Joël Thomas: ‘No somos los herederos de griegos y romanos’

Joël Thomas, profesor de literatura latina en la Universidad de Perpiñán es un hermeneuta: un viajero que va hilando sentidos. Como James Hillman, Gilbert Durand, Henry Corbin o Mircea Eliade, estudia los imaginarios, esas gafas de miles de formas que nos ponemos los seres humanos para dar sentido a nuestra vida. Mientras Roma creyó en sus mitos primigenios, dice el profesor, pervivió. Joël Thomas ha participado en Eranos, un círculo en el que se reunieron, desde 1933 a 1989, a orillas del Lago Maggiore (Suiza) y a la estela del pensamiento de C. G. Jung, los grandes científicos del siglo XX. Se trató, dice, de una experiencia sin precedentes en las ciencias humanas. Los asistentes convivían y compartían ideas, buscaban tender puentes entre las ciencias, las religiones y los dualismos. Querían sustituir la oposición de los contrarios, que había llevado a Occidente a la catástrofe, por la relación que los unía. La Guerra de las Galaxias se empezó a fraguar allí: en la intuición de que los mitos, los símbolos y las grandes creaciones de la imaginación conforman nuestra realidad. Eranos anunció la era de la imagen.

¿Qué es el imaginario?

Lo primero que hay que decir es que no debemos confundirlo con la imaginación ni con un concepto bastante vago coincidente grosso modo con el pensamiento. Los teóricos del imaginario tienen una definición bastante más estricta del concepto. Yo la traduciría así: nuestro imaginario es el conjunto de los dinamismos organizadores de las diferentes instancias de nuestra psique. Esto quiere decir que la actitud lógica, racional, forma parte de nuestro imaginario; ella es uno de sus componentes. Corbin distinguía imaginal y fantasía. Lo imaginal entroncaría con el inconsciente colectivo de Jung: se trata de las construcciones simbólicas con las que las personas construyen los sentidos. La fantasía, para él, es lo que pertenece propiamente a nuestra historia individual, a nuestros recuerdos: lo que no compartimos, lo que tiene una coloración propia. Pero es seguro que imaginal y fantasía están íntimamente entrelazados. Es por eso que nuestros recuerdos nos ponen en relación a la vez con lo más íntimo de nosotros mismos y con el cosmos entero: ellos se ensanchan hacia una dimensión cósmica. Como vemos, la distinción es interesante. Jung dice más o menos la misma cosa bajo una forma distinta.

La definición no estaría completa si no subrayáramos la parte que hace al imaginario reconocerse con las formas simbólicas: más allá de las formas, las imágenes se organizan en redes que hacen sentido por su interconexión. Así, no comprenderíamos un episodio aislado de la mitología sin un conocimiento global de los relatos míticos, porque se sostienen entre ellos. Al mismo tiempo, una vez este reconocimiento ha hecho efecto, se percibe que cada episodio es como un resumen de la totalidad de la estructura: el microcosmos es la imagen del macrocosmos. Para hacérselo comprender a mis estudiantes, tomo a menudo la imagen del collar del dios hindú Indra: es tan perfecto que en cada una de sus perlas se refleja el collar entero.

¿Qué relación hay entre el imaginario y el arquetipo de Jung?

Jung insiste más bien en la noción de inconsciente colectivo. Ella es más clara que la palabra arquetipo, a menudo mal comprendida, y cargada (sin razón, según mi opinión) de una dimensión mística que muchas veces ha alimentado las críticas contra Jung. Para Jung, el yo personal tiende a organizarse (lo que él denomina trabajo de individuación) desde los núcleos dispersos de nuestra conciencia (los heterónimos de Fernando Pessoa); la persona accede entonces a un espacio en el que la coherencia está asegurada por la relación simbólica entre los diferentes constituyentes. Y es entonces cuando se opera una suerte de ensanchamiento cósmico de este “Yo” a un “Ello” cósmico más general, compartido por un conjunto más amplio de individuos, y recobrando la noción de inconsciente colectivo. Pero para comprender el proceso, no es necesario hacer intervenir a lo divino (lo sagrado sí, sin duda, y también las formas simbólicas). Jung ha insistido siempre en el hecho de que su proceso era fenomenológico: sostenido y verificado por ejemplos concretos, por los hechos y por la experiencia. Así pues, podemos tomar esta noción de arquetipo, que es además más platónica que junguiana. Para Platón, no hay duda del contexto espiritual: las Ideas son de origen divino. El imaginario junguiano no salva, a mi juicio, este límite. O más exactamente, y muy hábilmente, él nos describe un mundo de símbolos que da sentido a nuestro mundo material. El mundo visto por Jung es más un vasto pensamiento que una vasta materia; el proceso junguiano no excluye la espiritualidad; pero ella no se reduce a una espiritualidad precisa; Jung se acuerda del koan zen: “Si usted encuentra al Buda, mátelo”. Lo que se puede decir es que, efectivamente, para Jung una terapia inculta (que no haya recurrido a un ensanchamiento cultural o mitológico) es inconcebible. Pero en este contexto, la ciencia es por sí sola la mejor terapia, ya que el conocimiento del fondo arquetípico humano a la que ella conduce es en sí normalista: lo vemos, nada de irracional ahí dentro.

¿Cuál es el origen de las teorías del imaginario?

Indudablemente, el padre fundador de las teorías del imaginario es C. G. Jung. Freud había abierto la vía, pero él siempre subordinó la Nachtseite, la “parte nocturna” de la psique a su dimensión diurna. Vale con ver el rol que da al sueño. Para Freud, el sueño es un momento de desahogo que permite a la psique reencontrar su equilibrio mermado por la actividad diurna, mientras que para Jung, el sueño, la actividad nocturna, tiene una vía propia, tan importante como la actividad diurna. Dionysos es igual que Apolo. Con Jung, el mundo del sueño y de la noche se reencuentra con su vía real. Después de Jung, Caillois, Bachelard, y tras ellos G. Durand, van a fortificar las riberas de esta gran corriente. Hacia los años 70, la corriente se va a encontrar con otro flujo regenerador: las teorías de la complejidad y la escuela de Palo Alto. De esta convergencia nacieron las teorías del imaginario, tal y como las conocemos hoy, y en particular tal y como un excelente conocedor y difusor de ideas, E. Morin, nos las presenta, en torno a la noción de complejidad.

¿Qué búsqueda intelectual le dirigió hacia el imaginario?

El sentimiento de que las investigaciones de la crítica literaria llegarían a un impasse si se cerraban en el solipsismo, y si no se regeneraban ensanchándose y teniendo en cuenta las corrientes de la antropología. Con esta idea, en los años 70, la escuela de Grenoble, dirigida por G. Durand, hacía llegar una corriente de aire fresco a los estudios universitarios. Mi apuesta personal ha sido la de aplicar estas metodologías al mundo de la Antigüedad Clásica. Ellas permitirían una relectura apasionante, que nos mostraría en particular que los mitos habrían sido escritos, más allá de la sociedad greco-romana, para conservar un valor de la verdad. Eneas, Ulises, Teseo, Jasón, Heracles, tenían algo que decirnos, más allá del paso del tiempo. Su tentativa por organizar su espacio era un paradigma que nos daba el sentido de nuestro propio laberinto interior. Las teorías del imaginario nos permiten entrar en esta relectura que nos abre a nuestra propia psicología profunda; hemos quedado impresionados por la riqueza del relato mítico, y por su dimensión polisémica, que aclara y renueva no sólo nuestro conocimiento de la Antigüedad sino también el de nuestro propio mundo; una vez más, antiguos y modernos no aprehenden el sentido sino en feed-back, en reflexividad, en diálogo recíproco. Del mismo modo, las disciplinas tradicionales no estarían aisladas, sino que se reagruparían en una totalidad antropológica, reunidas la literatura, la historia, la historia del arte, la filología, y también la filosofía y el psicoanálisis. En un momento en el que muchos predicen el fin de los estudios clásicos, me pareció que sería de estas relecturas del imaginario de donde vendría la renovación, y es en este sentido en el que he construido toda mi carrera y mi producción universitarias.

¿Qué es Eranos?

Eranos es, hasta donde yo conozco, una experiencia sin precedentes en la historia de las ciencias humanas. Instigados por C. G. Jung, más de cien investigadores y universitarios de alto nivel, de disciplinas muy diferentes y procedentes del mundo entero, se han reunido, cada año, desde 1933 hasta 1989, en esa especie de cónclave que fue la década de la Tagung de Eranos. La duración era excepcionalmente larga para un coloquio; pero es justamente eso, y el aspecto de cónclave (ya que prácticamente no se salía de Moscia durante los diez días) lo que cimentó las relaciones entre los participantes. Cada año, un tema nuevo reunía a los conferenciantes; citaremos por ejemplo “El hombre y el tiempo”, “El hombre y la energía”, “El hombre y las mutaciones”, “El hombre y la paz”. En el paraje encantador de Moscia, sobre el Lago Mayor, Eranos ha visto pasar, entre otros, a Corbin, Daniélou, Eliade, Jung, Kérényi, Massignon, Otto, Portmann, Rahner, Scholem, Schrödinger, Tillich, Zimmer, Durand, Servier, Brun, Hillman… El mérito más grande de Eranos es sin duda el de haber sabido provocar y animar el diálogo y el encuentro entre representantes de diferentes ciencias y disciplinas del espíritu. En una época en la que las “monoculturas” especializadas parcializan el saber, la originalidad y el riesgo pasaban por esta capacidad de crear diálogo, confrontación y circulación de ideas. Eranos fue un lugar privilegiado donde se tomó conciencia de las verdaderas dimensiones de la cultura y del mestizaje profundo entre disciplinas.

Usted habla de la actualidad de la Antigüedad. ¿Qué tiene ella que enseñarnos?

Nosotros no somos los herederos de griegos y romanos. Pero ellos no nos son extranjeros. Para mí, son más bien hermanos que nos han precedido en la aventura humana, cuya experiencia, testimonio y saber pueden ayudarnos. La actitud más perversa sería hacer de ellos modelos: nuestros propios modelos están por inventar. Todos los procesos sobre “nuestros ancestros los romanos, los griegos, o los galos” son en primer lugar tentativas de tomar del pasado una justificación para la verdad de las sociedades presentes. La sociedad musoliniana caricaturiza el modelo romano, es uno de los ejemplos más ridículos, si no nauseabundo. La actualidad de la Antigüedad es su capacidad de hablarnos, de dejarnos ver experiencias que no hay que reproducir, pero cuya comprensión puede ayudarnos a nosotros mismos a avanzar. Así, la exégesis mitológica, la lectura de los mitos puede decirnos muchas cosas sobre nuestra psicología profunda.

¿Cómo le gustaría que fuera el futuro de las ciencias humanas?

Un futuro de pluralidad y de tolerancia, pero también de audacia para implicarse en vías todavía no exploradas. Durante mucho tiempo, las ciencias humanas han estado a la cola de las ciencias exactas, de las que han copiado los protocolos de manera bastante servil. Eso no ha conducido a otra cosa que a su descrédito. Desde la emergencia de las teorías de la complejidad, las ciencias humanas tienden a reencontrar su lugar. No es cuestión de decir que ellas son más o menos importantes que las ciencias exactas; no se trata de competición. Pero es seguro que las ciencias humanas y las ciencias exactas son indisociables las unas de las otras. Existe una misma razón y una misma intuición en las obras de todos los campos epistemológicos.

Casi todos los investigadores del imaginario dicen que la vida tiene sentido. ¿Qué sentido? ¿Unitas multiplex?

Hemos dicho que los investigadores del imaginario habían insistido en la existencia de las formas simbólicas. Desde ahí, la vida hace sentido; la superestructura de las imágenes y de los sistemas de representación integra la materia en un conjunto que la trasciende. La fuerza habita la forma, que no es más que su cristalización. Esto fue sin duda el gran descubrimiento “científico” del paleolítico, a través de un doble sentimiento: primero, la intuición de que el mundo, los objetos, estaban atravesados por fuerzas cósmicas (el descubrimiento de lo sagrado); después la certeza de que el hombre no era simplemente espectador en ese teatro cósmico, de que él podía ser actor, y optimizar las formas, a través de las técnicas. El pulido paciente de un silex formaba un bifaz a la vez bello y eficaz: la técnica humana permitía acceder a una forma de perfección. Así, el hombre colaboraba en el plan cósmico, se creaba un compromiso entre la humanidad y el cosmos. La Antigüedad Clásica ha vivido de la prolongación de estos paradigmas. La noción de mimesis, o imitación de la naturaleza, es su reflejo. El mejor artista será el que consiga reproducir casi a la perfección las formas de la naturaleza.

Otra cosa: existe, como hemos dicho, un modelo, una fuerza que habita las formas. Pero las formas por sí mismas son infinitas, tienen un tornasol que reproduce la verdad misma de las formas múltiples de la vida. No sabríamos oponer unitarios a pluralistas: la vida es a la vez una y múltiple (unitas multiplex, efectivamente), y es en esta unicidad y multiplicidad donde reside su sentido. Era lo que explicaba el omphalos de Delfos: una piedra levantada, un axis mundi único, así pues, pero recubierto de una red, un agrénon que simboliza el tejido múltiple de las formas del ser vivo. Vemos mejor por qué Jung, después de Platón, habló de los arquetipos; pero ni uno ni otro olvidaron la parte de la diversidad.

¿Tiene la Historia un sentido?

Para Eliade, la historia sólo toma sentido cuando se la empareja con el mito, y en particular con los relatos de fundación. Si no, los sucesos son aleatorios y no hacen sentido. Roma es un buen ejemplo: sus grandes hombres siempre han sido percibidos como continuadores de la obra de Rómulo, el autor del primer surco (Augusto estaba muy apegado a su título de “segundo Rómulo”). Ellos siguen ligándose a este origen mítico (incluso si, en Roma, el mito de fundación es histórico, a diferencia de la India, donde es metafísico). Y Virgilio lleva más lejos las raíces, al presentarnos la Roma naciente como Troia melior, una nueva Troya, pero mejor. El sentido de la historia romana se remonta de ese modo hasta los orígenes troyanos. La vitalidad de la sociedad romana se funda sobre esta relación en feed-back entre un mito que se encarna en la historia, y una historia que saca su sentido de la relación con el mito original. Mientras Roma se acordó de esto, pervivió.

Usted dice que los teóricos del imaginario (Eliade, Hillman, etc.) son un poco rebeldes. ¿Por qué?

Porque, justamente, han sido valientes para no quedarse en el molde de la ciencia oficial y conformista. Sus experiencias les habían conducido a la idea de que muchos de los descubrimientos se habían hecho por casualidad (dejando que una parte de intuición y de desorden condujeran el proceso), y no por una exploración sistemática (los Curie tenían un laboratorio miserable, y las más grandes máquinas universitarias no son siempre las más fecundas). Ellos tuvieron el coraje de poner sus ideas en práctica, y de convertirse un poco en francotiradores de las ciencias humanas. A G. Durand, gran resistente de la Segunda Guerra Mundial, le gusta decir que él ha mantenido esa práctica de la resistencia en su recorrido universitario; y es verdad. Es también por eso por lo que han sabido crear en torno a ellos una verdadera red no de discípulos (no les gusta la palabra), pero sí de émulos y de epígonos: porque ellos no se han inscrito en la grande rat race universitaria, la carrera por los puestos, las prebendas y las distinciones. Ellos han caminado contracorriente, y eso los ha llevado más lejos que a los otros, como pioneros y descubridores. Eso ha sido al mismo tiempo su honor y un honor que han comunicado a las ciencias humanas, que les deben mucho.

¿Son estos teóricos (Eliade, Hillman, Durand, Corbin, usted mismo) personas religiosas? ¿En qué sentido?

Jung escribe: “Nadie que no ha recobrado su actitud religiosa puede curarse”. Esto quiere decir que él, en cierto modo, pone la experiencia religiosa en el centro de la terapia analítica. No hace falta otra cosa que remitirnos a Kierkegaard, que escribía ya, de manera aún más radical: “Todo hombre que no piensa poéticamente o religiosamente es un necio”. Pero hay que entender a qué se refiere Jung cuando habla de actitud religiosa. Es la religio, en el sentido etimológico: la capacidad de religar entre ellos los acontecimientos y las reflexiones; es, de hecho, la capacidad de vivir el mundo como simbólico (y ahí el symbolon es el signo concreto (un palo de arcilla roto) que marca la ligazón entre huéspedes, en el mundo antiguo). Para Jung, y para los teóricos del imaginario, no se trataría de tener de referencia a una religión en particular, sino de poseer una actitud religiosa, que se identifica con el sentido de lo sagrado, la capacidad de no limitar nuestra Weltanschaaung a una actitud materialista.

¿A qué se refiere cuando habla de realidad compleja?

