Memorias de un esteta

Luis Racionero nos obsequia a sus lectores con la edición en RBA de unas deliciosas Memorias de un liberal psicodélico que dan un buen repaso a lo que ha sido la vida cultural de Occidente en los últimos cincuenta años. Dentro de un par de siglos, cuando algunos eruditos devoren sus páginas en una noche de glorioso insomnio —tal y como le sucedió al autor de estas líneas—, los futuros lectores se dirán: ¡Este hombre no se perdió ni una! Y la verdad es que nada falta en estas entretenidísimas memorias culturales, repletas de humor, inteligencia, anécdotas, viajes y pensamiento. Otra virtud de este libro es que se aprende leyendo en sus páginas: a ser persona, a crecer espiritualmente, a borrar tontos prejuicios y a abrir alma y corazón a nuevas visiones de la realidad.

Es de agradecer que el autor haya viajado tanto y conocido a tanta gente, eso le libra a estas memorias de no empantanarse en el cejijunto e hirsuto panorama de la cultura patria, aunque no faltan buenas lanzadas a moros para nada muertos y muy influyentes (impagables sus retratos de Gimferrer y Tapies, por ejemplo). Como es inevitable en un españolito de su generación, la cosa pública asoma su fea jeta y, por lo visto y leído, pocas veces para bien. Curiosamente, los políticos que resultan más interesantes (Areilza o Senillosa) conocieron la amargura del fracaso electoral. No carece de lógica semejante destino en un país como este.

¿Será nuestro Racionero una reencarnación de Wang Wei y su masía catalana un coto de los ciervos enloquecido por el garbí? A este lujo de nuestra cultura, a este sabio taoísta, le han salido unas memorias que recuerdan mucho a las de otro sinófilos, Harold Acton y John Blofeld, por ejemplo.

Lector curioso: disfruta de su divina ironía, de los interesantes retratos de Pla, Dalí, Hofmann, Marcuse, Alan Watts o Steiner, deléitate con su refinada cultura y aprende, empápate de civilización y buen gusto.

El Peligro Amarillo (Ya lo decía mi abuela)

El capitalismo muta. En un mundo aparentemente anárquico, el gran Partido Comunista Chino impone sus normas al mercado: devalúa su moneda a placer, prohibe huelgas, arrastra millones de campesinos a corrales de trabajo, levanta mares artificiales. No paga seguridad social… Progreso en movimiento.

Esa inmensa teocracia atea china sólo cree en el dinero. Hoy podemos confirmar que el comunismo fue una avanzadilla del capitalismo en las sociedades premodernas.

El Hombre Nuevo de Mao trabaja, ahorra, se expande, se reproduce pero casi no muere. Ni descansa ni goza, ni reza ni sueña… Es biopoder puro.

A medida que China crece, el mundo mengua. ¿No somos conscientes? ¿Por qué admitimos esta competencia desleal sin límites? Porque el capital no tiene patria, que diría Marx. ¿Por qué nos preocupa la Democracia (derechos humanos) en todo el mundo menos en China?

Las factorías humanas de dibujantes chinos nos mandan un presupuesto: Si sus trabajadores llevan pañales, resulta algo más barato porque no deben parar para ir al baño… Muy estimulante.

Han fundado un Corte Chino en mi calle. Inenarrablemente barato, es el espejismo de lo que va a quedar de España.

Dos amigos ingenieros de sistemas Alcatel tienen UN +1. Eso significa que un ingeniero chino les acompaña a todas partes y manda toda la info a Pekín. No es ciencia ficción, es realidad fricción.

Los chinos en Europa estadísticamente casi no mueren: ¿acabaran todos en el jamoncito del arroz tres delicias?

En África hay siete millones de campesinos chinos haciendo trabajar a todo el mundo (gran pesadilla africana).

Cada año, un millón de ingenieros se licencia en el Gran Oriente, mientras las familias de comerciantes son financiadas para conquistar tu barrio.

No es una cuestión de color, es cuestión de humanidad.

¿Cuándo se fastidiaron las Navidades?

