La supervivencia

Tal vez mis lectores recuerden el caso de la austriaca Natascha Kampusch. Por si no fuera así, les refrescaré la memoria.

Natascha fue secuestrada, en su camino de casa al colegio, el 2 de marzo de 1988, a los diez años, por una especie de maníaco o sociopata, de nombre Wolfgang Priklopil. Este invíduo previamente había excavado en el subsuelo de su vivienda un zulo, cuyo acceso sólo era posible a través de un túnel subterráneo, oculto tras varias barreras puertas y hasta una caja fuerte ante la que se abandonó varios objetos a modo de trastero.

Natascha permaneció a merced de su raptor hasta el momento de su “autoliberación”, como ella misma la denomina en su libro, el 23 de agosto de 2006, tras más de ocho años.

En ese momento los periodistas, escritores y opinadores de medio mundo redactaron sus impresiones al respecto, la joven concedió alguna entrevista y, ahora, relata en primera persona, en el libro del que nos ocupamos, su complejo periplo.

En los días de su liberación Fernando Arrabal escribió en el diario El Mundo: “El psiquiatra carcelero y manipulador ha conseguido que el primer arco iris de Natacha fuera del «zulo» haya sido en blanco y negro”.

En verdad, las fuerzas de seguridad no salen demasiado bien paradas en el libro. Aunque, en su momento, algunas voces afirmaron que la policía registró la furgoneta en la que fue raptada Natascha, ella nos cuenta que, en los primeros días de su secuestro, la policía visitó al raptor, que éste se brindó a mostrarles el vehículo, lo que los agentes cortésmente por considerarlo innecesario.

Tras la autoliberación de Natascha el secuestrador se suicidó lanzándose al paso de un tren.

Con todos estos datos los cazadores de morbo podrían frotarse las manos ante un plato jugoso. Pero Natascha en su libro evita esa trampa. Ella reconoce que ha silenciado algunos detalles para preservar siquiera algo de intimidad sobre su vida durante los años del secuestro.

La autora escapa de la autocompasión, así como del mero relato testimonial. En las primeras páginas nos describe cómo era su vida antes del secuestro. Y ya en esas líneas sabemos que el secuestrador no pudo elegir peor víctima para cumplir sus ensoñaciones de grandeza.

Natascha se revela, a nuestro juicio, como una niña con un riquísimo mundo interior en potencia, desarrollado por el confinamiento, reflexiva y de una sensibilidad poco común.

Por otra parte, la autora demuestra haberse tomado muy en serio el proceso de redacción del libro con el fin, como ella misma afirma, de pasar esa página de su vida. Natascha ofrece cifras y datos de los casos de secuestro y asesinato de niñas inmediatamente anteriores a su caso en Austria y alrededores. Además, a lo largo del libro, se descubre como una joven inteligente, con una abrumadora fuerza de voluntad y una aguda capacidad de análisis. Todo esto lo decimos sin el propósito de idealizar a la autora. En todo caso suponemos que los citados aspectos de su personalidad pudieron hacerle más dolorosas algunas partes de su vida con el raptor, puesto que, si ella hubiera sido una niña más sumisa se hubiera plegado tal vez con más naturalidad a los caprichos egomaníacos del raptor. Pero ¡entonces habría sobrevivido tanto tiempo? ¿Hubiera tenido la entereza de aprovechar un descuido de su secuestrador para huir?

Los títulos de los capítulos son sumamente reveladores, así como los datos sobre el progresivo secuestro interior al que la somete su raptor con el único fin de anularla como ser individual.

Mientras uno avanzaba en la lectura recuerda los testimonios de personas que sobrevivieron a los campos de exterminio nazis, tanto por la objetividad con la que se nos relatan hechos terribles, como por el terror psíquico que el verdugo imprime en su víctima. Y, en efecto, varias páginas después Natascha nos descubre que su raptor “valoraba de forma especial” el libro Mi lucha de Adolf Hilter.

Pero el mayor acierto de la autora reside en que en ningún caso 3.096 días se corresponde con el libro que la sociedad esperaría de una víctima.

Con habilidad y prudencia pone la autora el dedo en la yaga cuando refiere que tras una persona respetable y pacífica en su vida diaria puede ocultar a un ser con los problemas psiquiátricos y personales de un Wolfgang Priklopil.

Ella misma lo expresa a la perfección: “Esta sociedad necesita criminales como Wolfgang Priklopil para ponerle rostro a la maldad que habita en ella y apartarla de sí. Necesita las imágenes de zulos escondidos en sótanos para no tener que mirar en las muchas casas y jardines en los que la violencia muestra su cara más burguesa. Utiliza a las víctimas de los casos más espectaculares, como yo, para librarse de la responsabilidad de las numerosas víctimas sin nombre, a las que no se ayuda… aunque ellas pidan ayuda.

Delitos como el que se cometió contra mí forman la estructura en blanco y negro de las categorías del bien y del mal en que se sustenta la sociedad. El secuestrador tiene que ser una bestia para que uno mismo pueda estar en el lado bueno. Hay que adornar su delito con fantasías sadomasoquistas y orgías salvajes hasta que no tenga nada que ver con la vida propia.

