125 aniversario del fallecimiento de Luis II de Baviera

El trece de junio se cumplían ciento veinticinco años del fallecimiento de Luis II de Baviera, monarca conocido sobre todo por sus castillos y el generoso mecenazgo sin el que la obra de Richard Wagner no sería probablemente ni la mitad de lo que finalmente fue, aunque no faltan otros hechos y polémicas que configuran la figura públicamente reconocida.

En Munich han preparando exposiciones y actos, aparecen nuevas biografías y reediciones de las antiguas e incluso traducciones al inglés para los numerosos turistas no germano-parlantes que visitan y visitarán la ciudad y todo el sur alemán durante este 2011 y el venidero 2012.

Sin embargo no conozco editorial o institución española que haya tenido a bien publicar ningún libro sobre este rey peculiar, muy amado de su pueblo incluso a día de hoy -en su tumba no faltan nunca flores, por lo visto-, ni siquiera teniendo en cuenta su pasión por la tecnología (creía firmemente que el hombre podría volar y en las construcciones de sus palacios siempre se contó con los últimos adelantos), o su discutida sexualidad (con la de juego que da en un país que vive cada día más para el morbo… aunque en sus aspectos más bajos y mediocres, esto también es cierto).

Entre nuestros literatos Luis Antonio de Villena le dedicó una biografía novelada de gran belleza (Oro y locura sobre Baviera) y en cine es famosa la detallista y descriptiva película de Visconti sobre el rey, aunque le preceden cintas tan antiguas como Das Schwigen am Starnbergesee de 1920 y Ludwig der Zweite de 1930.

No contrajo matrimonio y sobre todo al final de su vida se rodeó de artistas, mujeres mayores o que lo fascinaron, y de hombres hermosos y fieles. Se aisló de un gobierno marioneta frente a la unificación alemana y fue prefiriendo los sueños y la poesía sobre la triste realidad, la vulgar y decepcionante realidad.

La “locura” por la que lo declararon incapaz para gobernar sigue siendo motivo de debate entre médicos en nuestros días, y sus palacios son visitados por cientos de miles de personas que, violando su deseo de exclusividad, tienen acceso por unos instantes a “otro mundo” de belleza y poesía.

Proclamado rey muy joven, tras la inesperada muerte de su padre, asumió el poder con gran entusiasmo y energía, aunque su primera acción fuera de la mandar buscar a Wagner. Intentó dirigir su país con sensatez y buen criterio… hasta que Bismark y los acontecimientos austro-prusianos y germano-franceses lo convirtieron en una especie de rey “títere” pues Baviera ya no era independiente sino parte del imperio alemán. Fue entonces cuando comenzó su “declive”, su rampa hacia proyectos cada vez más costosos y su generosidad exagerada hacia artistas y criados. Prefirió el sueño del lirismo frente a la vigilia de la mediocridad.

Con el silencio en las letras españolas de 2011 se lo pagamos.

Acepciones

La palabra Futuro tiene ese algo que perfora, que desgarra. Como una taladradora, ¿no creen? Ese tipo de ruido sordo que retumba e incomoda.

En el fondo, no es diferente a lo que ocurre con otras muchas palabras. Avanzar, prosperar, trabajar… Siempre lo he dicho, hay algunos verbos que están muy sobrevalorados. Fíjense bien: Estudios, constancia, esfuerzo, planificación… ¿Dónde se encuentra el diccionario que decide qué palabras son positivas y cuáles no? Y que conste que todo esto no lo digo porque el Futuro me abrume, simplemente es que no me interesa satisfacer las ambiciones que los demás tienen depositadas en mí.

Cuando alguien me habla de estudiar para conseguir un buen empleo, siento como si todos los peces gordos del mundo se estuvieran riendo. Banqueros, políticos, directores de multinacionales… ¿De verdad alguien se cree que ellos fueron los más listos de la clase? Y esto no es lo peor. No. Lo que más miedo me da, no es que la gente lo crea, es que de tanto oírlo, mis padres también le dan crédito.

Frases como “tienes que ser alguien” o “debes esforzarte para conseguirlo”, me producen más dentera que las uñas de Florence Griffin rayando una pizarra. Todos deberíamos tener la opción de cagar nuestras vidas sin tener que sentirnos culpables por ello. Por eso, lo peor del futuro entra con el “te lo dije”, con los consejos que debías haber escuchado.

Es de buenas personas intentar que tu hijo no cometa un error, pero es de los honestos dejar que tropiecen con las mismas piedras que tú. ¿Por qué si tú te equivocaste no dejas que tu hijo lo haga? ¿No debería tener las mismas oportunidades que tú? Debe ser muy difícil asumir que has elegido mal.

¿Y qué si quieres pasarte la vida pintando la mona, siendo un parásito? ¿Acaso la vaca que pasta no lo es? Me gustaría ser una de esas vacas que viven a la suya hasta el día que las matan y las hacen entrecots. Vivir hasta donde te den chance y cuando todo acabe, nada de títulos de crédito.

La vida es injusta (y eso los banqueros y los directores bien lo saben pese a no ser los más listos de la clase) Me he enterado de que la Unión Europea paga un subsidio de dos euros y medio a cada ganadero para que tengan una vaca. Teniendo en cuenta que más de la mitad de la población mundial vive con menos de esa cantidad, no veo por qué el gobierno no subvenciona a mis padres para que siga haciendo lo que hasta ahora.

Desde luego, la vida es injusta.
Firmado: Aprendiz de ternero.

¿Quienés son los terroristas?

