión en las carpas/escenarios principales, hay que añadir los que tocan en la plaza del pueblo, así como los improvisados que también son dignos de ver. La espontaneidad musical en las calles (a la que el público responde con entusiasmo, cantando y bailando con el sol de las cuatro de la tarde) es, sin duda, lo que más emociona de este festival, pues conserva una frescura setentera.

Hablando de setenteros, casi se me escapa mencionar el sonido de Hola a todo el mundo, que tiene un aire sesentayochista y, sí, dan la bienvenida a distintos instrumentos, quieren aunarlos todos, desde el violín hasta la guitarra eléctrica. Se caracterizan por llenar el escenario de instrumentos de lo más dispares. Una referencia: Arcade Fire.

En conclusión, prácticamente todo grupo indie español que empieza a hacerse notar, puede equipararse a un clásico internacional, lo que nos lleva a, oh cielos, una suerte de globalización de la música. Las referencias inmediatas de los jóvenes músicos ya no se encuentran en lo autóctono, sino, quizá, en lo que soñaron de niños y adolescentes cuando veían videoclips/películas en el salón de sus casas. El concepto de lo indie se expande, rompe barreras, hay que reinventarse (en su madurez, incluso el ex-cantante de Suede ha optado por un sonido tranquilo, casi monótono, pero no se puede negar que se haya reinventado a sí mismo también). Esto es lo que la sociedad de mercado demanda: cambio, cambio. Quizá la innovación vertiginosa que se le exige a la música sea la responsable de que, a excepción de los consagrados como Loquillo o Los Planetas, todos busquen desesperadamente grupos internacionales análogos.

Como dijo un espontáneo burgalés al ver las colas que se formaban para tomar autobuses de vuelta a casa: “lo que hace la música”.

La organización, siguiendo los principios acogedores del pueblo, lleva años apostando por un tipo de pop independiente y, lo que es más, español. Participa en la ardua tarea de promocionar a los nuevos talentos.

Ha habido 30 mil asistentes, lo que supera con creces el ambiente íntimo característico de otras ediciones, a lo que cabe preguntarse, ¿Qué ocurre cuando la música indie se convierte en un fenómeno de masas? ¿Podremos seguir llamándola independiente?

De lo anterior deducimos que el público sigue apostando por las viejas glorias pero, al mismo tiempo, está impaciente por descubrir nuevos sonidos. Un ejemplo paradigmático de esto es Lori Meyers, grupo asiduo al Sonorama.

La ambición de este festival, ya sea para bien o para mal, hace que se concentren en un periodo de tres días ininterrumpidos aproximadamente setenta grupos, pues a esta sucesión en las carpas/escenarios principales, hay que añadir los que tocan en la plaza del pueblo

Esto es lo que la sociedad de mercado demanda: cambio, cambio. Quizá la innovación vertiginosa que se le exige a la música sea la responsable de que, a excepción de los consagrados como Loquillo o Los Planetas, todos busquen desesperadamente grupos internacionales análogos.

Scorpions, pasado y presente

24-noviembre-2010 · Imprimir este artículo

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Scorpions, palabras mayores. Hace ya 38 años desde que sacaron su primer disco, repito, 38 años, y están plenamente en forma. Mira si lo están, que su nuevo trabajo “Sting In The Tail” es uno de los mejores de toda su carrera, y no sería muy aventurado decir que el mejor. Pero dejemos esto para el final…

Vamos a hacer un repasillo a su discografía. 17 discos de estudio, si no me equivoco, repartidos de forma muy diferente en cuatro décadas de historia musical que dan para mucho. Si dividimos la carrera discográfica de Scorpions en varias etapas, “Lonesome Crow” podría ser la etapa cero.

“Lonesome Crow” (1972), una cosa extraña que estaba más cerca de los cantos gregorianos que del rock. Realmente feo. Hoy en día nadie hubiese apostado un duro por ellos. Los fundadores Klaus Meine (voz) y los hermanos Rudolf y Michael Schenker (guitarras) no demuestran ni un uno por ciento de su potencial. Después de editar este disco, Michael, uno de los mejores guitarristas de la historia del rock, decidió irse con UFO. Al lado de Phill Mog se lució desde el primer momento, pero eso es otra historia.