Y la víctima tiene que estar rota y seguir así para que funcione la externalización de la maldad. Una víctima que no asume este papel personifica la contradicción en la sociedad. No se quiere ver eso. Habría que ocuparse de uno mismo.

Por eso provoco sin querer reacciones negativas en algunas personas

Como ya he señalado más arriba Natascha no asume el papel simplista de víctima, sino que se adentra en las complejidades de su circunstancia.

Este libro posee el valor de la alta literatura. La autora recuerda que pasaba el tiempo en el zulo (cuando el raptor se lo permitía) viendo películas, series en vídeo, leyendo o, incluso, escribiendo sus propias novelas. Es evidente, que la joven autora posee una capacidad de elaboración narrativa propia de un autor experimentado.

Por otra parte, la lectura de su libro puede ayudar, e incluso despertar del confinamiento invisible, a personas que padecen agresiones psicológicas, así como a víctimas de abusos físicos de cualquier tipo.

Reconocemos que la personalidad de Natascha nos ha impactado y, en gran medida, transformado, eso que sólo consigue la literatura de profundo aliento.

3.096 días es un libro del todo recomendable y, me atrevería incluso a decir de lectura obligatoria, porque no sólo narra el terrible secuestro (en todos los sentidos) de Natascha Kampusch, sino que muestra una parte de nuestra sociedad occidental y “civilizada” que, por incómoda, se intenta ocultar.

Natascha Kampusch ha escrito, con su experiencia personal como hilo conductor, un alegato a favor de la libertad en todo su esplendor.

3.096 días
Natascha Kampusch
Editorial Aguilar, Madrid

Infancia, la edad sagrada

Este libro tiene como objetivo enseñarnos a cuidar la estructura del carácter del niño para que se desarrolle de una forma equilibrada.

Nos señala la gestación como un período de formación celular y cerebral que da inicio a la vida neurovegetativa, siendo de vital importancia la prevención desde este período para evitar psicopatologías graves, así como la atención de la madre en el parto por el equipo de una forma afectiva y sensible.

Nos hace comprender lo relevante que es para el sano desarrollo psicológico el contacto-vínculo afectivo en los tres primeros años de vida, período en donde se da un extraordinario aumento de la producción de sinapsis (conexiones entre las neuronas).

Nos indica cómo un buen cuidador debe respetar los impulsos de autonomía y poner especial atención en el ritmo orgánico del bebé, sabiéndole sostener corporal y emocionalmente. Ser cuidadoso en no interferir en espacio y en el tiempo que necesita el bebé para que se produzca la autorregulación necesaria en el proceso de maduración.

Así mismo ha de procurar una presencia auténtica, no reactiva, con acciones precisas, intentando que fluyan unas dosis óptimas entre frustración y satisfacción.

Profundiza en el acorazonamiento que se produce en las distintas etapas evolutivas del niño cuando se bloquea el flujo del movimiento vital propio del desarrollo, relacionándolo con la neurosis y la enfermedad.

Evania Reichert nos da una visión contemporánea de Wilhelm Reich aplicada a la educación de los niños y cuenta a su vez con la aportación de otros autores como: Winnicott, Erikson, Naranjo, Bion, Maturana, Vygotsky, Piaget y Federico Navarro.

Infancia, la edad sagrada
Evania Reichert
Ediciones la Llave

La Antorcha (de) Karl Kraus

Conocí y leí a Karl Kraus en el libro Dichos y contradichos (publicado por la editorial Minúscula en 2003). Entre los curiosos aforismos que hallé tras el evocador título referiré los siguientes:

Que la palabra más antigua sea extraña en la proximidad, que renazca y haga dudar de si está viva. Entonces vivirá. Se oirán los latidos del corazón de la lengua.

Hay dos tipos de escritores. Aquellos que lo son y aquellos que no lo son. En los primeros, el contenido y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos, hacen juego como el cuerpo y el vestido.

Una vasta cultura es una farmacia bien surtida: pero no existe ninguna garantía de que no venda cianuro para curar un resfriado.

Este libro que, al contrario que otros ejemplos del género, no es parco respecto a la cantidad ni a la calidad de aforismos despertó en mí la curiosidad por su autor. La necesidad de saber más de Karl Krauss me llevó hasta su monumental obra teatral Los últimos días de la humanidad. La imposibilidad de llevar a la escena un volumen grueso en temas, intenciones y páginas resulta evidente. Tanto al menos como en el Fausto completo de Goethe.

Supe que Karl Kraus se movió por la sociedad de Viena anterior a la I Guerra Mundial y que murió en 1936, en plena era nazi de Alemania. Su vida corrió paralela a la segunda escuela de Viena, a los cambios artísticos de esa Austria anterior a la invasión alemana y, por tanto, en uno de los momentos más ricos e interesantes de la cultura Europea.

Pero lo que más me sorprendió de su vida fue que en 1899 fundó la revista “Die Fackel”, es decir, “La antorcha”. La vida de esta revista se alargó hasta la muerte de su fundador y, aunque comenzó como un encuentro colectivo, Kart Kraus terminó por escribir en solitario bastantes números de la revistadse esfuerzo titánico para retratar, disentir y enmarcar una época, al tiempo que lo hacía el propio autor, mostraba un esfuerzo y una determinación que me abrumó.

