Seis mil millones de marionetas

13-noviembre-2010 · Imprimir este artículo

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Parabólicas que llaman a la producción, masas de hombres rotos en la costa, vejaciones inconfesables en la frontera, cadáveres desperdigados, lanchas de salvamento llenas de buenas intenciones, quinta columna de parroquianos, progres que afeitan las uñas a sus gatos mientras observan la masacre televisada… Mano de obra al servicio de la gran máquina.

Movilización total: Armagedón o Muerte: Megacloaca planetaria. La Modernidad se encuentra en avanzado estado de descomposición. Tras el Estado del bienestar ha llegado el estado de malestar planetario.

Los pobres y la explotación no están de visita: han vuelto para quedarse: con ellos retorna la lucha de clases y de colorines, pero también el lumpenproletariado. Estas imágenes cotidianas nos despiertan, por unos minutos, de nuestra supuesta felicidad.

Unos se sienten invadidos, otros humillados, pero unos pocos usureros se frotan las manos con el negocio del siglo: Trasportar y explotar humanos es muy rentable.

Un mundo con seis mil millones de egos es sencillamente ingobernable. No es un problema de cantidad, sino de calidad humana. Somos así: Somos demasiados deseando, consumiendo, haciendo dinero, sufriendo, paciendo, follando, defecando al sol cada mañana. La humanidad puede ser muy sucia y muy perversa. Y en eso consiste -también- nuestra libertad.

Nuestra libertad viene de los bosques, pero ya casi no hay bosques.

Los mutantes estamos listos para el salto que se avecina. Los visionarios, por el contrario, claman al cielo naranja en espera de otro mundo imposible.

El último constipado capitalista dejará sus secuelas. Hemos perdido la penúltima oportunidad para vivir de otra manera.

Hay algo en el horizonte humano que no hemos entendido, pero que se proyecta como una sombra amenazante. Seis mil millones de marionetas dan para mucho.

Foto | Es tu obra

Encuentros con lo invisible

Tengo el placer de invitarte a nuestro* nuevo ciclo mensual de conferencias en la FNAC de Madrid (pza Callao).

El objeto de nuestro foro es conocer y experimentar diversas formas de encontrarse con lo invisible a través de sus protagonistas. Una visión global sobre la espiritualidad por donde desfilarán yoguis, derviches, chamanes, psicoanalistas, buscadores, sabios, locos, pícaros y hasta santos.

Nuestros próximo encuentro con lo invisible será el jueves 17 de Junio, 19.00 h:

LA MIRADA AMAZÓNICA

A cargo de Ricardo Awananch, hombre medicina de la Nación Shuar y de Juan Carlos de la Cal, escritor experto en el Amazonas.

Hasta pronto,
Javier Esteban

* Una iniciativa de David Barba & Javier Esteban.

Cara a Cara con Fernando Arrabal

Amigos de las letras:

El lunes 17 la facultad de filología de la UCM, organiza un homenaje al genial escritor FERNANDO ARRABAL. En ese contexto os invito a que vengáis al espacio cara a cara, que presento a las 16.30, en el salón de actos de la Facultad.

Un diálogo sobre la incompletitud, el amor y los fractales.

Arrabal, además de ser el dramaturgo vivo más representado en el mundo, es un conversador genial.

Lunes 17, 16.30 horas en el paraninfo de Filología de la Universidad Complutense de Madrid

Un saludo

Javier Esteban
Editor de Generacion.net

Avatar

Una desolada nave industrial mostraba cientos de pantallas de ordenador a un lado. A lo lejos, en medio de la nada, Cameron bailaba con su cámara en las manos, como si filmase el vacio. Al observar la llegada de su invitado, le hizo un gesto para que se acercara. Al aproximarse, Juan Carlos Fresnadillo, el joven director español, observó alucinado que cada vez que esta visualizaba un sensor se proyectaba una imagen selvática sobre aquella cámara que no tenía nada delante. Solo entonces pudo observar los disimulados sensores que colgaban, casi invisibles, del techo de aquella nave. Cameron danzaba montando escenas virtuales que estaban destinadas a conquistar el corazón de millones de seres humanos…

Unos meses después, llegó el estreno. Al final de la película, una caravana de humanos, rendidos y humillados, abandonaba el herido planeta Avatar, ahora libre de su rapacidad, su egoísmo y su mediocridad. Cuando cayó el telón de la película, todos los niños de la sala se levantaron para aplaudir durante algunos minutos. ¿Qué es lo que aplaudían? Los niños quizá aplaudían nuestra ceguera ante la naturaleza. Nada más actual: del Himalaya al Amazonas, esa es una gran cuestión. Avatares de naturaleza idílica vencen en nuestro inconsciente a la tecnología y a la sociedad. Una raza de ingenuos sobrehumanos se insinúa desde el romanticismo más básico y selvático.