26-diciembre-2010 · Imprimir este artículo

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Me gusta leer los posts que se escriben el día de Navidad. Junto con el tradicional asesinato con el cuchillo de trinchar de la Nochebuena -la excepción que confirma el milagro- pintan el panorama emocional de una fiesta cada vez más triste. Triste porque -sobre todo donde no hay niños- ni siquiera se celebra ya el hecho de celebrar, el «estar juntos». Navidad es un ritual que su protagonista, la familia más o menos extensa, cada vez disfruta menos. Recuerdo un artículo que me llamó la atención:

Quien impulsa la guerra [familiar y social en Navidades] es la derecha radiofónica y su cruzada incansable para polarizar y dividir nuestro país, nuestras cenas navideñas y sacar beneficio de hacerlo. Me lleva a pensar que tal vez, debería regalarle a mi padre un iPod y un surtido CDs de música surf por Navidad. Sería un regalo para los dos.

¿Les suena familiar? Lo curioso es que hablaba de EEUU. Y es que a lo mejor la responsabilidad de que Rubalcaba suplante a Papa Noel, los controladores a los duendes y la crisis al carbón de los -inexistentes- niños malos, no es de «cómo están las cosas», ni siquiera del tarado al que sabe dios qué le vió nuestra hermana. A lo mejor los tiros van por otro lado.

En «Navidad concreta» Diego, quién pasó un año como cooperante en Bolivia, arrancaba el día 26 hablándonos de cine:

La película “La última estación” desmitifica el icono redentor de Tolstoi resaltando cómo su universalismo no sólo serviría de semilla para la dogmatización del anarquismo cristiano, sino que sería el factor determinante en la degeneración de un punto fundamental de su vida: la relación con su esposa. El mito del amor universal antepuesto al amor real, a lo concreto.

Recogía una reflexión ya abierta por Bianka para acabar confesándonos que

Hace un año la cena de Nochebuena venía cargada de culpa. Mi experiencia en Bolivia y el conflicto universalista me impedían transmitir a mi familia sentimientos positivos. Qué injusto es flagelarse por una ideología medieval como el antimercatismo.

La comunidad y el entorno real de una persona es producto de la interacción y de la libre elección: a tu pareja la elegiste tú, si tienes hijos elegiste tenerlos tú, tus relaciones con tus padres y tu familia las construiste tú… son relaciones reales -más o menos existosas- que nacen de la libertad y la interacción.

Pero una persona no elige la nación, el «género» ni la clase social que le encasquetan culturalmente y desde el poder. No se puede modificar ni interactuar con una abstracción, viene dada y siempre, a lo largo de toda nuestra vida, va a venirnos dada.

Los universales son las categorías en las que el estado entiende su accionar y nacieron, como nos cuenta Foucault cuando el estado absolutista empezó a pretender «gobernar» la economía y por tanto los comportamientos agregados de millones de personas en extensos territorios. Dejar que categorías universales nos definan en términos de pertenencia y guíen nuestra vida es dejar de ser libres para optimizarnos a nosotros mismos como palancas y extensores activos de ese poder ajeno.

Y además, la fórmula más eficaz de destrozar unas Navidades.

Foto | Dr. Pat

Todos Inmigrantes

13-noviembre-2010 · Imprimir este artículo

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Inmigrante, decía Ambrose Bierce en su Diccionario del Diablo, es una persona poco ilustrada que cree que un país es mejor que otro. Cínicamente puede afirmarse que no hay país bueno, pero también es cierto que algunos son mucho peores que otros. Hasta el más civilizado y económicamente dotado puede ser una pesadilla en lo personal, si resulta que las circunstancias y los gustos de uno no coinciden con la mayoría. Hoy hay un nuevo país de asilo, uno en el que todos los habitantes somos recién llegados.

Imagina que vives en un pueblo de 2.000 habitantes en lo profundo de Extremadura. O en una aldea gallega de apenas un centenar de casas. O en la Serranía de Ronda. Imagina que tienes familia y amigos; que vas a la capital con cierta frecuencia, ves la televisión y eres asiduo usuario de la biblioteca municipal. Imagina que tus gustos se salen un poco de lo normal, no quedan saciados con La Noria y las últimas andanzas del equipo de fútbol nacional… Imagina que vistes en televisión hace tiempo una serie de ciencia ficción británica llamada El Enano Rojo, y desde entonces te apasiona. Que a través de tus lecturas has llegado a desarrollar un gusto extremo por la poesía francesa del siglo XVII. Que tus aficiones en coches se decantan por los modelos americanos de los 50 con carrocería de madera. Que eres homosexual. O que te apasiona el cultivo de orquídeas.