Gran parte de ese esfuerzo sin parangón en la historia, y que, salvando las distancias, me recordó vagamente a Ramón Gómez de la Serna y su revista “Prometeo”, nos lo trae el libro de la excelente editorial Acantilado: Selección de artículos de “Die Fackel”.

Desde mi punto de vista este volumen no puede faltar en la biblioteca de cualquier lector con unas mínimas inclinaciones por el gusto de la lectura y de la cultura en general. Y es absolutamente imprescindible para los interesados en la historia, en el periodismo y en la evolución de la sociedad del extinto siglo XX.

Los artículos, en el índice, van acompañados con la fecha de edición, lo que nos facilita situarlos en un marco histórico. Algunos son divertidísimos como “El descubrimiento del Polo norte”, a menudo el autor reflexiona sobre la lengua alemana como en “Heine y las consecuencias” y se nos ofrece los preludios de lo que a Europa y al mundo se le venía encima con la II guerra Mundial.

Ahora nos queda esperar que algún editor se atreve a publicar los novecientos números de la revista de Krauss con su respectiva traducción. Téngase antes en cuenta que la presente selección supera las 500 páginas.

Son muchas las reflexiones incluidas en esta selección que poseen vigencia en la actualidad. Entre ellas recupero la siguiente del artículo “El progreso”:

…el progreso es uno de los inventos más ingeniosos que haya ideado nunca por el mero hecho de que sólo se necesita fe para hacerlo funcionar, de tal manera que el juego lo ganan indefectiblemente aquellos representantes del progreso que solicitan un crédito ilimitado

Karl Kraus
“La Antorcha”
Selección de artículos de “Die Fackel”
Al cuidado de Adan Kovacsics
Acantilado, Barcelona, 2011-06-12

Los juegos de Dania

“Ella es así, no tienes por qué enfadarte. No tiene la costumbre de escribir, para ella algo así es demasiado complicado. Adora a su familia, pero a veces pasa mucho tiempo fuera de casa y ni siquiera manda una línea. Tienes que acostumbrarte a las rarezas del alma humana”. (Página 16).

“Yo me parecía a una persona que se acicala largamente para un baile, afeitándose con inusitado esmero, atusándose cada cabello y cada arruga del traje y hasta pintándose, como nunca, las uñas con esmalte. Y, al llegar al lugar de la cita, se da cuanta de que las luces están apagadas, los salones vacíos y el baile ha sido suspendido”. (Página 24).

“Ocultamos la verdad. La escamoteamos, escogemos interpretaciones agradables, hacemos preguntas, pero procuramos dar la ocasión de que no nos contesten del todo”. (Página 74).

“Cualquier cosa adquiere importancia: no es preciso mirar el mar. El banco en el que permanezco inmóvil en medio de este paisaje. Algunas ramas que piso y que, si tuviera paciencia, recogería del suelo, porque, de vuelta a mi país, ellas tendrían significado debido al sitio prodigioso del que las he cogido. La valla de hierro que rodea el jardín. Los sicomoros desmochados. Y cada persona”. (Página 139).

Como ya he comentado algunas veces la editorial El Nadir ha tenido el buen sentido comercial -y literario- de traer las letras rumanas a nuestro país, para descubrirnos grandes autores cuya existencia ha pasado de puntillas para los nacionales de esta piel de toro. En este caso rescata a un joven autor de entreguerras, una de esas épocas convulsas en las que la Literatura quedó relegada muchas veces por el vertiginoso sucederse de la política prebélica. Su mensaje, a pesar de los setenta años transcurridos, sigue fresco en esencia, sin embargo.

El libro es en realidad una reflexión del protagonista, cuyo único punto de vista conoceremos a lo largo de la obra, ya que las palabras de los demás serán siempre pronunciadas en base a su recuerdo. La objetividad brilla por su ausencia en esta obra. De hecho la “novela” cuenta una historia sentimental de forma poco cronológica pues son los recuerdos los que van y vienen caprichosos a la mente y el corazón les otorga valores diferentes en función de su propio latir (como ya decía Tenessee Williams en The glass menagerie).

Por lo tanto deben abstenerse de esta obra los buscadores de acción trepidante, suspense sin límites y agotadora sucesión de acontecimientos. Por el contrario, disfrutarán mucho de este volumen quienes gustan de las obras psicológicas, que permiten asomarse al corazón humano por dentro, y observar la extraña química que lo gobierna y desgobierna. El protagonista, que se siente ignorado y humillado por su amada, Dania, nos detalla los más mínimos pensamientos que lo acongojan cuando la mujer que ama no le responde a las cartas o no aparece a una cita por cualquier motivo que se le antoja superfluo. De hecho la dibuja continuamente con el adjetivo superficial, y aunque por sus palabras se extraiga que no está exento de cierta razón, no deja de observarse que la inseguridad pesa en él como una losa que lo ocupa todo: se siente mayor y pobre frente a una joven, guapa y rica joven que, rodeada de pretendientes, juega el juego de sentirse fascinada por un escritor.