El viaje iniciático de nuestros exploradores al alma del mundo era la otra gran enseñanza virtual de la película. Cameron, el iniciado, tuvo que cortar las escenas donde los avatares hacían una toma ritual de un extraño gusano de luz al que muchos han identificado con la ayahuasca, pues el gran público de este siglo todavía no está mentalizado para las sustancias fantásticas.

La idea romántica clama al cielo por integrarnos en la naturaleza, olvidando nuestra limitada y libre condición de seres humanos.

¿Quién dijo decadencia?

El filósofo Santiago Alba Rico dice que no nos importará que llegue el apocalipsis si podemos verlo por la televisión…

En el prólogo de su interesante libro sobre el relato mítico en el primer cine americano, Clásico, manierista, postclásico, el profesor Jesús González Requena afirma que “todo parece indicar que el marasmo posmoderno se ha convertido ya en una crisis radical de nuestra civilización, como se manifiesta en un hecho de gravedad tan extrema que – quizás por esa misma gravedad- resulta invisible para nuestros contemporáneos. Nos referimos a la brutal caída de los índices de natalidad en Occidente – progresivamente disfrazados, para una sociedad que prefiere no verlos, por ese otro gran proceso histórico que constituye la emigración desde la periferia. No resulta difícil establecer la relación entre el proceso masivo de desmitologización de nuestra civilización y el, evidente simultáneo, cese de la procreación. Pues a fin de cuentas, como la antropología nos enseña, el corpus central de toda producción mitológica es el constituido por los relatos sobre los orígenes…”

Vivimos como romanos del siglo IV, en plena decadencia, esperando a que lleguen los bárbaros a lomos del apocalipsis y arrasen con todo interrumpiendo nuestra ilusoria orgía.

¿Sade vuelve a ser objeto de interés como ejemplo del goce elevado a la máxima expresión disolutoria? ¿Acaso no chapoteamos en una suerte de posmodernidad retromasoquista y decadente?

No emito juicios morales, sino observaciones del discurso imperante. Algo huele a fin del viejo mundo que hemos conocido. Tras América y la vieja Europa espera el sol de Oriente. La máquina china sabrá sin duda versionar a Sade, pero de momento, como por una intuición sistémica, prohíbe que sus niños vean Avatar.

2012 (o el apocalipsis para niños)

14-diciembre-2009 · Imprimir este artículo

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Una vez más, los aguafiestas profesionales nos vienen a dar la plasta. Una vez más, nos comen la oreja con la perogrullada de que el mundo se va a acabar… dentro de dos años. Pero, ¿por qué precisamente ahora? Eso no nos lo acaban de explicar en este bodrio de película apocalíptica llamada 2012. Alguna ignota causa, desde el lejano sol, provoca que la corteza terrestre se desplace de un lado para otro originando catástrofes y escenarios llenos de ciudades que se hunden, tsunamis de kilómetros de altura, grietas que se tragan al mundo entero… ¿Divertido, no?

Si no te crees lo que viene encima, sólo tienes que recordar que unos tíos tan enrollados y previsores como los mayas ya pusieron fecha al festín de despedida. 2012, ¡qué miedo! Para ellos, por cierto, la fiesta se terminó mucho antes.

Si hacemos caso de la película, la mayoría de la población mundial (idiotas) permanecerá ajena a las decisiones de una oligarquía de gestores, poderosos y millonarios enteraos que saldrán vivos de la ocasión en… algo parecido al Arca de Noé made in China. Ahorro los comentarios que me sugiere semejante invento bíblico-tibetano, pero aprovecho para analizar los perversos y serios mensajes de poder que se nos filtran desde esa película, a cuya catarsis recomiendo asistir no para gozar con el merecido fin de todo esto, sino con la irónica sonrisa del que se da cuenta de las cosas. Atentos:

1. El fin del mundo vendrá advertido, cómo no, por un científico loco. En este caso, “el cambio climático” no será culpa de nadie (lo siento, Al Gore). Será un capricho de los dioses o quizá un castigo divino (arquetipo) ajeno a nuestra voluntad.

