125 aniversario del fallecimiento de Luis II de Baviera

El trece de junio se cumplían ciento veinticinco años del fallecimiento de Luis II de Baviera, monarca conocido sobre todo por sus castillos y el generoso mecenazgo sin el que la obra de Richard Wagner no sería probablemente ni la mitad de lo que finalmente fue, aunque no faltan otros hechos y polémicas que configuran la figura públicamente reconocida.

En Munich han preparando exposiciones y actos, aparecen nuevas biografías y reediciones de las antiguas e incluso traducciones al inglés para los numerosos turistas no germano-parlantes que visitan y visitarán la ciudad y todo el sur alemán durante este 2011 y el venidero 2012.

Sin embargo no conozco editorial o institución española que haya tenido a bien publicar ningún libro sobre este rey peculiar, muy amado de su pueblo incluso a día de hoy -en su tumba no faltan nunca flores, por lo visto-, ni siquiera teniendo en cuenta su pasión por la tecnología (creía firmemente que el hombre podría volar y en las construcciones de sus palacios siempre se contó con los últimos adelantos), o su discutida sexualidad (con la de juego que da en un país que vive cada día más para el morbo… aunque en sus aspectos más bajos y mediocres, esto también es cierto).

Entre nuestros literatos Luis Antonio de Villena le dedicó una biografía novelada de gran belleza (Oro y locura sobre Baviera) y en cine es famosa la detallista y descriptiva película de Visconti sobre el rey, aunque le preceden cintas tan antiguas como Das Schwigen am Starnbergesee de 1920 y Ludwig der Zweite de 1930.

No contrajo matrimonio y sobre todo al final de su vida se rodeó de artistas, mujeres mayores o que lo fascinaron, y de hombres hermosos y fieles. Se aisló de un gobierno marioneta frente a la unificación alemana y fue prefiriendo los sueños y la poesía sobre la triste realidad, la vulgar y decepcionante realidad.

La “locura” por la que lo declararon incapaz para gobernar sigue siendo motivo de debate entre médicos en nuestros días, y sus palacios son visitados por cientos de miles de personas que, violando su deseo de exclusividad, tienen acceso por unos instantes a “otro mundo” de belleza y poesía.

Proclamado rey muy joven, tras la inesperada muerte de su padre, asumió el poder con gran entusiasmo y energía, aunque su primera acción fuera de la mandar buscar a Wagner. Intentó dirigir su país con sensatez y buen criterio… hasta que Bismark y los acontecimientos austro-prusianos y germano-franceses lo convirtieron en una especie de rey “títere” pues Baviera ya no era independiente sino parte del imperio alemán. Fue entonces cuando comenzó su “declive”, su rampa hacia proyectos cada vez más costosos y su generosidad exagerada hacia artistas y criados. Prefirió el sueño del lirismo frente a la vigilia de la mediocridad.

Con el silencio en las letras españolas de 2011 se lo pagamos.

La estrategia del terror para torcer la voluntad popular

¿ETA volverá a atentar? No lo sabemos. Pero lo que sí está probado es lo siguiente:

a) Desde siempre ha querido torcer el rumbo de las elecciones generales cuando considera que sus resultados pueden ser negativos para su estrategia de independentismo basada en el terror.
b) Los antecedentes indicarían que lo va a volver a intentar. Sea en forma del atentado clásico (bomba, tiro en la nuca, etc.), sea en forma de una tregua trampa seguida de alguna declaración de alto el fuego que “negociará” con el partido que va a perdiendo las elecciones y que ellos consideren menos peligrosos para su estrategia.

Los hechos que siguen estuvieron destinados a torcer el rumbo de la soberanía popular:

-El atentado seguido de muerte del Almirante Carrero Blanco quince minutos antes del inicio del juicio contra diez miembros del entonces sindicato clandestino Comisiones Obreras. Según sus propias conclusiones ETA perseguía influir en las divisiones entonces existentes en el seno del régimen franquista entre los «aperturistas» y los «puristas». Según el Comando Txikia que ejecutó el magnicidio, Carrero Blanco era «una pieza fundamental» e «insustituible» del régimen y representaba al «franquismo puro». La muerte de Carrero Blanco cambió el rumbo de la Transición. Colocaron cerca de 100 kilogramos de Goma-2 (el mismo explosivo que aún no pudo determinarse -por manipulación culposa o dolosa- si se usó en los atentados del 11M).

-El 19 de abril de 1995, el futuro presidente de gobierno Aznar es objetivo de muerte en un atentado del que salió ileso gracias al blindaje del vehículo.

Ese atentado fallido tendía a evitar lo que luego ocurrió (y que no hubiera ocurrido si el atentado tenía éxito, que no lo tuvo milagrosamente): que Aznar fuera presidente de gobierno desde 1996 a 2004. Y que persiguiera tenazmente a la banda terrorista.

-Y así llegamos al 11 M. Una semana antes de los atentados del 11-M los sondeos daban al PP una ventaja de cuatro puntos en las elecciones, aunque se daba por poco probable que repitiera su mayoría absoluta de 2000, en donde consiguió 183 escaños.

Poco antes de las elecciones y del atentado hubo:

a) el pacto de gobierno tripartito en Cataluña, y

b) una reunión entre Josep-Lluís Carod-Rovira y dirigentes de ETA

La sombra de los atentados estuvo presente y fue un factor relevante para obtener los votos de los indecisos o abstencionistas; un elevado porcentaje de encuestados se declaraban “indecisos” (en torno al 40%). En las sedes del PP, la noche previa a las elecciones, se concentraron miles de personas para mostrar su descontento con la política informativa del Ministerio del Interior sobre la autoría de los atentados, en el que el ministerio apuntaba como principal sospechosa a ETA, a pesar de que había otra línea de investigación abierta que cobraba más fuerza apuntando al terrorismo islámico.

Que ETA participó en este atentado criminal como autor, partícipe primario o secundario (para ejemplificar con la terminología del Derecho Penal) está en investigación y más temprano que tarde la verdad se conocerá. Si no como autor directo (colocar las bombas, etc.), podría haber sido partícipe primario (facilitar el explosivo a los terroristas, manipularlos, etc.). Y si no se prueba ninguno de los dos extremos quedará la posibilidad del partícipe secundario (asesoramiento, instrucción militar, etc.).

Por eso creo que, ante las pruebas directas y/o los antecedentes indiciarios severos y concordantes, hay que estar preparados para estas posibilidades que tenderán a torcer, un vez más, el resultado de las elecciones: O el atentado al/los candidato/s (acción –afortunadamente- casi descartable por su poco efecto actual) o la puesta en escena de un pacto (simulado) de dejar las armas, etc. que le permita al partido de gobierno –poco antes de las elecciones generales o adelantadas- capitalizar este “éxito” largamente esperado por la población.

No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas. (Xavier Arzalluz ex presidente del PNV)

Norberto Zingoni, abogado, ex-juez

La literatura y los Borgia

La larga, ya centenaria, y apasionada historia de la familia Borja/Borgia con la Literatura (así, con mayúscula) es la que los ha catapultado a la fama y el recuerdo entre muchos de nosotros, pasados ya más de quinientos años de su poder y tiempo. Creo poder decir, sin temor a equivocarme, que la Literatura es realmente la responsable de que estén “vivos” a día de hoy, aunque sin el poder no habrían llegado a ella, ciertamente.