El mero hecho de ser escritor lo convierte ya en sospechoso de ser víctima, en cierta medida, de una neurosis, de una inseguridad constante. La sensibilidad del personaje, que parece identificarse en cierta medida con el propio Antón Holban, queda clara en mil detalles como su magnífica relación con las flores: “Pero, ¿quién puede resistirse al encanto de un enorme ramo de lirios blancos?”. (Página 98). O también en el minucioso detalle con que todo lo observa y analiza, desmenuzándolo como si de un pintor de miniaturas se tratase. Cada comportamiento es susceptible de levantarle ampollas, de infligirle humillaciones. Lo cual casa perfectamente con su pasión con una muchacha que juega los juegos de la seducción dentro de una historia que sería mal vista por los miembros de su familia (siempre en un segundo plano, borroso, como si realmente apenas existiesen, salvo en el caso de su hermano Raúl o su prima Mady). Por eso, a veces esconde al escritor e intenta llevarlo por calles donde no la conozcan, aunque también lo reciba en su casa, como a otras visitas, o lo cubra con ciertas palabras de pasión de cuando en cuando… hasta que una llamada, la entrada de la criada con un servicio de té, otra visita, o el requerimiento de su hermano retienen su atención, marcándole a fuego al enamorado, la escasa importancia que él tiene, su imposibilidad para abstraerla del mundo salvo en contadas ocasiones.

Es una historia sin reciprocidad, donde la separación de los mundos es tan amplia como dolorosa… incluso puede que para ambas partes, por más que el protagonista, en su visión neurótica, imprima tal carácter superficial a Dania, que esta parezca incapaz de sentir dolor durante más de diez segundos consecutivos.

Desde el comienzo la relación está herida de muerte e implica el final sin comprensión por ninguna de ambas partes. Aunque será el escritor quien siga esperando una respuesta de la antigua amada que lo reafirme, que lo convierta, de una forma material o real, en su novio a la vista de todos.

Los juegos de Dania
Antón Holban

Editorial El Nadir

La extraña muerte del marxismo

La actual izquierda europea constituye el objeto de estudio de este incisivo y riguroso trabajo. Esta izquierda posmarxista tiene menos en común con el marxismo, como doctrina socioeconómica, que con determinados desarrollos del modo político norteamericano. El paso en este país del “estado limitado” al “estado gerencial”, hoy ya en la fase del “estado terapéutico”, dan cuenta de esta cuestión. La actual izquierda europea, con sus poses multiculturalistas, su hincapié en los estilos de vida y las cuestiones culturales, es producto de un proceso de americanización. Uno de los apartados más interesantes de este estudio de las ideas políticas es el dedicado al neomarxismo. Se hace hincapié en la herencia de Gramsci, con su teoría de la hegemonía de clase y con sus posiciones idealistas manifiestas en la tesis de la clase dominante como moduladora de la conciencia popular. Combinada con los ideologemas de la Escuela de Frankfurt describe con claridad la genealogía del actual izquierdismo europeo.

Características de esta izquierda son: su aversión a la crítica de los crímenes comunistas, su antifascismo retórico obsesivo y su deseo de implementar medidas de ingeniería social para reeducar a la ciudadanía en las “verdades” del multiculturalismo al que se presenta como panacea. Determinismo sociológico escasamente científico y modificación de la conducta,
políticamente impuesta, basada en concepciones freudianas anacrónicas, son sus “valores”
definitorios.

El objetivo confesado es borrar las conciencias nacionales (acusadas de “racistas”, “sexistas”, etc.) a la búsqueda de una comunidad igualitaria despojada de memoria histórica verosímil y de elementos étnicos. La obsesión con la transformación de la conciencia y el carácter inquisitorial de sus prácticas convierten a estos ideólogos, implantados como pedantocracia en Europa y consecuentemente en España, en un grave peligro para la convivencia civilizada y las libertades básicas.

Habermas, Adorno, Marcuse y sus más modestos epígonos, entre los que se cuenta el autor del incendiario y tosco panfleto: Indignaos son claros defensores de una nueva forma de totalitarismo. José Antonio Zarzalejos ha expuesto con lucidez su opinión sobre esta aportación, cuya mediocridad intelectual y oportunismo son sin duda garantía de su éxito: Si este librito es la lectura obligada y canónica en tiempos de crisis, vamos dados, porque es de una notable indigencia intelectual. Sólo el gregarismo falsamente cultural y la megafonía nihilista de un cierto progresismo son capaces de convertir una digresión vulgar en un alegato a la altura del desafío de la crisis. En realidad lo que busca con la edición española es lanzar a la calle, tras las elecciones en las que el PSOE será muy posiblemente derrotado por abrumadora mayoría, a todo tipo de fascistas rojos o alternativos. Ojo al dato.

Volviendo a lo que nos interesa, Antonio Golmar señala: Se trata de la creación de una nueva religión política, algo cercano a lo que Tocqueville denominó despotismo suave, representado en Francia por lo que Jean Sévillia denomina terrorismo intelectual. Así, tal y como comenzaron a hacer los progresistas en EEUU, el comunismo se valora como experiencia humanitaria y la izquierda se presenta como poseedora de una “pureza de intenciones”. Al mismo tiempo, la tolerancia es redefinida como “glorificación de lo extranjero y de lo antioccidental”, y se fomenta un laicismo que asimila buena parte de los elementos religiosos que reemplaza.