2. El fin del mundo será – faltaría más- el secreto mejor guardado de la historia. Una especie de gobierno mundial oculto mantendrá el secreto para que no cunda la anarquía, puesto que sólo unos pocos serán “los elegidos” para montar en las nuevas arcas de Noé (me lo temía).

3. Todo el esfuerzo para sobrevivir a la catástrofe se hará en aras de esa cosa tan rara que es la humanidad y sus acompañantes: animales, obras de arte, fórmulas del quimicefa, Platón, el perro de la reina de Inglaterra, los ideales de ZP… Hay que salvar lo mejor de la tierra.

4. Sólo unos pocos iluminados, conspiranoicos y apocalípticos, se darán cuenta de lo que se nos viene encima. Muchos serán asesinados. Un pirado californiano lleno de tripis y con gorrito de sufí radiará en directo el evento para una minoría de enterados, entre llamadas a la unidad de la fe.

5. Toda una conspiración será justificada en aras del progreso y la supervivencia de la especie (humanismo terminal). Algo de esta pésima prole debe sobrevivir para seguir ensuciando el cosmos. Sólo hay que ver la cara de los que se salvan y los gestos de bondad terminales. Conmovedor.

6. En medio de una historia de amor y divorcios, una familia wasp encantadora y llena de buenas intenciones, será el puente entre el público y el apocalipsis. Salvarán el pellejo de la manera más increíble, como era de esperar.

7. El presidente de los EE.UU, un Obama envejecido al estilo Tío Tom, dará una gran lección al quedarse en tierra rezando por solidaridad con la mayoría de los terrícolas, lo mismo harán Berlusconi y la Curia Papal, que será sepultada por la basílica de San Pedro (sic).

En fin, que la peli “para niños” tiene mucha miga. Es uno de los mejores relatos asexuados de humor apocalíptico y conspirativo nunca vistos. Los guionistas de Hollywood nos tratan como a ganado… y lo mejor es no decepcionarlos.

The Imaginarium of Doctor Parnassus (o el viaje interior)

23-noviembre-2009 · Imprimir este artículo

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La última película de Terry Gilliam es un verdadero tripi… mal digerido. Mezcla de anacrónico cuento iniciático y de viaje al inconsciente, recuerda bastante, en sus mejores planos, al cine de Jodorowsky.

El Imaginario del Doctor Parnassus es una gran invitación al viaje al interior de uno mismo, inspirada por viejos relatos fantásticos, experiencias como la meditación y por la alteración de conciencia a través de la toma de algunas sustancias. Sobre una original y transgresora idea -una carreta de extraños feriantes ofrece viajar dentro de la imaginación de cada uno- el director monta una serie de escenarios inconscientes verdaderamente alucinantes por su belleza, que sin embargo no conducen a ninguna parte, pero que plasman de una manera sorprendente las ideas fuerza de la llamada Nueva Era.

El Imaginario del Doctor Parnassus es una de esas películas que hay que ver para criticar después con pasión, pues aporta algo esencial sin llegar a desarrollarlo. La tarea de viajar al imaginario de cada uno y dar sentido a ese viaje es el mayor reto del hombre futuro. Por eso sorprende que una maravilla de realización no concuerde con un argumento mínimamente digerible, y que se pierda en historias sin significado. Gilliam, que empezó su carrera con Monty Pithon y llevó al cine entre otras imaginativas y arriesgadas películas como Las Aventuras del barón Munchausen o Miedo y asco en las Vegas, realiza en este caso un verdadero ejercicio de escenografía que se come la posible trama del film.