La complejidad se comprende a través de la etimología de la palabra latina complexus, que significa “tejido”. El descubrimiento de la complejidad es la toma de conciencia de que la importancia no está en las cosas, sino en la relación entre ellas. Todo está en la relación. Ella está en el centro mismo de la noción de emergencia. La emergencia permite escapar de la aporía de la dualidad. En el mundo, las diferentes instancias (masculino y femenino; claro y oscuro; orden y desorden) no se oponen; o más bien, no se oponen sino para trascender esta oposición inicial necesaria para la diferenciación. Después de oponerse, ellas se organizan: la organización crea una nueva instancia, que es más que la suma de las instancias de las que procede. La complejidad es eso. Remarcamos que es el principio de un “tercero incluido”, en estricta oposición con el “tercero excluido” de Aristóteles: al o… o (es blanco o negro, verdadero o falso) le sucede el y… y (es blanco y negro, verdadero y falso). Desde la invención del psicoanálisis y de la física cuántica (concomitantes), aprendemos que uno y uno no suman dos, sino tres, y también que una cosa y su contraria pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Las teorías de la complejidad están de ese modo directamente ligadas, en las ciencias humanas, a una promoción de la psicología profunda, tendente a reexaminar los dominios hasta aquí dejados a la sombra y el olvido: el sueño, las formas de expresión no racionales, demasiado tiempo consideradas como primitivas y arcaicas. En el plan de las ciencias exactas, la integración de la complejidad es el descubrimiento de una infra-física, la de la partícula, donde las leyes de la física clásica no nos sirven, y donde el principio de incertidumbre de Heisenberg (no podemos conocer a la vez la velocidad y la masa de una partícula) nos proyecta hacia un universo de lo aleatorio, de la neguentropía (y ya no de la entropía), de la sincronicidad. Es justamente en Eranos donde fue debatido el diálogo que tuvieron Jung y el físico Pauli (autor de la noción de sincronicidad, el tiempo no causal, absoluto, y de sus implicaciones en las ciencias humanas y exactas).

¿Cuál es el imaginario emergente en este momento de la historia?

Sería afortunado si lo supiera. Podemos plantear el problema como Gilbert Durand: en cada época, se observan los mitos decadentes (los de las generaciones precedentes), los mitos dominantes (el Zeitgeist, la moda), y los mitos nacientes, que serán los mitos dominantes del mañana. Quien tiene la intuición de localizarlos, puede entrever lo que ocurrirá en el futuro. Pero no es fácil, porque acontecimientos impredecibles pueden imponerse y destruir las tendencias. A posteriori, reparamos en los periodos, las tendencias míticas. Por ejemplo, a un periodo prometeico (animado por la fe en un progreso indefinido) le ha sucedido un periodo bajo el signo de Hermes (el periodo de Mac Luhan, con su fe en el mundo de la imagen; y también el desarrollo de todos los modos de comunicación: en primer lugar los transportes, luego Internet, la tela invisible que nos relaciona); pero incluso Hermes no ha podido impedir la crisis actual; es ahí donde los teóricos del imaginario dudan: para M. Maffesoli, asistiremos al regreso de Dionysos, a la vez con las esperanzas de una comunicación festiva y con los vértigos de la violencia que nunca está lejos de Dionysos.

¿Corbin era, además de un especialista en el sufismo, sufí?

No creo que Corbin fuera sufí, en el sentido de que hubiera sido iniciado en el sufismo (aunque no sé nada de ello). Él procedía de un medio protestante que, por lo que yo sé, lo marcó profundamente. Pienso más bien que Corbin fue seducido por el sufismo en tanto que recorrido espiritual de muy alto nivel; en esa altitud, todas las sabidurías, todas las místicas convergen hacia la tolerancia, un amor hacia la humanidad que las acerca (sin superponerse: los sincretismos, históricamente, han tenido siempre fracasos). Para mí, Corbin (como Durand, como Eliade) era un hombre que buscaba la verdad, y la encontraba en el mensaje del sufismo. Él ha conducido siempre su camino conciliando su empatía personal con un rigor heredado de su formación universitaria. El corazón y la razón: es ahí donde su testamento espiritual (su obra) es fuerte.

¿Qué buscan los teóricos del imaginario, el conocimiento o la sabiduría?

Sin hacer, como dicen los franceses, una respuesta de normando (los normandos son conocidos por la ambigüedad de sus respuestas: “puede que sí, puede que no”), yo diría que ambos. En este punto, las teorías del imaginario se reconcilian con una tradición de la Antigüedad, que perdura hasta el Renacimiento, y que no distingue verdaderamente ciencia de sabiduría. La palabra latina sapientia tiene ambos sentidos. Porque el conocimiento tiende a la sabiduría: al saber. El sapiens, el sabio y el erudito a la vez (Pitágoras es un buen ejemplo), se opone, para los estoicos, al ignorante, que es ciego, que no sabe; y entre los dos, la sabiduría antigua coloca (bella noción) al proficiens, el que no está todavía en la luz, pero que se ha puesto en camino, porque sabe que hay un camino, incluso si él no conoce la solución. Es cierto que el drama de la hipertecnología que viven nuestras sociedades es quizá el de haber disociado ciencia y sabiduría, de haberlas colocado en sectores muy diferentes, sin verdadero diálogo: de ahí todos los “comités de ética” que lo hacen todo rápidamente, pero un poco tarde…

¿Tiene usted esperanza en el futuro de las ciencias humanas? ¿Y en el de la humanidad?

En primer lugar, espero haberte convencido de que el futuro de la humanidad pasa por el futuro de las ciencias humanas: es el único modo de escapar de una barbarie moderna y devastadora. Es cierto que, si examinamos el problema sobre las bases de lo previsible, las perspectivas no aseguran nada: agotamiento de los recursos naturales, crecimiento de los fanatismos, pauperización de poblaciones cada vez más numerosas, degradación del medio ambiente… Hay motivos para inquietarse. Pero la humanidad nunca ha avanzado sobre las bases de algo totalmente previsible. Es por esto que, a mi juicio, la renovación vendrá de un acontecimiento imprevisible, de una suerte de mutación en nuestra historia y nuestras mentalidades. Este “completamente Otro” es sin duda la única manera de escapar de la entropía que nos amenaza. Pero, ¿cómo se manifestará? Es imposible decirlo. Se dice que no hay que agotar los recursos de la humanidad, ni los de Gaia, nuestra tierra. No podemos sospechar lo que ocurrirá, y la aventura humana es tan prodigiosa, en un periodo tan corto la aceleración de la historia del homo sapiens es tan excepcional, que el futuro nos reserva seguro sorpresas. Estamos entre el encantamiento y la decepción. Sófocles lo decía ya en sus tragedias. Quizá está ahí el problema: nuestras tecnologías han explotado, pero nuestro sentido de la ética y de la moral se ha estancado…

Moncho Alpuente: “En Cataluña se llegará a estudiar que el Ebro es un río catalán que nace en Aragón”

15-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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Moncho Alpuente, escritor sarcástico y pertinaz. Cuando lo entrevistamos, ha llovido, escribía dos artículos semanales para “El País”, otro para la revista “Cambio 16″, colaboraciones habituales en radio y televisión, director de la revista satírico-segoviana, “El Cochinillo Feroz”; ha escrito canciones a Massiel, Javier Gurruchaga o Siniestro Total, fundador de grupos míticos como “Las Madres del Cordero” y “Tabano”, ha grabado y colaborado en un buen número de discos, ha estrenado varias obras de teatro y ha publicado más de diez libros. Acaba de dar a luz “Grandezas de España: la historia más grande jamás contada con menos escrúpulos” (Editorial Aguilar) y editado un “nuevo disco”: “Moncho Alpuente Experience” con el que regresaba a los escenarios. Ya había pasado de los cincuenta, pero estaba hecho un chaval. Moncho Alpuente, un francotirador anarquista que empuña un arma desternillante: el humor. Años después se le ha visto por el Palacio Episcopal.

Generación XXI: ¿Qué recuerdos tienes de tu paso por la universidad?

Moncho Alpuente.- La universidad me aportó académicamente muy poco, ya que estudié tres años en la Escuela de Periodismo de la Iglesia con asignaturas tan absurdas como “Doctrina Social Católica” y “Formación del Espíritu Nacional”. Lo que sí recuerdo con agrado es la efervescencia cultural que existía alrededor de los colegios mayores. Para mí la universidad eran aquellos cine-clubs casi clandestinos, los recitales en Filosofía y Letras o los conciertos en el San Juan Evangelista.

GXXI.-: Fue entonces cuando empezaste a hacer teatro alternativo …

M.A.- Sí, en 1970 fundamos los grupos “Las Madres del Cordero” y “Tábano” con los que recorrimos toda España en el circuito de teatro alternativo de los Goliardos y Els Joglars. Actuábamos en teatros, cines, iglesias, centros parroquiales,… Era un teatro de la más absoluta inmediatez porque entonces, en el teatro independiente y no comercial, te impedían hacer más de una función de cada obra. Aquello tuvo mucha repercusión social y al final acabó con gran escándalo porque se lo cargaron enviando a Guerrilleros de Cristo Rey disfrazados de extrema izquierda a tirar panfletos durante la representación firmados nada menos que por el “Frente Popular Revolucionario marxista-leninista-pensante”… Nosotros no teníamos ninguna duda de que aquellas octavillas se realizaban en la Dirección General de Seguridad: su lenguaje y su formato lo delataban.

GXXI.- Hablar de Moncho Alpuente es hablar de “periodismo de cómic”, de representaciones ácidas y satíricas de la actualidad. ¿No has sentido la tentación de realizar otro tipo de literatura?

M. A.-Bueno, en realidad he hecho otro tipo de cosas. Cuando empecé en el periodismo como ya pertenecía a un grupo de música, me especialicé en crítica musical, género que he practicado bastante, tanto en radio como en televisión. Actualmente hago mucha crítica de televisión y en “El País” estoy en la sección de Opinión y realizo una serie de artículos de investigación sobre barrios y pueblos de Madrid.

En cuanto a lo de mi visión sarcástica de la realidad, he de decirte que siempre he sido muy riguroso y sistemático con mis ajustes de cuentas morales; toda mi literatura ha sido un ajuste de cuentas y una venganza. Así, el primer libro que publiqué era un santoral demente donde yo me inventaba santos que sacralizaban acontecimientos contemporáneos. Luego escribí una biografía de Franco, y una autobiografía de Dios,… ajustes de cuentas clarísimos.

GXXI.- … Y un ajuste de cuentas es también tu último libro (“Grandezas de España”, Editorial Aguilar). Sus primeras palabras son ciertamente demoledoras: “Casi todo lo que aprendí sobre la historia de España en los libros escolares era mentira, pura fábula o deformación esperpéntica de un pasado escrito a la medida raquítica de un presente impresentable que pretendía fabricarse un pretérito perfecto.” ¿En qué momento te diste cuenta de que te estaban engañando? ¿Se continúa manipulando la historia en la actualidad?

M.A.- Ciertamente tenía que ser muy inquietante que te enseñaran a leer a los cuatro años con un libro que habla constantemente de morir y donde los temas que más se repiten son vidas de mártires o de héroes de la guerra civil. Desde que tuve uso de razón, sospeché de aquella historia sintética y atlética, cuajada de hazañas bélicas y de víctimas inocentes inmoladas por Dios y por España porque eran gestas imposibles, hazañas incomprobables y llenas de errores desproporcionados.

Ofrecer una enseñanza imparcial y objetiva, en ciertas materias, resulta imposible y los planes de estudio actuales siguen falseando muchos acontecimientos y aceptando muchos mitos y mentiras de entonces. En muchos libros de historia de las comunidades autónomas han copiado los defectos del nacional-catolicismo español. Y así, en Galicia puede tener más relevancia la revuelta de los emandiños que el descubrimiento de América y en Cataluña se llegará a estudiar que “el Ebro es un río catalán que nace en Aragón”.


GXXI.- Hablando de nacionalismos, varias amigas extranjeras que han leído tu libro “Bienvenido Mr. Farewell” (por cierto, una novela tan hilarante que parece escrita por el mismísimo Tom Sharpe) no podían creerse que fueras español… tan brutal es tu sátira de la sociedad española ¿Te sientes “muy español” o acaso eres masoquista?

M.A.- Creo que tus amigas no entendieron bien el punto de vista de esa sátira y, de todas formas, y a pesar de todas mis críticas a la sociedad española en esa novela vencen los pícaros y ya sabes que nada hay más español que la novela picaresca. Nadie como yo ha defendido con más vehemencia y pasión los derechos y la cultura de todos los nacionalismos y sin embargo mi corazón ácrata me dice que a más patrias más fronteras y que el patriotismo es el último refugio de los canallas.

GXXI.- Y en tu próximo disco ¿qué línea estilística sigues, la de tu primera época lisérgica y comprometida de “Adelante hombre del 600″ o la más frívola y rockanrollera de “Moncho Alpuente y los Kuai” donde entonabas canciones de amor a Carolina de Mónaco?

M. A.- Es cierto que mi primera época fue la más politizada pero no se nota casi nada porque entonces la política estaba prohibida. Después de “Las Madres del Cordero” formé parte de “Santurce a Bilbao Blues Band” y de “Moncho Alpuente y los Kuai” donde sin dejar de ejercer de cantautor satírico estaba acompañado por grandes músicos de jazz y rock y con una producción muy profesional.

Mi último disco surge del hecho de que Joan Font de Els Comediants ha musicado algunos poemas de mi último libro, de que he tenido varias ofertas para tocar y porque he empezado a sentir la añoranza de la adrenalina de los escenarios.

(Publicado en GeneracionXXI)

Félix Rodrigo Mora (o la Disidencia)

24-noviembre-2010 · Imprimir este artículo

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Por Frank G Rubio y Javier Esteban. Ser desobediente es una rareza en estos tiempos de sometimiento. Intelectual y luchador, el escritor Félix Rodrigo Mora es una rara avis. Experto en la edad media y en la cultura rural, acaba de sacar un libro sorprendente. La democracia y el triunfo del Estado (Editorial Manuscritos) no deja títere con cabeza.

Leyendo su obra, no tenemos la impresión de vivir en el mejor de los mundos posibles, sino en una civilización terminal de esclavos… Por lo que dice en su libro, la sumisión de la población de las grandes ciudades aparenta ser total: ha emergido una nueva especie de hombre dócil, una especie de termita humana.

La noción de “modo docilis” no la he inventado yo pero, en efecto, vivimos en una sociedad servil, poblada por desventurados sujetos cuyo rasgo definitorio es el servilismo, la desestructuración intelectiva y la mudez: tales son las consecuencias de la proscripción de la libertad de conciencia por “la sociedad de la información y el conocimiento”. Recuperar aquella, que es el fundamento mismo de la libertad política y de la libertad civil, asimismo inexistentes (salvo como parodia), resulta perentorio para rehacernos como seres humanos. Ello exige una gran revolución política y axiológica, que es lo que preconizo en La democracia y el triunfo del Estado.

Quizá llamamos democracia a la dictadura más potente que ha conocido la historia… Usted habla de 250 años de dictadura total.

No existe la democracia sin comillas donde todo el poder de decidir reside en ciertas elites, en una amalgama de jefes del ejército y de las policías, altos funcionarios de los Ministerios, jerarcas del aparato universitario, jueces y magistrados por nadie elegidos, directores de los media, intelectuales subsidiados, supuestos genios del “arte” extravagante, politicastros profesionales y grandes capitalistas. Ellos disfrutan de un poder omnímodo, como nunca ha existido en la historia, de manera que ejercen una dictadura política total, que encubren con un simulacro de participación y representación. Este sistema, que organiza la infausta Constitución Española hoy vigente de 1978, se estableció por vez primera con la Constitución Política de la Monarquía Española de 1812, y es la negación más rotunda de la libertad política.

¿Desde cuándo se hace trasparente el estado de dominio bajo el que vivimos? Usted habla de un punto de inflexión cuando se procede a la desintegración de la comunidad popular rural tradicional, aniquilada por la modernidad…

Para la gran mayoría, intelectivamente triturada por el más grande aparato de adoctrinamiento de la historia, que ha reducido a nada la libertad interior, tal estado de dominio no se ha hecho, por desgracia, transparente, y no es fácil que se haga alguna vez, salvo con una revolución política que asiente un régimen de libertad de opinión, expresión e información equitativo para todos, destruyendo los actuales monopolios educativos, mediáticos, partidistas, de la industria del ocio y otros varios. El actual sistema lo instaura la revolución liberal y constitucional, que continúa el orden despótico del Antiguo Régimen pero haciéndolo incomparablemente más potente y agresivo. En ese tiempo, en efecto, su adversario fue la sociedad rural popular tradicional, dado que a ella pertenecía el 90% de las clases populares.

En el caso español, usted achaca todos los males al liberalismo.