El “calumnia que algo queda” se ha convertido en la principal baza para que aquellas personas se hayan convertido en personajes casi arquetípicos de nuestra cultura: Lucrecia la envenenadora; Alejandro VI el Papa depravado; César el Príncipe Renacentista y maquiavélico. ¿Qué los ha convertido en carne de tinta para tantos autores? No sólo escribieron sobre ellos en su momento Ludovico Ariosto, Pietro Bembo, Antonio Tebaldeo, Ercole Strozzi… ni sólo en Italia. El siglo XIX los rescató gracias a los grandes, aunque fuera para arrastrarlos por el fango: Apollinaire; Dumas padre, Víctor Hugo, Donizetti… y el XX los trajo a los españoles de nuevo: Vicente Blasco Ibáñez, Manuel Vázquez Montalbán, Carmen Barberá, Luis Racionero quien con ellos ganaría merecidamente el premio Azorín, o Luis Antonio de Villena en la poesía, decadente y hermosa… para acabar de nuevo en Italia: Mario Puzo con un libro perfectamente prescindible desde mi punto de vista… En fin, se podrían dar nombres hasta la saciedad: Hella S. Haasse, Byron (quien robó unos cabellos de Lucrecia durante su estancia en Milán); Barnabe Barnes (del área británica, que los aprovechó para atacar al mundo católico), You Higuri (autora de exquisito cómic).

Y volvemos a empezar: ¿por qué? ¿Qué los vuelve capaces de embaucar y seducir a escritores de todo tiempo y nacionalidad? ¿Por qué, de entre todas las familias escandalosas y amorales desde la perspectiva de nuestro siglo ha caído en ellos el honor de ser carne de mito? Su ascenso y caída fueron rápidos. Fulminantes, podría decirse. Si bien su poder llegó a extenderse cincuenta años, su cúspide no sobrepasó la quincena. Y sin embargo, ¿no son acaso más conocidos que emperadores e imperios que se mantuvieron mucho más? Sin duda hay en ellos un elemento mágico, una cantarella (el famoso veneno de los Borgia cuya existencia nadie ha podido probar aún) que no mata pero que genera adicción.

No poco tendría que ver en ello que fueron, como el Renacimiento, justa medida del hombre, y no sólo por cuanto pueda tener de espiritual y de bestia a un tiempo, como señalaba su contemporáneo Maquiavelo, sino por cuanto en ellos se mezclaba el refinamiento más elevado con la crueldad más despiadada y lo hacían con equilibrio prodigioso, propio de castillos de cristal sostenidos sobre una gota de agua evaporada. También en ellos se reunía el especial hecho de ser extranjeros, “catalanes”, como les llamaron sus enemigos. No peores en sus acciones que sus contemporáneos, encarnaron la bajeza moral de su tiempo, pues en ellos hubo tal concentración de astucia, poder, lujo, estrategia, diplomacia, capacidad, bajeza y grandeza, que se convirtieron el “no va más” de la Roma que se despedía de los últimos flecos de la Edad Media para entrar de nuevo en una nueva era de la mano de pensadores, filósofos, poetas y artistas plásticos que grabaron sus nombres con letras indelebles en la Historia humana.

En las páginas de esta revista he reseñado La cárcel del amor, la obra del mencionado Luis Racionero que me ataría hasta el día de hoy (y ya va para siete años) a ellos, cuya lectura recomiendo a todo aquel que esté cerca. Pero también podría señalar La ciudad escarlata como una magnífica obra para aquellos que quieran desentrañar las primeras nieblas del misterio borgiano. No obstante los amantes de las leyendas negras (de las que somos especialistas los españoles, víctimas de nuestra propia indefensión) deberían acercarse a La Roma de los Borgia y, en menor medida a Crímenes Célebres: Los Borgia, de un Dumas padre un tanto panfletario y soso en comparación a Apollinaire. La lista, si no interminable, es desde luego inmensa, larga como la muralla China y capaz de atraparte como una red de oro, ligera y fascinante de la que no se quiere salir una vez que se ha probado. Porque los Borgia son, sobre todo, Literatura, y como tal envenenan el alma al tiempo que la colman de placeres.

Identidad sexual performativa


Ni celeste ni terrestre te hicimos, ni mortal, ni inmortal, para que tú mismo, como modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y hora, te forjes la forma que prefieras para ti (…) ¡altísima y admirable dicha del hombre! Al que le fue dado tener lo que desea, ser lo que quisiere. – Giovanni Pico della Mirandola, Oración acerca de la dignidad del hombre (1484).

Con “identidad sexual performativa” no nos referimos al paisaje humano de una de Almodóvar, a Toni Cantó vestido de Lola (Todo sobre mi madre), ni tampoco al reciente reconocimiento de la justicia española de parte de los derechos de gays, lesbianas y transexuales. No sólo a eso. Se trata de una cuestión mucho más antigua, que alcanza al Renacimiento, la época de Pico della Mirandola. Estamos hablando, quizás, del último peldaño del Individualismo.

Una cita -muy manida- de Simone de Beauvoir dice que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Dos conclusiones pueden sacarse al respecto. La primera es que nadie nace con un género, el género es siempre adquirido. Podemos admitir ciertos condicionamientos biológicos (nada contra lo que no pueda la “cirugía de reasignación”, vulgarmente llamada, “cirugía de cambio de sexo”), pero lo que ya está totalmente demostrado y reconocido es que el género es un artificio, una ficción; es performativo y se fabrica mediante un conjunto de actos aprendidos, conductas repetidas, gestos y otros medios discursivos. Resulta de un proceso de imitación y trabaja, únicamente, en la superficie del cuerpo (Judith Butler, El género en disputa). Va a estar restringido por unas circunstancias dadas, sociales y políticas. El sexo de los griegos (proclives a la homosexualidad y la pederastia) no era igual al sexo de nuestros padres, que aún recordarán la “ley de vagos y maleantes” y la de “peligrosidad social”, hostiles a homosexuales y transgénero. No es casualidad que Foucault escribiese su Historia de la sexualidad de seguido, después de Vigilar y castigar. Vigilan y castigan nuestro cuerpo, nos roban el género con frases como “ya no eres una niña”, “haz el favor de cruzar las piernas”, “no seas marimacho”…

La segunda conclusión, en relación a la cita de Beauvoir, es más optimista. Si el género es construcción, podemos inventarnos a nosotros mismos: “como modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y hora, te forjes la forma que prefieras para ti”. Consiste, todo esto, en un salto cualitativo, del “CONÓCETE A TI MISMO” al “INVÉNTATE A TI MISMO”. Dejamos de reconocer la biología como destino. Matamos la biología. No nacemos ni hombre ni mujer; no somos, por mandato divino, varón o hembra (diga lo que diga Ana Botella). DEVENIMOS… Gilles Deleuze y Félix Guattari empleaban este verbo, “devenir”, para proponer una construcción del sujeto alternativa a los imperativos de lo masculino y lo femenino, esta máquina dual que tiene su más ingenua expresión en el color de los patucos (azules para ellos, rosas para ellas).