Asimismo, todas las continuidades históricas son vistas como imperfecciones que demuestran que la nación (la que sea) no ha ido lo bastante lejos en su ruptura con el pasado autoritario. Gottfried recalca al final de su trabajo: “A no ser que una élite creciente o dominante lidere una campaña contra la agenda multicultural que es el compromiso sagrado de la izquierda posmarxista y de sus colegas norteamericanos, es difícil visualizar un remedio a este proceso”.

Título: La extraña muerte del marxismo
La Izquierda europea en el nuevo milenio

Autor: Paul Gottfried
Trad.: Diana Lerner
Editorial: Ciudadela Libros
Colección: Pensamiento
Precio: 22,00 €
Páginas: 208

La Orden Negra

Los libros en torno a la segunda guerra mundial, su preludio y sus vicisitudes se cuentan por miles. Sobre dos de sus promotores indiscutibles, Hitler y Himmler, también existe bibliografía abundante. En concreto, en torno a las SS la cantidad resulta abrumadora e, incluso, en relación con el entorno pagano de la misma, sobre las relaciones más o menos esotéricas y místericas de este grupo, también han proliferado los ensayos y novelas.

En este caso Óscar Herradon propone en su libro La orden negra un interesante resumen, una recopilación valiosa y clara, sobre las noticias que, a fecha de hoy, tenemos sobre las SS y su máximo representante Heinrich Himmler, al que se denomina en la obra en varias ocasiones como el mago negro. Este agrónomo, aficionado a la biología, fue el responsable directo de la difusión de algunos de los mayores dislates teóricos pseudocientificos y del mayor genocidio del siglo XX, al tiempo que uno de los mayores de la historia.

Para introducirnos en el asunto el autor recorre la vida de Hitler, la de Himmler y acierta de pleno al poner al descubierto la estrecha relación entre la idea de la “pureza racial y sanguínea” con el teosofismo de Madame Blavatsky y una de sus desviaciones: la ariosofía (en especial con el autor Guido von List). Por desgracia, Blavatsky en la actualidad comparte en algunos lugares los anaqueles junto a grandes simbólogos y estudiosos como René Guénon, Mircea Eliade o, incluso, Julious Evola, por cierto, fascista en su juventud. (Léase al respecto el libro El teosofismo. Historia de una pseudoreligión de Réne Guenón). De hecho, Herradón cita a autores y obras concretas del entorno del teosofismo que inspiraron algunas doctrinas nacionalsocialistas como El pecado contra la sangre de Arthur Dintel. En la página 148 del libro leemos: “Afirmaba (se refiere Kart Marua Wiligut, uno de los personajes más insólitos de la órbita nazi) que en aquel período (en relación con una época mítica de la tierra) brillaban tres soles en el cielo y la Tierra estaba poblada por seres mitológicos, gigantes y enanos, visiones que recordaban a los escritos de Madame Blavatsky, que tanto influyeron en los círculos esotéricos prenazis y en la mentalidad de Himmler”.

También el autor incide con acierto en la paganización que buscaba el III Reich, en los pasos que se dieron para construir una nueva religión nacionalsocialista, ya sea con la apropiación de símbolos cristianos (como la idea del Cristo ario) o paganos (las runas y las supuestas interpretaciones que los nazis hacían de las mismas).

Conviene no olvidar que con las SS se buscaba no sólo una fuerza militar, sino la aglutinación de unos individuos de “sangre pura” para desarrollar una especie de orden de caballería de pureza racial, un futuro pueblo ario que dominara el mundo porque, según los espíritus nazis, a tal empresa estaba llamado.

Óscar Herradón nos describe un pasado idealizado por los dirigentes nazis, donde tenían cabida desde Parsifal de Wagner hasta los caballeros teutónicos. Con las SS se pretendía la configuración de una aristocracia “sanguínea”. De hecho las SS comenzó como una especie de guardia pretoriana de Hitler. Por este motivo, los promotores del III Reich instituyeron una serie de rituales, de lugares de culto pagano, de ceremonias, de canciones tomadas del norte de Europa y de diversos folclores, en definitiva, al igual que sucedió durante el siglo XIX cuando en pleno fervor nacionalistas se fabricó, en algunos lugares, un pasado y una tradición con migajas, los nazis también recrearon un pasado idealizado . Con acierto subtituló Heather Pringue su libro sobre tales trasuntos: Arqueología fantástica al servicio del régimen nazi.

Óscar Herradón nos mueve por los entresijos y las manipulaciones históricas de la alemania nazi. Se puede decir que lo ario se reducía, o ampliaba, a todo aquello que interesaba a Hitler, o a alguno de los dirigentes del Reich. Así los nazis determinaron que procedían de pueblos arios el imperio romano, los antiguos pobladores de mesopotamia, los tibetanos, los vikingos, los míticos atlantes, Jesucristo, etc. No hace falta clarificar que, según esta teoria, frente a la raza ancestral de elegidos se encontraban los bolcheviques, los judíos y los masones, a su vez, herederos de una raza antagonista de los arios desde el principio de los tiempos. Por desgracia, no faltaron los “especialistas” y “antropólogos” dispuestos a confirmar tales despropósitos e, incluso, a embarcarse en extrañas peregrinaciones hacia lugares inhóspitos para demostrarlo. Así se nos cuenta, entre otras, la presencia de un nutrido grupo de excursionistas nazis, con el SS Ernst Schäfer al frente, en el Himalaya. Tampoco tiene desperdicio la búsqueda del grial del medievalista Otto Rahn al servicio de la orden negra.

