What crisis?

El mundo gira, el mundo cambia. Cambian las costumbres, las ideas, la vida. La historia, a veces avanza a saltos y a veces a sobresaltos. En pocas semanas, la realidad se transforma hasta volverse irreconocible.

¿Quién iba a decirnos que podía ganar Obama? ¿Quién iba a decirnos que el capitalismo iba a sufrir una crisis de esta envergadura? ¿Quién iba a decirnos que íbamos a tener seis mi parados cada día?

Estamos ante la mayor crisis desde la segunda guerra mundial, y ante la primera crisis seria que vive nuestra generación. Y nos pasará factura.

Una crisis significa que las cosas se ponen difíciles para todos. Nuestro modelo productivo, basado en el ladrillo (11% del PIB) y el buen rollo de la clase política (100%), se acaba.

No tenemos hoy por hoy alternativa productiva para nuestro países, aunque en el horizonte asoman las nuevas energías, las viviendas para jóvenes e infraestructuras y la industria cultural, esos modelos tardarán en consolidarse algunos años. En esta crisis los primeras que van a pagar los platos rotos, además de los trabajadores, serán los que salgan de las universidades el próximo lustro, osea vosotros. Será difícil colocarse y mucho más en lo que hayáis estudiado.

La universidad española es de las menos competitivas del mundo, no nos engañemos. Sólo tres universidades españolas (UAB, UAM y UCM) figuran entre las quinientas mejores del mundo. Nuestro sistema universitario está muy poco preparado para competir. En los próximos años, muchos universitarios españoles deberán emigrar o especializarse fuera, o trabajar en cosas para las que no han estudiado. Estas noticias coinciden con esa esperanza que se ha abierto en los Estados Unidos ¿Un cambio superficial o un verdadero cambio? He traducido y ubicado el discurso de Obama para que veamos qué es exactamente lo que nos diría.

Y el resultado puede sorprendernos.

La crisis es para todos. Ójala podamos acompañaros otros once años…

Hasta pronto.

La cultura no ocupa lugar.

18-diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por

universidadchina

He leído en el Financial Times que las universidades chinas tienen previsto “producir” tres millones de ingenieros en los próximos lustros. Esta curiosa noticia me ha evocado la imagen de un supersistema biológico (hormiguero o panal, por ejemplo). Dicha asociación de ideas no tiene nada que ver con que los chinos hayan sido considerados por nuestros idiotas prejuicios y tópicos como insectos sociales, sino porque la planificación que requiere esta “producción” de ingenieros hace pensar en decisiones, que como Mauricio Maeterlinck sostenía, superan al individuo y denotan una mente colectiva.