El telespectador estará perplejo: entre una boda real de boato, el recurrente aumento del desempleo nacional y el enésimo partido de fútbol del siglo disputado este año; imágenes con profusión de cuerpos yertos e hinchados, en localidades de exóticos nombres como Misurata, Taez, Dara o Manama, saturan todos los informativos diarios. Acaso, el televidente menos advertido, piense que debe haber comenzado la temporada de cosecha de cadáveres entre los musulmanes.

La feria de los horrores no cesa desde hace semanas: un lunático homúnculo yihadista, que actúa por libre, hace estallar una bomba en Marrakech; un dictador del eje del mal ordena a su milicia -la Shabiha-, que masacre a su propio pueblo en Damasco; la OTAN asesina en Trípoli a niños menores de cuatro años, cuyo gran delito parece consistir en ser nietos de un “extravagante amigo” de Occidente; un Premio Nobel de la Paz coordina la ejecución extrajudicial, en Abbottabad, del padre de la primera red de franquicias del terror fundamentalista; y los seguidores de este último, iracundos, claman venganza contra aquel y a cambio siembran el terror en Kandahar.

Además, todos los aliados quieren aparecer en escena como garantes del buen hacer en este flagrante regreso del Talión. Rusia continúa la sangría chechena en su particular y confusa ofensiva abierta contra el “terrorismo internacional”. La UE, siempre más pacata en sus actividades, se limita a cerrar fronteras mientras deja morir en el Mediterráneo a decenas de inmigrantes, provenientes de Libia, abandonados a la deriva.

Y el caso es que, hace algún tiempo, subieron al proscenio de este monstruoso escenario los ciudadanos de algunos países del Magreb y Oriente Medio, con radicales soflamas que desconcertaron al mundo entero. Aquella gente, que llegó a poder contarse por millones, exigía el fin del terror despótico y la instauración de democracias en sus países. Chocantes reclamaciones desde pueblos donde se presumía que, el que no se prosternaba ante los caprichos del tirano prooccidental de turno, debía ser un faccioso islamista.

Comenzó esta reacción en la dictadura socialista de un pequeño Estado, poblado por algo más de 10 millones de personas. ¿La radical Cuba de los Castro? No, el respetable Túnez de Ben Alí. Poniéndonos en antecedentes, podía leerse lo siguiente hace un año –el 25 de mayo de 2010-, en los dos últimos párrafos de una noticia publicada por el diario El País: “Las organizaciones internacionales de derechos humanos consideran que de todos los países de la orilla sur del Mediterráneo que han suscrito acuerdos con la UE -Libia no ha firmado ninguno-, Túnez es el más represivo”.

En sus cárceles, calcula Human Rights Watch, hay unos 800 presos de conciencia, la mayoría islamistas no violentos, mientras que en Cuba, con cuyo régimen la UE no mantiene ningún tipo de acuerdo, son menos de 60”.

El 17 de diciembre de 2010 en Sidi Buzid, una pequeña población del paraíso tunecino de la libertad y la democracia, un vendedor ambulante de 26 años llamado Mohamed Bouazizi fue extorsionado y agredido por la policía. Despojado de su negocio y su futuro, Bouazizi decidió inmolarse, quemándose a lo bonzo, en protesta por su situación desesperada.
Las revueltas populares que siguieron a su muerte, desencadenarían la Revolución de los Jazmines que, a la postre, terminaría con el derrocamiento del sátrapa Ben Ali el 14 de enero de este mismo año. Los acontecimientos inmediatos a nivel internacional son el paradigma perfecto de la profecía autorrealizada que definiera Merton. Y es que, si la teoría del efecto dominó comunista que preveía la doctrina Truman jamás se dio como tal, ese mismo efecto dominó se ha visto cumplido más de medio siglo después con las sucesivas oleadas de protestas orquestadas por diferentes ciudadanías musulmanas.

Tras Ben Ali, los resistentes egipcios consiguieron hacer caer a Hosni Mubarak gracias a una gran perseverancia y a las sucesivas manifestaciones, sobre todo en la plaza Tahrir. Estas dos muestras palmarias de la capacidad del poder popular para acabar con la tiranía, dieron alas a las poblaciones musulmanas que, desde Marruecos hasta Irán, presenciaron un albor de voluntad democrática. Pero una primavera de democratización en este territorio debía de ser una pesadilla para dictadores, terroristas, presidentes occidentales y fabricantes de armas.

Quizá por eso Libia se ha anquilosado en una guerra civil con la intervención de la OTAN, en tanto que el otrora panafricanista Gadafi amenaza a Europa con la invasión de “millones de negros” y culpa de la situación bélica a las drogas o a Al Qaeda, según el día. Acaso por idéntica razón, el presidente Bashar Al Assad, salvaguardia de la criminal utopía panarabista y socialista de la dictadura del Partido Baaz, acribilla a la población siria indiscriminadamente.

Igualmente sigue la represión en Yemen, aunque el presidente Ali Abdullah Saleh haya prometido no ampliar su mandato; y en el Reino de Baréin, donde la oligarquía sunita discrimina a la mayoría chií. Y aunque no todas las rebeliones populares han tenido consecuencias negativas –en Arabia Saudí, Kuwait, Jordania, Omán, Argelia o Marruecos se están llevando a cabo tímidas reformas-, parece que la estela democratizadora se apaga, al tiempo que la retórica y la acción belicistas continúan imparables.

Es difícil predecir cuáles serán las consecuencias de este nuevo despertar del Magreb y Oriente Próximo, pero todos los indicios apuntan a que, poco a poco, estos mayoritarios actores pacíficos serán acallados a causa del ruido de las acciones fanáticas de iluminados solitarios, insurgentes, dictadores y coaliciones democráticas. Si esto sucediere, y el indolente espectador se preguntara en algún momento quiénes son los terroristas en toda esta historia, habrá que explicarle, como haría José Hierro, que en nuestro mundo “las cosas muchas veces no son ni blancas ni negras, sino jueves”.