La sexualidad es una producción de mil sexos, que son otros tantos devenires incontrolables. – Deleuze y Guattari. Mil mesetas, capitalismo y esquizofrenia.

El arte de los últimos tiempos ha dado testimonio de un profundo malestar con relación al cuerpo (humano). Antonin Artaud fue el primero en “declarar la guerra a los órganos”, en concebir “un cuerpo sin órganos”. Decía: “Pues atadme si queréis, pero yo os digo que no hay nada más inútil que un órgano”. Esta guerra armada a la anatomía encubría una problemática asociada a la identidad. Artaud nunca aceptó su sexualidad, su anhelo era “dilatar el cuerpo de su noche interna”. Su posición, su difícil relación con un mundo fagolocéntrico, con un canon heteronormativo, se perpetúa y da lugar a una crítica a la propia estructura física, a la constitución biológica del cuerpo. El arte no quiere los límites de la piel, suprime los orificios. El rostro se convierte en espacio vacío. La carne, condenada a la podredumbre, anhela la consistencia de lo metálico. El arte sueña un cuerpo electrónico. Nacen las Bad Girls; el Cyberfeminismo, que vindica un cuerpo posthumano que es el cyborg, “híbrido de máquina y organismo, criatura de realidad y ficción”. Asociaciones entre el hombre y la máquina diversas, excitantes y peligrosas (herramientas tecnológicas como extensiones del cuerpo, experiencias con robótica…), como las que desarrollan el australiano Stelarc o el catalán Marcel.li Antúnez. Todas estas elucubraciones en el campo de las artes suponen o han de suponer una redefinición de lo sexual y demuestran que “los géneros también pueden volverse total y radicalmente increíbles”.

Puede parecer que todo esto no son sino blasfemias contra natura, pero no dejo de pensar, como Lord Henry (El retrato de Dorian Gray), que “la naturalidad también es afectación, y la más irritante”. Es común el miedo a rebasar la escala humana, un “temor frankestenianao” a jugar con el cuerpo… Tecnofobia aliñada con “pellizquitos” de homofobia y una “puntita” transfobia; un sentir apolillado que nos impide rediseñarnos y entender el género como “artificio libre de ataduras en pro del pleno desarrollo de nuestra personalidad”. Todo cambio es una amenaza, mas “de donde nace el peligro nace la salvación también” (Hölderlin). La salvación (al menos en este mundo, hecho de carne y fragilidad): superar los estereotipos identitarios y quitarnos, de una vez por todas, esos patucos-grillete de las categorías sexuales.

Dos sexos son ya pocos, dada la vastedad y variedad del mundo. – Virginia Woolf, Una habitación propia.

Para nosotros no hay uno ni dos sexos sino muchos: hay tantos sexos como individuos. – Gilles Deleuze y Félix Guattari, El Antiedipo.

Mi cuerpo es mi escultura. – Louise Bourgeois

Explotáis, luego existo

Prometo, como Orson Welles al comienzo de su hermosísima Fraude, que, a pesar de tratar de simulacros, ficciones y otras imposturas, lo que sigue es totalmente cierto y está basado en rigurosos hechos reales, pero solo hasta cierto punto.

Las cosas son así: cada día es más difícil saber quién es quién, quiénes somos. Como en el sueño de Chuang Tzu ya no estamos seguros de si somos nosotros mismos o el sueño que alguien tiene de nosotros. Una pérdida de identidad que ha alimentado las obras de Kafka, Roland Topor, Kôbô Abe o Philip K. Dick y que parece no querer quedarse solo ahí. Baudrillard ha expuesto largamente la lógica de la simulación, la sustitución de los hechos por precisos modelos previos a la realidad. Bienvenidos a la era del simulacro, la de Matrix y el ciberpunk, aquella en la que los avatares virtuales del Second Life pronto parecerán más reales que la propia realidad, puesto que de simulacros vamos a hablar.

La lógica deleuziana de que el Poder no quiere ser medido por el rasero de la Historia sino por el tamaño de sus enemigos resulta más que evidente en la sociedad en la que vivimos. Es el uso del conflicto como fórmula de publicidad pret-à-porter. De ahí el resurgir mediático de un terrorismo internacional que tan bien les sirvió a Reagan y Thatcher para regir el mundo con mano de hierro. Pero en esta era de la información ya no se trata tanto de inventar enemigos (como en el caso de los fascismos o las dictaduras totalitarias) como de magnificar a los contrincantes de uno. Imaginémonos a los managers de un púgil que primero agrandan el currículo de su adversario para luego, al haberle derrotado, ensalzar homéricamente la figura de su pupilo. Las generaciones futuras, al revisar quién fue George W. Bush, lo más parecido a un siniestro alcaide de película carcelaria del Hollywood de los años 40, encontrarán su nombre inevitablemente engarzado al de otro. Es más, mediarán su cruzada salvífica contra el terror a partir del terror mismo. Osama Ben Laden, aquel que osó desafiar la paz y el orden del mundo libre, será pues, históricamente, su némesis. Para siempre.

Pero, detengámonos un momento a calibrar a ese enemigo. Parafraseando el comienzo de la primera entrega del Fantomas de Souvestre y Allain, podríamos responder a la pregunta “¿Quién es Ben Laden?” con un idéntico “No es nadie… ¡y sin embargo es alguien!”. Su identidad es esquiva: es lo que los medios nos han contado de él. Los retazos conocidos de su biografía (su origen acomodado, sus estudios en Oxford, su colaboración con la C.I.A.) poseen un poderoso hálito romántico subrayado por el hecho de ser un personaje condenado a una eterna huida. En cuanto a su profesión, ésta es evidentemente ―como en el caso del “genio del crimen”― la de “dar miedo”. Desde la cúspide de al-Qaeda, lo más similar a una gran multinacional del terrorismo (pensemos en la Spectra de James Bond o en la férrea organización criminal del Dr. Mabuse), atemoriza al mundo no islámico con una guerra de religión al estilo del Siglo XXI. También como Fantomas, en él habitan dos mitades extrañamente complementarias: la del dandi (jinete avezado, con una estilización que parece sacada de las pinturas de El Greco, elegantemente vestido, distinguido incluso disparando su ametralladora) y la del bandido. Precisamente el límite de su dandismo, como han apuntado Philippe Azoury y Jean-Marc Lalanne, no es otro que su furioso activismo contra la sociedad occidental. Una comparativa detallada entre ambos, de su gusto por la espectacularidad a su dominio de los medios de comunicación (copando las portadas de los periódicos y telediarios, con una cadena de televisión ―Al Yaseera― transmisora de sus designios) da vértigo. ¿Será posible que la figura del villano esté tan firmemente aferrada al imaginario colectivo planetario que, incluso alguien como él, tan distante de la cultura occidental, no puede evitar reproducir ciertos estereotipos? ¿O será, bien al contrario, que detrás de su figura existe un diseño premeditado? ¿Cómo saberlo, si Fantomas siempre consigue evitar las manos prestas a apresarle?