Recuerdo que en la foto de la promoción de carrera de mi abuelo – un hombre de origen modesto, becado durante el directorio de Primo de Rivera (1926) – no había más de veinte ingenieros industriales en la escuela de Madrid. Unos pocos centenares de universitarios eran entonces suficientes para modernizar el país.
Lo que ponen en relación estas dos imágenes merece una reflexión que supera el problema de cantidad o escala, para introducir un salto de cualitativo en la historia de la Universidad. La función universitaria se ha transformado completamente en poco más de 100 años.
El primado de la economía sobre la política es un hecho que determina también el las decisiones sobre la enseñanza. La Universidad ha terminado de ajustarse a las necesidades del mercado, renunciando a su papel ideal de rectora de sociedades, ideas e imaginarios que alguien le quiso otorgar alguna vez. Este hecho no es nuevo, pero debemos tenerlo en cuenta a la hora de analizar la tendencia de las reformas universitarias.
Si en todas partes funciona de manera global y total lo que llamamos “lógica de mercado”, en la Universidad no tendría por qué suceder de otra manera. Esta “lógica” es el espíritu de los tiempos. Ernst Jünger utilizó el término militar movilización total precisamente para referirse a los cambios que la mercadotecnia introdujo en las sociedades europeas después de la Primera Guerra Mundial. La noticia de los millones de ingenieros en China supera con creces la imaginación de nuestros escritores contrautópicos o distópicos. ¿Qué hubiera dicho de ella Aldous Huxley?
Está claro que la lógica de mercado no entiende de humanidades ni de culturas, sino de satisfacción de necesidades individuales, sueños de riqueza y de lucha por la supervivencia.
No hay, por tanto, que rasgarse las vestiduras universitarias. La mascarada de una sociedad ilustrada y culta ha dado paso a una sociedad formada para producir, que no es lo mismo. Seamos realistas: Saber griego no cotiza en bolsa, nadie nos preguntará en una entrevista de trabajo por el lugar donde nació Isabel la Católica, la Física Cuántica no sirve para colocarse en una oficina, el sentido de la vida no da de comer al común de los mortales. Estas cuestiones parecen ya cosa del Trivial. La cultura, tal y cómo se conocía, no resulta útil al modelo planetario vigente. En consecuencia, aunque algunos de los que salen de nuestra universidad todavía sepan de estas cosas, cada día sabrán menos de ellas.
Los sucesivos planes de estudio para conformar la universidad a la realidad laboral amenazan definitivamente el viejo modelo. La especialización “de saberes” que exige la producción mutante y adaptativa conlleva un sistema de celdas culturales donde cada uno aprende de lo suyo y poco más (esto último lo pone la tele muchas veces).
¿La cultura con mayúsculas está llamada a ser de nuevo una cuestión de minorías “ajenas” a la producción? ¿O es que simplemente, como cualquier otro factor en una sociedad de consumo, la cultura debe esforzarse por saber venderse y ser productiva?
Lo que está claro es que la cultura, en el sentido de excelencia, está llamada a salir de la Universidad.
La cultura vuelve a ser un lujo marginal en el modelo social. ¿Nada nuevo bajo el sol?
Ninguna sociedad histórica – esto es lo que ha cambiado- ha rendido culto de forma tan patética al trabajo o al mercado, al menos de manera global. Ninguna sociedad ha colocado el dinero – y menos abstraído electrónicamente- por encima de la cultura, la pasión, el arte o la religión.
Éste cambio de imaginario afecta a la Universidad de manera esencial. Irónicamente, ello no es óbice para que “el nuevo burgués licenciado” tenga que proletarizarse cambiando el aceite del coche en la “movilización total” del fin de semana. En China hay tres millones de ingenieros dispuestos a ello. La cuestión es si el planeta lo aguantará, puesto que no hay marcha atrás. Seis mil millones de egos son muchos para convivir en un planeta sostenible. El sueño de la burguesía industriosa ha resultado altamente contaminante. Pero tranquilos: otro cambio de mentalidad se anuncia ya en los anuncios de las grandes industrias de la energía limpia. Vienen, como siempre, a salvarnos de nosotros mismos.

La lección del profesor Neira

9-octubre-2008 · Imprimir este artículo

Por

Ya hemos oído esta historia en alguna parte, pero seguimos sin entender su moraleja. Cuando nuestro amigo y colaborador, el profesor Jesús Neira evitó una brutal agresión a una mujer no podía sospechar con qué clase de gente había topado, ni podía entender las razones de esa costumbre tan frecuente y miserable de pegar mujeres. Aquello le pareció intolerable. Esta certeza y su determinación, le impidió esquivar un destino que le ha llevado a recibir una brutal paliza y a pasar sesenta días en coma, pendiente sólo de un hilo transparente que mantiene en vilo a sus seres queridos.

La belleza interior que alimenta el gesto de Jesús ha sido la constante de su vida. La dignidad frente a los abusos de poder viene acompañada, en el caso de Neira, con una brillante inteligencia y una pasión irrefrenable por la libertad política. El profesor Neira es de la rara e incómoda especie de los hombres libres. ¿Qué otro tipo de persona podía rebelarse con tal determinación contra aquella bestial y miserable violencia?

Jesús ha pagado un precio muy alto por su dignidad y por la libertad de los demás. En realidad, lo ha pagado toda su vida…

Y también, es hora de decirlo aunque sean hechos distintos, lo pagó en la Universidad. Y de qué manera. Algunos de los que ahora le ensalzan no movieron un dedo sino para defenestrarlo cuando, por cambios en los planes de estudio, desapareció la asignatura que Jesús impartía con brillantez. Entonces les inquietaba el preclaro e independiente profesor de Teoría del Estado, y nada les importó que tuviera premios extraordinarios, que fuera un demócrata radical, un profesor querido. Siempre resulta incómoda la voz que señala los abusos. Y qué cosas decía el profesor Neira, ¿verdad? Por eso, “ni los hunos ni los otros” consideraron que mereciera seguir siendo profesor de la Universidad Complutense, que no le reconoció -caso único en su historia- su estatus, y que le hurtó plazas secundarias en concursos humillantes y kafkianos. Un calvario de años que no le hizo bajar la cabeza, pero que sí le hizo sufrir mucho, a él y a los suyos. Jesús ha vivido durante demasiado tiempo un verdadero e injusto exilio interior.