La literatura y los Borgia (II)

Y como (los Borgia y la Literatura) envenenan, y además generan adicción, enfermo y preso del “mono” hasta las trancas acabé haciendo lo que más temía: escribir ficción sobre ellos.

Pero expliquemos los últimos acontecimientos y lo sucedido con la Literatura (oh, la tentación) antes de hablar del pecado en sí. Cayó en mis manos una joya borgiana tan única como valiosa; tan inusual como precisa. Una especie de pequeño folleto turístico patrocinado por la Diputación de Navarra en 1968, como parte del programa de la Dirección de Turismo, Publicaciones y Cultura Popular, concretamente el número veintiséis de una serie que empezaba con San Francisco Javier para ahondar en temas como San Fermín y sus fiestas, Gayarre o los castillos navarros, me hacía conocer a D. Francisco Javier Ortiz Felipe, nacido en el singular año de 1939. Era él quien firmaba el texto del escaso libro de inusitadas dimensiones.

En él podían leerse, entre otras perlas:

“Pasión del hombre y de las cosas. La portada y la lápida elevan al cielo el sordo murmullo del dolor, el misterio nunca resuelto de la historia y la vida humana, el brazo truncado y la terrible paradoja del protagonista del más brillante escenario de Europa asaltado de noche por una muerte arrebatada y aplastado aún más por miles de días de infinita ignominia”.

“Pero el Destino vela; en cada ocasión ha dejado un cabo suelto, un hilo pequeño, débil y casi inasible que misteriosamente enlaza con el siguiente hasta el día de marzo en que por vez primera pisa César nuestro suelo -el día aniversario de su elección como Obispo de Pamplona, ésta es la señal cifrada- y salta el resorte de la trampa, uniendo al héroe y al reino en el único abrazo que no puede romperse: el de la muerte”.

Dejando de lado la excelente documentación, el magnífico trabajo del autor, que exige del lector un mínimo conocimiento y una implicación en el texto para disfrutar en la totalidad del mismo, ¿no estamos ante Literatura en estado puro? ¿No son estas frases, ejercicio de virtuosismo poético y filosófico? Ah, sólo un Borgia podía inspirar tanto. Este licenciado en Derecho que, de vivir hoy, tendrá setenta y dos años, transmitía una pasión que le delataba. No se trataba de un trabajo bien hecho para el que se han buscado lecturas y puntos de vista diferentes, que generen realidad con una imagen tridimensional que solo nace del conocimiento auténtico. No era solo el resultado profesional de un trabajo minucioso, sin importar la extensión del mismo (punto a tener en cuenta en mis Borgianos). Se trataba de utilizar las palabras para embrujo de lectores, transmitir la fuerza del personaje sin escatimar en recursos literarios, en vocablos o en giros. Los juristas también somos literatos cuando el numen es un pariente de Alejandro VI. Toda su estirpe acaba subyugando por una fuerza que toma diversas formas desde Alfonso de Borja (nacido en 1378) hasta San Francisco de Borja (fallecido en 1572). Casi doscientos años de pasión y espiritualidad, de acción y fuerza, saga de hombres (y mujeres en la medida en que se lo permitió la época) excepcionales por la entrega sin descanso a aquello en lo que creían, por su manejo sabio y frío del poder, por la capacidad para generar leyenda.

Pero he aquí que, además, esta familia copa todas las formas de Literatura, posibles e inspira a todo tipo de artistas, plásticos, gráficos y literarios: he descubierto una serie de comics (4 volúmenes completan la saga aunque el cuarto todavía no ha llegado) escritos por Jodorowsky e ilustrados por Manara, una de esas extrañas parejas cuya cópula extraordinaria da frutos terribles. Aquí la historia es bastante libre, las licencias son continuas, pero, ¿acaso importa? ¿Quién espera de un cómic un ensayo histórico? Quizá solo un idiota. Sin embargo la crueldad, las vísceras, el sexo, el semen y la lucha por el poder responden a la época de una forma a la vez contemporánea y atemporal. Se siguen algunas leyendas que ya casi tienen fuerza de verdad: la cantarella, los anillos con veneno, la Lucrecia amante de su padre (aunque aquí los disfrazan y enmascaran para que no se reconozcan y su pecado quede atenuado), la supuesta homosexualidad de Giuliano de la Rovere (Julio II), la sanguinaria y cruel fidelidad de Michelotto… Pero también hay historias nuevas, pura invención de los autores que se dejan llevar por una orgía de Renacimiento peculiar aunque muy bien documentado.

Jodorowsky, no obstante, hace un enlace hacia lo filosófico que me sirve de cadena para hablar de otro autor (no menos polémico hoy en día traer su nombre, pero obviaré cualquier otra mención que no sea estrictamente literaria o borgiana): José María Pemán. Este poeta de enorme fama en su día también dedicó algunos minutos a la figura de César Borgia en su Meditación Española lo cual no deja de ser curioso porque César era nacido italiano y su personalidad tenía mucho más que ver con el Renacimiento de aquel país que con el del nuestro. Pero César es solo una excusa para que Pemán hable de la “medicina del tiempo” que todo lo cura. Apenas atendiendo a las luchas del reino de Navarra en las que perdió la vida el Príncipe maquiavélico (no en el sentido de malvado) por antonomasia, como a mi gusto Fernando el Católico fue el Rey maquiavélico perfecto, digo, tomando esas luchas navarras como arranque habla el poeta de cómo el tiempo y la Historia pasan para dejar empequeñecidos enfrentamientos y luchas sangrientas que bien podrían haberse evitado si se hubieran analizado con la frialdad del futuro. Sin embargo, aunque el artículo no parezca demasiado enfocado a los Borgia en alguna de sus frases se descubren quizá pistas sobre ese monumento a César Borgia que se ejecutó en el siglo XX, y la conexión -tenue, rocambolesca, capricho del destino- con la casa de Alba. Otro fleco misterioso por el que inspirarse y escribir quizá algún día.