Un brindis por el nuevo hombre

27-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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La gran pantalla emite la (misma) imagen de un extraño centro de incubadoras. Un contador va restando segundos al acontecimiento más esperado de todos los tiempos. Se superponen imágenes de Times Square, La Plaza Roja, La Puerta del Sol. Como en una Nochevieja universal, la humanidad vibra finalmente a un solo grito: SEVEN, SIX, FIVE…TWO, ONE…

(Fundido en rojo)

Sobre un altarcito, en el mismo centro de incubadoras, cuatro enormes huevos de avestruz que se rompen por momentos. Salen de ellos cuatro adolescentes totalmente iguales.

Distintas imágenes nos muestran la fiesta global. Estamos en la Nochevieja, no por casualidad, del año 666 de la Nueva Era.

Los nuevos hombres salen de los huevos como patos mareados: tienen cuerpos de hermafroditas, caras de humanos y alas de ángeles de cristal.

Quince sesudos hombres, testigos de distintas épocas, observan el acontecimiento desde su mesa de congresos (en primer plano).

Algunos aplauden mientras otros lanzan anatemas. El follón es impresionante.

ALQUIMISTA.- ¡Eureka! Llevamos siglos tras la criatura.

RABINO ORTODOXO.- (con aspavientos) Esa criatura de la que usted habla es obra del demonio, y el tiempo se encargará de ella.

SATÁNICO.- Un respeto, camarada. Son precisamente ustedes, los monoteos sociedad limitada, quienes llevan soñando años con un rebaño de hombres perfectos… así que ahora no se hagan los estrechos. No creo que estos seres se crean sus milongas por más tiempo.

SACERDOTE CALDEO.- Haya paz entre los intermediarios de buena voluntad. Al fin y al cabo, somos del mismo gremio de miedos y sumisiones. No nos quedaremos en paro… Puesto que el Nuevo Hombre tendrá sus necesidades, digamos, espirituales.

CIENTÍFICO.- (levantando una copa y ofreciendo un brindis) El experimento, pese a quien pese, ha sido una éxito. Es hora de que la humanidad se libere de una vez por todas de las viejas supersticiones…

ENCICLOPEDISTA.- (Alzando la copa) ¡Inmortalidad, igualdad, fraternidad! La libertad la perdimos voluntariamente, allá por las postrimerías del siglo XXI… pero esa es una vieja historia y no quiero aburrir a nuestro selecto público.

FILÓSOFO GRIEGO.- Estoy aquí para dejar claro que nosotros no nos sentimos padres del invento: No es esto, no es esto (tirándose de los pelos).

RAELIANO.- (dirigiéndose al público) Querida humanidad: El Nuevo Hombre posee una capacidad sexual ilimitada y carece por completo de complejos morales. ¿Alguien da más? El nuevo hombre es amor en estado puro universal categórico.

TROSTKI.- El hombre-chip contempla una nueva sociedad con toda su potencia revolucionaria transformadora. ¡Socialización de las fisiologías ya!

NIETZSCHE.- ¡Pandilla de tarántulas y sarcófagos alitosos! El fin será el Superhombre, que cabalgará sobre vuestro rebaño. ¡No a una humanidad disecada! Es pasto de supermercado.

HUXLEY.- Los horrores de la Utopía pretenden clonar el alma humana… y se están aproximando a pasos agigantados.

SAINT-SIMON.- (ebrio, abrazándose a Trostki como un fútbolero). ¡Se nota, se siente, la granja social y espiritual está presente!

JÜNGER.- Ahora que la telepatía es un hecho, la humanidad marcha como un reloj daliniano que se derrite por segundos.

JODOROWSKY.- Al cielo no podemos llegar cada uno con nuestro automóvil. La humanidad, sin embargo, resulta inmortal.

ARRABAL.- Nuestro pasado siglo
está más que repleto
de asesinatos
y hasta de genocidios
Y sin embargo luce
de progreso sin fin.

CIENTÍFICO.- Por favor, por favor… Les pido un minuto de silencio. Supongo que la instalación del chip con la memoria de la humanidad completa, en la que están incluidos los discursos de todos y cada uno de ustedes, es cuestión de minutos. Desde entonces dejarán de tener sentido sus viejas ilusiones de portera humana. Por tanto, repito, no es necesario que atosiguen al público con sus onanismos. La originalidad es sólo una pieza de museo. Quiero, por tanto, hacer una declaración sin interferencias. La haré en esperanto, con traducción simultanea al euskera y al gaélico, por si las moscas.

(Saca un arpa y da un toque de atención con la misma, después, prosigue leyendo, ya con los demás en silencio… frente la expectación de todo el mundo).

“Queridos terrícolas (las plazas del mundo están llenas, tal y como vemos en la gran pantalla). El más viejo sueño de la humanidad se ha cumplido (aplausos de toda la humanidad por la pantalla). Cada uno de estos cuatro bebés utópicos representa millones de años de evolución. Cada célula de los mismos contiene toda la información del Universo. La técnica de gestación por eyaculación de conciencia culmina miles de años de evolución, marcados por los límites y el miedo (se ven en la pantalla imágenes de inquisidores, Semanas Santas y terremotos).

¡Un Nuevo Hombre ha nacido! Un Nuevo Hombre en donde estamos todos reunidos y somos Uno y cuatro. Este Nuevo Hombre no habría sido posible sin los viejos profetas (imágenes en la pantalla de Bin Laden, Lenin, Jesús y Hitler). Pero este Nuevo Hombre nos convierte, además, en dioses con crédito ilimitado.

Una nueva Matria humana ha sido alcanzada. Una fragua intemporal que viene a matar el tiempo y a desadministrar la muerte, nuestra leal compañera. El tiempo, repito, no será ya ningún obstáculo, los pensamientos serán universalmente compartidos y la telepatía será un hecho. Esta obra es la obra de todos nosotros, y por tanto no tiene más autor o copy-right que el humano. Que nadie se sienta excluido. Hemos vencido la enfermedad moral y física, la fealdad y el miedo.

Ya no estamos atados a una raza ni a un sexo, no dependemos de materia orgánica alguna ni necesitamos condiciones ecológicas precisas. Nuestros sueños se realizarán en un umbral entre la realidad y la virtualidad en un lugar hasta ahora desconocido para la mayoría de la ganadería humanista. La libertad no será un problema, porque entenderemos nuestra necesidad y ello nos hará finalmente libres”.

(La humanidad aplaude a través de las pantallas)

“Creo, como último representante del viejo hombre, que los viejos representantes de lo humano debemos desaparecer para dejar paso al definitivo Nuevo Hombre. Su camino, lo sabéis, está lleno de familiares fosas comunes y horrores utópicos que no volverán a suceder (imágenes del 11-S, el GULAG, los campos de exterminio y del desfile del 12 de octubre). Propongo, por tanto, que los aquí reunidos concluyamos esta ceremonia virtual, como gente seria y finita que somos… Es decir, mediante la tradicional ingesta de cicuta que porta esta botellita de licor franciscano”.

(Rumor y comentarios en toda la mesa)

ALQUIMISTA.- Ha nacido el hermafrodita, que yacía inerte en las tinieblas…

En cuanto a nosotros, nuestra obra está acabada: ¡Solve et Coagula! (bebe la cicuta y se desploma).