No, al aparato estatal: ha sido éste, en particular su cuerpo principal, el ejército al que acometió esa gran carnicería que fue la revolución liberal y constitucional, con los tristemente famosos espadones al frente, de Riego a Franco (el franquismo es el último capítulo de aquella, realizado bajo la cobertura de la ideología fascista). El Estado, ya desde el siglo XVIII, con la Ilustración, es el responsable de la sangre vertida en nuestra historia, desde hace más de 250 años, el mismo que ahora se disfraza de Estado de bienestar, mojiganga que cuenta con el aplauso entusiasta de la izquierda e izquierda radical, para las cuales ni la libertad ni la condición humana ni la civilización son nada, puesto que su meta es satisfacer los apetitos del vientre.

¿Es usted un ultramontano, un retrorromántico, un roussoniano, un anarca?

Desde los 18 años he estado en primera fila de las luchas obreras y populares, y en ello sigo. No tengo ideología concreta, y no deseo tenerla, porque las heredadas del pasado son más o menos erróneas e insuficientes. Necesitamos una nueva cosmovisión que oriente la lucha por la libertad de conciencia, política y civil. Mi mundo es el rural castellano, hecho de campos de trigo y centeno, de encinares y hayedos, de iglesias románicas y casas de piedra, de prados comunales y sistemas de ayuda mutua, de asambleas concejiles, fiestas por participación, afecto de unos a otros y miles de años de historia. Mi sistema de convicciones es sencillo, pues se fundamenta en la libertad, la verdad, la sociabilidad, el bien moral, el esfuerzo desinteresado, el colectivismo y la virtud, es decir, en todo lo que la sociedad actual denuesta y atropella. Mi libro de cabecera es Los deberes, de Cicerón, y leo con gusto a Simone Weil, en particular cuando la recuerdo incorporada a la columna Durruti.

¿Cuál sería el papel de los intelectuales (la pedantocracia, como la llama usted) en relación a este fenómeno de dominio y control sobre las poblaciones?

Tampoco he inventado el vocablo pedantocracia, que nombra el poder, tan inmenso como ilegítimo, de los sabelotodo en las sociedades de la modernidad. Ellos han hecho una contribución fundamental a la destrucción de la verdad concreta, la erradicación de la sana sabiduría popular, la conversión de las gentes en una masa informe de seres irreflexivos y sometidos, la sustitución del saber verdadero posible, experiencial y reflexivo, por un sinfín de teorías, nociones abstractas y sistemas doctrinales que han triturado la capacidad del sujeto medio para pensar por sí mismo. A través de la lucha por la verdad concreta, nos espera la tarea de ir constituyendo paso a paso un nuevo saber ateórico, que ha de provenir en primer lugar de la experiencia.

¿Qué opinión le merecen los canonizados por el género intelectual, los santones Habermas, Foucault y Derrida?

Son eso, santones, sin apenas ningún mérito en el terreno intelectual, profesores-funcionarios cuyo rasgo común es el odio a la verdad por mor de la razón de Estado. Habermas es un socialdemócrata, tan ramplón como el resto; Foucault un funcionario del aparato universitario que deseaba hacer una carrera profesional exitosa perorando sobre “las barricadas” y Derrida un pérfido que, careciendo de cultura y moralidad, se gana el pan denostando todo lo que es bueno y elevado, la amistad por ejemplo, azuzando la guerra de todos contra todos, imprescindible para el poder constituido. Sus libros son un compendio de atrocidades tediosas, que han logrado imponer porque son funcionarios del Estado, con un poder descomunal. Despojados de ese poder no son nada, meras nulidades intelectuales que en una sociedad con libertad de conciencia causarían sorpresa y risa. Pero su tiempo ya ha pasado.

Usted es un estudioso de la edad media, hablemos del concejo abierto como alternativa a la falsa democracia que padecemos.

El régimen concejil, en efecto, fue un sistema de gobierno por asambleas, aunque con un embrión de monarquía, surgido en la Alta Edad Media (no existió en al-Andalus, donde el orden político era despótico y militarizado), el cual ha perdurado hasta nuestros días. Nótese que de él jamás se trata en las escuelas, de tal manera que algo tan decisivo es desconocido por la gran mayoría. Pero sean cuales fueren las mentiras académicas, el esplendor y sublimidad del régimen de concejo abierto están ahí, y nadie lo podrá mancillar. Además de La democracia y el triunfo del Estado, mi libro Naturaleza, ruralidad y civilización (del que ahora preparo la segunda edición) se refiere a él, que es lo más magnífico y épico de nuestro pasado.

¿Qué ideas rescataría usted como inspiradoras de la tradición rural? ¿Es ella una alternativa a nuestros modos de vida o una simple alucinación?

El mundo rural popular tradicional está ya muerto, lo han aniquilado la monarquía “absoluta”, la Ilustración, el liberalismo, la I y II repúblicas, el franquismo y el vigente parlamentarismo, esto es, el ente estatal en todas sus formas. De ese modo 1.200 años de civilización han sido desbaratados para imponer el actual orden de incivilidad y barbarie. Ahora nos queda recoger sus aspectos positivos. Entre ellos destacaré: el régimen de autogobierno por asambleas; la centralidad de la propiedad comunal, colectiva o concejil; el espíritu de convivencia, reciprocidad y ayuda mutua; el respeto por el medioambiente; la austeridad, autodominio y templanza; el aprecio por el vigor físico y el trabajo manual; la vitalidad y alegría proveniente de la optimización de la convivencia; la desconfianza hacia el dinero y la riqueza material junto con el aprecio por los bienes y cualidades espirituales, el recio humanismo, que hacía de la persona lo más importante; la ausencia de sexismos; el cariño por las niñas y los niños; el amor por las y los ancianos. Fue una sociedad convivencial, en la que lo determinante era el afecto y amor de unos a otros, justo lo contrario que la actual, que busca ampliar el desamor, aborrecimiento y rencor de todos hacia todos, para que, al ser incapaces de estar juntos y convivir, el Estado maximice su poder, siempre ilegítimo, de ordenar y mandar.

Una cuestión conspiranoica: usted sostiene que hay unas fuerzas empeñadas en la trituración de los fundamentos últimos de la vida. ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Por qué?

El aparato estatal, desde su reconstitución en el siglo XIII hasta hoy, no ha hecho más que crecer, en lo cualitativo y cuantitativo. Una prueba de ello es la progresión de, por ejemplo, la policía, descomunal desde 1812 precisamente. Eso es algo que se puede exponer con simples datos y mi libro lo hace, pero quien desee estudiarlo en autores consagrados tiene una obra de expresivo título El Poder. Historia natural de su crecimiento, de Bertrand de Jouvenel. También están Platón, Maquiavelo, Hobbes o Nietzsche, sin olvidar a la izquierda estatolátrica, lanzada a constituir un mega-Estado que sea el naufragio completo de la libertad y la rectitud moral.

Contra toda esta “realidad”, ¿qué se puede hacer? ¿Hay luz al final del túnel?

Creo más en la lucha que en la victoria. Todo logro es finito y decepcionante mientras que la lucha permanece siempre. Nos constituimos a través del esfuerzo desinteresado y el servicio a causas superiores: así nos hacemos lo que somos, seres humanos. No deseo, pues, tanto hallar la luz al final del túnel como exhortar a formular un compromiso interior, de cada uno de nosotros y nosotras consigo mismo, sobre que hemos de esforzarnos y luchar por la libertad, la verdad, el bien, el autogobierno y la virtud durante toda la existencia, sin desear nada, personal o corporativo, a cambio. En definitiva, mi concepción del mundo se expresa en una frase de Simone Weil, “el sufrimiento salva la existencia”.

Sergio L. Palacios: “Cada vez se le da menor importancia al estudio de las disciplinas científicas”

Es posible que la divulgación científica debiera ser considerada como una de las más importantes labores en el mundo de la comunicación. Es ésta el medio para hacer llegar los avances de la ciencia a la sociedad que pretende ser “la del conocimiento”, y que es la de una civilización, la Occidental, que lleva impreso el sello de la razón moderna y cuyo desarrollo en la actualidad reposa sobre el pilar de uno de sus más magníficos productos: el método científico.

Si bien es cierto que en España, en el mundo de la divulgación hay mucho por hacer, también es verdad que es un mundo vivo y con futuro. A continuación nos habla en formato de entrevista. Sergio L. Palacios, divulgador y autor de uno de los blogs divulgativos españoles de más éxito.

¿Puedes presentarte al lector?

Vale, ésta es fácil. Me llamo Sergio L. Palacios y nací en Avilés (Asturias) hace cuarenta y cuatro años. Soy licenciado en Física Fundamental por la universidad de Cantabria y doctor en Física por la universidad de Oviedo, donde llevo veinte años. Mis trabajos de investigación han versado sobre la óptica no lineal en fibras. Desde hace tres años me dedico a la divulgación científica, y lo hago a través del cine de ciencia ficción. Participo en todas las actividades y conferencias que puedo con el fin de llevar la física a todo el mundo.

¿Podrías explicar cómo se hace divulgación a través de la ciencia ficción?

Te puedo explicar cómo lo hago yo, que no soy el único. Desde el año 2004 imparto una asignatura en mi universidad denominada Física en la Ciencia Ficción (mantengo también un blog con el mismo nombre). En clase vemos primero una película completa de ciencia ficción y a continuación se establece un debate en el que discutimos, especulamos y aplicamos las leyes de la física a las escenas que hemos visto. Todos participan, unos más y otros menos, cada uno con sus ideas preconcebidas (unas veces correctas y otras incorrectas, y aquí es donde intervengo yo como profesor). No hay examen, cada alumno trabaja lo que quiere, sobre lo que quiere y cuando quiere en su propio blog. Finalmente, escriben un relato de ciencia ficción original, donde plasman de forma creativa lo que han podido aprender en la asignatura. Pueden matricularse estudiantes de todas (y cuando digo todas, quiero decir todas) las carreras universitarias. La ciencia debe llegar a todo el mundo.

Bueno, divulgar a través de la ciencia ficción resulta muy fácil, por un lado y muy difícil, por otro. Fácil porque la ciencia ficción es un tema que atrae enormemente a mucha gente, especialmente a los más jóvenes. Difícil porque abarca una enorme variedad de temas científicos. Prácticamente todas las ramas científicas y, en concreto, de la física (que es a la que yo me dedico y de la que sé un poquito) aparecen en el mundo de la ciencia ficción. Por lo tanto, tienes que estar dispuesto a aprender y a saber de todo. Eso, en la actualidad, es realmente difícil. Tendemos a una especialización absoluta y saber de más de una cosa resulta prácticamente imposible. A pesar de ello, lo sigo intentando. De hecho, como fruto del blog publiqué en el año 2008 un libro titulado “La guerra de dos mundos: el cine de ciencia ficción contra las leyes de la física”.

Tu blog, además, ocupa un buen puesto en los rankings de blogs de ciencia españoles. Precisamente, blogs y webs de divulgación científica, creados muchas veces por “amateurs” están apareciendo como hongos en los últimos tiempos. ¿Qué opinión te merece este fenómeno?

A mí me encanta que suceda un fenómeno como éste. De hecho, ya dije en una respuesta anterior que la forma de calificar a mis estudiantes es a través del trabajo que realizan en su propio blog relacionado con la materia estudiada. De esta forma, no sólo aprenden ellos, sino también los que los pueden llegar a leer, con quienes se establece un vínculo de retroalimentación en que las dos partes se benefician. Efectivamente, cada vez hay más gente (tanto profesional como aficionada) que se dedica a divulgar su conocimiento y a compartirlo con los demás. Existen blogs y webs muy, muy buenos, de una enorme calidad y con mucha variedad de temas científicos. Nunca son suficientes y hay que predicar con el ejemplo, porque pienso que muchas veces la gente se anima al ver a otros hacerlo. Cada uno tiene su propio estilo y originalidad y todos son necesarios. La unión hace la fuerza.

Los televidentes pueden ver un programa divulgativo porque no hacen otra cosa mejor y tal vez es atractivo, o un chaval puede leer un libro como el tuyo porque se lo han regalado o se lo han mandado en el colegio, aunque en ninguno de los dos casos se sintieran inicialmente muy interesados por el tema. Pero sin embargo, los contenidos que consumimos en internet los buscamos activamente, y por tanto sólo leemos, generalmente, lo que ya nos interesa. Si bien la Web parece muy útil para difundir conocimiento entre aquellos que lo buscan, ¿te parece un buen medio para despertar la inquietud por la Ciencia?

Aunque la pregunta es un poco larga, yo te daré una respuesta muy corta. A mí me parece que Internet es un medio tan bueno como otro cualquiera para despertar la inquietud por la Ciencia. Que ya estés interesado inicialmente por ella y estés buscando lo que ya de por sí te interesa no significa que no pueda seguir “picándote el gusanillo”.

Se ha dicho reiteradas veces que el interés de la población española por la ciencia no es muy alto. Por otro lado, los medios tradicionales ofrecen pocos contenidos científicos, y cuando los ofrecen, no acaparan las mayores audiencias. ¿Tenemos un problema? ¿España necesita su propio Carl Sagan o David Attenborough?

Sí, por supuesto que tenemos un problema. Y es un problema de educación, de cultura científica. Históricamente, España nunca ha sido un país de cultura científica (salvo muy honrosas y célebres excepciones) y en los centros de enseñanza cada vez se le da menor importancia al estudio de las disciplinas científicas. Esto es un problema especialmente grave en los últimos años ya que se viene detectando un interés cada vez menor por parte de la gente joven en estudiar carreras de perfil marcadamente científico (física, matemáticas, química). En las universidades quedan plazas vacantes de posgrado y doctorado por falta de candidatos. Sí, quizá necesitemos una gran figura mediática como Sagan. Al fin y al cabo es lo que pasa en otras disciplinas, como puede ser el deporte, donde las grandes figuras internacionales generan un enorme número de seguidores y despiertan vocaciones entre los más jóvenes.

En ocasiones se atribuye parte de la responsabilidad de este problema a una supuesta incapacidad de la comunidad investigadora para comunicar a la sociedad los conocimientos que genera. Tú que eres investigador a la vez que divulgador de la ciencia, ¿cómo ves este asunto? ¿Es realmente determinante?

Es muy determinante. Cuando se hace llegar la ciencia a la gente, ésta la recibe de buen grado porque a la gente le gusta entender las cosas, pero también le gusta que se las expliquen bien. Y esto no es tan fácil. Hay que tener en cuenta que vivimos en un mundo en el que muchísimas de los objetos que nos rodean están enormemente basados en la ciencia y la tecnología (teléfonos móviles, hornos microondas, placas de inducción, ordenadores, reproductores de mp4, escáneres, televisores de plasma, LED, reproductores de Blu-ray, etc.). Los buenos divulgadores no tienen por qué ser grandes investigadores y viceversa. Sí que hay personas con las dos capacidades, pero no suele ser habitual. De todas formas, tal y como yo lo veo, la culpa de que los científicos no se interesen demasiado por la divulgación no es exclusivamente suya. Yo, que trabajo como profesor universitario, solamente puedo hacer méritos como investigador si consigo publicar mis resultados en revistas con buen factor de impacto. Las revistas de divulgación no están entre ellas y, por lo tanto, pierden interés para la comunidad investigadora, que prefiere dedicarse exclusivamente a cosas “productivas” y con resultados inmediatos. La divulgación no está bien considerada, al menos, no tanto como la investigación. Ojalá algún día se equiparen porque ese día, más de uno se decidirá a descender de su torre de marfil y compartir su sabiduría con el resto de los mortales.

¿Y cómo ves la actitud entre las nuevas generaciones; entre el alumnado de la universidad? ¿Parecen deseosos y dispuestos a difundir sus conocimientos? ¿Has encontrado un número razonable de potenciales futuros divulgadores?

La verdad es que no. Desgraciadamente, la gente joven sigue normalmente el camino marcado por la tendencia general. Aunque alguna excepción sí que me la he encontrado. Tengo unos poquitos ex-alumnos míos que han seguido con la labor divulgadora a través de sus propios blogs, incluso después de haber cursado mi asignatura. Me siento muy orgulloso de ellos y de haber contribuido personalmente a inculcarles el amor por la divulgación.

No parece el mejor panorama. Hablando de tu asignatura, antes la describiste con todas esas actividades, debates y ausencia de examen, lo que le da cierto perfil a Plan Bolonia, ¿Crees que el método pedagógico que incorpora éste funcionará, o puede haber una pérdida en la calidad de formación de los universitarios, como algunos temen?