¿Cuáles son las probabilidades de que alguien, dentro de tu ámbito de influencia, comparta tus gustos? ¿De poder hablar con alguien de tus aficiones, esperanzas o pasiones, si éstas se salen de la media? ¿Cuántos han tenido que renunciar a desarrollar pasiones por estar solos?

El mundo está lleno de refugiados sociales. Personas que no encajan en su entorno; gentes cuyos gustos o manías son poco comunes, o contrarias a la cultura dominante allá donde viven, o simplemente ajenas. Gente que no puede perseguir sus sueños porque esos sueños son ignorados, en el mejor de los casos, o perseguidos en el peor, allá donde nacieron.

Todas esas personas tienen un nuevo hogar en un nuevo país.

Bienvenidos al ciberespacio, donde se acoge a los oprimidos, a los perseguidos, a los impopulares y a los feos; donde cada ser humano tiene la posibilidad de ser quien es de verdad con independencia de su sexo, edad, raza o religión. Un entorno que, como el Viejo Oeste, no es un lugar geográfico, sino un estado del espíritu. El único país donde podemos ser nosotros mismos… donde a nadie le importa que seas un perro, donde puedes encontrar gente como tú, seas tú como seas, vivan ellos donde vivan.

La Red es eso; un cabo lanzado en la oscuridad, un refugio de perseguidos y estigmatizados y solitarios y ajenos. El sitio donde nunca estás solo, porque alguien comparte tus emociones y pasiones en algún lugar, y puedes charlar con esa persona, contactar con ella, intercambiar experiencias y conocimientos por poco comunes que sean. Un lugar donde puedes ser tú mismo sin tener que preocuparte por el qué dirán, o pensarán, tus vecinos, tu familia, tus amigos. Donde puedes sacar esas partes de ti que nunca dejas entrever a tus conocidos, esos secretos deseos o ardientes intereses que estás demasiado avergonzado para dejar salir por temor, por soledad.

Un estado del espíritu donde todos somos inmigrantes, hasta de nosotros mismos; donde somos más y mejor nosotros. Donde podemos comunicarnos, a veces por primera vez en nuestra vida, con alguien que nos entiende.

Y luego dicen que hay adictos a Internet… y más que va a haber.

El Apocalipsis que no cesa

24-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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- Lo veo todo cubierto por una luz oscura. La gente me parece vil o sencillamente idiota, la ensalada la encuentro helada, las botas se me han empapado de agua.
- No es eso, Antón. No se trata de tu estado de ánimo. Lo que pasa es que estás percibiendo la inminencia del infierno.

Guardianes de la Noche, S. Lukyanenko.

Quien se crea que hemos llegado al final de los tiempos, y que ese final tiene algo que ver con el 2012 y las predicciones Mayas, se lo tiene que hacer mirar. Al igual que les sucedió a los que vivieron –y sufrieron- la inminencia del año 1000 o incluso el famoso “reinado de Marte” el 11 de Agosto del 1999 – previsto en una cuarteta de Nostradamus-. Nos seguimos inquietando con estos fines del mundo sintéticos, sacados de la enorme despensa que es la locura, pero sobre todo grandiosamente divertidos. Y es que no me digan que no sería divertido ver a la bestia de siete cabezas ascender desde el mar, mientras los ángeles abren sellos y tocan trompetas sangrientas. No me digan que no sería curioso, aterradoramente divertido, ver a los cazas MIG chinos sobrevolar la Castellana, perseguidos por nuestros F18, mientras la población se refugia en Gredos, y nuestros militares se afanan intentando mantener un corredor humanitario para llegar a Portugal, esperando con ansia al caudillo que, llegado por mar, liberaría la arrasada Europa. También sería magnífico observar unas grandes naves, llegadas de cualquier extremo de la Galaxia, tapar con sus sombras nuestras ciudades mientras todo el mundo contiene la respiración, la misma que contendríamos mientras los enormes tsunamis provocados por el desplazamiento brusco de la corteza terrestre rompen en mares de espuma a la altura del Bernabeu…

Al igual que la violencia de una novela, un juego de acción o una película exorcizan la bestia que llevamos dentro, los fines del mundo “enlatados” exorcizan las vidas de las personas normales, esas que saben que el único fin del mundo real es el que viven, el de las once horas de trabajo diario, familia y relaciones sociales envilecedoras para simplemente pagar una caja de zapatos llamada casa, un coche y el colegio de los niños.