SACERDOTE CALDEO.- ¿Acaso imaginan que sin custodios de los secretos esas criaturas podrán caminar?

RABINO ORTODOXO.- (despectivo) Como si una criatura engendrara lo divino. ¡Qué obscenidad!

TROSTKI.- Sin la vanguardia del Partido serán ciegos autómatas. Pronto volverán a necesitar de nosotros, son menores de edad.

SATÁNICO.- ¿Quién les llenará la boca de deseo a esos desgraciados transgénicos desnatados?

CIENTÍFICO.- Eso que llaman ustedes criaturas son la línea del horizonte de la evolución: no padecen ni necesitan de sus putrefactos cuidados, ¡amas de cría venenosas!

NIETZSCHE.- No sé si resulta más patético el errante paso del rebaño o la decadencia de sus tradicionales pastores violadores. Ustedes han convertido la Ciencia en una execrable religión agropecuaria.

RAELIANO.- Ya puestos, nosotros mismos debemos ser inmediatamente gemados o clonados, sin tener que desaparecer de un modo tan romántico y antiguo. Ni pasar a esos seres a través de un chip…

CIENTÍFICO.- Todos ustedes forman parte de lo humano, y todo lo humano está contenido en estas cuatro criaturas.

HUXLEY.- ¡Caramelitos, Soma, LSD! Quien los prueba resulta inmortal… Está escrito en los Vedas, ciertamente.

ENCICLOPEDISTA.- El hijo de la modernidad es un monstruo y yo soy su padre putativo.

HOUELLEBECQ.- Al menos la Nueva Era buscaba algo que necesitábamos. Fuimos una especie parecida al mono, que sin embargo tenía aspiraciones nobles. (Pega un trago enorme)

(En la pantalla se observa cómo un científico coloca un chip en la frente a cada uno de los cuatro hermafroditas).

JÜNGER.- Es difícil imaginar que a uno le despierten de la inmortalidad sólo para ver esto. Un poco de dignidad, caballeros.

(Coge la botella de cicuta y la bebe)

HUXLEY.- Déjeme a mí también y tome uno de estos caramelitos de la eternidad…

FILÓSOFO GRIEGO.- Espere, yo me voy con usted… Esto será un ágape (agarrando los tripis que han quedado desperdigados).

(Caen al suelo, después de tomar la cicuta con LSD).

CIENTÍFICO.- Espero que los demás sigan el camino de los héroes. Nuestro tiempo ha pasado definitivamente.

(Por la pantalla se ve a los cuatro hermafroditas observar el espectáculo atónitos. Lloran y vuelven a sus huevos, donde se introducen para no salir jamás).

El experimento ha fallado una vez más.

NIETZSCHE.- Con estos materiales (señalando a los demás) no es posible un Hombre Nuevo. Pero el viejo hombre debe morir.

SAINT-SIMON.- Entonces yo brindo con cicuta por una nueva humanidad.

TODOS.- ¡Nosotros brindamos con cicuta por una nueva humanidad!

(Todos elevan su cálices y beben la sagrada cicuta.
Suena el Himno de la Alegría y unos ángeles comienzan a recoger en ataúdes a los caídos, preparando el funeral a los acordes de Beethoven, que aparece en escena como un giróvago).

(NO CONTINUARÁ)

El Partido Radical

Emma BoninoEn 1989, en plena caída del telón de acero, un partido italiano se reúne en Budapest para renunciar a serlo y proclamarse ‘transnacional’, cobijando fuerzas democráticas de los países excomunistas, del sudeste asiático, del África sudsahariana… planteando conducir los problemas de la transición hacia la democracia por el camino del parlamentarismo, las libertades, la noviolencia y el respeto de los Derechos Humanos. Un partido de noviolentos críticos con el pacifismo, de demócratas parlamentarios en permanente denuncia de la partitocracia, de promotores de redes civiles informativas y participativas, de federalistas europeos y mundialistas, …organizadores de referéndums para legalizar el divorcio o el aborto (¡en Italia!) o el consumo de los derivados del cáñamo. Y por bandera, la cara de Gandhi dibujada con el nombre del partido escrito en decenas de idiomas…

Dos años más tarde, inscrito sin saber demasiado a qué, me presenté en un Congreso que el Partido Radical Transnacional (radicalparty.org) celebraba en Roma sin imaginarme lo que realmente encontraría allí: por una parte, en plena crisis por la corrupción de todos los partidos italianos (menos uno…), sus gerifaltes, los ministros e, incluso, el jefe del gobierno, presentándose en el Congreso para salir en la tele proclamando su benevolencia hacia el único partido “limpio” del momento; el que había denunciado desde siempre las causas que finalmente habían llevado a la crisis del sistema político italiano. Por otra parte, la presencia activista de rusos y letones, tibetanos y chinos, gitanos de Serbia y musulmanes de Macedonia, budistas y cristianos, armenios de Nagorno Karabakh y azeríes, griegos de Rumanía y turcos de Bulgaria, kosovares y uzbecos, vietnamitas y croatas,… y el alcalde de Sarajevo sin poder asistir por culpa del asedio chetnik a su ciudad. Todos ellos esperando -y aportando- ayuda política, buscando el respeto a los Derechos Humanos y el mundo de libertades que representa Occidente.

Les atraía el carisma de los líderes radicales históricos, y por encima de todos ellos, el de Marco Pannella y Emma Bonino. Un carisma fruto de una manera de hacer política que invierte nuestra habitual relación partido/acción política, aquella en la que el partido acaba siendo una maquinaria de autoperpetuación parasitaria de la administración del Estado, ocupando el espacio de -e impidiendo la- autoorganización ciudadana, cívica, pública, civil.

En las Españas, un voto es un cheque en blanco a un pequeño núcleo de propietarios de una maquinaria electoral que lo utilizan sabiendo que no hay mecanismos que les enfrenten a la responsabilidad derivada de su actuación política. En la concepción defendida desde hace 50 años por los radicali, un voto es un mandato -nominal- a tu representante -personal- (¿quién/cuál es tu -el tuyo- diputado?) . Y la democracia no es la dictadura de la mayoría sino la garantía de cualquier minoría (y la minoría más minoría es el individuo-ciudadano).

Aquí y ahora, son necesarios grupos de opinión y asociaciones de presión, promotores de iniciativas y redes de coordinación política que vayan (re)tomando en sus manos todo el poder que hemos abandonado a este sistema partitocrático que, hijo de ‘la transición’ y los menos aconsejables modelos ajenos, rige en el Estado España. Que trabajen, que trabajemos, por una cultura de la implicación cívico-política, de la asunción de nuestra (cor)responsabilidad personal.

Dentro de este abanico de acción ciudadana tiene que haber de todo: partidos políticos, grupos de presión específicos, redes de debate y crítica, sistemas de información abierta,… y ‘alguna cosa’ radical; una entidad, una red de asociación política civil, no ‘nacional’; local, no territorial. Basada en la referencia a los principios de noviolencia e intransigente respeto mutuo en la defensa de los derechos que garantizan el sistema de libertades.

Un lugar que puede aprovechar y aprender de muchas trayectorias y experimentos, pero por lo que se refiere a la actitud, al estilo, a la manera de hacer, muy especialmente del Partito Radicale.