En el libro se nos asegura que si bien Hitler tenía un evidente interés por el ocultismo, el jefe de las SS Himmler era el verdadero entusiasta del tema. Los castillos donde se refugiaron los altos mandos de las SS, en especial, el que sirvió de sede espiritual de Himmler en Wewelsburg, pretendían confirmar el paralelismo con las antiguas ordenes de caballería, si bien los patrones por los que se regía las SS más bien sería se aproximaban a una antiorden de caballería, donde se invierten los fines de toda iniciación con auténticas pretensiones de espiritualizar al individuo. En la página 193 leemos: “Es cierto que Hitler llegó a creerse prácticamente un elegido, un nuevo Mesías para el pueblo alemán, quien utilizó el poder de la religión y la fe –combinado con una capacidad para la oratoria- para dar forma al envoltorio místico de las ideas nacionalsocialistas, pero nunca fue un obseso del ocultismo…”.

La edición del libro se complementa con abundante material fotográfico. En una de las más curiosas instantáneas se nos muestra el bautismo de un bebé nacido en el seno de las SS donde las esvásticas y las runas adoptadas como símbolo por la orden rodean al recién nacido, una muestra del intento de suplantación de lo religioso con vistas a que en un futuro Hitler, al que se identificaba con el Salvador, reuniera tanto el poder político como el místico-esotérico-religioso.

Resulta en especial atractiva la parte dedicada a la visita de Himmler a España tras el rastro del Grial. Estos detalles se recopilaron, como recoge la bibliografía al final del libro, en un excelente artículo: “Himmler, Montserrat y el Grial” de Rico Góngora en el diario El Mundo, 4 de febrero de 2007 del que un servidor guarda copia en su archivo personal. Como casi todos los libros en lengua castellana posteriores a su publicación el autor de La Orden Negra encuentra un gran apoyo con Rosa Sala Rose y su obra Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo (Ediciones El Acantilado, 2003).

La Orden Negra
El ejército del III Reich
Óscar Herradón
Editorial Edad, 2011

Una luz de relámpagos

La poesía sufre diversos ataques desde siempre o, al menos, desde lo que un servidor puedo recordar o leer. Algunas afrentas proceden del entorno, del exterior. Valgan como ejemplo dos cañas huecas esgrimidas como argumento. La primera escuchada en boca de libreros y malos lectores: “¡sólo los poetas leen poesía!”. La segunda procedente de los labios de un distribuidor: “Pero si hay más poetas que lectores de poesía”. Si bien es cierto que, en los últimos años, proliferan los vates, lo que en sí mismo no debería verse con malos ojos, también es cierto que este género no apasiona a mayorías (al menos en España), ni creo que lo necesite, me atrevería a decir. También desde dentro se han lanzado ataques contra la poesía. En ocasiones estos bocados de furia son tan personales y prepotentes que mueven al rubor. Algunos poetas , según rumores de la mar que van y vienen, han decidido que para ser poeta hay que pasar por el visto bueno de sus señorías. Según el poeta elegido se recomienda:

1. Alcanzar la edad de 40 años para escribir algo de calado. Olvídense de Rimbaud y de todos los poemas que escribieron poetas de todas las épocas antes de llegar a tal edad.

2. La poesía es una forma definida que se resume en lo que yo pienso. En este caso puedan darse motivos estilísticos, literarios, sintácticos y de cualquier otro tipo para dejar fuera del género a los que no compartan la idea de poema del que banaliza de tal modo lo poético.

3. Para ser un buen poeta hay que ser licenciado en filología, en abogacía, en veterinaria, en oftalmología o en pedantería. Depende del grupo al que pertenezca el que acomete tan osada aseveración.

De entre la multitud de poetas y libros de poesía que se publican me ha llegado de los cielos un poemario breve, una plaquette, dice su autor, que considero merece atención.

El formato de libro, elegido también por su autor, me parece muy recomendable para el género. Una palma de mano abierta puede sostenerlo, casi los dedos podrían incluso deslizar las hojas. La portada (con fotografía de Enrica Corvino) y el diseño sencillos, pero exquisitos. El contenido que, en definitiva, es el asunto de esta llamada, interesante. Desde luego no tenemos en Jesús Belotto a un autor cerrado, ni siquiera de una madurez apabullante, ni creo que sea lo que un primer poemario requiere, pero sí nos sorprende su Una luz de relámpagos, por esas visiones, esas imágenes poéticas que el autor engarza para someterse a las incógnitas a las que se enfrenta todo poeta: el mundo, o los demás, que son el infierno en muchos casos, frente al yo inmediato del poeta. En este sentido recomiendo su poema “Os veo detrás de las vitrinas” y su final: Yo paso y, desde fuera, me veo reflejado en otro lado. / (O acaso es mi reflejo el que mira / y yo estoy aquí dentro / con vosotros.)

Los oxímoron, tan del gusto de la poesía mística, así como de un servidor, acuden en sus diferentes versiones a los versos de Belotto.