No es de extrañar que entonces, de vez en cuando, aparezcan esos fuegos de artificio que se adaptan, como arquetipos que son, a los momentos históricos que, indirecta o directamente, los han conjurado y que sirven de “válvula de escape” social.

Y es que, si realmente podemos extraernos de lo que nos rodea, percibiremos que el fin del mundo ya ha llegado y no ha hecho falta que se terminara el calendario Maya. Cuando alguien ha decidido que algunas personas no deberían estar por encima de otras por su sexo, pero sí por su cargo, apellido o cuenta bancaria, cuando la naturaleza se ha domesticado para convertirla en parque temático o en zona verde, cuando se nos repite en un mantra cansino que vivimos en el mejor de los mundos posibles pero miramos alrededor y sólo vemos autómatas, el fin del mundo no es que esté cercano, es que ha llegado, nos ha caído encima, pero sin darnos cuenta y sin que nadie haya contratado a Roland Emmerich para que nos lo haga película.

Mientras pasa lo que tiene que pasar, disfruten y ríanse de los Apocalipsis, esos que nos muestran la biblia, los mayas, el cine o Nostradamus, porque el verdadero lo sufrimos aquí y ahora y maldita sea la gracia que está teniendo.

Aminetu Haidar

14-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Gracias Aminetu, por despertar nuestras conciencias. Tu causa es justa, y tu gesto la engrandece. Allá los políticos y sus servidumbres, al diablo con los Estados y sus intereses. La dignidad humana está en juego. Sentimos vergüenza de unos y de otros. La universidad española está contigo.

Las concentraciones de nuestras facultades tienen que dar paso a una movilización de todos para salvarte la vida, la vida con dignidad, para ti y para los tuyos. Tu lucha es sólo el comienzo para que el mundo entienda y tome partido. Te hemos entendido. Resistencia civil frente a la tiranía, frente a la hipocresía.

El pueblo saharaui ha sido masacrado por el Gobierno de Marruecos durante demasiado tiempo… El mundo ha mirado a otro lado movido por intereses, condenando a vuestra nación al genocidio, la infamia, la humillación, la tortura y el silencio.

Nos sentimos responsables, pues nuestro país os dio la espalda cuando quisisteis ser libres. No podemos seguir mirando a otra parte. Basta. Nuestro gobierno no podrá hablar de democracia ni de dignidad mientras no resuelva este asunto.

ACTUALIZACIÓN: Aminetu Haidar pudo volver a su casa de El Aaiún y colmar de emoción los corazones de todos los que de una u otra forma nos solidarizamos con su causa. Es precisamente su causa la que ahora tampoco puede morir. Actúa.

Es que no hay nada más que imaginar.

23-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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Es que no hay nada mejor que imaginar… Así comenzaba uno de los estribillos más populares y brillantes del fallecido Antonio Vega. Luego seguía lo que los simbolistas denominaban un “bosque de imágenes”. ¿Asociaciones libres? ¿Cualquiercosismo? Un momento en una agenda, una décima de segundo, una ráfaga de aire frío, un molino de viento… Las canciones que Antonio escribía a la droga parecían canciones amor; sus letras sobre el amor eran letras drogadas. Dedicamos este número al ego mago, a todos aquellos que nunca posan los pies en la tierra por miedo, como el albatros de Baudelaire, a no poder levantar el vuelo. Lo dedicamos a los “letraheridos”, los científicos chiflados, a los que no bajan del guindo, a los que siguen creyendo en la posibilidad de hacer un “gratuito” (para colmo, cultural). Ese era el problema de Antonio Vega, el complejo del cantautor: “Tener demasiadas imágenes detrás de los párpados”… La definición más imaginativa de imaginación que he oído nunca pertenece a Ingman Bergman y se escribe así: “imágenes detrás de los párpados”. La imaginación no solo sirve al arte, aunque es cierto que es el “punto G” de la creación. Imaginar puede servirnos para dejar de fumar o para fumar (si es que nunca hemos sido fumadores). El gran problema de hoy es imaginar al margen de los grandes imaginarios. La publicidad coloniza imaginarios… La imaginación debe ser combate activo contra la realidad. Aquella realidad que, por momentos, nos parece tan irreal.

Las afinidades electivas

9-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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I am not a piece of teenage wildlife.
(David Bowie)

Cualquier rebelde adolescente que se precie sabe, o debería saber, que desde el momento en que los “adultos” son capaces de reconocer su estilo, el juego ha terminado y ha llegado el momento de buscar pastos más verdes.