Una entidad homenaje a aquellos que han mantenido los espacios de libertad donde sembrar la propia responsabilidad; una necesidad para poder ejercerla.

Porque la sociedad de la queja y el desprecio a la política es la sociedad de la renuncia a la (propia) libertad.

Porque la política, si no la haces, te la hacen.

La contracultura necesaria

Reivindicar la contracultura debería tener algo de intempestivo, en su radicalidad y actualidad velada, si no fuera por esa nefanda progresía capaz de convertir cualquier disidencia en fetiche de consumo, cualquier propuesta en la más estólida y correcta pose narcisista y cualquier política en la más desesperante parodia. Dejando bien de lado el puerto de llegada de la sociedad de mercado al que parecen apuntar los progres la contracultura sería una de las expresiones de disidencia más conscientes frente a las maneras propias de vivir y pensar de este Occidente técnico y economicista. Su apuesta descansará en una penetrante toma de conciencia de la crisis del propio devenir de la cultura occidental y sus modos de vida. En la contracultura se darán cita desde la nostalgia por la tierra y el comunitarismo a una nítida aspiración por una nueva eticidad y espiritualidad no reñida con el cuerpo, la sexualidad o la materia. Si atendemos a la importante impronta estadounidense de la contracultura podremos divisar los ecos de un Thoreau, la textura espiritual que Whitman expresara en Hojas de hierba o la sensibilidad naturalista que expresan los paisajistas estadounidenses.

La contracultura emergente tenderá a ordenarse de la mano de una cierta atracción por las tradiciones orientales -ya Thoreau se había interesado por el budismo- y del acento en lo propiamente experiencial. Este acento será una respuesta a la alienación de la capacidad de experiencia en la mera teoría y en la saturación hiper-racionalista de la modernidad ilustrada. En este sentido podríamos hablar del cierto espíritu nietzschiano de la contracultura. Desde el mismo, liberar la capacidad de experiencia interceptada por una razón escindida de la misma, en tanto razón técnica y calculadora, supondrá la liberación del propio cuerpo y sus sentires. Junto a todo ello, y de la mano de la poderosa influencia de la generación beat, habrá que referirse también al culto al exceso, al descentramiento de la conciencia y al descabalgamiento del yo mediante la sexualidad o las drogas. En este sentido la contracultura vino a popularizar la percepción de los psicoactivos que consagró la beat generation. Con todo, si atendemos al interés de los más insignes beatnicks por el Zen, o por ese “ángulo de visión” que buscara Borruoghs en la ayahuasca, levantaremos acta de lo lejos que nos encontraremos respecto de los usos y costumbres del masificado y masificante mercado negro de drogas.

Las reivindicaciones sociales de la contracultura, o sus críticas al orden de cosas, tendrán como condición el marco descrito. De ahí la ruptura con lo que sería la izquierda oficial que, más allá de todo oportunismo, era completamente ajena a esta mentalidad emergente desde sus propias deudas con el pensamiento ilustrado. Estaremos pues ante la eclosión de una determinada disposición vital antes que con un perfil bien delimitado y fácilmente ubicable. Una disposición que pareciera apuntar a una culminación por saturación del nihilismo que caracteriza la cultura occidental en los últimos siglos sobre la base de esa desconexión progresiva entre cuerpo y razón. La base de la sensibilidad contracultural radicará pues en el malestar generado por el proceso de la modernidad en curso desde sus omnipresentes mecanismos de administración, control técnico de la vida y alienación de la naturaleza, naturaleza humana incluida, en el utilitarismo y los meros rendimientos. Desde los mismos sólo serán vigentes las razones de tal control y la administración de la vida, dejándose de lado las razones de cuerpos y sentires. De ahí la gran variedad de personas que pudieran, de algún modo, verse reflejadas en las inquietudes contraculturales y en sus muy diversos devenires. A partir de los mismos se expresará el calado de la propia crisis del Occidente moderno y su redefinición desde la mentalidad técnica. En virtud de tal redefinición habrían culminado su crisis la propia cultura occidental y sus referentes espirituales. Esos mismos que son capaces de nutrir de vigor y sentido las vidas de los hombres.

Emboscándose

En el reverso de las intuiciones de la contracultura encontraremos, en sintonía con lo afirmado, valiosas estrategias de resistencia al modo de vida al que nos aboca la sociedad de control contemporánea y los diversos programas de utilidad y eficiencia tecno-económica a los que nos someten. No olvidemos que estaremos ante una auténtica revuelta de singularidades y cuerpos frente a esas dinámicas de control de la vida. La contracultura anhelará pues una ruptura, constituyéndose ella misma como el laboratorio de ideas y ensayos de vida alternativa de las que pudiera surgir una cristalización a la altura. Alan Watts ( ) incidirá especialmente en lo afirmado al considerarla como el campo experimental de praxis y disposiciones básicas en las que se aventuran aquellos que se alejan de las convenciones sociales ensayando innovaciones y posibilidades de adaptación y respuesta. Para este importante referente de la contracultura, auténtico enlace entre la misma y el más serio acercamiento a Oriente -especialmente al Budismo Zen-, ese desgajarse de las convenciones sociales irá necesariamente de la mano de un acercamiento al espíritu. A esa fuente de la que manarían libertad, salud y creatividad que, desconocida, quedaría velada y desplazada por el ruido de las relaciones sociales y sus exigencias. En esto su propuesta será tremendamente afín a la figura de libertad que Ernst Jünger acuñara como estrategia de resistencia ante las dinámicas de gregarismo y control de la sociedad contemporánea( ). Me refiero a la figura del emboscado desde su apertura al espíritu, su exilio interior y su posibilidad de compromiso metapolítico.

Esta vocación de emboscadura, de colocarse en el margen de la convención social sin por ello aislarse, nos permite percibir la fibra de las mejores intuiciones políticas de la contracultura. A los horizontes espirituales descritos, auténtica fuente de su vigor, habría que añadir la ya apuntada toma de conciencia sobre la violencia estructural que padecen naturaleza, vida y cuerpos en la hipermodernidad tecnocrática que habitamos. Tal toma de conciencia acogerá modos de refinamiento en el juicio que dejarán muy atrás a esos supuestos contestarios políticos, por lo demás completamente integrados, con que el sistema satura y colma el espacio de la crítica política. La denuncia de una tecnocracia, saturada de normatividades pre-establecidas y estrategias de administración continuas, será pues el auténtico telón de fondo de muchas iniciativas contraculturales. Frente al modo de vida impuesto desde esa administración técnica de la vida, y sus criterios de organización y eficiencia, se postulará el retorno a la naturaleza, al encuentro con la materia y el anhelo de una vida ajena a las interferencias de las colosales concentraciones de poder del tiempo presente. Los ensayos de experiencias comunitarias, dejando de lado el individualismo extremo de la sociedad de mercado, estarán en la estela de lo dicho.