En la primera etapa (1974-1978) el sonido de Scorpions no era ni la sombra del sonido sofisticado y potente pero dulce que conocemos hoy. Escuchado desde el punto de vista actual suena terriblemente retro, lo que es perfectamente normal, hay que tener en cuenta que corrían los años ’70. Lo que sí que resulta extraño es que Klaus Meine, una de la voces más maravillosas y únicas de todos los tiempos, no cantaba todas las canciones, Rudolf Schenker se atrevía con su espantosa voz a quitarle parte del protagonismo que merecía pero que todavía no se había ganado. Y su técnica era muy diferente, se empeñaba en utilizar insistentemente el vibrato, y en muchas canciones cantaba con un berrido afónico poco menos que molesto. Lo que sí empezaba a tomar forma era el fenómeno “baladita heavy” que tantas alegrías nos ha dado.

In Trance” (1975) y “Virgin Killer” (1976) fueron lo mejor de aquellos años que se culminaron con el doble en directo “Tokyo Tapes” (1978), uno de los discos que más he escuchado en mi vida. El sonido aquí ya había cambiado mucho, y las mismas canciones tocadas en directo tenían un aire completamente diferente, mucho más parecido al sonido “Scorpions” propiamente dicho.

Recuerdo que lo tenía grabado en una cinta (eso que hoy llaman “cassette”) que había reciclado de algún sitio, posiblemente en su día fue una cinta de chistes de Eugenio, el Volumen 2 de la serie Coña o algo así. El truco de poner un cacho de celo en los orificios de arriba hacía que se pudiese grabar encima, lo que ayudaba mucho, dado el nivel económico de entonces, que no me permitía ni comprarme una miserable cinta virgen.

La segunda etapa de la carrera de Scorpions (1979-1985) fue la más exitosa, de eso no hay ninguna duda. Se inició con “Lovedrive” (1979), un estupendo disco que se reparte entre canciones de ritmo rápido, medio y lento a partes iguales. Aquí aparecen por primera vez temas de puro heavy metal con “Another piece of meat” o “Can’t get enough”, pero también esas baladitas suyas tan encantadoras, como “Always somewhere” y “Holiday”, ya con la forma y la actitud que todo el mundo conoce.

El sonido era muy acorde con los tiempos que corrían, muy de la NWOBHM, pero con un toque particular muy suyo y muy diferente de las demás bandas punteras de entonces, como Iron Maiden, Judas Priest, Def Leppard o Saxon, que tenían cosas en común pero el sonido de cada uno poco tenía que ver con el de los demás, a diferencia del metal de estos últimos años, que tiene un sonido tan uniforme que hace que casi todas las bandas suenen terriblemente parecidas.

La incorporación del guitarrista Matthias Jabs sustituyendo a Uli Jon Roth fue fundamental en esta etapa y otra de las bases de su éxito. Roth era muy bueno, buenísimo, eso es innegable, pero Jabs le dio a la banda un toque muy especial. No se limitaba a tocar el riff en la estrofa y esperar su momento para lucirse en el solo. Se dedicaba durante toda la canción, con un punteo casi continuado, a apoyar la voz de Meine, complementándose así las dos melodías como si fuesen una sola, y tapando todos los huecos, compactando el sonido, pero no con dureza, que de eso ya se encargaba Rudolf, si no con pura magia. En “Lovedrive” no utilizó mucho esta técnica, fue a partir de “Blackout” donde la exprimió de verdad. Matthias Jabs no sólo formaba una pareja excelente de guitarras con R. Schenker, también construía otra con K. Meine, en términos melódicos realmente insuperable.

Después de “Lovedrive” llegó “Animal Magnetism” (1980), un disco con buenas canciones pero de un nivel un poco más bajo que el anterior y que el posterior “Blackout” (1982), una auténtica joya. En este trabajo las canciones cañeras destacaban del resto, “Blackout”, “Can’t live whitout you” y “Dynamite”, pero sin llegar a ser totalmente nueva, la estructura de media baladita de “No one like you” o “You give me all I need” resultó muy efectiva, por no hablar de una de sus mejores baladas, “When the smoke is going down”.