Tal vez el inconsciente, que lo devora todo en la obra de Gilliam, sea así de caótico, y eso es precisamente lo que quiera resaltar el director, pero entonces no haría falta intentar argumentar lo que sucede a lo largo de la película con unas historias bizarras que no se sostienen. En medio del caos de imágenes e historias sin veleta, el espectador acaba mareado. Lo inconsciente y su traducción a través del imaginario no son virtuales, como piensa gran parte del cine que trata sobre estos temas, sino un valiosísimo material para el análisis de uno mismo o de una sociedad entera. En este terreno, Gilliam hace una apuesta que pierde. En el plano inconsciente o preconsciente de la película suceden cosas maravillosas, mientras en el plano consciente, los lugares comunes cansan. Es posible que la cadena de significantes psíquicos que guarde el inconsciente no tenga para Gilliam más sentido que lo efímero, pero lo dudo. Creo que el problema de la realización -y por tanto del ritmo de la película- estriba en la inconexión entre los planos real e imaginario.

Aldous Huxley, después de conocer sus entrañas por medio de los alucinógenos, pasó toda su vida tratando de entender aquel viaje con la filosofía perenne. Antes de que su mujer le inyectara su deseada dosis de LSD en su lecho de muerte, quiso entender que las cosas tenían un sentido, más allá del caos y de la dualidad. El intento de Huxley fue esencialmente humano, esa humanidad es precisamente lo que está ausente en el gran vodevil de Parnassus. Tal vez el director no haya querido llegar al fondo del asunto, pero eso no significa que este asunto no sea uno de los grandes retos del hombre o que la película no sea una verdadera curiosidad escénica. La espeleología del alma siempre resulta interesante.

Conspiración e idiocia

8-octubre-2009 · Imprimir este artículo

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“Salvo el poder, todo es ilusión”
Lenin

El poder no es un misterio, es un hecho donde se proyecta la parte oscura de cada uno de nosotros. El secreto, en todo caso, no está en que uno mande, sino en que muchos obedezcan…
Tenemos un gran vacío a la hora de entender al poder y su ejercicio porque no existe la democracia. Por eso florece la barbarie y la oscuridad de ideas, la magia y la superstición conspiranoica. El marxismo fue un método que no ha tenido sustituto. La teoría de la Conspiración debe ser entendida como un juego literario que esconde un grito de desesperación y una enorme parodia de la decadencia moral y mental de nuestra sociedad.
A medida que las decisiones que nos afectan se van haciendo opacas, surgen de nuevo los gnomos. La Teoría de la Conspiración es útil en cuánto metáfora, pero ¿qué sentido tiene mezclar a los marcianos con los consejos de administración de las grandes compañías? ¿No sería más eficiente dibujar un mapa del poder y sus intereses?
En un mundo de esclavos, el poder no encuentra más oposición que en la fantasía más delirante. El descrédito y el sometimiento de la izquierda es una desgracia que da alas a los movimientos irracionalistas, reaccionarios y neoanarquistas. Cuando el tiempo está maduro para la fábula, la razón es más necesaria que nunca.

Antitaurinos, antiabortistas

Tanto los antitaurinos como los antiabortistas suelen calificar de asesinos, a gritos,  a los que asistimos a corridas de toros y/o estamos a favor de una despenalización del aborto en según qué plazos. Una descalificación tan gruesa sugiere que tantos los adversarios de la tauromaquia como los enemigos del derecho de elección están más atentos a sus propios dogmas y consignas que a la calibración de los argumentos del contrario.  A la recíproca, sin embargo, los argumentos de los antitaurinos y los antiabortistas creo que son dignos de respeto y, en algunos casos, incluso bastante convincentes.  La disputa final, por tanto, no se decidirá por K.O. técnico sino a los puntos.

En última instancia, tanto en un caso como en otro,  se produce un caso de indeterminación ontológica.  Es decir, ni el embrión es manifiestamente un ser humano, ni lo es el toro (u otro animal).  De ahí que no quepa atribuirles automáticamente derechos inalienables e indisputables.  Que el embrión sea humano es un asunto discernible científicamente, no así su categorización como “ser humano”, respecto a lo cual caben argumentos religiosos y filosóficos de diversa índole.  La legislación política tendrá, por tanto, que encontrar un equilibrio razonable entre la pluralidad de posiciones ontológicas y axiológicas enfrentadas.  Los que más perderán, respecto a sus posiciones previas, serán los maximalistas: los grupos religiosos que sostienen que desde el instante de la concepción existe un ser humano en acto y los grupos feministas que quisieran extender el derecho de elección de la mujer sobre su cuerpo a los nueve meses de gestación.