Si a lo propuesto añadimos el cuestionamiento de los excluyentes paradigmas de conocimiento propios de la tecnociencia, en la intuición de las epistemologias propias de los saberes espirituales, atisbaremos la inusitada radicalidad de la contracultura y la anticipación de décadas respecto de muchos procesos por venir. En palabras del teórico de la contracultura Theodore Roszak ( ): “El interés de los jóvenes por la psicología de la alienación, el misticismo oriental, los psicoactivos psicodélicos y las experiencias comunitarias comprenden, en conjunto, una constelación cultural que difiere radicalmente de los valores y concepciones fundamentales de nuestra sociedad, al menos desde la revolución científica del siglo XVIII”( ). La crítica al totalitarismo tecnocrático y a la creciente administración de vidas y existencias será pues el eje alrededor del cual girarán las sensibilidades políticas que acoja la contracultura. El propio Roszak, en tanto intérprete privilegiado de la misma nos dirá: “Es cosa de todos impedir la consolidación final de un totalitarismo tecnocrático en el que terminaríamos ingeniosamente adaptados a una existencia completamente enajenada de todo aquello que siempre ha hecho la vida del hombre una aventura interesante. Si la resistencia de la contracultura fracasa me parece que no nos queda en la recámara nada salvo lo que antiutópicos como Huxley y Orwell anunciaron. Con todo y con eso no me cabe la menor duda de que esos despotismos serán mucho más eficaces y estables de lo que estimaron sus profetas, y es que incorporarán técnicas de manipulación de la intimidad tan finas y discretas como una tela de araña. La capacidad de nuestro paraíso tecnocrático en ciernes para desnaturalizar la imaginación en la razón, el progreso y el conocimiento hará que los hombres se vean forzados a percibir sus potencialidades, enojosamente dejadas de lado, como puramente patológicas. Naturalmente aparecerán terapias humanitarias que procurarán la generosa curación de estos desarreglos”( ).

Epílogo progre

Más allá de lo dicho el juego de máscaras de la sociedad de mercado insiste en mostrarnos como fetiches para el consumo y la forja de identidades de diseño toda una serie de modos y maneras asimilables, en sus formas externas, con la contracultura y, en general, con la disidencia y la crítica. Sobre tal fenómeno habrá que advertir que nada más delirante que una supuesta marginalidad ofertada como medio de integración social y delimitada desde su propia vacuidad, la permanente proyección de sombras sobre terceros y, en definitiva, la sed de mal. Muy lejos nos encontraremos ante los epígonos de beatnicks y hippies o, ante ciertos conatos de contestatación política, con algo más que con meras posiciones de consumo o meras estrategias de socialización y adopción de identidades previamente diseñadas. Con todo, la vida emerge y arraiga en las líneas de fuga de los clonificantes modos de vida contemporáneos. De ahí la importancia de hacer valer determinadas referencias que, con toda seguridad, arraigarán en parajes bien distantes de los que cierta corrección política invita a pensar. Cartografiar y tomar conciencia la parodia realizada de sí que supone la progresía y su corrección política quizá sea una urgencia intelectual de cara a la desactivación de uno de los más poderosos instrumentos de alienación y sumisión política. Muy probablemente la amplia difusión de este tipo humano, tan deseoso de complacerse en la delimitación paródica de terceros como en su supuesta superioridad moral, no responde más que a las necesidades de perpetuación de las burocracias políticas de la vieja izquierda. Y es que sólo un tipo humano evanescente puede estar a la altura de proyectos políticos no ya sólo agotados sino comprometidos hasta su misma intimidad con las programáticas de administración de la vida de la sociedad tecno-ilustrada.

El otro: Un paisaje violento

21-marzo-2010 · Imprimir este artículo

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Cuando colocado en presencia de un hombre que es mi Tú le digo la palabra fundamental Yo-Tú, él no es ya una cosa entre las cosas, ni se compone de cosas. Martin Buber

Pese a que nuestras sociedades son las más seguras que han existido nunca, nosotros, el “mundo europeo”, vivimos sumidos en un profundo miedo, miedo que, si se me permite, es descargado en innumerables ocasiones en forma de xenofobia.

Dice Bauman que nuestra sociedad es la más proclive a todo aquello que tenga que ver con la seguridad y la prevención, mucho más que el resto de habitantes de las sociedades conocidas. Vivimos rodeados de cámaras y sistemas de seguridad, cuya tecnología no sirve sino para profundizar, todavía más, ese sentimiento de incertidumbre y desconfianza. Parece posible afirmar que nuestra inseguridad, que nuestro miedo, está en relación directamente proporcional con el modelo de nuestra alarma de prevención de intrusos. Cuanto más sofisticados son nuestros dispositivos de prevención, mayor es nuestro miedo. La nuestra es una sociedad que se construye en el terreno pantanoso e inestable de la desconfianza. Castel indica que la inseguridad actual se distingue por el miedo al crimen y al malhechor, predomina la desconfianza en los demás ya que no existe para nosotros la posibilidad de compañerismo humano. El problema es que el peligro se nos presenta como algo indefinido, como un mal endémico. Según Castel, esto se produce por dos razones, a saber, frente a las trabas que imponía un red social muy densa antaño, nos hallamos ante un individuo liberado, pero el precio de esta liberación va a ser la vulnerabilidad y la fragilidad que van a marcar al sujeto contemporáneo. Como si de una epopeya clásica se tratara, asumimos el papel del héroe y, a cambio, hemos perdido la polis. Nuestros intereses no se hallan en nuestra propia ciudad y poco importa lo que en esta suceda. Contrariamente al inmigrante, carecemos de deseos localistas, de lazos vecinales, nos encontramos solos ante nuestras vidas y la ansiedad que esto nos produce deriva en una competencia exacerbada que sustituye a la solidaridad.

Nuestra sociedad no es ya una fábrica, sino un producto, y si en la Modernidad las clases sociales desfavorecidas habían sido convertidas en excedente, en el tiempo de la Modernidad líquida, como diría Bauman, las nuevas clases sociales han sido convertidas en residuos. Ya no se trata de un estado temporal que dará paso a la integración, sino que estas nuevas clases son inasimilables, se las excluye permanentemente.

Todos conocemos el episodio ocurrido en Suiza con relación a lo minaretes de las mezquitas. La prohibición de su construcción es en realidad una guerra iconoclasta entre dos comunidades incapaces de comprenderse mutuamente, pero destinadas a compartir un territorio. Roger Bartra afirma que el siglo XXI nace en Occidente bajo los signos del terror y la otredad. Es cierto que el terrorismo florece en la defensa de alteridades religiosas o étnicas que se sienten amenazadas, pero de ningún modo es justificable el manejo del miedo que se ha hecho por parte de las autoridades suizas, queriendo vender el problema de las altas torres (símbolo de potestad por excelencia) que son los minaretes, como un problema de terrorismo. En realidad nos hallamos ante el inconveniente de la visibilidad del “gran otro”, el Islam. Un paisaje, el europeo, que se encuentra violentado ante la representación del inmigrante en su sociedad. La visión del extranjero molesta, irrita, hay que retirarlos a las zonas apartadas. Es triste pensar que el resultado del mismo referéndum hecho en un país como España o Francia, por citar alguno, hubiera tenido similares resultados.