Y tras todo este plantel de autores y formas traigo mi Borgianos. Epitafios y nanorrelatos (publicado en Internet de forma gratuita y acceso libre) con la intención de “vengar” su memoria intentando desmitificar y limpiar su nombre. Seguramente es un error, pues son todas las calumnias e historias inventadas, la Literatura malintencionada, la que los ha hecho “eternos”, concediéndoles la inmortalidad como si de una nueva constelación de estrellas se tratase, siempre en el cielo para ilustrar sobre la Realpolitik, la fuerza de la palabra y la erótica del poder. Pero yo creo que merecen su memoria no por aquello en lo que los han convertido las malas lenguas, sino por sus propias características, por sus existencias excepcionales. Creo que toda la Italia de la época estaba plagada de talento, de vida nueva, de sabiduría, astucia y arte en la arquitectura, la escultura, la pintura o la literatura tanto como en la propia forma de vivir. No estaba vulgarizada, desde luego, por la inconsistencia de la edad actual, puro punto superfluo que se convierte en agujero negro como la rana de la fábula de Esopo intentando, vanidosamente, ser tan grande como el buey. Cierto que el analfabetismo era la norma y que el pueblo vivía en condiciones sucias y miserables. Pero aquellos que tenían acceso al poder, al dinero, a los placeres, al conocimiento, sabían utilizarlo de forma total, agotar el cáliz que les era ofrecido hasta la última gota, rebañando con la lengua el metal de la copa.

Desde luego no perdían el tiempo con naderías, con programas televisivos sin trascendencia alguna. Por eso no sólo he hablado de los Borgia, ni creo que fueran los más criminales de su tiempo (eran otras normas morales). Creo que han sido y son el símbolo de una época, convirtiéndose en imagen de lo peor y lo mejor de su mundo. Por eso en mi pequeño libro de sesenta y seis nanorrelatos hablo de Savonarola, Miguel Ángel, Carlos VIII de Francia, y de otros personajes de menor poder y fama. Intento recoger una época con rápidos trazos, como si fueran gotas de agua corrosiva que, por un momento, rasgasen el firmamento al caer, y por esa abertura antinatural pudiésemos ver fugazmente el pasado.

Pretencioso, sin duda. Nadie dijo que yo fuera menos pretencioso que la citada rana del cuento.

La experiencia, aunque está llegando a un público minoritario, está resultando de una riqueza, de un placer enorme: algunos de los lectores empiezan a buscar fuentes que les hablen de estos personajes que habían empezado a caer en el olvido o, lo que es peor, en la vulgarización de películas españolas incapaces de recoger con un mínimo de calidad ni siquiera la leyenda negra. Y el hecho de que quienes me leen, se sientan picados por el veneno de esta familia y su época, el veneno real, que es quedar prendados de ellos y no el arsénico mezclado con orina, es como una semilla, la semilla de unos frutos que sigue produciendo un árbol que va camino de su séptimo centenario.

Para los interesados el libro puede descargarse gratuitamente en formado pdf en la siguiente página web.

La literatura y los Borgia (I)

Elogio del subrayado

El subrayado es una práctica muy familiar y común a casi todo tipo de lecturas, técnicas o recreativas, hasta el punto de no suscitar ya ninguna extrañeza y de pasar ampliamente desapercibido en la experiencia habitual del trato con los textos. Esta familiaridad, sin embargo, no impediría ni haría inútil una consideración más detenida, e incluso tal vez habría que reconocer que encubre algunos aspectos inquietantes, vagamente siniestros, de semejante escritura que, si de entrada se oculta, y oculta su ilegibilidad y su juego, es para que en esa desaparición, sobre su murmullo descoagulado, pueda venir a comparecer todo aquello que en la escritura tiene voluntad de transparencia, y para convocar hacia su mismo eclipse precisamente todo lo que en ella es plasticidad, gesto, carne, desgarradura, intersticio sin representación.

El subrayado se lee y se escribe, es a la vez lectura y escritura. Por un lado, el subrayado se traza durante una lectura, cuya respiración pauta y pausa; es por tanto una escritura que se inmiscuye en la lectura, que tiene lugar en su mismo tiempo y en su mismo espacio, una lectura inscrita. Por este motivo, y a partir de su cualidad innegable de signo gráfico, es una lectura que tiene la cualidad peculiar de hacerse visible y de darse a leer. Ya sea en un libro prestado o comprado de segunda mano o vuelto a leer después de un tiempo (todos estos casos, cada uno distinto, y que requerirían de hermenéuticas específicas), puede ocurrir que de entre la madeja de estratos geológicos, encontremos la trama de una lectura particularmente inteligente o reveladora, y que quizá nos ilustra un sentido imprevisto del texto, y entonces, en este libro sigamos precisamente con mayor interés los subrayados de la otra persona desconocida, los perfiles y costuras
insinuados de su mirada, antes que aquellos del texto de acogida. De este modo, se podría considerar que el subrayado reúne e indistingue ambas instancias o ambos procesos semióticos, los de emisión y recepción, y subvierte una ingenua concepción jakobsoniana que deslinda y opone desproblematizadamente los lugares, las personas y los actos de uno y otro, en un gesto completamente catastrófico para la posibilidad de establecimiento del sentido.

El subrayado es objeto de una cierta interdicción. Muchas personas tienen a mal que otros subrayen sus libros y, de manera especial, las instituciones culturales adoptan prevenciones y reglamentan castigos para evitarlo. En cierto modo, se hace con toda razón, pues con ello se trata de que un libro persista como un libro, para lo cual es completamente necesario que aloje una sola voz. En efecto, los libros deben ser protegidos de la violencia que sobre ellos ejerce el subrayado, del que en todo caso emergieron, precisamente para que permanezcan como libros, es decir, para que persistan cerrados sobre sí mismos, en la estrecha red que quisiera separarlos de todas las voces y todos los textos que merodean, y evitar su desparramamiento, diseminación, naugrafio gramatúrgico. Se promueve así una relación alienada con los libros, que sólo pueden ser objeto de un consumo pasivo y estetizado, a la vez que se intenta salvaguardar su significado único, estrictamente precedente e insubrayable, frente al juego y multiplicidad que inevitablemente introduce el subrayado, que siempre inscribe conexiones, redes, remitencias, hace aflorar sentidos inéditos, trastoca y desfigura desde el interior los ritmos y geometrías del huésped.

El subrayado tiene una relación privilegiada con la literatura. Ya los formalistas rusos anotaron que la historia de la literatura literaria es una historia de los sucesivos subrayados, de lo que se subraya y, muy especialmente, de lo que se deja de subrayar de una época o una generación a la siguiente. Cada texto nuevo es siempre el resultado de subrayados anteriores, una amalgama de subrayados que confluyen y cristalizan provisoriamente en su marco, y que de inmediato se desagregan para volver a pulular en otros. Por ello es que el contraste con el subrayado puede permitir iluminar en su carácter propio y elusivo la materialidad que trabaja la literatura, señalándole posibilidades creativas y desestabilizadoras para orientar sus búsquedas en la encrucijada actual.

Todo en la operación del subrayado consiste al parecer, según una lógica plenamente suplementaria o farmacológica, en la deconstrucción de una cierta jerarquía entre escrituras. Con respecto a un cierto lenguaje anterior, primero, del autor, el subrayado resulta a la vez lectura y práctica desterritorializadora, que transgrede todas las fuerzas reactivas y líneas molares desestabilizadoras. El subrayado es una escritura que carece de sistema, de gramática o código, y de toda semántica fuera de una de tipo tentativo o indicial; es más bien un trazado de intensidades, de notaciones musicales, de estremecimientos que recorren y estallan en superficie. Por su propia naturaleza, además, tiene una consistencia exclusivamente dialógica, en sentido fuerte, que excluye cualquier origen o referencia que su propio movimiento ensimismado entre textos. Es por tanto una operación de cierta envergadura sobre el sentido, sobre las fuerzas que constituyen en raíz al sentido, y que la obra tiene que borrar para constituirse como tal. No hacer obras sino subrayados, o volver a mostrar en las obras la parte de subrayado que contienen, o intentar exponer al lenguaje a su proximidad con el subrayado, entre otras, serían búsquedas que tendrían que ver con el intento desesperado al que parece abocada la literatura: «que lo indescifrable aparezca, siquiera como indescifrable».

Imagen | JavierPsilocybin

¿Indignarnos?

Estos viejos lo experimentaron todo: la Europa de los últimos sesenta años fue el banco de pruebas para experimentos con y sin gaseosa, desde el Estado del Bienestar hasta el paradójico aggiornamento de una Iglesia supuestamente eterna. Son los santos padres del 68, o del 56 o del 77, porque en todos estos concilios de la posmodernidad oficiaron como obispos in partibus infidelium. Los hubo que empezaron en la más estricta escolástica marxista (Garaudy) y acabaron dogmatizando de ulemas en las mezquitas de la gauche caviar. Otros, pasaron del Che a De Gaulle sin dejar de estar nunca de moda (Régis Debray). En definitiva, la vida les ha dado tantas vueltas y les ha equivocado tan a menudo que más vale no
hacerles mucho caso.

Estas rebeldías sirven para agitar las estancadas aguas del inmenso tedio socialdemócrata y dan un poco de vidilla a una izquierda que ya ha asumido el capitalismo y bombardea Libia, tortura talibanes y masacra afganos con el mismo desparpajo e impavidez que cualquier discípulo de Reagan. En eso, en lo de la mano dura con los desharrapados del Tercer Mundo, los muñequitos de Harvard y Georgetown han demostrado que no tienen nada que envidiar al hijo de Bush y a sus acólitos de las Azores. Al paso que evolucionan nuestros gobernantes, pronto seremos capaces de remedar la sabia estructura política de la joven democracia saudí.

Stéphane Hessel, un europeo de los de antes, trata de movilizar a la juventud en una rebelión pacífica frente a la tecnocracia, los medios de comunicación y esos armatostes ingentes e inútiles que son los partidos políticos. Su libro, Indignaos, bate récords, en parte por su corto tamaño, en parte porque sintoniza con un naufragio moral de la conciencia ilustrada, que todavía no ha sabido replantear una salida humanista al advenimiento del Mundo Feliz de Huxley, propiciado, además, por los poderes que se declaran herederos de Jefferson, de Voltaire y de Locke, es decir, de los padres ideológicos de la era moderna.

La indignación no puede ya con el escepticismo de unas nuevas generaciones que conocen los fracasos de las terribles utopías del siglo XX y que también intuyen que fuera de este sistema mecanizado, informatizado e hiperdirigido no parece haber sino un horizonte de miseria y de caos. Una sociedad mundial tan extremadamente compleja, con redes casi infinitas de interdependencia, parece destinada a funcionar por sí sola, sin apenas intervención humana. En estas condiciones, la
voluntad política es apenas un recurso retórico. Una de las preguntas que todos nos hacemos es: ¿Quién manda aquí? ¿Hay alguien de verdad al timón? Casi es mejor no intentar responder a este interrogante.

