125 aniversario del fallecimiento de Luis II de Baviera

El trece de junio se cumplían ciento veinticinco años del fallecimiento de Luis II de Baviera, monarca conocido sobre todo por sus castillos y el generoso mecenazgo sin el que la obra de Richard Wagner no sería probablemente ni la mitad de lo que finalmente fue, aunque no faltan otros hechos y polémicas que configuran la figura públicamente reconocida.

En Munich han preparando exposiciones y actos, aparecen nuevas biografías y reediciones de las antiguas e incluso traducciones al inglés para los numerosos turistas no germano-parlantes que visitan y visitarán la ciudad y todo el sur alemán durante este 2011 y el venidero 2012.

Sin embargo no conozco editorial o institución española que haya tenido a bien publicar ningún libro sobre este rey peculiar, muy amado de su pueblo incluso a día de hoy -en su tumba no faltan nunca flores, por lo visto-, ni siquiera teniendo en cuenta su pasión por la tecnología (creía firmemente que el hombre podría volar y en las construcciones de sus palacios siempre se contó con los últimos adelantos), o su discutida sexualidad (con la de juego que da en un país que vive cada día más para el morbo… aunque en sus aspectos más bajos y mediocres, esto también es cierto).

Entre nuestros literatos Luis Antonio de Villena le dedicó una biografía novelada de gran belleza (Oro y locura sobre Baviera) y en cine es famosa la detallista y descriptiva película de Visconti sobre el rey, aunque le preceden cintas tan antiguas como Das Schwigen am Starnbergesee de 1920 y Ludwig der Zweite de 1930.

No contrajo matrimonio y sobre todo al final de su vida se rodeó de artistas, mujeres mayores o que lo fascinaron, y de hombres hermosos y fieles. Se aisló de un gobierno marioneta frente a la unificación alemana y fue prefiriendo los sueños y la poesía sobre la triste realidad, la vulgar y decepcionante realidad.

La “locura” por la que lo declararon incapaz para gobernar sigue siendo motivo de debate entre médicos en nuestros días, y sus palacios son visitados por cientos de miles de personas que, violando su deseo de exclusividad, tienen acceso por unos instantes a “otro mundo” de belleza y poesía.

Proclamado rey muy joven, tras la inesperada muerte de su padre, asumió el poder con gran entusiasmo y energía, aunque su primera acción fuera de la mandar buscar a Wagner. Intentó dirigir su país con sensatez y buen criterio… hasta que Bismark y los acontecimientos austro-prusianos y germano-franceses lo convirtieron en una especie de rey “títere” pues Baviera ya no era independiente sino parte del imperio alemán. Fue entonces cuando comenzó su “declive”, su rampa hacia proyectos cada vez más costosos y su generosidad exagerada hacia artistas y criados. Prefirió el sueño del lirismo frente a la vigilia de la mediocridad.

Con el silencio en las letras españolas de 2011 se lo pagamos.

La estrategia del terror para torcer la voluntad popular

¿ETA volverá a atentar? No lo sabemos. Pero lo que sí está probado es lo siguiente:

a) Desde siempre ha querido torcer el rumbo de las elecciones generales cuando considera que sus resultados pueden ser negativos para su estrategia de independentismo basada en el terror.
b) Los antecedentes indicarían que lo va a volver a intentar. Sea en forma del atentado clásico (bomba, tiro en la nuca, etc.), sea en forma de una tregua trampa seguida de alguna declaración de alto el fuego que “negociará” con el partido que va a perdiendo las elecciones y que ellos consideren menos peligrosos para su estrategia.

Los hechos que siguen estuvieron destinados a torcer el rumbo de la soberanía popular:

-El atentado seguido de muerte del Almirante Carrero Blanco quince minutos antes del inicio del juicio contra diez miembros del entonces sindicato clandestino Comisiones Obreras. Según sus propias conclusiones ETA perseguía influir en las divisiones entonces existentes en el seno del régimen franquista entre los «aperturistas» y los «puristas». Según el Comando Txikia que ejecutó el magnicidio, Carrero Blanco era «una pieza fundamental» e «insustituible» del régimen y representaba al «franquismo puro». La muerte de Carrero Blanco cambió el rumbo de la Transición. Colocaron cerca de 100 kilogramos de Goma-2 (el mismo explosivo que aún no pudo determinarse -por manipulación culposa o dolosa- si se usó en los atentados del 11M).

-El 19 de abril de 1995, el futuro presidente de gobierno Aznar es objetivo de muerte en un atentado del que salió ileso gracias al blindaje del vehículo.

Ese atentado fallido tendía a evitar lo que luego ocurrió (y que no hubiera ocurrido si el atentado tenía éxito, que no lo tuvo milagrosamente): que Aznar fuera presidente de gobierno desde 1996 a 2004. Y que persiguiera tenazmente a la banda terrorista.

-Y así llegamos al 11 M. Una semana antes de los atentados del 11-M los sondeos daban al PP una ventaja de cuatro puntos en las elecciones, aunque se daba por poco probable que repitiera su mayoría absoluta de 2000, en donde consiguió 183 escaños.

Poco antes de las elecciones y del atentado hubo:

a) el pacto de gobierno tripartito en Cataluña, y

b) una reunión entre Josep-Lluís Carod-Rovira y dirigentes de ETA

La sombra de los atentados estuvo presente y fue un factor relevante para obtener los votos de los indecisos o abstencionistas; un elevado porcentaje de encuestados se declaraban “indecisos” (en torno al 40%). En las sedes del PP, la noche previa a las elecciones, se concentraron miles de personas para mostrar su descontento con la política informativa del Ministerio del Interior sobre la autoría de los atentados, en el que el ministerio apuntaba como principal sospechosa a ETA, a pesar de que había otra línea de investigación abierta que cobraba más fuerza apuntando al terrorismo islámico.

Que ETA participó en este atentado criminal como autor, partícipe primario o secundario (para ejemplificar con la terminología del Derecho Penal) está en investigación y más temprano que tarde la verdad se conocerá. Si no como autor directo (colocar las bombas, etc.), podría haber sido partícipe primario (facilitar el explosivo a los terroristas, manipularlos, etc.). Y si no se prueba ninguno de los dos extremos quedará la posibilidad del partícipe secundario (asesoramiento, instrucción militar, etc.).

Por eso creo que, ante las pruebas directas y/o los antecedentes indiciarios severos y concordantes, hay que estar preparados para estas posibilidades que tenderán a torcer, un vez más, el resultado de las elecciones: O el atentado al/los candidato/s (acción –afortunadamente- casi descartable por su poco efecto actual) o la puesta en escena de un pacto (simulado) de dejar las armas, etc. que le permita al partido de gobierno –poco antes de las elecciones generales o adelantadas- capitalizar este “éxito” largamente esperado por la población.

No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas. (Xavier Arzalluz ex presidente del PNV)

Norberto Zingoni, abogado, ex-juez

Explotáis, luego existo

Prometo, como Orson Welles al comienzo de su hermosísima Fraude, que, a pesar de tratar de simulacros, ficciones y otras imposturas, lo que sigue es totalmente cierto y está basado en rigurosos hechos reales, pero solo hasta cierto punto.

Las cosas son así: cada día es más difícil saber quién es quién, quiénes somos. Como en el sueño de Chuang Tzu ya no estamos seguros de si somos nosotros mismos o el sueño que alguien tiene de nosotros. Una pérdida de identidad que ha alimentado las obras de Kafka, Roland Topor, Kôbô Abe o Philip K. Dick y que parece no querer quedarse solo ahí. Baudrillard ha expuesto largamente la lógica de la simulación, la sustitución de los hechos por precisos modelos previos a la realidad. Bienvenidos a la era del simulacro, la de Matrix y el ciberpunk, aquella en la que los avatares virtuales del Second Life pronto parecerán más reales que la propia realidad, puesto que de simulacros vamos a hablar.