Suele decirse que se tiró el muro de Berlín y se levantó el del Estrecho. A la luz de este referéndum, quizás sea conveniente que nos planteemos si lo que deseamos es una ciudad de murallas, una estética de la seguridad que presida todo tipo de construcciones e imponga una lógica basada en la vigilancia y el asilamiento. Una vida de urbanización frente a una experiencia real, frente al estar-en-el-mundo que propugnaba Heidegger. El Dasein al que hacía referencia Heidegger, nos habla de la comprensión de un sujeto en el que aparecen los otros, un mundo en el que los otros aparecen junto conmigo. No se trata de poner en relación un yo frente a los otros, sino que yo existo en los otros, soy parte de lo que denominamos los otros, no me distingo de ellos. El Dasein es un mundo en común, es el con-vivir cotidiano. Dejo de ser yo para ser uno; si me refiero a un tú, me comprendo a mí mismo en esa afirmación y viceversa. Compartir nuestro espacio es una tarea imposible de eludir. Los extranjeros están ahí, son parte de nuestra sociedad, de nuestras ciudades, y hay que buscar una solución de vida conjunta que no pase por el relativismo, que no contribuya a implantar una falsa tolerancia enmascarada de buenos sentimientos. Detrás del relativismo se esconde la división basada en la concepción de supremacía del yo occidental. No se pueden legitimar, como propios de una cultura, actos que atenten contra la democracia. Debemos encarar la realidad que se nos presenta y no esconderla en los barrios marginales.

Ahora, es necesario recuperar la polis y con ella, el sentimiento de hospitalidad al que nos debemos.

El arte del sexo

Sucedió algo extraño de camino a la revolución.

Como escribió Chesterton la historia de la ideas en Europa no es la historia de grandes conceptos que han sido llevados a la práctica y abandonados cuando sus resultados no fueron satisfactorios. Al contrario, las ideas se ponen en práctica a medio camino y se abandonan por la mitad sin llegar a ninguna conclusión satisfactoria. Por eso nada termina de desaparecer en nuestro panorama mental y cuando nos encontramos con alguna idea que sí ha sido llevada a la práctica y con resultados desastrosos –como pueda ser cualquier variable del fundamentalismo religioso que nos aflige- el subjetivismo posmoderno imperante permite a sus defensores negar la realidad, alegando que se trata de grandes discursos equiparables. Pero la realidad resulta bastante tozuda y una de las más universales es que la represión sexual es una mala idea con muy malos resultados, que crea personas bastante peligrosas.

En la década de los sesenta del pasado siglo se intentó hacer algo al respecto y se empezó a hablar de “revolución sexual”. Una de las revoluciones que como apuntaba un cómico del momento, debió de tratarse de una de la que menos gente ha tenido en las barricadas.

El asunto terminó de muy mala manera. Lo que se llamó amor libre resultó ser una forma más de explotación de la mujer con figuras tan patéticas como las “groupies”. Para hacerse una idea de a lo que me refiero me remito a películas como Casi famosos, de Cameron Crowe, donde se presenta en términos positivos que el protagonista cambie a una chica por unas latas de cerveza.

Y en cualquier caso el SIDA puso fin a esa era de promiscuidad sexual. A la sombra de la plaga todo tipo de grupos fundamentalistas han intentado imponer sus agendas a sociedades que eran más que reacias. En Occidente la lucha de la Iglesia Católica, y de otras Iglesias, para frenar el uso de preservativo es una lucha perdida, pero en el África subsahariana no y los resultados solo se pueden calificar de catastróficos. No menos grave es su rotunda negativa, igualmente en contra del consenso de la ciencia medica, de que la homosexualidad no es una patología.
A día del hoy el erotismo, entendiendo como tal la actividad sexual que no está orientada a la reproducción, está seriamente amenazado.

Se trata por supuesto de un movimiento social propiciado, como apuntaba Bataille, por el miedo que despierta esta faceta del ser humano por lo que tiene, o mejor dicho puede tener, de incontrolable.

Por favor, no miren al elefante en el salón.

Pero volviendo a Occidente el resultado es verdaderamente extraño. Somos una sociedad cada vez más puritana que se niega a hablar de sexo en otros términos que no sean de cotilleo – lo que hacen o no hacen los famosos- o de curiosidades más o menos divulgativas, pero no de algo que es una necesidad individual de un ser humano equilibrado.

Pero… ¿Quién necesita una vida sexual sana si tiene un coche de último modelo? La comprensión por parte de los expertos de marketing de los mecanismos de la sexualidad resulta cómica para quien entienda los mensajes subliminales que contienen este tipo de anuncios. “La potencia sin control no sirve de nada” es un reproche que a ningún hombre le gustaría tener que escuchar en un pasillo, ni en un armario, ni mucho menos dentro de un dormitorio.

Y si la sexualidad masculina parece haberse vinculado al consumo ostentoso de símbolos de potencia viril que apelan a la magia (¿Qué otra cosa es sino pensar que si te compras un conche que coge las curvas con precisión incansable, tú vas a “coger las curvas” con no menor precisión?), la sexualidad femenina parece vinculada a un intento de buscar la eterna juventud, que ríete tú de Ponce de León.

La presencia de Internet ha hecho que la pornografía sea infinitamente más accesible que antes. Encontrar fotos de hombres y mujeres desnudos está ahora solo a un clic de ratón. Lo que es más, el disco duro del ordenador es desde luego preferible al reverso del colchón para esconder estás fotos.

Sin embargo, se da la curiosa circunstancia que la proliferación del material pornográfico –y su fácil acceso– han hecho que se desvanezca el erotismo.

De qué hablamos cuando hablamos del amor.

Existen abundantes manuales de anatomía que explican la faceta digamos hidráulica del sexo. No faltan manuales -modernos kamasutras- que explican la faceta técnica del sexo. Qué hacer, cuándo hacerlo y por qué.

Y sin embargo… No creo que nadie se excite con las fotos de un manual de fisiología. No creo que nadie se haya masturbado nunca utilizando un manual de ginecología o urología. (Aunque de esto uno no puede estar absolutamente seguro. En el sexo no se puede estar seguro de casi nada.)

Creo que todos hemos pasado por la experiencia en la primera adolescencia de recibir clases de educación sexual donde se ofrece una detalladísima explicación del proceso reproductivo humano, pero que son absolutamente inútiles a la hora de entender todas esas emociones que bullen en tu interior. Y mucho menos a la hora de entender las emociones de los demás.

Las acrobacias eróticas del Kamasutra despiertan en más de uno una sonrisa de incredulidad.

Existen psicólogos que analizan las emociones relacionadas con el amor. ¿Pero quién acude a un psicólogo sino es cuando ya hay un problema que no puedes seguir ocultándote a ti mismo?

En el intervalo, la mejor opción para entender el sexo, mejor dicho, para entender la forma en que somos criaturas sexuales, procede del arte. De la misma manera que aprendemos a apreciar un paisaje o que reconocemos una situación kafkiana, las obras de arte –de El último tango en Paris a La Celestina– nos permiten refinar nuestra sensibilidad y aprender de vidas ajenas. Desarrollamos nuestra empatía.

Sin el arte somos analfabetos emocionales. Para entendernos a nosotros mismos y entender a los demás, nuestra mejor guía son los artistas.

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