Rebeliones silenciosas, no hacer caso de los medios de comunicación, protestar frente al recorte de los derechos sociales… Todo eso parece sensato, pero sabemos de antemano que no puede llevar a nada. Las fuerzas dominantes (uno ya no se atreve a decir dirigentes) no podrían, aunque quisieran, cambiar la lógica de hierro de un sistema económico y político que funciona solo.

Pero este leviatán resopla, mantiene en mal funcionamiento un mundo superpoblado que difícilmente podría sobrevivir de otra forma. Los Saltos Adelante, las Revoluciones Rojas, Blancas o Verdes han demostrado que más vale no hacer caso del voluntarismo ni de los iluminados. Los números son tan antipáticos como implacables.

Tenemos ya el juicio suficiente como para admitir que no podemos sino tapar algunas de las goteras de este edificio en peligro de ruina. Quizá no nos quede más remedio que reformarnos a nosotros mismos, que volver la vista hacia el interior, hacia lo privado y escapar de un sistema por la única rendija que nos queda: la emboscadura, la renuncia a la Historia y a la Política y a las otras ilusiones de la Ilustración (la Ciencia, la Tecnocracia, el Trabajo) para escapar a las esferas donde
las infinitas burocracias y oligarquías dominantes no alcancen. Y estos paraísos artificiales, estos jardines cerrados, existen. No es tan difícil… La humanidad lo lleva practicando con éxito perpetuo frente a todos los tiranos y todos los imperios: desde los epicúreos hasta los hippies.

Noches en el culo del mundo

1

Sueño que no me han robado a mi hijo. Quieren que me lo quede y lo cuide. Debo darle leche y mecerlo, me dicen. Me lo traen y no sé cogerlo. No puedo cogerlo porque no tengo brazos. Soy una mutilada más y no puedo coger a mi hijo.

2

Sueño que me hago mayor y no sirvo para nada. Nadie quiere follarme. Reconozco a mi hijo entre una multitud de soldados jóvenes, muy jóvenes. Empuñan las armas con alegría. Disparan, se divierten. Su mirada es igual que la de su padre, sea quien sea su padre. Su mirada es igual que la de todos los hombres que me han violado. Su mirada es ciega, cruel, desatada. Todos se ríen. Mi hijo me escupe y me dispara. Otra puta menos. Mi hijo me ha matado. Todos se ríen.

3

Sueño que mi hijo es europeo. No tiene dientes porque es europeo. Pero se desliza sobre mí igual que los demás. Está sediento igual que los demás. Y me lame entera hasta que me seco. Mi hijo es un animal enfermo, mi hijo es europeo.

4

Sueño que mi hijo es un AK-47.

5

Sueño que no hay nadie a quien obedecer. No hay nadie que me de órdenes, nadie que me amenace, nadie que me diga lo que tengo que hacer, adónde hay que ir. No hay nadie que me obligue a nada, nadie mintiéndome, nadie arrastrándome. Nadie que me diga a quién tengo que odiar, a quién hay que matar, a quién hay que proteger. No hay nadie. Y tengo tanto miedo que sólo pienso en matarme.

Pero nadie me dice cuál es la mejor forma.

6

Sueño que los europeos me buscan. Dicen que soy una criminal. Dicen que obedecer una orden criminal es también un crimen.

7

Sueño que un día todo ha servido para algo. En mi sueño, la muerte de mi padre y de mis hermanas tiene sentido. Servir al ejército ha servido para algo, matar, incendiar y torturar ha servido para algo. Ser violada ha servido para algo. Ser injusta ha servido para algo.

Morir ha sido útil.

8

Atan a mi padre y me obligan a follármelo. Mi padre aparta la cara para que no pueda mirarle. Esto no es un sueño.

9

Sueño que soy vieja y no puedo llorar. Lo intento con tanta fuerza que las vísceras se me escapan por los ojos. Eres un hombre, te has convertido en un hombre, me dice mi madre mientras recoge mis órganos desparramados. Mis riñones, mis intestinos y mi hígado. Estás podrido. Infinitamente podrido.

10

Sueño que me aplauden. Estoy en un escenario con un presidente y me cuelgan una medalla del cuello. Soy la mejor soldado junior del país. Me cuelgan otra medalla. Soy la más rápida y efectiva. Soy como Rambo, en tres minutos puedo incendiar un campamento. Me cuelgan otra medalla. Puedo acabar con siete hombres por la espalda cuando se me acaba la munición. Soy la más imprevisible, silenciosa como una serpiente, llevo el veneno en las venas. Me aplauden. Las medallas me ahogan. Los aplausos son cada vez más fuertes, como metralletas. Soy la mejor. Soy la mejor.

Jugadores de paso y máquinas de sombra

Avanzando hacia atrás y reflejando hacia adelante. A la manera de Perseo.

La realidad es fundamentalmente metafórica, imaginativa y daimónica. Teatralizamos para mejor ver,  desestabilizando las mitologías que han provocado el desencanto del mundo y el advenimiento de una esquizofrenia universal. Frente a la carta de las apariencias, que las malversaciones religiosas y tecno científicas monoteístas postulan, Otra Mirada es posible.

Como el dragón en la espesura a veces hay que ocultarse, otras dejarse ver, mantenerse alerta, volver a ocultarse, elevar vuelo y hasta vencer los límites de lo correcto. Abismo de una Memoria que se mofa de la realidad y se sacrifica a lo Indecible.