La lógica deleuziana de que el Poder no quiere ser medido por el rasero de la Historia sino por el tamaño de sus enemigos resulta más que evidente en la sociedad en la que vivimos. Es el uso del conflicto como fórmula de publicidad pret-à-porter. De ahí el resurgir mediático de un terrorismo internacional que tan bien les sirvió a Reagan y Thatcher para regir el mundo con mano de hierro. Pero en esta era de la información ya no se trata tanto de inventar enemigos (como en el caso de los fascismos o las dictaduras totalitarias) como de magnificar a los contrincantes de uno. Imaginémonos a los managers de un púgil que primero agrandan el currículo de su adversario para luego, al haberle derrotado, ensalzar homéricamente la figura de su pupilo. Las generaciones futuras, al revisar quién fue George W. Bush, lo más parecido a un siniestro alcaide de película carcelaria del Hollywood de los años 40, encontrarán su nombre inevitablemente engarzado al de otro. Es más, mediarán su cruzada salvífica contra el terror a partir del terror mismo. Osama Ben Laden, aquel que osó desafiar la paz y el orden del mundo libre, será pues, históricamente, su némesis. Para siempre.

Pero, detengámonos un momento a calibrar a ese enemigo. Parafraseando el comienzo de la primera entrega del Fantomas de Souvestre y Allain, podríamos responder a la pregunta “¿Quién es Ben Laden?” con un idéntico “No es nadie… ¡y sin embargo es alguien!”. Su identidad es esquiva: es lo que los medios nos han contado de él. Los retazos conocidos de su biografía (su origen acomodado, sus estudios en Oxford, su colaboración con la C.I.A.) poseen un poderoso hálito romántico subrayado por el hecho de ser un personaje condenado a una eterna huida. En cuanto a su profesión, ésta es evidentemente ―como en el caso del “genio del crimen”― la de “dar miedo”. Desde la cúspide de al-Qaeda, lo más similar a una gran multinacional del terrorismo (pensemos en la Spectra de James Bond o en la férrea organización criminal del Dr. Mabuse), atemoriza al mundo no islámico con una guerra de religión al estilo del Siglo XXI. También como Fantomas, en él habitan dos mitades extrañamente complementarias: la del dandi (jinete avezado, con una estilización que parece sacada de las pinturas de El Greco, elegantemente vestido, distinguido incluso disparando su ametralladora) y la del bandido. Precisamente el límite de su dandismo, como han apuntado Philippe Azoury y Jean-Marc Lalanne, no es otro que su furioso activismo contra la sociedad occidental. Una comparativa detallada entre ambos, de su gusto por la espectacularidad a su dominio de los medios de comunicación (copando las portadas de los periódicos y telediarios, con una cadena de televisión ―Al Yaseera― transmisora de sus designios) da vértigo. ¿Será posible que la figura del villano esté tan firmemente aferrada al imaginario colectivo planetario que, incluso alguien como él, tan distante de la cultura occidental, no puede evitar reproducir ciertos estereotipos? ¿O será, bien al contrario, que detrás de su figura existe un diseño premeditado? ¿Cómo saberlo, si Fantomas siempre consigue evitar las manos prestas a apresarle?

Un brindis por el nuevo hombre

27-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

Por

La gran pantalla emite la (misma) imagen de un extraño centro de incubadoras. Un contador va restando segundos al acontecimiento más esperado de todos los tiempos. Se superponen imágenes de Times Square, La Plaza Roja, La Puerta del Sol. Como en una Nochevieja universal, la humanidad vibra finalmente a un solo grito: SEVEN, SIX, FIVE…TWO, ONE…

(Fundido en rojo)

Sobre un altarcito, en el mismo centro de incubadoras, cuatro enormes huevos de avestruz que se rompen por momentos. Salen de ellos cuatro adolescentes totalmente iguales.

Distintas imágenes nos muestran la fiesta global. Estamos en la Nochevieja, no por casualidad, del año 666 de la Nueva Era.

Los nuevos hombres salen de los huevos como patos mareados: tienen cuerpos de hermafroditas, caras de humanos y alas de ángeles de cristal.

Quince sesudos hombres, testigos de distintas épocas, observan el acontecimiento desde su mesa de congresos (en primer plano).

Algunos aplauden mientras otros lanzan anatemas. El follón es impresionante.

ALQUIMISTA.- ¡Eureka! Llevamos siglos tras la criatura.

RABINO ORTODOXO.- (con aspavientos) Esa criatura de la que usted habla es obra del demonio, y el tiempo se encargará de ella.

SATÁNICO.- Un respeto, camarada. Son precisamente ustedes, los monoteos sociedad limitada, quienes llevan soñando años con un rebaño de hombres perfectos… así que ahora no se hagan los estrechos. No creo que estos seres se crean sus milongas por más tiempo.

SACERDOTE CALDEO.- Haya paz entre los intermediarios de buena voluntad. Al fin y al cabo, somos del mismo gremio de miedos y sumisiones. No nos quedaremos en paro… Puesto que el Nuevo Hombre tendrá sus necesidades, digamos, espirituales.

CIENTÍFICO.- (levantando una copa y ofreciendo un brindis) El experimento, pese a quien pese, ha sido una éxito. Es hora de que la humanidad se libere de una vez por todas de las viejas supersticiones…

ENCICLOPEDISTA.- (Alzando la copa) ¡Inmortalidad, igualdad, fraternidad! La libertad la perdimos voluntariamente, allá por las postrimerías del siglo XXI… pero esa es una vieja historia y no quiero aburrir a nuestro selecto público.

FILÓSOFO GRIEGO.- Estoy aquí para dejar claro que nosotros no nos sentimos padres del invento: No es esto, no es esto (tirándose de los pelos).

RAELIANO.- (dirigiéndose al público) Querida humanidad: El Nuevo Hombre posee una capacidad sexual ilimitada y carece por completo de complejos morales. ¿Alguien da más? El nuevo hombre es amor en estado puro universal categórico.

TROSTKI.- El hombre-chip contempla una nueva sociedad con toda su potencia revolucionaria transformadora. ¡Socialización de las fisiologías ya!

NIETZSCHE.- ¡Pandilla de tarántulas y sarcófagos alitosos! El fin será el Superhombre, que cabalgará sobre vuestro rebaño. ¡No a una humanidad disecada! Es pasto de supermercado.

HUXLEY.- Los horrores de la Utopía pretenden clonar el alma humana… y se están aproximando a pasos agigantados.

SAINT-SIMON.- (ebrio, abrazándose a Trostki como un fútbolero). ¡Se nota, se siente, la granja social y espiritual está presente!

JÜNGER.- Ahora que la telepatía es un hecho, la humanidad marcha como un reloj daliniano que se derrite por segundos.

JODOROWSKY.- Al cielo no podemos llegar cada uno con nuestro automóvil. La humanidad, sin embargo, resulta inmortal.

ARRABAL.- Nuestro pasado siglo
está más que repleto
de asesinatos
y hasta de genocidios
Y sin embargo luce
de progreso sin fin.

CIENTÍFICO.- Por favor, por favor… Les pido un minuto de silencio. Supongo que la instalación del chip con la memoria de la humanidad completa, en la que están incluidos los discursos de todos y cada uno de ustedes, es cuestión de minutos. Desde entonces dejarán de tener sentido sus viejas ilusiones de portera humana. Por tanto, repito, no es necesario que atosiguen al público con sus onanismos. La originalidad es sólo una pieza de museo. Quiero, por tanto, hacer una declaración sin interferencias. La haré en esperanto, con traducción simultanea al euskera y al gaélico, por si las moscas.

(Saca un arpa y da un toque de atención con la misma, después, prosigue leyendo, ya con los demás en silencio… frente la expectación de todo el mundo).

“Queridos terrícolas (las plazas del mundo están llenas, tal y como vemos en la gran pantalla). El más viejo sueño de la humanidad se ha cumplido (aplausos de toda la humanidad por la pantalla). Cada uno de estos cuatro bebés utópicos representa millones de años de evolución. Cada célula de los mismos contiene toda la información del Universo. La técnica de gestación por eyaculación de conciencia culmina miles de años de evolución, marcados por los límites y el miedo (se ven en la pantalla imágenes de inquisidores, Semanas Santas y terremotos).

¡Un Nuevo Hombre ha nacido! Un Nuevo Hombre en donde estamos todos reunidos y somos Uno y cuatro. Este Nuevo Hombre no habría sido posible sin los viejos profetas (imágenes en la pantalla de Bin Laden, Lenin, Jesús y Hitler). Pero este Nuevo Hombre nos convierte, además, en dioses con crédito ilimitado.