Fue el año que descubrí a Scorpions, momentos verdaderamente intensos musicalmente hablando, en los que la música era parte fundamental de la vida y servía de bandera y de signo identitario.

Y apareció “Love at first sting” (1984), o mejor dicho, “Still loving you” y las demás. Ese año, ese ente intangible llamado “mercado mundial”, o “sociedad”, o simplemente “gente”, capaz de catapultar hasta la gloria más absoluta al más humilde o, por el contrario, devorar, vilipendiar y hundir en la miseria al más pintado, decidió que Scorpions eran la hostia. De pronto el mundo descubrió que Klaus Meine cantaba como los ángeles, y que su voz, entre poderosas guitarras, era capaz de enternecer a cualquiera. Las radiofórmulas lanzaron a Scorpions al estrellato de una forma fulgurante, como si los hubieran metido en un cañón y hubiesen alcanzado el cielo en cuestión de segundos.

Love at first sting” fue un gran disco, pero ni mucho menos de los mejores de la banda. Estaba enfocado a un público más amplio, la mayoría de los temas estaban compuestos en un ritmo medio, cercano a lo bailable, y el sonido era bastante más suave que en “Blackout”. Pero estaba “Still loving you”, que aunque tampoco fuese su mejor balada tenía lo que hay que tener para triunfar a nivel internacional y en todos los ámbitos musicales.

Fue el año en que tuve la ocasión de verlos en directo por primera y última vez. Tengo una imagen grabada en la memoria a fuego. En el momento del concierto dedicado a las baladitas enfocaron todas las luces sobre una gran bola de mosaico de espejos, como las de las discotecas, y el pabellón entero se llenó de circulitos de luz que se movían y cambiaban de color como si fuese un cielo estrellado, y todo ello aderezado con la pasión de Klaus Meine al cantar… Inolvidable, amigos.

Esta etapa se culminó con el directo “Word Wide Live” (1985), que los lanzó aún más arriba que el disco anterior. La “gente” descubrió “Holiday” y “No one like you” y se murió de gusto de repente, a pesar de que “Holiday” estaba cercenada por la mitad. El disco estaba muy bien grabado, y las canciones en su conjunto ganaban bastante respecto al estudio, excepto precisamente “Still loving you”, la pieza clave, que en el momento culminante, esos tres potentes acordes que inician su desenlace, no tenían la fuerza que en el disco de estudio.

A raíz del superéxito del doble en vivo, “Bad boys runnig wild” y “Rock you like a hurricane” sonaban en discotecas y en bares de todo tipo de ambiente y la palabra Scorpions encabezaba todas las conversaciones musicales al margen del rollo heavy. A los rockeros aquello nos gustaba, nos sentíamos orgullosos de que uno de los nuestros fuese aceptado por la gran masa. Pero nos cansamos. Esa gran masa sólo quería oír hablar de las baladas y poco más, lo que nos indignaba de lo lindo. ¡Cuántas veces tuvimos que escuchar aquello de: “A mí el heavy me horroriza, pero las baladas son geniales, sobretodo las de Scorpions”! Recuerdo aquella vez que una niña pijita me preguntó si había escuchado la nueva de Scorpions. Yo, entusiasmado le dije: “!No me digas que han sacado un nuevo disco!!!”. “Sí sí -me dijo ella-, esa de noguanlaicyú”. Totalmente derrumbado por la decepción le dije: “Amiguita, esa canción tiene ya cuatro años”. Lo que entonces significaba toda una eternidad. ¡Por Dios Santo, Scorpions es mucho, pero que mucho más que eso! Hartos de intentar culturizar a la gente sin resultado alguno, se los acabamos entregando, como ya hicimos con Bon Jovi. “Son vuestros, haced con ellos lo que queráis”.

E hicieron lo esperado. A partir de entonces las discográficas exprimieron al máximo el producto, sacando al mercado recopilaciones de las mejores baladas, selecciones de las mejores canciones, recopilatorios selectivos, selecciones recopilatorias, recopilatorios de grandes éxitos, lo mejor de las selecciones de recopilaciones de superéxitos y bla bla bla, inundando las tiendas de discos con diferentes portadas con el mismo material.

