Burkas y otras obscenidades en la vestimenta

No hace falta tener el buen gusto y la elegancia natural de Nati Abascal (siempre y cuando no abra la boca) para encontrar ofensivo y obsceno a la gente que para pasear por la calle se disfraza con burkas, camisetas estampadas con el “guerrillero heroico” Che Guevara y la gatita presumida Hello, Kitty o sandalias con los pies sin haber pasado por la pedicura.

Algunos consideran que los disfraces deberían ser exclusivos del Carnaval.  Y por ello en países como Luxemburgo, salvo en la Fiesta Católica, está prohibido para cualquier persona aparecer enmascarado en las calles, plazas y lugares públicos, lo que vale para luchadores mexicanos, practicantes del BDSM y mujeres fans del burka.

Arcadi Espada, gotas de sangre jacobina, se apunta a la censura preventiva.  ”La máscara incuba un delito” sostiene.  Y aduce “razones de orden público“.  Si a los talibanes se les reconoce porque llevan el rostro oculto tras una frondosa y descuidada barba, los jacobinos se distinguen por su rostro limpio de polvo y paja, rasurados por cuchillas afiladas como guillotinas.

Entre medias estamos los liberales, por perillanes.  Llevar perilla lo considera Espada, siguiendo a Javier Marías, un signo de maldad.  Los talibanes también nos refutarían rápido a los perillanes, vía horca, por demasiado blandos y amanerados en comparación con sus tupidas y malolientes pelambreras faciales.

Frente a los jacobinos, y aunque nos repatease las tripas, defenderíamos el derecho de las chicas a prostituirse, digo… (¿en qué estaría pensando?) a cubrirse de los pies a la cabeza.  Pero para horror de los talibanes les haríamos saber que están en su derecho a negarse a vestirse de tal guisa y las protegeríamos en el caso de que despertarán de la alucinación cultural que las lleva a ese enclaustramiento textil.

Estoy de acuerdo con Espada en considerar la costumbre del burka una parte de ese conjunto de folie à plusieurs, trastornos psicóticos colectivos, que como el nacionalismo o la religión, el fascismo o el comunismo, oscurecen la razón y el porvenir de la civilización.  Pero me mantengo en este lado de la línea de la tolerancia: aunque no respete lo que se diga o la forma en que uno se vista (burkas, Che Guevaras, sandalias con calcetines, etc.), defiendo el derecho a decirlo o a vestirse como venga en gana.

Una metodología más adecuada para estos casos que la multa-y-tentetieso viene dada por la negociación basada en argumentos y las exigencias institucionales.  Dentro del espacio público hay zonas abiertas y zonas cerradas.  En las calles y las plazas públicas, zonas abiertas, nadie está obligado a mirar.  Siempre cabe la posibilidad de cambiarse de acera o mirar al tendido.  Y los casos de fuerza mayor (de la amenaza terrorista al escándalo público) deberían ser manejados con precaución por las autoridades encargadas del orden.  Lo contrario sería abrir la puerta para la instauración de una ley marcial de carácter moral.

En las zonas cerradas del espacio público, sin embargo, de las escuelas a los juzgados, las normas pueden ser más restrictivas porque hay una concurrencia obligada de distintos individuos, cada uno de su padre y de su madre, lo que exige una puesta en común de las partes involucradas para trazar los límites de la convivencia.  O requisitos objetivos de transparencia e identificación.  Pero estas normas deberían ser establecidas de abajo-arriba, por los sujetos involucrados mejor que por la arrogancia del monopolio de la fuerza que es el Estado.

PD.  ¿Aceptamos “despotismo ilustrado” como una forma de folie à plusieurs?

Comentarios

3 comentarios en el artículo “Burkas y otras obscenidades en la vestimenta”

  1. Nasser en 11-Enero-2010 1:13 am

    Arcadi padece el “mal francés”, que no es la sífilis sino el estatismo.
    La excusa que usa para limitar las libertades y aumentar el poder del Estado es vieja. Las mujeres veladas no violan la libertad ni la propiedad de ningún ciudadano. Pero , según los jacobinos, atentan contra “la civilización”, de la que ellosson intérpretes.
    El mecanismo siempre es el mismo. Se persigue al individuo, no por agredir al prójimo, sino por atentar contra un ente fantasmagórico, contra “Cataluña”la “dignidad de la mujer”, “la salud pública”

  2. verónica en 12-Enero-2010 7:14 pm

    me parece un poco obsceno comparar los burkas con hello kitty, incluso con el che, pero en líneas generales estoy de acuerdo contigo, aunque me pese, porque a los inventores y promotores de ciertas vestimentas femeninas, incluidos los tacones, dan ganas de torturarlos un rato con sus propios instrumentos de maltrato…
    a nasser:los derechos humanos también son “entes fantasmagóricos” y aún así hay que respetarlos, ¿no?
    desde nuestra perspectiva de sociedad occidental y , gracias a dios, cada vez más laica, el burka es un disfraz, pero no es tan simple y no es lo mismo,..

  3. Nasser en 13-Enero-2010 9:05 am

    Al violar los derechos humanos estás agrediendo a personas concretas, hay víctimas de carne y hueso.
    La señora que se pone burka no limita las libertades ajenas, ni agrede a nadie. Por eso los estatalistas se inventan el atentado contra “la dignidad de la mujer”.

    Hay que defender los valores de la civilización occidental. Entre esos valores está la libertad. Esos valores son incompatibles con una “policía de la moral” que se dedique a perseguir a las mujeres por su atuendo.

    En todo caso, si prohibimos el burka, con más razón habría que prohibir el retrato del Che. Exaltar públicamente a un asesino o a un régimen totalitario no puede ser peor que llevar velo.

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