Yo siempre he sido un “innovador” en la docencia que he impartido en los últimos veinte años. He intentado cosas nuevas, unas veces con más éxito y otras con menos, pero siempre me ha gustado probar técnicas diferentes. También es cierto que me han generado incomprensiones, aunque éstas nunca me han echado para atrás. Lo que ahora se pregona a bombo y platillo como Plan Bolonia y se cantan sus excelencias ya lo probé yo hace años y me costó no pocos disgustos por intentar “adelantarme” a mi tiempo (al menos así lo consideraron algunos personajes poco deseables). Sí es cierto que mi asignatura “Física en la Ciencia Ficción” la imparto con una filosofía nada tradicional ni muy ortodoxa. Busco más bien capacidades en mis estudiantes, competencias, que sepan hacer cosas más que sean capaces de memorizar leyes y ecuaciones, con largos y aburridos desarrollos matemáticos. La técnica consiste en dejar hacer a cada estudiante lo que él quiera durante el período de docencia de la asignatura. Él se distribuye su tiempo y trata los temas que más le interesan, investiga sobre ellos y publica en un blog sus conclusiones. Estas conclusiones quedan expuestas a todo el mundo en Internet, tanto a la vista de sus compañeros como yo mismo y el resto de la comunidad que allí quiera entrar. De esta manera, se establece una retroalimentación y se comparten ideas, opiniones, se fomenta un espíritu colaborativo, dialogante que es muy propio del trabajo científico. En definitiva, el estudiante se hace autónomo en su proceso de aprendizaje, se inicia en el trabajo investigador, aprende a manejar y a filtrar la información, a expresarse y a comunicar su trabajo a la sociedad.

Respecto a lo que dices del Plan Bolonia, que si su metodología funcionará o no funcionará, tengo que decirte que soy muy pesimista al respecto. Yo estoy convencido que el Plan Bolonia, tal y como se ha implantado en España, está adulterado. Se ha hecho deprisa y corriendo, cortando y pegando, intentando mantener las estructuras de poder caducas que ya estaban establecidas y, sobre todo, sin querer invertir el dinero que requiere un cambio tan profundo en la universidad española. Estoy seguro que lo único que se busca con el Plan Bolonia es que todo el mundo que entre en la universidad salga con su título de grado debajo del brazo. El número de aprobados aumentará considerablemente porque te obligan a establecer y a cumplir de antemano unos ciertos criterios de eficiencia (tasas de aprobados, dicho en plata) bajo amenaza de cerrar la puerta de la facultad. Precisamente hoy mismo hablaba con un ex-alumno mío y al preguntarle qué le parecía el Plan Bolonia, me contestó literalmente: “es un coladero”. Se ha perdido una oportunidad preciosa para haber confeccionado unos planes de estudios modernos, con calidad e innovadores. Lástima, porque dentro de unos años estaremos cambiando otra vez. Estoy seguro.

Finalmente, te diré que asignaturas de libre elección como “Física en la Ciencia Ficción”, efectivamente, desaparecen definitivamente, no tienen cabida en el Plan Bolonia. Una asignatura calificada de excelente por los estudiantes que la han cursado desaparece aniquilada por un proceso que se supone implantado para buscar la excelencia en la universidad. Mayor contradicción imposible.

Es una verdadera lástima. Confío en que seguirás divulgando a través de tu blog. ¿Publicarás algún nuevo libro? “La Guerra de dos Mundos” ya tuvo una buena acogida en su momento.

Por supuesto que seguiré divulgando en mi blog. Además, me he unido recientemente al proyecto de Amazings, que creo que puede tener mucho futuro en el terreno de la divulgación científica española. En cuanto al nuevo libro, lo tengo encima de la mesa desde hace un par de meses, ya terminado pero no me acabo de decidir a publicarlo por cuestiones de convicciones personales. Veremos si con la llegada del otoño me animo definitivamente y lo envío a la editorial, a pesar de todo. Es un libro algo más serio que el primero, con temas un poco más avanzados, como agujeros negros, agujeros de gusano, máquinas del tiempo, efectos túnel cuánticos y personas que atraviesan paredes, viajes a velocidades superiores a la de la luz, universos paralelos y muchas otras maravillas. Tampoco faltarán los superhéroes. La verdad es que “La guerra de dos mundos” tuvo una acogida estupenda cuando se publicó, hace ya dos años, pero ahora parece que la cosa se ha enfriado un poquito. Me gustaría que se hiciera realidad una segunda edición. Me daría muchos ánimos.

Mencionas a Amazings. Es un proyecto que, a pesar de su corta vida, ya tiene un gran número de seguidores. ¿Podrías comentar algo acerca de él?

Bueno, Amazings es un proyecto surgido de las mentes calenturientas de tres amigos como son Miguel Artime (el responsable de Maikelnai’s blog), Javier Peláez (ídem de La aldea irreductible) y Antonio Martínez (ídem de Fogonazos). La idea de Amazings es aglutinar y concentrar contenido de tipo científico y para ello se ha rodeado de una serie de casi 60 colaboradores (de momento) que aportan material específico de distintas disciplinas: física, matemáticas, biología, química, etc. Como bien dices, es un proyecto que aún tiene muy corta vida (aún no ha cumplido un mes) y ya cuenta con un gran número de seguidores. La verdad es que cuando estos tres señores me propusieron formar parte de Amazings no lo dudé por un solo momento y creo que va a dar mucho que hablar en los próximos años. Creo que no existe nada parecido a Amazings en toda la blogosfera de habla hispana, pues no se pude comparar con otras iniciativas como son Menéame, Bitácoras o la misma Hispaciencia ya que éstas son agregadadores de noticias, mientras que Amazings crea sus propios contenidos originales. Los que participamos en el proyecto creamos contenidos para Amazings. Tengo muy buenas sensaciones con Amazings.

Eres investigador, profesor universitario y divulgador. ¿Podrías explicar, a grandes rasgos, en qué consisten tus investigaciones?

Contarlo en pocas palabras es misión imposible. Yo creo que se puede resumir muy brevemente en que he trabajado en la búsqueda de distintas maneras en las que se puede propagar la luz de un láser dentro de una guía o una fibra óptica. Mi trabajo consistía en resolver ecuaciones de propagación similares a la ecuación de Schrödinger de la mecánica cuántica, pero algo más complicadas desde el punto de vista matemático porque se trata de ecuaciones no lineales. Las soluciones que yo buscaba en concreto eran de tipo solitón, es decir, describían pulsos de luz que se pueden propagar por la fibra sin sufrir atenuación y dispersión. Por lo tanto, la señal se puede codificar digitalmente y puede viajar a lo largo de miles de kilómetros sin distorsión. Esto es una gran ventaja a la hora de ahorrar en repetidores y amplificadores de señal digital.

Pues bien, hasta aquí la entrevista. Muchas gracias por tu tiempo.

Ha sido un placer. Muchas gracias a ti, Gerardo, por darme la oportunidad de contar algunas de mis aventuras y desventuras. Hasta siempre.

El blog de Sergio / Física en la Ciencia Ficción

Houellebecq: “Me gustan las ideas pascalianas”

Nota de la Redacción: Llegaban a España partículas (polémicas) y elementales. Houellebecq ya se había “masturbado” en el campo de batalla. Javier Esteban, director-fundador de esta revista, se encontró con él en Paris. Mordía con rabia los cigarros.

…Esa niña era una maravilla, estaba íntimamente convencido; pero no era grave… ya me había masturbado*

Recientemente ha aparecido en España la novela Las partículas elementales (editorial Anagrama) que tan fuerte polémica protagonizara en Francia, donde ha vendido 300.000 ejemplares.

En su segunda novela, el poeta Houellebecq (autor de la también novela *Ampliación del campo de batalla y de los libros de poemas Renaissance y Poursuite du bonheur) destruye el mito sesentayochista y apunta mundos posibles de la mano de la ciencia y de la revolución metafísica, más allá de Huxley.

Al fondo de un café parisino me espera amablemente. Lo encuentro un poco triste, lúcido e inocente, mientras muerde con rabia los cigarros. Tengo la sensación de que los muerde con los labios, como si careciera de dientes.

Michel, ¿Por qué “Las partículas elemetales” ha resultado tan polémica?

M. H.: Se puede decir que el libro hace una revisión, sin demasiados tapujos, de un periodo reciente, sobre una realidad que puede cambiar de estado de distintas formas, incluso llegando a disgustar a algunos a causa de una constante presión que desarrolla en la obra el género científico. Y eso, teniendo presente la idea de que las soluciones posibles a este estado de cosas humano no son necesariamente políticas… Frente al cambio de la organización social, el cambio de la naturaleza del hombre parecía un tema tabú que el libro cuestiona introduciendo una duda. Mi obra apunta soluciones que pueden modificar la naturaleza del hombre, lo que no es necesariamente terrible. Simplemente, trato una cuestión que efectivamente aún no está resuelta y que efectivamente merece una polémica.

¿Habías previsto esta reacción?

M. H.: No en un primer momento. De todas formas, para poder escribir algo más o menos largo es necesario abstraerse de todo lo que la gente piensa en torno a uno. Aunque eso nos puede llevar también a olvidar nuestra línea de pensamiento más habitual. Esa reacción sí que me llegó a sorprender porque nunca pensé que llegase a crear tanta polémica.

Aceptas la definición de provocador?

M. H.: No, no creo en absoluto ser un provocador. Un provocador es alguien que dice cosas que realmente no piensa: lo que busca es chocar, ahondar en los aspectos chocantes. Yo al contrario, trato de observar las cosas con buena fe. Un provocador repara en ideas totalmente aceptadas para luego contrariarlas. Yo, en cambio, digo lo contrario si lo que pienso es lo contrario; y digo y afirmo la misma cosa si así me parece. Así guardo una independencia entre lo uno y lo otro.

En tu novela se aprecia una concepción antropológica pesimista, un poco deudora de Machiavelli, que lleva a defender la necesidad de un poder autoritario…

M. H.: Sí, pero esa no es una concepción especialmente pesimista.

¿Crees que es realista?

M. H.: Sí, eso me parece evidente. Y si decir eso es ser provocador, entonces lo soy, pero me parece más bien caer en la evidencia.

Has defendido públicamente que el bien y el mal existen, que son referentes fundamentales para el hombre, que para algunos es “bueno por naturaleza…” ¿Crees en la moral? ¿Qué tipo de moral puede ser aceptada hoy?

M. H.: El hombre es un montón de cosas. En resumidas cuentas, es un conjunto de reglas y de deseos. Todo eso forma parte de la evolución del hombre, en fin. No hay un hombre sin reglas sociales ya que nace en medio de una sociedad. Creo que Rousseau exageraba un poco, aunque él tampoco creía en el hombre como un ser salvaje. Él más bien oponía el paisanaje a una clase noble, donde desde luego el paisano no era un salvaje, sino que era una persona formada ya por muchos siglos de Cristianismo. Rousseau encontraba demasiada sofisticación en las relaciones dentro de la nobleza.

De todas formas, esas fórmulas chocantes basadas sobre la idea de “que el hombre nace bueno” son bastante exageradas. Es bien sabido, además, que los ejemplos de hombres más próximos a la naturaleza que han sido encontrados, se hallaban bien lejos de la animalidad. Eran seres formados por varios siglos de reglas morales, de cultura.

En cuanto a la moral, bueno, la base moral imperativa reposa sobre una negociación entre dos diferencias. La negociación entre el placer y el no placer, la diferencia entre uno mismo y los demás. A grandes trazos, lo que se trata es de tomar en cuenta a los demás. Pero finalmente todo depende de si place o no.

Los actos más inmorales están vinculados a la crueldad y prescinden de la justicia, ya que es ahí donde las posiciones entre el uno y el otro no encuentran ningún tipo de apoyo.

También ha dicho que la bondad es la vara de medir al hombre, desechando dinero, fortuna, posición o inteligencia ¿Pero en qué consiste la bondad?

M. H.: Creo que la bondad es el factor fundamental.

Pareces un hombre religioso…

M. H.: No. Por lo demás, la religión europea y la de Medio Oriente se apoyan sobre la idea de un dios creador y se plantean así el origen del mundo. Yo me considero más bien un hombre de ciencia, por lo que la creación del mundo me parece fácilmente explicable sin dios. De todas formas, es algo en lo que pienso cada vez menos. En general, no creo que las ideas monoteístas que explican el origen del mundo a través de la existencia de dios sobrevivan con el tiempo cuando las ideas evolucionen algo más, pero son difícilmente sustituibles por la ciencia, difícil de entender… Lo que ocurre es que la Ciencia se hace a veces incomprensible y eso lleva a una diferencia en el entendimiento, de impacto.

¿Crees, tal y como insinúas en tus obras, que estamos viviendo el final de una Civilización?

M. H.: Sí. Estamos quizá viviendo un final en el estado actual, porque la gente no llega a encontrar mayores alicientes de vida, ni busca reproducirse y no se puede continuar sobre esa base. Nadie cree… pero tampoco es tan grave; la investigación encontrará otro tipo de organización social. Mi libro no es un libro de profecías, es más bien un libro de realidades y no es el único, hay muchos otros. Me imagino que la mayoría terminará de leer mi libro (me mira de reojo) bajo un estado de duda bastante fuerte. Con esto digo que no existe en él un mensaje tan claro como para clasificarme de mesiánico.

Tu pones en tela de juicio al individuo como valencia absoluta, como átomo social… pero, ¿Qué puede sustituir al individuo?

M. H.: El individuo forma parte de una elección, de una abstracción. Hoy en día los individuos nacen en familias, realizando un cuadro social en el que ellos pueden elegir privilegiadamente el aspecto individual de sus existencias. Eso es una abstracción, aunque nadie puede considerarse un individuo como tal. Eso no es más que una visión de las cosas, una abstracción, una limitación. Podríamos decir que está muy relacionado con la existencia del cuerpo, el cual también tiene algo de estrictamente individual.

En tu obra consideras que las religiones tradicionales no sobrevivirán a los cambios de la sociedad, al tiempo que tampoco crees en la supervivencia de la filosofía posmoderna. Criticando el pasado estás considerado, sin embargo, como un nuevo reaccionario…

M. H.: Todo lo que nos llega como aparentemente nuevo no es tan nuevo. Siempre se han dado las regresiones. Y los cambios no significan exactamente progreso. Creer lo contrario no es más que una desviación relacionada al progreso. Y por supuesto, todo lo que va en contra de esta idea se le llama reaccionario, cuando uno también tiene el derecho a no estar de acuerdo con lo recién acaecido.
Antes (del 68) sí existió, sí se creía en un verdadero progreso y el hombre era más optimista. Hoy en día ese optimismo se ha perdido.

Para Ud. el deseo del hombre nunca calma la sed, no tiene límite, y por ello se ha mostrado muy crítico con el hedonismo. ¿Acaso podemos ser felices en esta sociedad?

M. H.: Todas las personas somos algo hedonistas. Lo grave es cuando existe la voluntad de tener una fuerte estima sobre sí mismo, tener un narcisismo demasiado alto. En nuestra sociedad la presencia del envejecimiento junto con la muerte es un hecho y es aquí donde actúa el hedonismo. Por otra parte, es verdad que en mi obra tengo personajes más bien infelices, pero es porque representan el cuadro social más típico. Es lo que más golpea al sentido común, ya que globalmente tenemos la impresión de que el estado del mundo nos conduce más bien a la desgracia.

Tienes un concepto no estilístico de la novela, un poco como ensayo donde cabe todo: ciencia, ideología, poesía, panfletismo… al tiempo, no te casas con ningún grupo o generación literaria…

M. H.: Bueno, lo mío constituye parte de un grupo literario, pero muy vagamente. Somos gente que está tan persuadida de que el mundo es nuevo y de que hay un gran retraso en la literatura con respecto al mundo, que las cuestiones de estilo se ven un tanto anexas. Hay muchas cosas nuevas que contar. Bueno, no es verdaderamente un grupo literario, pero yo me siento más próximo a quienes describen realidades sociales nuevas que a las personas que están demasiado centradas en el desarrollo de una escritura.

¿Cuáles son tus autores favoritos? ¿Quién te inspira?

M. H.: Me gustan las ideas pascalianas. Pero en realidad no me he inspirado en ningún libro para escribir esta obra. Hay tantos buenos autores…

Tu libro critica el mundo nacido del 68, también el psicoanálisis, las libertades…

M. H.: Sobre el mito del 68 y la libertad individual… bueno, mi crítica no es un ataque al mito. Es un balance. Creo que habrá sesentayochistas a los que les gustará el libro porque se reconocerán en algunos pasajes del mismo (sonríe). He oído que le ha gustado a Kol-Benditt. El psicoanálisis es una teoría que ya no tiene muchos adeptos. Es una fuente de ridículos que nos puede llevar a crear narraciones bastante locas. A gente ya no cree tanto en ello. Es algo en vía de extinción. De todas formas, existen otras capas del cerebro humano en las que son aplicadas otro tipo de teorías.

¿Qué papel van a jugar en la transformación de la sociedad los nuevos descubrimientos científico-técnicos?