Inmediatas a las ciencias ocultas se hallan la política y la sociología: la gestión mundializada tiene aires de dictadura sin dictador. El progreso es un espejismo interminable y la perfección de la Humanidad se ha revelado un ensueño de cretinos. Se trata de conjurar la disensión interna provocando una creciente confusión que enmascare el progresivo establecimiento de un nuevo despotismo. La autoconciencia actual se ha convertido en una enfermedad, como consecuencia la Modernidad ha culminado en una apoteosis del servilismo. No está señalado en los mapas pero las nuevas tecnologías de la comunicación alteran la conducta mediante la propagación de estados de ánimo. La alucinación consensuada en que ha devenido la vida cotidiana en las grandes urbes (y no sólo),  contribuye a considerar la conciencia contemporánea como un subproducto de los medios de comunicación.

La vida de una cultura o nación sólo es buena en la medida que lo sea su vida imaginativa. Quienes han desprestigiado a la Luna poniendo sus sucias patas metálicas en ella, por muy prodigiosos y costosos que hayan sido los recursos utilizados, no merecen más que rechazo y desprecio. El mismo que asignamos a aquellos que, por motivos doctrinarios, han consagrado a la “verdulera tipo” como la imagen más adecuada para el arquetipo femenino.  Estos últimos: nuestros congéneres “ibéricos” y aquellos “otros” los no menos semicomatosos y porcinos “usacos”.

Acá encontrareis: inquietudes, intuiciones e imprecisiones más que certidumbres. Lo cual sin duda permitirá a muchos calificar el libro de “inconsistente” y “poco sistemático”. Quieren rebeldes conformistas y manejables adiestrados en la docilidad mediática. Lo misterioso y lo indescriptible no lo permiten. Y la política, la historia, incluso la contemporánea, así como la rancia, apolillada y manipulada “actualidad” también contienen estas dimensiones. Mas allá del conformismo democrático pleno de horterismo, ignorancia, fanatismo y estolidez sumisa hay otras miradas, lúdicas y  exactas, de las que apropiarse.

Los Habitantes del Espejo han penetrado en nuestro plano como tiempo otrora, con los devastadores resultados de que somos diariamente testigos. Vivimos a la manera de una vida eterna concedida a unos cadáveres congelados… Aun queda, no obstante, la llegada fulminante  del Emperador Amarillo: el Gran Retorno.

Veo ya sombras fantasmagóricas entre las estrellas…

Son tiempos veloces

En una Tierra lenta

De rosas muy oscuras.

La estrategia del terror para torcer la voluntad popular

¿ETA volverá a atentar? No lo sabemos. Pero lo que sí está probado es lo siguiente:

a) Desde siempre ha querido torcer el rumbo de las elecciones generales cuando considera que sus resultados pueden ser negativos para su estrategia de independentismo basada en el terror.
b) Los antecedentes indicarían que lo va a volver a intentar. Sea en forma del atentado clásico (bomba, tiro en la nuca, etc.), sea en forma de una tregua trampa seguida de alguna declaración de alto el fuego que “negociará” con el partido que va a perdiendo las elecciones y que ellos consideren menos peligrosos para su estrategia.

Los hechos que siguen estuvieron destinados a torcer el rumbo de la soberanía popular:

-El atentado seguido de muerte del Almirante Carrero Blanco quince minutos antes del inicio del juicio contra diez miembros del entonces sindicato clandestino Comisiones Obreras. Según sus propias conclusiones ETA perseguía influir en las divisiones entonces existentes en el seno del régimen franquista entre los «aperturistas» y los «puristas». Según el Comando Txikia que ejecutó el magnicidio, Carrero Blanco era «una pieza fundamental» e «insustituible» del régimen y representaba al «franquismo puro». La muerte de Carrero Blanco cambió el rumbo de la Transición. Colocaron cerca de 100 kilogramos de Goma-2 (el mismo explosivo que aún no pudo determinarse -por manipulación culposa o dolosa- si se usó en los atentados del 11M).

-El 19 de abril de 1995, el futuro presidente de gobierno Aznar es objetivo de muerte en un atentado del que salió ileso gracias al blindaje del vehículo.

Ese atentado fallido tendía a evitar lo que luego ocurrió (y que no hubiera ocurrido si el atentado tenía éxito, que no lo tuvo milagrosamente): que Aznar fuera presidente de gobierno desde 1996 a 2004. Y que persiguiera tenazmente a la banda terrorista.

-Y así llegamos al 11 M. Una semana antes de los atentados del 11-M los sondeos daban al PP una ventaja de cuatro puntos en las elecciones, aunque se daba por poco probable que repitiera su mayoría absoluta de 2000, en donde consiguió 183 escaños.

Poco antes de las elecciones y del atentado hubo:

a) el pacto de gobierno tripartito en Cataluña, y

b) una reunión entre Josep-Lluís Carod-Rovira y dirigentes de ETA

La sombra de los atentados estuvo presente y fue un factor relevante para obtener los votos de los indecisos o abstencionistas; un elevado porcentaje de encuestados se declaraban “indecisos” (en torno al 40%). En las sedes del PP, la noche previa a las elecciones, se concentraron miles de personas para mostrar su descontento con la política informativa del Ministerio del Interior sobre la autoría de los atentados, en el que el ministerio apuntaba como principal sospechosa a ETA, a pesar de que había otra línea de investigación abierta que cobraba más fuerza apuntando al terrorismo islámico.