La regla de oro, expresada en su momento por el cronista de la New Wave, Lester Bangs es que si nadie hace algo es razón suficiente para hacerlo tú.

No hay forma humana de explicar esta verdad que para algunos de nosotros es evidente sin más: que no hay mayor pecado contra la propia dignidad que seguir al abanderado, a cualquier abanderado. Recuerdo una manifestación anarquista que entendía esto perfectamente: después de quemar la bandera de España como acto de protesta, quemaron su propia bandera.

Es por eso que hay un eco que une a Unamuno – “Se diga lo que se diga me opongo”- con el Brando de Los jóvenes salvajes que preguntando contra qué se rebelaba respondía con otra pregunta: “¿qué representáis?”

Lo demás es vanidad y apacentarse de viento o, lo que es lo mismo, nichos de mercado especializados – gástate cien pavos en una chupita si quieres demostrar que eres un autentico anti-sistema- y posturitas ante el espejo, aunque sea el espejo de la opinión pública.

Genial Ágora.

26-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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La sala enmudeció al acabar la proyección. El aire se cortaba con un cuchillo. La película de Amenábar no dejó indiferente a nadie… ¿Cómo es posible? La sospecha de que las cosas no son como nos las habían contado durante casi dos mil años, revuelve las conciencias. Quizá desde Juliano el Apóstata, con excepción de Nietzsche, no se había reivindicado con esta pasión el viejo mundo grecolatino. Esta vieja reivindicación es la lucha por la libertad de conciencia, por el reconocimiento a las creencias de los demás y por la aventura del conocimiento a la que llamamos Ciencia. Nada más y nada menos que la esencia de Occidente.
La Iglesia, es curioso, ha pedido perdón por casi todo, pero nunca por la masacre de la cultura grecolatina y pagana. Hoy sabemos que el mundo retrocedió mil años con la caída del Imperio y la llegada del monoteísmo militante de los radicales cristianos, tan parecidos a nuestros fanáticos islámicos de hoy.
La película Ágora es muy probablemente el relato más importante nunca hecho por nuestro cine. No hablo de cinematografía, sino de historia de las ideas, de historia de los imaginarios. Amenábar ha dado en el clavo. Su relato toma partido, pero no es maniqueo. Con algún que otro desajuste histórico, refleja muy bien la tragedia de un mundo que se hundía a los pies de la turbamulta que, en el nombre de su dios, impuso la barbarie hasta el Renacimiento.
Amenábar distingue entre historia y fe, turbamulta y respetable creencia personal; y aunque no acaba de explicar “el irresistible contagio” cristiano sino como lucha de clases, sabe dar la vuelta a la historia oficial. O al menos nos enseña a dudar, a pensar, a disentir. No es poco.
Por otra parte, hay en la película miradas y preguntas al cielo que resultan sorprendentes. Bravo.

El triunfo de los blogs

28-septiembre-2009 · Imprimir este artículo

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Los últimos datos del OJD vienen a confirmar una revolución de las audiencias sin precedentes. Empresas como WeblogsSL, SmallSquid, Blogia, La Coctelera, Actualidad Blog o Zumo de Blogs se encaraman a los primeros puestos de los medidores de audiencias superando ampliamente, en la mayoría de los casos, a las cabeceras de los medios de comunicación tradicionales.
Estamos ante un acontencimiento revolucionario que trasciende el acotado marco de las “redes sociales”, más próximas al concepto de cuadrilla o incluso de página de contactos. Los blogs son otra cosa. Tejen relatos que impregnan la red de ideas y reflexión. Ganan la batalla del posicionamiento y al emitir sin filtros rompen el monopolio informativo y cultural de las agencias y los grandes grupos editoriales. Un hito en la historia de la comunicación, un acontecimiento de indudables repercusiones políticas y sociales.
Hechos por y para la gente. Orientados hacia fuera y abiertos a la globalidad de la red, han sido una de las herramientas primordiales y diferenciadoras de la campaña de Obama, pero en España siguen siendo marginados por las instituciones que no les reconoce los niveles de audiencia, ni su calidad de medios de comunicación, a la hora de repartir la publicidad institucional.
El crecimiento de los blogs frente a los viejos paradigmas de la radio, la televisión y las agencias de noticias no parece que sea bien digerido por los mandarines (políticos y editores) de la generación tapón.

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