M. H.: La Nueva Física tiene muchas aplicaciones técnicas y el que sea asimilada en general por la gente costará mucho tiempo. Pero esta teoría va a ayudar a cambiar cosas en el mundo. Aunque no es fácil decir cuándo ni cómo. Por ejemplo, respecto a Galileo y Newton, su idea de ciencia golpeó durante mucho tiempo con lo que la gente pensaba científicamente. Hace falta tiempo para que algo sea universalmente comprendido. En la ciencia tecnológica la utilización de Internet ha sido más un progreso, la información genética también observa muchas ventajas para la ciencia.

¿Qué opinas de la clonación?

M. H.: Ah, es una buena idea. No le encuentro objeción. No veo que haya que horrorizarse por ello. Es más bien maravilloso, es otra manera de fabricar un ser humano. Luego, la personalidad se construye en torno a una historia individual. Así que si los dos seres son idénticos en un principio, luego habrá diversificación de caracteres. Habrá una individualidad creada por las experiencias y los pensamientos personales.

Ud. ha sido comunista, luego se ha definido como social-demócrata pero ha hablado bien de Stalin ¿Tiene Ud. ideología o partido?

M. H.: No, no he sido militante ni estoy afiliado a ningún partido. Fue más bien mi cultura de base, mi ambiente familiar. Por otra parte, Stalin tuvo cosas buenas…

¿Michel Houellebecq está loco?

M. H.: No particularmente…

Miguel Brieva: “Otro mundo es posible y urgentemente necesario”

Miguel Brieva (1974) es uno de los perfiles más creativos de la nueva generación de dibujantes. Sus ilustraciones contienen una crítica radical del sistema de valores imperante y sus paradojas. Miguel cultiva una suerte de humor antagonista que produce un extraño vacío: ¿carcajada en busca de un nuevo mundo? Brieva es autor de la revista Dinero y Propuestas para no hacer. Co-editor y co-autor de La Vida La Muerte, El Niño Carajaula y Om2: Informe sobre el estado actual del objeto maravilloso. Colaborador en El Jueves, La Vanguardia, El País, Rolling Stone, Ajoblanco, Mondo Bruto, NSLM, Recto, Tos y Generación XXI.

¿Cuáles son las mayores influencias en tu manera de ver la realidad?

Principalmente las de cualquier persona: la familia, los amigos, las lecturas, las experiencias vividas, etc. A este respecto debo agradecer doblemente a mis padres por ser un verdadero ejemplo para mí y por llevarme a un colegio en el que se primaba la incitación a la curiosidad y a la libre expresión por encima de los encorsetamientos más convencionales de la pedagogía en general. Cada vez tiendo a creer más firmemente que en la formación de la persona, de su universo moral, intelectual y afectivo, el elemento fundamental es un mimetismo casi literal de lo que observamos en nuestros mayores. De esta manera, si, por ejemplo, un niño crece en un entorno en el que no se recurre al empleo de la mentira, ésta se hace igualmente infrecuente e inaceptable en su desarrollo como adulto, mientras que en un ambiente inverso, en el que ciertas represiones hacen de la mentira una estrategia común y necesaria, el uso de ésta queda ya “autorizado” para el resto de la vida. De ahí se desprende la aseveración, por otra parte de Perogrullo, de que la educación es nuestra única esperanza factible para enderezar el estúpido y errático deambular de nuestra especie sobre la faz de la tierra.

Algunas Escuelas Filosóficas te han marcado considerablemente: Deleuze, Derrida, Foucault…

Tampoco es muy cierto esto. Si bien he sido influido, de manera inevitable, por el relativismo teórico de la filosofía posmoderna, esto ha sido más involuntario que buscado, ya que a estas alturas es algo que impregna innumerables parcelas de la vida, desde los medios de comunicación, la publicidad, la política o eso que se llama arte. Yo más bien diría lo contrario: que aquellas maneras de explicar la realidad que de siempre me han despertado la curiosidad y la empatía más inmediata han sido justamente las que rebaten ese relativismo corrosivo, las que contemplan la necesaria consideración de la verdad, las que apelan a un nuevo esfuerzo de la razón por reformularse y reclaman, una vez más, la urgencia de la utopía. En este sentido, dos autores para mí enormemente reveladores, y además de aquí mismo, son Agustín García Calvo y Rafael Sánchez Ferlosio. Ambos construyen un discurso, cada uno a su manera, enormemente lúcido y crítico, librepensador, sin rehuir de ninguna manera las contradicciones propias del pensamiento moderno, pero sin renegar tampoco de los logros sustanciales desvelados por el empleo de la razón, y sin permitir, como a menudo han hecho otros intelectuales mucho más celebrados, el desvanecimiento autocomplaciente de su compromiso político y moral.

¿Qué dibujantes te han influido?
Robert Crumb, Daniel Clowes, Beto Hernández, Glen Baxter, Gary Larson, Therry Gillian y El Roto.

En tu obra representas nuestra sociedad como en una suerte de antipublicidad, frente al modelo de vida occidental, que nos han impuesto los imagólogos, a imagen y semejanza de los anuncios…

Es una prolongación hiperbólica y desalmada de la publicidad que ya nos circunda. Mediante la exageración de la ironía parece que quedan más fácilmente expuestas las barbaridades y contradicciones sobre las que se erige nuestro modelo de vida y la condición humana en si misma. No obstante, cada día que pasa la absurda realidad va comiendo terreno y el marco para la sátira se queda más y más reducido. Tal vez dentro de diez o veinte años las viñetas de la revista Dinero no sean más que hiperrealismo. Pensemos si no en ese Gran Hermano que ha comenzado en Alemania, en el que ya no hay límite de duración, es decir, que es algo así como una cárcel monitorizada, o en las declaraciones de Bush acerca de la necesaria tala de los bosques estadounidenses como medida idónea para prevenir incendios. Francamente, esto es intrusismo profesional; en un mundo así, ¿qué espacio queda para los humoristas?

En algunos de tus dibujos se observa un cierto escándalo que se muta en un guiño cómico ante la realidad. ¿Te consideras un moralista? ¿No hay algo reaccionario en la crítica al avance de “el mejor de los mundos posibles”?

Es curioso cómo el término moralista se asocia desde siempre a alguien que pretende imponer su visión particular, prejuiciosa e intolerante del mundo. De esto es culpable, en grandísima medida, la degeneración moral y violenta prepotencia de los que desde siempre han ostentado los Valores Morales, es decir, la Iglesia Católica en nuestro caso, o cualquier otra forma de dogmatismo religioso en otras culturas. Esto nos permite entender reacciones tan virulentas contra esa supuesta moralidad como la de la obra de Nietzsche, y todo el legado individualista y relativista que ésta ha dejado a lo largo del siglo XX. Sin embargo, siendo siempre muy conscientes de la debilidad y arbitrariedad intrínseca de nuestra propia constitución moral, no podemos olvidarnos sin más de nociones tan fundamentales como el Bien o la Verdad. Sin la consideración, aunque sea permanentemente cuestionada, de estas dos instancias o absolutos, jamás podremos aspirar a la justicia, la belleza o la igualdad. Y en esas estamos.

Por otra parte, eso de que el nuestro es el mejor mundo de los posibles es una falacia burda aunque eficazmente implantada por la ideología neoliberal que oculta, bajo la apariencia de una cierta madurez histórica y humana, los anhelos y deseos más estúpidos, por no decir perversos, que albergamos dentro. Creo que es responsabilidad de cualquier persona sensata que aspire a la libertad el comenzar a desmantelar, pieza a pieza, el complicado mecano que argumenta este disparate.

¿Cómo te sientes después de publicar en los grandes medios nacionales, partiendo de la autoedición de Dinero? ¿Te corromperá el Sistema?

El corromperse es una opción siempre posible. Es algo que hemos podido observar profusamente en la generación pretendidamente progresista que tomó el poder tras la Transición. El Sistema Capitalista, por otra parte, ha demostrado ser extraordinariamente adaptativo y absorbente, y requiere por tanto un esfuerzo y un permanente autocuestionamiento el adentrarse en sus cauces sin perder el Norte. ¿De qué otra manera se pueden difundir ampliamente ideas diferentes a las imperantes sin verse contaminado por el mercado? Debemos de buscarlas. Yo siempre me he inclinado, en mi caso, por la autoedición y la distribución alternativa de ese material, y creo que ese es un camino de los posibles. Pero creo igualmente necesario aprovechar los espacios de más difusión, aunque ello confiera una cierta dosis de contradicción a nuestro mensaje, en tanto que no se pierda la integridad política o estética de lo que hagamos. Otras iniciativas, como la del recién nacido periódico quincenal DIAGONAL, son fundamentales para tratar de eludir esas permanentes incoherencias entre medio y mensaje.

Vives en comuna, procuras no consumir, careces de móvil, de automóvil y viajas en segunda…

Una vez entendido el modo intrincado y algo perverso de cómo funciona nuestro mundo globalizado, en el que nuestros más nimios actos de consumo tienen una repercusión casi inimaginable en las condiciones de vida de miles de millones de personas, creo que es fundamental, si queremos exigirnos un comportamiento coherente y humano para con los demás, el comenzar a renunciar. Es preciso, en tanto tratamos de reconstruir otras propuestas políticas, actuar en el plano más primario aunque por el momento más influyente: el consumo. Es una exigencia moral: debemos comenzar a renunciar a unos modos de vida que no pueden ser universales, en primer lugar porque sólo se sustentan en la desigualdad entre consumidores y productores, y en segundo lugar porque son ecológicamente insostenibles. La gente sale a la calle en contra de la guerra de Irak, pero no está dispuesta, por ejemplo, a renunciar al coche, al uso permanente de hidrocarburos. Y ahí estamos todos, sintiéndonos excelentes personas mientras tecleamos alegremente en nuestros móviles fabricados por millones de chinos en estado de semiesclavitud.

Es algo inevitable: tarde o temprano habrá que renunciar, porque, al margen de su cuestionable utilidad, estos juguetitos con los que se alimenta incesantemente el consumo tienen un precio ecológico y humano excesivamente elevado. Otra cosa sería que verdaderamente deseemos la autodestrucción, que es algo que a estas alturas ya no se puede descartar del todo. Como decía una tía abuela mía: “Si hemos de ir al infierno, ¡vayamos en coche!”.

La política es una de tus fuentes de inspiración ¿Cómo ves la militancia? ¿Qué te parece el derrotero sangriento de las utopías rojas y negras del siglo XX?

Si algo ha quedado esclarecido tras las experiencias políticas del siglo XX es que lo fundamental no reside tanto en el credo ideológico que estructure una sociedad, sino en la integridad moral de cada uno de sus individuos, en la plena madurez de su conciencia individual, en el pensamiento libre y crítico de cada uno de los integrantes del colectivo. Planteamientos a priori contrapuestos como son el fascismo y el comunismo han desembocado en formas de dominio y represión no tan dispares entre sí. No obstante, no debemos ignorar que, aunque su desenlace ha sido en numerosos aspectos similar, existen diferencias teóricas de raíz entre ambos pensamientos. Mientras que el comunismo o el socialismo parten de una noción de igualdad entre todos los individuos, que creo que casi todos compartimos; el fascismo en cambio asume una visión jerárquica de la sociedad, estatificada en elites dirigentes, trabajadores cualificados y masa obrera, que por otra parte no hace otra cosa sino justificar ideológicamente y dar nombre a lo que ya lleva existiendo casi desde el principio de los tiempos. En la actualidad, nuestro mundo continúa rigiéndose con arreglo a esta premisa, que no es más, en definitiva, que una reformulación teórica y complejizada de “la ley del más fuerte”. O lo que es lo mismo, que estamos infinitamente más cerca del fascismo que de ese ideal universal de igualdad que ha defendido siempre la izquierda. Resumiendo; debemos de seguir luchando en contra de este nuevo fascismo de mercado con democracia de pantomima y, aprendiendo de los errores cometidos por los que tan erradamente pretendieron cambiar la historia, buscar nuevas vías para hacer esto bien. Me niego a vivir en un mundo en el que no quede otra cosa más que asumir la maldad y la estupidez como nuestros inevitables compañeros de camino. Eso me parece desgarrador, patético y hasta feo.

La vieja izquierda prejuzgo la espiritualidad como una lacra y una farsa social… Muchos de tus dibujos son sarcasmos frente a la Nueva Era y, sin embargo, en otros apelas a algo que sea más que el consumismo masivo, farsa democrática y estupidez colectiva. ¿Crees que se han producido cambios al respecto de la conciencia espiritual?

Espero que así sea. Yo he crecido en una familia de científicos y ello me ha dado un gran apego a la razón, la cual creo que, junto con el arte, es la herramienta más preciada que ha aportado al mundo la cultura occidental. No obstante, creo que es fundamental diferenciar entre la razón, la que hacía a Sócrates dudar permanentemente, hasta de sí mismo, y la que vulgarmente ha venido a usurpar ese nombre, que no es otro que la razón instrumental, la que se emplea, por ejemplo, para calcular la trayectoria de un misil. Hay una razón abstracta que cuestiona, y luego está esta otra razón, más técnica, podríamos decir, que es la que se emplea para resolver cuestiones concretas y que es la que la gente asocia con La Razón. Esta confusión de base a menudo produce un rechazo incluso en nuestra propia cultura, y lleva a muchos a refugiarse, a menudo de manera bastante incoherente y superficial, en esoterismos puramente formales y demás trivializaciones de la espiritualidad de otras culturas. Yo más bien creo que, respetando y aprendiendo de la verdadera esencia de esas otras cosmovisiones, lo que los occidentales debemos hacer es precisamente redescubrir la verdadera dimensión de la razón, que, aunque parezca algo casi sacrílego e irracional, abarca en sí misma una connotación espiritual.

¿Consideras que habitamos una decadencia, qué nos encontramos al final de un modo de vida? ¿Cómo crees que puede acabar este mundo? ¿Otro mundo es posible?

Ciertamente hay motivos para pensar que, si bien el mundo no va a desaparecer, las condiciones de vida en él van a verse visiblemente trastocadas hacia peor, tal vez con unas dimensiones catastróficas y hasta apocalípticas. La ambición ciega de las elites dominantes, tolerada por la mansedumbre bobalicona y consumista de los ciudadanos del primer mundo, y regida en última instancia por la inercia abstracta y gélida del capital, parecen conducirnos irrevocablemente al peor de los escenarios imaginables. Por supuesto, otro mundo es posible y urgentemente necesario. Es de vital importancia, de hecho, el construir estos mundos alternativos, aunque sea tan sólo sobre el papel o sobre una pantalla de cine. El arte tiene un papel esencial en este enriquecimiento del imaginario colectivo. Como decíamos al principio, las personas tendemos inevitablemente a actuar conforme al juego que vemos en los demás. Es preciso, pues, crear nuevas reglas del juego, y el arte es quizá el mecanismo más elocuente que tenemos para ello.

Con todo, el pesimismo me lleva a pensar que únicamente se dará una reacción política real a todo este desenfreno hiperproductivo cuando el cambio climático sea ya una realidad demoledora y anualmente perezcan millones de personas en desastres naturales, incluso en los países ricos.

Los adelantos científicos aparecen relativizados en tu obra. ¿Eres tecnófobo? ¿Cuál es tu sentimiento hacia la ecología?

Los adelantos científicos son estupendos, siempre que sean motivados por las verdaderas necesidades de los seres humanos, estén al alcance de todos y no interfieran en el equilibrio de nuestro ecosistema. Como dice García Calvo, hay inventos primordiales, como el tren o el teléfono, que facilitan enormemente la vida sin causar grandes estragos medioambientales, y luego están los inventos secundarios, derivados de estos primeros, como pueden ser el coche y el teléfono móvil, cuya expansión no ha sido tanto motivada para cubrir necesidades humanas hasta ese momento insatisfechas como para, simple y llanamente, generar nuevos mercados y aumentar la producción. Y sin embargo, gracias al extraordinario calzador de la publicidad, han colado entre una población cada vez más desprovista de los valores más elementales.

Si las cosas se pensasen, se pudieran planificar al margen de la estulta dictadura del mercado, todos los humanos podríamos mantener un nivel de vida más que digno, incluso con avances científicos, sin necesidad de destruir nuestro alrededor ni de esclavizar a la mitad de nuestros congéneres.

Imaginen si todo el potencial científico y humano que se ha empleado en estos últimos años en insertar un televisor con vídeo-conferencia en el móvil se hubiese encaminado, en su lugar, hacia la mejora de las fuentes energéticas o la curación de numerosas enfermedades. Su influencia hubiera sido fabulosa. Pero no; estamos estúpidamente maniatados por esta aséptica monstruosidad que hemos creado, que nos regala con más y más baratijas al tiempo que nos allana el camino hacia la autoaniquilación.

La democracia parece haberse convertido en la gran excusa para un nuevo Orden Mundial que expande el mercado a golpe de lo que haga falta, al tiempo que el sistema garantiza unas libertades sin las cuales no sería posible la crítica… ¿Qué salvarías de este Sistema?