Una nueva Matria humana ha sido alcanzada. Una fragua intemporal que viene a matar el tiempo y a desadministrar la muerte, nuestra leal compañera. El tiempo, repito, no será ya ningún obstáculo, los pensamientos serán universalmente compartidos y la telepatía será un hecho. Esta obra es la obra de todos nosotros, y por tanto no tiene más autor o copy-right que el humano. Que nadie se sienta excluido. Hemos vencido la enfermedad moral y física, la fealdad y el miedo.

Ya no estamos atados a una raza ni a un sexo, no dependemos de materia orgánica alguna ni necesitamos condiciones ecológicas precisas. Nuestros sueños se realizarán en un umbral entre la realidad y la virtualidad en un lugar hasta ahora desconocido para la mayoría de la ganadería humanista. La libertad no será un problema, porque entenderemos nuestra necesidad y ello nos hará finalmente libres”.

(La humanidad aplaude a través de las pantallas)

“Creo, como último representante del viejo hombre, que los viejos representantes de lo humano debemos desaparecer para dejar paso al definitivo Nuevo Hombre. Su camino, lo sabéis, está lleno de familiares fosas comunes y horrores utópicos que no volverán a suceder (imágenes del 11-S, el GULAG, los campos de exterminio y del desfile del 12 de octubre). Propongo, por tanto, que los aquí reunidos concluyamos esta ceremonia virtual, como gente seria y finita que somos… Es decir, mediante la tradicional ingesta de cicuta que porta esta botellita de licor franciscano”.

(Rumor y comentarios en toda la mesa)

ALQUIMISTA.- Ha nacido el hermafrodita, que yacía inerte en las tinieblas…

En cuanto a nosotros, nuestra obra está acabada: ¡Solve et Coagula! (bebe la cicuta y se desploma).

SACERDOTE CALDEO.- ¿Acaso imaginan que sin custodios de los secretos esas criaturas podrán caminar?

RABINO ORTODOXO.- (despectivo) Como si una criatura engendrara lo divino. ¡Qué obscenidad!

TROSTKI.- Sin la vanguardia del Partido serán ciegos autómatas. Pronto volverán a necesitar de nosotros, son menores de edad.

SATÁNICO.- ¿Quién les llenará la boca de deseo a esos desgraciados transgénicos desnatados?

CIENTÍFICO.- Eso que llaman ustedes criaturas son la línea del horizonte de la evolución: no padecen ni necesitan de sus putrefactos cuidados, ¡amas de cría venenosas!

NIETZSCHE.- No sé si resulta más patético el errante paso del rebaño o la decadencia de sus tradicionales pastores violadores. Ustedes han convertido la Ciencia en una execrable religión agropecuaria.

RAELIANO.- Ya puestos, nosotros mismos debemos ser inmediatamente gemados o clonados, sin tener que desaparecer de un modo tan romántico y antiguo. Ni pasar a esos seres a través de un chip…

CIENTÍFICO.- Todos ustedes forman parte de lo humano, y todo lo humano está contenido en estas cuatro criaturas.

HUXLEY.- ¡Caramelitos, Soma, LSD! Quien los prueba resulta inmortal… Está escrito en los Vedas, ciertamente.

ENCICLOPEDISTA.- El hijo de la modernidad es un monstruo y yo soy su padre putativo.

HOUELLEBECQ.- Al menos la Nueva Era buscaba algo que necesitábamos. Fuimos una especie parecida al mono, que sin embargo tenía aspiraciones nobles. (Pega un trago enorme)

(En la pantalla se observa cómo un científico coloca un chip en la frente a cada uno de los cuatro hermafroditas).

JÜNGER.- Es difícil imaginar que a uno le despierten de la inmortalidad sólo para ver esto. Un poco de dignidad, caballeros.

(Coge la botella de cicuta y la bebe)

HUXLEY.- Déjeme a mí también y tome uno de estos caramelitos de la eternidad…

FILÓSOFO GRIEGO.- Espere, yo me voy con usted… Esto será un ágape (agarrando los tripis que han quedado desperdigados).

(Caen al suelo, después de tomar la cicuta con LSD).

CIENTÍFICO.- Espero que los demás sigan el camino de los héroes. Nuestro tiempo ha pasado definitivamente.

(Por la pantalla se ve a los cuatro hermafroditas observar el espectáculo atónitos. Lloran y vuelven a sus huevos, donde se introducen para no salir jamás).

El experimento ha fallado una vez más.

NIETZSCHE.- Con estos materiales (señalando a los demás) no es posible un Hombre Nuevo. Pero el viejo hombre debe morir.

SAINT-SIMON.- Entonces yo brindo con cicuta por una nueva humanidad.

TODOS.- ¡Nosotros brindamos con cicuta por una nueva humanidad!

(Todos elevan su cálices y beben la sagrada cicuta.
Suena el Himno de la Alegría y unos ángeles comienzan a recoger en ataúdes a los caídos, preparando el funeral a los acordes de Beethoven, que aparece en escena como un giróvago).

(NO CONTINUARÁ)

El Partido Radical

Emma BoninoEn 1989, en plena caída del telón de acero, un partido italiano se reúne en Budapest para renunciar a serlo y proclamarse ‘transnacional’, cobijando fuerzas democráticas de los países excomunistas, del sudeste asiático, del África sudsahariana… planteando conducir los problemas de la transición hacia la democracia por el camino del parlamentarismo, las libertades, la noviolencia y el respeto de los Derechos Humanos. Un partido de noviolentos críticos con el pacifismo, de demócratas parlamentarios en permanente denuncia de la partitocracia, de promotores de redes civiles informativas y participativas, de federalistas europeos y mundialistas, …organizadores de referéndums para legalizar el divorcio o el aborto (¡en Italia!) o el consumo de los derivados del cáñamo. Y por bandera, la cara de Gandhi dibujada con el nombre del partido escrito en decenas de idiomas…

Dos años más tarde, inscrito sin saber demasiado a qué, me presenté en un Congreso que el Partido Radical Transnacional (radicalparty.org) celebraba en Roma sin imaginarme lo que realmente encontraría allí: por una parte, en plena crisis por la corrupción de todos los partidos italianos (menos uno…), sus gerifaltes, los ministros e, incluso, el jefe del gobierno, presentándose en el Congreso para salir en la tele proclamando su benevolencia hacia el único partido “limpio” del momento; el que había denunciado desde siempre las causas que finalmente habían llevado a la crisis del sistema político italiano. Por otra parte, la presencia activista de rusos y letones, tibetanos y chinos, gitanos de Serbia y musulmanes de Macedonia, budistas y cristianos, armenios de Nagorno Karabakh y azeríes, griegos de Rumanía y turcos de Bulgaria, kosovares y uzbecos, vietnamitas y croatas,… y el alcalde de Sarajevo sin poder asistir por culpa del asedio chetnik a su ciudad. Todos ellos esperando -y aportando- ayuda política, buscando el respeto a los Derechos Humanos y el mundo de libertades que representa Occidente.

Les atraía el carisma de los líderes radicales históricos, y por encima de todos ellos, el de Marco Pannella y Emma Bonino. Un carisma fruto de una manera de hacer política que invierte nuestra habitual relación partido/acción política, aquella en la que el partido acaba siendo una maquinaria de autoperpetuación parasitaria de la administración del Estado, ocupando el espacio de -e impidiendo la- autoorganización ciudadana, cívica, pública, civil.

En las Españas, un voto es un cheque en blanco a un pequeño núcleo de propietarios de una maquinaria electoral que lo utilizan sabiendo que no hay mecanismos que les enfrenten a la responsabilidad derivada de su actuación política. En la concepción defendida desde hace 50 años por los radicali, un voto es un mandato -nominal- a tu representante -personal- (¿quién/cuál es tu -el tuyo- diputado?) . Y la democracia no es la dictadura de la mayoría sino la garantía de cualquier minoría (y la minoría más minoría es el individuo-ciudadano).