Su poesía rinde tributo al momento urbano, pero sin pretensiones de originalidad, a mi entender, el poeta la consigue sin proponérselo y la somete a ecos de otros autores y poetas, de tal modo, que el autor nos hace saber que no pretende convertirse en pescador de originalidades, sino que reconoce su procedencia. Así su poema: “Outlet Designer Castel Romano” y sus cadáveres me traen la memoria el último artículo de cementerios de Mariano José de Larra.

El poeta realiza varias incursiones en el poema en prosa, del que tanto se ha hablado desde comienzos del siglo XX y, en mi opinión, acierta en la forma, tanto en las prosas como en los versos libres. Por las páginas surge Ítaca, con todas sus referencias literarias, así vuelve al mito del guerrero, de la retorno a casa, tantas veces evocado en la poesía, pero, a nuestro juicio, Belotto se trae a sí mismo junto con el mito. Tal vez sea el poema “Renuncia” el mejor del libro, además de ser el último. Sus versos nos traen a Pessoa y a filosofía del metalenguaje: “o poeta é um fingidor / las palabras son trampas”. Y sí, también el poeta se sirve de esa babelia de idiomas a la que los mejores poetas del siglo pasado fueron afines. Véase Ezra Pound, como muestra.

Además el nombre de poeta del autor es un seudónimo, por tanto las posibilidades se multiplican. Este joven poeta nacido en Elda en 1985 merece atención, no se la nieguen.

Una luz de relámpagos
Jesús Belotto
Elda: Islarremota
Alicante, 2010

EL REY COPHETUA

25-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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En los últimos años, y sobre todo desde su muerte en 2007, buena parte de la obra de Julien Gracq está siendo publicada (de forma un tanto asistemática) en nuestro país. Una buena noticia con la que tratar de subsanar póstumamente el vacío de sus textos dentro del panorama editorial de las décadas anteriores. Después de Leyendo escribiendo (2005), A lo largo del camino (2007) y De la literatura como bluff (2009), ahora, le llega el turno a El Rey Cophetua (Nocturna Ediciones, Zaragoza, 2010). Extraña decisión, por cierto, la de editar la nouvelle de Gracq sin sus dos compañeras naturales: en la edición original publicada, como la mayoría de sus obras, por Jose Corti, el volumen incluía además un fragmento de novela inconclusa, La route, y una extensa novela corta que servía de título al libro: La Presquîle.

En fin, el texto que nos convoca, como gran parte de la obra narrativa de Gracq, es un relato de fuerte contenido simbólico y mítico. Le Roi Cophetua mira más al pasado que al futuro. No es extraño, por lo tanto, que el escritor se inspire, como indica el título, en la antigua leyenda del Rey, enamorado perdidamente de una sirvienta, que ya sirvió de trampolín a Shakespeare, Coleridge y a Burne-Jones. A través de una narración casi secreta, densa, muy evocadora y cerrada en su propio misterio, Gracq nos brinda un delicioso relato iniciático, un lubricante indispensable para nuestras vidas carentes ya de mitos verdaderos, una de sus obras más bellas e inspiradas. Un hermoso buque fantasma, según la inspirada fórmula de Claude Roy.

Sirviéndose de esta novela corta, el cineasta André Delvaux continuó rastreando las vetas mágicas abiertas dentro de la realidad con su película Cita en Bray (Rendez-vous à Bray, 1971). Si la literatura y el cine son, aparentemente, como el perro y el gato, en este caso Delvaux (auspiciado por el propio Gracq, que en su ensayo Une collaboration sans nuages da cuenta de la feliz relación entre ambos) demostraba una vez más (como en la mayor parte de su obra) cómo volcar un texto literario en imágenes. Una obra maestra, a partir de una obra maestra, desgraciadamente un tanto olvidada. ¿Correrá la misma suerte el film de Delvaux y lo veremos próximamente entre los estrenos de DVD?

Julien Gracq
Nocturna Ediciones, 2010

Santiago Rubín de Celis

FIN DE PARTIDA

5-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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El problema de la identidad, originario del Romanticismo, tiene su “fin de partida” en la obra homónima de Samuel Beckett. En ella, apunta Th. W. Adorno, “deviene inverosímil la aspiración del individuo a la autonomía y el ser”.
Ha sido la lenta cirugía de la cultura y de la sociedad la que ha convertido al hombre en máscara mortuoria. Y es que los personajes de Beckett, si no están muertos, están moribundos. Sus gestos y palabras, sumados a sus viejas preguntas y viejas respuestas, son signos agónicos. Nagg, Nell, Hamm y Clov, todos ellos, son fisiognomías “de lo no humano”.

Beckett, que se exilia voluntariamente del idioma materno, constata el vacío de identidad mediante el empleo de un “lenguaje mutilado” que está a años luz de la ropavejería existencialista. Una nueva forma que pone en tela de juicio las propias estructuras lingüísticas acoge ahora la angustia humana. El resultado es, según Jordi Ibáñez Fanés, una “gramática de lo limítrofe y lo vacío”; prácticamente, un acercamiento budista al lenguaje, porque Beckett escribe “vaciando” y su estilo, ejercicio de sustracción extrema, tiene que ver con la historia del blanco pictórico.
Además del lenguaje, en Fin de partida, son las categorías específicamente teatrales las que se resienten…

HAMM.- ¿Y el horizonte? ¿Nada en el horizonte?
CLOV.- Pero ¿qué quieres que haya en el horizonte?
HAMM.- Las olas, ¿cómo son las olas?
CLOV.- ¿Las olas? De plomo.
HAMM.- ¿Y el sol?
CLOV.- Nada.