No lo sé, francamente… ¿El tupé de Acebes? Salvaría el sentido común de mucha gente que, aun a pesar de tanto adoctrinamiento tontorrón y mezquino, todavía se mantiene firme señalando, como una obstinada brújula, hacia aquello que podríamos y deberíamos ser.

También ridiculizas el individualismo de hacer cada uno lo que le da la gana, que tiene sus orígenes en la contracultura, pero que ha sido integrado por el consumo…

Cuando todo el mundo, creyéndose que hace lo que le da la gana, hace exactamente lo mismo que todos lo demás, tenemos indicios para sospechar que, o bien hemos llegado a una sociedad perfecta y sorprendentemente bien sincronizada, o bien se ha inducido muy hábilmente a la gente a pensar que es libre mientras que obedece de manera estricta. Esta reflexión podemos ilustrarla con tan sólo asomarnos a una autopista a una hora punta y comprobar cómo miles de personas, pertrechadas en el interior de sus cubículos móviles idénticos, haciendo todos lo mismo en sus micro cárceles, viendo morir ahí dentro las horas de sus breve existencia, y que aún logran creerse la ilusión de que son libres y deciden por sí mismos. La maquinaria de la propaganda ha descubierto la fuerza de apelar una y otra vez a la región más hueca y disminuida de la persona: su individualismo.

¿Eres antiprohibicionista o crees que las drogas sirven para “controlar a la juventud”?

Las drogas, como todo en la vida, únicamente han de saber usarse; conocer sus bondades y sus perjuicios, y emplearlas cada uno como crea conveniente, sin frivolidades ni tabúes. Hablar de las drogas así, en genérico, nos lleva a un reduccionismo que limita enormemente todo discurso al respecto. En todo caso, sí diría que toda experiencia que nos extrañe de nosotros mismos y nos presente nuevos estados de conciencia es siempre enriquecedora y hasta muy recomendable.

A veces has comentado tu decisión de hacer cine o documentales. ¿El lenguaje del cómic es ya antiguo?

Resulta curioso cómo, precisamente por su estado moribundo frente al auge de lo audiovisual, el cómic es un campo al resguardo de las presiones del mercado, un remanso de libertad creativa, un género en decadencia que, dejado de lado por el espectador, florece sin cortapisas. Parecen encontrarse allí con más facilidad obras excepcionales que en el elevado campo de las artes plásticas, prácticamente muerto a estas alturas, o en el del cine y la televisión. Su marginalidad es su fuerza.
Lo audiovisual, no obstante, presenta tal potencial estético y comunicador, y está además tan interiorizado por todos nosotros, que resultaría triste renunciar a ello. Creo que lo más recomendable siempre al adentrarse en un campo creativo desconocido es dejarse llevar por la intuición y el sentido lúdico, y dejar las pretensiones para más tarde. Yo de momento no he pasado de ahí.


¿Cómo alteras tu conciencia?

Escuchando la guitarra de Django Reinhardt mientras sostengo en equilibrio sobre la nariz una réplica a escala 1:1 de La galaxia de Andrómeda. Lo suelo hacer los jueves, de 18:20 a 19:05, y algunos días festivos

Laila Escartín: ¡¡Mirarse es lo más importante!!

Podría fotografiarse bella, porque lo es. Sin embargo, prefiere autoretratarse cuando la emoción deforma sus facciones. Sus desnudos son más que eso: radiografías. No cabe el posado ni, mucho menos, el retoque fotográfico. La cámara se convierte en un espejo implacable, un bisturí.

Bordea los cuarenta. Su figura espléndida y espigada y su cabello rojizo delatan su ascendencia finlandesa. A punto de terminar su segunda novela, me enseña este libro de fotografías, diario íntimo en forma de álbum, editado por Islamorada en 2006. Las veo una a una con atención y aunque el referente es precipitado, quizás imprudente, recuerdo las imágenes de la autopsia de Marilyn Monroe: ¡Vaya, vaya; otra mujer sin piel!

Laila se fotografía a sí misma y a los suyos (su hija y su pareja) porque, según sus propias palabras, esa es la realidad que mejor conoce. Cuando ponemos en común referentes literarios (Virginia Woolf, Marguerite Duras…) los relaciono con el vértice de su obra gráfica y lo que conozco de su narrativa: la sexualidad femenina como cisma; el impudor como bandera vindicativa. Así, algunos de los temas de su fotografía son la autolesión, la maternidad afligida, el acto sexual, la depresión, el menstruo, etcétera…

Técnicamente, tal como ella reconoce, no hay una previsión del encuadre, una planificación exhaustiva de los valores morfológicos de la imagen, su composición. Más bien, una espontaneidad sorpresiva. Lo que cuenta es la elección del momento. Es en este punto, donde el arte fotográfico, tan controvertido en sus orígenes, encuentra su especificidad frente a la pintura, como confrontación pura, casi accidental de luces y formas, como sensación inmediata. Estos encuadres azarosos, que a veces cortan violentamente la figura humana, estos barridos fotográficos (en tanto perpetuación del movimiento) son los que trató de imitar el Impresionismo y, más tarde, la vanguardia.

Laila está a medio camino entre la sobriedad casi mística de Edward Weston y la dureza de Helmut Newton. Ayuda a definir su obra el adjetivo siniestro, en tanto “filosofía del límite”. “Lo siniestro –afirma Eugenio Trías apoyándose en diversas citas de autoridad- es condición y límite de lo bello”.

Algunos pueden encontrar obscena esa boca desahogada que muestra el semen del amante al objetivo; otros, considerar “peligrosa” esa otra foto de un cuerpo púber recién sale de la ducha, pero como decía Henry Miller, otro de los autores de cabecera de Laila: “Sin sexo, sin vitalidad, no hay acción”. Para defenderse de aquellos que le acusaban de pornógrafo, Miller citaba al doctor Ernst Jones: “Se trata de hombres que tienen temor de la propia debilidad”.

Laila no tiene temor de la debilidad, más bien la convierte en objeto de arte. Es la protagonista de sus fotografías; la que subyace a esa mujer “despellejada”, que entiende el desnudo de manera radical. Su fotografía no es una forma de no intervención, una forma de impotencia (Susan Sontag, Sobre la fotografía), sino un participar de la mortalidad y de la vulnerabilidad.

El arte… será autobiográfico o no será. A tus amigos, tus ex, tu pareja o tu hija ¿No les importa convertirse en tus personajes o (en el caso de la fotografía) modelos?

A algunos sí les importa y les molesta; a mi hija no le importa ni le molesta que le haga fotos, aunque es cierto que he decidido por el momento no hacer públicas más fotos suyas hasta que se haya hecho mayor; mi pareja colabora encantado en mis proyectos, es mi mecenas número uno, mi más leal amigo y mi apoyo más sólido, admira mi trabajo (igual que yo admiro el suyo: sus pinturas, su revista, su bistrot, su voz…) y nunca jamás me pone límites ni obstáculos, le provoca placer verme volar en las alturas, o sumergirme en las profundidades tenebrosas; a mi madre tampoco le importa, ella es psiquiatra, lo entiende. Aunque sea para desagrado de aquéllos a los que fastidia u ofende encontrarse en las páginas de mis libros, no me queda otro remedio que confesar que los sacrifico en el altar de mi creación, porque nací con la maldición –o la bendición, depende de la mente que juzgue – de considerar más importante que nada la creación artística; excepto mi hija, mi hija está por encima de todo; y si me pongo bestia, podría decir que mi vida entera no es más que una cantera para sacar de ella mis libros y mis fotos, y lo que esté por venir. El arte subyuga a la vida. Y el artista es egoísta; aunque yo también soy madre, es muy complicado servir a dos señores.

Eres mujer, escritora y fotógrafa. ¿Qué opinas de la “igualdad” (hasta tenemos un Ministerio)? ¿Es posible, deseable o una Distopía? ¿Puede existir la igualdad en el arte?

¡Hah, hah! Nunca había oído nada tan chistoso como tener un Ministerio de Igualdad en un país de verdad, el próximo que cree Zapatero será el Ministerio del Amor, y desde allí dictarán cómo hay que amar, y por supuesto el Ministerio de la Verdad, para que todos sepamos qué es verdad y qué es mentira… me recuerda a 1984 de George Orwell… pero me voy por las ramas. ¿Qué demonios es la igualdad? Yo soy una mujer, yo no soy igual que un hombre, ni quiero serlo; ¿igual a un hombre…? No soy neuróloga, pero estoy convencida de que a nivel químico y eléctrico el cerebro de un hombre no funciona como el de una mujer; y psíquica y emocionalmente es obvio que funcionamos distintamente. El patriarca teme a la mujer, porque la mujer gesta, pare y amamanta; esta función biológica y evolutiva nos aporta un poder psíquico muy grande. Yo no quiero que exista una igualdad en la que se espere lo mismo de la mujer que del hombre, ni viceversa, en todos los aspectos, o en la que a las mujeres nos fuercen a ser pseudohombres, o en la que a los hombres los fuercen a ser pseudomujeres; yo quiero que el patriarca respete y admire a la mujer por ser diferente, por ser como es, y le dé espacio para existir y evolucionar. Desde que se implantó el sistema patriarcal en Occidente (¡malditos dorios y judíos!), no se respeta a la mujer ni nada de lo que hace; somos esclavas, todavía hoy, pero es todo muy sutil, el patriarca del s.XXI es muy astuto.

En cuanto al arte hecho por hombres o mujeres… es muy complicado, me parece lógico que haya diferencias debidas al sexo del artista; un hombre no menstrua y la mujer no se afeita la cara, cada cual vive las experiencias vitales a su manera. Pero, claro, es muy difícil señalar con exactitud qué característica específica en una obra de arte se debe a la condición de hombre o mujer de un artista. Las fronteras son difusas. Pero yo constato –y a riesgo de ganarme la ira de muchos (que ya me han gritado por esto) – que mi trabajo es muy femenino. La igualdad se debe limitar a respetar por igual al hombre artista y a la mujer artista, y permitirlos ser diferentes. Live and let live.

Los críticos y el público en general recelan del arte contemporáneo. Desconfían del azar, que es algo que está muy presente en tu fotografía…

¿Los críticos también? La verdad es que yo considero muy importante un largo proceso de aprendizaje para que el creador llegue a ser realmente bueno; la práctica hace al maestro, me gusta esa máxima. Para mí es imprescindible que el arte se fundamente en la habilidad y en el conocimiento profundo de la disciplina que se utilice. Mis imágenes son muy espontáneas y no existe trabajo de preproducción ni postproducción, pero desde los quince hasta los veinte años estuve haciendo fotos como una posesa, en blanco y negro, y positivando yo, apuntando datos de luz, de apertura del objetivo, de velocidad, etc. etc. Por lo cual detrás de estas fotos espontáneas y crudas, se esconde un proceso bastante sólido. La práctica y el aprendizaje son el esqueleto de mis fotos, y el azar es la carne, la sangre, la piel, el pelo, el olor y el sabor de las mismas.

¿Alguna vez has pensado en poner tus imágenes en movimiento? ¿Cabe la posibilidad de que Laila Escartin se lance al cine?

De adolescente, además de querer ser escritora, quería ser actriz, y de hecho lo fui, hice televisión y teatro profesionalmente en Finlandia. Luego, con 18, me aburrí y decidí hacerme directora, mi plan era ir a Los Angeles a estudiar con mi hermano, pero acabé en Nueva York donde trabajé en cine. Durante muchos años acaricié este sueño, pero la última vez que trabajé en un cortometraje, hace unos cuatro años, comprendí que no tengo la personalidad adecuada; hay que aguantar mucho estrés y trabajar con demasiada gente; yo no soporto bien el estrés y no me gusta trabajar en equipo.

Muchos de tus autorretratos captan momentos de dolor o de clímax ¿La felicidad es menos sugestiva?

Cuando soy feliz, no tengo tiempo ni ganas de crear, sólo quiero existir… exagero un poco; escribir novelas es una cosa mucho más estructurada y racional, mucho menos “inspirada y satánica –entiéndase en el sentido del ‘daimon’ –” y es bueno trabajar en ellas cuando me siento bien y equilibrada. Pero es cierto que cuando sufro, hacer fotos o escribir poemas me salva la vida.

Respecto a las escenas de dormitorio… No me imagino cómo interrumpes esos momentos álgidos para preparar la cámara.

¡Ah, es muy simple! Soy mujer, tengo la capacidad de hacer muchas cosas simultáneamente, multitask person, como dicen los amigos americanos. Realmente, no tengo que preparar la cámara, normalmente uso una Olympus my automática para esas fotos: la tengo siempre a mano, le doy al botón de autodisparador, y tiro la cámara donde sea, sobre la almohada, donde llegue mi brazo, y sigo con lo mío.

¿De verdad crees, como dice Alberto García-Alix, que “mirarse es terapéutico”? ¿No duele a veces?

¡¡Mirarse es lo más importante!! Si no te miras, no te conoces; si no te conoces, no podrás conocer el mundo. El dolor no importa, es bueno, no hay crecimiento sin crisis, y la crisis siempre duele. Crecer duele. Conocer duele.


Las fotos follando, los capítulos eróticos de tus novelas… ¿Y si, como a Henry Miller, te acusaran de obscena o pornógrafa?

Hmm… pues no sé, diría que no me considero pornógrafa. Aunque en el diccionario de la RAE definen pornografía así: 1. Tratado acerca de la prostitución. (Si hacemos caso a esta acepción, vemos que no soy pornógrafa); 2. Carácter obsceno de obras literarias o artísticas; 3. Obra literaria o artística de este carácter. (Según éstas dos, sí soy pornógrafa). Bien, lo soy entonces, según el concepto convencional del vocablo, pero matizaría que soy P.P., Pornógrafa Poética, ¡ha, ha! Yo no fotografío ni escribo sobre el sexo con la intención de excitar, por ello no me considero pornógrafa (me gusta la cita de Ernst Jones que usaba Henry Miller para defenderse de los ataques); el sexo es muy muy importante, escribir sobre ello o fotografiarlo es una manera muy eficaz de llegar a emociones muy potentes y profundas, al subconsciente. Según unos estudios neurológicos, cuando la mujer tiene un orgasmo, su cerebro funciona en las mismas ondas que cuando un ser humano está en estado de trance. El sexo es una vía muy efectiva para llegar a estados alterados de la mente, y fotografiar en ese estado alterado produce resultados fascinantes.

¿Por qué el sexo aún crea tanta vergüenza?

Porque somos mojigatos, falsos, miedosos, hipócritas, reprimidos, cobardes; porque aunque ya casi no seamos religiosos, seguimos atrapados en las garras de la moral judeocristiana, ese cáncer apestoso que odia la vida; y las mujeres estamos peor, estoy convencida de que nos cuesta más liberarnos sexualmente porque el patriarcado ha satanizado la sexualidad femenina, sólo hay que mirar a la pobre Virgen María –la heredera de la Diosa Madre – a la que la Iglesia Cristiana robó su sexualidad: diosa mutilada. Las raíces del poder de la mujer residen en su sexualidad. Y también porque el sexo realizado con la consciencia alerta, nos confronta con lo más profundo de nuestro ser, con nuestros pozos negros, con nuestros monstruos. ¡Y todos tienen tanto miedo de sus monstruos!

Acharya S: “Jesucristo es simplemente el antiguo Dios solar”

Durante el siglo XIX y gran parte del XX hubo multitud de estudios que investigaban la figura de Jesús Cristo, y muy destacados eruditos negaban que jamás hubiera existido. Muchas de estas investigaciones fueron silenciadas, y el formidable “yo acuso” lanzado sobre los oscuros orígenes del cristianismo pareció perder fuerza. Acharya S vuelve ahora sobre el tema en La conspiración de Cristo (Valdemar, 2005), retomando los mejores argumentos y añadiendo contundentes pruebas desde la arqueología, la historia, la filología, etc., que niegan la historicidad de Jesús.

Tu libro La conspiración de Cristo reubica la figura de Jesús en el mito, y se lo sustrae a la historia. ¿Por qué fue tan necesaria la estrategia de carnalizar la figura de Cristo, hacerlo historia?