Que ETA participó en este atentado criminal como autor, partícipe primario o secundario (para ejemplificar con la terminología del Derecho Penal) está en investigación y más temprano que tarde la verdad se conocerá. Si no como autor directo (colocar las bombas, etc.), podría haber sido partícipe primario (facilitar el explosivo a los terroristas, manipularlos, etc.). Y si no se prueba ninguno de los dos extremos quedará la posibilidad del partícipe secundario (asesoramiento, instrucción militar, etc.).

Por eso creo que, ante las pruebas directas y/o los antecedentes indiciarios severos y concordantes, hay que estar preparados para estas posibilidades que tenderán a torcer, un vez más, el resultado de las elecciones: O el atentado al/los candidato/s (acción –afortunadamente- casi descartable por su poco efecto actual) o la puesta en escena de un pacto (simulado) de dejar las armas, etc. que le permita al partido de gobierno –poco antes de las elecciones generales o adelantadas- capitalizar este “éxito” largamente esperado por la población.

No conozco de ningún pueblo que haya alcanzado su liberación sin que unos arreen y otros discutan. Unos sacuden el árbol, pero sin romperlo, para que caigan las nueces, y otros las recogen para repartirlas. (Xavier Arzalluz ex presidente del PNV)

Norberto Zingoni, abogado, ex-juez

La literatura y los Borgia

La larga, ya centenaria, y apasionada historia de la familia Borja/Borgia con la Literatura (así, con mayúscula) es la que los ha catapultado a la fama y el recuerdo entre muchos de nosotros, pasados ya más de quinientos años de su poder y tiempo. Creo poder decir, sin temor a equivocarme, que la Literatura es realmente la responsable de que estén “vivos” a día de hoy, aunque sin el poder no habrían llegado a ella, ciertamente.

El “calumnia que algo queda” se ha convertido en la principal baza para que aquellas personas se hayan convertido en personajes casi arquetípicos de nuestra cultura: Lucrecia la envenenadora; Alejandro VI el Papa depravado; César el Príncipe Renacentista y maquiavélico. ¿Qué los ha convertido en carne de tinta para tantos autores? No sólo escribieron sobre ellos en su momento Ludovico Ariosto, Pietro Bembo, Antonio Tebaldeo, Ercole Strozzi… ni sólo en Italia. El siglo XIX los rescató gracias a los grandes, aunque fuera para arrastrarlos por el fango: Apollinaire; Dumas padre, Víctor Hugo, Donizetti… y el XX los trajo a los españoles de nuevo: Vicente Blasco Ibáñez, Manuel Vázquez Montalbán, Carmen Barberá, Luis Racionero quien con ellos ganaría merecidamente el premio Azorín, o Luis Antonio de Villena en la poesía, decadente y hermosa… para acabar de nuevo en Italia: Mario Puzo con un libro perfectamente prescindible desde mi punto de vista… En fin, se podrían dar nombres hasta la saciedad: Hella S. Haasse, Byron (quien robó unos cabellos de Lucrecia durante su estancia en Milán); Barnabe Barnes (del área británica, que los aprovechó para atacar al mundo católico), You Higuri (autora de exquisito cómic).

Y volvemos a empezar: ¿por qué? ¿Qué los vuelve capaces de embaucar y seducir a escritores de todo tiempo y nacionalidad? ¿Por qué, de entre todas las familias escandalosas y amorales desde la perspectiva de nuestro siglo ha caído en ellos el honor de ser carne de mito? Su ascenso y caída fueron rápidos. Fulminantes, podría decirse. Si bien su poder llegó a extenderse cincuenta años, su cúspide no sobrepasó la quincena. Y sin embargo, ¿no son acaso más conocidos que emperadores e imperios que se mantuvieron mucho más? Sin duda hay en ellos un elemento mágico, una cantarella (el famoso veneno de los Borgia cuya existencia nadie ha podido probar aún) que no mata pero que genera adicción.

No poco tendría que ver en ello que fueron, como el Renacimiento, justa medida del hombre, y no sólo por cuanto pueda tener de espiritual y de bestia a un tiempo, como señalaba su contemporáneo Maquiavelo, sino por cuanto en ellos se mezclaba el refinamiento más elevado con la crueldad más despiadada y lo hacían con equilibrio prodigioso, propio de castillos de cristal sostenidos sobre una gota de agua evaporada. También en ellos se reunía el especial hecho de ser extranjeros, “catalanes”, como les llamaron sus enemigos. No peores en sus acciones que sus contemporáneos, encarnaron la bajeza moral de su tiempo, pues en ellos hubo tal concentración de astucia, poder, lujo, estrategia, diplomacia, capacidad, bajeza y grandeza, que se convirtieron el “no va más” de la Roma que se despedía de los últimos flecos de la Edad Media para entrar de nuevo en una nueva era de la mano de pensadores, filósofos, poetas y artistas plásticos que grabaron sus nombres con letras indelebles en la Historia humana.

En las páginas de esta revista he reseñado La cárcel del amor, la obra del mencionado Luis Racionero que me ataría hasta el día de hoy (y ya va para siete años) a ellos, cuya lectura recomiendo a todo aquel que esté cerca. Pero también podría señalar La ciudad escarlata como una magnífica obra para aquellos que quieran desentrañar las primeras nieblas del misterio borgiano. No obstante los amantes de las leyendas negras (de las que somos especialistas los españoles, víctimas de nuestra propia indefensión) deberían acercarse a La Roma de los Borgia y, en menor medida a Crímenes Célebres: Los Borgia, de un Dumas padre un tanto panfletario y soso en comparación a Apollinaire. La lista, si no interminable, es desde luego inmensa, larga como la muralla China y capaz de atraparte como una red de oro, ligera y fascinante de la que no se quiere salir una vez que se ha probado. Porque los Borgia son, sobre todo, Literatura, y como tal envenenan el alma al tiempo que la colman de placeres.

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