En el caso del toreo reconozco que la posición más fuerte es la antitaurina… siempre y cuando se combine con el vegetarianismo más estricto.  Por el contrario, la posición más débil, por hipócrita e inconsistente, es la de la mayor parte de la población que se raja la vestiduras ante la tortura que supone matar a un animal para satisfacer un placer visual y, sin embargo, cierra los ojos y calla ante el sufrimiento causado a los animales estabulados y sacrificados en mataderos para satisfacer el placer gastronómico.

Porque, como demuestran los vegetarianos y los veganos, la alimentación de los humanos es posible renunciando a la carne, es decir, a la muerte de miles de millones de animales de una forma cruenta y dolorosa aunque, eso sí, a salvo de miradas indiscretas.

Los vegetarianos tienen la razon ética de su parte.  Matar a un animal para obtener un disfrute es ciertamente inmoral.  Y llegará el momento en la historia evolutiva moral de la humanidad en el que los humanos asuman que no pueden basar su bienestar en el dolor y el sufrimiento de los animales.  Naturalmente la alimentación es necesaria pero ha de hacerse, desde el punto de vista moral, causando el menor dolor posible, lo que pasa necesariamente por la dieta vegetariana.

Así que cuando haya una prohibición explícita del disfrute gastronómico a través de la muerte de los animales la cancelación de las corridas de toros será inexcusable.  Pero ni un momento antes.  Porque, ¿qué resulta más preferible: vivir como un animal destinado al matadero o como un animal que ha de jugarse la vida o la muerte en la plaza de toros?  Aquí es donde se pone de manifiesto la doble moral del antitaurino típico, no vegetariano.  El animal paradigmático del consumo alimenticio humano es torturado en granjas similares a campos de concentración para luego ser muerto de una manera ignominiosa y brutal en mataderos rigurosamente ocultados a la visión del público.  Por el contrario, el toro de lidia vivirá durante varios años en plena libertad, en dehesas por las que podrá campar a sus anchas.  Al fin tendrá la oportunidad de morir luchando en lugar de ser colgado humillantemente por las patas para que un matarife le corte el cuello y así desangrarse lentamente.  En la lucha se enfrentará su nobleza y bravura a la inteligencia y técnica que le opone el torero.  Los casos de Joselito y Manolete ponen de manifiesto el peligro inherente al desafío.  Al fin, aunque puede ser el principio de una nueva vida, el toro tiene la oportunidad, imposible para su congénere animal destinado al matadero, de salvar la vida, de ser indultado.

¿Dónde está entonces la crueldad congénita del aficionado a los toros que denuncia el antitaurino?  Sólo desde la ignorancia supina de la progresiva evolución del reglamento de las corridas hacia la eliminación de todo elemento cruel superfluo al desarrollo de la lucha, o desde la mala fe del fanático, se puede mantener que el espectador taurino disfruta con el sufrimiento del animal.  Y, además, sólo desde el talante totalitario propio del fanático inquisidor se puede pretender la prohibición totalitaria de una práctica cultural sólo porque no entra dentro de los estrechos límites morales de los puritanos habituales.

ANATOMÍA DE BACON

En la reciente exposición que el museo del Prado ha dedicado al convulso y genial Francis Bacon , me llamó mucho la atención el montaje de una sala entera destinada a explicar y ubicar el proceso creativo del autor. Una serie de fotografías y papeles íntimos hacían transparente el proceso creativo de Francis Bacon. Al llegar a la misma, y tras observar algunas de aquellas fotografías y legajos, Pepe Ribas me sorprendió con un comentario: “ En el arte no existe la improvisación.” Nos miramos y nos reímos. El comisario de la muestra había desnudado a Bacon y su proceso creativo mostrando de dónde, por qué y de qué manera creaba.

No es que Bacon se me “haya caído” como creador u objeto de curiosidad, sin embargo si que ha perdido cierta fascinación. No sé hasta qué punto tenemos derecho a penetrar en el proceso creativo de alguien, por muy famoso que sea. Los cuadros más brutales tenían su espejo en las fotos de los mataderos… Imagino a Goya tratado de la misma manera, bajo los ojos del crítico que todo lo sabe… Cada uno aprecia el arte como le place. Hay quien sin duda estará interesado por los procesos creativos, psicológicos, anímicos y personales, pero me pregunto hasta qué punto el arista querría que se mostrara todo eso. Otros sin duda preferimos la sorpresa, el estremecimiento, la desintermediación…