Mi libro intenta demostrar que Jesús Cristo es un mito, no un personaje histórico. La transformación de un personaje mítico en una persona “real” o “histórica” la han realizado innumerables veces a lo largo de milenios diferentes tipos de cleros, y hacer esto es una de las características más destacadas de la casta sacerdotal. Un ejemplo llamativo de esta práctica en los mitos del dios griego Hércules, que muchos consideraban “encarnaciones” o “personajes históricos”. Sin embargo, el Hércules del mito común es sin duda un personaje mítico, no histórico. Lo mismo puede decirse de Jesús Cristo. ¿Por qué los sacerdotes intentan convertir a sus dioses en mortales de carne y hueso? Por un lado, si un dios o el Dios del Cosmos ha caminado por la Tierra, los curas pueden hacerlo uno de los suyos, un miembro de su clan, y establecer “lugares sagrados” donde este dios (o diosa) supuestamente nació, comió, durmió, anduvo, amó e, incluso, murió -¡y resucitó! Los sacerdotes son también los guardianes de las palabras y acciones del dios mientras estuvo en la Tierra: es decir, Dios Todopoderoso se expresado concretamente Él mismo a estos individuos o sus antepasados, y es su deber –y sólo el suyo- representar a Dios. El poder inherente a ser representante de Dios es enorme, y este negocio se ha producido en todo el mundo, y continúa haciéndolo. Es un negocio enorme que reporta miles de millones de dólares al año. Afirmando que tienes las llaves para el Dios del Cosmos –porque se supone que Él Mismo te las ha dado (como ocurre en la Iglesia Católica)- básicamente tienes en tus manos los espíritus de millones de personas, para hacer con ellos lo que quieras. Es una forma terriblemente poderosa de lavado de cerebro.

Jesucristo, como mito edificado sobre otros mitos paganos que presentan idénticas características (Osiris, Orus, Krishna, Buda, Zoroastro, Quetzalcoatl…) debió ser un insulto para la inteligencia pagana. ¿Cómo es posible que acabara triunfando el cristianismo tan masivamente y acabará engullendo al paganismo? ¿Quizá hubo algún pacto entre ellos?

En mi opinión, la creación del cristianismo fue indudablemente le trabajo de una conspiración multinacional de sacerdotes, reyes, emperadores y otros. La historia demuestra que cuando el gobernante de un país no católico se enfrentaba al asesinato de su pueblo, su propia muerte o, como alternativa, su propio enriquecimiento a expensas de su pueblo, muchos prefirieron adoptar el cristianismo. Otros murieron luchando contra él, y sus pueblos fueron esclavizados tras siglos de masacres y lavado de cerebro. Es un hecho incuestionable que los primeros cristianos fueron, principalmente, no solo principalmente judíos, sino también “paganos”, y que estos dos grupos trabajaron activamente juntos para crear este movimiento. También está claro que, antes de que el llamado cristianismo existiera como un movimiento “judío”, los poderes de la época, tales como el Emperador Vespasiano (9-79 d.C.), estaban extremadamente interesados en amalgamar las principales religiones del Imperio Romano, incluyendo y, especialmente, incorporando al problemático judaísmo.

¿En qué consiste resumidamente la conspiración de Cristo?

La conspiración e Cristo propone que el personaje de Jesús Cristo es una figura mítica, no una persona histórica, creada por miembros de diversas sociedades secretas y sacerdocios. Este personaje mítico está en gran parte basado en el dios solar, o en muchos dioses solares, que eran tremendamente populares en la época de la creación del cristianismo. Esta combinación de religiones, cultos y sectas incluía, por supuesto, el judaísmo. Como es bien sabido, el cristianismo es una mezcla de judaísmo y lo que se llama paganismo. Lo que no se sabe es que esta mezcla no ocurrió por accidente ni por “intervención divina”, sino que fue bastante deliberada con el fin de unificar el Imperio Romano bajo una religión estatal.

Según tu interpretación, los líderes de la Iglesia están en el secreto y saben que la Biblia es un texto en clave astrológica. ¿hasta qué punto esto sigue siendo así? ¿Tiene todo esto algo que ver con la elección de Ratzinger como nuevo Papa?

Es cierto que muchos individuos que han alcanzado los niveles superiores en el cristianismo, y especialmente en la Iglesia Católica, son bien conscientes del simbolismo astrológico de la religión cristiana y su pretendido fundador. Abundan los escritos e imágenes que revelan este conocimiento de la astrología bíblica, como demuestro a fondo en mis dos libros, La conspiración de Cristo (Valdemar, 2005) y Dioses Solares (no hay traducción al español). Muchos teólogos, como Alberto Magno (1200?-1280), han hablado sobre las “destacables coincidencias” entre Jesús Cristo y el Sol, el sol literal del cielo. Si estos clérigos eran ingenuos y todavía creían en la historia del Evangelio, con esa descarada imaginería e historia sacados de otras religiones, o si engañaban deliberadamente manteniendo esto en secreto, manteniéndolo fuera del alcance de las masas, es una buena pregunta. Creo que la mayoría de ellos eran lo bastante inteligentes como para saber la verdad, pero la pasaron por alto por su propio beneficio.

Podría haber muchas razones por las que el Cardenal Ratzinger fue elegido Papa, incluyendo las llamadas profecías de Malaquías. Yo no soy astróloga, por tanto no puedo decirte si era algo relacionado con el día en que fue elegido, o con sus cartas, etc. Estoy segura de que hay muchas que han hecho ese estudio. No me sorprendería que la astrología estuviese implicada en la elección de cualquier papa –y de muchos miembros del gobierno, también- porque esta “ciencia a semejanza de Dios”, como la llama la Enciclopedia Católica, se ha usado abundantemente en todos los aspectos de la vida durante milenios. El sacerdocio babilonio, los caldeos, sobre los que los judíos se moldearon, eran hábiles astrólogos cuya religión era astroteológica. Dado que los caldeos fueron, durante siglos, “los únicos participantes en el juego”, es evidente que a donde quiera que fueron la religión del lugar se convirtió también en fuertemente astroteológica –y los caldeos se difundieron tanto que ya no fueron considerados una etnia, sino el sacerdocio imperante de cualquier cultura en la que residieron. Por ello la astroteología se convirtió en la ideología religiosa predominante, y el culto al sol, en particular, era la religión importante antes y bien entrada la era cristiana. Jesús Cristo es simplemente el antiguo dios solar reelaborado y colocado en la historia.

El cristianismo estableció su ortodoxia a mediados del siglo II d. C., cuando el Imperio Romano crea una religión de Estado que unifica la gran diversidad de cultos y rituales existentes. Como dijo Philip K.Dick : “el Imperio nunca tuvo fin”. ¿En qué medida es esto verdad y cómo contribuyó a ello el cristianismo como religión oficial?

La afirmación de Dick es totalmente precisa: El Imperio Romano nunca murió. Simplemente se convirtió en el Sacro Imperio Romano. Fue un golpe de genio, pero estuvo basado en muchos siglos de estudio y práctica en la recombinación de diferentes etnias y culturas en una religión. Podemos ver esta práctica repetida en los textos antiguos, incluyendo, especialmente, a la Biblia. No es realmente una sorpresa si se piensa en ello. Por todo el mundo, la religiones se crean cuando un grupo de creencias se fusiona con otro. Aunque los detalles han variado, a veces mucho, ha habido una ideología y mitología central que ha permitido que esta fusión tuviera lugar. Por ejemplo, la idea de un redentor especialmente enviado a la tierra desde el cielo, con poderes especiales que incluyen la capacidad de curar, resucitar a los muertos y a sí mismo, es una vieja historia que precede mucho tiempo a la era cristiana y que ya conocían innumerables pueblos de todo el mundo. El anzuelo, por así decirlo, era hacer que pareciera como si hubiera ocurrido “verdaderamente” o “finalmente”, en un lugar concreto de una época determinada y ante un grupo particular de gente. Aunque muchos cristianos sinceros no conocen estos hechos, la verdad es que, mucho antes de la era cristiana, no solo se esperaba a ese redentor, salvador o mesías, sino que en muchas culturas, como en la India, ya había venido. Debido a este hecho, a pesar de los fervientes esfuerzos de los misioneros, muchos lugares no están aún cristianizados y nunca lo estarán.

¿No cumple hoy la Nueva Era una función similar de refundación del mito?

Según yo entiendo la pregunta, quieres decir que si la Nueva Era es otra reconstrucción del mismo mito, el mito básico. Ciertamente hay aspectos de la ideología de la Nueva Era que incorporan el mito del que nos estamos ocupando, pero no hay un núcleo sólido como puede encontrarse en las religiones organizadas. En la Nueva Era, Jesús sigue siendo considerado un “personaje histórico”, aunque se ha convertido en un “maestro ascendido” que está más cerca de la gente y es más humano que el severo y todopoderoso Jesús de antaño. Una mejora, quizás, pero igualmente ficticia.

¿Se avecina el fin de la era cristiana? ¿Qué tiene que ver con el advenimiento de la Era de Acuario? ¿Podrías explicarlo para no iniciados?

Verdaderamente yo espero que sea el fin de la era cristiana. El fraude, el engaño, la carnicería general y el robo causados por esta invención son totalmente espantosos. Mucha gente ha llegado a creer que el Dios del cosmos es de una cultura en particular y de ésa sola. Todo el resto es malvado. Es racismo cultural, lisa y llanamente. ¿Qué defienden en la Nueva Era de Acuario? Una vez más, digo que no soy astróloga, pero me gustaría pensar que dependerá en gran medida de que el espíritu humano supere estas perniciosas creencias y se vuelva realmente veraz. Estamos afectando profundamente al estado del mundo, un hecho del que tenemos que darnos cuenta, para que podamos dejar de actuar como bárbaros, particularmente basándonos en ideas “religiosas” anticuadas, y limpiar nuestro planeta, que es en realidad nuestro hogar. Si no podemos hacer eso –y si continuamos batallando por ideas religiosas irrelevantes y erróneas- no sobreviviremos, nos extinguiremos, tras una larga, repugnante y sangrienta ordalía. Una mentalidad totalitaria terrible descenderá sobre este planeta, esclavizará toda la creatividad y destruirá toda su belleza. Ya está ahí, serpenteando por el mundo. Si queremos que nuestros hijos vivan en libertad, debemos asegurarnos de que no contribuimos a este fanatismo, que es realidad psicosis.

La “era de Acuario” es parte del fenómeno astronómico llamado “precesión de los equinoccios”, que ocurre debido a la inclinación de la tierra sobre su eje. Estamos entrando, o ya lo hemos hecho, en la Era de Acuario, que muchos han esperado fervientemente que sea la Nueva Era de iluminación, cuando la humanidad detenga todo el odio, la matanza y la conducta generalmente trastornada. Sin embargo, la mayor parte de la gente probablemente diría que el mundo va a peor, más que estar entrando en una Nueva Era pacífica. ¿Es quizás el estertor de la muerte de la vieja Era de Piscis? Uno querría creer eso, porque la alternativa es aterradora. La vieja Era de Piscis está abundantemente reflejada en la imaginería de peces del cristianismo, que de hecho fue diseñado específicamente para dominar esa era. Se cree que, con el fin de la era de piscis, el cristianismo habrá terminado.

En tu libro utilizas una cita de Larson que afirma que sin cristianismo habría salido victoriosa la Ilustración griega y no hubiera habido Edad Oscura. ¿Significa esto que habría triunfado la sofística sobre el modelo racional-filosófico?

Sin el ascenso deliberado del cristianismo no habría habido Edad Oscura, porque fueron los dirigentes del cristianismo los que interrumpieron la enseñanza, la alfabetización y la ilustración. El populacho tiene volverse ignorante e iletrado para que tal sistema los retenga, pues la propia ideología declara que su “Buena Nueva” es para “niños pequeños” (Mateo, 11:25; Mateo 18:3; Mateo 19:4; Marcos 10:14; Lucas 10:21; Lucas 18:16) y “tontos” 1 Corintios 3:18). Es mucho más fácil engañar a niños y tontos. Dado que las culturas y religiones precedentes solían apreciar la sabiduría, y de hecho eran “cultos sabios”, es fácil ver por qué el cristianismo creó una era de ignorancia. Aparte, están todas las escrituras sobre obedecer a los dirigentes (Romanos 13: 1-7; 1 Pedro 2:17; Tito 3:1, Hebreos 13:17; Mateo 22:21) y sobre esclavos consagrados a sus maestros, “por el amor de Dios” (Colosios 3:22; Tito 2:9; Efesios 6:5; Timoteo 6:1; Pedro 2:18).

Con la propensión humana a la corrupción, es difícil decir si la racionalidad hubiera reinado si no se hubiera elegido el cristianismo como la ideología dominante y se hubiera impuesto a la humanidad. Afortunadamente, ha habido grandes pensadores a lo largo del camino que han ayudado a que la humanidad no cayera en un cenagal espiritual y mental.

¿Por qué la filosofía no pudo convertirse en el dique de contención de la “fe” cristiana?

Si entiendo la pregunta correctamente, me estáis preguntando por qué la filosofía, como ciencia de la antigua Grecia, no puedo impedir que el cristianismo se expandiera. De hecho, en la creación del cristianismo se utilizó una gran cantidad de filosofía griega antigua. Algunos de los primeros padres de la Iglesia citaban a Aristóteles, y Platón fue muy utilizado en la ideología cristiana. “la Palabra2 o el Logos es en gran medida un concepto platónico, aunque precede a Platón en miles de años. La filosofía no triunfó porque los dirigentes –los que tomaron el poder y se hicieron legisladores- no deseaban tener un pueblo ilustrado. Los individuos autónomos que piensan y actúan pro ellos mismos no pueden ser marionetas, esclavos y siervos de los pomposos megalómanos que deciden que tienen “derecho divino a gobernar”. Al contrario, estos arrogantes fanfarrones quieren explotar despiadadamente a las masas, así que deben volverlos deliberadamente idiotas.

Hablas de una antigua Civilización Global como el cimiento sobre el que se apoyan las civilizaciones antiguas conocidas y remites a las similitudes que encuentras en casi todos los mitos de estas últimas (además de hallazgos arqueológicos). ¿En qué sentido fue global esa civilización? ¿No es esta búsqueda de una unicidad de nuestro pasado, este monismo histórico una consecuencia lógica de nuestra historia monoteísta, fanática y fundamentalista? ¿No es defendible la diversidad como origen?

“Antigua civilización global” no se refiere a algo exactamente igual a lo que tenemos hoy, sino más a una comunicación durante un periodo de siglos o milenios, con un intercambio de ideas sobre numerosos asuntos, incluyendo el lenguaje, la arquitectura, arte, astronomía, religión, agricultura, etc. ¡No sugiero que hubiera una internet o un sistema de vuelos internacionales! Lo que nos encontramos es que las similitudes en detalles son tan llamativas como para justificar la suposición de un esfuerzo concertado para compartir conocimiento de una forma global. Hay leyendas por todo el mundo que relatan que, en diferentes eras, grupos o individuos extraños aparecieron y enseñaron a las culturas nativas diversas ciencias y técnicas. La religión y la mitología comparativas demuestran un núcleo muy destacado así como numerosos detalles que son más que sugerentes de que había una sabiduría particular que era difundida por dichos grupos, “escuelas” o “sociedades”. Muchas de las correspondencias, por supuesto, podrían basarse en fenómenos observables localmente, como los movimientos del sol y de la luna, sin interferencia exterior. Sin embargo, siguen estando toda esta ideología y mitología extrañamente paralelas, así como el arte y la arquitectura –y en particular el idioma- que reflejan amplios contactos entre una gran variedad de culturas en tiempos muy pretéritos.

En tu libro hablas de los masones como los conservadores y preservadores del mito y la sabiduría sagrada. ¿En qué medida somos herederos de su conocimiento y de su “zozobra espiritual”.

Cualquier conocimiento sagrado que ha perdurado a lo largo de las eras procede en gran medida de sociedades secretas como los masones. El conocimiento sagrado masónico es particularmente duradero porque está encapsulado en la piedra, como en la Gran pirámide y también muchas otras asombrosas ruinas megalíticas por todo el globo. Por lo tanto somos en gran medida herederos de este conocimiento preservado en la masonería. Yo no llamaría a esta sabiduría sagrada en su forma pura “una zozobra espiritual”; no obstante, ha sido sepultado bajo tantas capas de estiércol y basura que, en efecto, es hoy en día parece una barcaza de basura.

Acharya significa “maestro”. Aparte de ocultarte de los fundamentalistas más furibundos ¿tienes alguna otra razón para utilizar ese seudónimo?

Acharya es un nombre muy común en la India. A menudo se usa como título espiritual, pero también es simplemente un apellido. Lo elegí en parte para fastidiar a la gente que se toma la religión demasiado en serio. Años más tarde descubrí que “Acharya” designa a un sacerdote solar, lo que es muy apropiado, teniendo en cuenta que una de mis áreas de conocimiento es la mitología solar.