Recuerdo que, en aquellos días, alguien que hoy ostenta todas las dignidades en otra universidad catalogó a Neira de “profesor conflictivo” para impedir que lo acogiera un Departamento. Qué buena vista tuvo su excelentísimo. Tenía toda la razón. De la misma manera, Neira podía haber mirado para otra parte cuando el destino le puso a prueba aquella fatídica mañana de la agresión. Que se lo digan a Alejandro, el hijo que le acompañaba y que está orgulloso de que su padre hiciera exactamente lo que hizo a pesar de la horrible paliza que recibió delante de sus impotentes ojos de niño.

La Vicepresidenta del Gobierno ha dicho de corazón que Neira ha arriesgado su vida por todos nosotros. Gracias señora: así es.

¿Tendrá ahora un gesto la Universidad Complutense para remediar la injusticia que se cometió con el profesor Neira?

El infinito al alcance de los perros

Más allá del sexo animal y del sexo como Dios manda está el sexo como arte. Más allá de la pornografía, del mercado de cuerpos y de almas, de la reprodución asistida y los protocolos sectarios y demás ortopedias ciudadanas. El ser humano juega siempre a crear belleza para sublimar el instinto.

Más allá de vernos y tratarnos como animales magníficos, olisqueándonos con reverencias los cuartos traseros o admirando la puerta que se abre tras cada pupila. Más allá de nosotros mismos de nuestros deseos. En el umbral del placer y de la extinción. En un equilibrio imposible. allí se encuentra el sexo como arte, iniciación y entrega para el amor, que todo lo puede.

Cada día son más los que prefieren “el amor” congelado, en plástico, sin alma, en cristal u ordenador. el ordenador ha jubilado a los sex-shops. Hasta hace poco, los rótulos fluoresecentes atraían a las polillas humanas que deambulaban en las noches de las ciudades. Los sex-shops eran la pecera de la vida: Felipe II tenía el suyo dentro del cuadro del Bosco El Jardín de las Delicias.

En este mundo de sucedáneo, sólo los dionisíacos y los románticos prefieren el amor de carne y hueso.

Menos mal que cada amanecer, algún [email protected] se hace musa y los arcángeles del placer tocan la lira cuando los gusanos hacen mariposas.

Hoy se hace todo por Internet, pero no todo se puede hacer por Internet. Aunque allí se encuentre el infinito al alcance de los perros.

El preso político más joven del mundo (carta a ZP)

Se llama Gendun Choekyi Nyima. Cuando tenía 6 años le hicieron su última foto. Unos helicópteros del ejército chino lo secuestraron con su familia, en su remota aldea. Corría el año 1995.

Es el prisionero político más joven del mundo. Lleva 13 años secuestrado y se desconoce si él y su familia están vivos o simplemente han sido “reeducados” por el gobierno chino.

El gobierno comunista dijo que lo secuestraban para garantizar su seguridad. Su pecado era haber sido nombrado Panchen Lama (sabio grande) del Tíbet por Dalai Lama. Sea sabio o no, creamos o no en esa tradición o superstición, un ser humano ha sido castigado como consecuencia de unas creencias por un gobierno que ejerce la tortura y que ha provocado el genocidio de más de un millón de tibetanos.

Hoy nos sumamos a la protesta de quienes creen que esta situación cuestiona los juegos olímpicos y la credibilidad de la emergente China. La humanidad debe ejercer su derecho a presionar a esa formidable potencia mediante todos los medios pacíficos posibles, a fin de que en aquel país y en el Tíbet se dejen de vulnerar los derechos civiles más elementales. Dedicamos este número de Generación XXI al sufrimiento de aquel pueblo, y a la necesidad de plantearse un boicot a los juegos olímpicos y al made in China.

La desigual batalla de imaginarios con Tíbet es sin duda la última batalla entre dos modos de entender la vida, pero las personas están por encima de esa guerra de ideas e imaginarios. Nuestro Gobierno debe entender que no puede participar de la farsa olímpica mientras se tortura masivamente y mientras seres inocentes como Gendun no gozan de libertad. Nadie en su sano juicio hubiera celebrado en Munich unas olimpiadas en 1940, señor presidente.

Más información en: