Usted y yo

9-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

Por

Mucho se habla de las familias de siempre, góticos, rockabillis, mods, punks (en peligro de extinción), emos (de reciente aparición)… pero hay otras tribus urbanas mucho más arraigadas y temibles. Veamos algunas de ellas, comenzando por la llamada “Triple T” (taxistas, toreros y tunos).

Taxistas.- Su facción más dura (oyentes de la COPE con virgen en el salpicadero) presentan unas pautas de conducta tan casposas y retrógradas que en sus vehículos parece flotar aun el aroma del Caudillo.

Toreros.-Tribu muy jerarquizada, a la que pueden otorgarse medallas de las Bellas Artes, según su habilidad para asesinar animales ante el público, disfrazados de payasos, mientras las revistas de las peluquerías cantan sus gestas y amores teñidos de sangre.

Tunos.- Utilizan lo que ellos llaman su cerebro para dar la brasa con canciones tan odiosas como inolvidables. Jamás han integrado un tema de Björk en su repertorio. Suelen ser incipientemente calvos y adoran el güisqui DyC.

Nota: (Se han dado diversos casos de tunos taxistas, pero lo más parecido a un taxista torero es el desaparecido El Fary).

Agentes inmobiliarios.- Ellas son de móvil rápido, uñas esculpidas y sonrisa de enfermera, y se las reconoce por el pelo teñido, las gafas D&G y un cierto aroma a Instituto Médico Forense. Ellos llevan trajes que deberían haber jubilado dos años atrás, y relojes que parecen buenos. Miran de reojo sus sillones, por lo que padecen cierto lumbago crónico.

Porteros de discoteca.- Hace poco los vimos todos juntos compareciendo a un examen de capacitación en el que algunos demostraron que sabían leer y escribir. Son más calvos que los tunos.

Monjas.- La polémica por el uso del velo no parece ir con ellas, que pasean su intimidante indumentaria por las callejas, raramente solas, siempre apresuradas, ocultando con sus hábitos los cinturones de explosivos que abrazan sus cinturas pálidas.

Notarios.- Aparecen fugazmente para verificar DNI’s y leer testamentos, escrituras o contratos. Se rodean de una pléyade de secretarias (chicas) y oficiales (chicos), como Tiberio se rodeaba de sus famosos pececitos en las piscinas secretas de Roma.

Viejos mira-obras.- Caballeros ociosos y canosos que entrelazan sus manos a la espalda mientras contemplan embobados cualquier máquina, excavación, perforación o encofrado. Algunos buscan grietas en las vallas protectoras para poder atisbar los misterios telúricos de la peonada en acción. Madrid es un paraíso para ellos.

Señoras con caniche.- Visten sus mejores galas para ir a la iglesia los domingos o para ir al banco a actualizar su abultada cartilla de ahorros. Parte de su patrimonio está invertido en hedge founds, aunque ellas no lo saben. La poderosa laca de sus peinados les confiere el típico aspecto de bombillas callejeras.

Usted y yo.- Ni usted ni yo tenemos futuro a no ser que ingresemos en cualquiera de estas tribus… o que fundemos una nueva. Llámeme.

Torero en formol (Damien Hirst)

25-febrero-2009 · Imprimir este artículo

Por

tiburon110x1101El arte es un valor muy seguro a la hora de rentabilizar patrimonios, y se nos antoja mucho menos tenebrosa esta forma de administrar una fortuna que la compra de bonos estructurados con hipotecas basura a través de las “hedge founds”. Y sin embargo, cada año, la celebración en Madrid de ARCO provoca parecidos titulares.

Los adalides de la austeridad saltan a la yugular del arte contemporáneo, criticando las cifras de negocio que mueve el sector, y cuestionando la quintaesencia del arte. Si ese arte es además abstracto, la eterna polémica sigue en la eterna bandeja. Se entiende más que alguien pague una fortuna por un Antonio López, porque se reconoce lo que pinta “¡y con qué detalle!”, que un Miró, porque “vaya una birria, eso lo hace mi hija pequeña”.

Esa idea de que cualquier niño puede pintar ciertas obras debería haber sido superada hace mucho por cualquier persona con una mínima formación educativa. En el último suplemento dominical del diario EL PAIS, coincidiendo con la clausura de ARCO se llenaron cuatro páginas con un reportaje a todo color sobre Aelita, una niña de 2 años que “pinta” arte abstracto para orgullo de sus avispados progenitores quienes, no obstante, se ocupan de poner los títulos a las obras. Así, llegamos a leer que “Aelita ha echado por tierra el concepto del arte y amenaza a muchos creadores mayores que ella, que preferirían no tener que competir con una niña de dos años” (sic).

Que un diario de prestigio alimente este tipo de simplificaciones tendenciosas nos da una idea de hasta qué punto está arraigada la creencia de que el arte abstracto es una tomadura de pelo. El único problema son los dígitos. Si fuera gratis, la gente lo vería simpático. Pero un Rothko vale millones de euros. Mucho más que un Romero de Torres, por poner un ejemplo de gusto taurino.

Y es que en nuestro país de fútbol, pandereta y corridas, los mismos que jalean desde el tendido de sombra a sus héroes de lentejuelas, para que asesinen astados y les corten orejas y rabos, calificando esa carnicería inexplicable como Arte, describen la cúpula de Barceló como una paella de gotelet. Su contacto más próximo con la pintura moderna se produce en las salas de espera de las notarías en las que cometen sus alambicadas especulaciones. Porque de sus paredes, a veces, cuelgan cuadros de Fernando Zóbel.

Damien Hirst debería perfeccionar la técnica que empleó para su famoso “Tiburón en formol” (1991), y probar con un torero. La pieza alcanzaría un valor astronómico en Christie’s, y Hirst volvería a acaparar los titulares de la envidia.

Facebook

19-diciembre-2008 · Imprimir este artículo

Por

facebook300x220_1

Caralibro. Esa es la cruda traducción de la red social más popular en Internet aunque, siendo menos severos, podríamos conformarnos con Libro de Caras. ¿Quién no ha recibido alguna vez una invitación de Facebook?
Si decidimos formar parte de esta comunidad virtual, pronto veremos que su intención básica es de alcoba, o no se entendería que la tercera pregunta del formulario de registro sea, simplemente:

Sexo

(Para responder nos ofrecen cuatro posibilidades)

a) En la universidad / escuela de posgrado
b) En una empresa
c) En el instituto
d) Nada de lo anterior

Nótese que sólo dice “Sexo”. No especifica “¿Dónde practicó sexo por última vez?” o “¿Dónde le gustaría practicar sexo?” o “¿Dónde ha mostrado su sexo al público?”…
La parquedad del enunciado despierta las peores sospechas, sobre todo porque la siguiente pregunta, lo crean o no, TAMBIÉN se titula “Sexo”, aunque en este caso sólo se trata de indicar si somos ÉL o ELLA.
Hace algunos meses, sin mi consentimiento pero con buena intención, alguien me dio de alta en Facebook. Desde entonces toda clase de cadáveres del pasado me envían esperanzadores mensajes del tipo “Realmente ¿eres tú?”. Personas que desaparecieron de mi vida sin mirar atrás ahora se conmueven ante la sombra que arrojan mis bits… Hipocresía digital. Por si eso fuera poco, numerosos desconocidos solicitan mi amistad, cuando ni siquiera me suenan sus nombres. Y si no contesto, el propio sistema Facebook les enviará un correo parecido a: “Antonio Dyaz rechaza su invitación para ser amigos”.
Con ello me estoy granjeando la antipatía de mucha gente, porque Facebook transforma en una afrenta mi derecho inalienable a guardar silencio.
Hoy día, en cualquier fiesta encontraremos dos o tres idiotas cuyas cámaras o móviles 3G son capaces de cazarnos con una resolución de 5mpx. Si estoy bailando sobre una mesa, maquillado, semidesnudo, mostrando mi lencería secreta y en actitud procaz (basado en hechos reales), alguien me puede hacer la foto, colgarla en la red, poner mi nombre…
Perdería mi plaza de profesor de catequesis en la Universidad Pontificia de Comillas. Y, lo que es peor, me echarían de la COPE.

© Antonio Dyaz, 2008

Miedo al “Observatorio de la Imagen del Instituto de la Mujer”

Suecia ha exportado con éxito millonario e ideológico cosas tan dispares como los muebles de IKEA o las revistas porno de lujo. Berth Milton es el dueño de PRIVATE, el líder mundial del cuché para adultos, y sus palabras son esclarecedoras: “Me enerva que se hable de sexo y violencia de manera conjunta ¿puede alguien explicarme qué tiene que ver lo uno con lo otro? Es como si se hubiera inventado una nueva palabra ‘sexoyviolencia’. Y eso hace hervir mi pacífica sangre escandinava.”

La etiqueta “arte” puede salvar de la hoguera mediática toneladas de carne fresca, aunque a veces tenga que transcurrir un tiempo. Pongamos por ejemplo, aquel anuncio que en febrero de 2007 lanzó Dolce & Gabbana en el que cinco apuestos gays jugaban con una arrebolada modelo. La fotografía, de excelente factura técnica y artística, fue detectada por el temible “Observatorio de la Imagen del Instituto de la Mujer”, que es lo más parecido a la Santa Inquisición que podemos hallar en nuestros días. Y una vergonzosa orquestación desde medios pretendidamente progresistas, dio al traste con la campaña. Ello fue noticia en toda Europa, que no olvida que nuestro país vio crecer a Torquemada.

La torpeza del citado “Observatorio” es flagrante, pues gracias a su denuncia, Dolce & Gabbana vio su fotografía publicitaria reproducida GRATIS en miles de medios de comunicación. De hecho, multiplicaron tanto su impacto y se ahorraron tanto dinero que podríamos pensar mal… ¿tuvo lugar algún almuerzo previo y discreto entre los responsables de ambas partes…?

Un par de meses después, la compañía aérea Ryanair editó un calendario benéfico, en el que doce azafatas posaban voluntaria y gozosamente ligeras de ropa ante la cámara. De nuevo el “Observatorio” alzó su báculo mesiánico, pero esta vez se topó con la comprensible incomprensión del público. ¿Acaso no hay calendarios con tipos musculosos semi desnudos? Bomberos, deportistas, estibadores portuarios…

Mostrar ciertas áreas de la anatomía femenina es ofensivo para estas colectividades de ideología medieval, que identifican sexo con vejación y abuso. No quiero imaginar las terribles infancias que parecen haber sufrido todos estos funcionarios y funcionarias, tan aplicados en buscar cualquier centímetro de piel desnuda para criminalizarlo y exigir el inapelable castigo bíblico.

Sexo y violencia siguen enlazados en sus retorcidas mentes. Si logramos sustituir “violencia” por “arte” habremos entrado en el siglo XXI con menos complejos… Y menos ropa.