El libro “La conspiración de Cristo” ha sido editado en 2005 por la editoria Valdemar, Colección Intempestivas: http://www.valdemar.com

Puedes encontrar una reseña de esta obra, realizada por la prologista, Elena Diez de la Cortina, en la web de filosofía Cibernous

4/10/2005 Generación XXI

El Dioni: “El dinero da la felicidad, incluso la más sutil”

Se dice que España es país de picaresca. Sus ojos estrábicos parecen mirar a todos los sitios a la vez: nada se le escapa. Es parte de su apostura. “El puto Dioni” –como él se denomina, riéndose de sí mismo-, Dionisio Rodríguez Martín, decidió un buen día dejar de poner límites a su vida de asalariado. Hace ya de esto once años. Dioni continúa pensando que hizo lo que debió hacer, y que por ello ya ha pagado lo suficiente (tres años de cárcel por una apropiación indebida; salió absuelto por la Audiencia Nacional). “Tengo boca para hablar y costillas para aguantar”. Se ha ganado la vida con un mesón en el pueblo del Molar y un bar en Barajas, también como cantante –ahora saldrá su nuevo disco: “Todo sobre mi furgón”, parafraseando la película de Almodóvar- y, jugándose ya el todo por el todo, ha decidido estrenarse como escritor para relatar su propia hazaña; “Palabra de ladrón”, es el título del libro. Jovial y buen conversador, salvo contar dónde se encuentran los trescientos millones –descontados múltiples gastos- está dispuesto a hablar sin fin, a arremeter contra todo y contra todos.

¿Quién eras antes de cometer el robo?

Yo era una persona normal. De niño estudié en el Colegio del Pilar, comencé a trabajar a los catorce años y siempre he sido un buen trabajador. Hasta los cuarenta años, cuando me llevé el furgón, fui una persona honesta, creyente en Dios, respetuoso con la sociedad.

¿Por qué un día decidiste robar?

Lo que ocurrió fue que en un momento determinado me desplazaron de mi puesto de guardaespaldas, una categoría que conseguí con gran esfuerzo. Yo fui guardaespaldas, entre otros, de Miguel Durán, Director General de la ONCE; de Alfonso Escamez, Presidente del Banco Central; Eugenio Marín, director General de CEPSA… Por esos golfos yo me jugué mi vida y, en vez de agradecérmelo, me degradan laboralmente. El jefe de personal de la Compañía de Seguridad Candi en la que trabajaba decide -”porque le sale de los cojones”, según palabras textuales- ponerme de conductor. Al pensar que yo me había inmolado por todos esos personajes para que después me dejaran tirado, me entró el cabreo, el trauma, la enajenación mental. Como guardaespaldas vivía bien, tenía lo suficiente como para llevar una vida digna; pero todo cambió con el sueldo de conductor. Esa fue la razón; así que pasé de ser una persona honesta a decidir robar el furgón del banco.

Fue sencillo, una mañana me levanté y lo decidí. Llamé a unos amigos para contárselo, pero no se lo creyeron. Pero me presenté ante ellos con el furgón cargado con trescientos millos.”Jóder, dijeron, ha sido capaz”.

¿Por qué el mito Dioni?

Hay varias razones por las que yo me hice popular. La primera fue que, en aquellos meses de Julio y Agosto, los medios de comunicación no tenían de qué hablar, así que decidieron hacerlo de mí. La segunda, porque me he llevado dinero de los más grandes ladrones de este país, que son los banqueros; todos son unos golfos; todos sin excepción; unos declarados como Mario Conde, otros ocultos. Los dueños de los bancos están robando el dinero a la gente trabajadora.

Ellos son tan ladrones como yo, pero yo he pagado. He estado en cárceles de máxima seguridad como en Herrera y Alcalá-Meco; he compartido celda con terroristas, asesinos y violadores. He pagado con creces.

¿Tú crees que dentro de toda persona habita un ladrón?

Sin duda, sólo se tienen que dar las circunstancias propicias. Hay personas que se la dan de dignas, pero me gustaría verlas con un furgón con trescientos millones. Como dijo el otro: “que me pongan donde haya…”.


¿Qué opina de esta sociedad?

Aquí existe un terrorismo empresarial o laboral que ahora se muestra plenamente con el tema de los emigrantes; gente pobre con ganas de trabajar que se encuentra con la explotación de los grandes. Pero nadie hace nada para remediarlo.

Y a mí, en cambio, continúan tratando de implicarme en un montón de actos delictivo, porque estuve con un traficante de drogas me inculparon, ahora me presento un día sí otro no a firmar a los Juzgados de la Plaza Castilla, y no puedo salir de España; en cambio Oubilla está en la calle. Como caigo bien a la gente trabajadora, los poderosos de este país están en contra mí. Tienen miedo de que salgan otros dionis.

¿El dinero da la felicidad?

Sí, sin duda alguna. El dinero da la felicidad, incluso la más sutil. De ser un don nadie que viaja en metro, pasé a tener una avioneta y una limusina, vivir en los mejores hoteles, estar con mujeres de todos los colores. Pero eso se acabó, del paraíso he bajado al infierno.

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Generación XXI – Febrero/2001

Gustavo Bueno: “La Universidad ha muerto”

gustavobuenoGustavo Bueno, catedrático emérito de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos en la Universidad de Oviedo, recientemente apartado de su función docente, es autor de obras como “El animal divino: Ensayo de una filosofía materialista de la religión”, “Idea de ciencia desde la teoría del cierre categorial” o “El papel de la filosofía en el conjunto del saber” y otras muchas. Es, sin lugar a dudas, la figura más destacada de la filosofía española contemporánea.

Generación XXI: A la luz de su frase “Pensar es siempre pensar contra alguien”, ¿qué es para usted la filosofía?

Gustavo Bueno: Tal y como entiendo la filosofía, su función es pública, pienso que no va encaminada a resolver problemas personales, de tipo individual o existencial; parece que es imprescindible la actividad filosófica cuando los individuos particulares se juntan entre sí y entran en la plaza pública. A partir de un determinado nivel de civilización, parece imprescindible atacar a fondo el análisis de las ideas, ideas que brotan de situaciones particulares, contextualizadas por las ciencias, por la política, por lo que sea; la coordinación de segundo grado de estas ideas que atraviesan estas categorías no es unívoca, siempre hay diferentes alternativas. Por esa razón es por lo que creo que la filosofía no es una ciencia, sin que por ello deje de ser racional. La coordinación de estas diferentes alternativas supone el enfrentamiento de unas contra otras, y en ese sentido, pensar es pensar contra alguien.

GenXXI: Ud. ha dicho: “Es imposible hablar castellano sin filosofar”. ¿Existe una filosofía española? ¿Qué relación tiene con la religión católica?

G. B.: Creo que el español es un idioma que, por así decirlo, está sembrado de ideas filosóficas, palabras tales como “sustancia”, “categoría”, “relación”, “causa”… Quien quiera hablar este lenguaje está necesariamente filosofando. Defendemos la tesis de que el romance castellano fue la primera lengua filosófica de Europa, antes que el alemán o que el francés. La gran filosofía escolástica española se hizo en latín, por razones históricas muy complejas, pero quienes la hicieron hablaban español. Una de las tareas que queremos hacer ahora es traducir sistemáticamente todo ese material inmenso de la tradición escolástica, que es desconocido prácticamente, salvo por algún erudito, para ponerlo en circulación. Creo que la filosofía española está asegurada por su propia implantación lingüística y además por una razón muy importante, por sus características históricas, particularmente por su condición de imperio, España y el español tuvieron que asimilar prácticamente todo lo que había en el mundo. De ahí deriva esa característica que es la enorme receptividad que tiene el español para traducir y asimilar ideas que se han expuesto en otros idiomas.

GenXXI: La física contemporánea ha cambiado nuestro concepto de materia. ¿En qué medida esto ha tenido repercusión en la filosofía?

G. B.: Creo que ha tenido una repercusión decisiva, fundamental. Ha cambiado en varias etapas: Primero con la relatividad general, y más tarde con la física cuántica y el big-bang, se abre un escenario completamente distinto de lo que se podría entender por materia en el siglo pasado: el materialismo corporeista. El positivismo lógico, en gran parte, se explica en función de la teoría de la relatividad, cosa que generalmente se olvida. El concepto de materia que propicia la física contemporánea, a diferencia de la física del siglo pasado, es un rebasamiento del concepto de materia como cuerpo, desde el momento en que se introduce el concepto de campo electromagnético por Maxwell, y que empieza a tratarse en serio en concepto de campos gravitatorios. Lo fundamental es la desconexión que la física contemporánea obliga a hacer entre la materia y el cuerpo. Esto tiene mucho que ver con el cristianismo católico, porque lo fundamental de la filosofía católica, sobre todo en su orientación tomista, es la idea de que la materia no es cuerpo; esto es una idea central desconocida por los griegos, por los atomistas, por los pitagóricos, por los epicúreos. Para explicar las transustanciación de la eucaristía, Santo Tomás tuvo que poner a punto una teoría donde el cuerpo queda reducido a la condición de accidente de la sustancia material, un accidente no vinculado a la extensión.

GenXXI: ¿Es posible que la bioquímica y la genética lleguen a conseguir la inmortalidad para los seres humanos? ¿Podría poner esto en relación con las teorías sobre la inteligencia artificial?

G. B.: A mí me parece que no, en absoluto. Me parecen fantasías sin fundamento. La inteligencia, tal como la entendemos nosotros, va ligada al cuerpo orgánico, es una inteligencia manual. Me parece que todo esto es ciencia ficción, interesante, eso sí, porque a raíz de esto se pueden descubrir muchas cosas. Lo que llamamos inteligencia, el logos, va ligado a las operaciones con las manos; cambian los instrumentos, pero la escala de las categorías sigue siendo “quirúrgica”. La relación del hablar con el manipular ya fue señalada por Platón en el “Cratilo”. Los técnicos y los físicos necesitan una corrección fundamental, habría que decirles lo que decía Goethe a los escultores: “Escultor, trabaje y no hable”.

GenXXI: Ud. prepara un nuevo libro titulado “España contra la Unión Europea y por América”. ¿Podría relacionar este concepto -expuesto ya en su artículo “España”- con la extinción del Estado nación y el advenimiento del Estado mundial?

G. B.: Los dos puntos centrales de este libro son la idea de Nación y la idea de Imperio, que no han sido desarrolladas en el artículo. El problema de la nación es más controlable, sobre todo cuando se vinculan las diferentes acepciones del concepto. Cuando hablo de nación me refiero a la acepción clásica, en latín, de “natio”, donde la palabra nación quiere decir “algo que ha nacido” (de “nasco”, nacer); estas acepciones se van transformando. Para que podamos hablar de nación en sentido político hace falta que haya una polis; pero cuando se habla de la nación asturiana o la nación burgalesa, esto no tiene ningún sentido político, nos referimos a las gentes; la idea de nación en sentido político empezaría muy entrado el s. XVIII, es un invento francés, un invento republicano, la nación adquiere un sentido completamente distinto. La idea de nación es más fácil de controlar con argumentos históricos que la idea de imperio. La idea de imperio es una idea difícil, porque ha sufrido también unas ampliaciones consecutivas desde un concepto puramente subjetual. En Roma, la idea de imperio es una facultad que tiene el Imperator, que es prácticamente el jefe militar, pero ese concepto no tiene nada que ver con el concepto de imperio que viene después de Constantino, bajo la influencia del cristianismo, en que la idea de imperio se convierte en la ciudad de Dios o la ciudad de los hombres, y toda esa evolución increíble que tiene lugar en la Edad Media, particularmente con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, con la creación del Imperio de Alfonso VI, frente a las pretensiones dle Papa. La teoría de Imperio de Alfonso X el Sabio, prácticamente desconocida, y la teoría de Francisco Suárez, son materiales imprescindibles para hablar del imperio. Yo creo que no se puede explicar la historia contemporánea sin utilizar el concepto filosófico de imperio, que es distinto del concepto puramente diamérico que utilizan antropólogos y politólogos: Imperio es cuando un Estado empieza a controlar a otros estados de un modo indefinido. Este concepto es muy distinto del concepto metamérico de imperio, que se hace desde fuera de la estructura política, porque tiene una nota de universalidad. Hablamos del imperio americano, o dle ruso (la URSS), que no existen, o del imperio español, que realmente era la monarquía hispánica. Todo esto desemboca, de algún modo, en la discusión que se dio entre Bakunin y Marx en la Primera Internacional; el conflicto entre la toma del Estado o si hay que empezar con la extinción del Estado.

GenXXI: ¿Qué piensa usted de Internet y de su relación con conceptos tales como “aldea global”, “sociedad de la vigilancia”, “rebelión de las elites”?

G. B.: Son tecnologías nuevas, que nos ponen ante una situación completamente nueva. Todo depende de qué grupos controlen, y de cómo controlen, porque la lucha por el poder se plantea ahora en este terreno, que por sí mismo no tiene entidad, aunque sí puede facilitar la presión de ciertos grupos, de ciertas multinacionales. El peligro de estas cuestiones es suponer que hemos amanecido en un mundo nuevo, porque aunque haya novedades absolutas, están siempre entremezcladas con las situaciones anteriores; lo que hay que hacer es intentar controlar cada uno como pueda y según sus intereses estos medios.

GenXXI: El crecimiento poblacional es una preocupación constante de determinadas corrientes de pensamiento. ¿Qué opina usted del problema del hacinamiento en las grandes ciudades a la luz de la etología?

G. B.: La objeción global que yo hago es que cuando se habla de los seis mil millones de habitantes que constituyen nuestro presente, esto es una cuenta abstracta que carece por sí misma de sentido, porque hay que tener en cuenta la descomposición de ese colectivo, esa cuenta está hecha con 1.200 millones de chinos, mil millones de indios, y así sucesivamente, y entonces resulta que la unidad es aparente, no porque sea falsa, sino porque tiene otros niveles. Hay otras corrientes, en Inglaterra, por ejemplo, que dicen que el incremento demográfico puede ser básico para el desarrollo tecnológico y social e, incluso, dicen algunas voces que los problemas que padece Africa podrían estar dirigidos por los grandes imperios industriales y comerciales, que quieren evitar la pérdida de sus mercados. Creo que el pensar que el incremento de la población haya tocado techo es altamente discutible, lo discuten bastantes técnicos, una cosa es la posibilidad de supervivencia y la posibilidad de organización del imperio y otra cosa es el cambio total de la humanidad, que se determina por el crecimiento del Tercer Mundo. El crecimiento demográfico del Tercer Mundo es una defensa propia de estos países. Los sociólogos dicen que la única defensa que tienen estos países es el incremento de población, si no, quedarían barridos completamente, y si se les toma en cuenta es por esto. Véase como ejemplo el crecimiento vegetativo de los hispanos en los EE.UU. Así, sabemos que el islamismo va creciendo frente al cristianismo. Lo que se alteran son las estructuras sociales y culturales, y lo que no está probado en absoluto es que tenga ningún sentido decir que tal límite de población -los seis mil millones- sea el techo, sobre todo con el desarrollo de las nuevas técnicas.

GenXXI: ¿Está la universidad española en crisis? ¿Cuáles son los rasgos de esta crisis? ¿Existe algún remedio? ¿Ha muerto la universidad?

G. B.: La universidad española atraviesa una etapa muy heterogénea. Como conjunto, yo creo que ha muerto hace años, en el sentido de que no existe. “Universidad” es un término equívoco para designar conjuntos de facultades y de escuelas que actúan cada una a su aire y que tienen en común ciertos rasgos administrativos, como por ejemplo que haya un cuerpo de catedráticos, un cuerpo de profesores, estudiantes con una serie de derechos parecidos, pero la universidad como tal cada vez está más dispersa, prácticamente ha desaparecido. Incluso vemos día a día un proceso de degradación de la universidad como conjunto, porque si antes se organizaban seminarios, colaboraciones, hoy en día es prácticamente imposible, a lo sumo logras una conferencia. Esta situación ha estado desfigurada por cuestiones políticas en la época de la transición. Ahora todo depende de las facultades, hay grupos que de repente desarrollan un nivel muy alto, en medicina, en tecnología, en matemáticas, pero otras están en una pendiente de degradación progresiva, y a la que más le afecta esto es a la facultad de filosofía, como es natural, que queda replegada a una especie de facultad de filología, que se nutre o bien de clásicos o de escritores, llamados “filósofos actuales”, como pueden ser Habermas o Wittgenstein, cuya alcurnia y cuya sustancia es muy discutible. Lo que caracteriza a muchas facultades y departamentos es la “invidencia”, en el sentido etimológico, que significa envidia, y esta envidia yo creo que más que envidia es un aforma de autodesprecio, como la que sentía Alfonso VI por el Cid.

GenXXI: ¿Con qué criterio se seleccionan las materias y se organizan los planes de estudio?

G. B.: Creo que es aleatorio. Modas americanas, sin fundamento. Desde la época de Maravall se ha optado por hacer a los jefes de departamento cargos burocráticos, no hay un plan común de trabajo. Es una burocracia más. La división en “ciencias y letras”, las “dos culturas” y su “comunicación” son pura retórica.

GenXXI: ¿Se considera usted a sí mismo como uno de los últimos representantes de una estirpe de intelectuales segregados por el sistema?

G. B.: Hombre, no. Si fuera el último sería muy pesimista, creo que soy uno más de la cadena, si no, habría que hacerse el harakiri.

* (Agradecemos al canal Filosofía de Arrakis y a Carlos Fernández Sedano su colaboración en la elaboración de esta entrevista)

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