Aquí y ahora, son necesarios grupos de opinión y asociaciones de presión, promotores de iniciativas y redes de coordinación política que vayan (re)tomando en sus manos todo el poder que hemos abandonado a este sistema partitocrático que, hijo de ‘la transición’ y los menos aconsejables modelos ajenos, rige en el Estado España. Que trabajen, que trabajemos, por una cultura de la implicación cívico-política, de la asunción de nuestra (cor)responsabilidad personal.

Dentro de este abanico de acción ciudadana tiene que haber de todo: partidos políticos, grupos de presión específicos, redes de debate y crítica, sistemas de información abierta,… y ‘alguna cosa’ radical; una entidad, una red de asociación política civil, no ‘nacional’; local, no territorial. Basada en la referencia a los principios de noviolencia e intransigente respeto mutuo en la defensa de los derechos que garantizan el sistema de libertades.

Un lugar que puede aprovechar y aprender de muchas trayectorias y experimentos, pero por lo que se refiere a la actitud, al estilo, a la manera de hacer, muy especialmente del Partito Radicale.

Una entidad homenaje a aquellos que han mantenido los espacios de libertad donde sembrar la propia responsabilidad; una necesidad para poder ejercerla.

Porque la sociedad de la queja y el desprecio a la política es la sociedad de la renuncia a la (propia) libertad.

Porque la política, si no la haces, te la hacen.

La contracultura necesaria

Reivindicar la contracultura debería tener algo de intempestivo, en su radicalidad y actualidad velada, si no fuera por esa nefanda progresía capaz de convertir cualquier disidencia en fetiche de consumo, cualquier propuesta en la más estólida y correcta pose narcisista y cualquier política en la más desesperante parodia. Dejando bien de lado el puerto de llegada de la sociedad de mercado al que parecen apuntar los progres la contracultura sería una de las expresiones de disidencia más conscientes frente a las maneras propias de vivir y pensar de este Occidente técnico y economicista. Su apuesta descansará en una penetrante toma de conciencia de la crisis del propio devenir de la cultura occidental y sus modos de vida. En la contracultura se darán cita desde la nostalgia por la tierra y el comunitarismo a una nítida aspiración por una nueva eticidad y espiritualidad no reñida con el cuerpo, la sexualidad o la materia. Si atendemos a la importante impronta estadounidense de la contracultura podremos divisar los ecos de un Thoreau, la textura espiritual que Whitman expresara en Hojas de hierba o la sensibilidad naturalista que expresan los paisajistas estadounidenses.

La contracultura emergente tenderá a ordenarse de la mano de una cierta atracción por las tradiciones orientales -ya Thoreau se había interesado por el budismo- y del acento en lo propiamente experiencial. Este acento será una respuesta a la alienación de la capacidad de experiencia en la mera teoría y en la saturación hiper-racionalista de la modernidad ilustrada. En este sentido podríamos hablar del cierto espíritu nietzschiano de la contracultura. Desde el mismo, liberar la capacidad de experiencia interceptada por una razón escindida de la misma, en tanto razón técnica y calculadora, supondrá la liberación del propio cuerpo y sus sentires. Junto a todo ello, y de la mano de la poderosa influencia de la generación beat, habrá que referirse también al culto al exceso, al descentramiento de la conciencia y al descabalgamiento del yo mediante la sexualidad o las drogas. En este sentido la contracultura vino a popularizar la percepción de los psicoactivos que consagró la beat generation. Con todo, si atendemos al interés de los más insignes beatnicks por el Zen, o por ese “ángulo de visión” que buscara Borruoghs en la ayahuasca, levantaremos acta de lo lejos que nos encontraremos respecto de los usos y costumbres del masificado y masificante mercado negro de drogas.

Las reivindicaciones sociales de la contracultura, o sus críticas al orden de cosas, tendrán como condición el marco descrito. De ahí la ruptura con lo que sería la izquierda oficial que, más allá de todo oportunismo, era completamente ajena a esta mentalidad emergente desde sus propias deudas con el pensamiento ilustrado. Estaremos pues ante la eclosión de una determinada disposición vital antes que con un perfil bien delimitado y fácilmente ubicable. Una disposición que pareciera apuntar a una culminación por saturación del nihilismo que caracteriza la cultura occidental en los últimos siglos sobre la base de esa desconexión progresiva entre cuerpo y razón. La base de la sensibilidad contracultural radicará pues en el malestar generado por el proceso de la modernidad en curso desde sus omnipresentes mecanismos de administración, control técnico de la vida y alienación de la naturaleza, naturaleza humana incluida, en el utilitarismo y los meros rendimientos. Desde los mismos sólo serán vigentes las razones de tal control y la administración de la vida, dejándose de lado las razones de cuerpos y sentires. De ahí la gran variedad de personas que pudieran, de algún modo, verse reflejadas en las inquietudes contraculturales y en sus muy diversos devenires. A partir de los mismos se expresará el calado de la propia crisis del Occidente moderno y su redefinición desde la mentalidad técnica. En virtud de tal redefinición habrían culminado su crisis la propia cultura occidental y sus referentes espirituales. Esos mismos que son capaces de nutrir de vigor y sentido las vidas de los hombres.

Emboscándose

En el reverso de las intuiciones de la contracultura encontraremos, en sintonía con lo afirmado, valiosas estrategias de resistencia al modo de vida al que nos aboca la sociedad de control contemporánea y los diversos programas de utilidad y eficiencia tecno-económica a los que nos someten. No olvidemos que estaremos ante una auténtica revuelta de singularidades y cuerpos frente a esas dinámicas de control de la vida. La contracultura anhelará pues una ruptura, constituyéndose ella misma como el laboratorio de ideas y ensayos de vida alternativa de las que pudiera surgir una cristalización a la altura. Alan Watts ( ) incidirá especialmente en lo afirmado al considerarla como el campo experimental de praxis y disposiciones básicas en las que se aventuran aquellos que se alejan de las convenciones sociales ensayando innovaciones y posibilidades de adaptación y respuesta. Para este importante referente de la contracultura, auténtico enlace entre la misma y el más serio acercamiento a Oriente -especialmente al Budismo Zen-, ese desgajarse de las convenciones sociales irá necesariamente de la mano de un acercamiento al espíritu. A esa fuente de la que manarían libertad, salud y creatividad que, desconocida, quedaría velada y desplazada por el ruido de las relaciones sociales y sus exigencias. En esto su propuesta será tremendamente afín a la figura de libertad que Ernst Jünger acuñara como estrategia de resistencia ante las dinámicas de gregarismo y control de la sociedad contemporánea( ). Me refiero a la figura del emboscado desde su apertura al espíritu, su exilio interior y su posibilidad de compromiso metapolítico.

Esta vocación de emboscadura, de colocarse en el margen de la convención social sin por ello aislarse, nos permite percibir la fibra de las mejores intuiciones políticas de la contracultura. A los horizontes espirituales descritos, auténtica fuente de su vigor, habría que añadir la ya apuntada toma de conciencia sobre la violencia estructural que padecen naturaleza, vida y cuerpos en la hipermodernidad tecnocrática que habitamos. Tal toma de conciencia acogerá modos de refinamiento en el juicio que dejarán muy atrás a esos supuestos contestarios políticos, por lo demás completamente integrados, con que el sistema satura y colma el espacio de la crítica política. La denuncia de una tecnocracia, saturada de normatividades pre-establecidas y estrategias de administración continuas, será pues el auténtico telón de fondo de muchas iniciativas contraculturales. Frente al modo de vida impuesto desde esa administración técnica de la vida, y sus criterios de organización y eficiencia, se postulará el retorno a la naturaleza, al encuentro con la materia y el anhelo de una vida ajena a las interferencias de las colosales concentraciones de poder del tiempo presente. Los ensayos de experiencias comunitarias, dejando de lado el individualismo extremo de la sociedad de mercado, estarán en la estela de lo dicho.

Si a lo propuesto añadimos el cuestionamiento de los excluyentes paradigmas de conocimiento propios de la tecnociencia, en la intuición de las epistemologias propias de los saberes espirituales, atisbaremos la inusitada radicalidad de la contracultura y la anticipación de décadas respecto de muchos procesos por venir. En palabras del teórico de la contracultura Theodore Roszak ( ): “El interés de los jóvenes por la psicología de la alienación, el misticismo oriental, los psicoactivos psicodélicos y las experiencias comunitarias comprenden, en conjunto, una constelación cultural que difiere radicalmente de los valores y concepciones fundamentales de nuestra sociedad, al menos desde la revolución científica del siglo XVIII”( ). La crítica al totalitarismo tecnocrático y a la creciente administración de vidas y existencias será pues el eje alrededor del cual girarán las sensibilidades políticas que acoja la contracultura. El propio Roszak, en tanto intérprete privilegiado de la misma nos dirá: “Es cosa de todos impedir la consolidación final de un totalitarismo tecnocrático en el que terminaríamos ingeniosamente adaptados a una existencia completamente enajenada de todo aquello que siempre ha hecho la vida del hombre una aventura interesante. Si la resistencia de la contracultura fracasa me parece que no nos queda en la recámara nada salvo lo que antiutópicos como Huxley y Orwell anunciaron. Con todo y con eso no me cabe la menor duda de que esos despotismos serán mucho más eficaces y estables de lo que estimaron sus profetas, y es que incorporarán técnicas de manipulación de la intimidad tan finas y discretas como una tela de araña. La capacidad de nuestro paraíso tecnocrático en ciernes para desnaturalizar la imaginación en la razón, el progreso y el conocimiento hará que los hombres se vean forzados a percibir sus potencialidades, enojosamente dejadas de lado, como puramente patológicas. Naturalmente aparecerán terapias humanitarias que procurarán la generosa curación de estos desarreglos”( ).

Epílogo progre

Más allá de lo dicho el juego de máscaras de la sociedad de mercado insiste en mostrarnos como fetiches para el consumo y la forja de identidades de diseño toda una serie de modos y maneras asimilables, en sus formas externas, con la contracultura y, en general, con la disidencia y la crítica. Sobre tal fenómeno habrá que advertir que nada más delirante que una supuesta marginalidad ofertada como medio de integración social y delimitada desde su propia vacuidad, la permanente proyección de sombras sobre terceros y, en definitiva, la sed de mal. Muy lejos nos encontraremos ante los epígonos de beatnicks y hippies o, ante ciertos conatos de contestatación política, con algo más que con meras posiciones de consumo o meras estrategias de socialización y adopción de identidades previamente diseñadas. Con todo, la vida emerge y arraiga en las líneas de fuga de los clonificantes modos de vida contemporáneos. De ahí la importancia de hacer valer determinadas referencias que, con toda seguridad, arraigarán en parajes bien distantes de los que cierta corrección política invita a pensar. Cartografiar y tomar conciencia la parodia realizada de sí que supone la progresía y su corrección política quizá sea una urgencia intelectual de cara a la desactivación de uno de los más poderosos instrumentos de alienación y sumisión política. Muy probablemente la amplia difusión de este tipo humano, tan deseoso de complacerse en la delimitación paródica de terceros como en su supuesta superioridad moral, no responde más que a las necesidades de perpetuación de las burocracias políticas de la vieja izquierda. Y es que sólo un tipo humano evanescente puede estar a la altura de proyectos políticos no ya sólo agotados sino comprometidos hasta su misma intimidad con las programáticas de administración de la vida de la sociedad tecno-ilustrada.

El otro: Un paisaje violento

21-marzo-2010 · Imprimir este artículo

Por

Cuando colocado en presencia de un hombre que es mi Tú le digo la palabra fundamental Yo-Tú, él no es ya una cosa entre las cosas, ni se compone de cosas. Martin Buber

Pese a que nuestras sociedades son las más seguras que han existido nunca, nosotros, el “mundo europeo”, vivimos sumidos en un profundo miedo, miedo que, si se me permite, es descargado en innumerables ocasiones en forma de xenofobia.

Dice Bauman que nuestra sociedad es la más proclive a todo aquello que tenga que ver con la seguridad y la prevención, mucho más que el resto de habitantes de las sociedades conocidas. Vivimos rodeados de cámaras y sistemas de seguridad, cuya tecnología no sirve sino para profundizar, todavía más, ese sentimiento de incertidumbre y desconfianza. Parece posible afirmar que nuestra inseguridad, que nuestro miedo, está en relación directamente proporcional con el modelo de nuestra alarma de prevención de intrusos. Cuanto más sofisticados son nuestros dispositivos de prevención, mayor es nuestro miedo. La nuestra es una sociedad que se construye en el terreno pantanoso e inestable de la desconfianza. Castel indica que la inseguridad actual se distingue por el miedo al crimen y al malhechor, predomina la desconfianza en los demás ya que no existe para nosotros la posibilidad de compañerismo humano. El problema es que el peligro se nos presenta como algo indefinido, como un mal endémico. Según Castel, esto se produce por dos razones, a saber, frente a las trabas que imponía un red social muy densa antaño, nos hallamos ante un individuo liberado, pero el precio de esta liberación va a ser la vulnerabilidad y la fragilidad que van a marcar al sujeto contemporáneo. Como si de una epopeya clásica se tratara, asumimos el papel del héroe y, a cambio, hemos perdido la polis. Nuestros intereses no se hallan en nuestra propia ciudad y poco importa lo que en esta suceda. Contrariamente al inmigrante, carecemos de deseos localistas, de lazos vecinales, nos encontramos solos ante nuestras vidas y la ansiedad que esto nos produce deriva en una competencia exacerbada que sustituye a la solidaridad.

Nuestra sociedad no es ya una fábrica, sino un producto, y si en la Modernidad las clases sociales desfavorecidas habían sido convertidas en excedente, en el tiempo de la Modernidad líquida, como diría Bauman, las nuevas clases sociales han sido convertidas en residuos. Ya no se trata de un estado temporal que dará paso a la integración, sino que estas nuevas clases son inasimilables, se las excluye permanentemente.

Todos conocemos el episodio ocurrido en Suiza con relación a lo minaretes de las mezquitas. La prohibición de su construcción es en realidad una guerra iconoclasta entre dos comunidades incapaces de comprenderse mutuamente, pero destinadas a compartir un territorio. Roger Bartra afirma que el siglo XXI nace en Occidente bajo los signos del terror y la otredad. Es cierto que el terrorismo florece en la defensa de alteridades religiosas o étnicas que se sienten amenazadas, pero de ningún modo es justificable el manejo del miedo que se ha hecho por parte de las autoridades suizas, queriendo vender el problema de las altas torres (símbolo de potestad por excelencia) que son los minaretes, como un problema de terrorismo. En realidad nos hallamos ante el inconveniente de la visibilidad del “gran otro”, el Islam. Un paisaje, el europeo, que se encuentra violentado ante la representación del inmigrante en su sociedad. La visión del extranjero molesta, irrita, hay que retirarlos a las zonas apartadas. Es triste pensar que el resultado del mismo referéndum hecho en un país como España o Francia, por citar alguno, hubiera tenido similares resultados.

Suele decirse que se tiró el muro de Berlín y se levantó el del Estrecho. A la luz de este referéndum, quizás sea conveniente que nos planteemos si lo que deseamos es una ciudad de murallas, una estética de la seguridad que presida todo tipo de construcciones e imponga una lógica basada en la vigilancia y el asilamiento. Una vida de urbanización frente a una experiencia real, frente al estar-en-el-mundo que propugnaba Heidegger. El Dasein al que hacía referencia Heidegger, nos habla de la comprensión de un sujeto en el que aparecen los otros, un mundo en el que los otros aparecen junto conmigo. No se trata de poner en relación un yo frente a los otros, sino que yo existo en los otros, soy parte de lo que denominamos los otros, no me distingo de ellos. El Dasein es un mundo en común, es el con-vivir cotidiano. Dejo de ser yo para ser uno; si me refiero a un tú, me comprendo a mí mismo en esa afirmación y viceversa. Compartir nuestro espacio es una tarea imposible de eludir. Los extranjeros están ahí, son parte de nuestra sociedad, de nuestras ciudades, y hay que buscar una solución de vida conjunta que no pase por el relativismo, que no contribuya a implantar una falsa tolerancia enmascarada de buenos sentimientos. Detrás del relativismo se esconde la división basada en la concepción de supremacía del yo occidental. No se pueden legitimar, como propios de una cultura, actos que atenten contra la democracia. Debemos encarar la realidad que se nos presenta y no esconderla en los barrios marginales.

Ahora, es necesario recuperar la polis y con ella, el sentimiento de hospitalidad al que nos debemos.

El poder y la magia

El espectáculo es la afirmación de la
apariencia y por tanto la afirmación de toda
vida humana, y social, como simple apariencia.
Pero la crítica que alcanza la verdad
del espectáculo lo descubre como la negación
visible de la vida; como una negación
de la vida que se ha hecho visible.
Guy Debord.

Hoy en día vivimos y habitamos la llamada sociedad de mercado. Nada se le escapa a esta nueva deidad en su permanente tarea de codificación y programación de lo real. Todo debe de ordenarse y cobrar sentido sobre la base de sus imperativos… Tal panorama encuentra uno de sus pilares en ese individuo ilimitado y débil que tanto gusta de proponer ciertos autores post-modernos. Y así debe ser ya que lo que está en juego es la capacidad de consumo y ésta exige ductilidad en el carácter y evanescencia en la personalidad. En este sentido no es casual que cualquier manual de marketing estime las diferencias culturales, religiosas o ideológicas como barreras al consumo que deben ser abolidas. Toda diferencia, todo relieve, todo criterio que muestre un perfil deberá ser allanado. La sociedad de mercado vendrá así de la mano de una identidad evanescente y cambiante dictada por las modas y el mercado. En la misma, todo será objeto de consumo: opiniones políticas, información, cultura, espiritualidad, imagen… Todo estará al alcance en el gran mercado global pero nada tendrá capacidad alguna para transformar o constituir al individuo en cuestión. Cualquier devenir, cualquier alquimia real, cualquier marco de constitución, cualquier relieve o diferencia serán vaciadas de contenido y alienadas en el consumo. Todo se verá así reducido a una existencia meramente icónica y virtual de la que el consumidor obtendrá epidérmicas rentabilidades de carácter psico-emocional. Nada podrá constituirle en dirección alguna ya que cualquier relieve, cualquier seña de identidad, cualquier diferencia marcada, será considerada un obstáculo al libre mercado y al permenente despliegue del deseo. En palabras de Houellebecq pareciera que el individuo moderno encontrara su culminación en las posiciones diversas y cambiantes que ocupa en la sociedad de mercado. Tras ser “liberado de los estorbos constituidos por las adhesiones, las fidelidades, los códigos de comportamiento estrictos” el individuo moderno se verá conducido, nos sigue diciendo Houllebecq, a “ocupar su lugar en un sistema de transacciones generalizadas, en el cual es posible atribuirle, de forma unívoca y sin ambigüedad, un valor de cambio”. Tal individuo, conformado en la intimidad de su conciencia por los flujos de imágenes del universo mediático, no sería más que una posición de consumo que respondería a una conducta prevista ya de antemano, puro asiento contable. Tal parece ser el rostro de la llamada sociedad de mercado, donde todo es vaciado, naturaleza humana incluida, en los diferentes circuitos de producción y consumo.

En el panorama descrito las estrategias de imagólogos y psicólogos sociales son tan axiales como generadoras de mundos. Su tarea se centra en el condicionamiento de conductas a través de la administración de imágenes sobre las conciencias. Se trata de diseñar y programar pautas de conducta…. En este sentido sorprende la tremenda significación psicológica de las imágenes y contenidos que aparecen en la publicidad. También sorprende el uso generoso de imágenes y contenidos arquetípicos. Tales imágenes deben suscitar trazas de actividad psíquica y emocional de la mano de las filias y fobias que despliegan. Los receptores de dichas imágenes identificarán su modo de vida y forma de ser en la asociación e inmersión en tales imágenes desde las emociones que éstas les mueven. Es evidente que tal diseño de las conciencias hace previsible la conducta desde los condicionamientos que sirve. La programación psico-social no vendrá tanto de la mano de tal o cual imagen sino de la inmersión de las conciencias en un permanente flujo de imágenes cuya finalidad es la incansable movilización de la líbido en el mercado. El resultado acabado será un individuo, fácilmente moldeable, tremendamente dispuesto y con un interior rebosante de deseos e imágenes a los que adorar. Así las cosas, tales flujos de imágenes se han convertido en el más relevante marco educativo y de constitución de la subjetividad en las sociedades contemporáneas. Este universo de imágenes relegará todo a una existencia puramente icónica y virtual. La técnica desde su capacidad cosificadora y manipuladora de lo real parece estar en la raíz del nihilismo del tiempo presente. En el reino del utilitarismo extremo todo parece quedar reducido a una condición de objeto susceptible de estudio y manipulación. En el marco descrito todo encuentro real, toda dimensión unitiva, y todo enlace con la alteridad se convierte en insólito. La distancia y la alienación de lo cosificado en unas rentabilidades pre-establecidas reducirá lo real a la mera apariencia y en última instancia a su evanescencia total. Si todo deviene mero objeto también lo hará el hombre y su intimidad. Lugares comunes, tópicos sociales y convenciones varias serán el espacio de seguridad y refugio de un hombre así configurado.

Los viejos magos

Los imagólogos, es evidente, conocen su trabajo con precisión. Ahora bien, no son ni los únicos ni los primeros que son conscientes de las técnicas del condicionamiento de conductas a través de imágenes. Eco nos advierte en su obra como todos esos procesos de condicionamiento de la conducta, tan propios de nuestro tiempo, eran invariablemente asociados con la magia en las sociedades antiguas. Tal asociación no venía de la mano de algún género de poder supersticioso que emergiera de la mano de la imagen. Al contrario, respondía a la consideración que esos pueblos tenían de la magia en tanto techne o saber aplicado, hasta el punto que desde tal perspectiva de análisis la sociedad contemporánea no respondería a otra cosa sino a una implantación política de la magia….

Tradicionalmente la magia fue vista como una técnica que, sobre la base de la aplicación de ciertos conocimientos, pretendía algún género de actuación sobre lo real. Así la magia se consideraba una techne, es decir una técnica que encontraba su operatividad en una sabiduría aplicada. Es decir, magia sería las aplicaciones de tipo auxiliar, práctico y secundario de un determinado grado de sabiduría o conocimiento. Toda aplicación mágica exigiría, por tanto, cierta cosificación de aquello sobre lo que se va a operar y la pretensión de actuación. De ahí sus límites derivados del dualismo metodológico del que parte. Para los magos la actuación sobre lo psíquico encontrará en el poder de las imágenes una de sus más importantes herramientas. Las imágenes serán capaces de generar todo tipo de mundos interiores de tremenda potencia. Desde ahí desplegarán su enorme poder para configurar la intimidad de las conciencias y, en su caso, para condicionar conductas. Las imágenes suscitan en el hombre fobias y filias, incluso diseñan y constituyen tales fobias y tales filias. Las más de las veces las gentes confunden su carácter y naturaleza con este entramado donde lo real queda ya previsto y codificado de antemano en una representación e imagen dada. La conciencia del hombre deviene así como perfecto intérprete de un guión donde todo es susceptible de ser categorizado y desecado en la propia representación. El problema es que el guión siempre es dictado desde instancias ajenas con el fin de asegurar toda una serie de rendimientos. La conciencia y su tremenda potencia, quiénes y qué somos, queda así ignota más allá de todas esas proyecciones dualistas con que teñimos nuestra experiencia del mundo. Toda esa cartografía de nuestras fobias y querencias limita nuestra experiencia de la vida haciéndonos previsibles. Hasta el punto que nos convierte en sumisos servidores de una representación ilusoria de lo real que nos cosifica y limita, estrangulándonos y adormeciéndonos la percepción y la capacidad de vida. Desde tales cuadros de filias y fobias cosificamos lo real y al tiempo somos cosificados por nuestra proyección de lo real… Cualquier mago de la antigüedad contemplaría la sociedad actual, sus relaciones sociales así como las actuales relaciones entre hombre y naturaleza, completamente saturadas de la mentalidad y los procesos operativos y manipulativos propios de la magia. Otra cosa muy diferente, evidentemente, es la parodia de conejo y chistera que hoy en día entendemos como magia y, al tiempo, la inquietud que tal término suscita en su evocación de lo irracional.

Creo se hacen evidentes los enormes paralelismos entre la antigua magia manipulativa y toda una serie de prácticas tan cotidianas como ubicuas. En palabras de Ioan P. Culianu, el que fuera el más importante discípulo de Mircea Eliade, “actualmente el mago se encarga de las relaciones públicas, de la propaganda, de la prospección de mercados, de las encuestas sociológicas, de la publicidad, de la información, la contra-información y la desinformación, de la censura, de operaciones de espionaje e incluso de criptografía. Esta figura clave, para la sociedad contemporánea, sólo representa la continuidad del manipulador de Bruno, cuyos principios va siguiendo, procurando presentarlos como fórmulas técnicas e impersonales. Los historiadores concluyeron con razón que la magia había desaparecido con la llegada de la ciencia “cuantitativa”. Esta sólo ha venido a sustituir una parte de la magia, prolongando sus sueños y finalidades recurriendo a la tecnología…. Al mantener una función operacional, tanto la sociología, como la psicología y la psicosociología aplicada representan, hoy en día, la continuación directa de la magia”.

El paralelismo trazado entre lo que la antigüedad consideraba magia negra y algo tan relevante hoy en día como los flujos de imágenes no responde a reflexión ni especulación alguna sino a la constatación de la identidad entre los modos de hacer propios de la magia y los característicos de los imagólogos, publicistas y psicólogos sociales. Desde tal perspectiva considerar el tiempo presente como el de la implantación política de la magia negra no es sino una obviedad. En este sentido, la gran paradoja es que teniendo la magia tal grado de vigencia política ésta se relacione invariablemente con temáticas lindantes con la superstición, la irracionalidad o la fantasía más delirante. Lo cierto es que tales cosas en absoluto dan cuenta de lo que por magia se entendía en los mundos antiguos. En un mundo en que todo se torna evanescente también la magia parece ocultarse. En todo caso, hay que ser consciente que las tremendas fuerzas titánicas desatadas atienden a la conciencia del hombre como a un campo prioritario de operaciones…

BIBLIOGRAFIA:
Eros y magia en el renacimiento, Ioan P. Culianu.
La sociedad del espectáculo, Guy Debord.
La estrategia de la ilusión, Umberto Eco.
El mundo como supermercado, Michel Houllebecq

Filosofía perenne

24-enero-2010 · Imprimir este artículo

Por


“Apenas somos conscientes de la extraordinaria singularidad de nuestra propia postura, de modo que nos resulta muy difícil admitir el hecho evidente de que haya existido un consenso filosófico único, de amplitud universal, que ha sido sostenido por muchos (hombres y mujeres) que han compartido las mismas experiencias y han transmitido esencialmente la mismas enseñanzas, hoy o hace seis mil años, y desde Nuevo México en el Lejano Oeste hasta Japón en el Lejano Oriente.
Alan Watts.

Siempre ha habido un modelo ortodoxo de pensamiento difundido por alguna institución encargada de inventar y pregonar el discurso de valores dominante. Hoy, para muchos, la nueva iglesia es la ciencia, y su ética, el neoliberalismo. Con la llegada de la modernidad el universo se ha transfigurado en un continuo material de átomos ilustrados y el hombre en un azaroso subproducto de los caprichos de la evolución.

La mente humana es un molesto epifenómeno que no tiene cabida en las nuevas ecuaciones de control. Cualquier rastro de significado se ha diluido en el magma gris de un mundo neutro. Estamos en la era del cyberhombre unidimensional. Dios ha muerto y su criatura agoniza huérfana de Ser. Este ha sido uno de los legados de la modernidad. Desechando los viejos mitos, hemos exiliado nuestra humanidad a un cementerio de residuos industriales.

Pero, al margen del Pensamiento Único, a pie de página del discurso dominante, por encima de modas o intereses, sobrenada lo que, para muchos, ha sido la Verdad. Una Verdad que necesariamente ha de ser Única, inmutable e idéntica a sí misma. Una Verdad que, a pesar del actual eclipse de valores, nunca ha dejado de brillar.

Y lo que es más, esa Verdad ha sido conocida y difundida durante la mayor parte de la historia. Estoy hablando de un acuerdo filosófico universal que conforma un corpus que, arropado por los diferentes lenguajes de cada tradición, palpita, siempre igual a sí mismo, en el corazón y en la palabra de todos los hombres sabios.

Este consenso es el centro de la esfera, la médula viva de cualquier enfoque perenne de la sabiduría: un núcleo común, un mismo tronco, una misma estructura profunda que se manifiesta de diferentes formas en cada momento histórico particular, pero que hermana a la mayoría de las tradiciones de pensamiento universal: budismo, hinduismo, cristianismo gnóstico y patrístico, sufismo, platonismo, filosofía griega… Todas las líneas de conocimiento (que no las de fe) están de acuerdo en lo esencial y de ellas se desprende una misma y única enseñanza: la sophía perennis.

Esta Sabiduría alcanza su máximo en torno al siglo VI a.c. –el siglo de Buda en Oriente, Lao Tse en China, Zoroastro en Persia y los presocráticos en Occidente– y recorre toda la antigüedad. El término philosophia perennis es rescatado por Leibniz de los escritos del teólogo medieval Augustine Steuch y más tarde popularizado por Aldous Huxley. La philosophia perennis es la fuente original, el alma que nutre, de una u otra manera, la gran mayoría de las escuelas filosóficas de todos los tiempos.

Muchos son los mimbres que entretejen esta estructura iniciática y holográfica en la que cada hebra implica y necesita a todas las demás como en un prisma perfecto. Sólo hay que empezar a tirar del hilo, perderse en el laberinto, atravesar el portal de la sabiduría en busca de la llama del grial.

1. No creas en nada: conoce, constata y verifica.

En todo saber, lo primero es el método. Y en el Saber de los saberes, el método sólo puede ser el más estricto de los métodos científicos. Puesto que buscamos conocimiento y no fe, necesitaremos pruebas, evidencias y datos en lugar de dogmas o creencias. La fe es contraria a la sabiduría, ya que no hay necesidad alguna de creer en aquello que ya se conoce. En palabras de Buda: “No creas en nada ni en nadie, sólo en aquello que puedas verificar y constatar por el análisis de la razón y la luz de tu consciencia”. Éste es, sin duda, el más exigente de los métodos experimentales. La verdad sólo habita en la propia consciencia. Utilízate a ti mismo como laboratorio de pruebas, y que la sinceridad y la autenticidad sean el único criterio de verdad. Aprende a desarrollar la tecnología interior, endógena, a través del control de la propia mente. Y cuando domines tu mente, sabrás quién maneja los hilos del autómata. El Ser se revelará como condición única de la existencia y de tu existencia. Sabrás, en definitiva, quién eres tú.

2. Vive anclado en el presente. Aquí y ahora: esa es la única realidad.

Haz las cosas por sí mismas (el futuro y el pasado no existen), sigue el imperativo categórico y nunca busques provecho personal, ya que la consciencia, la Vida que riega todos los seres, es la misma vida que tú compartes y todo lo que le hagas al prójimo te lo estás haciendo sólo a ti mismo. El Yo Soy último, el testigo del teatro de la consciencia, el Ser que arde detrás de ti, es el mismo Ser en cada hombre. Cuando alguien dice “soy” se refiere al mismo “soy” que tú eres. Sólo cambia la perspectiva, lo esencial (lo invisible) siempre permanece. La aparente diversidad de lo real no es más que un juego de espejos, una ilusión de simetría, una figura geométrica que brilla en el fondo del caleidoscopio. La unidad es la condición de la multiplicidad. Los muchos son el uno.

3. Ámalo todo porque Tú eres Todo.

Todo está interrelacionado en un único gran proceso. Mi cuerpo o mi cerebro se componen –son– del mismo polvo de estrellas que constituye la roca, el árbol o el río y están en continua interrelación con el entorno. Nada está cerrado ni es independiente, sino que todos los sistemas se entrecruzan. Todo carece de esencia propia, pues el ser de las cosas lo impongo yo desde mi mente lógica y lingüística. No hay distancia entre el sujeto y el objeto. Si Yo me apago, todo se apaga. Cualquier frontera es artificial, no hay dentro ni fuera ni arriba ni abajo, principio ni final. En el Ser no hay fracturas ni hiatos, sólo pura esencia. Pensarte como un ego separado, como un ser cognitivo independiente no es más que una ilusión, un velo, una mentira.

4. Tu esencia es el vacío.

El espacio no está en ninguna parte (puesto que si así fuera estaría en más espacio), y el tiempo no transcurre en ningún sitio. Tú eres aquel que observa el tiempo y el espacio (el ojo que puede verlo todo menos a sí mismo) y por lo tanto ni eres tiempo ni eres espacio: eres eternidad y vacío, el receptáculo del devenir, el lugar donde los acontecimientos suceden, el vacío donde cohabitan todas las potencias. O, por decirlo con un aforismo hindú: “tú eres sólo aquello que no se puede perder en un naufragio”; es decir, lo que permanece después de haberte despojado de tus posesiones, de tu cuerpo y de tu mente. El desapego es el único camino de conocimiento: el que no quiere nada, ya lo tiene Todo.

5. Finalmente, sé quien eres.

Despertar la sabiduría interior implica el más exigente examen de sinceridad con uno mismo para conocerse y vivenciarse con integridad y coherencia. Sé igual a ti mismo, es decir, sé fiel a la naturaleza de las cosas porque tú no eres más que un hilo enhebrado al tejido inconsútil del Kosmos: las nubes vuelan en tu cabeza y el océano fluye, literalmente, por tus venas. Tu corazón es el anima mundi y tu rostro, el rostro original del universo. Reconócete como esencia y como consciencia y atrévete a ser quien eres.

* * *

Hemos visto una aproximación parcial y sesgada de las infinitas formulaciones posibles de la filosofía perenne, ya que el sentido último de la existencia está más allá de la lógica de las palabras. El lenguaje no es más que una mera parte y por lo tanto nunca puede apresar al Todo, aunque sí pueda señalarlo. La Verdad es inexpresable, amorfa e inefable (que no incognoscible) y se concreta y cristaliza para cada buscador en un perpetuo baile de disfraces.

Hay que señalar que estas enseñanzas no constituyen una filosofía a la manera occidental, es decir, un mero conocimiento especulativo, sino que configuran una auténtica gnosis teórica y práctica. La sabiduría debe experimentarse y actualizarse en cada hombre y los métodos para conseguirlo son variados: meditación, yoga, enteogenia… Pero estos no son más que apoyos, muletas y herramientas, que facilitan el camino de la transformación interior, de la muerte del pequeño ego y del nacimiento del auténtico Yo profundo.

El premio final que espera al que se embarque en el camino de la sabiduría no puede ser más suculento: se trata de la felicidad verdadera y de la libertad incondicionada. Una serenidad que no depende de las fluctuaciones exteriores sino que es la condición misma de toda condición, el sustrato eterno sobre el que se despliega la exhuberancia del Espíritu. Más allá del reino de los fenómenos descansa la luz de la felicidad. La vida se sustenta sobre la tramoya invisible de la eternidad en cuyo reino la sabiduría y la felicidad, el deber y el querer, se confunden en un único y comprehensivo abrazo, un juego cósmico, una danza universal a la que todos estamos invitados. Gnosce Te Ipsum.

Formas de lo trágico en la sociedad contemporánea

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

Por

Es una sensación de deslizamiento hacia la catástrofe, sensación que en momentos se presenta como una impresión incierta y en otros momentos, como un fogonazo de evidencia

Antonio Rodríguez de las Heras

Rodríguez de las Heras tiene razón al afirmar que hay algo que se respira, una sensación de malestar, que afecta a todos los sujetos contemporáneos. Seguramente esta sensación venga acompañada del desequilibrio en el que nos hallamos en este momento, que voy a calificar de arruga. Por arruga entiendo la doblez que se produce entre dos tiempos, un cambio entre lo inmediato y lo que está por venir, que se solapa de manera irregular formando nudos y dificultades que producen terror. Es el momento del terror, por qué no decirlo, y es este terror lo que ha producido cambios en el comportamiento y en las sociedades en las últimas décadas. Es necesario hablar de cómo el avance tecnológico ha contribuido a este terror. Siempre tememos lo desconocido, la incertidumbre nos resulta insoportable. No me parece necesario constatar que nuestro futuro será un futuro tecnológico pero, para los más incrédulos, una pequeña reflexión… Son muchos los que no hace demasiado tiempo decían que no podían escribir en un ordenador, que era mucho más comprometido hacerlo a mano. Todos aquellos que a día de hoy desprecian el libro electrónico lo acabarán utilizando al igual que se dejaron de utilizar tablas de barro para utilizar el papiro, el papel y finalmente el códice, antepasado directo del libro. Todo avance del ser humano ha venido siempre marcado por la tecnología así que, aunque suene contradictorio, podríamos decir que el ser humano es tecnológico por naturaleza. Entonces, ¿por qué este malestar? Lo realmente extraordinario de nuestro tiempo es que el avance se produce a pasos agigantados y, por primera vez, somos conscientes de que el suelo tiembla debajo de nosotros, de que la transformación es inminente. Para explicar de forma gráfica lo que quiero decir, retomaré la metáfora de la arruga. Si observáramos dicha arruga imaginaria, podríamos constatar que en el doblez de la misma hay puntos muy cercanos que se juntan pero, del mismo modo, hay otros muy alejados que actúan igual. Lo mismo sucede en nuestro tiempo; podemos encontrar rastros de lo que será el futuro, tanto un futuro inmediato y que ya utilizamos, como un futuro que, pese a estar ahí, somos incapaces de imaginar, aunque no de presentir. En el primero de los casos hallaríamos claramente Internet. El uso de este sistema se ha convertido en algo habitual para la mayoría de la población y lo seguirá siendo durante décadas. El segundo de los casos lo ilustra la Inteligencia Artificial, tecnología muy desarrollada ya y que, a día de hoy, sigue nutriendo gran parte de las películas de ciencia ficción en un intento exorcización de la misma. Es normal esta reacción, ya que no hace mucho que perdimos a Dios y no tenemos todavía el valor suficiente para recuperarlo en un más allá tecnológico. La pérdida de Dios nos ha llevado a la crisis y la crisis a una forma de vida trágica. Maffesoli, en El instante eterno, habla del retorno de lo trágico como característica de las sociedades posmodernas. Esa pérdida de lo trascendente hace que prevalezca la materia y se produzca una explosión de vitalidad al haber aceptado la muerte. Nuestra cultura del placer está próxima a los ritos bacanales de la Antigüedad. Es el momento de la teatralidad cotidiana, del carpe diem, del culto al cuerpo, pero es también el momento de la violencia doméstica extrema, del Bowling for Columbine, del aumento de las guerras. La agresión instrumental, que sirvió a la especie humana para su evolución, se utiliza ahora para el exterminio de los propios seres humanos. Según David Huertas, en un mundo globalizado, la tendencia hacia la hostilidad es también global. Estamos por tanto en la ética del instante que propone Maffesoli, una vida que al no proyectarse hacia un futuro está obligada a tomar en serio los placeres orgiásticos. La actitud del individuo contemporáneo se acerca a la de un héroe trágico, ¿o acaso entrar en un instituto, matar a un montón de adolescentes producto de una sociedad corrupta y pegarse un tiro, no sería algo propio de una epopeya clásica? Frente al individuo, al héroe, hallamos igualmente una identidad colectiva en detrimento de las identidades individuales. Las aglomeraciones de personas en los estadios de fútbol, en las discotecas o en los centros comerciales dan fe de ello. Esta identidad colectiva afronta públicamente la muerte y participa de la idea de destino a través de la televisión. El ser humano ha de retomar las riendas y no limitarse a ser pueblo, a ser espectador de la tragedia mientras espera que venga un héroe a salvarlo de su naturaleza entrópica; no necesitamos otro Hitler, otro Franco ni otro Mussolini, pero por supuesto, tampoco necesitamos otro Bush. La identidad, recobrada mediante la aceptación de la nueva era, sumada a la consciencia que pasa por la cultura, quizás sea un camino.

Página siguiente »