En el plano comercial triunfaron a lo grande, pero en el musical… En el ’85 alcanzaron el cielo, pero descubrieron que allí no había ninguna plataforma sobre la que mantenerse. Y empezaron a caer. Lo que no imaginaron fue que sus nuevos seguidores no iban a estar allí para parar su caída, ya estaban mirando para otro lado a ver a quién podían idolatrar, y que los pocos que quedaban de los suyos, de los de siempre, no iban a hacer la fuerza suficiente para sujetar la lona que estaba a un metro del suelo. Así en 1988 se pegaron un tremendo batacazo y sacaron un disco pésimo, sin duda el peor de su carrera, iniciando una nueva etapa.

Savage amusement” (1988) estaba enfocado únicamente a sus nuevos seguidores. Un sonido demasiado suave e insulso, ochentizado al máximo, con unos coros dulcificados en exceso, melodías facilonas con la intención de ser pegadizas, y un conjunto de canciones de las que sólo se salva, por supuesto, la baladita. Embriagados de éxito, se les escapó la inspiración como por arte de magia (negra).

Inspiración que tardó en volver a aparecer. De sus dos siguientes discos sólo se salva “Woman”, de “Face the heat” (1993), una de sus mejores canciones, una balada oscura cantada con un sentimiento que no se le veía a Meine desde muchos años atrás, una verdadera joya, muy diferente del resto de canciones de Scorpions.

Esta etapa melosa llegó tuvo su punto culminante con “Pure instinct” (1996). Aquí sí. Un gran disco, con nuevas y buenas ideas, con cierto aire pop pero con la potencia recuperada en la instrumentación y en la actitud. En cambio, con “Eye to eye” (1999) se dedicaron a experimentar con un resultado más que discutible, es un disco muy raro, no hay por donde cogerlo. Personalmente creo que no se debe tener muy en cuenta a la hora de valorar su discografía.

Y llegamos a la etapa actual, que, nostalgias aparte, se podría considerar como la mejor. Allá cada uno con su criterio. Se inició con un gran disco, “Unbreakable” (2004). Caña, ritmo, melodía, potencia, buen sonido, y todas esas cosas que definen a los Scorpions que más nos gustan. A éste le siguió un trabajo muy especial, “Humanity hour” (2007). Es una de las sorpresas más grandes que me he llevado últimamente. A estas alturas, y con el buen sabor de boca que dejó “Unbrekeable”, Scorpions es un grupo que ya no tiene nada que demostrar, y se permiten hacer lo que les da la gana. “Humanity hour” no tiene que ver absolutamente nada con el resto de la su discografía. El tono es muy oscuro en todo el minutaje, de hecho se acerca bastante al gótico, las guitarras, muy potentes, suenan muy de esta época, pero hay poco espacio para los solos. Hay baladitas, pero no con ese aire dulce de siempre, son oscuras como el resto del disco. Una gran obra en su conjunto que merece ser escuchada con atención.

Y llegamos al final. Si “Humanity hour” ha sido una gran sorpresa, “Sting in the tail” (2010), además, ha sido un enorme alegrón. Los primeros acordes que suenan recuerdan a los Scorpions de siempre, pero poco a poco te vas dando cuenta de que lo que han hecho en este disco es… ¡Rock’n’Roll!!!! Excelente, estupendo, alucinante (me parezco al Piqueras). Una marcha y un buen rollo que no tiene nombre, el sonido Scorpions de siempre pero mejorado, mucho ritmo, buenos solos de guitarra, una producción trabajadísima con unos arreglos cojonudos, ni un minuto de desperdicio.

Y ellos están plenamente en forma. Sobretodo sorprende Klaus Meine. Cómo se nota los que se cuidan. No sé exactamente la edad que debe tener, pero escuchándole parece la voz de un chaval, pero con la técnica de un maestro.

Rock and Roll amigos, la mitad de las canciones son puro Rock and Roll, con ese rollo heavy que tanto nos gusta. También se pueden encontrar tres o cuatro canciones de ritmo medio típicas de Scorpions con buenos riffs y melodías que recuerdan a tiempos pasados. Y ¡cómo no!, las baladitas. Cuatro, geniales todas, y la que finaliza el disco enfocada al directo, muy solemne, ideal para que todo el público cante a coro el estribillo con un mechero encendido en cada mano.