Adorno (“Intento de entender fin de partida”, en Notas sobre literatura. Akal. Madrid, 2003) admira la capacidad de Beckett para poner la filosofía en escena a través de una partitura de silencios y accidentes que “arrancan el pensamiento de sus raíles”. El nihilismo de su obra tiene cierto semblante paródico. Los “petardazos” de los bombardeos y las “perversas teorías de progreso” mueven ocasionalmente a la risa. Pero cuidado, pues es una risa capaz de “ahogar a los reidores”.


Samuel Beckett
Tusquets Editores, 2006

Elogio de la fugacidad

24-noviembre-2010 · Imprimir este artículo

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“Convertidas en humo

llegarán a la gloria

precaria e inestable del bosque de las nubes”.

Un dibujo de octubre.

“Soy extranjero en esa tierra. En todas

seré extranjero. Al regresar, mi patria

habrá cambiado. Y no estaré ni estuve.

Mi única tierra es una calle ajena

de hojas aún verdes que el otoño entrega

al hondo invierno y a su helada lumbre”.

Old Forest Hill Road.

“En un mundo erizado de prisiones

sólo las nubes arden siempre libres.

[...]

Tejidas de alas son flores del agua,

arrecifes de instantes, red de espuma”.

Nubes

“Suprema

sabiduría de la embriaguez:

El clavo

que ha bebido pared

durante muchos años rencorosos,

de repente se dobla y se viene abajo

con su carga de pesadumbre”.

Clavo

Se tiende a decir que los premios literarios (y los no literarios también) están dados de antemano. El rumor, sin duda, tiene mucho de envidia, pero se sustenta en casos flagrantes de injusticia y descaro. Sin embargo el libro que ha caído en mis manos es el ejemplo vivo y claro de que ciertos jurados saben identificar y galardonar grandes obras y trabajos, y que no todos los premios son iguales, sino que cada uno tiene su carácter, su personalidad, casi casi como los seres humanos.

Elogio de la fugacidad es la selección de una poética de gran calidad, de una Literatura pensada, sentida, que fluye por las venas del escritor, que no son las del juglar, pues José Emilio expone en sus versos que no recitará su obra, pues uno de sus objetivos es que encuentre otras voces que la declamen, que sus “palabras sean tu voz”, como indica en Contra los recitales.

De esta antología queda, para mí, un sabor bastante concreto. A pesar de los diversos poemas, formas estróficas y temas, queda un leit motiv: lo pasado, la ruina, lo destruido, el adiós. Lo señala en Contraelegía:

“Mi único tema es lo que ya no está.

Sólo parezco hablar de lo perdido.

Mi punzante estribillo es nunca más”.

En algunas ocasiones se puede rastrear una cierta ironía y/o un humor tranquilo, pero otras el poema es una pura melancolía reflexiva que deja al lector sumido en una niebla de pasados (nunca grandiosos o idealizados, sin embargo), una niebla que imprime un respirar vago, una especie de atmósfera amniótica o somnolienta. Una nostalgia contagiosa aunque no se sepa muy bien de qué, seguramente del mero hecho de que “no volverán”. (Sólo un grande se atrevería hoy en día a rescatar el poema becqueriano, si es que de tal se trata, como entiendo).

José Emilio Pacheco, vate de las palabras precisas, escoge bien cada término, con mimo, con atención de entomólogo o precisión de cirujano, con paciencia de constructor de miniaturas. De hecho admira este trabajo selectivo de amor a la lengua en otros como Gustave Flaubert, a quien canta en su centenario. Detallista, cuidador del idioma, no presume ni va en pos del término rebuscado para presumir de cultura. Transmite aquello que desea de la forma más directa, aunque sea también una forma herida mortalmente (ruinosamente) de belleza, metafórica. Poesía en estado puro con ritmos tan musicales algunas veces que uno se deja llevar igual que por la nostalgia o sensación de lo perdido.

Se muestra, también, “amigo” de los poetas muertos, de quienes cree que ayudan a quien escribe, inspirándole, velando, observando por encima del hombro inclinado del autor. Una vez más lo que ya se fue permanece, está la memoria, la ruina, el recuerdo, la reminiscencia que nos hace evocar ese naufragio del que ni siquiera quedan los restos del barco, tragado definitivamente por la noche.

Hacia el final del libro los poemas se amargan ligeramente, y el indigenismo, a la par que la remembranza de crímenes que nadie recuerda y la pérdida de los cielos limpios y los aires puros vuelven más angustioso su tono, justamente para dejar un poso profundo sobre el que flotan ciertos hilos de la nostalgia que impera en casi tres cuartas partes de la antología.

Una obra de gran belleza, inteligencia, calidad, profundidad y veracidad para leer en las tardes nubosas y oscuras del otoño como quien acompaña el verano con las aguas salinas del mar, momento propicio.

Elogio de la fugacidad.
Antología poética. 1958-2009.
José Emilio Pacheco.

Foto | Historias Inflamables
Fondo de Cultura Económica 2010.

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