¡Qué alegría! Scorpions vuelven a ser ellos. En una de las canciones del disco, “Spirit of rock”, aparece varias veces la frase “Spirit of Rock will never die”. No se puede decir mejor.

La mala noticia es que a principios de este año anunciaron su retirada de los escenarios. No he aludido a la noticia por una sencilla razón, y señores Scorpions, por favor discúlpenme, pero no me creo ni una palabra.

Scorpions will never die.

¿Te gusta Van Halen? A mí no.

14-octubre-2010 · Imprimir este artículo

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El primer disco de Van Halen (“Van Halen I” – 1978) es uno de los mejores de la historia del rock. Dejaron al mundo boquiabierto. Estaba a años luz de todo lo que se había hecho hasta el momento. Su estilo, un incipiente heavy-rock, sus actuaciones en directo, el carisma de su cantante, Dave Lee Roth, su imagen y sobretodo la manera de tocar y el sonido de la guitarra de Eddie Van Halen (dicen que tocaba de espaldas al público para que nadie le copiara su técnica) dieron un vuelco al panorama musical rockero de los ’80. Como dice la Wiki, “Van Halen I” marcó un hito en la historia del rock.

Pero Van Halen no ha conseguido en toda su historia crear nada que se le acerque ni de lejos a lo que hizo en su primer disco. Después del exitazo publicaron una serie de discos nefastos, al cual peor y más aburrido, de los que se puede extraer sólo alguna cosilla decente. A los buenos escuchadores de música, los que escuchan el disco hasta el final, no les basta con un par de canciones pasables. Dave Lee Roth dejó el grupo y fue sustituido por Sammy
Hagar, con el que editaron otro puñado de LP’s. Más de lo mismo. Buscaron el éxito basando todos sus esfuerzos en conseguir un single lo más cercano posible al pop para aprovechar la tendencia del momento, lo que resultó más empalagoso que exitoso. Y el 1998 publicaron “Van Halen III”, un disco larguísimo y pesadísimo, con un cantante que ni siquiera me he molestado en consultar su nombre.

Está claro que hablo únicamente desde mi punto de vista. Casi todos los lanzamientos de Van Halen han sido grandes éxitos, pero eso no quiere decir que sean buenos discos. Yo los conocí cuando publicaron “Women and children first” (1980), entonces, en mi barrio, todavía se los consideraba un buen grupo, sobretodo por tener una superestrella como Eddie. Dos discos malos se perdonan, pero tres no. Después de “Fair warning” (1981) el mito se derrumbó, y Van Halen pasaron a ser considerados el grupo malo por excelencia. Y con “1984” y su hit pop “Jump”, destinado a las radiofórmulas y a captar adeptos de otros ámbitos, Van Halen dejó de formar parte de las conversaciones musicales de los encuerados melenudos de los alrededores. Como mucho el comentario que se hacía era “se han pasado al otro lado”, cosa que entonces nos indignaba muchísimo.

Estas son las conclusiones a las que he llegado después de escuchar todos sus discos, uno tras otro, en poco menos de un mes, dejando de lado todo tipo de datos sobre ventas o biográficos, teniendo en cuenta únicamente la música. También he notado que Eddie Van Halen tiene alguna especie de obsesión por “Ain’t talkin’ ‘bout love”, una de las mejores canciones del primer disco, porque al lo largo de toda la discografía su riff inicial aparece unas cuantas veces en otras canciones de forma directa o camuflada. ¿Será falta de ideas o simplemente cuestión de estilo?

Van Halen es el típico grupo que ha tirado durante toda su carrera de la inercia del exitazo de su primer disco. Seguro que más de uno está pensando en Oasis o Guns and Roses, cuya historia es muy parecida. Lo que es increíble, con lo difícil que es mantenerse, es lo bien que han sabido gestionar su éxito, más que inspiración musical parece que hayan tenido el mejor experto en marketing del mundo a su lado durante toda su vida.

¿Hay alguien de aquí al que le guste Van Halen? A mí no.

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